Queridos lectores... ¡Feliz Año Nuevo!
Si, no hubo capitulo navideño. Tenía pensado uno, pero... a veces la vida no es como yo pensaba xD
De todas formas, yo les debía la parte N del capítulo 31, y aqui lo tienen.
Y si, mi propósito de año nuevo es acabar este fanfic en 2022... Y lo voy a lograr, como chingados no jsjs
Recordatorio que todo comentario es bien recibido uwu.
Enjoy :D
Entrada 31-N.- VS Armaldo
27 de Junio, Ciudad Pirita
No pasó mucho tiempo de espera luego de que Roark abrió su gimnasio. Mientras los ayudantes del gimnasio recién llegaban para tomar sus puestos, Níquel se había presentado en la entrada del gimnasio, esperando un poco a que la gente se reorganizara dentro del recinto.
—Bueno, esto debería ser fácil —dijo Níquel, sosteniendo la pokébola de su Rotom Lavadora—. Entramos, vencemos a los lacayos y obtenemos la medalla.
Luego de avanzar un poco hacía las enormes puertas de cristal, un reflejo en la misma el hizo voltear de inmediato. Una figura humanoide, captada por su visión periférica, que se desvaneció al momento de girar hacia atrás. Los ojos de Níquel giraron en todas direcciones, intentando encontrar la extraña figura que parecía observarla, un sentimiento que le pareció bastante similar.
—Sí me estás buscando, aquí estoy —dijo, retadoramente—. No me hagas perder el tiempo.
No hubo respuesta, solo el ruido de la tranquila y casi abandonada ciudad. Níquel bufó enojada, sabía que la espiaban, pero no tenía el tiempo de lidiar con quien fuera la persona que lo seguía. Luego de aquella escena la chica finalmente entró al recinto del líder de gimnasio.
Rotom, Frillish y Zangoose fueron los pokémon elegidos para enfrentarse al gimnasio del líder de tipo roca, siendo estos excepcionales opciones para poder derrotar a los ayudantes del líder de gimnasio. Roark esperaba con paciencia la llegada de la holder, dedicándose a observar el método de batalla de la retadora. Luego de vencer al último Geodude de un ayudante, y curar a sus pokémon, Níquel se plantó en el enorme ring de combate.
—Te doy la bienvenida al Gimnasio de Ciudad Pirita, Níquel Berlitz —dijo Roark, con una sonrisa sincera—. ¿Estas lista para el combate?
—Desde luego que sí, Roark —Níquel alzó el puño, mostrándole al líder su pulsera Dynamax—. Quiero utilizar un bufeo.
—Oh, perfecto, espera un momento por favor —dijo Roark, caminando hacia la parte trasera del ring.
El líder de gimnasio volvió de inmediato con una caja Dynamax y una pala con una megapiedra en su mango. Luego de encender la caja Dynamax, Roark volvió a su lado de la arena.
—Empezara el combate —dijo Roark, lanzando una pokébola—. ¡Adelante, Rampardos!
—¡Ve, Tom! —gritó Níquel.
Ambos pokébolas fueron lanzadas al campo y de ambas salieron los antes nombrados pokémon. Rampardos rugió con muchísima energía mientras que la mirada seria de Rotom se clavó en su cara.
—Veo que has hecho tu tarea, Níquel, pero este combate no será tan sencillo como el de mi querida esposa —admitió Roark con una voz retadora.
—Espero que no, tengo urgencia por vencer este gimnasio —admitió Níquel, de manera seria—. ¡Tom, Hidrobomba!
—¡Rampardos, esquívalo! —gritó Roark.
Rotom abrió la puerta de su lavadora y emano un potente chorro de agua directo hacía la cara de Rampardos. Para esquivarlo, el pokémon comenzó a correr ágilmente entre la arena de combate hasta que el chorro de agua se detuvo.
—¡Rampardos, usa Pulimiento! —gritó Roark.
El pokémon rugió con gran energía y su cuerpo comenzó a brillar y polvo comenzó a caer de él. Cuando el resplandor desapareció, el cuerpo de Rampardos relucía por completo.
—Aunque aumentes tu velocidad no serás capaz de superar la fuerza de Tom —dijo Níquel, pasando su pulgar por su barbilla—. ¡Rotom, Descarga!
—¡Tumba Rocas! —ordenó Roark.
Antes de que Rotom pudiese cargar su campo eléctrico, Rampardos creó varias rocas alrededor y se las lanzó, sepultándolo por un momento y causándole un daño significativo. Sin embargo, aún cubierto de rocas, Rotom logró generar su cúpula de electricidad, dañando a Rampardos ligeramente.
La situación comenzó a estresar a Níquel, Rotom había sufrido bastante por un simple ataque, mientras que Rampardos se le igual de energético que cuando salió de su pokébola. Su respiración comenzaban a agitarse conforme se dio cuenta que le era difícil a Rotom moverse.
—¡Rotom, Onda Trueno! —gritó Níquel.
—¡Rampardos, Terremoto!
Níquel hizo una mueca al escuchar aquella orden. La habilidad de Rotom, levitación, lo inmunizaba al daño de tipo tierra. Sin embargo, su sonrisa burlona se desvaneció cuando Rotom se vió rodeado de una extraña aura que le hizo caer a la tierra.
El escenario de combate se sacudió violentamente, zarandeando a Rotom de un lado a otro sin tener ni una sola oportunidad de defenderse. Cuando la tierra dejó de sacudirse, Rotom terminó debilitado.
—¡¿Cómo fue posible eso?! —reclamó Níquel, enojada—. ¡Tom tiene Levitación!
—Oye, tranquila —dijo Roark, rascándose la cabeza—. Eres una pokédex holder, ¿no? Usa tu pokédex y averígualo.
Níquel bufó y devolvió a Rotom a su pokébola. Mientras pensaba en cuál sería el siguiente pokémon a enviar, la chica tomó su pokédex y analizó a Rampardos. Luego de que el aparató le diera la información de su adversario, la chico se sintió como una gran estúpida.
—Maldita sea, no recordaba eso —dijo Níquel, enojada.
—Esa es la importancia de seguir de cerca a tu rival, Níquel —Roark sonrió, confiado—. Conozco muchas cosas de tu equipo y tu estilo de combate. No pare de analizarte desde que venciste a mi Gardy.
—Genial, un líder raro —dijo Níquel, molesta—. Bueno, espero que hayas analizado a este pokémon.
Níquel lanzó la pokébola de Zangoose. El pokémon normal emitió un pequeño rugido y sacó sus garras, listo para pelear. Roark solo se cruzó de brazos y cerró los ojos.
—Zangoose, Ímpetu Toxico, entiendo —aclaró—. ¡Rampardos, Testarazo!
—¡Goose, Danza Espada!
Antes de que Zangoose ejecutara su movimiento, Rampardos se abalanzó contra él a gran velocidad y le goleó directamente con la cabeza en el hombro. El golpe fue lo suficientemente fuerte como para lanzar a Zangoose a volar hasta la pared del gimnasio. El pokémon de Níquel no se debilitó, pero su hombro derecho se encontraba seriamente lastimado.
—¡Goose! —gritó Níquel, asustada.
Mientras Zangoose volvía a la arena y ejecutaba su danza, Níquel comenzó a sentir un gran estrés qué comenzaba lentamente a ahogarle. Uno solo de los pokémon de Roark había sido capaz de derrotar a Rotom y dejar muy dañado a Zangoose. Este no era parte del plan en lo absoluto.
Níquel quería destruir a ese Rampardos a como diera lugar, eliminarlo de la ecuación para que sus pokémon lograran avanzar contra otros rivales más manejables. Le urgía desaparecer a ese Rampardos.
—¡Goose, Ataque Rápido!
El deseó ardiente de Níquel para que Rampardos fuera debilitado era fielmente representado por Zangoose al momento de arremeter contra Rampardos. Zangoose se movió como un rayo y golpeó a Rampardos directamente en la cara.
Para la suerte de Níquel, el anterior ataque había dejado a Rampardos un poco débil, lo suficiente para que el ataque de Goose le hiciera caer al suelo, debilitado. Un enorme suspiró salió de la boca de Níquel, el poderoso barredor de Roark había desaparecido.
—Uno menos, faltan dos —dijo, agitadamente.
—Bien hecho, Níquel —Roark sonrió y metió a Rampardos a su pokébola—. Pero esto no termina aún.
—Solo saca al siguiente pokémon que debó eliminar —recriminó con molestia.
Soberbia como siempre, Roark solo reía al darse cuenta de que Níquel era igual a como su esposa le había dicho. Luego de unos segundos, el líder de gimnasio lanzó a Aerodactyl al campo.
—Ay no —dijo en voz baja.
Aerodactyl era un pokémon que no esperaba enfrentarse en esas condiciones. Rápido y poderoso, una combinación letal de la cual no tenía como librarse en lo absoluto. Un simple golpe y su Zangoose estaría acabado.
—¡Goose, Ataque Rápido! —ordenó Níquel.
Zangoose volvió a acercar contra su adversario, causándole un daño considerable al pokémon volador. Sin embargo, mientras Níquel cerraba los ojos y esperaba el ataque del pokémon prehistórico, este comenzó a utilizar Danza Dragón.
Una maldición ahogada salió de entre los dientes de Níquel. Un maldito ataque de estado, un ataque que no le causaba ningún daño a Zangoose. Su enojó se incrementó al recodar que un simple Garra Metal hubiese debilitado lo suficiente a Aerodactyl como para fulminarlo.
—No esperabas eso, ¿verdad? —dijo Roark, sonriendo de manera picara.
—¡Cállate! —dijo Níquel, alzando su puño— ¡Usa Ataque Rápido una vez más!
—¡Tendrás que esperar! —dijo Roark alzando su pala—. ¡Mega evoluciona!
Antes de que Zangoose comenzara a moverse, unos rayos provenientes de la piedra activadora de Roark envolvieron a Aerodactyl, cambiándolo de forma. Al final, Zangoose golpeó a un Aerodactyl completamente revitalizado por la energía de la Megaevolución.
—¡Garra Dragón!
Con unas garras envueltas en una gran aura, Aerodactyl golpeó a Zangoose y lo lanzó lejos, debilitándolo al instante. Aerodactyl rugió con enojo mientras el pokémon de Níquel yacía en el suelo.
Mientras devolvía a Zangoose a su pokébola, Níquel sintió una fuerte presión en el pecho, la respiración comenzaba a faltarle y un pequeño dolor de cabeza se hacía presente. No podía creer que después del entrenamiento que Rose, Roark le estuviera dando aquella paliza.
Luego de apretar sus puños en señal de desesperación, la chica lanzó al campo al último pokémon que le quedaba, Frillish. Aquella era su carta de victoria contra el poderoso pokémon megaevolucionado.
—De acuerdo, creo que es hora de actuar de manera seria —dijo Roark, pasando su mano por la cara—. Conozco a tu pokémon, por lo que te puedo asegurar que hay una forma en la que esto puede acabar bien a tu favor —dijo, sonriendo—. Si no lo haces, este combate acabara en cuatro turnos.
—¡Cállate de una vez, Roark! —gritó Níquel, enojada— Debo vencerte hoy, solamente hoy, de otra forma perderé todo una vez más —el enojo se mezcló con las lágrimas—. Acabare contigo.
Decir que Roark se sintió un poco mal al ver a Níquel sería decir poco. La desesperación de la entrenadora era palpable por cualquiera que la viera. Sin embargo, él debía mantenerse firme con su deber como líder de gimnasio.
Níquel activó su Maximuñequera para dinamaxizar a su Frillish. El enorme pokémon, rodeado de aquella aura roja, se presentó frente a Aerodactyl, el cual tuvo que elevarse un poco más para estar a su altura.
—De acuerdo, empecemos con esto —dijo Roark—. ¡Aerodactyl, Garra Dragón!
Las garras de Aerodactyl se envolvieron en un aura y atacaron contra la gran proyección de Frillish. Aunque el ataque fue directo, Frillish no se vió muy afectado por el movimiento de su adversario.
—¡Maxichorro! —gritó Níquel.
Frillish cargó una enorme esfera de agua que lanzó sin piedad contra Aerodactyl, lanzándolo contra el suelo. Cuando el enorme torrente de agua terminó, una ligera lluvia comenzó a caer sobre el cuerpo debilitado del pokémon en su estado base.
—Bien, vas por el buen camino, Níquel —dijo Roark, metiendo a su pokémon—. Veamos si sigues en ese camino.
Níquel ya no escuchaba a Roark, lo único que realmente le importaba era eliminar a su siguiente pokémon. Mirando a su adversario como una molestia, un obstáculo entre ella y su objetivo máximo.
El último pokémon del líder fue Armaldo, su último pokémon fósil. Al salir, el pokémon observó la lluvia y emitió un pequeño grito de alegría. Movió su cuerpo de un lado a otro, abriendo sus gruesas escamas y dejando que el agua entrara en ella.
—¡Seremos más rápidos, usa Maxichorro! —gritó Níquel.
—¡Avalancha!
Los ojos de Níquel se desorbitaron cuando observó a Armaldo correr a una enorme velocidad. Un solo pestañeó fue necesario para que el enemigo saliera del rango de visión de la chica y atacara a Frillish con enormes rocas, haciéndole un gran daño.
Frillish contraatacó de inmediato, causando un gran daño al pokémon prehistórico y mandándolo contra la pared. Ambos pokémon se encontraban bastantes cansados y débiles después de aquel encuentro de golpes.
Todo se decidiría en el siguiente turno, Níquel lo sabía, por lo que tenía que pensar muy bien cual debía ser su siguiente movimiento. Armaldo podría atacarle, pero con el Dynamax activado era más que seguro que podría soportar el golpe, además de que no recordaba ningún movimiento súper eficaz que pudiese aprender Armaldo.
—Esto termina —dijo Níquel—. ¡Maxichorro!
Roark no pareció sorprendido al respecto, se limitó a suspirar con un poco de decepción al respecto. Sin moverse de su lugar, el líder simplemente alzó la mano.
—Aguante.
Armaldo se protegió con sus brazos mientras un aura roja lo envolvía. Cuando Frillish ejecutó su ataque, él no se movió ni un solo centímetro luego de que el torrente de agua lo golpeara con violencia. El fin del ataque solo dejó a un Armaldo al punto de colapso, pero aun listo para combatir.
Níquel no tuvo demasiado tiempo para procesarlo, de inmediato su pokémon empezó a reducir su tamaño hasta volver a su estado normal, momento en el cual Armaldo efectuó un fuerte Desarme. La garra golpeó a Frillish y lo tiró al suelo, dejándole fuera de combate. Armaldo había conseguido hacerse con la victoria.
Un peso enorme cayó sobre el cuerpo de Níquel, perder por tan poco le hizo desvanecerse en el suelo, manteniéndose con sus brazos. Que poco, por qué poco había perdido un combate que debió haber ganado.
Mientras la rabia comenzaba a quemarle por dentro, y las ganas de gritar se acentuaban, Roark se acercó lentamente a su rival. Níquel no lo miraba, se encontraba intentando comprender y controlar el mar de emociones que yacía en su interior.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Roark, un poco preocupado.
—Qui-quiero la revancha —reclamó Níquel, recuperando el aliento.
—Lo siento, pero las reglas…
—¡Me importa un comino las reglas! —gritó con enojó, levantándose— Debo vencer este gimnasio hoy.
Roark se quedó en silenció, mirando fijamente los enrojecidos ojos cian de la pokédex holder. Aquella enorme rabia comenzaba a condensarse en tristeza conforme las lágrimas comenzaban a brotar. Luego de sentir una pequeña presión en el pecho, el líder se aclaró la garganta y habló.
—Es por lo de tu madre, ¿o me equivoco? —la expresión de Níquel se descompuso al momento de escuchar aquellas palabras— Tu padre me lo contó.
—Diamond —Níquel hizo una pequeña pausa, pensando en que decir—. Si lo sabes, debes entender por qué debó vencerte ahora.
—Comprendo tu necesidad, pero aunque decidiera romper esa regla, el resultado sería el mismo —cruzándose de hombros—. ¿Sabes por qué perdiste?
Níquel intentó internalizar la pregunta, pero el mar enturbiado de su mente fue incapaz de arrogarle una respuesta satisfactoria. Al verlo, Roark miró con seriedad a la chica.
—Pensaste en acabar únicamente usando tú fuerza bruta. Cuando venciste a mi esposa, a pesar de tener prisa, sabías que no podías ganar simplemente golpeando fuerte.
Recordar el combate con la esposa del líder hizo que Níquel se acariciara el hombro y girara su mirada hacia otro lado. Sus pensamientos comenzaron a calmarse conforme analizaba las palabras de Roark.
—Solo quería ganarte rápido, ir lo más rápido posible para conseguir las medallas.
—Lo note desde que entraste al gimnasio, sin embargo, una visión así puede entorpecerte más de lo que ayuda —Roark sonrió y una pequeña risa salió de sus labios—. Yo llegue a ser así hace tiempo, al menos hasta que mi padre me corrigió.
Níquel bufó y apretó los puños.
—No quieras darme una lección de eso, Roark —dijo con despreció—. No necesitó tu lastima.
—Tómalo como un consejo de alguien que pudo haber sentido lo mismo que tú —dijo, mirándola a los ojos—. Si realmente quieres vencer el resto de los gimnasios en tiempo record, deberás tomarte las cosas con más prudencia, aclarar tu mente —Roark sacó una pequeña piedra de sus pantalones y la lanzó a Níquel—. Si quieres ir a un buen lugar para entrenar, y relajarte, visita la Mina.
—No creo que una vieja mina abandonada me ayude —admitió Níquel, arqueando la ceja.
—Depende de cómo sea tu entrenamiento —dijo Roark, alejándose de ella—. Confió en que podrás calmar tu mente, y cuando lo hagas, te estaré esperando.
Sin decir una sola palabra, Roark se alejó de la arena de combate, dejando a Níquel quieta y observando con detalle el pedazo de carbón que Roark le había dejado. Luego de unos segundos, la chica devolvió a su Frillish a su pokébola y salió del recinto, tenía demasiadas cosas en la cabeza las cuales debía reflexionar.
[…]
27 de Junio, Ciudad Pirita
El atardecer llegó cómo un balde de agua fría en Níquel. La chica se encontraba sentada en la cima de una montaña de escombró, buscando en el atardecer alguna revelación de que fue en lo que había fallado. Cómo había podido perder.
Tal vez fue la arrogancia de usar el Dynamax, o el simplemente pelear con fuerza bruta, quizás era su propia mente la que le había jugado una mala pasada. No era la primera vez que perdía, pero resultaba mucho más amarga esta victoria que la que sufrió con su amiga.
Rose, la chica que dejó un mensaje de victoria en su pokéreloj, un aviso que no hacía más que empeorar el estado de ánimo de la de ojos cía. Siempre un pasó delante de ella, siempre mejorando y superándola. ¿Cómo podía soñar en vencer al asesino de sus padres si era incapaz de derrotar a una chica al mismo nivel que ella?
No solo Rose, incluso el mismo Titan había logrado vencerla en todas las ocasiones en las que pelearon. Entrenó con ellos, pero nunca fue capaz de ganarles un solo combate, ni siquiera con sus pokémon ya evolucionados.
—Tal vez esto no es para mí —admitió de manera amarga, abrazando sus piernas.
Banette hizo acto de presencia, saliendo de su pokébola al sentir los sentimientos negativos de su entrenadora. Al verlo, Níquel sonrió ligeramente y acarició su cabeza, buscando una especie de consuelo en el pequeño calor que emanaba su pokémon.
Shuppet, su primer pokémon. Un regalo de su abuela cuando sus padres murieron y se fue a vivir con ella. El pokémon fantasma había vivido demasiadas aventuras con ella, se habían vuelto tan cercanos que Níquel vio la necesidad de abrazarlo con fuerza, siendo correspondida al instante.
—No creo convertirme en la más fuerte —admitió, sollozando ligeramente—. Sin Rose, tal vez nunca hubiese vencido a Fantina y Crash Wake.
Sus últimas dos medallas de gimnasio pesaban en su conciencia, un recuerdo de su inutilidad como individuo. Níquel prometió volverse fuerte, pero Rose funcionaba como las rueditas que le hicieron pensar que todo sería sencillo. Ahora estaba sola, incapaz de vencer a Roark y con la presión de ver a Rose al día siguiente.
Ella era la fuerte, la holder, la hija de un as y un líder de gimnasio. Níquel solo era hija de dos investigadores, nieta de una anciana retirada y adoptada por unos holders de los cuales no se destacaban en combate. Platinum ganó las medallas, pero lo hizo con ayuda, sin Pearl ni Diamond, seguramente su madre adoptiva no hubiese podido ganar un solo gimnasio.
Tal vez no estaba destinada a combatir, pelear no era lo suyo. El sentimiento fatalista se apoderaba de su cuerpo conforme el sol se ocultaba y los Skarmory vagaban a la mina para cazar algunos pokémon. Níquel, la que juraba volverse fuerte se vio derrumbada con una simple derrota.
Las piedras comenzaron a rodar mientras se acostaba y miraba las estrellas. El frio poco importaba en el mar de dudas que inundaba su mente en aquel momento. Buscando que es lo que debería hacer, como actuar.
Aún estaba en deuda con Platinum, y el contrato no especulaba nada de los gimnasios hasta donde ella recordaba. Tal vez podría simplemente ir al Monte Corona, forjar el símbolo de los Berlitz y volver a su vida. No debería ser tan malo, mientras no se lo encontrara a él.
—Tal vez eso sea lo mejor —admitió Níquel, sonriendo—. Volver a casa, darme por vencida.
Mientras el aire frio movía sus coletas, Banette decidió apoyar a su entrenadora de otra forma. De un movimiento rápido le quitó a su cinturón y todo su equipo salió. Níquel miró confusa como Banette parecía comunicarse con ellos, cómo buscando decirles algo.
El mensaje fue entendido de inmediato, empezando una pequeña obra de teatro. Banette comenzó a pelear de manera fingida con Rotom por unos segundos hasta que Banette "ganó" y lanzó a Rotom junto a Níquel. Rotom después fingió otra pelea con el Frillish, el cual, a pesar de ser tan antipático, se dejó vencer y se acercó a Níquel. Zangoose fingió su pelea contra Spiritomb también y Dreepy solo se acercó a ella y se posó arriba de su cabeza.
El mensaje de su equipo era muy obvió. La chica reconoció el intentó de su equipo por recordarle sus peleas individuales, cosa que agradeció con un pequeño gestó, para después volver a sumirse en los pensamientos pesimistas de su interior. No era tan sencillo sacarla del hueco en el que se encontraba.
No era fuerte, no se consideraba fuerte. Era una chica que había corrido con la suficiente suerte, al menos hasta el punto de encontrarse con Roark. El darse cuenta de su propia inutilidad le hizo querer llorar una vez más mientras Zangoose intentaba limpiar sus lágrimas y Frillish comenzaba a mostrar más empatía por su entrenadora.
El sentimiento de inutilidad se vió opacado por el sonido de unas alas metálicas acercándose a gran velocidad. Sus pokémon lograron aventarla para que evitara el zarpazo de un Skarmory. Lo que no pudieron evitar fue que el pokémon metálico se hiciera con Dreepy. Al sentí la ausencia de aquel pokémon, Níquel se levantó con furia y gritó.
—¡Devuélveme a Epy! —gritó mientras el pokémon se alegaba por el horizonte.
Dreepy lloraba mientras Níquel y sus pokémon comenzaron a correr para alcanzar al Skarmory que se adentraba a las profundidades de la mina, entrando en la pequeña cueva de la que alguna vez se extraían valiosos minerales.
El calor y la oscuridad de la mina no fueron impedimento para una Níquel que seguía los lloros de su pequeño pokémon recién nacido, buscando de manera desesperaba la manera de frenar al pájaro eléctrico. La oportunidad apareció justo al llegar a una gran habitación de roca.
Rayos eléctricos salieron del cuerpo de Rotom e infringieron daño en Skarmory, y en Dreepy. Al escuchar los gritos del pokémon drago, Níquel detuvo en seco su ataque y miró directamente al enorme ave metálica que se alzaba ante ella.
Aunque fue efectivo, Rotom no podía actuar en un combate directo, Dreepy podría salir demasiado lastimado, o algo peor. Zangoose llegó junto a Banette y Frillish, el primero parecía ser una mejor opción para enfrentarse al enorme rival.
—¡Goose, Puño Fuego! —gritó Níquel.
Con el puño envuelto en llamas, Zangoose saltó y acertó un duro golpe en el pecho del pokémon. Al volver a caer al suelo, la armadura de Skarmory se agrietó. Rugiendo, el ave hizo aparecer un aura sobre ella que le regeneró su armadura y aumentó su grosor, provocando otro pequeño grito por parte de un asustado Dreepy.
"Defensa Férrea" pensó Níquel para sí misma. Otra vez un pokémon que se negaba a caer con ataques directos. Aunque Zangoose lograse aumentar al máximo su ataque, Skarmory lo haría con su defensa y estarían iguales. Y si intentaba atacar por el lado especial entonces Dreepy estaría en peligro.
Una estrategia de desgaste sería una buena idea, pero ninguno de sus pokémon estaba preparado para algo así. El sentimiento de inutilidad gobernó su cuerpo al desear, de manera silenciosa, estar con Rose o Titan. Ellos eran los estratégicos, ella no.
Pero ellos no estaban para ayudarla, debía resolver ese conflicto ahora. Una niña sola y asustada que intentaba pensar y callar sus gritos e insultos internos. Trató de recurrir a los consejos de sus padres adoptivos, pero estos se mantenían callados en el frio del subconsciente. Ni siquiera su abuela era capaz de decir palabra alguna.
Al sentir el pánico de su entrenadora, Frillish se lanzó frente a ella y atacó a Skarmory con Fuego Fatuo. El golpe dio en el blanco, provocando una quemadura en la armadura de Skarmory. Níquel miró anonadada el nuevo movimiento de su pokémon, no recordaba haberle enseñado tal ataque.
Fue ahí que recordó su entrenamiento con Titan en el Monte Corona. Había pasado el suficiente tiempo para olvidar que el chico le había enseñado ese movimiento a su pokémon. Fue entonces que la mente de Níquel le recordó otras palabras
"Deja qué el enemigo se dañe así mismo, oblígalo a usar su fuerza en su contra" esas fueron una de las ultimas lecciones que Titan le dio antes de encontrarse con Rose. Había dejado pasar los movimientos de sus pokémon por completo.
—En ese casó —procedió a sacar su pokédex.
"Este aparato te ayudara a volverte más fuerte", las palabras de Moon resonaron una vez más conforme consultaba la información de su pokédex. Una herramienta de la cual parecía darle apenas uso, al menos hasta el momento de ver los datos de su Rotom.
—¡Tom, Rayo Confuso! —gritó Níquel.
Ondas sonoras retumbaron y golpearon la cabeza de Skarmory, desorientándole lo suficiente como para que empezara a volar de manera errática y temblorosa.
"Confía en las decisiones de tus pokémon" Rose, la voz de aquella a la cual envidiaba le hizo tener un plan. Mirando a su Zangoose, esta le ordenó actuar rápido cuando las garras de Skarmory soltaron finalmente a Dreepy.
El pokémon mangosta se apresuró rápidamente a tomar al pokémon entre sus manos, rescatándole de la caída segura. Skarmory, a pesar de la confusión, gritó con enojo y e intentó atacar a Zangoose con Pájaro Asado. Sin embargo, Zangoose logró esquivar el ataque al apartarse.
—Bien, sé que puedes hacer —Níquel apuntó su pokédex a Dreepy—. ¡Epy, usa Acoso!
Aunque el pokémon estaba asustado, una sola mirada de Zangoose le hizo lanzar su ataque. Un millar de partículas dañaron a Skarmory, impidiéndole ver por completo. Mientras el ave recuperaba sus fuerzas, Níquel finalmente se dio cuenta que podía hacerlo, podría ser una buena entrenadora por sí sola, usando aquellos consejos de los amigos que hizo en el camino.
El Infortunio hizo bastante daño, provocando que la enorme ave tuviese que bajar al piso y utilizar Respiro para recuperar un poco de vitalidad. En ese pequeño instante, el pokémon miró directamente a los ojos a Níquel, mostrándole una mirada implacable de la cual no se daría por vencido por algo como eso. Níquel al verlo solo sonrió.
—Goose, A bocajarro —ordenó Níquel con serenidad.
La mente de Níquel se encontraba más en calma, el sentir el control de la situación le hizo sentirse mucho mejor, lista para terminar ese combate de una manera mucho más sencilla. Ver a su enorme rival defendiéndose de los enormes ataques de Zangoose le hizo darse cuenta que, sin quererlo, aquel pokémon le ayudó más de lo que la perjudico. Y estaba dispuesta a devolverle el favor.
Luego de librarse de los ataques de Zangoose, una Ocaso Ball cayó directamente en la cabeza de Skarmory. El enorme pokémon entró en la pokébola y esta comenzó a dar vueltas hasta que la captura se completó.
Aunque Zangoose se quedó algo confundido, y Dreepy asustado al asimilar que aquella ave aterradora formaría parte del equipo, Níquel camino con normalidad y tomó la pokébola de su nuevo Skarmory.
—Gracias por esto, Mory —dijo con una pequeña risa—. Oigan, chicos.
Sus pokémon se acercaron con curiosidad a su entrenadora, la cual procedió a abrazarlos con mucha alegría. Frillish no pareció contentó con la idea de que se viera violado su espació personal, pero entendía perfectamente el por qué su entrenadora lo hacía.
Puede que Banette fuera su pokémon más fiel, pero Frillish pudo sentir, antes que nadie, que la mente de su entrenadora se encontraba en calma, que sus dudas se habían despejado lo suficiente. Que sus dos partes ahora se apoyaban mutuamente.
Luego del abrazó, Níquel salió de la mina, directo al centro pokémon para restaurar la salud de su pokémon. Las enseñanzas de aquellas personas que había conocido finalmente daban aquellos frutos anhelados. Ahora solo le faltaba entrenar un poco más para poder vencer a Roark el día de mañana.
"Cada pokémon tiene su forma de pelea. Cuando las descubras podrás explotar sus capacidades al máximo". Con las últimas enseñanzas de su abuela, Níquel llegó al solitario Centro Pokémon. Esta vez no habría nadie que la detuviera en su misión. Vencería a Roark.
