Severus Snape.

Algo que siempre iba a odiar era definitivamente el camino hacia las canoas, ese lugar era un peligro para cualquier alumno, se preguntaba hace cuanto estaba ese endiablado camino y por que todavía no construían un camino seguro por el cual pasar.

Pansy y Blaise se aferraban a él, ya que parecía ser el único que no se estaba resbalando en el lodo.

—En un segundo, podrán ver la primera visión de Hogwarts —exclamó el guardabosques por encima del hombro—, justo al doblar esta curva.

El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.

—¡No más de cuatro por bote! —gritó el gigante, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla.

Él se sentó junto a Pansy, Theo y Blaise, que mantenía la vista en el agua, temeroso.

—¿Todos habéis subido? —continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—. ¡Venga! ¡ADELANTE!

Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía.

—¡bajen las cabezas! —exclamó el hombre, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delantera del peñasco.

Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.

Ellos bajaron del bote como muchos otros y se quedaron parados allí esperando más indicaciones. Poco despues de que todos bajarán de los botes, comenzó una nueva marcha, subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara del semi-gigante, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo. Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.

El hombre levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo, allí fueron recibidos por Mcgonagall, viéndose como siempre, sería y estricta.


El castillo por dentro lo llenó de nostalgia. El lugar se sentía seguro, como sin ningún mal pudiera pisar esos pasillos, algo que a él le hubiese encantado que siempre fuera así. No había dejado de admirarlo desde que los habían dejado pasar.

Siguieron a la profesora McGonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Se podía oír el ruido de cientos de voces, mientras caminaban detrás de la profesora, pero como recordaba la profesora McGonagall los llevó a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor.

—Bienvenidos a Hogwarts —dijo la profesora McGonagall en el mismo imponente que en el futuro—. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupéis vuestro lugares en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para vuestras casas...

Draco podría decir que desconecto su mente un minutos mientras la bruja les explicaba lo que algún día a él también le explicaron pero a hora le era aburrido y estresante, sólo cuando McGonagall finalizó su gran discurso, salió de su mente y presto atención nuevamente.

ᅳla Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Os sugiero que, mientras esperáis, os arregléis lo mejor posible.

Pansy volvió a peinar su cabello al igual que los demás, que intentaron acomodar lo más que podían sus túnicas y demás.

—Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia —dijo la profesora McGonagall—. Por favor, esperad tranquilos.

Pansy a su lado no paraba de jugar con el anillo en su dedo, acomodandose el cabello por décimo tercera vez en cinco minutos, estaba tan nerviosa. Crabbe y Golyle atrás suyo sólo estaban ansiosos por comer, algo que le dio mucha gracia, amaba a esos chicos. Blaise en cambio parecía ansioso, como si fuera morir por la tensión.

—¿es necesario hacer todo esto? De todos modos sabemos que terminaremos en slytherin ᅳ escuchó decir a Blaise.

—sería interesante verte de amarillo ᅳsoltó Draco con burla, haciendo que Pansy se relajara aún más y se riera del moreno que hizo un dulce puchero.

ᅳ hey ᅳde repente una voz sumamente conocida sonó a través de todo el bullicio de los niños, cambio su mirada y volteó, encontrando a un Harry de once años, con el cabello despeinado, esos horribles anteojos y con una sonrisa pequeña ᅳme preocupe al no haberte encontrado en el tren.

ᅳ¿disculpa, pero quién eres? ᅳ la pregunta no salió de sus labios, sino de los labios de Blaise, quien de manera protectora se colocó a un paso adelante suyo.

ᅳHarry, Harry Potter ᅳextendió la mano hacia mí, como si lo hubiese hecho incontables veces. Como si no hubiese sido él mismo el que había rechazado su mano cuando de verdad tenía 11.

Pero él no era ese Harry.

ᅳ¿no te había dicho que no hablo con desconocidos?

ᅳya me presenté.

Draco giró los ojos notando el sarcasmo en sus palabras, pero no podía ser descortés: ᅳ Draco Malfoy.

Esta vez no hubo un resoplido o burla con respecto a su nombre. Harry aún tenía extendida su mano: ᅳtal vez podríamos llevarnos bien.

ᅳno lo creo ᅳlo rechazó de inmediato notando las miradas sorprendidas de los demás, sobre todo la mirada de Weasley que había pasado desapercibido hasta ahora.

Entonces sucedió algo que hizo que la atención se fuera hacia otro lado.

Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pared de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transparentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de primer año.

Aprovechando que los demás están distraídos, Draco observó detenidamente al moreno, que ya había retrocedido y hablaba con Weasley, definitivamente algo estaba mal con ese Harry.

Su atención se volvió hacia la profesora McGonagall, que ya había vuelto.

—Ahora formad una hilera —dijo la profesora a los de primer año— y seguidme.

Draco se puso detrás de un chico de pelo castaño, con una niña detrás de él que estaba bastante nerviosa. Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestíbulo, pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.

Estaba iluminado por miles y miles de velas, como aquellos días, pensó para sus adentros, que flotaban en el aire sobre las cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados.

La profesora McGonagall condujo allí a todos alumnos de primer año y los hizo detener y formar una fila delante de los otros alumnos, con los profesores a sus espaldas.

Oyó susurrar a Granger en algún momento algo sobre el hechizo que hacía que el techo pareciera como el cielo de fuera, pero la ignoró, no necesitaba recordar lo sabelotodo que era la castaña.

En cambio observó como la profesora McGonagall ponía en silencio un taburete de cuatro patas frente a los de primer año. Encima del taburete puso un sombrero puntiagudo de mago.

ᅳel condenado sombrero seleccionador ᅳsusurro recibiendo una mirada extrañada por parte del niño frente suyo.

Todos a su alrededor parecían asombrados por el hecho de que el sombrero empezará a cantar, en cambio el no recuerda haberse asombrado o emocinado la primera vez que lo vió, aún así mantuvo su mente despejada, realmente lo unico que el queria hacer era sólo dormir.

Cuando su atención volvió a la profesora, ella ya los miraba a todos con un gran rollo de pergamino: —Cuando yo los llame, deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para que los seleccionen ᅳ explicó.

Y así, sucedieron las selecciones. Cada alumno que se sentaba en el taburete y le colocaban el sombrero al rato eran enviados a una de las diferentes casas, algunos a Hufflepuff, otros a Ravenclaw, demasiado a gryffindor y alumnos otros como Greg y Vincent a slytherin.

ᅳ¡Draco Malfoy! ᅳexxlamo la bruja y él tuvo que caminar al taburete, y tan rápido como le colocaron el sombrero, este exclamó: SLYTHERIN.

Agradecía febrilmente volver a ir a su casa, la única a la cual perteneció y fue leal. Se reunió con sus dos amigos esperando que seleccionarán a Pansy, Blaise y a Theo, aunque sabía que también terminarían allí, aún así siempre mantuvo el presentimiento de que Theo hubiese sido un gran Ravenclaw y Blaise un lindo Hufflepuff.

Fueron largos minutos antes de que por fin terminará la selección, Pansy estaba sentada justo frente a él con una más joven Daphne Greengrass y una Millicient Blustrode. Theo inmutable a dos personas más lejos y Blaise a su lado, viéndolo raro.

Sonrió. Así debía ser.


Todo Hogwarts estaba como en su lejano recuerdo. Con 142 escaleras, algunas amplias y despejadas, otras estrechas y destartaladas. Algunas llevaban a un lugar diferente los viernes. Otras tenían un escalón que desaparecía a mitad de camino y había que recordarlo para saltar. Después, había puertas que no se abrían, a menos que uno lo pidiera con amabilidad o les hiciera cosquillas en el lugar exacto, y puertas que, en realidad, no eran sino sólidas paredes que fingían ser puertas.

Todo se sentía nostálgico, sin embargo el recuerdo de sangre y cuerpos alrededor de los largos pasillos durante la guerra aveces invadía su mente y ya no podía míralo.

Y luego estaban las clases, su memoria había desbloqueado todo respecto a sus clases, recordaba cada respuesta correcta de libros y tareas pasadas, lo que lo alivió de sobremanera.

La profesora McGonagall era tal como la recordaba. Estricta e inteligente, pero no fue hasta su tercer año que la bruja empezó a tratarlo mejor y a reconocer su trabajo, por lo que decidió mejor mantenerse al margen, cosa que no consiguió al transformar la cerilla perfectamente.

La clase que todos esperaban era Defensa Contra las Artes Oscuras, pero las lecciones de Quirrell resultaron ser casi una broma, aún así sentía que había en ese hombre que no estaba bien, había algo que hacía que sus instintos de peligro se agudizarán.

Sin embargo algo que lo molestó mucho de esa semana fue la constante atención que recibía por parte del moreno de anteojos. Sentía sus ojos clavados en él cada que estaba en el comedor o compartían alguna clases, sus amigos y algunos compañeros de slytherin mayores lo ayudaban a evitar al gryffindor que parecía siempre querer acercarse a él.

Las clases de Pociones era lo único que estaba esperando desde hacia tiempo. Hacía mucho más frío allí que arriba, en la parte principal del castillo, pero no estaba seguro si era él o sólo la temperatura del lugar. Últimamente sentía mucho frío.

Snape, como Flitwick, comenzó la clase pasando lista y, como Flitwick, se detuvo ante el nombre de Harry

—Ah, sí —murmuró—. Harry Potter. Nuestra nueva... celebridad.

Esta vez él no se rió como en el pasado, estaba sentando entre Greg y Vincent observando su pergamino escrito con las siguientes preguntas y respuestas que el profesor haría.

Snape terminó de pasar lista y miró a la clase.

—Vosotros estáis aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones —comenzó. Hablaba casi en un susurro, tranquilo y sereno, pero distante y frío, como usualmente era.

—. Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de vosotros dudaréis que esto sea magia. No espero que lleguéis a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, engañando los sentidos...Puedo enseñaros cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte... si sois algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.

Más silencio siguió a aquel pequeño discurso, sin embargo él ya conocía a su padrino, que amaba el dramatismo más que sheskpeare.

—¡Potter! —dijo de pronto Snape haciéndolo sobresaltar a él ᅳ. ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?

—No lo sé, señor —contestó Harry al otro lado del salón.

Y Draco ya sabía lo que venía, por lo que se removió incómodo en su lugar.

—Bah, bah... es evidente que la fama no lo es todo.

Draco ya no quería escuchar.

—Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar?

—No lo sé, señor.

—Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?

Sin embargo Potter aún no contestó.

—¿Cuál es la diferencia, Potter; entre acónito y luparia?

—No lo sé —dijo Harry con calma una vez más. Sin embargo no dijo más.

ᅳseñor Malfoy ᅳapenas pronunció su nombre varias miradas se clavaron en él ᅳ mismas preguntas.

ᅳ asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como Filtro de Muertos en Vida. Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos. En lo que se refiere a acónito y luparia, es la misma planta. ᅳterminó de decir notando en Severus una sonrisa se satisfacción antes de que todos comenzarán a anotar en sus pergaminos sus respuestas.

Las cosas no mejoraron para los Gryffindors a medida que continuaba la clase de Pociones. Sin embargo para los slytherin todo seguía igual, Snape los puso en parejas, para que mezclaran una poción sencilla para curar forúnculos. Se paseó con su larga capa negra, observandocómo pesaban ortiga seca y aplastaban colmillos de serpiente, criticando a todo el mundo salvo a él mismo.

En el preciso momento en que les estaba diciendo a todos que miraran la perfección con que Malfoy había cocinado a fuego lento los pedazos de cuernos, multitud de nubes de un

ácido humo verde y un fuerte silbido llenaron la mazmorra.

Neville logró hacer que su posión explotará y se derramara en el suelo, por lo que snape tuvo que desaparecer la opción del suelo y enviar a Neville junto a Seamus hacia la enfermería.

Cuando las clases terminaron los alumnos prácticamente corrieron hacia la salida, apresurando sus pasos escapando rápidamente de aquel siniestro lugar, sin embargo él fue el único que quedó allí, a pedido del profesor.

ᅳseñor Malfoy.

ᅳprofesor ᅳsu voz sonaba bastante serena.

ᅳ¿cómo están sus heridas? ᅳsólo en ese momento Draco recordó las heridas en su pecho causados por la maldición sectumsempra , aveces solía sentirlas, pero su mente ya se había acostumbrado a soportar el dolor que aveces simplemente olvidaba ignoraba esas molestias. ᅳ lo olvidaste.

ᅳ lo siento. Realmente lo había olvidado.

Draco se sacó la túnica y el abrigo que tenía, abriendo su camisa dejando al descubierto su pecho, lleno de cortes rojizos e hinchados.

ᅳ¿no has tomado las pociones que le envié a Narcisa?

Y otro recuerdo cruzó por su mente, recordando a aquella medimaga. Su padrino no era ella, su padrino no lo envenenaria, sin embargo el sabor a muerte en su garganta, el dolor en su espalda y pulmones, todo llegaba a su mente cuando veía una posión curativa.

ᅳ lo siento.

Severus sólo negó con la cabeza.