Gilderoy Lockhart.

Harry regresó a su torre poco antes de las cuatro de la mañana. Y sólo después de que el moreno se marchará, la habitación fue insonorizada y de inmediato la magia de Draco destrozó toda el lugar, el hechizo de calor fue roto y el lugar pronto se tiñó de blanco.

Las heridas de Harry lucían horribles. Los moretones tenían un color verde y violeta que los hacia ver incluso más horrible y doloroso de que tal vez se sentían, quiso gritar y matar a cualquiera que hubiera tocado a Harry, pero más quería él mismo golpearse y cruciarse por como había sido en el pasado. Paso dos horas antes de que cada cosa fuera reparada y volviera a su lugar, todos excepto el hechizo de calefacción que colocó Severus.

Se dio una larga ducha antes de salir y colocarse el uniforme, de seguro Severus y los prefectos estarían entregando los horarios a los estudiantes, por lo que se apuró en salir e ir al Gran comedor.

En el camino, se encontró con sus amigos que seguían en la sala común. Theo permanecía al lado de Blaise, quien se colgaba de su brazo, Pansy de arreglaba el cabello mientras se miraba al espejo y Greg y Vincent charlaban emocionados sobre algo que no logró escuchar. No pasó mucho tiempo antes de que todos estuviesen en el gran comedor, sentados en sus lugares.

El techo encantado de aquel día estaba de un color gris, las mesas en todo el comedor estaban repletas de soperas con gachas de avena, fuentes de arenques ahumados, montones de tostadas y platos con huevos y beicon, todos lucían algo decepcionados por sus desayunos, sin embargo todo fue ignorado. El desayuno fue tranquilo, las conversaciones fluían sin parar y aunque no lo demostró estaba demasiado alegre por que nadie se había percatado de su apariencia, ya que llevaba varios hechizos de camuflaje.

Sus ojeras estaban bajo un hechizo glamour, y su piel fría era cubierta por la gran capa de invierno que nadie se molestó en mirar dos veces o preguntar por que la traía puesta, sus manos estaban cubiertas por los guantes negros que su madre le obsequiado en su último cumpleaños, y su cabello libre de gomina caía libremente por su cara, moviéndose de vez en cuanto con las repentinas ventiscas.

Trato de evitar que su mirada fuera hacia la mesa de Ravenclaw o gryffindor, en cambio decidió observar a sus amigos. Primero su vista se detuvo en Greg y Vincent quienes sólo llenaban su boca con comida, ajenos a todo. Theo y Blaise mantenían mucho contacto físico, como ahora que Blaise yacía apoyado en el castaño como si este fuese una almohada. Sólo debía esperar hasta finales de su tercer año antes de que ambos empezarán a desarrollar sentimientos por el otro, y la tensión fuera demasiado fuerte e incomoda como para no burlarse de ellos. Pansy bebía su té tranquilamente al lado de Daphne, manteniendo una charla en voz baja.

ᅳ siento que este año defensa será una absoluta pérdida de tiempo ᅳ comentó Theo levantando su vista del libro que antes estaba leyendo.

ᅳ es un estafador, lo mires por donde lo mires ᅳ dijo Draco y todos voltearon hacia la mesa de los profesores fijando su vista en el profesor Lockheart.

ᅳ por lo menos es un buen descanso para la vista ᅳ agregó Dapnhe y más de un bufo en desacuerdo.

El desayuno fue tranquilo, y no pasó mucho tiempo para que Severus y los prefectos empezarán a entregar los horarios de este año, todo iba relativamente bien o eso hasta que en en el salón se oyó un bramido tan potente que desprendió polvo del techo.

—... ROBAR EL COCHE, NO ME HABRÍA EXTRAÑADO QUE TE

EXPULSARAN; ESPERA A QUE TE AGARRE, SUPONGO QUE NO TE HAS PARADO A PENSAR LO QUE SUFRIMOS TU PADRE Y YO CUANDO VIMOS QUE EL COCHE NO ESTABA...

Los gritos de la matriarca Weasley, hacían tintinear los platos y las cucharas en la mesa y reverberaban en los muros de piedra de manera ensordecedora. En el salón, la gente se volvía hacia todos los lados para ver quién era el que había recibido el howler, y Weasley en la mesa de al lado, se encogió tanto en el asiento que sólo se le podía ver la frente colorada.

—... ESTA NOCHE LA CARTA DE DUMBLEDORE, CREÍ QUE TU PADRE SE MORÍA DE LA VERGUENZA, NO TE HEMOS CRIADO PARA QUE TE COMPORTES ASÍ, HARRY Y TÚ PODRÍAIS HABEROS MATADO...

Draco jamás había recibido una howler, pero le resultaba extremadamente incómodo para él escuchar como gritaban. La primer vez que lo había escuchado había sacado provecho de la situación y se había burlado abiertamente de Weasley, pero eso no quitaba el hecho de que fuera extremadamente incómodo. Ahora sólo trataba de hacer como que no oía aquella voz.

—... COMPLETAMENTE DISGUSTADO, EN EL TRABAJO DE TU PADRE ESTÁN HACIENDO INDAGACIONES, TODO POR CULPA TUYA, Y SI VUELVES A HACER OTRA, POR PEQUEÑA QUE SEA, TE SACAREMOS DEL COLEGIO.

Se hizo un silencio en el que resonaban aún las palabras de la carta. El sobre rojo, que había caído al suelo, ardió y se convirtió en cenizas. Algunos se rieron y, poco a poco, el habitual alboroto retornó al salón.

Draco pensó detenidamente que habían acciones que no podían ser evitadas, incluso aunque habían cosas que se podían cambiar o adelantar, las acciones ya estaban destinadas a pasar y era casi imposible de evitar. Por lo que, si no podía evitar el resurgimiento del Lord, por lo menos podía salvar de algunos, ese había sido sus pensamientos, sin embargo no podía evitar la muerte. Por que donde hubo muerte, siempre habrá muerte. Podía salvar a su madre, pero alguien recibiría la maldición asesina en su lugar, podía evacuar a los alumnos sin embargo otros morirían de igual modo ¿eso significaba que no podía salvar a todos sus amigos?

Y si salvaba a Diggory ¿quién moriría en su lugar? Estaba muy preocupado por ello, debía mantener la cabeza fría y evitar el pánico y la desesperación, pero le ponía nervioso el hecho de que si las cosas cambiaban eso podría perjudicarle a Harry la victoria. Si el mundo mágico cayera en las manos de Lord Voldemort todos a los que intentaba mantener con vida, morirían de cualquier modo.

Si ahora, evitaba que la cámara secreta fuera abierta por la chica Weasley, eso no evitaría el ataque sino que por el contrario, alguien más tomará su lugar y abriría la cámara, lo que podría provocar su muerte, no sólo habría personas petrificadas, sino también cadáveres que el basilisco podría usar como alimento.

No debía arruinar esa victoria, por que aunque parecía insignificante comparado a la guerra, era de hecho una prueba más que el elegido debía pasar, era inevitable para Harry siempre verse involucrado.

ᅳ... Draco, Draco ᅳsu nombre resonó en su cabeza despejando todos sus pensamientos, volteó a ver a Greg, que lo miraba seriamente.

ᅳ.. ¿qué?

Sus amigos lo miraron con extrañeza, antes de que Greg se volteara hacia él y repitiera: ᅳsobre la prueba para entrar al equipo de quidditch.

Greg y Vincent lo miraron, expectantes sin embargo él sólo movió la mano y negó con la cabeza: ᅳ de hecho, no me presentaré en la pruebas este año, el profesor Snape aún no encontró un hechizo que me ayude a normalizar mi temperatura y mis padres dijeron que si no quería, podía renunciar a entrar al equipo hasta que lo "condición" este estable.

Hubo un conjunto de "ahhh" antes de que el tema sobre las pruebas de quidditch fueron puestas a un lado.

ᅳ eso es extraño sabes ᅳdijo Pansy, mirándolo con ojos analizantes.

ᅳ¿qué cosa? ᅳ preguntó mirando los ojos verdes de la chica.

ᅳtu temperatura. Antes de empezar Hogwarts tu temperatura era normal, podías sentir calor sin embargo ahora es extraño que tu temperatura siga bajando, ni siquiera el fuego puede calentarte.

ᅳ¿no será por una deformación mágica?

La pregunta de Theo hizo a todos voltear hacia él.

ᅳlo digo por que cuando el núcleo mágico es atacado o controlado por otro mago sin el consentimiento del portador, el núcleo mágico tiene una defensa que puede deformar o cruzarse haciendo que el portador tenga efectos secundarios.

Draco lo pensó un rato, mientras se levantaban de la mesa del comedor y caminaban rumbo a su primera clase, sin embargo no pudo encontrar alguna pista sobre ello.

Antes de recibir la maldición "ignis in sempiternum" su temperatura era normal, su sistema mágico actuaba como su escudo inmunológico por lo que fue su magia lo que evitó que padeciera de hipotermia durante aquellos días en los calabozos de su mansión, cuando sufría los castigos de su tía Bella.

Luego fue su propia magia quien reguló su temperatura. Al sufrir quemaduras de nivel dos, con muchas probabilidades de infección, fue él mismo quien trato sus heridas y cuando el calor abrasador y las quemaduras comenzaron a molestarle, hechizó su propio cuerpo para mantener y no sentir las heridas que ya estaban en lo profundo de su piel.

También fueron sus actividades de natación en las noches frías en el lago lo que hicieron que su temperatura se mantuviera baja, sin embargo a pesar de mantenerse siempre en lugares fríos, el calor era incompatible. No importaba cuántos hechizos se lanzará o cuanto tiempo se quedará en el frío lago, las quemaduras y el calor no podían ser combatidos.

En aquel tiempo, tuvo que morderse los labios para no gritar de pura frustración y aguantarse el dolor en cada movimiento, ahora por lo menos no le dolía tanto el pasar frío, ambos sentimientos lo llenaban de frustración, sin embargo ahora no tenía que lidiar con una maldición que acortaba su vida y su magia.

Su mente divago un poco más antes de llegar a su primera clase, pronto fue abandonado todo tipo de pensamientos para poder concentrarse únicamente en la pizarra, en su pergamino y en su pluma que escribía a gran velocidad.


Las clases pasaron con tranquilidad, sus apuntes se llenaron de palabras y autocorreciones, manejando con cuidado la información que recibía y añadía las cosas que sabía y podían ayudarle. Varios temas serían de los que estaría en los exámenes a fines de curso. No debía preocuparse tanto, sin embargo si mantenía buenas notas y se quedaba en el primer lugar, eso sólo haría más fácil su estadía en la mansión.

Quitando el quidditch de su vida, podía concentrarse también en crear o perfeccionar hechizos viejos que lo ayudarán los próximos años. Sabía que aún tenía una desventaja sobre su cuerpo, pero su nivel de magia no se agotaba, además era mejor adelantarse a algunas cosas, luego del almuerzo, Blaise, quien había cansado de que Theo lo ignorara por estar leyendo un libro, se había colgado de su brazo. En el pasado era él mismo quien lo apartaba cuando se comportaba demasiado pegajoso, pero ahora, luego de haber vivido distanciado de su amigo, no le importaba la seguridad con la que le tocaba. Quería crear buenos recuerdos con sus amigos, antes de que que ellos lo odiaran, sería bueno sólo estar rodeados de slytherins que lo comprendieran.

ᅳ¿crees que debería hacerlo?

ᅳ¿hacer qué?

ᅳpresentarme a las pruebas de quidditch.

ᅳsi. ᅳrespondió sin dudar, originalmente, Blaise había sido bueno para dos puestos, como cazador y como buscador, más bueno en lo primero. Fue en su tercer año que de presentó en las pruebas y se quedó en la posición de cazador, uno que competía con las habilidades de los demás jugadores.

Este sería el primer cambio drástico que habría ese año, la falta de rivalidad entre Harry y él. Su ardiente rivalidad y sus continuas peleas durante lo largo de los años fue lo que los condujo por el que antes había sido, su camino. Si no había tanta rivalidad entre casas, sería más fácil para él salvar y quitar los prejuicios que había entre slytherins luego de la guerra.

No estaba entre sus planes convertirse en un héroe de guerra, de hecho prefería mantenerse entre la oscuridad como una persona a la que notarian como neutral, eso era mejor que a estar frente a miles de ojos.

Sus pensamientos quedaron en suspenso cuando vio al niño que estaba al lado de Harry. Cabello rizado castaño, con una cámara en sus manos; él había matado a ese niño. El pensamiento hizo que un escalofrío recorriera su columna.

Iba a darse la vuelta y salir de allí, sin embargo la voz de Justin, un hufflepuff lleno el ambiente.

ᅳ¿ya te dedicas a firmar fotos?

Draco miro extrañado aquella escena, definitivamente es algo que él debía haber dicho, sin embargo como ahora se rehusaba a seguir sus anteriores diálogos, otra persona había decidido hacerlo.

—¡Todo el mundo a la cola! —gritó a la multitud—. ¡Harry Potter

firma fotos!

—No es verdad —dijo Harry de mal humor, apretando los puños.

—Lo que pasa es que le tienes envidia —le dijo Colin.

—¿Envidia? —dijo Malfoy, que ya no necesitaba seguir gritando, porque la mitad del patio lo escuchaba—¿de qué? ¿quién quisiera tener una estúpida cicatriz en forma de rato en la frente? ¿además, por que un rayo?

—Échate al retrete y tira de la cadena, Fletcher —dijo Ron con cara de enojo.

—Weasley, ten cuidado —dijo mientras sonreía de manera engreída ᅳ no te metas en problemas o vendrá tu mami y te sacará del colegio.

Ver la imagen de una hufflepuff buscando conflicto con Harry era realmente extraño, sin embargo Blaise a su lado, pegado a su brazo como si quisiese unirse a él sonrió burlón.

ᅳ¿no quieres proteger a tu lindo leoncito?

ᅳse las apaña bien solito.

Blaise se burló.

ᅳno veo que diga nada, sólo se queda callado y tranquilo, el que hierve de furia es el pelirrojo.

Draco observó a Weasley y se compareció.

ᅳve entonces ᅳsusurro y Blaise decidió acatar su orden, caminaron hasta quedar a unos pasos de aquel extraño grupo.

ᅳ¿no eres tú el que quiere un autógrafo? ᅳdijo Blaisei interrumpiendo hacia Justin ᅳ veo en tus ojos un brillo de codicia y envidia, se me hace extraño que lo molestes ¿o acaso te gusta?

Una ola de risitas se escapó de todo aquel que escuchaba la conversación, y la cara de Justin respladecio de un rojo brillante.

ᅳpobre, Justin y pensar que un lindo y tierno tejon puede tener la boca tan sucia. Y creer que son ustedes lo que dicen que nosotros somos serpientes venenosas ᅳ su tono lastimero tenía un deje de ironía pura que hizo que varios alumnos de quinto curso de la casa de Slytherin que había por allí cerca, rieran.

Blaise sonrió de oreja a oreja, una mirada fría que hizo temblar a Justin. Sin embargo antes de que cualquiera dijera algo, el profesor Lockhart se acercaba hacia ellos a grandes zancadas.

—¿Qué pasa aquí? ¿Qué es lo que pasa aquí? ¿Quién firma fotos? ᅳsin embargo no dio tiempo para contestar antes de pasarle un brazo por los hombros a Harry, y aunque nadie lo vio más que él le dio un empujón a Weasley

—¡No sé por qué lo he preguntado! ¡Volvemos a las andadas, Harry! ᅳJustin ya se había mezclado con la multitud, y Blaise que odiaba las cámaras pronto lo arrastró fuera de allí, mientras Lockhart alentaba al pequeño Gryffinfor a tomar una foto.

Theo ya había cerrado su libro para cuando regresaron a su lado, mirando con el ceño fruncido el brazo de Draco, sin embago no dijo absolutamente nada, lo que lo sorprendía bastante ya que Theo pese a parecer total y completamente tranquilo, era de hecho una persona por demás posesiva y celosa. Era tierno verlo enojado, era como ver a un perezoso con el ceño fruncido.

La siguiente clase compartida que tenían era con Gryffindor, y era desgraciadamente defensa contra las artes oscuras. No había año que odiara más DCAO que ese año. Incluso Lupin se había lucido mejor.

Crabbe y Goyle se sentaron a cada lado, ambos mantenían cierta distancia para apretujarlo. Cuando todos estuvieron sentados, Lockhart se aclaró sonoramente la garganta y se hizo el silencio.

Se acercó a Longbottom, cogió el ejemplar de Recorridos con los trols y lo levantó para enseñar la portada, con su propia fotografía que guiñaba un ojo, enserio quería quemar la cara de ese bastardo.

—Yo —dijo, señalando la foto y guiñando el ojo él también— soy Gilderoy Lockhart, Caballero de la Orden de Merlín, de tercera clase, Miembro Honorario de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras, y ganador en cinco ocasiones del Premio a la Sonrisa más Encantadora, otorgado por la revista Corazón de bruja, pero no quiero hablar de eso. ¡No fue con mi sonrisa con lo

que me libré de la banshee que presagiaba la muerte!

Esperó que se rieran todos, pero sólo hubo alguna sonrisa. Y él se estaba preguntando puntos le bajarían a su casa si lo noqueaba ahí mismo.

—Veo que todos han comprado mis obras completas; bien hecho. He pensado que podíamos comenzar hoy con un pequeño cuestionario. No se preocupen, sólo es para comprobar si los han leído bien, aver cuando han asimilado.

Cuando terminó de repartir los folios con el cuestionario, volvió a la

cabecera de la clase y dijo: —Dispon de treinta minutos. Pueden comenzar... ¡ya!

Draco miró el papel con una cara de total desagrado y cerrando los ojos, marcando respuestas al azar.

Media hora después, Lockhart recogió los folios y los hojeó delante de la clase.

—Vaya, vaya. Muy pocos recuerdan que mi color favorito es el lila. Lo digo en un año con el Yeti. Y algunos tenéis que volver a leer con mayor detenimiento Paseos con los hombres lobo. En el capítulo doce afirmo con claridad que mi regalo de cumpleaños ideal sería la armonía entre las comunidades mágica y no mágica. ¡Aunque tampoco le haría ascos a una botella mágnum de whisky envejecido de Ogden!

Draco se preguntaba quien tenía tanto tiempo libre como para leer una basura tan larga y falsa como la colección de libros de Lockhart.

—... pero la señorita Hermione Granger sí conoce mi ambición secreta, que es librar al mundo del mal y comercializar mi propia gama de productos para el cuidado del cabello, ¡buena chica! De hecho —dio la vuelta al papel—, ¡está perfecto! ¿Dónde está la señorita Hermione Granger?

Granger alzó una mano temblorosa.

—¡Excelente! —dijo Lockhart con una sonrisa—, ¡excelente! ¡Diez puntos para Gryffindor! Y en cuanto a...

De debajo de la mesa sacó una jaula grande, cubierta por una funda, y la puso encima de la mesa, para que todos la vieran.

—Ahora, ¡cuidado! Es mi misión dotarlos de defensas contra las más horrendas criaturas del mundo mágico. Puede que en esta misma aula tengan que encarar a las cosas que más temen. Pero tengan por seguro que nada les ocurrirá mientras yo esté aquí.

ᅳ si, claro ᅳ dijo en un susurro bajo lleno de ironía sacando una risita de Vincent y Greg.

—Tengo que pedirles que no griten —dijo Lockhart en voz baja—. Podrían enfurecerse.

Cuando toda la clase estaba con la mirada atenta a aquella jaula cubierta, Lockhart levantó la funda

ᅳ dí —dijo con entonación teatral—duendecillos de Cornualles recién atrapados.

Finnigan no pudo controlarse y soltó una carcajada que ni siquiera

Lockhart pudo interpretar como un grito de terror.

—¿Sí? —Lockhart sonrió a Seamus.

—Bueno, es que no son... muy peligrosos, ¿verdad? —se explicó Seamus con dificultad.

—¡No estés tan seguro! —dijo Lockhart, apuntando a Seamus con un dedo acusador— ¡son unos seres endemoniadamente engañosos!

Los duendecillos eran de color azul eléctrico y medían unos veinte centímetros de altura, con rostros afilados y voces tan agudas y estridentes que era como oír a un montón de periquitos discutiendo. En el instante en que había levantado la funda, se habían puesto a parlotear y a moverse como locos, golpeando los barrotes para meter ruido y haciendo muecas a los que tenían más cerca.

—Está bien —dijo Lockhart en voz alta—. ¡Veamos qué hacen con ellos! —y abrió la jaula.

Se armó un alboroto. Los duendecillos salieron disparados como cohetes en todas direcciones. Dos cogieron a Neville por las orejas y lo alzaron en el aire. Algunos salieron volando y atravesaron las ventanas, llenando de cristales rotos a los de la fila de atrás. El resto se dedicó a destruir la clase. Cogían los tinteros y rociaban de tinta la clase, hacían trizas los libros y los folios, rasgaban los carteles de las paredes, le daban vuelta a la papelera y cogían bolsas y libros y los arrojaban por las ventanas rotas.

Al cabo de unos minutos, la mitad de la clase se había

refugiado debajo de los pupitres y Neville se balanceaba colgando de la lámpara del techo.

Él, el único que había permanecido sentado sin absolutamente nada, sin cubrirse o estar en guardia, era por demás extraño, el único a quien los duendecillos no quisieran molestar

—Vamos ya, rodeenlos, rodeenlos, sólo son duendecillos... —gritaba Lockhart sin embargo era más inútil de lo que aparentaba. Perdiendo la varita en manos de los duendecillos pocos segundos después.

Sonó la campana y todos corrieron hacia la salida.

En la calma relativa que siguió, Draco alzó su varita tranquilamente y paralizó a todos los duendecillos y los volvió a poner en al jaula, con una nube violeta que desprendía un hechizo de sueño.

Pocos pasos más atrás estaba el frío dorado mirándolo con la boca abierta y la mirada extrañada. Harry en cambio, sólo lo observaba con una lenta sonrisa, Lockhart ya de había marchado.

ᅳincreíble habilidades, Malfoy ᅳ halago Harry acercándose a él.

—¿vieron eso? —bramó Weasley con una expresión de incredulidad mirando hacia la puerta.

—Sólo quiere que adquiramos experiencia práctica —dijo Hermione, sin embargo el sólo levantó la ceja hacia ella ᅳbuen trabajo, Malfoy.

—¿Experiencia práctica? —dijo después Weasley—Hermione, él no tenía ni idea de lo que hacía.

—Mentira —dijo Hermione—. Ya has leído sus libros, fíjate en todas las cosas asombrosas que ha hecho...

—Que él dice que ha hecho —añadieron los tres al mismo tiempo.

Granger piseoteo y luego se marchó, dejandolos a los tres en el aula destruida.

ᅳes un total fraude ᅳdijo Harry entonces mirando el aula destruida y viendo la jaula donde los duendecillos dormían plácidamenteᅳ buen trabajo haciéndolos dormir.

Harry planeo su espalda sin embargo el sintió el toque demasiado incómodo, pero no dijo nada.

Primera clase de defensa: un total fracaso.


La noche después de la cena, tuvo que ir a la oficina de Snape. Durante las vacaciones sólo había visto a su padrino dos veces y, se sintió culpable por dejarle hacer una exhaustiva investigación durante su poco tiempo libre para buscar una cura que no sabía si existía para su problema con baja temperatura, ya estaba cansado de hablar sobre su extraña condición, de hecho, debería dejar de estar pensando en eso.

Debía pensar en la fiesta de Halloween, y en la mascota que dormía en la cámara secreta, debía pensar en sus notas y en que sería muy malo si su magia quedaba expuesta a los demás niños.

Debía en su madre y en Pansy, y en que les regalaría en Navidad, debería pensar en cómo salvar a sus padres, a su padrino y a sus amigos, debía pensar en Harry y como y que hacer para protegerlo.

No tenía tiempo para pensar en sus problemas, no. Sólo era contratiempo.

La ofina de Snape era oscura, no por la falta de iluminación, más bien por que desde los muebles hasta las paredes, todo era de un color negro, no había cuadros o espejos, la estantería en la pared sólo tenía libros de posiones y de defensa. Otra estantería al fondo de la habitación estaba repleta de frascos de posiones, y del otro lado de la habitación estaba un perchero.

Una taza de té humeante lo esperaba, se sentó calmadamente en la silla frente al escritorio y tomo la taza, dándole un sorbo. Té de hierbas, un sabor amargo.

Un té que le recordaba a la completa desesperación.

Severus apareció tres minutos después, agotado y con la mirada enojada. Su rostro se suave Un poco al verlo tomando té, sin embargo volteó mirando irritado hacia la tetera flotante, esperando a que también le sirviera una taza de té.

ᅳun encantamiento inútil.

ᅳ la tratas mal, padrino.

Severus enfurruño más. De hecho, hace aproximadamente tres años, Lucius le había obsequiado a su padrino una tetera encantada que siempre le serviría té caliente cada que lo necesitará, por supuesto al principio funcionó bien, sin embargo la tetera comenzó a desarrollar sentimientos propios como el miedo, la felicidad y el enojo, y ahora le tenía terror a Severus, por que cuando Severus estaba de malos días, su oficina era la que era destruida, por consecuencia la tetera que veía esas escenas, comenzó a tenerle miedo al pobre y trabajador Severus.

ᅳ si no fuera tan eficaz, ya hace rato se la hubiese tirado a la cabeza a Lucius ᅳdijo, mientras por fin bebía de su tan esperado té.

Su cuerpo comenzó a relajarse, intuyendo que la magia de severus la estaba analizando.

ᅳno has mejorado ni un poco.

Eso era cierto.

ᅳde hecho, parece que tu temperatura baja cada vez más, puedes que incluso desarrolles hielo en tus manos.

ᅳno creo que sea posible.

Claramente lo anterior, fue una broma ¿acaso piensas que volveré a ser la bruja del invierno? Incluso cuando su madre quería molestarle sacaba ese tema, no era extraño que su madre siempre le comprara trajes blancos de invierno con capa, eso claramente se debía a ese vergonzoso juego que jugaba de niño.

ᅳno eres gracioso, padrino.

ᅳ ciertamente, tú tampoco.

La magia de Severus se hizo escasa a su alrededor, notificándole que ya había terminado su revisión diaria. Su taza vacía, fue rellenado nuevamente por la tetera, y promto el silencio retumbo en la oficina.

La idea de pasar tiempo con su padrino en un principio no estaba planeado, pero no le desagradaba. De alguna extraña manera ambos tenía mucho en común, y a eso se le sumaba que Draco había sido muy dependiente de Severus desde que era un niño, por esa razón sus lazos con su padrino eran más fuerte que con los de su padre, ya que fue el primero quien había estado más presente en su infancia.

ᅳlas heridas en tu pecho...

ᅳse curaron, aunque quedaron cicatrices.

ᅳes agotador preocuparse tanto por un niño como tú ᅳresoplo el adulto, sin embargo ocultó una sonrisa tras su taza.

ᅳsoy un niño adorable.

ᅳcuando te conviene lo eres.

Rió sabiendo que era cierto.

ᅳno te cite aquí para hablar de nuestras vidas personales.

ᅳes cierto, sería el único que hablaria, después de todo.

Severus lo miro con reproche sin embargo la conversación se olvidó una vez que el esquema se desprendió de la varita de Severus, mostrando un diagrama de temperatura.

ᅳtu temperatura no ha hecho más que seguir bajando.

ᅳsi..

ᅳDraco ᅳel tono de voz no era suave, sin embargo era tranquilo, un tanto frío sin dejar ver emociones en su tono ᅳ no es un juego, tu magia no puede equilibrar tu temperatura por que tu sistema inmunológico tuvo una grave fisura, no se exactamente cuando, sin embargo asumo que fue aquel día, cuando te hiciste las heridas en tu pecho.

Su mirada se tornó blanca.

ᅳpuede que en el futuro ya no experimentes calor por ti mismo, también es probable que tu magia se desborde o se alborote, no es fácil para mi decir que de hecho, no hay cura para lo que te está pasando, les hablé a tus padres sobre evitar que te presentes a las pruebas de quidditch este año para evitar así, que tu temperatura le haga daño a tu cuerpo, por que aunque tu cuerpo este tomando este frío como algo natural, aún así tu cuerpo puede colapsar desde el aire, y puede que nadie pueda atraparte si te caes.

¿no volar?

El recuerdo de una noche en su escoba, riendo y gritando palabras de coqueteo, una sonrisa cálida como la de una estrella, unos ojos apagados brillando después de una guerra, ese recuerdo se arremolino en su cabeza, su último vuelo.

ᅳesta... bien.

Su mirada bajo a la taza entre sus manos, el líquido ya se había enfriado.