La cabaña del guardabosques.

El día de San Valentín trajo buenos recuerdos a la mente de Draco, quien no paraba de reírse del horrible mensaje que le dejaron a Harry Potter en el pasillo. Blaise, a su lado tampoco dejaba de reírse, burlarse con Draco sobre el moreno siempre había sido algo que ambos disfrutaban. Draco puede contar las miles de veces que Blaise siempre reía a su lado en aquellos tiempos cuando él era abiertamente hostil con Harry y negaba haberse enagotado del león.

Claro, Draco y Blaise tenían en común el negar sus verdaderos sentimientos, recuerda claramente como a ambos les gustaba burlarse del amor que el otro sentía y como ahogaban sus penas tomando cerveza de mantequilla por lo muy idiotas que eran. Por supuesto que más tarde cuando Blaise comenzó a salir con Theo sólo él se quedó burlándose de si mismo y su tonto amor, ahora en compañía de Greg.

Pansy había empezado a usar sus perfumes como pago por trenzarle el cabello, que ahora le llegaba al hombro. No estaba en sus planes contárselo, quería tener el cabello casi tan largo como su padre, incluso más. Poco a poco comenzó a relajarse, disfrutando de los días tranquilos sin la necesidad de buscar más soluciones a problemas futuros, decidió tomarse unos días junto a sus amigos, pronto las noches en su habitación se llenaron de charlas con Pansy, Dapnhe y Myrtle, hablar de quidditch con Greg, Blaise y Theo, o ayudarle a Vincent en sus tareas de historia.

Algunos alumnos mayores de slytherin también lo ayudaban a él en sus clases de música, y los días domingos usualmente toda la casa slytherin decidían aislarse de las demás casas y hacían su reunión allí en la sala común, donde podían actuar de acuerdo a ellos sin contenerse. Varios libros prohibidos empezaron a circular entre ellos y las clases particulares para subir puntos comenzaron, donde los cuatro mejores alumnos daban las clases particulares. Incluso el profesor Snape los ayudó a organizarse con un horario.

Pasaron alredor de cinco días antes de que Potter volviera a aparecer en su cuarto a las cuatro de la mañana. Algo ese día, le hizo despertar temprano así que mientra mientras miraba el techo y tarareaba un vieja melodía, sintió un peso a su lado y un olor a tinta.

ᅳno entiendo como es que siempre sabes cual es la contraseña.

A su lado Potter se reveló quitándose la capa de invisibilidad de encima, tenía una sonrisa tonta en su rostro, y sin esperar algún permiso, se coló dentro de sus frazadas y se acostó en su almohada, enredando sus pies entre los suyos.

ᅳno es como si usará la puerta principal.

ᅳ¿entonces cómo?

Escucho el resoplido de una risa en su cuello antes de que todo quedará en un profundo silencio.

ᅳno te lo diré ᅳjusto cuando iba a quejarse Harry le sonrió ᅳpor que estoy seguro que cerrarias mi única entrada y entonces ya no podría entrar.

Y tenía razón.

El silencio volvió a llenar la habitación, Harry acostado a su lado mantenía los ojos cerrados y las gafas encima de su cabeza, mientras él seguía mirando el techo oscuro. Dejo de tararear unos largo minutos antes de volver a comenzar y entonces sólo se escuchaba su voz.

ᅳRiddle siempre fue bueno controlando y manipulando la mente ᅳla voz de Harry hizo que dejará de tararear. ᅳahora me doy cuenta de lo ingenuo que siempre fuí al confiar en su palabras... la primera vez fue también cuando confíe en él y no en Hagrid, luego... Por una visión... mi padrino murió en mi lugar.

El silencio volvió, más gélido.

No sabía que decir. Nunca fue bueno consolando.

ᅳsiempre desconfíe de todos, y siempre tuve miedo de estar sólo por que fui criado por mis tíos, que me odiaban y me encerraban en un armario debajo de las escaleras, no se si lo sepas, pero pude haber muerto. ᅳHarry abrió los ojos y él volteó su cuerpo para mirarlo, sin embargo Harry no se colocó las gafas, sus ojos tenían un lindo color ᅳ ¿sabes por que rechace tu amistad en aquel tren hace muchos años?

Él negó.

ᅳinsultaste a Ronald, la primera persona que conocí que fue buena conmigo. Él no fue hostil conmigo como lo habían sido los niños por donde vivía, parecía agradarle por primera vez a alguien y quise mantenerlo conmigo... pero fue tan extraño que luego su familia me diera la bienvenida a su hogar... jamás me había sentido amado hasta que conocí y me uní a esa familia.

Draco se quedó en silencio mirando los ojos de Harry, escuchandolo hablar.

ᅳ nunca quise tener el destino de salvar el mundo mágico, de hecho no sabía quién era o que había hecho para ser reconocido, sólo era un niño al que un día le llegó una carta diciendo que podía empezar a asistir a la escuela de magia, ni quiera sabía que era un mago. Durante 11 años no sabía quién era... y luego no quise ser quien se suponía debía ser.

Draco se movió inconscientemente, pero cuando se dio cuenta ya estaba abrazando al gryffindor. Se quedó estático, petrificado, pero no se alejó. Fue extraño y un poco incómodo pero luego recuperó la movilidad y lo abrazo de forma segura.

ᅳ lo siento.

ᅳ¿por qué te disculpas? ᅳdijo mientras sus manos abrazaban su espalda.

ᅳpor todo, supongo. Nuestro pasado... nuestras peleas, mi actitud.

Harry no dijo nada, y una vez más la habitación quedó en silencio. El último abrazo que habían tenido había sido aquella vez, en aquel lugar, mientras su vida era amenazada por un tiempo límite, y el dolor era demasiado para mantenerse callado. Harry había llorado y gritado, con los ojos hinchados queriendo renunciar a todo.

ᅳeres un verdadero idiota ᅳsusurro Draco con la voz calmada ᅳ aveces haces que tu estúpida cicatriz dañe tu cerebro.

Harry rió en su pecho.

ᅳ¿acaso me dirás lo mucho que odias amarme otra vez?

Draco apretó más sus brazos en el cuerpo de Harry, como si quisiera asfixiar al gryffindor, lo que sólo resultó terminar e un abrazo más fuerte que la de un simple abrazo de consolación.

ᅳesa conversación no pasará.

Harry sonrió contra el cuerpo del rubio preguntándose por que sentía el cuerpo de Draco tan frío, cerró los ojos relajado su mente y pensó en lo cómodo que estaba al lado de este slytherin.

ᅳ confió en ti, Draco.

Draco no dijo nada. No pudo hacerlo, sin embargo no fue necesario por que Harry no esperaba una respuesta, sabía que la confianza es lo más importante para un slytherin, debían tener razones para hacerlo, y cuando ellos daban confianza, lo hacían con lealtad y honestidad. Así que no espero una respuesta, no por ahora. Pero sabía que cuando se ganará esa confianza, Draco se abriría a él, y lo entendía.

ᅳ no es necesario que me respondas. Te esperaré.

Y el silencio volvió.

Un silencio reconfortante.


Harry se había marchado antes del alba, con una mirada aún cansado y los ojos enrojecidos. No mucho después, Draco se levantó de la cama a organizar su escritorio, después de todo pronto llegarían las vacaciones de semana Santa (aunque no entendía mucho del tema pues era un costumbre muggle)

Luego de ese día, hubo muchas cosas sucedieron. Su tiempo se vio afectado en varias actividades agotadoras, como elegir las clases para el próximo año planeaba dejar adivinación y cursar las materias que no había hecho en el pasado, comenzó también una investigación de hombres lobos por que si, sabía que Remus Lupin era un lincántropo y sabía que fue su padrino quien hacia sus pociones mata-lobos por lo que decidió hacer un repertorio de esas pociones para tener por si habia alguna razón especial. Investigó también lo pudo de animagos, por que en Hogwarts el único lugar donde podía haber información de ello era en la sección prohibida y no quería gastar su tiempo y suerte buscando allí con riesgo a perder puntos. Sin embargo concentró más su atencion en buscar información sobre dos personas en específico. Sirius Black y Peter Pettigrew.

Y asi los días pasaron rápidamente sin siquiera darse cuenta de ello, su mente trabajaba día y noche, estudiando, enseñando, buscando e investigando, incluso Myrtle -que odiaba admitir que estaba muerta y que se lo recordarán- le dijo que debía tranquilizarse y descansar.

Pero él no quería hacerlo, por que cuando su mente se despejaba sólo tenía la cabeza llena de pensamietos hacia cierto gryffindor. Recordaba todo lo que le había dicho aquella noche, o lo que sabía que aún no le contaba. Recordaba a ese Harry Potter, desconfiado, enojado; perdido. Harry perdió mucho durante guerra, como cualquier otro, sin embargo a él no le dieron tiempo para asimilar absolutamente nada; pusieron las cargas en su espalda y lo mandaron a enfrentarse a un loco sin nariz, sabía por el propio Harry que también sufría abusos por parte de su familia, y fue algo que lo incómodo y le hizo sentir enfermo.

Su mente estaba en la caja al fondo de su baúl, en aquel regalo que le había comparado para Navidad. Regalo que no envió, y que estaba nervioso de sólo recordar. Sabía que Potter lo necesitaría, pero se preguntó si estaba siendo demasiado entrometido, como la vez que le dio esa varita, y los días siguieron pasando, y más pensamientos ocuparon su mente.

Pronto la noticia del juego cancelado llegó a sus oídos, al parecer habían atacado a otro estudiante.

La sala estuvo bulliciosa ese día. Sin embargo él no lo tomo en cuenta, se encerró en su habitación después de días sin descansar adecuadamente, se durmió en su escritorio sin darse cuenta. No fue hasta la madrugada que se despertó, sintiendo dos par de ojos que lo miraban.

ᅳ¿por qué ahora son dos? ᅳpreguntó adormilado, notando así que estaba en su cama. Ni siquiera se molestó en moverse, sólo volteó su cuerpo hacia arriba y extendió sus brazos.

ᅳ Malfoy ᅳ gruño Weasley.

ᅳestoy agotado, no he estado durmiendo bien asi que espero una buena excusa y ᅳcon ojos entrecerrados volteó la mirada hacia Potter ᅳ que cierres la maldita puerta por la que entras y dejes de colarte a mi habitación.

Ronald pareció descolocado ante el último comentario, Potter en cambio tosio levemente mientras sus orejas se pintaban de rojo.

ᅳ Hermione fue petrificada.

ᅳ mhn.

La mirada de Ronald se distorciono manteniendo sus manos apretando algún objeto en su mano. Harry lo miro a sus ojos intentado decir algo, tratando de que entendiera la señal de lo que se supone no podía decir. Sin embargo, Draco bostezo.

ᅳ ninguno de los dos necesitan mi ayuda.

ᅳ eres bueno en hechizos.

ᅳ al igual que tu.

ᅳ no podré hacerlo sólo.

ᅳ tienes a Weasley.

ᅳse desmayara.

ᅳ vendale los ojos.

ᅳ los escuchara.

ᅳ casco burbuja.

ᅳ será incómodo.

ᅳPotter, ya dije que no.

ᅳ pero...

ᅳprometiste que no me llevarias a rastras.

ᅳ iremos sólo a casa de Hagrid. No es lejos.

ᅳy luego me llevaras a perseguir acromantulas y a volar un auto, no gracias.

Ronald miro con confusión todo el intercambio de palabras antes de voltear con pánico a mirar a Harry, sin embargo el moreno no volteó su mirada de Draco, por lo que hubo un largo rato en silencio en la habitación donde ambos chicos se desafiaban con la mirada, como si estuvieran teniendo una pelea telepatíca, antes de que un muy enojado Draco se levantará de la cama y se pusiera un abrigo negro y peludo y se acercará a los dos leones para pegarles en la cabeza.

ᅳme muestras por donde entras o todo el trato se rompe.

ᅳpero entonces ya no podré venir a tu habitación.

ᅳ ese es el punto.

Ronald Weasley decidió mejor mantenerse callado.

Aún no entendía el por que su mejor amigo estaba tan obsesionado con mantener a un Malfoy a su lado, pero más se le complicaba entender como fue que esos dos se complementaban tan bien. Era extraña la dinámica entre ambos, como si supiesen que es lo que pensaba cada uno, y se entendían a bases de señas vagas.

Ronald también debía admitir que Draco Malfoy era sorprendente a su corta edad, era bueno en la magia y salía casi tan natural como si fuese un mago mayor com grandes años de experiencia. Además era inteligente, podría decirse que incluso más que Hermione, y pese a todo era amable, recuerda como lo ayudó el año anterior, y como decidieron hacer un pacto silencioso de no molestarse.

No lo odiaba. Simplemente se sentía incómodo, tal vez por que no eran muy cercanos, sin embargo le caía bien. Draco no se burló de él, no lo veía como menos o lo trataba como un Malfoy a un Weasley, era como si hubiesen decidido no continuar con los rencores pasados y dar el caso por cerrado.

Y no se sentía mal.


La mirada hostil del semigigante no paso desapercibida por ninguno de los tres estudiantes. Hace sólo un minuto habían llegado a la cabaña del guardabosques, y justo después de que Harry llamara a la puerta, Hagrid lez abrió, apuntandolos con una Ballesta. Reconoció a los dos leones casi al instante e iba a bajar el arma, in embargo cuando sus ojos se posaron en mi, sentí que él enserio iba a disparar.

ᅳviene con nosotros ᅳ dijo rápidamente Ronald, cubriendole con su diminuto cuerpo.

—¡Ah! —dijo, bajando el arma y manteniendo máxima alerta en si persona —. ¿Qué hacen aquí?

—¿Para qué es eso? —preguntó en su lugar Harry, señalando la ballesta al entrar.

—Nada, nada... —susurró Hagrid— Estaba esperando... No importa.. Sentaos, prepararé té.

Parecía que apenas sabía lo que hacía. Casi apagó el fuego al derramar agua de la tetera metálica, y luego rompió la de cerámica de puros nervios al golpearla con la mano.

—¿Estás bien, Hagrid? —preguntó Harry— ¿Has oído lo de Hermione?

—¡Ah, sí, claro que lo he oído! —dijo Hagrid con la voz entrecortada. Miró por la ventana, nervioso.

ᅳ ¿esperas a alguien? ᅳpreguntó Ronald, sin embargo antes de que el gigante respondiera, Potter ya los había puesto contra el rincón y los haia cubierto con la capa de invisibilidad, poco segundos después, aporrearon la puerta.

—Buenas noches, Hagrid.

Dumbledore. Sin que nadie lo notará, lanzó un hechizo de silencio alrededor de los tres, tenían que ser los más cautelosos posible, y aunque su magia era indetectable para los otros, no sabía si tendría efecto en el director.

Entró, muy serio, seguido por un hombre bajo y corpulento, de cabellos gris alborotado y expresión nerviosa. No tenía que ser muy inteligente para saber quien era, Cornelius Fudge.

—¡Es el jefe de mi padre! —musitó Ron—. ¡Cornelius Fudge, el ministro de Magia!

Harry dio un codazo a Ron para que se callara.

ᅳno te preocupes, lance un hechizo de privacidad a nuestro alrededor.

Hagrid estaba pálido y sudoroso. Se dejó caer abatido en una de las sillas y miró a Dumbledore y luego a Cornelius Fudge.

—¡Feo asunto, Hagrid! —dijo Fudge — Muy feo. He tenido que venir. Cuatro ataques contra hijos de muggles. El Ministerio tiene que intervenir.

—Yo nunca... —dijo Hagrid, mirando implorante a Dumbledore—Usted sabe que yo nunca, profesor Dumbledore, señor...

—Quiero que quede claro, Cornelius, que Hagrid cuenta con mi plena confianza —dijo Dumbledore, mirando a Fudge con el entrecejo fruncido.

—Mira, Albus —dijo Fudge, incómodo— Hagrid tiene antecedentes. El Ministerio tiene que hacer algo... El consejo escolar se ha puesto en contacto...

—Aun así, Cornelius, insisto en que echar a Hagrid no va a solucionar nada —dijo Dumbledore.

—Míralo desde mi punto de vista —dijo Fudge, cogiendo el sombrero que habia traido consigo y haciéndolo girar entre las manos— Me están presionando. Tengo que acreditar que hacemos algo. Si se demuestra que no fue Hagrid, regresará y no habrá más que decir. Pero tengo que llevármelo. Tengo que hacerlo. Si no, no estaría cumpliendo con mi deber...

—¿Llevarme? —dijo Hagrid, temblando—¿Llevarme adónde?

Azkaban, susurro una voz en su oído. De inmediato unas secuencias de imagenes pasaron por su cabeza.

—Sólo por poco tiempo —dijo Fudge, evitando los ojos de Hagrid— No se trata de un castigo, Hagrid, sino más bien de una precaución. Si atrapamos al culpable, a usted se le dejará salir con una disculpa en toda regla.

—¿No será a Azkaban? —preguntó Hagrid con voz ronca.

Antes de que Fudge pudiera responder, llamaron con fuerza a la puerta. Quien abrió fue Dumbledore.

Cuando Draco vio a su padre entrar en la cabaña de Hagrid con paso decidido, envuelto en una capa de viaje negra y con una gélida sonrisa de satisfacción, Draco no pudo evitar el sentimiento de nostalgia al verlo. Quería ir y abrazarlo.

—¡Ah, ya está aquí, Fudge! —dijo complacido al entrar— bien, bien...

—¿Qué hace usted aquí? —le dijo Hagrid furioso— ¡Salga de mi casa!

—Créame, buen hombre, que no me produce ningún placer entrar en esta... ¿la ha llamado casa? —repuso Lucius Malfoy contemplando la cabaña con desprecio, había recordado que su padre odiaba los lugares pequeños y desordenados ᅳSimplemente, he ido al colegio y me han dicho que el director estaba aquí.

—¿Y qué es lo que quiere de mí, exactamente, Lucius? —dijo Dumbledore. Hablaba cortésmente, pero sus ojos azules se mostraban llenos de furia.

—Es lamentable, Dumbledore —dijo perezosamente, sacando un rollo de pergamino— pero el consejo escolar ha pensado que es hora de que usted abandone. Aquí traigo una orden de cese, y aquí están las doce firmas. Me temo que este asunto se le ha escapado de las manos. ¿Cuántos ataques ha habido ya? Otros dos esta tarde, ¿no es cierto? A este ritmo, no quedarán en Hogwarts alumnos de familia muggle, y todos sabemos el gran perjuicio que ello supondría para el colegio.

—¿Qué? ¡Vaya, Lucius! —dijo Fudge, alarmado—Dumbledore cesado... No, no..., lo último que quería, precisamente ahora...

—El nombramiento y el cese del director son competencia del consejo escolar, Fudge —dijo con suavidad su padre—Y como Dumbledore no ha logrado detener las agresiones...

—Pero, Lucius, si Dumbledore no ha logrado detenerlas —dijo Fudge, que tenía el labio superior empapado en sudor— ¿quién va a poder?

—Ya se verá —respondió Lucius Malfoy con una sonrisa totalmente falsa— Pero no puede ser que cada año haya un problema que amenace a los estudiantes.

Hagrid se levantó de un salto, y su enredada cabellera negra rozó el techo.

—¿Y a cuántos ha tenido usted que amenazar y chantajear para estar en su posición, eh, Malfoy? —preguntó.

—Muchacho, muchacho, por Dios, este temperamento suyo le dará un disgusto un día de éstos —dijo Malfoy— me permito aconsejarle que no grite de esta manera a los carceleros de Azkaban. No creo que se lo tomen a bien.

—¡Puede quitar a Dumbledore! —chilló Hagrid, y Fang, el perro jabalinero, se encogió y gimoteó en su cesta— ¡Lléveselo, y los alumnos de familia muggle no tendrán ni una oportunidad! ¡Y habrá más asesinatos!

—Cálmate, Hagrid —le dijo bruscamente Dumbledore. Luego se dirigió a Lucius Malfoy— Si el consejo escolar quiere mi renuncia, Lucius, me iré.

—Pero... —tartamudeó Fudge.

—¡No! —gimió Hagrid.

Dumbledore no había apartado sus vivos ojos azules de los ojos fríos y grises de Malfoy.

—Sin embargo —dijo Dumbledore, hablando muy claro y despacio, para que todos entendieran cada una de sus palabras— sólo abandonaré de verdad el colegio cuando no me quede nadie fiel. Y Hogwarts siempre ayudará al que lo pida.

No supo cuando habían dejado la cabaña, sin embargo ahora con la capa lejos de su cuerpo, Draco podía respirar por fin.

ᅳno te haría mal lavar la capa de vez en cuando Harry.

ᅳ¿es todo lo que dirás? ᅳpregunto Ronald.

ᅳno hay nada que pueda decir que no te haga enojar, pero concuerdo con mi padre. No puede ser que siempre haya problemas en el castillo, ¿no se supone que este era un lugar seguro? Aquí hay niños, toda seguridad debe duplicarse por cada alumno.

Nadie pudo contradecir sus palabras.