Todos los personajes son de la serie Star Vs Las Fuerzas Del Mal, de la creadora Daron Nefcy, lo único de mi autoría es la historia aquí presentada
— ¿Y? ¿Le gustó?
Lady Winter se quedó pensando un momento, lo que le había parecido una buena idea al comienzo ahora comenzaba a incomodarla.
— Sí, por supuesto que sí…, Príncipe River.
Moon se había quedado el resto del día sin salir de la habitación, incluso desistió de ir la cena (de lo cual se estaba arrepintiendo ahora que era pasada la media noche y sentía el estómago vacío), pero realmente no quería conocer formalmente a los Johansen, no quería que la vieran como la prometida de su hijo, la joven que le iba a brindar los mayores privilegios que alguien pudiese tener solo por haberlo contrariado en aquel desafortunado encuentro.
Salió de su cama intentando no despertar al Pequeño Chauncey que la había acompañado todo el rato, Lady Winter le había mandado llevar una camilla especial para él, pero la cama de ella era tan grande que podría caber fácil una familia entera ahí, así que un pequeño cabra-cerdito no causaba ningún tipo de estorbo, al contrario, por fin se sentía que ocupaba algo de espacio ese lugar tan vacío.
Tocó el frío piso con los pies descalzos y sintió como un escalofrío le recorría el cuerpo entero, sabía que debía de usar algún tipo de calzado, pero aquella sensación la hacía sentir viva, le recordaba que tenía emociones y sensaciones que todos los mewmanos compartían, y con eso no se sentía tan sola porque sabía que alguien en su basto reino la comprendía.
Siguió caminando descalza hasta llegar al ventanal de su cuarto que conectaba con el balcón. Abrió un poco la puerta, sólo para que cupiese su menudo cuerpo, y sintió una brisa otoñal sobre su rostro, su piel se erizó y su cuerpo sintió el cambio de temperatura, pero aun así decidió salir al balcón, era lo que necesitaba en ese instante.
Cuando por fin atravesó el ventanal lo más silenciosamente posible, lo primero que vio fue la noche despejada e iluminada por la hermosa luz de la luna mayor de Mewni que parecía cubrir su rostro como si de un manto se tratase. Inhaló el aire fresco con tranquilidad, pero cuando exhaló, varias lágrimas escaparon de sus ojos.
Al inicio empezó a limpiárselas, pero mientras más intentaba ocultarlas, éstas salían con mucha más fuerza. Así que, por primera vez en su vida, decidió no luchar contra ellas: Simplemente se rindió ante sus emociones, estaba tan cansada de aparentar… de esconder sus sentimientos… Moon se recargó en una pared mientras cubría su rostro y soltaba todos los lamentos que reprimía.
No había motivo para llorar, o tal vez tenía tantos que ya no sabía cuál era el que le afectaba más. Estuvo a punto de soltar alaridos de dolor: su vida iba a cambiar al día siguiente, no sólo por ser princesa, sino por ser una princesa atada a algo que no amaba.
Y es que, por más tonto que sonase; una parte de ella creía en el amor.
Nunca lo diría en voz alta, pero ella soñaba con enamorarse, con poder conocer a alguien que la hiciera sentir mariposas en el estómago, alguien que la hiciera sentir querida y le demostrara su afecto sin importarle las situaciones en la que estuviesen. Alguien que la escuchara aun cuando no tuviera nada que decir, que compartiera sus ideales, que pudieran charlar por largas horas sin aburrirse y que realmente no le importara su posición social, sólo que le importara ella, la chica de catorce años* llamada Moon.
Lloró con más fuerza cuando supo que nunca podría conocer ese sentimiento y que sólo iba a quedar en su imaginación, nunca lo iba a poder conocer porque no iba a tener la oportunidad. A partir de la próxima noche ella iría a los bailes como alguien comprometida, alguien inalcanzable para todos los asistentes, alguien en pocas palabras, esclavizada por el bien común.
Sí, su cadena no era visible, pero estaba ahí, sin soltarla. Una princesa esclavizada por sus responsabilidades, sus compromisos por cumplir el bien común sin importar su propio bienestar. No iba a tener novios, no iba a poder sentir aquellas mariposas, no iba a vivir. Moon se paró de repente y se acercó lo más que pudo al barandal del balcón para ver hacía abajo. Tal vez si no podía tener las mariposas en el estómago al menos podría ser libre como una.
Libre.
Calculó los metros que separaban su habitación del suelo y supo que nadie sobreviviría a una caía a semejante altura, a Glossaryck o a su madre no les quedaría algo que arreglar siquiera, la magia no la podía salvar de todo. Puso sus pies en la parte baja del barandal y se imaginó a ella volando, por unos momentos, como una mariposa; libre de preocupaciones, libre de cargas, nadie le iba a poder reclamar nada porque ya no iba a estar ahí a la siguiente mañana. Ella por fin sería…
Libre.
Tomó aire y se imaginó a sus seres cercanos; tal vez a Lady Winter le doliese su partida, tal vez su padre le llorase un par de noches, pero de ahí en más no sabía a quién realmente le importaba. A Glossaryck seguramente le daría igual, sus familiares sólo le llorarían hipócritamente, los empleados vestirían de negro por compromiso, y su madre se quedaría sin nadie a quien comprometer con los Johansen.
Una sensación extraña la invadió cuando pensó aquello último, era como una gratificación, porque si ella moría su madre se quedaría sola: ya no tendría una hija a la cual exigir ser la princesa perfecta, y la dinastía Butterfly se perdería porque no tenía ninguna prima de la edad. Solo estaba ella, siempre, todo caía sobre ella.
Tal vez eso necesitaba su pueblo, olvidar aquel Reino y que se gobernarse de otra manera, ¿Quién sabe? Incluso pudiese ser que con su muerte hiciera el cambio que su pueblo merecía.
Sujetó el barandal con más fuerza mientras intentaba subir las rejas para estar del otro lado, sus ojos llorosos le picaban los ojos y nublaban su vista, pero estaba segura de que estaba escalando, estaba llegando a un punto del que sabía no iba a regresar jamás, pero prefería eso mil veces a seguir siendo la Princesa Perfecta de Mewni. La Princesa comprometida.
Sollozó. ¡Cuánto no deseaba no haber nacido en la Familia Real! Sí, ella tenía muchas cosas materiales siendo una Butterfly; ropa, joyería, incluso warnicornios, pero lo que la gente no sabía era que ella no lo podía usar libremente sus bienes, todo tenía que ser de acuerdo a las normas de etiqueta, aquellas normas que le quitaban su libertad, y lo más importante, el cariño de una familia unida.
En ese momento se imaginó como una simple campesina, levantándose temprano para ir al molino de maíz, después, yéndose a ordeñar algunas vacas y al final, dándose una vuelta por los campos cercanos buscando flores y frutos comestibles, sólo para ella, sus padres y una pequeña hermana. Siempre quiso tener una.
Sin duda una familia feliz, oró a la nada pidiendo aquello para su próxima vida, para que pudiera conocer una verdadera familia, para que pudiera conocer a alguien del cual se enamorara, alguien que le enseñara cada día algo nuevo, que la ayudara a superar sus miedos, y que la hiciera una mejor persona, alguien bueno, que la respetara, la quisiera y hasta cierto punto le aguantara uno que otro berrinche, alguien como…
Toffee.
Una libélula salió de entre el jardín para volar justo enfrente de ella. Moon se aferró a las rejas cuando se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer, lloró ahora del miedo que tenía por ver que estaba a centímetros de saltar a una muerte segura, no podía, no podía defraudarlo a él.
Regresó al balcón y se tiró al suelo cuando lo sintió firme, ¿En qué estaba pensando? ¡Un suicidio era la cosa más cobarde que alguien podía hacer! Era simplemente una salida fácil a todos sus problemas, con eso era obvio que no iba a solucionar nada entre mewhumanos y monstruos.
Se quedó hecha bolita en el suelo mientras lloraba, no podía huir de su realidad, no podía hacerlo ahora que alguien contaba con ella. Se mordió la mano mientras intentaba tranquilizarse, una Reina tenía que hacer sacrificios, y ella era el chivo expiatorio "Eres una Reina" se recordó "Eres una Reina y un pueblo completo depende de ti", "Eres una Reina y los monstruos estarán indefensos sin ti".
Despertó a la mañana siguiente con los cantos de las aves, el sol apenas estaba lanzando sus primeros rayos de luz y Moon sentía todas sus extremidades frías. Cuando por fin reconoció el lugar en el que estaba y lo que había hecho anoche, se movió de forma tan brusca que le dolió la cabeza. Debía de regresar a su cuarto, debía de pretender que no había pasado nada.
Se acercó a la cama mientras veía al Pequeño Chauncey entre los almohadones, él parecía haber tenido una buena noche, no como ella, que se había dormido mientras pensaba que la luz de las lunas que la cubrían también habían cubierto a cierto monstruo, y por ende, ambos estaban conectados. Sonrió recordando la famosa leyenda en el Reino Lucitor de la Luna Roja, dos almas conectadas por la eternidad…
Ella no tenía una Luna Roja, pero tenía más de una. Quizá sus lunas podrían hacer lo mismo, quizá al final, en el fondo, muy en el fondo quería creer que sus almas también estaban conectadas, de todos modos… ellos harían la diferencia, su amistad traería paz después de tantas guerras…
Se cobijó con todas las sábanas que tenía y disfrutó del calor y la suavidad que desprendían sus cobijas, ya sabía cómo curar varias enfermedades gracias a Glossaryck (que hasta ese momento, notó que no estaba en su habitación), así que preocuparse por enfermarse era en vano, por lo que ahora solo quedaba consentir un poco su maltratado cuerpo antes de empezar el día.
Pasaron un par de horas cuando alguien llamó a su habitación, no era alguien que conociese la chica, porque además de que no distinguió la voz, tampoco la persona hizo algún ademán para querer entrar. Sólo le avisó que se alistara para el desayuno, que había agua caliente disponible y que todos los vestidos en el closet podían ser usados ese día.
Todo eso ya lo sabía Moon, así que de forma automática se dirigió al baño a asearse, después de aquella noche lo necesitaba, con agua tan caliente hasta que su piel se tornara roja.
Realmente no tenía muchas ganas de ir a desayunar, sin embargo sabía que no le iban a llevar nada de comer a menos que se presentara en el comedor, una buena forma de hacer que saliera de su escondite por parte de su madre, así que decidió doblegarse ante la actitud de su progenitora y seguirle la corriente, como siempre, sabía que esa era la única manera de sobrevivir en aquel castillo.
Cuando estaba terminando su hechizo de buena salud, Moon escuchó el rechinido de su puerta que se generaba cuando ésta era abierta lentamente, por lo que se asomó para ver quien había hecho aquello. Su rostro no pudo ocultar un gesto de sorpresa cuando vio a su padre con una mirada cansada.
— Padre, buenos días — Dijo mientras hacía una reverencia, era raro que las hiciera cuando estaban los dos solos, pero era necesario para compensar su comportamiento de rechazo del día anterior.
— Buenos días, querida ¿Cómo amaneciste? — Preguntó el Rey mientras miraba a su hija con melancolía.
— Bien, gracias. Extrañaba las sábanas de aquí.
— Sabes que te puedes llevar todas las que quieras al internado, es lo mínimo que puedo hacer por ti.
Moon sonrió triste, el recuerdo de que su padre al inicio estuvo en desacuerdo con que se fuese a Santa Olga la invadió.
— Gracias, padre. — Respondió con la mirada gacha, y después, lo abrazó — Te quiero.
El Rey tosió un poco, como si estuviera sorprendido por el comportamiento de su hija.
— Yo también, mi princesa — Dijo mientras le correspondía el abrazo.
Moon se sintió una infante cuando escuchó aquello, así era como él le decía cuando era pequeña "su princesa". Habían pasado tantos años que incluso lo había olvidado.
— ¿Vas a venir a desayunar? — Preguntó él cuando se separaron — Sabes que te están esperando.
Moon desvió la mirada con el objetivo de quitar de su mente los posibles regaños que tenía su madre hacía ella en pleno desayuno.
— ¿Acaso tengo opción? — Respondió sin ganas.
— Tienes mi apoyo — Dijo su padre, causando confusión en la chica — Pase lo que pase tu eres mi princesa, y todo lo que hago es para tu bien y felicidad, aunque a veces no lo parezca — Y después de eso dijo en un tono más bajo — Y sé que esto no te beneficiará en nada y sólo te traerá amarguras.
Moon se quedó anonadada mientras digería aquello, su padre nunca había sido así de abierto con ella, muy a penas le había dirigido unas cuantas palabras de apoyo en varias actividades que a ella le gustaban de pequeña, pero que le dijera indirectamente que él también se oponía a los deseos de su madre, era algo que no se imaginaba escuchar nunca.
— Vámonos — Dijo él mientras le tomaba el brazo — Vamos a enfrentar esto juntos.
Moon asintió mientras caminaba al lado de su padre.
* Aquí tuve una equivocación al inicio del fanfic, ya que puse que Moon tenía 13 años, sin embargo volviendo a ver los primeros capítulos de la serie me di cuenta que le entregaron a Star la varita a los 14, por lo que volví a acomodar la edad para que cuadrara. Además, esto me da mayor flexibilidad con respecto a varias actitudes más adelante. Jiji
Bueno, bueno, sé que me tardé en esta actualización bastante, y creo que se van a quedar sorprendidos por el capítulo, pero es que estaba salvado el semestre cx, y cómo en mayo me graduó de la universidad pues enserio no quiero reprobar ninguna materia, así que anduve algo ocupada por ello.
¡Sin embargo! Libre soy, libre soy ~~ y ya tiengo toooodo diciembre para ponerme al corriente con los fics :D, así que para ponerme al día, ahora escribiré dos capítulos a la semana, para avanzar lo más que podamos ¿Les parece? *heart*
Opiniones, criticas, sugerencias, amenazas de muerte, todo es los reviews.
Nos leemos ~~
