CRÓNICAS DE GUERRA

I. Refugio

Impmon estuvo vigilante desde el momento en el que llegaron al refugio. Takato y Guilmon finalmente habían sucumbido al agotamiento, quedando únicamente el pequeño diablillo para que velara por sus sueños.

Después de luchas extenuantes y continuas, Impmon se permitió interiorizar todo lo que estaba ocurriendo desde que la guerra envolvió a Japón. Se imaginó que Takato y Guilmon también lo asimilaban en su descanso, aunque no podía estar totalmente seguro. Lo cierto era que el chico con googles amarillos, que ahora llevaba colgados en su cuello, ya no sonreía como antes. Guilmon, por su lado, continuaba siendo una inagotable fuente de optimismo y alegría. Fue una fortuna que Takato tuviese a Guilmon como su compañero.

Impmon se preguntó como estarían Ai y Makoto en casa. Ellos no podían venir a esta misión, considerando que los peligros que enfrentarían serían mucho mayores de ahora en adelante. Mitsuo Yamaki le aseguró que ellos y su familia contarian con la protección necesario, pero, aun así, no podía evitar preocuparse por ellos.

El solo imaginar a cualquiera de ellos estar en las condiciones de Takato, le hacia sentir nauseas. No lo había visto, pero Takato tenía quemaduras a lo largo de su espalda, producto de la explosión sufrida momentos antes de cruzar el portal hacia el Mundo Digital.

Takato yacía dormido sobre una manta doblada y una almohada. Impmon veía el torso del chico cubierto por vendajes, su pecho bajando y subiendo con cada respiración que daba. Guilmon se encontraba a su lado, acurrucado sobre el frío suelo de piedra. Ambos, imperturbables bajo la luz de dos antorchas que iluminaban la habitación subterranea.

De vez en cuando, se escuchaba el ruido de los pasillos, de humanos y Digimon cruzando de un lado para otro. Impmon no podía distinguir sus conversaciones en su totalidad, pero si fragmentos. Lo molestaba, sabía que su llegada no fue recibida con los mejores ojos y no podía entender el porqué. Es cierto que no había tenido el cuidado suficiente en la batalla, sin embargo, ellos lo miraban como si del mismo diablo se tratase.

Impmon movió su cola negra con impaciencia, rogando que Takato y Guilmon despertaran pronto para no tener que enfrentar la incertidumbre en soledad.

Algo oscuro y horrible se ocultaba dentro de sus pensamientos, algo hambriento y deseoso por manifestarse. Era esa misma cosa que lo había impulsado en su búsqueda por el poder la primera vez cuando sirvió al Fenix Soberano, lo cual terminó en la muerte de Leomon. La misma cosa que lo impulsó en la última batalla en la cual participó.

Impmon se horrorizó, creyendo que podía asesinar a uno de sus amigos nuevamente en un descuido. Ese horror se manifestó en púpilas dilatadas, dientes fuertemente apretados y puños cerrados sobre sus piernas.

¿Era correcto que volviera a participar en el siguiente combate?

"¿Impmon?"

Takato había despertado después de varias horas, disfrutando del calor que experimentaba en esa habitación. Sus ojos buscaron primero a Guilmon, quien aun descansaba pacíficamente a su lado. Después de eso, miró los otros elementos que yacían a su alrededor y fue cuando notó a Impmon, cuya expresión le preocupó.

"Ohhh... estás despierto", el aludido respondió con sorpresa.

"Si, estoy despierto", Takato dijo con evidente cansancio en su voz. "¿Estás bien?"

"Yo, por supuesto", Impmon respondió, levantándose y realizando una pose heroíca.

Takato se sentó y lo miró directo a los ojos. No le creía en absoluto. ¿Por qué las personas no podían contar sus problemas a sus amigos? Luego se daba cuenta que eso era lo mismo que él hacía y comenzó a regañarse mentalmente. Sería muy hipocrita si recriminaba a Impmon por eso.

"De acuerdo. Ya sabes, si necesitas a alguien con quien hablar", lo único que podía hacer era ofrecer un oído.

Del resto, tendría que esperar a que Impmon aceptara la oportunidad.

En ese momento alguien más entró a la habitación. Se trató de uno de los chicos que lo habían venido a buscar cuando llegaron al Mundo Digital. Si no se equivocaba, su nombre es Takeru Takaishi.

"Hola", TK saludó. "No se los dije antes, pero bienvenidos a nuestro refugio. Somos la Resistencia del Este"


Todo había comenzado cuando Tai y Matt recuperaron a Agumon y Gabumon después de haberles sido arrebatados por las reglas del Mundo Digital, evento posterior al caos realizado por Eosmon. No se sabía como, pero el Muro de Fuego que separaba el Mundo Digital del Mundo de las Tinieblas finalmente se desmoronó. Digimon que creyeron vencidos regresaron de la muerte y atacaron el Mundo de los Humanos a una escala sin precedentes.

Siete símbolos se alzaron y comandaron la totalidad de las fuerzas de la Oscuridad, declararon la guerra y realizaron un ataque global a todos los que habían sido Elegidos.

Entonces eran las 3:30 a.m. en Tokio cuando un enorme estruendo sacudió a Odaiba. Takeru Takaishi, su madre Natsuko y su Digimon acompañante Patamon despertaron de golpe. Takeru, viendo a través de la ventana de su apartamento, dislumbró una gran columna de humo ascender al cielo nocturno.

"¡TK!", su madre gritó desde su propia habitación, corriendo desesperada mientras buscaba a su hijo.

"¡Mamá!", TK respondió de la misma manera.

Los tres, contando a Patamon, se reunieron en la cocina con un abrazo. Seguido a eso, se escuchó un escalofriante rugido y un nuevo estruendo que sacudió los simientos del edificio de apartamentos.

Durante todo ese tiempo, la pantalla del D-3 estuvo parpadeando en rojo. La mirada de Patamon también daba a entender lo que quería decir el Digivice. Un Digimon estaba destruyendo los suburbios, sin embargo, pronto descubrirían que no era solo uno.

"Mamá, busca refugio. Yo y Patamon nos encargaremos", TK dijo separándose de su madre.

"¿Estarás bien?", ella preguntó preocupada.

"Te lo aseguro", su hijo respondió con confianza.

Sin estar muy seguro si abandonar a su progenitora era lo oportuno en ese mismo momento, asi que la invitó a subirse en Pegasusmon, la digievolución de su compañero. Ambos salieron de la puerta y bajaron al nivel del suelo con la ayuda del corsél alado. Ahí, vieron como las autoridades policiales se encontraban evacuando a todas las personas que podían.

Con una última despedida silenciosa y amarga, Natsuko se unió a la multitud y su hijo se marchaba junto con su Digimon. A pesar de las múltiples batallas en las que participó en el pasado, TK marchó con una inquietante ansiedad incrustada en su pecho, como si algo hubiera cambiado para mal.

Pegasusmon comenzó a seguir el rastro de destrucción dejado por el atacante. Al fondo, entre los edificios y otras estructuras, TK observó una silueta de un gigante hacerse paso y destruir todo lo que estuviese a su paso. Sin tener su imagen completa, el Elegido de la Esperanza supo que el enemigo venía de la Oscuridad. TK estuvo convencido de su idea cuando sintió como su estómago se revolvía y un escalofrío lo invadía.

Takeru escuchó gritos y lamentos a medida que seguía volando. Su nariz captaba los olores de la carne chamuscada por las llamas que se extendían entre cuadra y cuadra. Quién sabe que horrores le guardaba a la vista, cuerpos mutilados, cuerpos quemados, cuerpos contorsionados en horror y dolor. TK no tuvo el valor de bajar y averiguar que era lo que había allí.

Lo primero que vió fue las bendas que cubrían el torso del recién llegado. Si bien, las quemaduras más feas estaban cubiertas, había piel rojiza sobresaliendo. Últimamente, solo veía feas heridas que debían ser tratadas. Takato sin dudas tuvo suerte.

"¿La Resistencia del Este?"

"Si, porque ahora mismo estamos en el dominio de Azulongmon", Patamon, quien se encontraba sobre su cabeza, respondió sonriente.

"Una de las cuatro Bestias Sagradas", Takato murmuró para sí mismo.

"¿El viejo dragón con barba?", Impmon preguntó con una mueca en su rostro.

"Si", Patamon respondió dudoso. Impmon no parecía ser muy agradable, uno de los pocos Digimon que no parecía mostrar respeto alguno ante uno de los dioses.

Por otra parte, parecía que lo conocían de alguna forma.

Takeru frunció el ceño, reflexionando en lo poco común que era que un Elegido tuviese dos Digimon como compañeros, cuya naturaleza era el Tipo Virus para rematar. El hecho de que su llegada fuera representada por una señal enorme de datos, detectada por Izzy, daba a entender que el chico no era común. TK pensó que era mejor vigilarlo, solo por si acaso.

Una voz le susurró que los recién llegados no eran de confianza. Sobre todo aquel Impmon, cuya actuación en el campo de batalla no podía dejar su cabeza. Takeru presentía algo malo sucedería con ese Digimon, casi como una premonición de traición y asesinato. A sus ojos, Impmon perteneció a la Oscuridad.

"¿Cuál es tu problema?"

Takeru se sobresaltó cuando Impmon lo encaró con enojo. Avergonzado, se dio cuenta que había estado mirando a Impmon con un gesto de desagrado. Lo peor era que el aludido lo notó y se lo tomó como la ofensa que era. La tensión del ambiente casi podía cortarse con un cuchillo, mostrándose densa hasta que el tercer Digimon de la habitación lo rompió.

"Takato, tengo hambre"

Era Guilmon, levantado gracias al rugir de su estómago.


Myotismon observó las hordas reunirse en sólo lugar, mostrándose como una marea interminable de Digimon del Mar de las Tinieblas de todos los niveles, incluyendo Mega. El Digimon Vámpiro supo que se trataba de un asalto masivo y se extrañó. Hasta el momento, los Señores Demonio habían sido innecesariamente pacientes con sus enemigos. Sabiendo que cada Rey contaba con las fuerzas para aplastar a la Resistencia en una sola noche, Daemon y los suyos prefirieron jugar simplemente con ellos.

La llegada de ese humano lo había cambiado todo. Ahora, Daemon parecía dispuesto a hacer lo que debía hacer desde un inicio.

Con la falta de información disponible, Myotismon solo podía hacer suposiciones. El chico probablemente poseía una semilla de la Oscuridad implantada, pero algo le dijo que se trataba de algo más importante que eso.

Myotismon recordó un evento similar, en el cual él encabezó una invasión al Mundo de los Humanos para poder capturar y deshacerse del Octavo Niño Elegido. Recordó que él también solía jugar con sus adversarios, pues ninguno de ellos contaba con las fuerzas para igualar sus vastos poderes. Sin embargo, el Octavo contaba con una naturaleza que lo hacía extremadamente peligroso.

Donde otros habían fallado, el Octavo y su compañero Digimon pudieron herirlo de gravedad y desintegrar su cuerpo. Y, aunque hubiese evolucionado a la siguiente etapa, el Octavo Niño fue parte crucial de su derrota final.

Tal vez esto fue una repetición de lo que sucedió hace tanto tiempo. Ese niño tal vez tendría el poder de derrocar a los Siete Grandes Señores Demonio. Por eso, Daemon atacaba con todas sus fuerzas.

"Le llegó la hora a esos condenados", Piedmon apareció entre las sombras, saludando a su compañero de armas mientras contemplaba el espectáculo de las masas.

"¿Qué dice nuestro espía?", Myotismon preguntó con una sonrisa fría.

"Cuando llegue el momento, nos dará las coordenadas de su refugio seguro. Ya no podrán ocultarse de nosotros nunca más", la sonrisa de Piedmon se ensanchó. "Finalmente tendremos nuestra venganza contra esos humanos asquerosos y sus mascotas por todo lo que nos han hecho"

Myotismon asintió, casi visualizando uno de sus mayores deseos. "¿Preguntaste sobre el humano?"

"Por supuesto, mi querido amigo", Piedmon respondió. "Nunca esta de más averiguar un poco, sobre todo cuando todo esto se debe a causa suya. Pero bien, no pongas esa cara, ya te diré lo que sé. Su nombre es Takato Matsuki, vino acompañado de un Impmon y un Guilmon"

"¿Guilmon?", Myotismon preguntó. "Nunca he escuchado ese nombre"

Ningún otro Digimon existía con ese nombre, al menos no que él haya escuchado. Otro misterio para añadir a la lista.

Piedmon también estaba interesado y solo esperaba que Myotismon compartiera sus intensiones. "Lo probaremos, verémos de qué es capaz ese muchacho. Si nos es de útilidad, podrémos usarlo en nuestro beneficio"

"Te refieres a derrocar a Daemon", Myotismon dedujo.

El Digimon Vámpiro, como el Arlequín infernal, deseaba el poder absoluto. Sin embargo, sus habilidades eran ampliamente superadas por Daemon y los otros Señores Demonio.

Odiaban tener que estar subordinados a otros.

"Gobernaremos todo y a todos. Pronto esos Señores Demonio estarán besando nuestros pies", Piedmon aseguró.

Su objetivo final era ese, mezclar el mundo de las Tinieblas con el Mundo Digital y el Mundo de los Humanos. Convertirse en los últimos gobernantes, juntos, en una promesa que sellaron al compartir una botella de vino y dos copas de cristal.


Kari Kamiya y Gatomon caminaron al comedor comunitario, una de las recámaras más grandes de las ruinas, adaptada para tal propósito. Como si de un comedor escolar se tratara, Kari cogió una bandeja y colocó sobre ella platos y cubiertos, sobre los cuales la comida fue servida por los ayudantes del área. No era mucho y debía razionarce.

En el camino, Kari reconoció a Yue Hong y su compañero Apemon caminando en el sentido contrario. Kari los saludó y continuó, buscándo donde sentarse. No había muchas personas y la cantidad de mesas abundaba. Los pocos que quedaban se veían envueltos en un silencio sepulcral, logrando que reinara en el ambiente un aura pesadumbrosa y gris. La alegría no estaba, siendo una de las cosas que la guerra les había arrebatado.

Evaluando la habitación, Kari se encontró con los recién llegados. Un chico, cuyo uso de gafas le recordó a Davis y su hermano, aunque este las usara en su cuello y no en su cabeza; y un par de Digimon. Un reptil grande y rojo, con ojos amarillos, que disfrutaba de la hogaza de pan, y otro más humanoide y pequeño, de piel negra y ojos verdes, que llevaba una pañoleta roja amarrada a su cuello. Destacaban, si, y por alguna razón se vio atraída hacia el pequeño grupo en particular.

La motivaban muchas razones, tantas que no pudo entender algunas.

"Hola", saludó.

"Hola", el chico correspondió.

Kari se sentó frente a él y Gatomon a su lado, quien observó con curiosidad la interacción de su compañera con el chico. Un silencio se hacía entre ellos, mientras se reconocían del uno al otro. Gatomon intentó adivinar quien de ellos rompería el silencio primero, o si alguno de ellos quería hacerlo. Sus miradas, sus expresiones, parecían decir más que las mismas palabras podían.

"¿Cuál es tu nombre?", preguntó.

"Takato, Takato Matsuki", el chico respondió.

"Kari Kamiya y él es Gatomon, es mi compañero", la Elegida de la Luz sonrió. "¿Quiénes son tus amigos?"

Takato desvió su mirada de la chica, mientras algo cálido se apoderaba de sus mejillas. Era una sonrisa linda, le gustó verla. Lo único era que no tenía idea de como responder a ella.

"Bueno...", tartamudeó. "El chico grande es Guilmon, es mi compañero"

"¡Hola!", Guilmon agitó su garra en cuanto fue referenciado, mostrando su alegría y un toque de infantilismo en su voz.

Kari pudo ver a Veemon y Agumon en ese Digimon. Seres queridos que no había visto en un buen tiempo, tal como Tai o Davis. Cuánto los extrañaba.

"Y él es Impmon, no es mi compañero pero si es un buen amigo mío"

"Hola", el saludo del diablillo fue más neutro, con un toque de indiferencia.

"Entiendo, pensé que ambos eran tus compañeros"

Takato negó con la cabeza. "Los compañeros de Impmon no pudieron venir, era demasiado peligroso para ellos", respondió.

"Pero un Digimon siempre necesita a su compañero", Gatomon comentó agudizando sus ojos con sospecha. "Yo no podría pelear con todas mis fuerzas sin Kari a mi lado"

"Su confianza en mí es más que suficiente", Impmon respondió con seriedad.

"Impmon es muy fuerte, no tienes por qué preocuparte por él", Guilmon comentó sonriente, resaltando las cualidades de su amigo.

Takato sonrió por las palabras de su amigo, siempre era bueno escucharlo y hacía que parte de sus preocupaciones se fueran. "Si, tienes razón"

Kari notó su tono melancólico, algo que había visto muchas veces. Le hizo preguntarse a la chica que experiencias había vivido el joven que yacía frente suyo en este momento. ¿Qué cosas había pasado por culpa de la Guerra? ¿Qué tipo de cosas había pasado por él antes de que se desatara la guerra?

Kari notó las heridas que quería ocultar, paralelo a lo que hacía TK y muchos otros de sus amigos en estos días. Takato probablemente había dejado muchas cosas atrás, pero Takato no tenía personas con las cuales hablar acerca de ello, a duras penas tenía a Guilmon para sostenerse. Kari, en cambio contaba con un grupo de apoyo más grande y ese simple hecho no le pareció justo.

Tal vez fue la razón que impulsó a su mano buscar la del muchacho, con el simple objetivo que ahora tendría a alguien más para poder desahogarse y llorar.

"¿Kari?"

Se sorprendió a si misma cuando TK la atrapó con la intensión de querer tomar la mano del otro muchacho. "¡TK! ¿Qué sucede?"

La mirada que Takeru era penetrante y pudo notar una expresión de dolor en su expresión, sin embargo, el chico la aplastó antes de llamar más atención de la que debería.

"Solo iba a verificar si tú ya habías terminado de comer", TK dijo refiriéndose a Takato y a los Digimon. "No esperaba verte a tí, Kari. De hecho pensaba en buscarte más tarde"

"¿Se conocen?", Guilmon preguntó, ajeno a la situación.

"Si", Kari respondió por TK. "Somos amigos de hace tiempo"

Takeru asintió.

"De hecho ya estaba terminando", Takato interrumpió. Acción que se sumó ya al ambiente pesado que se había formado.

"¿Takato?", Guilmon preguntó preocupado.

"Vamos Guilmon", sin embargo, Takato sanjó la conversación. Guilmon se preocuparía más, pero no sería el único. Kari notaba su melancolía, si, pero no se esperaba esto. Fue como si alguien hubiese tocado una dolorosa yaga. "Impmon..."

"Tu mandas", respondió el diablillo.

Los tres, después de dar una educada reverencia, se levantaron. TK se mostró confundido, pero sin decir una sola palabra más, guío a Takato y los Digimon a lo que llamó la sala de reuniones.


Izzy saludó sin voltearse de su silla y despegarse de la pantalla de la computadora, no hasta que terminara unos detalles de programación acerca de las defensas del lugar. El Mundo Digital, al ser compuesto por datos, resultaba ser mucho más maleable y respondía a los programas de lenguaje. Izzy tuvo que aprender desde cero pero estudió y comprendió, dándole a él y sus aliados una habilidad muy importante, una ventaja. Lamentablemente, sus enemigos también la poseían, aunque la nombrasen como magia.

Actualmente estaba revisando fallos, intentando corregirlos antes de que el ejército enemigo decidiera iniciar un asalto. Pero, cada vez que arreglaba uno, otro se producía. Más allá de simples errores, parecía trabajo de sabotaje e Izzy empezó a temer las posibles implicaciones.

"Mi nombre es Koushiro Izumi", se presentó, "pero puedes decirme Izzy. Yo soy quien está a cargo de esta base"

"Es un gusto", el recién llegado respondió con una leve reverencia.

Izzy, por el rabillo del ojo, notó el par de gafas que colgaban del cuello del chico y a sus acompañantes, un dragón grande y rojo con una curiosa señal en el pecho que reconoció y llamó su atención y otro ser más pequeño, humanoide y de color negro, el cual podía pasar perfectamente como un muñeco. Quitando al pequeño diablillo de la ecuación, el chico y el dragón le recordaba mucho a gente que ya conocía. Izzy se preguntó si el muchacho era similar a Davis o Tai en personalidad.

Detrás de este, estaban Takeru y Patamon. El hermano menor de Matt parecía un poco molesto, así que Izzy se procuró preguntarle que sucedía después de terminar los asuntos con el muchacho nuevo.

"¿Cuál es tu nombre?", preguntó.

"Takato Matsuki"

"¡Yo soy Guilmon!"

"Impmon"

El dragón parecía una batería de felicidad andante, contrastante ante la apatía y aburrimiento del duente de color negro. Takato, sin dudas, era el más neutro de los tres; era quien expresaba amabilidad pero no con el entusiasmo arrollador de su compañero.

"¿Puedes mostrarme tu Digivice?"

Takato se mostró inseguro, pero al final mostró su Digivice. No era como ningúno de los otros que permanecían en el refugio, sin embargo, gracias a comunicaciones que solían sostenerse con otras Bases en otros cuadrantes del Mundo Digital, supo que había aparecido un modelo similar. Las únicas diferencias palpables eran los colores de su superficie.

"Es un D-Ark"

"Lo dices como si tu no tuvieras uno", Takato comentó con sospecha.

"Eso es porqué no tengo uno de esos. Dependiendo del mundo de donde provengas, el modelo de Digivice que usen quienes han sido Elegidos por el Mundo Digital será distinto", Izzy explicó. "Los D-Ark son comunes en Tierra III, así que tengo que suponer que de ahí vienes"

"¿Existen otros mundos humanos?", el chico preguntó con sorpresa.

Izzy asintió con una sonrisa. "Es cierto y muy sorprendente. Por nuestro lado, TK, yo y algunos otros que conocerás venimos de Tierra II. En nuestro mundo, el Mundo Digital configuró para nosotros un modelo distinto"

Takato le pareció algo tímido, una persona que solía tropezar mucho con sus palabras y pudo notar en él cierto nivel de ansiedad. Por ahora, parecía querer decir algo que hasta el momento se había estado guardando. No pasó mucho tiempo, pero para Takato debió haber sido una eternidad hasta que formuló la pregunta.

"¿Sabes de otros chicos que tengan mi mismo Digivice?"

Izzy suspiró cansadamente al reconocer esa mirada de esperanza. "No, realmente. No desde que las comunicaciones fueron interceptadas por nuestros enemigos", Izzy no quería darle falsas esperanzas. A veces era peor una falsa esperanza que no tener ninguna.

Como esperaba, el estado de ánimo del chico cayó un poco.

"Entiendo, mis amigos y yo habíamos sido atacados en nuestro mundo por lo que parecía ser una organización terrorista. No sabiamos mucho de ellos más allá que se presentaban a sí mismos con una especie de bandera negra, con siete símbolos de diferentes colores. Incluso recuerdo como el señor Wong decía que esos símbolos representaban en el centro a los Espíritus Olímpicos, o algo así.

'El caso era sus ataques se volvían cada vez más violentos y usaban a Digimon más poderosos en cada ocasión. Nos costó mucho, pero descubrimos que el responsable se ocultaba en el Mundo Digital. Yo y mis amigos eramos los únicos capaces de detenerlo, así que vinimos aquí, pero nos separamos y no se dónde estarán'

O si están vivos, sin embargo, Takato no se atrevió a decir esto último. Las visiones de sus amigos muertos volvieron a asaltarle una vez más, estremeciéndolo y causándole nauseas.

"Cuando llegué, fui inmediatamente atacado por diferentes Digimon. Me preguntó si esos Digimon hacen parte de la misma organización"

Izzy asintió, ignorando la frialdad que el chico empleó en su frase final. "Tenemos al mismo enemigo. Hasta donde sabemos, se tratan de los Siete Grandes Señores Demonio del Área Oscura. Ellos son los que lideran la guerra y atacaron a las múltiples Tierras. Son la razón por la cual muchos estamos aquí, para terminar esta guerra"

"Luchamos con uno de ellos en el pasado", TK se sumó a la conversación. "Pensamos que el habíamos ganado definitivamente cuando los encerramos en el Mar de las Tinieblas, un lugar del que se supone no hay escapatoria para seres malvados como él. Sin embargo, escapó y busca vengarse de nosotros. Él junto a los otros...", el Elegido de la Esperanza cerró sus manos en puños con la fuerza que le permitía su rabía. "Éllos son los culpables de todo"

"Lo venceremos", fue le único apunte que hizo Takato.

Izzy se estremeció cuando analizó a ambos chicos. Takeru se convertía en otra persona cuando las fuerzas de la Oscuridad estaban involucradas, dejando salir a relucir el odio y la rabia. Y Takato, sus ojos fríos parecían los de un verdugo, totalmente desapasionados. Izzy se lamentó, esto era lo que la guerra le hacía a las buenas personas.


Un resplandor de color naranja apareció en las costas del Mar Oscuro y, con él, un símbolo formado por dos círculos circunscritos. Entre el círculo externo y el interno, una serie de advertencias se encontraban talladas, las cuales rezaban SYSTEM: SATAN CODE: WRATH LEVEL: 666 una y otra vez. En el círculo interno, otra advertencia CAUTION! LEVEL OF PURGATORY 3 y, en el centro, el símbolo del espíritu Olímpico Bethor, gobernador de la bóveda celeste de Júpiter.

El Señor Demonio al cual pertenecía apareció segundos después, vistiéndo su túnica roja que solo dejaba entrever sus ojos grises, sus enormes cuernos blancos y las grandes alas negras. Daemon se erguío orgulloso sobre las oscuras aguas e hizo su llamado.

"Criaturas del abismo, yo, Daemon, uno de los Siete Grandes Señores Demonio; los convoco a que cumplan su pacto con nosotros"

Del Óceano, figuras negras y viscosas emergieron. Su cuerpo asemejaba al de los humanos, pero los rasgos que pertenecían a la vida acuática estaban presentes. Se trataron de criaturas que existieron antes de los Digimon, antes de los seres humanos incluso. Un hecho sorprendente, de no ser porqué eran casi tan débiles como los humanos.

Débiles, como eran ellos, eran merecedores de ser conquistados por su poder superior. Daemon hizo la guerra con ellos en algún momento de su encierro en el Mar de las Tinieblas, pero las criaturas no parecieron suceptibles a someterse.

"Daemon, avatar de la Ira, atendémos a tu llamado", su voz viscosa y gutural salió de sus gargantas, siendo cientos los que se presentaban.

Uno de ellos se aproximó hacia él, viendólo con sus escalofríantes ojos amarillos, pareció hablar en nombre de una entidad superior. "Lord Dragomon, nuestro sumo sacerdote, se disculpa por no presentarse. Yo, en esta ocasión, tomaré sus funciones y hablaré en nombre de nuestro Dios. Es en nombre de nuestro Dios que nuestra raza celebrará el contrato hecho con ustedes, los Señores Demonio"

"Bien", Daemon dijo. "Es hora de ir a la Guerra contra los que fueron Elegidos. Ustedes, criaturas asquerosas, serán buenas adiciones a mi ejército"

"Veo que el Príncipe de las Tinieblas debe estar inquieto ya que el Elegido prometido finalmente ha llegado. El Príncipe debe buscar probarlo sin dudas"

"¿Qué dijiste escoría?", Daemon preguntó, apenas conteniendo su ira.

¿Cómo esas abominaciones sabían tal cosa?

Pero el líder de los profundos no se intimidó, como muchos de su raza en el pasado, y continuó, casí emitiendo en tono burlesco en su explicación. "Nuestro Dios ve los secretos que muchos buscan ocultar. Ohhh, gran Daemon, puedes creer que estás en la cima de la cadena alimenticia, pero no eres más que una falsa imitación de la oscuridad que sueñan los imperfectos hombres. Incluso el Príncipe de la Oscuridad, tan grande como él es, no es nadie comparado con nuestro Dios"

Daemon los hubiese exterminado en el acto por tal ofensa, de no ser por el pacto realizado por el único ser que respetaba en toda la faz del Universo. ¿Cómo se atrevían a denigrar la grandeza de los Demon Lords? ¿Cómo se atrevían a denigrarlo a él, el único entre los Demon Lords?

Daemon solo vio la adoración de los profundos y de Dragomon a este Dios como un simple delirio. ¿Dónde se encontraba el Dios del que tanto hablaron esas bestias inmundas? ¿Por qué adorar un Dios invisible que exigía fé ciega sin mostrar nada a cambio cuándo existía otro que daba señales tangibles de su existencia? Lo había comprobado una y mil veces, no había existencia más grande y basta que la de Lucemon.

Quizá la mayor ofensa era que esas cosas veían a Lucemon no más que un semidios, un pequeño príncipe. Lucemon era más grande que eso, era un Dios entre Dioses, caído en desgracia.

Cuándo Lucemon obtuviese lo que deseaba, Daemon terminaría lo que había iniciado y exterminaría esa inmunda raza de la existencia. Era su promesa silenciosa a esos seres. Nadie se impondría al paraíso que Lucemon construiría.

"No olvides cumplir con tu parte del convenio, Lord Daemon. Tendremos a nuestra Reina y ustedes tendrán a su Ángel. No tenemos intenciones de arrebatarselo, siempre y cuando los pactos sean cumplidos"

"La Reina será suya cuando todo esto termine", Daemon aseguró.

Si bien no estaba muy dispuesto a aceptar la mano de los seguidores de las profundidades, eso era lo que se había decidido como curso de acción en la mesa de los Siete Grandes. Era la decisión de Lucemon, que debía ser acatada aun si no le gustaba, aun así quedaban dudas. La Reina, tal como la llamaban ellos, era la niña de la Luz que vio hace siete años cuando estaba intentando conseguir la semilla de la Oscuridad para sí mismo. La Elegida que podía cambiar la balanza de las cosas si su poder se usaba de la manera adecuada.

No comprendía por qué Lucemon no le había permitido encargarse de ella, cuando es aún vulnerable.

"Nuestro Dios estará complacido entonces, te seguiremos Daemonium..."