CRÓNICAS DE GUERRA
III. Invasión
Los cielos sobre Shibuya pronto se cubrieron de nubes eléctricas, dando al atardecer nuevos colores. Cientos de fallas se presentaron en los equipos eléctricos de la ciudad y las pantallas sobre los edificios más altos mostraron estática. Pronto en celulares, computadoras y televisores de todos los rincones del mundo mostraron un mensaje que comenzó a repetirse una y otra vez: Obedecer o Morir. Elijan una de las dos, elijan.
Una columna de llamas ardientes emergió del interior de algún abismo desconocido, materializado en la estación de trenes de Shibuya, poco después, acompañado por un rugido infernal.
Takato despertó después de eso, abriendo los ojos e incorporándose con un sobresalto. Por fortuna, Guilmon y los otros estuvieron ahí para recibirlo. Muchos lo miraban con rostros de preocupación, a excepción de dos personas. Izzy, siendo una de ellas, parecía encontrarse profundamente absorto en sus propios pensamientos. Takeru, sin embargo, lo observaba con aprensión.
"El quinto ángel tocó la trompeta y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y le fue dada la llave del pozo del abismo. Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como el humo de un gran horno; oscureciéndose el sol y el aire por el humo del pozo..."
Las palabras dichas y recordadas clavaron profundamente en su corazón, impidiéndole sostener la mirada de Takeru. Takato prefirió mirar al suelo, sintiéndose culpable por sucesos que ocurrieron hace seis años.
"Kari, ¿estás bien?", Yoley se arrodilló al lado de su amiga. Gatomon también se encontraba ahí, sosteniéndola con sus patas delanteras mientras se incorporaba con lentitud.
"Me duele la cabeza", Kari dijo con voz cansada. "Creo que las cosas no salieron como esperaba"
"¡Claro que no salieron cómo esperabas!", Takeru dijo alterado, estremeciendo a los presentes. "¡Desde que sucedió la primera vez, le advertimos a Izzy mil y un veces acerca de las consecuencias y simplemente no quiso escuchar! ¡¿Y ahora vas tú y te dejás enredar así no más? ¿Acaso no ves que lo único que queremos hacer es protegerte?!"
"¿Y qué querías que hiciera?". Izzy explotó. "¡Alguien ha estado saboteando mis sensores y no se de quién se trate! Un descuido y todos podríamos terminar muertos!"
Ambos chicos se echaban dagas por los ojos, incluso algunos supusieron que bien podrían estarse golpeando en este momento. Kari, por otra parte, se encontraba totalmente conmocionada, ya que no esperaba que Takeru la tratara de esa manera. Ella apenas podía llorar en silencio, impotente ante el caos que se había producido.
Takato sintió una nueva punzada en el corazón cuando vio a Kari derrumbada sobre sus piernas, envuelta en su tristeza. Recordándo el aspecto de Jeri momentos después de que su pareja, Leomon, fuera asesinada frente a sus ojos, Takato se paró sobre sus pies y encaró a Takeru, motivado por su propio enojo y el dolor de la chica.
"¡No tienes porqué hablarle así!", dijo. "Pueda que haya sido un error, pero simplemente quería ayudarnos. Un error no es razón para que quieras pisotearla"
Aquello resultó en una equivocación. Muy lejos de ayudar al rubio a entrar en razón, solo terminó por multiplicar su ira. Takeru respondió con violencia, golpeando el rostro del pelicastaño con su puño derecho y dejando un hematoma.
"¡¿Y qué puedes saber tú?!", gritó. "¡¿Pasas aquí un par de días y crees que eres su mejor amigo?! ¡No sabes nada de ella! ¡Aléjate de ella!"
Takeru recordó como Kari intentó tomar la mano del chico ese día en el comedor, además de la actuación de hace un momento, cuando la cosa que poseía a Kari lo sujetaba y sugería alguna naturaleza maligna en él con esas palabras; le dijo que Takato Matsuki era peligroso, una amenaza. El hecho de que Kari podía sentir empatía por él, por alguien de la Oscuridad, lo único que provocaba era avivar las llamas de su odio.
"Izzy, ya que estás buscando a quién está saboteando tus sistemas", remató con calma helada y una cruel sonrisa. "¿Por qué no le preguntas a nuestro nuevo amigo? Tal vez tenga una pista"
"¡TK!", Patamon exclamó con sorpresa e indignación. La acusación estaba demasiado clara, incluso para encontrarse implícita. Yoley y Cody también miraron a Takeru con un gesto de reprobación. La situación ya se le había salido de las manos.
Takato saliendo por el shock del golpe en la mejilla, apretó sus puños con toda la fuerza que le permitía su rabia y el dolor que ahora sentía. Pensar que él sería capaz de hacerle a ellos algo tan sucio, era indignante e injusto. Sus ojos derramaron lágrimas y los dientes se apretaron entre sí de forma dolorosa. Takato miró a Takeru con odio, como aquella vez en que Beelzebumon asesinó a Leomon.
"¡Estoy arto!", exclamó. "¡Estoy arto y cansado de todo esto, nunca debí haberte seguido, nunca debí haber llegado a este estúpido refugio!¡Yo debería estar buscando a mis amigos y no perdiendo mi tiempo!¡Debería estar luchando contra los Señores Demonio que han hecho de mi vida un infierno, no esperando aquí a la muerte!"
Su garganta ardió, habiéndose desahogado. Pero no se sentía mejor, todo lo contrario. "Será mejor que me vaya", añadió. "Guilmon, es hora de irnos"
El silencio fue sepulcral mientras veían como Takato se alejaba, dirigiéndose lentamente hacia la entrada de la recámara, dándoles la espalda. Guilmon miraba de un lado a otro, sumamente incómodo y con dudas sobre qué hacer.
Guilmon se debatió si debía pedir ayuda a los chicos de la habitación, con excepción de Takeru quíen había sido sumamente desagradable, para hacer que Takato no se aislara. El dragón rojo se lamentó, decidiéndo finalmente seguir a su Tamer para cuidarlo en el trayecto. Con las orejas agachadas y su mirada cabizbaja, siguió a Takato pensando en que hoy no haría ningún nuevo amigo.
Kari observó esos acontecimientos con horror y autodesprecio, queriendo correr detrás del chico herido pero viéndose impotente. Únicamente pudo extender su mano, en un gesto que catalogó como patético, en un vano intento de traerlo de nuevo.
"¡¿En serio?!", Takeru cuestionó con irritación cuando la vió.
Yoley, quién hasta ahora había permanecido callada, se levantó de su posición, caminó hasta quedar frente a frente al Elegido de la Esperanza y sin aguantarse un momento más, abofeteó al rubio. "¡¿No te parece suficiente?!", le increpó con el suficiente veneno en su voz.
"¡¿Qué les pasa a todos ustedes?!", Takeru exclamó al final. "¡Están haciéndo un escándalo por alguien que apenas conocen!"
"¿En serio?", Yoley repitió sus palabras con la misma frialdad que Takeru antes había usado. "¿No serás tu quién realmente estás haciéndo escándalo por alguien que apenas conoces?"
Takeru se vio obligado a tragarse su propia bilis cuando le regresaron su propio ataque. Se encontró incapaz de sostener la mirada de su amiga cuando se sintió invadido por una inesperada verguenza. Takeru también caminó hacia la salida, dándoles la espalda a todos mientras gruñía palabras que nadie más podía escuchar. Patamon abandonó el lugar igualmente, imitándo las acciones que hizo Guilmon no hace mucho.
"Esto es mi culpa", Cody se lamentó. "Si no le hubiese contado nada a TK, nada de esto estuviera sucediendo"
"No te des duro", Armadillomon respondió. "No había manera de que pudieras saber que esto sucedería"
"Eres tan culpable como yo, entonces", Yoley comentó con seriedad. "Kari me pidió que no le contara a nadie, sin embargo mi boca se afloja y Takato resulta enterándose de todo".
Yoley volteó para ver a su amiga, quien estaba llorando silenciosamente en el suelo. "¡Esto es injusto!", pensó.
"Tengo que disculparme, pero yo y Armadillomon debemos irnos", Cody dijo con un tono de preocupación en su voz. "Se qué TK se equivocó, pero no puedo dejarlo ir así"
"Tranquilo, no estoy enojada contigo por preocuparte por el idiota", Yoley le sonrió a su amigo. "Puedes ir, yo me ocuparé de todo aquí"
Cody correspondió levemente y, con una leve reverencia, se retiró junto a Armadillomon. Entre tanto, Yoley pensó si debería hacer exactamente eso al recordar la expresión devastada de Takato cuando se marchó. Claro, Guilmon estaba con él, pero ella se sintió culpable por él ya que, en primera instancia, fue por su bocaza que Takato se aproximó a la recámara en primer lugar.
Sin embargo, no podía abandonar a Kari, ella también la necesitaba.
"Ve tras él", Gatomon dijo, adivinándo los pensamientos de la Elegida del Amor y la Pureza. "Yo me encargaré de cuidar a Kari, no tienes porque preocuparte"
"A pesar de lo que dijo TK, estoy seguro que Takato no es el saboteador que estoy buscando", Izzy intervino, como si sus palabras ayudaran al punto de Gatomon.
Yoley lo miró por unos instantes y luego le frunció el ceño, recordando que Izzy también tenía parte de la culpa sobre lo que había sucedido. Quería reclamarle, pero entendía el actuar del mayor y su frustración. Estar a cargo de toda una base secreta sin dudas no era una tarea fácil y ella dudaba poder con esa presión si algún día tenía que enfrentar un reto similar.
"Lo haré", dijo. "No me hagas arrepentir que dejé a Kari a tu cuidado. Si algo le llega a pasar, sabrás de lo que soy capaz", se refirió a Izzy.
"Créeme, no quiero despertar tu furía", Izzy respondió con una sonrisa nerviosa.
"Yo me aseguraré que se comporte", Gatomon añadió.
Yoley asintió y luego se dirigió a su compañero. "Hawkmon, ¿puedes ayudarme a buscar a Takato y Guilmon?"
"Lo que digas, Yoley", el aludido respondió, doblando su ala y haciéndo un saludo militar como si de un soldado se tratase.
Kari mantuvo su mirada perdida, preguntándose como había permitido que todo eso sucediera. Había logrado que Takeru se enojara con ella y había alejado a Takato. Las palabras que se habían dicho el uno al otro habían sido sumamente hirientes, todo por su culpa. En esta situación, no era capaz de ver la Luz al final del túnel.
"¿Qué pretencioso?"
Impmon era ignorante de los acontecimientos sucedidos dentro de las Ruinas, aunque ciertamente sintió un pequeño malestar que no supo identificar adecuadamente.
Kouichi Kimura tenía una mejor idea de lo que había sucedido, reconociéndo la sensación que lo recorrió como inconfundible. Después de todo, ya había presenciado una vez cuando Kari Kamiya fue poseída por algo que no pertenecía a esta tierra. Sin embargo, fue diferente. Antes, la entidad que había tomado posesión de su cuerpo había sido uno de los malditos profundos del Óceano de las Tinieblas. Ahora, en cambio, se sintió algo mucho más vasto y poderoso que cualquier otra cosa.
"Creo que tenemos compañía".
Lo malo era que no podía preocuparse por ese detalle en ese preciso momento.
"¿Qué quieres decir?", Impmon preguntó, pensando si ya se había vuelto loco, cambiando de tema tan repentinamente.
A pesar de eso, Impmon no tuvo que ser adivino para comprender a qué se refería el autoproclamado guerrero de la Oscuridad. Era un Digimon, después de todo, capaz de detectar a los de su clase si se aproximaban lo suficiente.
"Digimon, muchos de ellos", Kouichi confirmó.
Partículas se materializaron alrededor de ellos, empezando a generar cúmullos de concentración en diferentes partes, fusionándose en seres más grandes con formas distinguibles. Aparecieron tres Devidramon justo encima de ellos, dragones de piel negra y ojos rojos, extendiéndo con orgullo sus andrajosas alas y con sus fauces abiertas; y, acompañándolos, un SkullSatamon, un Phantomon y un enjambre de Kurisarimon.
"Esto no es posible", Kouichi murmuró. "El programa de camuflaje debería habernos ocultado, pero ellos se materializaron justo encima de nosotros. Supieron dónde encontrarnos"
"Eso no importa, ahora lo importante es patear sus traseros", Impmon saltó hacia el frente, encarándo la nueva amenaza.
"Elegidos, en nombre de nuestro Lord Daemon, ahora mismo tomaremos sus vidas", SkullSatamon anunció, declarándose a sí mismo como el jefe del Grupo.
"En tus sueños", Impmon exclamó en forma desafiante.
Kouichi reflexionó en las palabras del Digimon con reservar ocultas de poder, llegando a la conclusión de que tenía razón. Ahora mismo no importaba cómo los habían descubierto, lo importante era derrotarlos con rapidez y advertir a los demás de la invasión inminente antes de que fuera demasiado tarde, si no es que ya lo era.
Kouichi sacó su D-Tector, un regalo ofrecido originalmente por los poderes de Ophanimon y devuelto por un presencia oscura más antigua que el tiempo mismo. En la muñeca del brazo opuesto, apareció alrededor una línea de código digital que frotó en contra del lector del Digivice, produciéndo destellos que material incandescente. Los datos de su cuerpo comenzaron a cambiar, oscureciendo su silueta y cubriendo sus alrededores con llamas de color púrpura. En su lugar, apareció un guerrero vestido con una armadura de león negra, con una lanza y un escudo.
'DigiSpirit Evolution Too... Lowemon'
"¿Qué es esto?", el Ángel Caído cuestionó cuando vió la transformación. ¿Humanos que se convierten en Digimon? Había escuchado leyendas, pero estás eran muy antiguas.
El Guerrero de la Oscuridad, por otra parte, decidió no contestar sus dudas.
Y si SkullSatamon estaba perdido, Impmon mucho más. Takato y los otros se combinaban con sus compañeros para convertirse a sí mismos en Digimon, pero ver a un humano convertirse en un Digimon por su cuenta sin dudas fue extraño. Pero dejando las impresiones de lado, Impmon tenía una pelea que dar. El diablillo evolucionó y se convirtió en Beelzebumon, el Señor Demonio de la Gula.
"Es él", SkullSatamon murmuró. "El Señor Demonio que se desvió de su camino. Mi Lord Daemon estará muy interesado en conocerte"
"Si está tan interesado, ¿por qué no le dices que venga el mismo?", Beelzebumon respondió, sacando sus escopetas y apuntándo al núcleo negro que formaba el pecho del Ángel Caído.
"Ohhh, descuida maestro", SkullSatamon exclamó, preparándo su bastón. "Mi Lord no demorará mucho, mientras tanto..."
El Ángel Caído atacó primero, abalanzándose contra Beelzebumon a tal velocidad que este último apenas pudo reaccionar a tiempo. Beelzebumon bloqueó el puñal del bastón con sus propias garras, a sólo centímetros de penetrar en su rostro y descubriéndo, con sorpresa, que había tenido que usar fuerza para resistir el asalto. Este SkullSatamon no era como el Mephistomon que los atacó hace un par de días, este SkullSatamon era mucho más fuerte de lo que aparentaba.
"Como habrás averiguado, mi poder fue incrementado gracias a los dones del señor Daemon", SkullSatamon se jactó. "No seré tan fácil de destruir, amigo mío"
"¡Cállate!", Beelzebumon bramó con furía, apartó a SkullSatamon y se dispuso a destriparlo el mismo.
Lowemon saltó hacia SkullSatamon, dispuesto a ayudar a Beelzebumon en la batalla, sin embargo, una cadena conectada a la hoz que portaba Phantomon lo detuvo. Lowemon se vio obligado a volver al suelo, solo para encontrarse que Phantomon y los tres Devidramon se encontraban bloquéandole el paso.
"No tienes el permiso de marcharte", Phantomon se burló. "Después de todo, aquí es dónde morirás"
Lowemon mofó internamente, sabiéndo que no le haría esa tarea fácil.
Takato caminó hasta cierta parte del bosque, dónde simplemente se derrumbó y se sentó, abrazando sus piernas y ocultando su rostro detrás de las rodillas. Aunque había jurado continuar con su búsqueda, las fuerzas y motivación lo abandonaron. ¿Cuál era el punto de todas formas? Era mucho más probable que sus amigos no hubieran sobrevivido el viaje al Mundo Digital, los otros seguramente lo odiaban.
Nunca antes se había sentido tan sólo y vacío. Llegó a pensar que todo podía detenerse en ese instante, podría dormir tanto como quisiera, tal vez para siempre. Si, para siempre sonaba como un buen tiempo.
No se inmutó cuando Guilmon dijo su nombre una y otra vez. Ni siquiera notó cuando un par de figuras se acercaron presurosos. Bien podrían ser enemigos y a él no le hubiese importado, prefiriéndo que terminará con su sufrimiento en ese momento.
"No se ve nada bien", Hawkmon se detuvó a unos cuantos pasos del muchacho, comentando lo que era evidente.
Yoley estaba demasiado preocupada como para reclamarle a su compañero la falta de tacto.
"He estado intentando llamarlo, pero no me escucha", Guilmon volteó hacia ellos, mirándo con sus ojos de cachorro y esperando la ayuda que él no podía proporcionar.
"¿Hace cuánto está así?", Yoley preguntó verdaderamente preocupada.
Takato no parecía reparar en su presencia, pareciéndo más bien un muñeco de trapo al cual le habían cortado los hilos que un ser vivo. La sola imágen no le gustó para nada.
Guilmon comenzó a contar con las garras de sus manos, intentándo realizar una contabilización del tiempo. "No se, pero ha sido bastante", pero fracasando en el intento.
La Elegida del Amor y la Pureza adivinó que tal vez unos quince minutos, considerándo la distancia que había entre las Ruinas que eran su Refugio y el lugar donde ahora se encontraban. No parecía querer cambiar de aspecto o humor pronto, por lo que veía.
Yoley tragó saliva y se acercó al chico, bajándo a su misma altura e intentándo tomar sus manos. "Takato, soy yo... Yoley", dijo con dulzura, esperándo que su suave gesto pudiera despertarlo.
No funcionó.
"Vamos, todo está bien", volvió a intentarlo. "¿Puedes mostrarme tu bonito rostro? ¿Por favor?"
Aun no recibió respuesta.
Muy bien, ahora se estaba quedándo sin opciones. "Takato, escucha. Solo intento ayudarte, todos tus amigos queremos ayudarte, pero no se cómo hacerlo. Si tan sólo me dieras una pista..."
Genial, ahora sonaba desesperada.
Ella quería llorar también, hasta que escuchó un murmullo.
"Disculpa, ¿Qué dijiste?", preguntó. "No pude escucharte bien"
Hubo resistencia, seguido por un gruñido bajo y luego. "No tengo amigos", dijo con irritación. "Estoy sólo, dejáme"
¿En serio?
"¡No puedes decir eso!", Yoley exclamó. Era hora de terminar con los acercamientos sutiles. "¡Claro que tienes amigos!¡Debes tener a amigos que se preocupen por tí, tu Digimon, tus padres!", le sujetó los hombros y lo sacudió.
Takato reaccionó más por la intromisión física que por las palabras de la chica. Aun así, Yoley quizo creer que algo de lo que ella decía llegaba al corazón entumecido del Tamer.
"¿Y si están muertos?", preguntó atemorizado.
Miedo. Fue la primera emoción genuina que vio del chico en todo ese rato, y ahí fue cuando entendió.
Yoley también temía el destino de sus padres, de sus hermanos y de sus amigos perdidos cuando tuvo que viajar al Mundo Digital para pelear en esta Guerra. Tenía que vivir con esa incertidumbre todos los días, lo cual resultó en extremo agotador. Takato debía estar pasándo por lo mismo y, seguramente, la pelea que tuvo con Takeru no ayudó en absoluto. Donde él esperaba aceptación y comprensión, encontró rechazo y disgusto.
Yoley entendió que Takato debió sentirse sólo.
"Ellos estarán bien, estoy segura", podía ser mentira, pero era lo que ella se repetía siempre para calmar sus nervios.
"No estás solo", Guilmon se acercó. "Me tienes a mí, siempre me tendrás a mí"
"Yo también estaré disponible, a partir de ahora serémos amigos inseparables", Yoley sonrió. "Y hablo por todos, incluso por TK. Y antes de qué digas cualquier cosa, se qué TK se equivocó contigo y no tenía porque tratarte de esa manera. Cuando se de cuenta de que fue un idiota, se disculpará contigo y ambos podrán ser amigos también. Lo juro, no te arrepentirás"
"Yoley tiene razón", Hawkmon ayudó a su punto.
Los ojos de Takato, opacos y nebulosos, adquirieron brillo natural y, al rostro, añadió una pequeña sonrisa. Yoley y Guilmon finalmente lo habían logrado, sus palabras y acciones habían llegado a su alma y la habían revitalizado. Lamentablemente, ninguno de ellos tendría el tiempo para celebrar su logro.
Un escalofrío recorrió la espina de Hawkmon y las pupilas de Guilmon se contrajeron. Ambos sintieron la amenaza ceñirse sobre ellos, pero antes de que sus camaradas pudieron ponerse al día con ellos, una voz demoníaca se hizo presente y no demoró en atacar.
"¡Sábado Negro!"
En una posición similar, Takeru Takaishi se encontraba reflexionando acerca de su ataque de ira y la reprimenda de sus amigos. El golpe de Yoley era todo lo que necesitaba para entrar en razón y comprender que había obrado mal, terminándo por lastimar a quienes no debía. ¿Cómo había podido haberle hecho eso a Kari, incluso después de volver a pasar por esa experiencia?
No tenía el valor de volver a su presencia, no con la imagen destruída de la chica persiguiendolo en ese momento.
También recordó su pelea con Takato Matsuki, sobretodo en cómo terminó. La mejilla roja e hinchada, las lágrimas cayendo como una cascada, los puños cerrados con la fuerza de su impotencia y las palabras, esas malditas palabras. "Él no se lo merecía", pensó, sabiendo que lo había herido.
Las imágenes de Takato y Kari lo golpearon ahora, tal cómo él había hecho con ellos. Sabía que si seguía así, la culpa terminaría por devorarlo entero. Por otro lado, sabía que tenía que disculparse mas el valor que necesitaba para hacerlo no se halló tan fácilmente.
Esto sería más llevadero si fuera Davis, por ejemplo. Davis, su amigo, era la representación de la confianza y la valentía, que, como cualquier otra persona, cometía equivocaciones pero tenía los pantalones para enmendarlos. Takeru no era Davis, lamentablemente.
Patamon lo miraba desde el otro lado de la habitación de roca y fango sin ningún ánimo de reclamo. Patamon era su único consuelo, ya que este lo comprendía.
Ambos mantuvieron una relación tan cercana que el Digimon era capaz de comprender a su compañero sin la necesidad de transmitirse palabras. El Digimon supo que Takeru necesitaba tiempo para salir de aquel pozo de oscuridad en el que se había metido, sin embargo, estaría ahí para él sin importar cuanto tiempo le tomase. Patamon siempre sería el apoyo que Takeru necesitaría y eso no iba a cambiar en el futuro próximo.
"TK", Cody exclamó, desacelerándo su carrera y tratándo de recuperar el aliento. Armadillomon estaba cerca, deteniéndose al mismo tiempo que él.
"Cody", Takeru levantó su vista. "¿También vienes a decirme que actué como un idiota?", preguntó con amargura.
"¡No tenemos tiempo para eso!", Cody espetó. "Estamos bajo ataque, hay que movernos"
"Rápido, rápido", Armadillomon dijo con urgencia.
"¿Qué? Eso es imposible", Patamon exclamó con incredulidad.
"¿No se supone que el programa de camuflaje de Izzy nos protegería?", Takeru preguntó con el mismo desconcierto, levantándose del suelo casi de un salto.
Patamon frunció el ceño. "Tiene razón", dijo. "Puedo sentirlos ahora, son muchos. ¿Cómo no los presentí antes?"
El cómo habían hecho para burlar la seguridad de la base no era la cuestión importante. El peso de la revelación vino por si sola con el pasar de los segundos, con los cuales Takeru casi tuvo un ataque de pánico. "¡Kari!¡Takato!"
Dios, ellos estaban mal. Si el enemigo los viera en ese estado...
No, no se atrevió a pensarlo. Tenía que buscarlos, tenía que traerlos a salvo. Tenía que aliviar su conciencia.
"Tranquilo, los encontrarémos", Cody aseguró.
Entonces se escuchó una gran explosión, cuyo sonido retumbó por las paredes de las Ruinas del Templo.
"Pero primero tendrémos que atravesarlos", Armadillomon comentó.
Lowemon había terminado con varios Devidramon, sin embargo, cada vez aparecían más y más. Para el colmo, Phantomon estaba resultándo ser un adversario más complicado de lo que suponía en un principio. El Digimon fantásma era astuto, sin conocer demasiado al guerrero de la Oscuridad, prefería mantener sus distancias. Phantomon usaba a los Devidramon para desgastar al guerrero y se aprovechaba de cualquier oportunidad, cualquier blanco que pudiera usar.
Con disgusto, Lowemon observaba a Phantomon reírse.
Beelzebumon tenía un poco más de suerte, ganando cada vez más terreno al SkullSatamon, quien descubrió que su impulso de energía no era suficiente para igualar a un Señor Demonio. A pesar de todo, lo hacía bien, bloqueando las garras de Beelzebumon con la punta afilada de su bara y los disparos de las escopetas con la ayuda de su velocidad.
"¿Qué pasa gusano?", Beelzebumon se regodeó. "Ya me estoy aburriendo y yo que pensé que esto sería interesante"
Beelzebumon se entregó al combate, muy pronto olvidó que tenía vidas que salvar. Es eso lo que había advertido su señor previo al encuentro con el Amo de la Gula. SkullSatamon no era tonto, sabía a lo que se estaba enfrentando.
"Descuida, no te aburrirás tan pronto", SkullSatamon sonrió y con un movimiento de su bastón, arrojó los enjambres de Kurisarimon y algunos Infermon sobre Beelzebumon.
"¡Otra vez estas basuras!", el Señor Demonio bramó. "¡Garras de la Oscuridad!"
Kurisarimon cayeron, uno tras otro y en varias cantidades, sin embargo, podían compensar su número fácilmente. Un Infermon embistió al Demon Lord y lo envió directamente al suelo, pero este recobró el control en el último minuto. Aplastó al Infermon con sus garras y los desmembró, como al resto de sus víctimas.
"Espectácular, ¿no crees?", Phantomon contempló el combate, hablando a su adversario mientras este luchaba con sus tropas.
Lowemon le dio una mirada fugaz, mientras empalaba a un Bakemon por el pecho con su lanza y lo rompía en pedazos. El Digimon de Nivel Perfecto supo que el guerrero oscuro le daba su atención y continuó satisfecho.
"Ese Digimon representa la cúspide del poder de nuestra raza. Se qué puedes sentirlo, de otra manera nunca te le hubieras acercado", Phantomon comentó seguro.
Lowemon logró deshacerse del último de sus rivales e intentó apuñalar con su lanza a Phantomon, quien rápidamente lo bloqueó con su hoz. "Tu existencia es contradictoria. ¿Cómo es posible que un Guerrero de las Sombras sirva del lado de la Luz?", Phantomon preguntó con curiosidad.
"Lucho por los que amo", Lowemon forcejeó.
"Que extraño concepto. Nosotros, los Soldados de Pesadilla, servimos a nuestros maestros y nos entregamos a su causa", Phantomon respondió. "Por supuesto, hay algunos que se luchan por satisfacer sus propios deseos"
"Dices que pertenezco al segundo grupo"
"No eres diferente a nosotros. No hay tal cosa como el amor. Tu nunca podrás ser como ellos"
Lowemon, sin responder, se libró del agarre de Phantomon, logrando que este último perdiera el control de su arma. Sorprendido, Phantomon se descubrió indefenso ante su enemigo. "Este es tu final", Lowemon exclamó, apuñalando a Phantomon con su lanza. El Digimon fantasma solo pudo gritar por el dolor antes de que su cuerpo se desintegrara en datos.
Lowemon, al final, pudo tomarse un respiro y observar el panorama con más detenimiento. El había ganado el combate, pero la batalla aun no había terminado. Sus sentidos le decían que los Digimon de las Tinieblas se encontraban en todas partes y que, rápidamente, adquirían más y más terreno. En su alma podía sentir muertes, muchas de ellas.
Pensó en ayudar a Beelzebumon a terminar con su pelea, así ambos podrían unirse a otros frentes y cambiar las tornas de la batalla en favor de los Elegidos. Lo que no sabía era que se necesataría de toda su fuerza.
Lo supo cuando una frialdad se apoderó de su pecho, una sensación de vacío aplastante producida por una fuerza mayor que se aproximó. Y cómo de si una señal se tratara, el cielo se oscureció por unos instantes.
Dicho fenómeno también terminó con la batalla entre el Ángel Caído y el Señor Demonio. Entre ellos, SkullSatamon sonrió de oreja a oreja, alejándose de su combatiente. "El tiempo de juegos ha terminado, ahora mi amo lidiará contigo", declaró.
Beelzebumon gruñó cuando un resplandor púrpura se materializó en el suelo. Un Demonio vestido con una túnica de capucha roja, de enormes cuernos blancos y alas negras apareció.
"Hola hermano", Daemon habló.
Takeru y Cody estuvieron montados en la coraza de Ankylomon, mientras este corría en el campo destruído y atravesaban los enjambres dispersos de Kurisarimon y Digimon acompañantes que luchaban desesperadamente para proteger a sus compañeros. Detrás de ellos, Angemon sobrevolaba y atacaba con su bastón a cuanto enemigo se le atravesaba.
Los Soldados de Pesadilla con los que se encontraban eran, en su mayoría, del Nivel Adulto. Nada que Aquilomon y Angemon no pudieran manejar en ese momento. Eso hasta que apareció un enemigo de mayor nivel.
"¡Tu!", Angemon exclamó. "¡Esto es imposible!"
"Ya te habíamos enfrentado antes, puedo sentirlo", Ankylomon comentó, deteniéndo su carrera.
"Este Digimon es...", Cody tartamudeó.
"¡No puede ser el mismo!", Takeru espetó. "Lo vencimos hace nueve años, y cuando regresó hace seis años lo destruímos definitivamente"
Delante de ellos estaba un aristócrata, vestido con un traje azul y una capa roja y negra. Tenía el aspecto de un vámpiro de labios morados y piel pálida, el cual usaba un antifaz de color rojo con la forma de un murciélago.
"¡Nunca podrán destruirme!", anunció el recién llegado. "No importa cuantas veces me maten, yo siempre regresaré"
"Vamdemon", Angemon gruñó. "¿Cómo volviste del abismo?"
"Los Señores Demonio", Vamdemon respondió simplemente. "Ellos abrieron las Puertas del Abismo y nos permitieron conseguir venganza. En especial, yo estoy interesado en hacerles pagar por todo lo que me hicieron Niños Elegidos ¡Látigo Sangriento!"
"Te vencimos una vez y volveremos a hacerlo", Angemon contraatacó. "¡Golpe de Fé!"
Vamdemon atacó con un haz de energía carmesí en forma de látigo, el cual intentó golpear al ángel con la punta de este. Angemon solo contrarestó su energía maligna con una explosión de luz dorada proveniente de su puño derecho. Se produjo una leve onda de choque, de la cual Takeru y Cody se vieron obligados a cubrirse.
Ambos Digimon se movían con velocidad, haciendo difícil la tarea que alguno de ellos diera algún golpe decisivo.
Por desgracia, más Soldados de Pesadilla se unieron al combate. Ankylomon era le único defensor que quedaba, no sólo para Takeru y Cody, sino también para todos los jovenes y Digimon heridos que no podían luchar más.
En un punto, Ankylomon se reunió con un Allomon, un Sagitarimon y un Hanumon. Los cuatro formaban un círculo que mantenían las tropas del enemigo a raya, protegiendo a varios humanos en el interior, entre los cuales se encontraban varios heridos. En particular, hubo uno que Takeru vio en el centro a un chico con graves quemaduras sobre su piel y ropa, con manchas de sangre en su camisa rota y pantalón.
Takeru desvió la mirada inmediatamente. Creyó que esa persona era Takato por un momento, faltó una nueva vista para confirmar que no era así.
El Elegido de la Esperanza en este punto temblaba y respiraba agitadamente, incluso con la mano de Cody sobre su hombro. "Debemos acabar con esto pronto", dijo.
"Entonces deberíamos formar a Shakkoumon", Cody le respondió.
"¡¿Qué es eso?!", Allomon cuestionó luego de escupir una bola de fuego.
Los tres Digimon, y los humanos que resguardaban, vieron aparecer a un perro infernal que botaba por su boca llamas verdes, de piel negra y tres caras.
"¡Cerberumon, es el Perro del Infierno!", Sagitarimon comentó.
Los Digimon tragaron saliva, algunos de los que se encontraban dentro del círculo lloraban, Angemon intentaba llegar desesperadamente a ellos pero Vamdemon no se lo permitía y Takeru y Cody se tomaron de la mano, con la vista fija en la bestia del averno que se acercaba.
"¡Fuego Infernal!"
Un gran marea de llamar verdes cayó sobre ellos y, después de eso, nada. Todo se tornó de color negro.
Se vió a si mismo encerrado en una prisión demasiado estrecha. Solo podía acurrucarse, sin poder hacer ningún movimiento, sintiendo un frío y soledad eternos. Podía sentir la ira recorrer cada parte de su cuerpo, esperando a ser desatada sobre todos aquellos que lo pusieron en ese lugar, aquellos que esperaron que se pudriera hasta el final de los Tiempos.
Su odio lo mantuvo vivo, consciente, vigilante del mundo de la superficie. Vio a Tres Grandes Ángeles gobernando en su lugar, meras y pobres imitaciones de lo que él era, sin embargo, con poder para usar.
Fue paciente, observó y halló la oportunidad. Uno de los tres Ángeles se peleó con los otros, sintiéndose herido y traicionado por los otros dos. Sabía que estaba a su alcance, sonrió y lo tomó, comenzando a corromperlo a sus deseos. Ese Ángel sería su arma.
Takato abrió los ojos, descubriendo que Guilmon lo había abrazado. Ambos se encontraban aparentemente ilesos, a diferencia del campo y los árboles, quemados hasta la médula.
Al Tamer le tomó un tiempo recobrar la conciencia y recordar lo que había sucedido, aunque fuera complicado. Había una cosa de la que podía estar seguro y esa cosa era que debía estar muerto. Takato supo que lo habían atacado, a él, a Guilmon, a Yoley y a Hawkmon.
"Deberías estar muerto", escuchó una voz por encima de ellos. Takato y Guilmon, al levantar sus vistas, observaron a un Digimon que ya conocían. Mephistomon, el Ángel Caído con aspecto de carnero.
Era cierto, ese monstruo los atacó cuando ninguno de ellos estaba observando.
Yoley, ¿Dónde estaba Yoley?
Takato buscó con su vista a la chica, hasta que la encontró y vomitó lo que había desayunado en la mañana cuando lo hizo. Estaba presenciando una broma cósmica de mal gusto, el cuerpo de lo que alguna vez había sido Yoley Inoue estaba quemado al punto de quedar al carbón. El olor de carne quemada era nauseabundo, dándole amargos recuerdos de cuando los ataques comenzaron en su ciudad natal. Las calles derroidas, edificios en llamas, gente deshauciada y muerte por todas partes.
¿No se suponía que su cuerpo se fragmentaría en datos?
"¿Cómo es posible que estes vivo?", Mephistomon preguntó, ignorando la reacción del chico y la furia asesina del dragón que tenía por compañero.
No había señales de Hawkmon por ningún lado, probablemente borrado.
"Explícame Elegido", exigió el Ángel Caído.
Ese monstruo, ese monstruo fue el responsable de esto. Mephistomon asesinó a alguien que sólo quería ser su amiga, monstruos como Mephistomon ya habían asesinado a varios de sus seres queridos. La esperanza de un amiga y un consuelo se esfumó de repente, dejándo una sensación de vacío e incredulidad, vacío que fue llenado por el odio más recalcitrante.
Takato se levantó y miró a los ojos al carnero infernal. El Tamer, a diferencia del pasado, no exibía esa rabia ciega de puños apretados y dientes astillados por la presión. Takato exhibía una expresión de tensa calma, con ojos fríos y mortales.
Mephistomon pudo sentir un aura que resultó familiar de alguna manera, algo que le impidió matar al humano y su compañero Digimon en el acto. Ahora detectaba algo que no había visto durante su primer encuentro, algo enorme y grandioso que merecía respeto de su parte, o su miedo.
Pero, antes de que pudiera reaccionar si quiera, ya una gigantesca garra metálica lo tenía atrapado con fuerza. MegaloGrowlmon lo había sorprendido, ni siquiera se había dado cuenta de cuando el Dragón había evolucionado.
Esto era impensable, ese monstruo mecánico era demasiado lento para algo como esto. Había algo terriblemente malo con ese chico, algo más que la presencia del Señor Demonio de la Gula. Daemon debía saberlo, por eso había preguntado por él.
"¿Me pregunto a cuántos has matado?", Takato preguntó con un tono altivo. "¿A cuántos has truncado de sueños y esperanzas?"
"Cientos", Mephistomon respondió con agitación. "Cada uno de ellos, es una victoria para la Oscuridad, un paso más cerca de la promesa que él nos hizo"
"¿Él vale la pena todo esto?¿Vale la pena que ahora vas a morir?"
Quería gritarle que por supuesto valía pena, pero sus ojos cayeron en el símbolo del Digital Hazard, brillando amenazadoramente. Entonces comprendió, conmocionado, que esa era su marca. Ese Digimon tenía su marca, estaba relacionado con Él.
Un nuevo vistazo hacia el humano que le hablaba se distorcionó de repente. Del humano, surgían diez pares de alas angelicales de su espalda; su cabello pasó a ser rubio en lugar de castaño y sus ojos azules en vez de carmesíes.
"Mi Señor... Mi Dios", Mephistomon murmuró horrorizado.
"¡No has respondido mi pregunta!", Takato gritó.
MegaloGrowlmon aumentó la fuerza en su agarre, causando un gemido de dolor en el Ángel Caído. "Si, si ha valido la pena... después de todo, he podido conocerte al final"
MegaloGrowlmon sintió la duda de su Tamer, aflojando un poco el apretón en Mephistomon, permitiéndole respirar con alivio y continuar con su perorata. "No lo sabía porque era ciego, pero ahora se la verdad. Estoy aquí porque así lo querías, si he de morir en tus manos, que así sea"
"¿Has matado a mi amiga y ahora me pides que te mate?", Takato preguntó con incredulidad.
"Mi vida está para ser sacrificada por la grandeza de los Siete Grandes Señores Demonio, es mi Destino. Cuando termines, mi carne y mi sangre te alimentarán y te ayudarán a crecer. Usa mi fuerza como mejor te plazca... mi Señor"
¿Esto es mi culpa? Takato se preguntó.
¿Era su culpa que Yoley tuviese que morir?
Una nueva ola de ira se apoderó de él y dijo. "¡Qué así sea!", casi como un gruñido.
Las garras de MegaloGrowlmon aumentaron su fuerza, terminándo por aplastar al Demonio, cuyo cuerpo se fragmentó en datos absorbidos por el dragón. Era el fin de Mephistomon.
"No pelees por odio o venganza. Pelea por proteger a los que amas"
Takato alucinó con las últimas palabras de la amiga que perdió. Yoley podía estar parada detrás de él, mirándole con compasión. Takato solo continuaría con su lucha y MegaloGrowlmon destruiría todo lo que tuviese en frente.
