CRÓNICAS DE GUERRA

IV. El Señor Demonio.

"¿Quién es este sujeto?", Beelzebumon preguntó, retrocediéndo, al igual que cualquier otro Digimon de las Tinieblas que anduviera por las cercanías. Beelzebumon se reunió con Lowemon y ambos mantuvieron distancias con el recién llegado.

Lowemon sintió una inquietante familiaridad, tal vez por la razón en la que ya había enfrentado a un oponente similar. La cosa fue que, en aquella ocasión, terminó muerto.

"No es un Digimon ordinario", de eso si podía estar seguro.

De tal manera que podía estar seguro que Beelzebumon tampoco era un Digimon ordinario. Lowemon consultó en las sombras y supo que su compañero de batalla y el nuevo adversario se parecían, pero no del todo.

Había una gran marcada diferencia entre ambos.

"¿Quién es este sujeto?", Beelzebumon repitió. "Nunca antes había sentido una presión así"

Beelzebumon también sentía la diferencia, aunque no en su totalidad. Beelzebumon había quedado anonadado por el poder bestial que emanaba el Demonio debajo de su capucha, un poder que le permitiría vencer incluso a las Bestias Sagradas si se lo propusiera.

Este, este era el poder que alguna vez quiso.

"Hay que admitir que has realizado un buen trabajo, muy a pesar de los contratiempos", Daemon habló, ignorando al guerrero oscuro y solo concentrándose en el otro Señor Demonio. "Las espectativas que se tenían de ti fueron satisfechas"

"¿Qué disparates estás hablando? Yo nunca he trabajado para ti", Beelzebumon respondió amenazante.

"Conscientemente, no al menos", Daemon interrumpió con calma y un poco de diversión en su voz. "Pero eso no es lo verdaderamente importante, lo importante es que lo trajiste a nosotros y vigilaste su crecimiento. Pueda que aun no se encuentre listo, sin embargo, eso lo determinaré yo. Hermano, es hora de ir a casa"

"Hablas del chico y el dragón que vino con él, ¿cierto?", Lowemon comentó, tratándo de ser discreto mas no lo suficiente. Daemon lo escuchó.

"Veo que el insecto tiene las cosas más claras que tú", Daemon ahora se enfocaba en él. "No es nada raro ver a un Elegido comulgar tan intímamente con los poderes de las Tinieblas. Ya ha sucedido varias veces en el pasado, de hecho, hubo alguien que emuló tu poder una vez en el pasado. Me pregunto si eres el mismo guerrero"

Lowemon gruñó.

"Ohhh si, conozco la leyenda de los Diez Guerreros que, unidos, vencieron y sellaron a Lucemon en el pasado. Pero, lo más importante, conozco a los humanos que surgieron como sus herederos y derrotaron a Lucemon por segunda vez. Desafortunadamente para ti, el verdadero poder surge de cuando están unidos. Esta vez, no será el caso", Daemon jactó. "Aunque debería ser precavido y asesinarte de una vez, dudo que el Mundo Digital te vuelva a traer de la Muerte"

"No se qué es lo que quieres con Takato y Guilmon, pero vas a tener que olvidarte de eso", Beelzebumon interrumpió, apuntándo con sus armas al pecho de Daemon. "Ni mucho menos matarás a nadie más. Yo me encargaré de exterminarte"

"Ya veo", Daemon comentó con una expresión aburrida. "Se supone que ahora me encargue de él, pero un combate antes de la prueba no está de más", en sus dos manos, materializó las llamas del infierno y las contuvo. "Espero que estén preparados caballeros"

Los músculos de ambos Digimon se tensionaron en respuesta, acompañádo por gotas de sudor que recorren sus respectivos cuerpos. Beelzebumon tenía los dedos en el gatillo, listo para halar del él. Lowemon acumuló energía oscura en la punta de su lanza, lista para disparar al Señor Demonio. Sin embargo, ninguno de ellos se animó a realizar el primer movimiento.

"¡Llamas del Infierno!"

Daemon exclamó, liberándo dos torrentes de fuego y azufre.


Pegasusmon esquivó el Requiem Negro del gigantesco Gulfmon, sin embargo, el aire dispersado por la mortal técnica hizo que perdiera el control. Como resultado, Pegasusmon y Takeru descendieron en un torbellino, chocando con la ventana de un edificio que, áun, permanecía de pie y rompiéndola en el proceso. Takeru salió disparado de la montura de su compañero, golpéando con su espalda la madera de un escritorio que, de alguna manera, amortiguó su caída. Lamentablemente, no se podía decir lo mismo del dolor.

Pegasusmon desaceleró por la fricción del suelo, deteniéndose a pocos centímetros de aplastar a Takeru contra una pared derroida.

El ataque de Gulfmon, por otro lado, siguió derecho, iluminando el cielo nocturno en un estallido de fuegos artificiales a la vez que ocasionaba un terrible temblor en la Tierra.

"Takeru, ¿estas bien?", Pegasusmon preguntó, reincorporándose y caminándo con dificultad hacia su compañero.

"Eso realmente dolió", el aludido respondió, poniéndose de rodillas e intentándo ponerse de pie, solo para ver como Pegasusmon colapsaba justo frente suyo. "¡Pegasusmon!", exclamó con preocupación.

El Digimon yacía recostado sobre un costado, respirándo pesadamente. Takeru reflexionó que el daño sufrido era mayor del que él esperaba. Con horror, contempló como el color de su piel y su yelmo abandonaba el cuerpo de Pegasusmon, volviéndose gris y cadavérico. Takeru quisó acercarse y llorar encima de él, solo para sobresaltarse asustado cuando algo empujó desde el estómago del pegaso hacia el exterior, retorciéndose y pudriéndo la carne que se encontrara.

Un par de garras rojas emergió de la panza de Pegasusmon, abriéndo una profunda y sangrante hérida. A las garras les siguieron dos largos brazos negros y una cabeza con cuernos, ojos rojos y una sonrisa siniestra. Devimon surgía mientras lo observaba con burla y se deleitaba con su expresión.

"¡Maldito!", el Elegido gruñó con lágrimas en los ojos. Takeru, con las fuerzas que le permitía su odio, corrió hacia la demoníaca aparición e intentó golpearla en el rostro, sin embargo, Devimon lo detuvo sosteniéndole el brazo.

"Es tu culpa, tu lo asesináste", Devimon dijo.

Takeru desvió la mirada, pero el demonio se la sujetó con la otra garra. "Mira, mira lo que has hecho..."

Takeru parpadeó y se descubrió en un campo de batalla ardiente, sorprendentemente iléso a pesar de las circunstancias. Varios de sus compañeros Elegidos, algunos de los cuales no conocía si quiera el nombre, se encontraban en peores condiciones a la suya.

"¡Takeru!", Angemon exclamó, aun peleando en contra de Vamdemon a unos cuantos metros por encima del suelo.

Estaba bien, está vivo. Esos fueron los primeros pensamientos de Takeru. Patamon no había muerto como esa vez en la isla File. Mas el alivio que recibió por el descubrimiento se vio aplacado por lo siguiente que encontró su vista. Cody no estaba lejos de ahí, pero recostado sobre el suelo con graves quemaduras en la mitad de su cuerpo y sin señal alguna de Ankylomon en algún lado. De hecho, no había señal de los cuatro Digimon adultos que los defendían hasta el momento.

Takeru comprendió rápidamente lo que había sucedido, todos habían sido eliminados. El Elegido de la Esperanza corrió rápidamente hacia su amigo, deteniéndose a unos cuantos pasos cuando hizo la realización de que no había mucho que pudiera hacer. ¿Cómo se supone que iba a tratar con heridas de esa magnitud?

"Takeru, cuidado", Angemon volvió a llamar.

La angustia del Digimon ángel estaba más que justificada. El cerberumon que los había atacado no se había marchado y ahora estaba caminándo en círculos alrededor de él. Sin nadie más para luchar y con la mayoría muertos o heridos de muerte, Takeru se encontraba sólo y vulnerable.

Cerberumon parecía burlarse de su situación mientras Angemon intentaba superar, en vano, a Vamdemon para llegar a su compañero y protegerlo. Takeru observó con enojo al perro del Infierno, interponiéndose entre él y el cuerpo de Cody, mientras que este pareció tomarse su tiempo. Una equivocación por parte de Cerberumon cuando fue embestido por una bestia rugiente de color rojo.

MegaloGrowlmon atravesó el campo de batalla destruyendo todo lo que se le atravesara, llevando a Takato en su hombro. El dragón cibernético enfocó a Cerberumon y lo atrapó en sus fauces, partiéndolo a la mitad con monstruosa facilidad y consumiéndo los datos que se liberaron del demonio caído. Vamdemon detuvo su asalto, sorprendido por la llegada del nuevo adversario, lo cual dió tiempo a Angemon para que fuera al lado de su compañero.

Mientras, MegaloGrowlmon sincronizó el movimiento de su cabeza con el de su Tamer, mirando con la furia que sintió el día que Leomon fue asesinado hacia su nuevo objetivo, aquel aristócrata oscuro que levitaba a unos cuantos metros de su posición.

"Eres el nuevo", Vamdemon comentó.

"¡No me importa!", Takato siseó.

En estos momentos, su deseo era sólo uno. MegaloGrowlmon, receptivo a las emociones y pensamientos de Takato, no dudó un segundo y atacó a Vamdemon con su técnica más poderosa. "¡Cañones Atómicos!"

Vamdemon supo que era inútil bloquear la técnica de su rival, por lo que optó por esquivarla, lo que resultó ser mucho más fácil. Sin embargo, el Digimon vampiro pudo sentir también el poder bruto que emanaba. Los haces de energía desintegradora no era más que la punta del icerberg de toda la capacidad del dragón.

"Veo que no estás interesado en hablar", a pesar de todo, se dió la oportunidad de comentar.

"Los mataré a todos ustedes, así que preparense", Takato fue lo único que murmuró en respuesta y, cómo si de una orden se tratase, MegaloGrowlmon se abalanzó a gran velocidad, esperándo repetir el mismo resultado con el Cerberumon.

Vamdemon sólo sonrió y esquivó al dragón una vez más.

"Esto es malo", Angemon dijo, observándo a una distancia segura.

"¿Por qué lo dices?", Takeru preguntó, confundido y con ojos perdidos. "Él nos salvó"

La expresión de Angemon solo se endureció. "No creo que buscara salvarnos. En realidad puedo sentir una gran ira proveniéndo de él. Takeru, debemos detenerlo, o sino ocurrirá una catástrofe"

¡Látigo Sangriento!

Vamdemon, por su parte, golpeó el rostro de MegaloGrowlmon con la energía carmesí en forma de látigo, logrando detener su avance y dejándo una cicatríz en su frente. Takato sintió como algo ardiente rasgaba su frente al momento que MegaloGrowlmon fue golpeado, resultándo en la sangre que cayó libremente y opacaba su vista pero no su deseo de asesinar.

"MegaloGrowlmon, despedazalo", ordenó fuera de sí.

El aludido rugió e intentó revanar a Vamdemon en respuesta con las cuchillas metálicas de sus brazos. De su pecho, la señal del Digital Hazard brilló de forma amenazadora. Un aura, roja y violenta, se apoderó del cuerpo del dragón y del niño, todo bajo la mirada atónita de Takeru y Angemon.

"Tienes razón", Takeru dijo. "Algo malo viene", y, aunque no lo creyera, se trataría de algo peor a lo que había vivido.

"Takeru, debo evolucionar si quiero igualarlo", Angemon aseguró.

En ese instante, muchos Soldados de Pesadilla surgieron de los alrededores y buscaron unirse al combate, entre los cuales destacaban un MegaSeadramon, un Tsukmon, varios Devidramon y un par de Airdramon. Todos ellos buscaban dar la ventaja a su amo Vamdemon, o al menos una oportunidad para que él escapara. Vamdemon reflexionó si debería hacer eso último, sintiéndo como la ira de ese Elegido manifestada envenenaba el aire y la tierra.

Del suelo, pronto emergieron llamas que se abrieron el camino a través de grietas y consumieron a los Digimon que se aproximaban, quemándolos y destruyéndolos con horrible eficiencia. Entre tanto, el resplandor emergió del D-3 de Takeru y envolvió a este, a Cody y Angemon, justo a tiempo cuando una gran explosión de llamas abrasó un radio de seis kilómetros.


Daemon observó con curiosidad, y cierta preocupación, el color rojizo que cubría el cielo por encima de él. Las nubes oxidadas parecían arremolinarse alrededor de algún centro, mientras relámpagos morados cruzaban entre ellas. Prácticamente, podía sentir como su Emblema, su naturaleza, resonaba con el odio y la ira que emanaba de MegaloGrowlmon y el niño.

Estaba mal. Era demasiado pronto para la destrucción del Mundo Digital. Al menos no con él en este.

¡Meteoro de la Oscuridad!

Lowemon también sintió la misma perturbación que Daemon, trayendole a su mente recuerdos inquietantes de la catástrofe que alguna vez tuvo que enfrentar. El Mundo Digital estaba a punto de ser destruído, así que debía terminar con esa pelea lo más rápido posible y detener lo que fuera que estuviese sucediendo. Lowemon aprovechó la distracción del Señor Demonio y atacó con todo su poder, abriendo la boca del león en su pecho y liberándo una ráfaga de energía de color amarillo.

Daemon no hizo algún movimiento para esquivarlo, pero, para el horror del guerrero de la oscuridad, detuvo el ataque solo levantándo la palma de su mano derecha.

"¡Maldición!", Lowemon gruñó, sabiéndo que ninguna de sus técnicas le harían efecto.

"Sabes lo que debes hacer, llámame, usa mi fuerza..."

Susurró una voz en su cabeza, sin embargo, Lowemon se resistió ante ella. Aun no estaba vencido, no con su otra transformación por probar.

"Patético", Daemon se dirigió hacia él. "¿Qué clase de excusa de ataque fue esa? Ahora mismo voy a castigarte por tu estupidez"

"Tendrás que pasar sobre mi cadaver", Beelzebumon exclamó, interrumpiéndo el curso de acción del avatar de la Ira.

Daemon se volteó para ver como el Señor de la Gula le apuntaba con su Death Slinger, el cañón demoníaco de fauces abiertas, directamente al pecho.

¡Rayo Mortal!

La onda destructiva salió y dio directamente al blanco, sin darle tiempo al Señor Demonio para reaccionar. Con un impacto directo, Daemon fue empujado por los cielos y fue envuelto por la explosión subsecuente.

"Eso debió acabarlo", Beelzebumon murmuró victorioso. "Ahora debo apresurarme, aun estoy a tiempo de detener esta locura..."

Beelzebumon también lo sentía y sabía mejor que nadie lo peligroso de la situación, después de todo se trataba de algo que ya había vivido. Hay del pobre desgraciado que provocó el enojo de Takato y Guilmon, porque Beelzebumon iría en persona y lo destrozaría con sus garras por semejante idiotez, sino es que esos dos lo habían hecho ya.

"¿Ese es el límite de tu poder?"

Sin embargo, no podría hacer eso en este momento. Daemon había resultado iléso del ataque, apenas con un leve aturdimiento.

"¡¿Qué?!", Beelzebumon exclamó, viéndo con incredulidad como su enemigo emergía sin ningún rasguño del humo y el polvo dejados atrás por su técnica. "¡Esto no es posible ¿Cómo puede haber alguién tan poderoso?!"

"Siempre he sido más poderoso que tú", Daemon explicó con arrogancia. "Tu jamás podrás vencerme"

"Maldito desgraciado", Beelzebumon siseó.

¡Neblina destructora!

Lowemon, ahora como KaiserLeomon, volvió a aprovechar la distracción de su enemigo. Disparó una ráfaga de energía oscura desde su boca y golpeó la cabeza de Daemon, lográndo hacerlo tambalear.

"¡Maldito insecto!", lo cual solo sirvió para hacerlo enfurecer. "Veo que has reunido un poco más de fuerza, pero no te servirá de nada"

Beelzebumon frunció el ceño. Daemon era fastidiosamente resistente, era evidente que ninguno de ellos iba a poder ganarle si atacaban por separado. En aquellas circunstancias, el Señor de la Gula consideró una última opción.

"¡Oye, mocoso!", Beelzebumon llamó la atención del guerrero oscuro. "Ataquemos juntos con todo nuestro poder"

"De acuerdo", KaiserLeomon respondió.

Entonces, desde la tierra, KaiserLeomon comenzó a correr y a ganar una gran velocidad mientras lo hacía. Su cuerpo fue envuelto por llamas negras que adoptaron la forma de un león gigante que se acercaba al Señor Demonio para devorarlo. Daemon, en comparación, parecía un ratón en tamaño. Mientras tanto, Beelzebumon dibujaba con su blaster la estrella de cinco puntas en el aire, una parte del círculo mágico que apareció poco después para aumentar su potencia de fuego.

¡Fantásma del Apocalípsis!

¡Estrella del Caos!

KaiserLeomon y Beelzebumon pronunciaron el nombre de sus técnicas al mismo tiempo, cercándo a Daemon con sus poderes. El Señor Demonio fue consumido y se hizo una espectácular explosión, creando un brillo que opacó el fenómeno del Digital Hazard en los cielos y sembró terror tanto en los corazones de los Soldados de Pesadilla como en los Elegidos y sus compañeros Digimon que combatían ferozmente los unos contra los otros.

KaiserLeomon aterrizó poco después, usando sus garras para amortiguar la caída desde semejante altura. Beelzebumon había usado sus alas negras de cuervo para protegerse de la onda expansiva, permitiéndose sonreír mientras tanto. Digimon que se encontraban en el nível más alto de evolución caían ante su técnica más poderosa como simples moscas, como era el caso de ese triste Diablomon. Aunque Daemon fuera poderoso, no había forma que no hubiese salido, al menos, con la mitad de su cuerpo carbonizado.

En tal estado de debilidad, sería más fácil para ellos terminarlo, incluso si las reservas de energía de él y KaiserLeomon estuviesen agotadas.

"No me hicieron nada..."

Por esa razón el terror invadió el corazón del Señor Demonio cuando, una vez más, Daemon apareció sin presentar heridas de algún tipo, más allá de la suciedad que ahora cubría sus ropajes y manchaba sus cuernos blancos.

"¡Esto es inaudito!", Beelzebumon exclamó tembloroso. Daemon era ridículamente poderoso, un maldito monstruo en toda regla.

"Se los dije, nunca podrán ganarme", Daemon casi pareció burlárse de ellos. "Terminaré con esto, no tengo más tiempo que perder..."

Dicho esto, el Señor Demonio se movió a tal velocidad que, a los ojos de KaiserLeomon y Beelzebumon, sólo se pudo apreciar como desaparecía en una mancha borrosa y aparecía en otro lugar.

KaiserLeomon no tuvo tiempo de reaccionar cuando Daemon estuvo al frente de él, con la palma de la mano abierta frente a su rostro, sonriéndo maliciosamente debajo de su capucha.

¡Llama del Caos!

El guerrero de la Oscuridad fue golpeado con las llamas impías y sacrílegas de Daemon, teniéndo tal impacto que la armadura de su cuerpo se resquebrajó en el acto. El dolor era insoportable, tanto como para perder la consciencia de una vez, sin embargo y para su desgracia, Daemon no haría las cosas tan fáciles. El Señor Demonio, extendiéndo las garras de uno de sus brazos, atrapó a KaiserLeomon por una de sus patas momentos después de haberlo afectado con sus llamas solo para azotarlo contra el suelo.

Daemon clavó las garras en los resquebradizas grietas que se formaron en la armadura de KaiserLeomon, penetrándo la carne y arrancándo alaridos de dolor para su deleíte.

"Morirás", Daemon susurró con placer en su voz. "Amaría extender tu agonía para disfrutarla más a gusto, pero, como dije antes, no tengo mucho tiempo. Ahora consideráte afortunado, esto será rápido"

¡Garras de la Oscuridad!

Beelzebumon, interrumpiéndo al Señor de la Ira, rasgó una de sus alas y parte de la túnica, arrancando el medallón que colgaba de su cuello. "¡Aléjate de él, monstruo!", exclamó.

Daemon rugió con dolor, separándose de KaiserLeomon y permitiéndole un respiro. "¡Te atreviste a herirme!", dijo enfurecido. "¡Aunque seas uno de los Siete Grandes Señores Demonio, no pienso perdonarte esto!"

El Señor Demonio volvió a desaparecer de la vista de Beelzebumon, reapareciéndo detrás de este y clavándo sus propias garras en su hombro antes de que pudiera hacer cualquier cosa. Beelzebumon se vio obligado a arrodillarse ante la presión mayor que ejercía Daemon, retorciéndose a medida que las uñas rojas penetraban más profundo en su carne.

"¿Por qué no eres bueno y te ríndes de una buena vez? No tengo la indulgencia de Lucemon, ¿sabes?", el Señor Demonio dijo de forma desapasionada.

"Es como tú lo dices, soy un Señor Demonio...", Beelzebumon respondió con una sonrisa altanera, mientras resistía el dolor. "Uno de los malos, no me ríndo ante las escorias..."

Daemon solo apretó su agarre, sacándo un nuevo alarido de dolor. "Tan altanero y estúpido, Señor de la Gula", Daemon exclamó en torno de burla. "¡Llama del Infierno!", atacó a quemarropa.

Cuando cesaron las llamas, lo único que quedó fue un Impmon inconsciente. Daemon no lo mató, pues le habían ordenado traerlo con vida. Sin embargo, la tentación de patearlo y maltratarlo fue seductora como para ignorarla.

"Mi Lord"

Era SkullSatamon, quién se había alejado momentos antes de que Daemon atacara, apareció luego de que las cosas se hubieran calmado.

"Llévatelo. Regresen a Pandemonio", ordenó sin siquiera voltear a verlo. "Yo tengo otros asuntos de los cuales debo ocuparme..."

Podía sentir el poder de MegaloGrowlmon crecer de manera continua, llegándo un punto que supuso problemático. El dragón estaba a punto de evolucionar y convertirse en aquella arma de destrucción que reduciría al Mundo Digital como al Área Oscura a cenizas, así que debía apurarse. Aun estaba a tiempo de manejarlo.

"¿Qué hacemos con ese?", SkullSatamon preguntó, viendo el cuerpo tirado de un niño de cabello negro a un lado de ellos.

"Esta muerto", Daemon sonrió.

Las heridas infringidas habían sido graves, el Señor Demonio dudaba que sobreviviera y, aunque así fuera, no había nada que un ser tan débil como él pudiera hacer para detenerlo en el futuro. Daemon solo le resto importancia.

El avatar de la Ira desapareció, consumido por su propia sombra, y SkullSatamon levantó vuelo, llevándose a Impmon en brazos y regresando al Área Oscura.


Cuando el caos sobrevino sobre el refugio, Izzy no tuvo más opción que halar del brazo de Kari y correr junto a la multitud que no era capaz de luchar, con Gatomon siguiéndoles de cerca.

Escapaban a través de unos túneles de evacuación, los cuales llevarían a una salida secreta de las ruinas del Templo. En esos momentos, era la mejor opción ya que ninguno de los dos se encontraban en la capacidad de luchar contra los Soldados de Pesadilla. Izzy había perdido a Tentomon hace tiempo y el estado mental de Kari no era óptimo, lo cual impedía que Gatomon hiciese uso de todo su poder.

En la medida que se desplazaban, junto con todos los refugiados y heridos, los túneles eran sujetos a los temblores de las batallas que se llevaban a cabo en el exterior, amenazando con colapsar sobre ellos, ocasionando gritos y gemidos aterrados por parte de muchos.

"¡Por favor, mantengan la calma!", Izzy exclamó, queriendo evitar que todos entraran en pánico y empeoraran la situación. "La salida se encuentra cerca, falta muy poco para estar fuera del alcance del enemigo"

Tenía que liderarlos, tal como ya había hecho en el pasado y, aunque todo había sido un desastre al final, Izzy aun podía mantener la seguridad de estar personas. Lo más importante, debía mantener la seguridad de Kari. Ya había hecho el daño suficiente por un sólo día.

Afortunadamente, contuvo el pánico del grupo y todos pudieron seguir su caminata, cada uno perdido en sus propios pensamientos y preocupaciones. Podía ver claramente la mirada perdida de Kari y la preocupación en Gatomon.

Sentía que les debía una disculpa.

"Lamento todo esto", murmuró.

"Ese asunto ya no importa", Gatomon negó con la cabeza, adivinándo que era lo que pasaba por su cabeza. "No tiene sentido lamentarse por lo que ocurrió en el pasado. Lo que importa ahora es salir con vida de aquí"

Izzy asintió pesadamente. "Aun así, siento que fallé. No pude mantener a nadie a salvo. La mitad de nuestros aliados están peleando sólos con una fuerza que los supera y yo simplemente los abandoné. ¡Los abandoné, Gatomon!"

El Elegido del Conocimiento se detuvo, llevando las palmas de su mano al rostro mientras contenía un gemido tembloroso. Ante eso, Gatomon tocó su pierna con una de sus patas enguantadas y lo observó con seriedad.

"Es cierto que nuestros amigos están peleando sólos, pero ellos lo hacen para que nosotros podamos salir con vida", dijo. "Tu hás hecho todo lo que podías al dirigir esto, no menosprecies tu trabajo. No has mantenido a salvo hasta ahora, ¿no?"

Al gesto, Kari se le unió, recuperándo un poco el color en el brillo de sus ojos. "Esto pasaría tarde o temprano, ¿verdad?", comentó con una sonrisa triste. "Es por eso que tomaste esa decisión de pedirme que usara la recámara, lo entiendo en verdad. No es tu culpa"

"Gracias", Izzy suspiró al final.

Delante de ellos pudieron ver la luz exterior, marcándo el final del trayecto. Los refugiados, tanto emocionados como asustados, caminaron con cautela hacía el claro del día. Por desgracia, sombras aparecieron bloqueando su camino a la libertad.

Con gemidos de pánico y desesperanza, descubrieron que ya se encontraban esperándolos un escuadron perteneciente al ejército del enemigo. Se trataba de los habitantes de las profundidades del Mar de las Tinieblas, los sirvientes de Dragomon.

Kari recibió a los visitantes de ese mundo con repulsión, recordándo su primer encuentro con ellos hace tantos años, pero algo más llamó su atención y que la abrumó de golpe. El aire mismo parecía estar agitado por llamas invisibles, cuyo roce resultó incómodo ante la piel.

Los Digimon, más sensibles a ciertos fenómenos que los humanos, se estremecieron al instante, preocupando aun más a sus compañeros si cabe. Izzy y otros pudieron suponer que algo iba terriblemente mal. Una emoción externa intentaba entrar en ellos a la fuerza, bloqueando cualquier otra cosa que pudieron experimentar. Algunos se echaron de rodillas al suelo y gritaron, rogando que se detuviera.

"El pozo del abismo ha sido abierto nuevamente y Apolion, ángel del Abismo, ha sido liberado", dijo uno de los Profundos, presuntamente su líder. "Las señales ya están en el cielo, la luz del sol ya ha sido bloqueada", señaló hacia arriba, esperándo que todos los demás lo siguieran.

Izzy, Kari, Gatomon y los otros vieron como el cielo se había tornado de color rojo, cubierto por nubes negras arremolinadas en un centro cercano y relámpagos morados que se dejaban ver entretanto.

"No estan aquí para atacarnos", Gatomon dijo sorprendido. "Están aquí para advertirnos"

Izzy asintió. "Algo esta pasando, algo está afectándo la capa física del Mundo Digital"

"No sólo eso", Gatomon continuó. "Esa misma fuerza también esta buscando afectar nuestras emociones, esta rabia"

"Hay más que rabia", Kari reflexionó, llevando una de sus manos a su pecho. "También puedo sentir una gran tristeza, está sufriendo y quiere que lo ayudemos"

Izzy quería preguntar cómo sabía eso, pero el profundo le interrumpió en ese instante.

"Las estrellas no se han alineado, esto no debería estar pasando ahora. Mi Reina, ahora debo pedir vuestra ayuda para detenerlo. Es la única que puede hacer algo ahora al respecto"

"¿Detenerlo?", Kari se preguntó.

"Calma su furia, antes de que la furia nos consuma a todos", respondió el líder de los profundos.

"¿Cómo sabemos que esto es una trampa?", Gatomon cuestionó, interponiéndose entre las criaturas y su querida compañera. Todos los demás permanecieron atrás de ellos, espectántes.

"Ya lo hemos dicho, las estrellas no se han alineado. Tu necedad hará que el Ángel del Abismo nos destruya a todos...", señaló al Digimon.

"Él está pidiéndo ayuda, ¿no es así?", Kari volvió a preguntarse. "Puedo sentirlo, puedo escucharlo. Gatomon, no puedo abandonarlo, ya no..."

Gatomon frunció el ceño. "No me gusta, pero entiendo. Si no hacemos algo, seguro ocurrirá una catástrofe. De acuerdo, lo harémos. A cambio, ustedes no lastimarán a nadie más", apuntó a los profundos. "Los dejarán ir"

"Solo si mi Reina nos lo pide..."

Kari tragó saliva.

¿En serio se podía confiar en esas cosas?


Vamdemon emergió de las llamas iléso, cubierto por un capa negra y el uso de sus avanzadas habilidades mágicas. Sin embargo, el Aristócrata Oscuro estaba más que sorprendido por las habilidades del Dragón. En un momento, MegaloGrowlmon había eliminado a todas sus tropas y devastado gran parte del paisaje.

Y hablando de este, seguía sosteniéndose en el aire con sus propulsores, observándole atentamente con sus ojos amarillos con pupilas contraídas y con el humano en su hombro, sosteniéndo una mirada inquietantemente similar. Pero no sólo eso, pues algo más pasaba con ellos. El aura roja que los cubría comenzaba a deformarse y expandirse para convertirse en otra cosa.

Vamdemon vio la silueta roja de un enorme dragón sin piernas, con una larga cola y dos enormes alas. El símbolo del Digital Hazard iluminaba descontroladamente en ese punto y el aire se llenaba de una sensación de rabía que quemaba a los incautos. Vamdemon frunció el ceño ante esto último, tal poder descontrolado sin dudas resultaba riesgoso.

MegaloGrowlmon se aproximó hacia él, con uno de sus brazos sables listos para partirlo en la mitad. Sin embargo, a medio camino, un Digimon interrumpió su avance con su propia espada grande e inmaterial.

"Recobrá tus sentidos", HolyAngemon exclamó. "No puedes dejarte llevar por el odio"

Esperaba que sus palabras llegaran al Digimon y al niño. Mas eso no sucedió, el Tamer lo observó como un extraño, otro enemigo al que debía destruír.

"Nunca pensé que llegaría el día que uno de las mascotas de los Elegidos me protegiera por su propia voluntad", Vamdemon dijo con un tóno de burla, mientras veía a los dos Digimon forcejear.

"No te hagas ilusiones, Vamdemon. En comparación, eres el menor de dos males", HolyAngemon respondió. "Ahora vete y no hagas que me arrepienta"

"Muy bien, espero vernos si sobrevives a esto", dicho esto, Vamdemon se desvaneció en la forma de murciélagos que se fueron volando.

MegaloGrowlmon, al ver que su presa se había esfumado, rugió enfurecido y apartó a HolyAngemon con un sólo empujón. HolyAngemon tuvo que prepararse ya que, lejos de calmar su ira por haber perdido su objetivo, MegaloGrowlmon ahora se enfocaría en él. No deseaba tener que destruirlos, pero lo haría si esa era su única opción.

"Takeru..."

HolyAngemon escuchó con sorpresa su nombre de los labios del chico, quien lo observaba perdidamente. MegaloGrowlmon se había detenido, cesando todo movimiento y en la espera de nuevas instrucciones.

"Takato", dijo el Digimon angelical, con una nueva duda ahora.

"Takato", el mismo Takeru repitió, desde un lugar aparte. Su Digivice emitía un campo de fuerza que lo protegía, y al herido Cody, de las llamas infernales.

"¿Por qué estás aquí? ¿Por qué no me permitiste matarlo?..."

El tono de su voz le heló la sangre.

"Todos ellos se merecen morir, no merecen existir..."

Aunque el chico estuviese hablando a HolyAngemon, Takeru sintió que Takato le hablaba directamente. Era cómo si ambos estuviesen conectados de alguna manera y, lo peor, es que se identificaba con lo que decía. Takeru podría verse a sí mismo diciendo esas palabras acerca de los Digimon de la oscuridad, pero, presenciarlo en boca de otro terminó por estremecerlo de sobremanera, no le gustó.

"No me gusta como te ves", Takeru respondió sinceramente.

"Crees que soy malo como ellos, tu me ves con asco..."

Takeru recordó con culpa esa última interacción. La acusación le pesó y se vió incapaz de responderle.

"Crees que eres mejor que yo, pero también he luchado como cualquiera de ustedes. Te demostraré que soy mejor, soy más fuerte. ¡MegaloGrowlmon!..."

El Digimon dragón volvió a rugir, avivando las llamas de la zona y extendiendo del volumen sobre el cual se encontraba el aura roja e incandescente.

"¡Takato! ¡Detente!", Takeru reaccionó, tal vez un poco tarde. "Si tan sólo pudieras escucharme... "

"¡Guilmon!", HolyAngemon se preparó, manteniéndose en guardía. "¡Se qué quieres ayudar a Takato, tu me lo contaste! ¡Esto no es la manera de ayudarlo, tu debes saber que esto esta mal! ¡Deténte!"

Pero MegaloGrowlmon no escuchó, tampoco el chico; rugió nuevamente y atacó con sus sables metálicos al arcángel. HolyAngemon se defendió y retuvo al poderoso dragón con ambas manos. En el forcejeó, el aura del arcángel reaccionó al aura del dragon, apareciendo con un tono dorado que se contraponía.

A la distancia, podría verse como dos dragones de increíble tamaño, uno rojo y otro dorado, ambos de aspecto símilar; chocaban el uno contra el otro mientras los relámpagos caían del cielo y los truenos sonaban. El paísaje alrededor parecía corresponder a uno del fin de los Tiempos.

"¡Takeru!"

El aludido volteó, para ver cómo un destello rosa apareció en el cielo y se aproximó hacia su domo de protección. Una visión más clara reveló que se trataba de Kari Kamiya y Angewomon. Angewomon dejaría a la chica dentro del lomo de luz y partiría a apoyar a su compañero angelical en la batalla, dejandola sola con Takeru.

"Kari...", quién incómodo, la recibió.

Ambos se vieron y bajaron la mirada, recordándo la última reunión. No entablarían conversación hasta que Kari hubiese revisado sus alrededores y encontrara con su vista a Cody, temblando en el suelo mientras resistía el dolor, con muchas quemaduras sobre su piel y ropa.

Kari se llevó las manos a la boca y reprimió un gemido, dejándo que las lágrimas brotaran de sus párpados. Takeru se dio cuenta de su reacción y corrió hacia ella, envolviéndola en un abrazo.

"Lo siento", dijo. "No pude reaccionar a tiempo..."

Kari se apartó, quizás con algo de rudeza y caminó hasta el chico tumbado en el suelo, se arrodilló y lo acarició en la mejilla. Dicho gesto pareció no lastimarlo.

"Es tan fuerte...", ella mencionó.

"Si", Takeru comentó detrás de ella.

"¿Quién hizo esto?", Kari preguntó poco después, con un toque de ira.

Takeru se asustó, pero recobrándose a sí mismo dijo. "Fue un Cerberumon, ahora está muerto...", Takeru dudó si decir algo más, sin embargo, sus labios se movieron más rápido de lo que hizo su mente y añadió. "Takato y Guilmon lo mataron, ya no tenemos que preocuparnos por él"

"Ya veo..."

"Kari, hay algo mal con él..."

"¡No me digas!", la Elegida interrumpió con dureza. "Un momento... ¿Dónde esta él?", se paró y agarró a Takeru por la camisa, obligándole a verla a los ojos.

"Es mi culpa, ahora mismo HolyAngemon está intentando contenerlo. Pero no es lo que piensas", contestó rápidamente, asegurándose de no agregar alguna otra cosa que lo incordiara con su amiga. "Después de destruir a Cerberumon, MegaloGrowlmon continuó atacándo sin control. Él y Takato están fuera de sí, no quieren escucharnos. Tienes que ayudarme", añadió con desesperación.

Kari asintió, sorprendida por el último arrebato. "Él es a quien sentí hace rato, todo ese odio y tristeza", murmuró a su amigo para luego sobresaltarse. "Angewomon debe estar luchando ahorita con Guilmon, ¿no es así?"

Takeru asintió. "Quiero enmendar mi error y quiero disculparme contigo, no debí haberte tratado así. De verdad lo lamento mucho"

Kari vio verdadero arrepentimiento, lo cual fue suficiente como para perdonarlo. Con una suave sonrisa, Kari tomó sus manos y dijo. "Esta bien, dejésmolo en el pasado, ¿si? Lo importante es ayudar a nuestros amigos ahora"

Fue entonces que los D-3 de ambos brillaron con sus respectivos colores.


"¿Estás bien?", Angewomon preguntó.

"Si, estoy bien", HolyAngemon respondió, separándose un momento de su adversario.

"¿Ese es Guilmon?", Angewomon cuestionó sorprendida y horrorizada.

Era la primera vez que observaba la evolución del amigable dragón de color rojo, pero no era la forma lo que la asustaba, era el poder proveniente del odio que quemaba el aire. MegaloGrowlmon era más similar a un demonio iracundo que un Digimon que peleaba por la justicia.

"Lamentablemente, el chico está alimentando su poder inestable", HolyAngemon dijo con seriedad. "Debemos detenerlos antes de que ocurra una catástrofe"

"Tienes razón", Angewomon respondió. "Takato, Guilmon, lo lamento mucho..."

Ambos ángeles prepararon sus ataques más fuertes, con la intención de terminar todo lo más rápido que podían. MegaloGrowlmon supo que querían eliminarlo y enfureció más, si aquello fuera posible. En represalía, el Dragón preparó sus cañones atómicos con toda su energía, con el objetivo de borrar a los arcángeles del mapa.

Sin embargo, antes de que se desencadenara una tragedía, una cálida luz emergió del cuerpo de los ángeles. El resplandor que emanó de Angewomon fue de color rosado, mientras que el de HolyAngemon era dorado. Como si de láseres se trataran, los resplandores salieron disparados antes de que los ángeles pudieran hacer cualquier cosa.

Las luces terminaron por golpear la frente de MegaloGrowlmon, paralizándolo en el acto. El símbolo del Digital Hazard dejó de iluminarse caóticamente y la ira dejó de sentirse en el aire. El aura roja desapareció y los cielos volvieron a su normalidad.

Takato y MegaloGrowlmon finalmente volvieron en sí, terminándo con un lucha que nunca se llevó a cabo. Los arcángeles se permitieron respirar aliviados, pero la dicha no les dudaría mucho tiempo.

HolyAngemon y Angewomon sintieron una presencia maligna y colosal aproximarse a toda velocidad. La fuente vino como una sombra que se apareció por encima de ellos, grande y extensa. El Señor Demonio emergería de ella, en una posición superior a todos los presentes y extendiéndo una mano hacia ellos. Daemon lo pensó y se decidió, apunto a su objetivo y disparó.

"¡Llamas del Infierno!"