CRÓNICAS DE GUERRA

VI. Los Mensajeros del Cielo.

Yo soy el Alfa y el Omega, el primero y el último. Él que es, el que era y el que ha de venir. El todopoderoso.

Una figura encapuchada, un guerrero samurai de negra armadura y un ser pequeño caminaron hasta la base de un enorme árbol, o el despojo de este. Era el tallo de Yggdrasil, el Dios del Digital World, donde este gobernaba junto a sus fieles seguidores, aquellos a los que se conocían como Caballeros de la Realeza, Digimon pertenecientes a la era del mito. Muchos dudaban que el tallo de Yggdrasil siquiera existiera en primer lugar, pero ellos les habían demostrado a los incrédulos su error al encontrarlo.

Fue entonces cuando un haz de luz bajó del firmamento. Los viajeros se vieron obligados a cubrir sus ojos ante el resplandor hasta que sus ojos se pudieron acostumbrar.

"Dichosos aquellos que creen en mi sin haberme visto, pues de ellos será el reino de los cielos cuando el todopoderoso baje a la tierra y juzgue los pecados de los hombres y los Digimon…"

En cuanto escucharon la voz, los Digimons y su compañero se arrodillaron al asumir que se encontraban ante una presencia divina.

"Lo sabíamos", dijo el chico convencido. "Sabíamos que, si seguíamos por este sendero, finalmente encontraríamos al todopoderoso y hallaríamos la clave para terminar esta guerra contra los seres de las Tinieblas"

"Yggdrasil, Dios de los Digimon, pronto despertará de su letargo. Yggdrasil se levantará y castigará a los malvados, arrojándolos al pozo en llamas. Sin embargo, para esta confrontación final, necesitaremos reunir a su ejército. Necesitamos a los sagrados Caballeros de la Realeza…"

"¿Ellos están aquí?", el chico preguntó con emoción y sorpresa.

"Ya uno de ellos se ha manifestado. Dukemon, el caballero sagrado que apareció durante la gran guerra contra el Caos, ha escuchado el llamado y enfrentó al Señor Demonio de la Ira. Sin él, muchos más hubiesen muerto durante el asalto de la oscuridad"

El chico se permitió sonreír, sintiendo que la esperanza volvía poco a poco.

"Tactimon, mi más fiel guerrero. Acompaña a Yuu Amano y a Damemon. Ayúdalos a reunir a los Caballeros Reales y prepáralos para el propósito final…"

Tactimon era el guerrero samurai que había guiado a Yuu y Damemon hasta el tallo de Yggdrasil. Quien había permanecido en silencio hasta el momento y solo hablaba lo necesario, limitándose a responder preguntas concretas de sus acompañantes y asentir a lo que su amo decía.

"Empezaremos con Dukemon, mi Lord. Afortunadamente, él y su tamer sobrevivieron a Demon según el informe de inteligencia"

"Bien, puedes proceder. Sin embargo, he de advertirte la naturaleza del tamer y Dukemon, ya que ambos poseen la marca del Digital Hazard. Por lo tanto, Matsuda Takato como Dukemon pueden ser tentados por el mal. Debemos asegurarnos de cortar su conexión con el maligno antes de hacer uso de sus poderes. Luego, podrás ir en busca de otros Caballeros Sagrados"

"Como ordene, Bagramon-sama", Tactimon respondió.

Yuu, quien era más pequeño que el imponente Digimon, levantó su cabeza hacia el resplandor y comprendió que estaban hablando con otro Digimon.

Este Bagramon parecía ser una entidad distinta, sin embargo. Tactimon, a quién reconocía por su gran fuerza y que ya los había salvado en más de una ocasión de terribles enemigos, mostraba respeto y devoción absoluta.

No era el Dios que estaban buscando, pero parecía estar conectado a él de alguna manera. Tal vez, Bagramon era uno de sus ángeles, pensó.

"¿A qué se refieren cuando dicen que el Caballero Real y su tamer están tentados por el mal?", entre tanto, Damemon preguntó con sincera curiosidad.

Tactimon empuñó el mango de su espada y apretó su agarre, considerando la intromisión como inoportuna. Yuu lo sabía, tragando saliva, y pensó en lo tolerante que Tactimon había sido con ellos hasta el momento. No era bueno presionarlo demasiado, sobre todo cuando les estaba ayudando de tan buena gana.

Bagramon, por su lado, no pareció estar alterado.

"En el principio de los Tiempos, Yggdrasil profetizó el nacimiento de un dragón maligno que reduciría el Mundo Digital a la nada. Ese dragón llevaría por marca al Digital Hazard en su núcleo y, con su poder, traería solo sufrimiento. Lucemon, quien había sido su hijo más amado, traicionó a su padre y buscó usar el poder del dragón como un arma de guerra. Sin embargo, el dragón se resistió al control del Señor Demonio y renació como una fuente de esperanza, terminando por convertirse en un Caballero Real

«No obstante, la conexión con Lucemon aun existe. El Señor Demonio intentará usar ese poder de nuevo en esta guerra y usará todas sus artimañas con el chico y su Digimon para que eso suceda. Y no solo Lucemon, cualquier enviado de las sombras tendrá derecho a tentarlo. La intuición de Tactimon es buena al ir por él primero, entre más pronto lo tengamos de nuestro lado, menos influencia tendrá el Señor Demonio»

Damemon asintió satisfecho y bajó la cabeza con nerviosismo.

Yuu, por su lado, sintió que debía decir algo en ese instante. El chico que Bagramon mencionó, el tal 'Matsuda Takato', y su Digimon eran importantes, eran el Caballero Real que les ayudaría a ganar la guerra. Eran la esperanza de recuperar lo que les habían robado.

"¡Lo encontraremos!", Yuu exclamó con decisión, apretando los nudillos sobre la grava de la tierra seca. "¡Nos aseguraremos de que Dukemon pelee por nosotros! No importa lo que haga falta hacer para ello… Bagramon-sama".

Aunque ciertamente, decir 'Bagramon-sama' no era algo a lo que se acostumbraría, a pesar de sentir que el Digimon lo merecía.


Takato despertó con la sensación de llamas incandescentes sobre su piel, con el sudor recorriendo sobre ella. Descubrió que le era difícil moverse, paralizado por el dolor y cansanció que sentía en sus extremidades. A duras penas pudo voltear su cabeza para observar que se encontraba en el interior de una habitación de madera, probablemente una cabaña.

¿Cómo había llegado ahí?

Lo último que recordaba era que estaba luchando contra Demon y se estremeció al pensar en eso. En su mente, veía nítidamente aquellos ojos grises, brillando en la oscuridad de la capucha roja, que expresaban el odio sobrenatural que profesaba el Señor Demonio hacía toda forma de vida. Takato podría jurar haberse visto a sí mismo en ese instante. Demon y él no eran tan distintos, después de todo.

"Esos ojos... ", Takato pensó, con la mirada fija al techo. "Si, yo también soy así. Cuando Beelzebumon asesinó a Leomon, yo también tenía esa mirada en mi rostro. Yo también quise matarlos a todos"

Fue un milagro que no hubiese asesinado a nadie en esa ocasión y, en esta. Takeru Takaishi, a pesar de haberlo despreciado en un inicio, le dio una oportunidad y peleó a su lado en contra del terrible Señor Demonio. Hikari Yagami, la chica que lo aceptó sin si más y a quién más agradaba desde su llegada. ¿Dónde estaban ellos? ¿Habían muerto en la batalla?

Takato cerró los ojos con frustración y una lágrima escapó de uno de sus parpados. No, no podía pasar por eso de nuevo. No podía soportar la incertidumbre si las personas queridas por él estaban vivas o muertas. No iba a quedarse postrado en cama mientras aquella duda rondaba en su cabeza.

Takato uso la fuerza disponible en sus brazos para levantarse. No importaba el dolor o el cansancio y no importaba cuanto tiempo le tomara. Takato se iba a levantar de esa cama e iba a buscar a sus amigos. Guilmon, Impmon, Ruki, Jenrya, Terriermon, Renamon, Ryo, Cyberdramon, a Takeru y Hikari; a todos ellos encontraría.

Fue cuando se puso de pie que se sintió observado y presintió a una sombra detrás suyo. Le costeaba voltearse pero, de alguna forma, pudo vislumbrar una figura humanoide, con dos alas de murciélago y grandes cuernos negros, observándole con sus ojos rojos.

"¿Quién eres?", Takato preguntó, temiendo que se tratara de un asesino furtivo.

"Devimon es mi nombre", respondió su acosador. "No tienes porque preocuparte, no he venido a asesinarte. De otro modo, me hubiese asegurado de que nunca hubieses despertado, ¿verdad?"

Takato suspiró. "¿Qué es lo que quieres entonces?"

"Quiero que salves a los mios", Devimon respondió, sorprendiendo al tamer. "Solo tu tienes el poder para terminar la guerra de los Señores Demonio, mi Lord"

"¡¿Qué te hace pensar que puedo hacer algo así?!".

Takato cerró los ojos, mientras su mente volvía a traer la imagen de los ojos de Demon.

"Eres el salvador que se nos prometió. El príncipe de la oscuridad, el hijo que fue cobijado por las sombras. No puede ser nadie más que tú, Takato Matsuda", Devimon respondió y Takato pudo jurar que estaba sonriendo.

"Me estas confundiendo", Takato aseguró.

"No, no es así. La marca del Digital Hazard así lo demuestra. Tu la posees, por ende, tu eres nuestro salvador. Solo tu tienes la fuerza para vencer y sellar a los Siete Pecados, los Señores Demonio que nos condenaron a esta guerra contra los Elegidos, yo mismo puedo ayudar a liberarla"

Takato permaneció en silencio y escuchó al demonio hablar.

"Solo piensa en todas las vidas de ambos lados que salvaras. Pueda que los Elegidos de la Luz y la Esperanza no lo comprendan en un inicio, pero luego te lo agradeceran..."

"¿Conoces a Hikari y Takeru?", Takato preguntó con el ceño fruncido.

"Tenemos una historia juntos, se podría decir. Cuando estaba intentando apoderarme de la Isla File en el pasado, ocho niños y sus Digimon llegaron a detenerme. Entre ellos estaba Takeru Takaishi. Él y su Patamon fueron los que me dieron el tiro de gracia y me devolvieron al Área Oscura"

"Eras su enemigo", Takato afirmó entonces.

Lentamente, Takato pudo escuchar voces a tráves de las paredes. Supo que se trataban de Hikari y Takeru, con sus compañeros Digimon, y algunas otras personas que no pudo distinguir.

"Tal vez no deberías comentarles esta conversación que tuvimos. Como te dije, ellos no podrían comprenderlo ahora. Ya hablaremos en otra ocasión"

Dicho esto, el demonio desapareció.


Takeru Takaishi soñó con muchas cosas desde que encontraron esa cabaña pequeña para refugiarse. Muchos de esos sueños se trataron de momentos más alegres que vivieron él y sus amigos en el pasado. Así había comenzado este último, pero todo iba cambiando poco a poco.

Después de haber vencido a Gulfmon y al ejército del mundo de las Tinieblas, todos pensaron que todo había terminado. Takeru, su hermano mayor, Gabumon y Patamon se reunieron con el resto de sus amigos para celebrar un interrumpido primero de Mayo. Taichi y Agumon se encontraban hablando animadamente con Daisuke y Veemon. Mimi, Sora, Biyomon y Palmon rodeaban a Meiko y Meikomon, buscando que se integraran más al grupo. Izzy contaba sus nuevas teorías a Joe, Gomamon y Tentomon. Iori, Miyako y Ken se encontraban sentados bajo la sombra de un árbol, disfrutando del silencio, mientras que sus Digimon jugaban en la cercanía. Finalmente, Hikari Yagami lo recibía desde la distancia con una sonrisa, mientras que Tailmon se encontraba acostado sobre sus piernas, y al parecer no estaban solas.

Takato también se encontraba, siendo el primero en recibirlo. ¿Ya conocían a Takato en ese entonces? Desde ese momento, algo parecía no estar bien. Sin embargo, ninguno de sus amigos parecía notarlo.

El Tamer, ajeno a sus pensamientos, se acercó y le tomó de la mano. Le pareció extraño, mas no lo apartó.

"Hermano, ¿estás bien?", Yamato, quien estaba a su lado, preguntó al notar su cara de preocupación.

"Si, T.K., ¿estás bien?", Takato dijo enseguida.

Takeru se sorprendió, ¿desde cuándo le había permitido usar su apodo tan libremente?

"Estoy bien", Takeru respondió, negando con la cabeza. "Estoy un poco mareado, eso es todo"

"Si tu lo dices, hermanito", Yamato se limitó a darle una palmada sobre su hombro, para luego separarse de él y saludar a los demás.

Takeru siguió a Takato, deteniéndose para encontrarse con Hikari. Takeru los vio sentarse y sonriéndose el uno al otro. Otra vez, extraño por decir lo menos.

"Takato, se que esto parecerá algo tonto pero... ¿desde cuándo nos conocemos?", Takeru preguntó dudidativo.

Takato y Hikari intercambiaron miradas y se voltearon hacia él, extrañados.

"Nos conocimos en el Mundo Digital, ¿no te acuerdas?", Takato respondió.

"Si, Takeru. Ese día estuvimos los tres", Hikari frunció el ceño.

Definitivamente, algo no estaba bien. Su cabeza comenzó a dolerle y sus oídos captaron un ruido de estática.

"Peleamos contra Demon ese día", Hikari bajó la cabeza apesadumbrada, ignorando su malestar.

Takeru recordó, entonces, esa noche en la Colina de la Luz, cuando Imperialdramon, Shakkoumon y Silphymon usaban sus técnicas especiales para empujar al demonio tras la puerta del Mundo de las Tinieblas. Takeru escuchó al malévolo Señor Demonio reírse y prometer que regresaría algún día para vengarse de ellos.

Luego, Takeru vio el paísaje delante de él cambiar abruptamente. El cielo azul se tornó anaranjado con pesadas nubes negras, los árboles a sus alrededor habían sido calcinados y llamas ardientes se veían en todas partes. El calor era, simplemente, insoportable.

Una figura emergió del fuego y se reveló como el Señor Demonio que había sido desterrado. Demon, cuyos ojos expresaban el odio inhumano que sentía, se le quedó viendo.

"Gusano, ¿acaso no dije que regresaría?", el demonio se burló. "Si tan sólo hubieses tenido el poder para destruirme, pero es verdad, los Niños Elegidos son muy débiles"

Takeru temblaba, encontrándose indefenso. Solo podía escuchar lo que su enemigo decía.

"Y pensar que quería ofrecerte mi amistad, pero escupiste en mi gesto", Demon alzó los brazos al cielo mientras girtaba eufóricamente. "¡Esto es lo que mereces, Elegido de la Esperanza!".

Podía imaginarse la desagradable sonrisa en el rostro cubierto del demonio al sentir su desconcierto. El poderoso Digimon se transformó ante sus ojos y adoptó una forma humana. Takato tomó el lugar del Señor Demonio y continuó acusando a Takeru.

"Después de todo, tu solo me ves como un monstruo. Soy igual a Demon o a Devimon"

"¡No!", Takeru gritó por primera vez. "No quise decir eso, tu lo sabes"

"Vamos, no seas hipócrita", Takato exclamó con una mueca desagradable. "Yo soy la oscuridad que tanto odias. No importa cuanto finjas, nunca dejarás de ver ese estigma.

Fue entonces cuando una nueva emoción lo poseeyó, la furia. Takeru se abalanzó contra el otro chico, tirándolo en el suelo y, luego, se puso encima para golpearlo en el rostro repetidamente. El peso de sus puños hacía que el rostro de Takato se hinchara y sangre emergiera por su nariz y boca. A pesar de eso, el chico de pelo castaño ignoró el dolor y contraatacó.

Takeru solo se detuvo cuando sintió algo frío atravesándole el pecho. La mano de Takato lo había traspasado y borbotones de sangre bajaban por el brazo de este.

"Esto es lo que mereces", Takato susurró sonriente.

"Oye, ¿estás bien?".

Takeru despertó sobresaltado. Se había perdido en sus pensamientos y dejó que las pesadillas lo invadieran. Por supuesto, no pensaba dejar que nadie se enterara de lo que acabó de ocurrir en su cabeza. Después de todo, Takeru debía ser fuerte para poder superar esta crisis.

Pero teniendo en cuenta que ahora que todos los presentes lo miraban con preocupación, incluyendo a Hikari y Patamon, dudaba que pudiera inventar una excusa creíble. Y, definitivamente, el sudor en su rostro y su expresión pálida no ayudaban en lo absoluto.

Fue una fortuna cuando Guilmon, quien se encontraba asechando el horno de la cocina, enfocó sus ojos amarillos hacia la oscuridad de la puerta y exclamó. "¡Takato, aquí!"

La atención de todos se apartó de Takeru para centrarse en el recién llegado, solo por el simple hecho que él lucía peor. Takeru podía comprender que era lo que significaba tener malos sueños y sonrió hacia el chico, dándole ánimos y esperanzas, lo cual funcionó a juzgar por la sonrisa que Takato le devolvió, queriendo decir gracias.

Después de unos segundos, Takeru dejó de sentirse mal.

Takato no era un monstruo como Demon u otros villanos que tuvo que enfrentar en compañía de Patamon. Takato luchó por protegerlos, después de todo. Aun así, la última batalla no dejaba de preocuparle. Apartó su mirada, prometiéndose que, apenas pudiera, le preguntaria acerca de esa silueta de dragón que pareció rodear a MegaloGrowlmon.

"¿Algo para beber?", un Mushmon se acercó con una taza de té caliente.

"Muchas gracias", Takeru respondió, tomando la taza.

El resto de la tarde la pasaron entre pláticas amenas y risas ocasionales. Un ambiente cálido era bien recibido en tiempos de guerra.


Takeru buscó la oportunidad de acercarse al chico, a quien encontró en el balcón de la extraña casa en que se habían alojado, por fortuna. Takato miraba el cielo estrellado mientras Guilmon dormía a su lado.

"Deberías descansar", Takeru dijo, llamando su atención.

Takato negó con la cabeza. "No tengo sueño"

"¿Te importa si los acompañamos?"

"Esta bien, ni a mí ni a Guilmon nos molesta", Takato respondió.

Takeru asintió ante la afirmativa y se sentó al lado del chico, sosteniendo a Patamon en sus brazos. Delante de ellos se extendía el desierto rocoso y podía verse la luna resplandecer en el cielo, una vista muy relajante.

"Es un poco gracioso, pero mi primera aventura en el Mundo Digital empezó en la Isla File, el lugar donde tu y yo estamos ahora", Takeru habló, esperando que pronto su discurso tuviera efecto. "En ese entonces, tuvimos que enfrentar al primer Digimon maligno que conocimos. Su nombre era Devimon, un ser que nos trajo muchas dificultades, a mí y a mis amigos. Para derrotarlo, Patamon tuvo que dar su vida. En ese entonces, yo tenía ocho años"

Acarició la cabeza de Patamon y esperó una reacción.

"¿Por qué me cuentas esto?", escuchó a Takato preguntar y observó su rostro ilegible, mostrándo una máscara para cualquiera de sus emociones.

Takeru quería saber que era lo que pensaba el tamer de pelo castaño. "Quería que entendieras un poco. Antes no quise lastimarte, solo que no he tenido buenas experiencias con seres de la oscuridad y ahorita estamos en guerra con ellos. Aunque, claro, Patamon pudo renacer, me quedó una marca desde ese entonces"

Takato solo asintió y siguió escuchando.

"Quería pedirte perdón por lo que pasó. No creo que seas un monstruo, eres bueno y me gustaría ser tu amigo. ¿Hacemos las pases?", Takeru se quedó expectante. Ahora era el turno de Takato de decir algo.

"No soy tan bueno como tu crees", Takato dijo al poco tiempo. "Fue hace un tiempo, también durante mi primera aventura en el Mundo Digital. Yo y mis amigos teniamos la misión de rescatar a Calumon y, para eso, debíamos adentrarnos al territorio de las Bestias Sagradas. Beelzebumon, quien había recibido instrucciones de asesinarnos a penas pudiera vernos, nos estaba esperando para cumplir con su tarea..."

Takeru vio como Takato bajaba la cabeza y apretaba los nudillos sobre su pantalón con fuerza. Guilmon abrió uno de sus parpados, para comprobar que era lo que estaba pasando.

"En la batalla, Leomon, el compañero de una amiga, murió a manos de Beelzebumon. Yo perdí el control de mi mismo y me dejé inundar por la rabia, desee con todas mis fuerzas exterminar a Beelzebumon y obligué a Guilmon a digievolucionar con esos sentimientos. Como resultado de eso, Megidramon nació. Puse a todos en el peligro, incluyendo al mismo Mundo Digital"

Takeru se lo podía imaginar, recordando cuando Taichi obligó a Agumon a evolucionar a SkullGreymon.

"Megidramon... fue la silueta de ese Digimon al que vimos, ¿verdad?", Takeru murmuró y observó a Takato asentir.

"Me juré a mi mismo no volver a convertir a Guilmon en ese monstruo, y casí sucede otra vez", Takato parecía gemir adolorido esta vez.

"¡Pero no sucedió!", Takeru exclamó, tal vez un poco más fuerte de lo que pretendia.

Takato solo negó con la cabeza. "Aun puedo ver a Demon en mis sueños, veo sus ojos grises, su expresión llena de odio y no puedo evitar verme reflejado en él"

"¡No digas eso!", Takeru le tomó de la mano. "No eres como Demon. ¿Qué tengo que hacer para convencerte de que no eres un monstruo?"

Takato se sobresaltó ante el gesto, sonrojándose. Takeru yacía observándole, con seriedad y determinismo.

"Yo creo que has hecho suficiente", Takato respondió anonadado.

Guilmon, esta vez, pondría su atención en el suceso, observando la actitud de su tamer con plena curiosidad y recordando que Takato también solía comportarse extraño cuando estaba alrededor de Jeri. Sin embargo, Guilmon no era el único, a Patamon también le interesaba mucho la conversación.

"¿En serio?", Takeru preguntó confundido.

"¡Si!", Takato se levantó de golpe. "Muchas gracias por todo lo que has hecho. Ahora me iré a dormir, ten buenas noches", y, sin decir más, arrastró a Guilmon con él.

Takeru lo observó marcharse, cuestionándose si eso era algo bueno o era algo malo.


Hikari Yagami se encontró en el comedor de la cocina, junto con Tailmon, después de que la mayoría de las personas y Digimon partieran del sitio. El único que se quedó con ella, además de Tailmon, fue el chico responsable de rescatarlos luego de haber terminado esa batalla contra Demon. Su nombre era Kudou Taiki, si bien ella podía recordar.

"¿Deberiamos preocuparnos?", Taiki preguntó, mirando hacia la entrada de la cocina. "Hace ya un rato que tu amigo Takeru siguió a Takato"

Hikari negó con la cabeza. "Estan haciendo las pases. La verdad, ninguno de los dos empezó con el pie derecho"

Taiki parecía ser el tipo de chico que se preocupaba demasiado por los demás. Era el tipo de persona que se detendría en el campo de batalla a ayudar a otros, incluso si eso ponía en riesgo su propia vida. Se podría decir que también le recordaba mucho a su hermano mayor.

Taiki no se negó en darles cobijo a ellos cuando se los encontró, aun cuando todos los demás ya habían huido. Hikari también consideró bastante afortunado el hecho de que Taiki viajará con unos Mushmon, los cuales cargaban con una especie de casa portátil. Después de la destrucción del refugio, ella dudó en volver a conseguir algo remotamente cómodo para descansar cuando hiciera falta.

"Gracias", Hikari dijo en un suspiro. "No hubieramos sabido que hacer sin tu ayuda"

"No tienes porqué agradecerme. No podía simplemente abandonarlos en ese sitio, no después de lo que sucedió", Taiki respondió sonriente. "Con suerte, los Señores Demonio habrán perdido la pista de nosotros"

"Aun así, te debemos las gracias", Tailmon intervinó, haciendo un gesto respetuoso. "Salvaste a Hikari y a los demás, incluyéndome. Aunque no quieras, te devolveremos el favor"

Fue entonces cuando una voz intervino.

"Siendo así. ¿Por qué no se unen al Xros Heart Army?", Shoutmon, el Digimon de piel roja y blanca, con cola de reptil y cabeza en forma de V; exclamó.

"¿Xros Heart?", Hikari preguntó.

"Así decidimos llamar a nuestro pequeño grupo", Taiki respondió apenado.

"¡No seas modesto, Taiki!", Hikari observó como Shoutmon saltó sobre su compañero. "¡Taiki, a quien ves aquí presente, es el general del Xros Heart Army! ¡Somos pocos, pero poco a poco crecemos y nos hacemos más fuertes! Si te unes a nosotros, no habrá duda que estarás en el bando ganador"

"Me gusta esa confianza", Tailmon murmuró. "¿Qué dices, Hikari? Entre más seamos, tendrémos mayores oportunidades"

Hikari asintió.

En momentos como este, no se podía despreciar cualquier ayuda, y tenía la certeza que Takato y Takeru también comprendían eso.

Pero después de haber peleado contra Demon, dudaba que cualquier ayuda fuera efectiva. El enemigo era demasiado poderoso esta vez y contaba con muchos recursos. Los sueños que tenía, posterior al enfrentamiento, no eran en nada agradables. Siempre involucraba algún genocidio cometido por el demonio de la capucha roja.

"¿Estás bien?", Taiki preguntó, luego de un prolongado silencio de su parte.

Hikari negó con la cabeza, con los ojos humedecidos por las lágrimas que buscaban salir. "No estoy segura si podremos superar a las fuerzas de la oscuridad esta vez"

"Sin dudas, Demon es un digimon terrible", una nueva voz hizo acto de presencia. Un digimon cánido que llevaba en la frente un cuerno y en la cola una especie de taladro. "Entre los Señores Demonio, se rumora que es uno de los más poderosos. Sin embargo, se dice que Demon fue derrotado dos veces en el pasado. En una ocasión, cinco humanos y sus Digimon lograron encerrarlo en el mundo de las Tinieblas..."

Hikari asintió luego de escucharlo. Ella había estado ahí y había sido participe de ese suceso. Con la tragedía alrededor, casí lo olvida.

"Y en otra, una leyenda cuenta que un día apareció un Caballero Sagrado, el cual se enfrentó al demonio y destruyó su cuerpo, obligándolo a renacer. Por lo que sé, ustedes cuentan con uno de esos Caballeros entre sus filas. La posibilidad existe, los Señores Demonio pueden ser vencidos. No podemos perder las esperanzas"


Más tarde, esa noche, Taiki se aproximó a Dorulumon.

"Gracias por lo que dijiste", el chico mencionó. "Levantaste los ánimos de Hikari"

"Solo dije lo que ella debía escuchar", Dorulumon bufó y volteó la cabeza hacia un lado. "Nuestros enemigos pueden ser muy poderosos, pero no son invencibles"

Taiki sonrió. "Es bueno saber que tenemos una oportunidad"

"Si queremos vencer, Hikari va a tener que tomar el papel que el destino ha preparado para ella. El poder de la chica nos traerá un nuevo amanecer cuando esta guerra acabe"

"Nuestros enemigos también deben estar concientes de eso", Taiki murmuró con seriedad. "Harán todo lo posible para deshacerse de ella. No podemos permitirselo"


En el Mar de las Tinieblas, se llevaba acabo una reunión de los Digimon que no eran bienvenidos en el Mundo Digital. Eran siete y cada uno de ellos ostentaba un enorme poder. Eran los Siete Grandes Señores Demonio que encabezaban la guerra en contra de todos los mundos.

Beelzebumon podría decir que había pasado una eternidad desde la última vez que los siete estuvieron reunidos. En una vida anterior había conocido a Lucemon y los otros cuando ostentaba el papel de ángel de alto rango, arrastrando una familiaridad extraña en otras vidas y en esta. Beelzebumon sentía que los conocía, aunque fuera la primera vez que se encontrara con varios de ellos.

Sabía con quienes guardar una sana distancia y con quienes prefería acercarse. Lilithmon estaba entre sus primeras opciones, al menos esta no le era hostil como otros. Demon y Leviamon, el gigante, lucían como si quisieran matar a todos los presentes. Barbamon observaba a los presentes con desprecio, como si de estupidos se trataran. Belphemon era simplemente indiferente a todo.

Pero Lucemon, su líder, era una fuerza contradictoria. Amaba todas las cosas de la creación, y al mismo tiempo conspiraba para destruirlas. ¿Cuál era el sentido de su asociación? Al final de cuentas, ellos también pertenecían al mundo que el ángel arrogante deseaba exterminar.

"Mis estimados compañeros de armas, es para mi un honor anunciarles que todas las piezas se encuentran en el Tablero", Lucemon dijó en forma elocuente. "Tenemos a los humanos y sus mascotas justo dónde los queremos"

"Después de tanto tiempo, podremos vengarnos de los humanos que nos crearon. También de esos niños y sus Digimon", Demon exclamó, apretando sus puños con fuerza.

"Obtendrémos todo esta vez, todo será nuestro", Barbamon dijo confiado.

Leviamon solo gruñó y Lilithmon y Beelzebumon optaron por guardar silencio.

"Aun así, hemos de ser precavidos. Los humanos tienen un extraño poder que les permite hacer milagros, incluso en las peores circunstancias", Lucemon reflexionó, frunciendo el ceño. "Hay que actuar con gracia e inteligencia. Debemos identificar aquellos individuos que realmente representen una amenaza para nosotros y eliminarlos. Además, está el asunto del ángel que se oculta en los cielos y nos arrebató la entrada al Kernel"

"¿El Sabio de la Muerte?", Barbamon sonrió, acariciándo su larga barba blanca. "Ese Digimon es todo un personaje. Me gustaría diseccionarlo para descubrir sus secretos. Pero, con el debido respeto, mi Lord. Los únicos que representaban una amenaza para usted eran esos niños que portaban los espíritus de los diez guardianes legendarios y ellos ya no se encuentran en este mundo. El mismo Demon se encargó de exterminar al último de ellos"

"El chico de las sombras", Demon bufó. "Era simplemente un insecto. Los poderes del sucesor del espíritu de la oscuridad no pueden compararse con mi dominio de las Tinieblas"

"Al parecer ya se han olvidado de los Caballeros Reales, ¿no es así?", Lucemon interrumpió.

"¿La armada de Dios? ¿No se suponía que estaban extintos?", Lilithmon preguntó.

"La orden de los Caballeros Reales desapareció al mismo tiempo que lo hizo su Dios", Barbamon respondió. "Pero, ahora que lo pienso, esos humanos pueden hacer que algunos de sus Digimon adopten su apariencia y sus poderes"

"¿Es una broma?", Demon cuestionó con ironía. "Esas patéticas imitaciones son demasiado débiles. Nunca representarán una verdadera amenaza"

"¿No crees que lo estás subestimando demasiado?", Beelzebumon retó al demonio que tanto lo había lastimado y al que tanto odiaba. "Lucemon me contó acerca de tu pequeña escaramusa con Takato y Guilmon. Pueda que los consideres débiles, pero no has visto lo que yo he visto. Esos dos sin duda pueden borrarte del mapa"

Los ojos de Demon se cerraron hasta formar pequeñas rendijas y volteó su cabeza hacia el avatar de la Gula. "Te has vuelto demasiado irrespetuoso, niño. Considerar que ese Dukemon pueda vencerme es una broma de mal gusto. Y si la Estrella del Alba tiene un poder oculto, eso es porque Lord Lucemon lo diseñó para ser un arma que debe servirnos"

Escuchar como el Rey Demonio se refería a Takato le causó nauseas. Odió su forma condenscendiente y despectiva.

"Ahhh, y una última cosa", Demon añadió. "Mi paciencia tiene sus límites. No me importa que también seas parte de los Siete Grandes Señores Demonio, eres escoria para mis ojos. Si me provocas, lo lamentarás"

"¡Suficiente!", Lucemon exclamó, sacudiéndo el aire del alrededor. "No tenemos tiempo que perder en sus inútiles riñas. Les recuerdo que ustedes existen para seguir mis ideales. Lo único que espero de ustedes es obediencia absoluta, sin embargo, si no les parece yo bien podría encontrarles un reemplazo"

La tensión en el ambiente se había multiplicado. Beelzebumon podría asegurar que todos los Señores Demonio restantes se encontraban aterrados, incluyéndo al mismísimo Demon. Podía notar como la arrogancia y prepotencia del Rey de los Demonios se había esfumado por completo.

Lucemon estaba inusualmente molesto y Beelzebumon apenas podía suponer las razones. Desafortunadamente, otros Señores Demonio eran igualmente observadores y sus mentes ya conspiraban para obtener las respuestas que deseaban.

"No volverá a suceder, mi Lord", Demon hizo una reverencia. No volvería a mencionar nada desde entonces.

"Bien, Beelzebumon", Lucemon se dirigió ahora hacia el avatar de la Gula.

"Esta bién, ya no irritaré al gruñón", el aludido respondió.

"Mas allá de eso, tengo una misión para tí", Lucemon lo interrumpió. Beelzebumon tragó saliva. "Hay una chica que tiene por compañero a un Tailmon y que viaja con Takato Matsuki. Quiero que la asesines, junto con su Digimon"

Beelzebumon asintió, con una gota de sudor cruzándole por la frente. "Si, lo haré"

Beelzebumon se maldijo. No deseaba que el chico viera a través de sus mentiras, al menos no tan pronto. Pero siendo una orden directa de Lucemon, Beelzebumon sabía que no podía negarse.

"Los demás, continuen con sus operaciones. Deben mantenerme informado"

Poco despues, los siete se marcharon hacia sus respectivos destinos.

Solo Lilithmon acompañó a Beelzebumon de regreso a la superficie.

"Bien, ¿Cómo es él?", el avatar de la Lujuría preguntó en cierto punto del trayecto.

"¿Quién?", Beelzebumon aun seguía sumido en sus pensamientos, apenas captando lo que Lilithmon decía.

"Takato Matsuki, la Estrella del Alba, tonto", Lilithmon exclamó con irritación.

"¿Por qué tu interés en él?", Beelzebumon cuestionó, receloso.

"Eso es porque a Lord Lucemon le interesa. Llamalo instinto de mujer, pero algo me dice que ese niño es más que el arma que Demon tanto promulga", Lilithmon también lo había notado.

"Es algo que también me pregunto", Beelzebumon murmuró. "Takato no es muy distinto al resto de seres humanos y Guilmon solo es un Digimon glotón. Bien podría pasarle mi espíritu de la Gula y salir de este embrollo"

"Mm. No sabes entonces. Los hombres son unos inútiles", Lilithmon dijo decepcionada. "Tendré que averiguarlo yo misma"

Beelzebumon podía estar seguro de algo, las cosas no terminarían bien.