CRÓNICAS DE GUERRA
Capítulo VIII.
El Guerrero de la Oscuridad
En su palacio, ubicado en un sector del continente, Demon atendió a uno de sus siervos. SkullSatamon, quien sobrevivió a la última batalla, se inclinó ante su amo y lo informó de los recientes acontecimientos.
"Lord Beelzebumon está combatiendo al XrossHeart y al Digimon de los Elegidos en estos momentos. La batalla parece en orden, sin embargo, los refuerzos que nosotros enviamos han sido diezmados por completo. Al parecer, el ejército de BlueFlare ha sido responsable"
Entonces SkullSatamon guardó silencio y esperó la respuesta de su maestro.
"Al parecer han escapado algunos peces gordos", Demon murmuró. "¿Qué hay sobre esa mansión en el bosque?"
"En cuanto a la edificación, parece ser un artefacto creado por magia arcana, muy oscura. No parece ser obra de nadie de nuestra horda", SkullSatamon respondió.
Demon pensó en que esa magia oscura le era conocida. Desde su trono, sintió la naturaleza de las Tinieblas y pudo identificar al creador, pero eso no era posible. Demon estuvo seguro de haberlo matado en ese corto enfrentamiento, vio sus datos fragmentarse y ser arrastrados por el viento. No había forma que su data hubiera podido reconstituirse, después de todo, cualquiera que hubiese sido asesinado por uno de los Siete Grandes Señores Demonio no reencarnaría. Los datos de la víctima viajarian directo al Área Oscura, donde se transformarían en fuerzas para el Señor Demonio por decreto divino.
El hecho de que existiera alguien o algo que negara tal derecho era, por lo menos, algo curioso. Demon tendría que investigar, cuestionándose si Lucemon ya estaba al tanto de lo sucedido. En este punto, estaba consciente que no debía molestar a Lucemon con sus fracasos.
"¿Mandamos más refuerzos?", SkullSatamon preguntó.
Pensó en no hacerlo, después de todo, quería hacer pagar a Beelzebumon por la vergüenza que le había hecho pasar. Demon rogaba por retribución y que mejor manera que dejar en sus manos todo el desastre. Beelzebumon tendría que asesinar a la Elegida, aunque él quisiera tener ese placer, desbaratar esa mansión oscura y eliminar a los 'Generales de los XLoader' que, por lo visto, no eran tan inútiles.
Sin embargo, el heredero del espíritu de la oscuridad si le preocupaba.
"Puede que Beelzebumon fracase. Cuando lo haga, ustedes actuarán", Demon sonrió.
SkullSatamon asintió y solo desapareció.
Paso años atrás, un año después de que su alma viajara al Mundo Digital por primera vez. Kouichi Kimura había estado viendo las noticias activamente, siguiendo los reportajes de un monstruoso cerdo gigante que había atacado Shinjuku la semana pasada. Muchos debatían sobre que podía ser, pero el estaba seguro de la identidad del atacante. Eso era un Digimon que había cruzado las barreras entre los mundos.
"¿Hace cuánto está pasando esto?", Kouchi preguntó preocupado.
"No lo se", su hermano gemelo respondió. "También me lo he estado preguntando. Se supone que el puente entre ambos mundos debió cerrarse cuando vencimos a Lucemon. El hecho de que esto estuviera pasando y Ophanimon no se haya contactado con nosotros para informarnos es preocupante"
"¿Estás diciendo que el Mundo Digital está en problemas?"
"Es una posibilidad"
"¿Y los otros ya saben de esto?"
"Es lo más probable", Kouji razonó. "Sin embargo, quisiera reunirlos a todos para hablar más acerca del problema. Creo que tengo algo que podría ayudarnos. ¿Me puedes acompañar a la habitación?"
"Por supuesto", Kouichi siguió a su hermano, espectánte por lo que sea que su hermano tuviera que decir o mostrar. Y su expresión de sorpresa no se hizo esperar cuando encontró un Digimon apenas Kouji hubiese abierto la puerta.
"¿Qué te dije de usmear en mis cosas?", Kouji reclamó molesto.
El Digimon se encontraba, hasta ese momento, revolcando libros y ropa. "Estaba aburrido", se excusó. "¿Quién es él? Se te parece mucho"
"Es porque somos gemelos, soy Kouichi, un gusto en conocerte", el aludido saludó.
"Dracmon, un placer", el Digimon respondió con una gran sonrisa. "Kouji, ¿tienes más amigos? ¿Conocen a los Tamers?"
"De eso quería hablarte", Kouji intervino.
"¿Tamers?", Kouichi se preguntó.
"Al parecer no somos los únicos niños que hemos tenido experiencia con los Digimon. Hay otros cerca de nosotros y nunca nos enteramos. Por eso propongo reunir a los demás y explicarles todo esto. Entonces podríamos buscarlos todos juntos y encontrar algunas respuestas"
Después de la reunión, sus amigos acordaron buscar a estos Tamers en varios grupos. Como eran seis, buscaron en parejas, tomándose la molestía de preguntar a los traseuntes de las zonas afectadas por el ataque del Digimon con la esperanza de encontrar algún indicio que los llevara a ellos. Dracmon, por supuesto, también ayudaba en esas búsquedad, siempre y cuando no se encontraba haciendo bromas a las personas que pasaban por ahí.
Luego de mucho esfuerzo, lograron saber tres nombres: Takato Matsuda, Ruki Makino y Jenrya Lee; sin embargo, habían más. Con la ayuda de Dracmon, supieron que dos de ellos estudiaban en la misma escuela, en Shinjuku. En cuanto a Ruki, había más información disponible debido a que era hija de una modelo reconocida. Kouichi podría escuchar a su amiga Zoe hablando de lo espectacular que era la madre de la chica y que, algún día, deseaba ser como ella.
A partir de esa información, fue interesante descubrir también que Ruki Makino era conocida por un apodo en particular, la Reina Digimon, gracias a sus habilidades en el juego de cartas, el cual era muy popular entre los jovenes. Y que su actual rival, uno llamado Ryo Akiyama, había desaparecido hace algún tiempo. Ciertos rumores decían que el Mundo Digital se lo había llevado y Kouichi pensó que podría haber algo de verdad en ellos.
Lamentablemente, no los pudieron encontrar. Los días pasaron y todo pareció retornar a la normalidad, pero un nuevo evento ocurrió.
Una enorme masa de varios colores apareció en el centro de Shinjuku, y luego pasó lo mismo en otras partes del mundo. Los héroes estaban desaparecidos y los únicos que podían hacer algo ante la nueva amenaza era el ejército, sin embargo, sus armas resultaron inútiles.
Lo más aterrador fue cuando unas misteriosas bestias salieron de la masa roja y comenzaron a intervenir todas las señales de televisión. Las imágenes que ahora se mostraban eran las de tres Digimon, unos que nunca habían visto, combatir contra ese enemigo. Eran un caballero de armadura blanca y capa roja, una sacerdotiza con armadura dorada y un gran tanque de guerra con cara de perro. Las señales de esas cosas comenzaron a profundizar en los Digimon, pasando por imágenes de unos y ceros hasta llegar a algo borroso, algo que tomo claridad.
Eran niños, niños que se movían a la par con los Digimon, haciendo exactamente lo mismo. Kouichi entendió que esos niños se convirtieron en Digimon para poder luchar, lo sabía porque él también solía convertirse en un Digimon.
El hecho de que el enemigo los expusiera de esa manera lo hacía sentir nauseas. Esos niños no necesitaban lidiar con esto.
También podría decir que su madre se encontraba horrorizada por los hechos y le impediría salir de casa, pero eso no lo detendría. Primero, se aseguraría de mandarle un mensaje a Kouji, indicándole que se encontrarían lo más cercano al parque Metropolitano de Shinjuku. Y, luego, saldría pese a las objeciones.
El desastre no demoró en ocurrir. Encontrándose en un paisaje, casi alienigena, varias criaturas de color gris patrullaron la zona, obligandolo a esconderse. Kouchi, mientras tanto, se preguntaba en cuanto más demoraría su hermano en llegar.
Escuchó fuertes explosiones en las cercanías y pensó en una posible batalla. Pero, ¿qué podía hacer él?
Había llegado a ese lugar porque quería ayudar desesperadamente. Pero, ¿Cómo podría ayudar?
Tomó su celular y miró la pantalla de este. "Porfavor, Ophanimon...", rogó en su mente. Si Ophanimon les había dado los espíritus de los diez guerreros una vez, ella podría volver a hacerlo, ¿verdad?
Sin embargo, los segundos pasaban y nada cambiaba, no aparecía su D-Tector. Esta vez no sucedería un milagro.
Y para empeorar, uno de los monstruos grises lo encontró en su escondite y se preparó a disparar. Kouichi apenas pudo evadirlo, pero recibió parte del impacto del proyectíl de energía. Si bien el monstruo falló, Kouichi salió volando unos tres metros hacia la izquierda, golpeándose fuerte contra el asfalto.
"Maldición", murmuró mientras luchaba por levantarse.
Su verdugo, por otra parte, se acercaba sin mostrar prisa.
'Buscando en la base de datos del Mundo Digital. Realizando comparación entre perfiles... resultado hallado, sujeto: Kouichi Kimura'
"¡¿Cómo sabes eso?!", Kouichi preguntó, congelado en el sitio. La criatura, en ese instante, parecía observarlo con curiosidad.
"Procesando solicitud... Información obtenida del Kernel del Mundo Digital. Registro 0345-La segunda guerra de Lucemon. Ophanimon, de los Tres Grandes Ángeles, llama a cinco humanos para ser hospederos de los espíritus digitales. El sexto, Kouichi Kimura, es involucrado en el conflicto por Cherubimon, de los Tres Grandes Ángeles..."
El agente respondió mecánicamente, como si fuera una especie de biblioteca digital.
'En base a las observaciones, los humanos que se relacionan con el Mundo Digital pueden llegar a representar problemas a los planes del D-Reaper. La directríz es simple, exterminación"
Para luego apuntarle con los cañones de sus brazos nuevamente.
Y estando tan cerca, Kouichi sintió que sus piernas no respondían. Su cuerpo se hallaba paralizado y sus ojos no podían dejar de enfocar el resplandor que se acumulaba en el cañón. Kouichi sabía que si ese ataque lo alcanzaba, sería el fin. A pesar de eso, cerró los ojos y se entregó al destino.
"¡Idiota!"
Pero una voz lo sacó del aturdimiento.
Lo siguiente que pasó fue que sintió un empujón, alguién lo había apartado de la mira del canón. Mas no tuvo tiempo de averiguar cuando la criatura disparó, provocó un estallido y elevó una gran estela de polvo.
Kouichi aterrizó, raspándose las rodillas y lastimándose las manos. El agente del D-Reaper aun permanecía ahí, confundido por la intromisión. Sin embargo, su ataque si se había llevado una víctima.
El mundo de Kouichi se desmoronó cuando descubrió que había sido su hermano el responsable. Kouji lo había visto, lo había apartado del camino en el último minuto y, en consecuencia, él recibió el impacto de lleno.
Si Kouji se hubiese transformado en un Digimon, el impacto no lo hubiese matado. Pero el Mundo Digital que defendían con tanto esmero los había abandonado, Ophanimon los abandonó. Kouichi entendió el horror que implicaba su estado actual, era un simple humano y un simple humano no tenía nada que hacer contra los monstruos del Mundo Digital.
Kouichi no pensó y midió las consecuencias de sus actos. Por su culpa, su hermano había muerto.
Kouichi gritó entonces, entregándose a la desesperación y el remordimiento.
No se dio cuenta que el agente estaba apuntándole nuevamente, esperando terminar con su trabajo. Sin embargo, la ejecución nunca llegó.
Un proyectíl cruzó los cielos en ese instante y el suelo se estremeció bajo su peso. El sónido metálico del choque de un escudo con la cabeza de la criatura lo sacudió, por unos instantes.
Dukemon, uno de los Digimon que combatían a esas criaturas, había llegado terriblemente tarde. Usando su lanza, exterminó con facilidad al enemigo, interponiéndose entre este y Kouichi, quien alcanzó a divisar hace algunos momentos. Si Dukemon alcanzó a mirar como ese monstruo mataba a su hermano, Kouichi no podria decirlo sin preguntárselo, pero, cual sería el caso de hacer tal cosa.
Ya no había forma de devolver el tiempo.
Kouichi miró al Caballero Real con odio. Si tan solo, si tan solo hubiese llegado unos segundos antes.
Entre tanto, más y más agentes del D-Reaper llegaban al lugar y empezaban a disparar. Kouichi aun no podía moverse, lo que obligó a Dukemon a usar su propio cuerpo para protegerlo.
"Vamos, tienes que salir de aquí. Es muy peligroso", el caballero le dijo.
Podia ser que aun se encontrara en estado de shock, pero no le importaba. Su mente se centró en su salvador, aquel que dejó morir a su hermano mas lo prefirió a él. Boca arriba, observó como Dukemon soportaba todos los ataques, cómo la tela de su capa roja se llenaba de polvo y agujeros y su armadura blanca sufría abolladuras. A pesar de eso Dukemon no parecía rendirse.
Kouichi pensó que Dukemon conocía que este era su castigo por haber fallado, su penitencia. Pero dudaba que Dukemon estuviera sintiendo todo el dolor que ahora él sentía.
"Vamos, tienes que moverte", Dukemon volvió a decir y con cierta dificultad. Kouichi podía notar su cansancio. "Esta bien, si no te puedes mover, yo mismo te sacaré de aquí"
Dukemon lo tomó entre sus brazos y empezó a correr entre los edificios, evadiendo los disparos. No fue hasta que apareció el gigante verde que realmente pudieron tener un descanso. El Caballero Real se detuvo en la base del edificio temporal, donde los estaban esperando un contigente del ejército.
Lo que sucedió, de ahí en más, no lo tuvo muy claro. Solo recuerdos borrosos durante el resto de la guerra del D-Reaper. Cuando recobró sentido de si mismo, se hallaba en su habitación, mirando al techo y asimilando todo lo que había ocurrido. Su hermano no había sido la única víctima del desafortunado evento, pues los agentes de la monstruosa entidad, de alguna manera, habían localizado a sus amigos y los había asesinado antes de ser erradicado por los héroes de Shinjuku. Kouichi era el último vestigio de los guerreros Legendarios que quedó tras enfrentar a Lucemon. Incluso, Dracmon se había marchado.
Kouichi nunca hubiese salido de su cuarto de no ser porque su padre y la madre adoptiva de Kouji lo invitaron a él, y a su madre, a la ceremonia funebre. En ese momento, pudo ver como todos los presentes derramaban lágrimas. Sin embargo, Kouichi no podía derramar ninguna, en lo que a él respecta, solo podía sentir un enorme vacío dentro de si.
Las palabras en la ceremonia del entierro de su hermano sonaron vacías y huecas. Simplemente no tenía sentido estar ahí, así que pidió permiso a su madre y comenzó a caminar por el lugar.
Fue cuando vió a un ángel de cabello rubios y diez alas blancas, de pie y enfocado en una tumba en partícular. Kouichi tuvo que pasar los nudillos de sus manos por sus ojos y restregarse para confirmar dicha visión. El ángel ya no se encontraba y, en su lugar, había un chico de cabello castaño y googles amarillos, colgados en el cuello.
Kouichi observó al chico dejar una flor de tallo largo en la tumba, con un aspecto tan abatido como el suyo. De no ser por eso, Kouichi podría decir que se trataba de la viva imagen de Takuya Kambara, con la única excepción de la gorra amarilla y el color de los googles.
Pero también vio a Lucemon ahí. ¿Ese chico era una mezcla de ambos?
Kouichi sabía que su idea no tenía sentido, pero fue una idea que empezó a llenar un poco el vacío que sentía. No era sano, pero preferiría creer que uno de sus amigos había sobrevivido de alguna manera, aunque sea transmitiendo su espíritu.
Kouichi pudo sobrevivir como sólo un alma. ¿Por qué Takuya no podría?
Cuando el chico empezó a moverse, Kouichi lo siguió sin que este se diera cuenta. El seguimiento se convirtió en persecución, Kouichi no le perdió la pista en todo el trayecto en tren a Shinjuku.
La idea era simple hablar, pero Kouichi nunca se acercó lo suficiente. Lo siguió, pero no hizo contacto. Kouichi terminaría por devolverse a su casa una vez recibió una llamada de celular, sin embargo, se prometió hablar con el chico un día de estos.
Después de la escuela, en la cual no estaba interesado en prestar atención, Kouichi a veces se desviaba a Shinjuku y paseaba por los lugares en que 'Takuya' había transitado ese día. Habían ocasiones afortunadas en las que Kouichi lo encontraba, a veces sólo, o a veces con compañía; de cualquier modo, Kouichi no elegía acercarse sino mirar desde la distancia.
Otro día de aquellos, Kouichi encontró al chico en el mismo parque que frecuentaba, al lado de un deposito de concreto para ser más específicos. 'Takuya' estaba delante de la estructura, debatiéndose algo o esperando algo.
Y ese algo vino en la forma de un resplandor. Una puerta luminosa se abrió desde el interior del oscuro cobertizo y liberó algo, un Digimon para ser más específicos.
Por cierto, el Digimon, que tenía forma de dragón de piel roja, se abalanzó sobre Takuya en una especie de gesto amistoso, y doloroso por lo que se podía ver. Kouichi escuchó al chico quejarse mientras el Digimon se reía. Era una escena feliz y reconfortante, tanto así que Kouichi quizo unirse a él. Takuya siempre había tenido ese don de hacer que las cosas fueran un poco más fáciles.
Sin Takuya, era poco probable que Cherubimon y Lucemon hubieran sido vencidos, después de todo.
Sin embargo, más personas aparecieron en el sitio. Tras ellos, más Digimon de diferentes tipos.
"¿Si ven? Se los dije", escuchó a Takuya decir. "Les dije que nuestros amigos están de regreso"
"¿Pero cómo?", escuchó a otro preguntar. Se trataba de un chico de ojos grises y cabello azul, el cual llevaba un Terriermon en las manos. "El cortafuegos que se hizo debió impedir que este milagro sucediera"
El Digimon que acompañaba a Takuya habló en ese momento. "No puedo explicarlo bien, solo sé que Takato me estaba llamando y una luz apareció. Estaba seguro que si seguía su voz a través de ella, yo volvería con él"
Todos los demás observaron impresionados al chico.
"Vamos, no es tan extraño", Terriermon mencionó. "Nuestro Takato siempre está rodeado de cosas extrañas, solo hay que disfrutar. Momantai"
"Aun así me gustaría saber como fue que sucedió", el chico de pelo azul comentó entonces.
"Eso ya no importa", dijo una chica de ojos violeta. "Renamon y nuestros amigos están con nosotros. El D-Reaper se ha ido y las Bestias Sagradas ya no están molestas con nosotros"
"Al parecer alguien está de buen humor..."
"¡Terriermon!", el chico de cabello azul exclamó.
"Jen. Momantai"
"Aun debemos contar la buena noticia", 'Takuya', o Takato en realidad, dijo poco después. "Me hubiese gustado que ella también hubiese compartido ese momento con nosotros. Pero no se preocupen, yo le contaré después. Ahora solo queda avisar a nuestras familias"
Todo parecía estar bien para ellos, pero no para Kouichi. Su cabeza comenzaba a dolerle, mientras intentaba negar lo que había visto. Ese no era Takuya, pero aquello no podía ser. El nombre del chico estaba mal, asi no era como debían llamarlo.
Kouichi se dio la vuelta y empezó a correr, sin importarle si había alertado a alguien o no de su presencia. Kouichi corrió sin detenerse y, cuando se dio cuenta, estaba en la autopista y un auto lo había arrollado.
Kouichi despertó, otra vez, en ese espacio de tinieblas. La niebla gris cubría por completo el suelo y, por encima, estaba una imagen del planeta Tierra. Se sentía como un deja vu.
Pero el mundo comenzó a desvanecerse, siendo cubierto por una sombra negra y espesa. Así la Tierra desapareció y Kouichi se encontró en una especie de nada. Un lugar donde las estrellas ya habían muerto y no podían iluminar el cosmos. Un lugar donde ya no habían cumulos ni galaxias, donde la energía oscura gobernaba todo. Un universo sin vida, ese había sido su destino.
Kouichi comprendió, este era su vacío, mas no estaba solo.
Algo tomó forma entre la oscuridad, una especie de bestia centauro con dos alas de dragón se presentó. Y, delante de esta, una pequeña criatura que ya conocía: Dracmon.
"¿Qué está pasando?", Kouichi preguntó. "Dracmon..."
"Es el fin del mundo, por supuesto", Dracmon dijo burlonamente.
"¿El fin del mundo?", Kouichi volvió a preguntar.
'Es el destino de todas las cosas', la sombra negra respondió. Kouichi juró que su voz era profunda e hipnótica. 'La expansión del universo se acelera cada día. En algún punto, la luz de las estrellas no lograrán alcanzar a las otras, las cuales se apagaran por su cuenta. Sin el material suficiente, no nacerán nuevas estrellas. No habrá luz ni calor, y sin esas dos cosas, ya no habrá vida para sustentar. Será una muerte lenta, fría y silenciosa'
"Esto es lo que he sentido desde que mi hermano murió", Kouichi empezó a divagar. "Lo que quedó después de que todos mis amigos me dejaron. No quedó nada, al igual que este universo olvidado"
"¿Por qué luchar, si es esto lo que les espera? Te he observado desde las sombras por mucho tiempo, Kouichi Kimura. Un humano que es capaz de manejar al espíritu de las Tinieblas, algo que ni siquiera otros Digimon pueden hacer, y usar sus poderes para mantener a los de mi clase a raya. Debo decir que estoy intrigado"
"¿Qué es lo que quieres?", Kouichi cuestionó.
"El mundo llegará a su fin, de eso no hay duda. Sin embargo, mientras aun haya tiempo, me ocuparé en las cosas que me interesan. Después de todo, en un final como este, hasta la oscuridad perdería su significado, ya que no habría luz en ella. Por eso, Kouichi Kimura, debes perseguir la llama que produce esa luz. Esa es la única forma en la que puedes salvarte"
Kouichi se sintió mareado de repente. Las últimas palabras se grabaron en las profundidades de su mente y de su corazón, llenando ese vacío que sentía. Kouichi se sintió reconfortado.
"Pero él no es Takuya", Kouichi exclamó con angustia.
"Reemplaza la llama por otra, busca otra luz entonces. Una que te satisfaga. Matsuda Takato o Kambara Takuya, eso no importa al final. Déjame ayudarte, al final de cuentas tu y yo tenemos metas compatibles"
La voz hizo eco en su mente y la retorció, le dio un ancla. No importaba de donde proviniera, Kouichi la necesitaba con desesperación. Era el remedio para llenar el vacío, arreglar todo lo que estaba mal.
"Los tiempos del Mundo Digital y el Mundo de los Humanos es distinto. Desde que tu y los otros guerreros derrotaron a Lucemon, pasaron siglos en el Mundo Digital, pero, en su mundo, un año pasó desde ese acontecimiento. Lucemon, en ese tiempo, resucitó y me selló, limitando mis movimientos. Sin embargo, pude reunir los espíritus de los guerreros que vagaron después de la destrucción ocasionada por el D-Reaper..."
La mano de la sombra se extendió hacia él, y en ella aparecieron los dos digi-spirits de la oscuridad.
"Joven, tómalas y cumple con tus ambiciones..."
"Acepta la oferta de mi maestro", Dracmon dijo, llamando su atención.
Kouichi no dudó y tomó devuelta los espíritus de la oscuridad consigo.
"Tendrás tu oportunidad dentro de dos años, en cuyo tiempo las hordas de Lucemon invadirán todos los mundos. Busca el próximo portador del espíritu de la llama, igual con los demás..."
Y cuando los digispirits estuvieron en sus manos, una luz cegadora lo envolvió, sacándolo de aquel sitio.
Duskmon expulsó su poder oscuro, haciendo retroceder al Devimon insolente que buscaba apartarlo de su objetivo.
"Takato Matsuda, he esperado todo este tiempo para poder conocerte", estaba tan cerca. No permitiría que se le escapara, así que se abalanzó sobre este, dispuesto a atraparlo.
Takato, aun debatiéndose sobre su propia conexión con Lucemon, ignoraba el porque Duskmon lo necesitaba. Lo único claro era que debía escapar de ahí.
"Devimon, usa esto", Takato exclamó. Si él y Devimon eran compañeros ahora, su idea tenía que funcionar. Tomó una de sus cartas de apoyo, la de supervelocidad, y la deslizó en su D-Ark dorado.
Devimon, quien había sido derribado, sintió el impulso de poder y sonrió maléficamente. Aprovechó el aumento de velocidad y tomó el brazo de Duskmon, tirándolo contra el mismo suelo.
"No esta mal, niño", Devimon dijo.
"Aun no hemos terminado", Takato respondió a su compañero temporal.
Pues el guerrero de la oscuridad se levantaba sin mayores complicaciones. Duskmon se encontraba increíblemente molesto y observó con furia a Devimon.
"¡No te entrometas!", exclamó, sacando sus sables rojos como la sangre.
Cuando Duskmon ya estaba en camino a rebanar al Ángel Caído, Takato ya había deslizado otra carta de refuerzo, una que aumentara su fuerza. De este modo, Devimon pudo sujetar a Duskmon por los brazos e impedir que este usara sus espadas.
"¡Esto es imposible!", Duskmon rugió enojado y sorprendido. "¿Cómo puedes tener tanta fuerza? Solo eres un peón débil"
Devimon sonrió, disfrutando del combate y negandose a revelar sus secretos.
Takato observó y reflexionó. "En cuanto no se dé cuenta que son los efectos de las cartas, creo que tendré ventaja"
Por otro lado, esperaba que Devimon pudiese aguantar el poder de su siguiente intento. Si quería herir a Duskmon, tenía que usar una carta del tipo Vacuna, pero la pregunta era si Devimon podía aguantar su poder.
Takato deslizó la carta lo más pronto que pudo, a pesar de sus dudas. De otro modo, el refuerzo de fuerza se agotaría y Duskmon tomaría la ventaja rápidamente. Una vez hecho, el cuerpo de Devimon resplandeció, obligando a Duskmon a retroceder por quemaduras en sus brazos.
Devimon, por su lado, estaba sintiendo un dolor inimaginable. El Ángel Caído supo que el chico había usado un nuevo poder para él, al igual que las otras dos veces, pero entendió que la naturaleza no era compatible. Devimon comprendió sus motivaciones y sonrió pese al dolor. Él, como un Digimon de las Tinieblas, rechazaba por naturaleza a la luz, mas la luz era lo único que podía dañar al enemigo en estos momentos. No había resentimientos.
Es más, Devimon debía incentivar los aspectos más crueles en el adolescente. De otro modo, no serviría.
"¡Golpe de Fé!", Devimon exclamó, golpeando el pecho de Duskmon y enviándolo nuevamente al suelo. Luego de eso, sus alas perdieron fuerza y apenas pudo descender de manera controlada.
"¿Estás bien?", Takato se le acercó en ese momento. "Me disculpo si te puse demasiado esfuerzo"
Devimon solo no respondió.
Duskmon, por su lado, volvía a levantarse. Sin embargo, le costó más esta vez. Tal vez debió fijarse en el Devimon igualmente y separarlo del niño, así no tendría su molestia interferencia.
El último ataque le había dolido, pero no era suficiente para detenerlo. "¿Es todo?", hasta se dio el derecho de preguntar burlónamente.
"Tamer, ¿tienes más trucos?", Devimon empezó a preocuparse, sobre todo cuando sintió un escalofrío recorrerle la espina al enfocar los ojos rojos de su adversario.
Takato, sin embargo, no tendría tiempo de responder.
Con una velocidad pasmosa, Duskmon se desvaneció y apareció al lado de Devimon. El guerrero de la oscuridad no le quitó el ojo de encima, ni siquiera cuando bloqueó las garras de Devimon y lo goleó con su brazo izquierdo, haciendo que el Ángel Caído se estrellara con un estante de libros de la habitación.
"Que Digimon tan abnegado. ¿Dónde lo encontraste?", Duskmon dijo mientras se acercaba.
"¡Alejate de mi!", Takato intentó sonar lo más amenazador posible, de no ser porque había fracasado miserablemente en eso. El miedo se notaba en su voz y los brazos y piernas no le dejaban de temblar.
"¿Alejarme?", Duskmon preguntó divertido. "¿Y perderme esas expresiones? Me gusta ver el miedo en tu rostro"
"Esto está mal. Este sujeto es espeluznante", Takato retrocedió al mismo tiempo que Duskmon avanzaba. "¡No! No le puedo dar ese gusto"
Con ese último pensamiento, Takato se detuvo y miró desafiante al agresor. Duskmon entonces pudo ver las llamas en sus ojos y dijo. "Si, tu eres el indicado"
Devimon volvió a interferir. Con un golpe milagroso, logró apartar al guerrero oscuro. Takato descubriría entonces que había estado aguantándo la respiración en su resistencia.
Devimon tenía que deshacerse del inconveniente de alguna forma. Necesitaba a Takato de una pieza. Todo esto era por el bien de sus planes, así que arriesgaría su vida por el chico de ser necesario, pero el problema era que Duskmon era superior a él. A este último no le tomo mucho tiempo recuperar el control, sujetándo al demonio por el rostro y estrellándolo con el suelo con tal fuerza que creó una pequeña grieta.
"¡Devimon!", Takato exclamó preocupado, deseando entregarle poder para que pudiera sobrevivir ese terrible combate.
Afortunadamente, sus deseos se materializaron en la carta azul, la cual no dudo en usar. Cuando la deslizó, una nueva onda de poder emergió del cuerpo del demonio, sorprendiendo a Duskmon.
"¿Qué está pasando?", el guerrero de la oscuridad preguntó molesto.
Duskmon solo advirtió cuando la luz cubrió el cuerpo del demonio. Ahora Devimon no había cambiado solo en apariencia, sino también en términos de poder bruto. O, en otras palabras, había evolucionado.
NeoDevimon sintió las emociones del chico, las cuales lo hacian sentir confuso. Luego de quitarse a Duskmon de un solo golpe, se detuvo un momento a reflexionar su nueva apariencia. "Con que esto es lo que pasa cuando un humano y un Digimon trabajan juntos. Es demasiado pronto", pensó. Había implicaciones en los sentimientos que había sentido.
Si estaban los que el buscaba. El odio, el miedo y la necesidad de retribución estaban ahí. Sin embargo, había preocupación, amor y esperanza. Una mezcla desagradable si se pregunta. NeoDevimon decidió que lo pensaría después, ahora mismo tenía el poder que necesitaba.
"Has evolucionado, interesante", Duskmon apareció cerca, sin presentar heridas significativas. "Un Knightmare Soldier nunca evolucionaría de esa manera a menos que absorbiese una gran cantidad de datos, lo que significa que el niño estuvo involucrado, ¿cierto?"
NeoDevimon frunció el ceño dentro de la máscara. "Entonces se dio cuenta..."
Takato también tenía un pensamiento similar. Supuso que Duskmon lo había estudiado, de alguna forma, pero se imaginó que nunca se le había pasado esto por la mente.
"Interesante. La mayoría de los humanos pueden elegir a un solo compañero entre los Digimon", Duskmon ahora se dirigió hacia Takato. "Tu pareces ser una excepción a esa regla"
"¡Deadly Gaze!"
Los ojos que cubrian la armadura del guerrero oscuro giraron en una sola dirección y, de sus pupilas, rayos de energía carmesí emergieron para atacar a NeoDevimon.
El Ángel Caído evadió el ataque y, batiendo sus alas, mandó una ráfaga de viento oscuro que buscaba derribar a su enemigo. Sin embargo, el huracan desatado no movió al hombre demonio. Al contrario del efecto buscado, Duskmon caminó hacia el frente y sin ninguna dificultad.
Takato tragó saliva y decidió ayudar a NeoDevimon con una carta de refuerzo, incrementando su fuerza temporalmente. NeoDevimon aprovecharía el impulso y atacaría, pero las garras serían bloqueadas por las espadas rojas. Bastó un simple golpe para derribar a NeoDevimon, dejándolo malherido en el suelo.
"¿Creíste que podías vencer al miedo? ¿Vencer a la oscuridad usando la misma oscuridad como arma?", Duskmon pisó el rostro de NeoDevimon mientras hablaba al tamer.
Takato nunca deseó tanto a Guilmon a su lado como en ese momento. "Tranquilizate, tiene que haber un modo...", pensó.
"No hay ningún modo. No hay salidas y escapatorias", Duskmon pareció leer su mente. "Te sumergiré el pozo más profundo, donde ni siquiera Lucemon pueda alcanzarte"
"¿De qué estás hablando?", Takato sintió una presión incómoda, la cual amenazaba con destruir los últimos rezagos de cordura que aun mantenía. Desesperadamente, intentaba forzar a su mente por alguna idea milagrosa que no llegaba.
Mientras los ojos se enfocaban en él, recuerdos desagradables invadieron la mente de Takato. La primera vez que vió la vida de Guilmon ser amenazada por un extraño fenómeno, la destrucción causada por el Deva Vikaralamon en Shinjuku, el asalto de Beelzebumon y la muerte de Leomon en el Mundo Digital, la aparición de Megidramon, el surgimiento del D-Reaper, el ataque fallido a Demon.
Duskmon, de alguna manera, estaba viendo dentro de sus recuerdos. "Eso es, muestramelo todo. No puedes esconder nada de la oscuridad"
Takato sintió que memorias profundas empezaban a emerger. Entre ellas, una que creía olvidada. Fue antes de que se le ocurriera realizar el dibujo del mismo Guilmon.
Ese día, Takato se encontraba por Shubuya, realizando compras en la compañía de su mamá. El caminaba tomado de la mano con su madre, dejándose guiar. Como un niño pequeño, Takato no era consciente de los peligros externos al hogar como los autos que cruzaban la avenida que había más adelante y tocaba cruzar.
Mie Matsuki observaba la luz del semáforo, esperando la oportunidad apropiada. Takato también lo observaba por otras razones, vio el cambio de color a verde y, extasiado, no se movió hasta que sintió el halar en su hombro. Sin embargo, se presentó una falla en todos los sistemas electrónicos de la zona, incluyendo al semáforo.
Fue gracias a la tardanza de Takato a responder al cambio de luz que él y su madre evitaron un accidente. La gente empezaba a reunirse alrededor por la conmoción, presenciando como destellos de eléctricidad recorrían pantallas y cables. El pánico crecía en la medida que mensajes comenzaron a aparecer en todos los medios visuales a la distancia.
"Obedecer o Morir. Elijan una de las dos opciones. Elijan"
Era lo único que podía leerse.
"Mami", Takato recordó decir en ese momento al borde de las lágrimas.
"Tranquilo. Todo estará bien", Mie trató de tranquilizarlo, acunandolo en sus brazos.
Cerca de ellos, otro choque de autos. El sónido del nuevo accidente y las llamas visibles sobresaltaron al niño e hicieron que llorara, producto del terror ocasionado.
La gente, presa de la histeria, corrió en todas direcciones.
Mie gruñó en ese momento. Como si el desastre reciente no fuese suficiente, una persona, en su huida, la empujó y la apartó de su pequeño. Takato se vio solo en un mar de gente, paralizado del miedo y con su rostro lleno de lágrimas.
La vista del niño se enfocó en el cielo y observó una enorme columna de llamas surgir del suelo. Sintió que algo lo buscaba desde las profundidades de la tierra y que quería llevarselo.
Un dolor en su mano izquierdo volvió a traerlo a la realidad, producto de una marca dolorosa en el dorso de esta. El Digital Hazard apareció en carne viva, destellando con ira y venganza. Takato apenas podía contener el aliento por la sensación ardiente, pero, al menos, la intrusión de Duskmon a sus recuerdos había terminado.
El guerrero oscuro parecía sorprendido, o algo así podría decirse.
"Entonces eso fue lo que sucedió", Duskmon dijo poco después. "Por esa razón Lucemon deseaba conquistar el Mundo de los Humanos. Lucemon te buscaba"
"¿Qué?", Takato preguntó entre jadeos, sosteniéndo su mano.
"Todo el sufrimiento mío y de mis amigos ha sido causa tuya. Tu provocaste la muerte de mis amigos y solo dejaste dolor e ira. En otras palabras, eres lo único que me queda", Duskmon ya se había alejado de NeoDevimon, estrellando su cuerpo contra la pared de un sólo golpe. Se encontraba tan cerca que el chico podía sentir sus respiraciones.
Seguidamente, Duskmon desenvainó su espada y la clavó cerca al hombro de Takato.
Continuará...
