¡Hola! ¿Cómo están? Espero que se encuentren muy bien. Pues de nueva cuenta aquí estoy con otra canción más. Esta vez creo que me pase un poquito de la cantidad de letras permitidas en un drabble pero, ¡bah! Así lo voy a dejar esta vez. Por lo mientras disfruten de esta canción titulada:

Anna Holmes

Apenas si respiraban, cada una de las personas reunidas en la sala se sentían cohibidas e intimidadas. Incluso el ecuánime de Ren evitaba la mirada filosa que la dueña de la casa les dirigía.

Alguien había tenido el atrevimiento de comerse el pastelito de chocolate que la rubia había dejado dentro del refrigerador. Ese alguien se escabulló sigilosamente durante la noche, abrió la puerta del frigorífico y engulló de un solo bocado la preciada golosina que Anna tenía guardada para la hora del desayuno. Para su desgracia dejó tirada sobre el suelo la envoltura, la cruel evidencia de su pecado y la que le terminaba por sellar el destino.

Anna sostenía con la punta de los dedos el empaque, sus ojos entrecerrados analizaban cada uno de los rostros aglomerados en aquella estancia, ¿Quién de todos ellos había sido capaz de desafiarla de esa manera? ¿Quién fue la bestia que destrozo de tal manera la envoltura para devorar aquel indefenso y esponjoso pastelillo? ¿Quién era tan tonto como para sacrificar su vida en pos de un momento de delicioso y chocolatoso placer?

¿Sería Horo Horo? Tal vez. Desde que llegó a la pensión la vida se le iba en comer, dormir e ir al baño. Él era por mucho su principal sospechoso, sin embargo, no podía descartar a todos los demás. No podía dejarse engañar por la carita inocente de Tamao o la sonrisa boba de su prometido.

La tensión en la habitación se acrecentaba a medida que pasaba el tiempo, ninguno se movía y respiraban con cautela. Cualquier movimiento, cualquier gesto podría ser utilizado en su contra. Esperaban con miedo, pero resignados, el falló final de la joven itako.

- Entonces… ¿Quién crees que fue Annita? - se atrevió a preguntar tímidamente Yoh.

Una mirada filosa fue su única respuesta, pero basto para que lo hiciera temblar y quitarle las ganas de volver a hablar.

- ¡Ya estoy harto de todo esto! – exclamó Ren con fastidio mientras se incorporaba de un salto- Yo estoy muy seguro de no ser el culpable, así que mejor me largo- caminó hacia la salida- No cabe duda que en esta casa les encanta perder el tiempo- dijo a manera de despedida.

El resto del grupo se estremeció después de la salida de Ren, la "huida" del chino tal vez pondría aún peor, el ya de por sí malhumorado humor de Anna.

La rubia soltó un suspiro, era verdad. No conseguiría nada en medio de ese espantoso silencio. Esto tenía que ser directo.

- ¿Quién fue? – preguntó con esa voz que hacía estremecer hasta al demonio más malvado.

Los sospechosos tragaron saliva y se miraron unos a otros.

- Si no me dicen quién fue el mal nacido que se atrevió a comerse mi delicioso postre- un aura rojiza rodeaba a la joven- les juro que…

No pudo terminar la frase ya que el espíritu del buen Amidamaru se acercó a ella para susurrarle algunas palabras a su oído, los ojos de la chica parpadearon un poco por la sorpresa, luego se giró para que los acusados no pudieran ver sus expresiones faciales ni alcanzaran a escuchar la amenaza que le dirigió al samurái por lo bajo.

Ya más repuesta, volvió a mirar con aquella mirada fría y con los brazos cruzados al grupo que se debatían entre el miedo y la curiosidad.

- Ya he encontrado al culpable, pueden retirarse- dijo con firmeza.

Todos suspiraron aliviados y fueron dejando la sala lo más rápido posible, no fuera que la itako cambiara de opinión. Manta pudo regresar a su casa, Tamao a la cocina para terminar la cena y Horo Horo se dirigió con Yoh a las aguas termales.

Antes de retirarse Yoh le dirigió una mirada fugaz a su prometida, era extraña su actitud, tanto drama para luego… Espera un momento.

Sí… no había duda, él también alcanzó a deducir quien era el auténtico ladrón de pastelitos.

FIN