¡Hola! He andado muy productiva esta semana. Por extraña razón mi mente ha estado trabajando al mil con historias para este fic. Aún me falta editar, revisar y corregir algunas que escribí durante el transcurso de estos días. No obstante aquí les traigo la doceava canción, que tendrá como protagonistas a Ren y Jeanne. Confieso haber quedado consternada cuando descubrí que se casaron y son los padres de Men, pero… leí Red Crimmson y después de llorar, le encontré la logica a esta pareja. Así que mejor me calló y los dejo con esta bonita historia que trata sobre los reencuentros inesperados ;)
Rainy day
—¡Diablos! - soltó al notar como una a una pequeñas gotas de lluvia comenzaban a caer sobre su cabeza.
Para su desgracia también había olvidado la chaqueta en la casa. Se maldijo por no haber previsto la situación, si bien el día pintaba para ser soleado, con esto del cambio climático todo siempre terminaba por cambiar.
Y de pronto, un trueno en el cielo y después el aguacero a todo lo que da. Busco con la mirada un toldo donde resguardarse, corrió hacia el techo de la casa más cercana. Para ese momento caía un gran chubazco y se encontraba calado hasta los huesos.
El cielo gris, cubierto de nubarrones junto con la calle desierta y la lluvia torrencial mostraba un hermoso espectáculo digno de una postal.
Ren abrazo su cuerpo para tratar de entrar un poco el calor, aun le faltaban tres cuadras para llegar a su departamento y el monzon no parecía ceder.
Estaba por decidirse a echarse a correr cuando vislumbró una figura que se acercaba caminando lentamente por la calle. "Que gente tan más loca son los parisinos" pensó, "Mira que venir caminando con tal tranquilidad" . Entrecerró los ojos para tratar de distinguir de quien se trataba, pero el torrencial de agua le impedía ver con claridad.
La silueta siguió caminando, acercándose cada vez más, alcanzó a dislumbrar por las formas que se trataba de una mujer. Abrió los ojos enormemente cuando la chica entró en su rango de visión.
Jeanne se acercaba con una bolsa de compras en una mano y con la otra sostenía un paraguas verde oscuro. Llevaba puesto un impermeable color menta sobre la ropa y botas de lluvia color gris.
Se paro justo enfrente de él, sus ojos rojos lo miraron fijamente para después esbozar una de esas sonrisas mustias que Ren recordaba haberle visto muchas veces años atrás.
-¡Que grata sorpresa! ¡Es un gusto volver a verte Tao Ren!
Su voz animada, en combinación con la sonrisa tuvieron la virtud de sonrojar al chino. No recordaba que la docenlla de hierro fuera tan bonita.
-¿Podrías hacerte a un lado por favor? - preguntó cándidamente. - Obstruyes la puerta de mi casa.
El chico entonces fijo su atención en el lugar donde se había refugiado, apenado se hizo a un lado, debía parecer un completo imbécil, todo empapado y temblando de frío.
Jeanne sin prestarle atención metió la llave en el cerrojo y abrió la puerta. Un aire cálido se coló entre ellos, sólo entonces lo miró de reojo.
- Estas calado-pronunció y devolvió su mirada hacia dentro- Pasa, estoy segura de que encontraremos mucho de que hablar-y volvió a sonreír con todo su esplendor.
Sin detenerse a pensarlo y como si aquella dulce voz proveniente de la joven lo hipnotizara, Ren Tao atravesó el umbral de la puerta detrás de ella.
FIN
