¡Hola! ¿Cómo han estado? Espero que muy bien. Yo estoy terminando de recuperarme porque me enferme del bicho (covid), afortunadamente no paso a algo más grave, solo los síntomas molestos que me impedían pensar y moverme. Pero ya estamos aquí de regreso. Lamento mucho no haber contestado los reviews que tan amablemente me han dejado no sólo en esta historia, si no en otras que escribí antes de enfermarme. Prometo contestárselos a la brevedad y les agradezco enormemente que se tomen la molestia de dejarlos y de leer mis historias. Bueno… pasemos a la canción, en esta ocasión volví a hacer un YohxAnna (XP), también me pase de las 500 palabras permitidas para un drabble, pero es mi historia y puedo hacerlo tan extenso como quiera jajajaja. Así que los dejo con esta linda canción titulada:

Ecuaciones de primer grado

- Si a x le quitó uno… pero ¿el dos tiene x ? ¿Entonces x vale 2?... ¡Maldición! - exclamó con fastidio.

Llevaba más de dos horas encerrada en su habitación, intentando inútilmente resolver la tarea de matemáticas. Eran ya cuarto para las siete y ella no lograba pasar del primer ejercicio.

Su naturaleza orgullosa le impedía admitir que necesita de vez en cuando ayuda, sobre todo con las ecuaciones. Por más que ponía atención y concentraba su mente al máximo, no lograba comprender cómo es que se llegaba al resultado.

Lo que le maravillaba de verás es que Yoh, así con todo lo distraído que era, lograba entender cada una de las explicaciones, incluso estando medio dormido.

A veces le sorprendía la velocidad con la que resolvía los ejercicios matemáticos. Veía asombrada como su mano se movía rápidamente al resolver aquellas ecuaciones o esas tediosas sumas y restas de polinomios, que a ella tanto le costaba resolver.

Al inicio pensó que su prometido fusionaba su alma con algún espíritu para sacarlo del problema (eso era muy típico de él) pero luego cayó en la cuenta de que, de verdad, el chamán, tenía habilidad para las matemáticas, era algo nato en su persona. Y eso se reflejaba en su boletín de calificaciones; la única materia donde Yoh Asakura tenía 100 por mérito propio era en matemáticas.

Pero no, jamás, nunca de los nuncas le pediría a su prometido ayuda. Eso sería admitir, que no era tan inteligente como todos suponían. Todo ese lío lo resolvería ella sola, sí o sí.

Aunque, siendo sinceros, Anna estaba al borde del colapso nervioso. Le dolía la cabeza y su estómago gruñía a causa de la falta de alimento, llevaba mucho tiempo intentando descifrar lo indescifrable.

Estaba a punto de arrancarse los cabellos cuando escuchó que llamaban a su puerta.

- Anna, ¿estás bien? - escuchó que la voz de Yoh preguntaba con preocupación- Cómo no bajaste a comer, te traje la cena. ¿Puedo pasar?

No había pronunciado ni una sola palabra cuando percibió el sonido de la puerta al deslizarse y al cabo de unos instantes tenía encima de su escritorio una charola con comida y de pie, a su lado derecho al joven castaño que la miraba con gesto inquieto.

- Gracias - pronunció seca - Ahora puedes retirarte, no he terminado los deberes.

El Asakura asomó su cabeza por encima del hombro de la rubia, arrugó el ceño en cuanto vio un sin número de cuentas sin sentido y la página del libro sin resolver, colocó su mano sobre su barbilla y entrecerró un poco sus ojos, había descubierto sin querer el pequeño secreto de Anna.

Sonrió cálidamente antes de posar sus manos sobre los hombros de la chica y la giró con todo y silla para que quedará frente a él. Ella agachó la cabeza por puro instinto de supervivencia, sus manos estaban rojas debido a que apretaba con fuerza el dobladillo de su falda escolar.

- ¿Qué sucede Anna? - cuestionó con voz suave.

- ¡Maldición Yoh! ¡Qué no entiendo ni una mierda de matemáticas! - gritó, sacando así toda su frustración- Ahora que lo sabes, pensarás que soy una tonta- dijo aún sin mirarlo.

Yoh, sin soltar sus hombros, la acercó a su cuerpo. La itako recargó su cabeza sobre su pecho y esta vez sus manos apretaron fuertemente las solapas de la camisa de su prometido. Al sentir los varoniles brazos rodearla protectoramente se permitió desahogar su estrés con algunas lágrimas.

El chamán, comenzó entonces a acariciar suavemente sus cabellos en lo que hacía ruiditos consoladores, cuando sintió que ella comenzó a tranquilizarse, habló.

- Tú eres la chica más inteligente que conozco- inició sin detener sus caricias en la rubia cabellera- Pero no eres una máquina, está bien no saberlo todo.

Ante esas palabras, la rubia enjugó sus lágrimas y lo miró a la cara. Lo encontró sonriéndole cariñosamente, cómo solo él sabía sonreírle ante momentos difíciles. Era verdad, era humana, no tenía que ser perfecta en todo.

- ¿Quieres que te explique? - preguntó Yoh- Ahora me corresponda a mí apoyarte y ayudarte.

Anna asintió, tomó sus libros y fue a sentarse al suelo, invitando a su compañero sentarse junto a ella.

Pasaron el resto del crepúsculo entre números, comida, risas y uno que otro golpe. Anna sonreía abiertamente, no había duda alguna que Yoh era todo lo que necesita en la vida para ser feliz, no volvería a ocultarle sus miedos y preocupaciones. Vaya que había sido tonta, como se pudo imaginar que su prometido se burlaría de ella por no saber calcular cuánto valía x en la ecuación 3 (x-1) + 6 (2x + 3) = 12 (x-1)

FIN

P.D: ¿Tú sabes cuánto vale x? ;)