Capítulo Undécimo.

Rin

La morena sonrió orgullosa al ver el resultado de su obra, había despertado de muy buen humor esta mañana y como para no si había disfrutado de la mejor noche de sexo de su Fucking vida.

Así que le propuso a Rin jugar a las muñecas, estuvieron así un buen tiempo, hasta que la pequeña sugirió, poner en práctica sus técnicas de maquillaje.

De inmediato se vieron cubiertas por brillo labial, rubor y distintos tonos en pintura de uñas, como si eso no fuera suficiente también habían utilizado, moños, collares y kimonos.

Dándoles una imagen de princesas.

Rin estaba prácticamente chillando de la emoción, mientras veía a la joven azabache lucir uno de color rosa pastel con estampados de flores en tonos más fuertes de rosa, violeta y blanco, ella por su parte tenía uno en color naranja con detalles de flores también en tonos más pálidos como amarrillo, rojo y naranja.

–Luces hermosa Rin, como una princesa–comenta una azabache sonriente.

–¿En verdad lo cree?–inquirió dudosa, mientras ladeaba la mirada para detallarse en el espejo que se encontraba a pocos pasos de ella.

Aome asiente poniendo la mejor de sus sonrisas–Eres preciosa…–murmura.

Rin parpadea y luego lleva una mano a su cabeza, pasando despacio los dedos sobre la piel del cráneo, ni un rastro, ni una pisca que le indicara que su cabello estaría de regreso.

–Estoy calva…–resopla sin ocultar el desánimo, mirando sus pies.

La morena siente como si una bolsa de piedras fuera puesta de golpe sobre la boca de su estómago, da una profunda aspiración.

–Pero no será por mucho tiempo, pronto te sentirás mejor–responde con un margo sabor en los labios, como si algo dentro de ella le reclamara por decir una mentira, Aome alejo esos pensamientos de inmediato.

Rin se podría bien, porque Sesshōmaru lo había prometido y el jamás mentía.

La niña asintió no muy convencida, mirándola fijamente.

–Puedo darte mi cabello–la morena dijo, los ojos de la pequeña se abrieron con sorpresa, mientras eran inundados por un brillo de completa dicha.

–¿Haría eso por mí?–tenía una genuina sonrisa.

Aome llevo su manos a la mejilla y la acaricio con suavidad–Haría todo por ti, mi niña–susurro con una dulce sonrisa en la cara.

Entonces Rin la abrazo con fuerzas.

Una sola vez, no fue suficiente para ninguno de los dos.

Para que engañarse si cada vez que se miraban la tención crecía entre ambos, y los deseos de arrastrar a uno hacia la cama se intensificaba con el pasar de las horas.

Que dios la perdone porque la idea de:

–"Cada vez que quiera"

No sonaba para nada descabellada, no se arrepentía en absoluto, a pesar de haber terminado entre las sabanas del youkai, pocas horas después de ponerle un punto, en su relación con Inuyasha.

Inuyasha, su hermano. Sesshōmaru era su cuñado.

La sola idea de eso la calentaba aún más, era un deseo enfermo por el hermano de su ex pareja.

"Me voy a quemar en el infierno"

Pensaba la miko, mientras recorría con una no tan discreta mirada la imponente figura del youkai, al parecer este estaba demasiado concentrado leyendo unos papeles, él se encontraba en un pequeño despacho que usaba para trabajar o arreglar sus asuntos dentro de la mansión, la puerta estaba entreabierta, lo cual facilitaba el espionaje de Aome sentada desde un punto estratégico en el living.

Aunque la televisión estaba encendida, ella estaba ignorando por completo un aburrido programa de chismentos.

¿Como si pudiera ver otra cosa que no fuera Sesshōmaru?

Imposible.

Aunque Aome no estaba ahí, con el único fin de darse un buen taco de ojo, sino que sus intenciones eran otras, tenía que tratar un asunto con el demonio, pero al verlo tan ensimismado con su tarea prefería no interrumpirlo. Tenía la ligera sospecha de que a Sesshōmaru no le alegraría su atrevimiento.

Así que solo se sentó a esperar y mirar…

Pocos minutos después el demonio se ponía en pie y salía de su oficina, Aome aparto la vista de inmediato y la fijo sobre la televisión apenas tuvo tiempo de descifrar el programa cuando Sesshōmaru ya se había parado a un lado del sillón, la morena ladeo el rostro pero lo tuvo que levantar debido a la obvia diferencia de altura.

El semblante del Youkai era sereno, no dejaba entrever nada, Aome sonrió y después una fuerte sensación de electricidad la recorrió entera.

Por todos los cielos, tan solo la había mirado y casi le provoca un orgasmo.

Aome carraspeo y cruzo las piernas–Sesshōmaru, quisiera decirte algo–formulo con amabilidad

–Lo sé.

La morena lo vio incrédula –¿Lo sabes?-inquirió.

–Has estado esperándome-respondió este con simpleza.

Aome hizo un esfuerzo inhumano par no ruborizarse, así que estuvo al pendiente todo el tiempo–Si, porque quería pedirte un favor…–murmuro con calma– Rin ha estado muy triste por la falta de su cabello…– percibió una tenue sombra en los orbes dorados, Aome lo catalogo como preocupación–Quiero darle el mío ¿Podrías conseguir a alguien que haga pelucas?–ella finalizo dando una leve sonrisa, algo triste.

Aome no se perdió la sorpresa en los ojos del Youkai, también pudo percibir otro pequeño cambio en su postura antes tensa, ahora era relajada y floja.

El asintió y le indico con ademan que la siguiera al interior de la oficina, Aome camino con un poco de torpeza debido al kimono que aun llevaba encima, no podía quítaselo aun, ella y Rin habían quedado para jugar más tarde.

La morena cerró la puerta tras de sí, y Sesshōmaru cogió el teléfono e hizo un par de llamadas.

Llamadas que Aome, apenas había comprendido, porque su bendito cerebro insistía en analizar cada uno de los movimientos del Youkai. Como las marcas en sus mejillas se movían cada vez que hablaba, o los escurridizos cabellos que adornaban su frente, estos lucían tan limpios y suaves, balanceándose de un lado a otro, la luna menguante… sus labios.

–Alguien vendrá mañana.

–¿He?–balbuceo completamente fuera de lugar, parpadeo un par de veces para aclarar las ideas–Claro, Claro muchas gracias Sesshōmaru…–respondió con una ligera sensación de vergüenza recorriéndole el rostro.

El asintió, mientras le daba una profunda mirada.

–Ven–ordeno.

Y esa nota de voz tan demandante, fue como un ataque directo a las hormonas, Aome se movió de inmediato, como si hubiera esperado todo el día por ello.

Con desesperación.

El demonio la sostuvo entre sus brazos, mientras exploraba la cálida boca de la miko, los expertos movimientos de su lengua lograban arrebatarle, no solo el preciado aire, sino también varios suspiros placenteros.

Con suma facilidad la alzo, y Aome sintió la madera del escritorio chocar sus nalgas, sintió sus manos sobre su espalda, deslizándose poco a poco hacia su cintura, la piel les quemaba y la ropa les estorbaba.

Aome gimió, cuando la erección de Sesshōmaru alcanzo a tocar su estómago y fue como una advertencia, como una vos de alarma retumbando en su cabeza.

Sesshōmaru estaba atendiendo la piel de su cuello–A-alguien podría vernos–balbuceo entre jadeos la joven, todo su interior le reprochaba el haber dicho eso, pero sería muy vergonzoso si alguien los pillara.

El youkai gruño, pero la verdad en las palabras de la miko, lo hicieron detenerse, detallo sus mejillas sonrojadas y los ojos cristalizados.

Ella estaba igual de ansiosa que él.

–Sera esta noche.

–Ssi–respondió Aome sin aliento.

Continuara…