Capítulo Decimocuarto.

Al gato y al ratón

Había ciertas cosas cuestionables que Aome hacía, como por ejemplo poner a los demás antes que a sí misma, un gran defecto pero también su mayor virtud, creía que todos y todas merecían un nuevo intento.

Aome había aprendido con el paso de los años que no todas las personas merecían una segunda oportunidad, solo que ella confiaba mucho en las palabras ajenas, especialmente cuando sentía cosas por esta persona en concreto, esta era la segunda vez que Inuyasha la defraudaba y se sentía mucho peor que la primera, por aquel entonces era tan solo una niña y se dejaba manejar con un puñado de palabras lindas y promesas falsas.

Porque el mitad bestia sabía que decir y cuando callar.

La primera vez le había sido infiel, Aome lo perdono.

El último año de convivencia fue una mezcla agridulce, felicidad a media, ojala no lo hubiera redimido, porque solo fueron constante discusiones y noches frías, Inuyasha había cambiado completamente con ella, dejo de ser aquel chico dulce del cual se había enamorado, no era un hombre malo, claro que no, pero Aome sentía que estaba haciendo huecos en su corazón, intento de todas formas arreglar la relación porque a pesar de todo ella aún estaba loca por él, le propuso cientos de cosas, tener citas, practicar mucho sexo, caminar en la palaya, pasar los fines de semana en la cama y comer chocolate hasta engordar, ver sus series favoritas en netflix, nada resulto el hanyou siempre estaba de mal humor, como si cada cosa que ella hacia o decía le molestara.

Inuyasha había enloquecido el día en que Aome le propuso ser compañeros, jamás lo había visto tan molesto cuando le hablo del asunto de la marca, el mitad bestia no la quería como compañera la morena lo sabía muy en el fondo lo presentía, sin embargo, no fue capaz de darse cuenta hasta aquel día en que Sesshōmaru le hizo la propuesta.

Le dolió la forma en que ni si quiera dudo en intercambiarla, eso fue como la realidad cayendo sobre ella igual que un balde de agua fría. Definitivamente no perdonaría a Inuyasha, y mucho menos regresaría con él aun tenia dignidad, Aome ya no era la misma jovencita ingenua…

¿Por qué no lo habida dejado antes? ¿Por qué Inuyasha insistía en amarla cuando demostraba otra cosa? ¿Por qué Sesshōmaru estaba enojado?

Aome, echo la culpa a la maldita costumbre que adquirió mientras vivía con Inuyasha, tenía la maña de despertarla muy temprano, aun sabiendo que a la morena le disgustaba mucho el hacía uso de su fuerza para despertarla con la almohada golpeando su figura o brindándole palmadas en la espalda. Ella odiaba toda esa brusquedad con la que lo hacía…

Pero Sesshōmaru, lo había llamado Inuyasha, si no hubiera estado tan dormida… los hermanos se odiaban mutuamente, pero estaba convencida que el youkai era quien más sentía esa especie de rabia, tenía que ser eso, de otra forma no podía explicar esos cambio s de humor tan repentinos que sufría, pasar de sobarle la espalda o mirarla como si quisiera apuñalarla con los ojos, no era normal.

Nada lo era.

Ni si quiera este extraño acuerdo sexual al que habían llegado, Aome estaba disfrutando mucho del sexo, sentía que podía experimentar sin culpas, incluso a pesar de su reciente separación, ella no lamentaba ninguna de las noches en que tuvo al demonio entre sus piernas.

Aome no es ninguna monja y Sesshōmaru es todo un adonis.

Una combinación tan perfecta como peligrosa.

Descubrió que tenía el orgullo incluso más grande, porque estaba haciendo uso de su habitual seriedad en ella, no emitía ni una pista, como si aquella ronda de sexo en la noche de tormenta hubiera sido la última, Aome no quería que terminara, no cuando apenas estaban comenzando, había pasado tan solo un día y ella estaba realmente frustrada por no poder tenerlo dentro de sí.

Ella se sentía como una maldita necesitada del placer que solo podría proporcionarle Sesshōmaru, y en cambio este lucia tan fresco como una lechuga, sin inmutarse a sus cambios de aroma, porque Aome estaba segura de que él podía oler, su frustración, su excitación, su felicidad, su enojo.

Si sabía con solo acercar su nariz a ella, cuando seria su periodo fértil ¿Cómo no iba a notar su falta de sexo?, Aome se sentía expuesta con ganas de golpearlo en la nariz, pero más ganas de herirlo le causaba saber que estaba ignorándola.

¡Por todos los cielos! ¡Solo lo llamo Inuyasha no era tan grave!

Pero si él era terco, ella lo era un más esta vez no sería quien diera el brazo a torcer, así que devolvía su frialdad con la misma moneda, también lo ignoraba.

Tsk, que más daba podía vivir bajo el mismo techo sin tener sexo.

Como si nada hubiera pasado entre los dos.

Fácil.

Cada vez que la veía, Sesshōmaru tenía la imperioso necesidad de tirarse sobre ella, de rasgas sus ropas con ayuda de sus garras y penetrarla con duro y tan fuerte, necesitaba dominarla, doblegar su carácter de fierecilla para que entendiera que él tenía el control de la situación, que podía hacer lo que quisiera, cuando quisiera y como quisiera.

Pero no lo hacía, porque cada vez que lo pensaba comprendía que era el quien estaba cayendo… porque lo hacía sentir, necesitado de ella.

Él no iba a caer, él era un cazador no la presa, así que tendría que buscar la manera de atraerla, como la araña a la mosca, esa mujer no era ajena a su atrayente atractivo, podía percibir el deseo y la excitación con solo mirarla, ambos se estaban reprimiendo, los dos necesitaban del sexo del otro, pero ninguno era capaz de admitirlo.

Esta extraña situación de un tira y afloja, jugando al gato y al ratón permanentemente, terminaría cuando uno de los cediera ante el libido.

Si la miko, lo ignoraba él tendría que llamar su atención de alguna forma.

Si el demonio no venía a ella por las buenas, lo aria por las malas Aome lograría seducirlo.

Continuara…