Capítulo Decimosexto. (Día 11)
Punto final
Esta faceta descara de Aome, ni si quiera ella misma se reconocía, pero por todos los infiernos había disfrutado cada uno de las expresiones físicas del demonio, especialmente cierta reacción que se delataba más que cualquier otra.
La dulce y tierna Aome. Si como no
¡Dios ese baile fue contra todo lo que ella era!
No se arrepentía en absoluto y estaba segura de que lo vería hacer si fuera necesario, solo por conseguir que aquellos orbes dorados brillaran con intensidad sobre ella, Sesshōmaru era el primer hombre, es decir demonio, al cual le había baila tan sugestivamente.
Y no estuvo tan mal, para nada mal ella tenía que hacer uso de sus encantos para llamar su atención, aunque sus tácticas fueran poco pudorosas y tal vez la vergüenza la atacara luego, ella descubrió que no podía detenerse, no con el mirándola como lo hacía. Solo la calentaba aún más.
Ella había quedado picada, luego de verlo entrenar se estremecía con solo pensar en cada parte de su cuerpo, la forma en que sus granes y firmes músculos se tensaban y eran poco a poco cubierto por gotas de sudor, como su cabellera plateada se humedecía para dejar algunos mechones pegados a su frente.
¡Un pecado viviente!
Aome deseaba estar debajo completamente desnuda y a mereced de este, no les molestaría el sudor, ni su ostro inmutable.
¡Cristo!
Necesitaba tenerlo dentro.
Porque cada vez que pensaba en Sesshōmaru, su mente se llenaba de escenas sexuales.
¡Joder ese hombre era un vició!
Aome se estremeció al sentir la presencia del dueño de sus más recientes fantasías, el demonio lucia tentadoramente guapo el día de hoy, ese traje azul oscuro le quedaba de ataque.
Ella le sonrió ligeramente abochornada–¿Sesshōmaru puedo ir contigo?–inquirió con amabilidad la joven.
El la observo detenidamente, había cierto tono rosa en sus mejillas evitaba mantener por mucho tiempo en contacto visual. Ella lucia intranquila
–¿A dónde vas?–cuestiono escéptico.
La última vez que lo menciono las cosas su pusieron extrañas entre los dos, la azabache lo observo con cautela–Yo… voy a ver a Inuyasha– logro decir en tono bajo.
El demonio arrugo el ceño–¿Porque?– y tal vez las palabras habían salido con una irritación palpable.
Aome pasó saliva, ahora más nerviosa que antes, no comprendía porque se molestaba tanto y lo que era peor, ella sentía que debía darle explicaciones–Ya tome una decisión quiero decírsela en persona…
–¿Qué decisión?–él estaba mirándola fijamente.
Woow. Woow. Woow.
Jamás había visto al demonio tan interesado sobre un tema, su atención estaba sobre una humana.
Aome le dedico una mirada extrañada ante su reacción y quizás algo curiosa por averiguar el motivo–¿Te importa?–su garganta estaba seca y ansiosa.
Sesshōmaru endureció la vista–No–respondió tajante.
Hubo un breve silencio en el cual el youkai mantuvo su expresión, mientras analizaba las facciones contrarias, buscando alguna pista de lo que acontecía.
–Hn.
Aome sonrió con suavidad, al mismo tiempo que expulsaba el aire que inconscientemente se había atascado en sus pulmones.
Sin darle tiempo a los arrepentimientos ella se subió en la parte trasera de la limosina, donde la pequeña Rin ya se encontraba esperando para ser llevada al hospital, donde le realizarían estudios para comprobar su actual estado.
Sesshomaru se sentó en el asiento de enfrente, así que su vista estaba continuamente sobre la morena y en cuanto a Rin esta recostó la cabeza sobre las piernas de la azabache, está por instinto comenzó a acariciar sus mejillas, en cuestión de minutos la niña ya lucia adormilada.
–¿Vas a llamarlo?
Aome alejo los ojos del cuerpo de la niña, para posarlos sobre el Inu–¿Para qué?
–Tal vez no se encuentre–respondido neutral.
Aome soltó una risilla–Lo dudo…–ella dijo.
Un nuevo silencio incomodo se adjudicó en el interior.
Aome suspiro internamente, realmente no entendía porque cada vez que hablaban de Inuyasha la situación entre los dos se volvía tan pesada.
Ninguno de los dos volvió a formular palabra, hasta que el automóvil se detuvo frente al antiguo apartamento de la miko.
La morena se las arregló para salir sin que rin se despertara–Muchas gracias por traerme–se despidió con un gesto de mano.
Sesshōmaru la detuvo sujetándola de la muñeca, la morena gimió ante su toque–Voy a esperar– manifestó con un extraño brillo en el amarillo de sus ojos.
Aome se ruborizo–No es necesario–porque tenía que ser tan guapo.
Tenerlo si de cerca y mirándola de esa forma, era un problema para sus hormonas
–Lo are–ratifico liberándola–Se rápida–la morena asintió anonada.
Camino rápidamente a través de las escaleras, por suerte tan solo tendría que subir al segundo piso apartamento 4D.
Una vez frente a este dio un par de golpes lo suficientemente seguros para saber que estaba haciendo lo correcto.
–¿Aome?–el mestizo dijo con sorpresa para seguidamente salir al pasillo y cerrar la puerta tras de sí.
–Hola Inuyasha–saludos esta.
El intento abrazarla pero Aome interrumpió el gesto empujando con suavidad y volteando el rostro aun lado–No. Inuyasha no estoy aquí para volver contigo–soltó con firmeza.
Ella hubiera deseado no ser tan directa, pero con la personalidad del mitad bestia no se podía hacer de otra forma.
–¿Qué?–gimió con sorpresa.
–Lo que escuchaste, quiero poner un punto final en esto, jamás te perdonare y lamento si te di esperanzas– Aome suspiro las palabras, necesitaba ser paciente y rogaba que entendiera, para terminar esto lo más pronto posible–No puedo hacerme esto… fuiste demasiado lejos.
–¿De que estas hablando?–el rio sin gracia–Deja de bromear Aome, yo te amo, no puedes dejarme–espeto.
La morena negó lentamente–Ya es tarde…
Paso la mano entre los cabellos con frustración–Es por ella–él dijo señalando inconscientemente el interior del apartamento con la barbilla.
Aome frunció el ceño e Inuyasha se dio cuenta de su error, la azabache ingreso antes de que lograra detenerla y entonces la vio una mujer alta, bien vestida, delgada y las finas facciones de su rostro en conjunto con el lacio de sus cabellos, la hicieron sentirse poco atractiva.
La morena intercambio miradas entre ambos, pero fue el hibrido quien rompió el incómodo silencio.
–Yo puedo explicarte.
Ella le dio una oscura mirada quería gritarle, golpearlo, quería hacerle saber que la había herido pero no lo hizo porque, sería muy hipócrita de su parte, después de todo ella estaba haciendo lo mismo y lo que era peor… lo hacía con su hermano.
–No–Aome cortó– puedo entender...
Él cruzo los brazos por el pecho–No lo haces Aome nunca has entendido nada
La morena respiro agitada–Trate de arreglar lo nuestro–chillo enfurecida–¡Me vendiste!
Inuyasha gruño–¡Nada de eso funcionaba! ¡Es tu culpa, si tan solo fueras buena en la cama!-él se cerró la boca de golpe o mejor dicho por un golpe que la morena le había regalado.
Aome sentía un dolor punzante en los nudillos de su mano, él tenía el rostro duro como piedra, pero la rabia emanando de ella logro camuflar la herida.
–Eres un estúpido–Mascullo.
El gruño aún más fuerte y se alejó hasta recostarse sobre la pared mas cercana –Algún día tenías que saberlo, todo lo que hacías solo lograba asfixiarme –Aome lo miro perpleja–Estabas todo el tiempo tras mí, cuando lo único que necesitaba era un poco de libertad–el cerro los ojos instintivamente para aclarar las ideas, y cuando los abrió, la joven seguía en la misma posición de incredulidad.
–Libertad para engañarme–ella finalmente dijo señalando a la segunda morena quien se mantenía ajena a la discusión, Inuyasha negó con lentitud–No puedo creerte…–susurro, se llevó la mano a la frente mientras trataba de regular su respiración.
El mestizo suspiro–Aome es mejor que te marches…– sugirió en voz baja, aunque pudo percibir cierta irritación a tras luz. Ella tenía que ser la molesta no él.
Eso logro que perdiera la cabeza.
Dio grandes zancadas hasta la salida y justo en el marco de la puerta se detuvo–Sabes…–susurro ladeando el rostro para verlo con aires superior–Tu tampoco eres bueno en la cama–Inuyasha frunció el ceño ante sus palabras–Tu hermano es muchísimo mejor…
Y con esto último, se fue.
Una vez dentro de la limosina, la morena permaneció en silencio no hacía falta ser un genio para percatarse de toda la furia que recorría su cuerpo, con el ceño dolorosamente fruncido y la boca echa tan solo un línea. Aome ni si quiera lo estaba mirando, porque si vista estaba fija sobre la vista exterior que le brindaba la ventana, además de que algunos mechones de cabello le cubrían los ojos.
Sesshōmaru dio una señal y el auto arranco nuevamente, la morena gradeció internamente que no preguntara al respecto.
…
En el hospital Rin fue separada de los adultos, para comenzar con sus estudios, así que tanto Aome como el demonio fueron guiados a una sala de espera privada, esta tenia incluso su propia cafetería y personal cuidado de ella.
–Deberías ponerte hielo–Sesshōmaru finalmente hablo, luego de lo que parecieron días, su tono de voz extremadamente tranquilo atrajo la atención de la morena.
Aome parpadeo completamente descolocada–¿Qué?–Entonces el señalo su mano.
Formo una O con los labios, se había olvidado por completo encogió los hombros y sonrió avergonzada–Quizás tengas razón…–ella murmuro pensativa.
–"Debería regresar y golpearlo de nuevo"
Y como si el leyera sus pensamientos sonrió, solo que Aome no lo noto porque estaba sumida en sus propias cavilaciones.
Sesshōmaru tenía una gran curiosidad, ¿Por qué no lloraba amargamente por el hibrido?
–"Tal vez no lo ama"
Aquel pensamiento, le dejo una sensación liviana en el pecho.
–¿Crees que Inuyasha me fue infiel siempre?–ella de repente dijo con sus ojos fijos sobre él y de repente rio, el sonido era amargo y sin una pizca de gracia–Es una tontería, mejor olvídalo–susurro, Inuyasha no podía, no se atrevería ¿o sí?–¿Se burlaba de mi todo este tiempo?– El permaneció en silencio, Ella jadeo y abrió desmesuradamente los ojos–¿Sesshōmaru?–Aome insistió.
–Señor Taisho–Llamo uno de los médicos apareciendo de repente, el mencionado se puso de pie de inmediato–Los estudios de Rin ha terminado, los resultados estarán listos en las próximas horas, le enviare el informe por correo– informo este.
–De acuerdo–El Inu respondió, Rin apareció siendo acompañada por una enfermera.
Aome la sostuvo entre sus brazos–Has sido una niña muy valiente–le susurro mientras acariciaba sus mejillas.
Rin parpadeo con aire inocente–¿En verdad?–cuestiono recibiendo una afirmación por parte de los especialistas.
–Sí, has sido tan valiente que te mereces un premio.
Los ojos de Rin se iluminaron, mientras una sonrisa de oreja a oreja se colaba en sus facciones–¡Quiero ir a la playa!
Aome sonrió y Sesshōmaru asintió de acuerdo.
Continuara…
