Capítulo 42
Primera nevada. Un mes (Día 30)
Rin se estiro con pereza sobre el gigantesco sillón, este lucia como una cama y se sentía igual de cómoda, llevando a su nariz la humeante taza de chocolate caliente y aspirando aquel dulce pero también adictivo aroma, sonrió.
En este preciso instante, no podía pedir nada más para su vida porque en los últimos días estaba siendo la niña más feliz de la tierra.
Rin había decidido rendirse, podía marcharse tranquila, sabiendo que su amo no estaría solo… que jamás volvería a tener esa vida solitaria y vacía, porque la señorita Aome y su bebe estarían acompañándolo.
Ella siempre había creído que llego a la vida de su señor como una especie de Ángel, Rin había creído que fue ella quien lleno de colores la vida del Youkai, ahora entendía que fue él quien llego a la vida de Rin para cuidarla.
Sesshōmaru era su Ángel, su protector, su padre.
Ella sonrió a la morena de cabellera azabache que caminaba en su dirección, dejo el chocolate aun lado y espero a que estuviera cerca para poder abrazarla.
–¿Señorita?
–Sí, Rin
–La quiero
La joven sonrió y beso sus cabellos–También te quiero preciosa.
Cerró los ojos con fuerzas y deseo a los cielos que algo mágico pasara o de lo contrario rompería en llanto y no quería preocuparla, tampoco deseaba alarmar a su señor.
–Eso es… ¿Nieve?–Aome murmuro mirando a través de la ventana.
Rin alzo los ojos–¡Esta nevando!– salto del sillón y corrió atravesando el pasillo, sus pasos se oyeron sobre el piso de madera, Aome se apresuró a seguirla.
–Rin espera, debes ponerte un abrigo antes–rápidamente le coloco una bufanda y un saco lo suficientemente grueso para repeler el frío, la morena sonrió y acaricio sus cabellos–Listo
–Gracias–sin demorar un segundo más correteo hacia afuera, en lo alto del cielo no había ni una pisca de azul, tan solo era un colchón de nubes blancas y grises perdiéndose en el horizonte, palpando el pico más alto de las gigantesca cadena de montañas, mientras una espesa niebla comenzaba a descender por la planicie.
Pronto las copas de los árboles se fueron tiñendo de blanco al mismo tiempo en que una fría brisa soplaba desde el norte.
–Es la primera–lentamente el suelo comenzaba a teñirse de ceniza.
La morena se giró sin entender–¿Qué?–cuestiono sonriéndole.
Sesshōmaru camino hasta ponerse a su lado–La primera nevada–puntualizo y los ojos azules brillaron con sorpresa, haciendo de su boca una O miro con devoción los copos caer, algunos quedaron sobre su ropa pero estos perduraban tan solo unos segundos antes de convertirse en nada.
Aome rodeo su vientre con ambos brazos–Nevaba el día en que la conoció–Recito, mientras una dulce sonrisa se colaba entre sus labios.
–¿Qué significa?–el demonio pregunto a su costado, él podía hacer que su corazón se acelerase con tan solo escucharlo.
–Es una historia que mi padre solía contarme cuando era pequeña…–comenzó a narrar con cierta pizca de melancolía–Cierta vez una Deidad bajo a la tierra y se encontró con un joven humano, herido y solitario, atormentado por un oscuro pasado–ella sonrió mirando como Rin giraba sobre sus pies y los brazos abiertos, con los ojos cerrados y una enorme sonrisa recibía la nieve caer del cielo–Dese el momento en que lo vio la deidad lo amo, se quedó a su lado cuidando de sus heridas, durante tres días… fueron muy cercanos… y el antes desdichado humano volvió a ser feliz, durante ese breve tiempo…
–¿Solo tres días?
Aome asintió, sonreía pero era un gesto triste–Cuando sus heridas sanaron… ella… ella desapareció, su tiempo en la tierra había terminado–estaba llorando, podía sentir gruesas lagrimas bajar por sus mejillas–Le prometió al joven regresar, los años siguientes con la primera nevada.
–La espero.
La morena asintió–Todos los años en el mismo lugar, durante tres días se sentaba a esperarla y cuando los primeros copos de nieve caían, él podía ver a su amada…–Extendió una de sus mano al frente, con la palma abierta sonreía tontamente–Dicen que si ves la primera nevada con la persona que amas…–ella dijo suavemente con las mejillas rosadas, Sesshōmaru la veía atentamente siempre lo hacía, aunque ella no supiera notarlo la veía desde hace tiempo– Su amor perdurará para siempre…
–¿Es una promesa?–lo escucho decir, logrando que ella sonriera aún más y se girara para quedar frente a frente.
–Así es–susurro antes de rodearlo con sus brazos, el youkai tardo segundos después en reaccionar, y aunque sus brazos permanecieron a los costado inmóviles, dejo caer su barbilla sobre la cabellera azabache y cerrando los ojos se dejó llevar por su aroma, no respondió, Aome no necesitaba escucharlo, en su corazón estaba segura de que él había aceptado el trato.
–"Permanecer contigo para siempre"–
–Oye…–ella dijo mientras se alejaba un poco–Debería hacerte firmar un documento, donde quede claro que no podrás dejarme nunca–ella dijo riendo divertida–Si lo haces…–ahora ella tenía el ceño fruncido–Juro que te golpeare.
El demonio asintió, su rostro pasó de ser tranquilo a serio, quizás nervioso, Aome lo percibió, pensó que sus palabras lo habían incomodado y antes de que la morena pudiera decirle algo, él hablo:
–En ese caso tendré que asegurarme–él dijo y lo siguiente que Aome vio fue como metía la mano dentro del bolsillo delantero de sus pantalones y sacaba una pequeña caja de terciopelo negro.
Sesshōmaru abrió el pequeño cofre y en su interior un anillo de diamantes brillo, de pronto ella había quedado muda, con los ojos bien abiertos.
–Miko–dijo y Aome lo miro expectante aun sin poder emitir sonido alguno–Te ordeno que seas mi esposa.
Ahí la magia se rompió.
Aome reacciono frunciendo el ceño y haciendo de su boca un pechero–Tú Idiot–los labios del youkai estaban sobre los suyos, una exquisita forma de callarla.
Toda queja murió en su garganta, los balbuceos de reclamos pasaron a ser una respiración profunda, entrecortada, cuando ella abrió su boca y se fundió en él, dejo que su lengua entrara, basándola cada vez con más intensidad, embistiéndola, saboreándola.
Dios, era maravilloso.
La acerco aún más, apretándola contra su pecho mientras una de sus manos acariciaba la piel de su nuca, luego arrastro la mano e hundió los dedos entre las ondas de su cabello.
La exquisita sensación de tenerla entre sus brazos fue interrumpida por la falta de aire.
Aome suelta un jadeo, permanece quieta mientras el aire agitado ingresa a sus pulmones, une su frente con la del demonio al mismo tiempo en que una sonrisa crece en sus labios–Idiota…–susurra al fin sin aliento, para nuevamente volver abrazarlo.
Olía tan bien y estaba tan cálido, era arrogante con un carácter de los mil demonios, con un pésimo discurso para pedir matrimonio. Aome ahoga una risa contra su pecho. Aun así ella lo sentía tan perfecto.
–¿… Hace cuánto tiempo lo tienes?–murmura alzando la vista, los ojos de su mujer estaban más brillantes que las estrellas.
El semblante del youkai se relajó–No mucho–respondió tomando la mano izquierda–"Unos ocho años aproximadamente"–pensó para sí mismo apretando el agarre con suavidad y seguidamente deslizar el anillo por su dedo anular.
Ella se alzó en puntas de pie, se apodero de los labios ajenos con los suyos, Sesshōmaru rodeo la cintura con sus brazos.
Los copos de nieve caían a su alrededor y a lo lejos Rin estaba sonriendo
–Mi amo no estará solo, aunque usted no pueda verme, estaré ahí.
Continuara.
Hola a todas llevo tiempo sin poner un comentario personal en esta historia, solo quería decirles que las leo a todas, tratare de estar mas activa por aquí, en caso de que quiera preguntarme algo pueden hacerlo mandando un MP o a través de mi pagina en Facebook "PuniTaisho" que es donde estoy la mayoría del tiempo.
Se que están ansiosas por saber que sucederá y después de leer este capitulo estarán tristes, quiero decirles que no se alarmen, porque aun no termina, sean pacientes y esperen a ver que sucede.
:* hasta la próxima
Namaire
