IV. CONFESIONES

En los largos pasillos de las habitaciones, Mavis corría como si no hubiera un mañana, estresada por todo lo que acababa de ocurrir, la sangre de sus heridas y de sus manos se escurrían manchando el suelo a cada paso que daba.

- ¡oye ten cuidado al correr en los pasillos! - advierte una de las cabezas que estaban en las perillas.

La chica no lo alcanza a oír bien, distrayéndose y cayendo de cara contra el suelo, provocando que le doliera mucho.

La cabeza está sospechando de algo, justo en eso empieza a oler el lugar.

- ¿acaso huelo a sangre? Espero no equivocarme.

-no te equivocas para nada amigo, también lo estoy oliendo. – menciona la cabeza de otra habitación cerca de esta, apoyaba la conclusión de su compañera.

-es como si hubiera una masacre aquí ¿otro vampiro habrá cazado a los humanos? -pregunta con sarcasmo, causando que las 3 procedan a reírse.

Toda la conversación provoca que Mavis tenga más ansiedad, sin pensarlo dos veces se cubrió sus oídos, entre dientes notaba que le retumbaba la cabeza a tal grado que el líquido rosa salpicaba desde sus ojos y boca.

- ¡Cállense! -ese grito de desesperación provoca que las cabezas dejen de hablar, al momento de decirlo ella se levanta, llegando al fin a su habitación.

Sin pensarlo dos veces intento abrirla rápidamente, aunque le cueste trabajo ya que su vista se le nublaba un poco, el forcejeo llama la atención de la cabeza de su puerta de habitación.

- Wow, oye niña cálmate un poco- la chica le hace caso omiso. -esa puerta no se abrirá si sigues forcejeándola así, sería mejor que te cal- Mavis le cerro la boca usando la telequinesis, causando que ella también forcejee un poco.

Entre suspiros logro entrar a su habitación para después irse al baño y tomarse una ducha, se sentía aterrada consigo misma, por todo lo que había hecho, no podía creer que haya herido de gravedad a las 2 personas que más amaba.

Las frías gotas se dejaban recorrer todo su cuerpo de cabeza a pies, ella intentaba limpiarse toda la sangre que tenía derramada, incluso la que no paraba de salir de su ojo ya que no puede regenerarlo tan rápido como antes por una extraña razón.

Su padre llega a tiempo al frente de la puerta, algo que llega escuchar la vampira, aumentado de nuevo sus fuertes nervios.

- Mavis, nena ¿estás ahí? – pregunta el, preocupado ante la situación de su hija.

- ¡lárgate, quiero que me dejes sola! -grita con desesperación.

-solo quiero hablar contigo, respecto a lo que paso… -intenta explicarles sus intenciones, sin embargo, la vampira se niega a escucharlo. -sé que tienes mucho miedo e incluso confundida pero no fue tu culpa lo que acaba de pasar, solo déjame explicártelo todo, la verdad es que lo que te está sucediendo... es culpa mía- lo decía sintiéndose decepcionado de sí mismo.

Esas últimas palabras dichas por su padre la sorprenden, de manera inesperada siente un fuerte dolor de cabeza, sus pupilas brillaban de nuevo, dejándose ver el tono rosado en esta, de alguna manera desconocida sentía mucha ira, ¿tal vez por lo anteriormente mencionado?

Dracula sentía como le apretaban el cuello, al grado de no poder respirar, aunque intentaba liberarse fue en vano, de repente lo levantaron usando la telequinesis, dándose cuenta de que Mavis cometía el acto contra su padre.

- ¡te dije que me dejaras tranquila! -gritaba con mucha furia al momento que lo golpeaba fuerte contra la pared, causando que se forme una grieta considerable.

Algunos huéspedes del hotel salen de las habitaciones para observar lo que pasaba ya que el fuerte golpe los asusto un poco, la mirada de varios le pesaba al Conde Dracula, quien se sentía un poco asustado, algo muy extraño viniendo del príncipe de la oscuridad.

-Mavis… por favor- intentaba formular las palabras con dificultad debido a su cuello que lo apretaba cada vez más.

Aunque la vampira no le hacía caso, alcanzaba a escuchar los varios susurros, críticas hacia su persona y la pésima acción que estaba haciendo, ahí es cuando entendió que estaba causando más problemas, soltándolo al instante.

Dracula comenzó a toser mucho, los huéspedes intentaron ayudarlo, pero él se negó.

-lo siento…n-no fue mi intención -decía con una voz cortante. -solo déjame en paz… -ella comenzó a llorar mientras sentía el líquido rosado escurriendo por su boca y fosas nasales.

El príncipe de la oscuridad escuchaba sus llantos, deprimiéndolo un poco ya que su hija se encontraba en esta situación que el mismo había provocado, ya no tiene caso seguir intentándolo.

Se marcho del lugar, no sin antes abrirle la boca a la cabeza que cuidaba la habitación de Mavis, la cual reacciona con alivio.

-por fin, ni siquiera entiendo que es lo que estaba ocurriendo aquí, esa niña sí que fue grosera conmigo. -decía la cabeza un poco indignada.

El hotel se encontraba en pésimas condiciones en estos momentos: los escombros eran muchos y era difícil quitarlos todos, algunos monstruos se esforzaron por ayudar a varios que estaban heridos, otros se sentían con bajos ánimos, tristes, confundidos incluso algunos se sentían enojados, y quien no lo estaría, hay muchos heridos, ni hablar de las vidas que se han tomado por culpa de los soldados.

Todo esto lo tuvo que observar Dracula, quien se encontraba culpable de todo este daño, la ansiedad lo carcomía por dentro y no sabía cómo arreglarlo.

Pedro y Hank por fin salen de los aposentos de cerbero, aunque se sentían aliviados, observaban todo el destrozo que había ocurrido por todo el lugar, fue grata su sorpresa al ver a Wendy muy herida, sin pensarlo dos veces fueron a ayudarla, pero también se preguntan qué fue lo que le ocurrió a Mavis.

El príncipe de la oscuridad paso por la sala de urgencias, observando con vergüenza al chico del cabello café, quien tenía heridas de gravedad, sin embargo, los enfermeros no se podían rendir, no podían dejar que Jonathan, el chico que Mavis amaba con todo su corazón muera.

Siguiendo con su camino, llega a la cocina para sentarse, tenía que reflexionar un poco acerca de su pasado, la noche que encontró ese cristal rosado…

Enseguida alguien le pasa una botella llena de sangre, por supuesto que estaba sorprendido por eso, tomando un poco.

-oye, te lo agradezco.

-no me lo agradezca Monsieur Dracula. -le contesta una voz conocida para su mala suerte.

-oh, eres tú Quasimodo. -dijo seriamente.

-para servirle su majestad, he notado que tuvo problemas paternales últimamente ¿o me equivoco? -pregunta el chef, dirigiéndose hacia el príncipe de la oscuridad.

- ¿te refieres a lo que acaba de pasar? Diría que sí, lamentablemente no es de tu incumbencia- responde de manera seria, negándose a darle más detalles.

-oh por favor, todos vimos con claridad como su hija se comportaba como un animal. -esas crudas palabras alarmaron a Dracula, quien volteó a observarlo con furia, sin embargo, procede a continuar. – podría sonarle ofensivo, sin embargo, le cuento la verdad desde mi perspectiva y la de todos; esa mocosa causaba problemas en su tiempo de ausencia y ahora asesina no solo a humanos si no a monstruos, si yo fuera usted notaria al instante que ella no se encuentra bien psicológicamente, solo es un recipiente inestable que usó como una excusa para ocultar tu querido artefacto rosado.

Alguno de los presentes se sorprende por la revelación, algo que molesta mucho al príncipe de la oscuridad por ciertos motivos, rápidamente lo agarra usando la telequinesis:

-tal vez me equivoqué, debí dejar que te quedaras paralizado por más tiempo- dice Dracula entre dientes en forma de amenaza, sin embargo, el chef no se siente de ese modo.

-le dije que le iba a resultar ofensivo su majestad- responde a su amenaza con sarcasmo.

-ve al punto Quasimodo- continúa amenazándolo, lo cual finamente accede.

-es mejor que les cuente la verdad a todos, nada le servirá si lo sigue ocultando su excelencia- recomienda Quasimodo de manera tranquila.

Esto deja pensando a Dracula, tampoco es que le queden muchas opciones para conseguir que perdonen a su hija por lo que ha pasado.

En ese momento lo suelta y procede a irse sin decir una respuesta a la propuesta del chef, no sin antes decir unas últimas palabras:

-no me digas su majestad, no quiero tener nada que ver con mi padre- al decir eso, se retira a su habitación.

-como usted quiera Monsieur… -menciona Quasimodo sonriéndole con elegancia.

Varias horas han pasado, el príncipe de la oscuridad se encuentra en sus aposentos con la mirada baja, seguía reflexionando en como poder decírselo a los huéspedes, aún peor, a su propia hija.

Esos sentimientos de culpa lo carcomían en lo más profundo de su alma, sinceramente no sabía qué hacer con todo el peso encima.

En eso ve el retrato de su amada esposa, observándolo con tristeza.

-querida, si tan solo estuvieras conmigo me ayudarías con el problema que me he involucrado…. -al decir eso observa una foto familiar de él y su pequeña hija jugando, cosa que lo pone más angustiado. -tu entenderías perfectamente los sacrificios que tuve que hacer para el bienestar de nuestra hija… -se lamentaba.

De manera inesperada la puerta de su habitación se abre bruscamente, alarmándolo al instante. Eugene y Wanda llegaron muy enojadas, queriendo una explicación sobre lo que le pasaba a Mavis, atrás de ellos se encontraban Frank, Wayne y Murray quienes intentaban detenerlas.

-perdona Drac, intentamos calmarlas, pero fue difícil- menciona Frank nervioso.

-no más juegos Dracula, nos debes una gran explicación ¡¿Qué está ocurriendo?! ¿Por qué Mavis reacciono de esa manera? – exclama muy molesta.

-ni siquiera fueron sus instintos ni la necesidad de beber sangre, ¡nuestra sobrina se los comía uno por uno, no solo humanos, si no monstruos también, ella casi mata a mi hija! - Wanda de igual forma exclama en contra del príncipe de la oscuridad, quien estaba un poco nervioso.

-entiendo que estén enfadadas conmigo y que les merezco una buena explicación a todo esto. -estaba a punto de explicarles, pero no contaba con que alguien lo interrumpiera.

-en efecto hermano, es mejor que confieses lo que está pasando- dice Lydia seriamente, dando pasos hacia él. Cosa que molesta un poco al príncipe de la oscuridad.

-yo temía que este día llegara, para serles sincero ni siquiera pensé que ella se comportara así. -dice el, decepcionado de sí mismo.

-sigue hablando... -ordenaba su hermana manteniendo la seriedad, no cabe duda que le daba curiosidad por lo que dijo.

Antes de contar todo, pego un fuerte suspiro y se armó de valor ante todos que lo veían: algunos sintiéndose preocupados, pero otros están al pendiente de lo que dirá.

-la verdad es que… los comportamientos de mi hija fueron por mi culpa, he cometido muchos errores en el pasado y me arrepiento de ello, uno de esos problemas fue confiarme en un artefacto prohibido por la asociación vampírica, una especie de cristal capaz de concederte cualquier cosa…

Lydia recuerda perfectamente ese dichoso artefacto entendiendo lo que les explicaba, en eso lo aprieta usando la telequinesis enojada y lo eleva.

Los demás estaban preocupados mientras que Dracula no podía moverse, aunque forzara a hacerlo.

-nuestro padre nos prohibió estrictamente darle uso al cristal rosa, ¿Cómo te has atrevido a romper ese juramento y poner en peligro los clanes? -pregunta con furia hacia su hermano.

-señorita Lydia no es para tanto, por favor déjelo ir- ruega Wanda al verlo con dificultades para respirar.

-ella tiene razón, aún hay posibilidad de arreglar todo lo que causo, incluso lo que causamos nosotros si es necesario -explica Frank, intentando ayudar a su amigo.

Esa acción fue mala idea ya que, al momento de terminar, Lydia los levanto y apretó de igual forma, tanto a Wayne como a Frank y Murray.

-mi espalda, me duele- decía la momia con todo el dolor del mundo, gritando un poco.

-No tenía idea de lo que podía pasar… no medí las consecuencias de mis acciones…. Solo quería protegerla…. -explicaba con dificultad el príncipe de la oscuridad debido a que intentaba respirar.

La varonesa lo pensó por un momento, ella seguía enojada y está más que claro que debía disculparse y aprender de la estupidez que ha cometido, finalmente soltándolos a todos.

Entre fuertes suspiros, tuvieron que escuchar tosiendo las advertencias de la vampiresa hacia ellos:

-tendrán que arreglar todo y contarle la verdad a Mavis y a todos los huéspedes del hotel. -al terminar sus palabras pone su mirada a su hermano con seriedad. -es mejor que lo hagan rápido ya que la próxima no tendré piedad, en especial contigo… -al decir eso se comienza a marchar fuera de la habitación, alcanzándose a oír un fuerte golpe entre la puerta, indicándose de que la había cerrado.

Toda esta presión se dejaba notar en el pobre Dracula, quien se sentía acorralado, aun así, reconoce que ella tiene razón, es hora de confesarle todo a su hija y a los demás, sin embargo, empieza a sentir un miedo extraño en sí mismo.

Wanda y Eunice ayudaban a Frank, Murray y a Wayne a levantarse, una de ellas nota enseguida el miedo que está sintiendo el príncipe de la oscuridad.

-a pesar de que puede ser difícil decir la verdad, les apoyaremos, a todos -menciona Wanda de manera comprensiva.

-tu hija lo entenderá, tómalo con calma- dice Eunice para animarlo.

Esto le da un alivio, al menos tendrá apoyo en esto, demostrándoselos con una sonrisa, está seguro de sí mismo, aun así, deben asegurarse de lo que podrían decir sin llevar a más pleitos.

En la recepción del hotel, Lydia nota que su gallina Diane no se encontraba a su lado como de costumbre, sospechando de su ubicación, haciendo lo que cree que hace, terminando con ya irse a su habitación.

Diane corría en las habitaciones, encontrándose con Mavis caminando en esta, se veía más deprimida sin razón aparente además estaba por entrar a su habitación.

El animal sin pensarlo dos veces fue hacia ella, haciendo un cacareo para llamarle la atención, cosa que logra hacerlo.

- ¿Diane? -la vampira voltea a mirarlo, llenándose de asombro.

La gallina está decidida a acompañarla, estando a su lado sin tener ningún problema por lo sucedido.

Esta acción le hace sonreír un poco.

-en estos momentos... me alegra que estes aquí amigo- justo al terminar, los dos entran a la habitación.