Los personajes y la historia de Candy Candy son propiedad de Kyoko Mizuki. La historia de mi autoría y el fin de lucro, solo es para el entretenimiento y la felicidad de las seguidoras de Terry.

Hola! Les dejo la actualización.

Capítulo once

CONOCIÉNDONOS

La reunión con la directora Gray fue todo un éxito, la docente quedó encantada con las referencias de Candy y sus conocimientos, lo poco que conoció en esa entrevista, supo que la pecosa era una mujer dedicada a su trabajo, ella emanaba ternura, calidez y confianza. Y más aún cuando se enteró de la situación que vivió con el accidente de su esposo y que en éste se vio involucrada Karen Granchester, a quien ella conocía perfectamente. Ya había sido informada previamente sobre el perdón que le otorgo Candy.

Alan y Abel quedaron inscritos en el Colegio, entrarían junto a su mamá en dos días, dado que no tenían ni veinticuatro horas en aquél país y necesitaban descansó.

Al salir del recinto, Candy, Albert, Joseph, Annie y Patty, se dirigieron a desayunar a una cafetería cercana al Colegio. La verdad a cada uno ya le urgía probar alimento. La pequeña cafetería era un lugar bastante acogedor. Todos hicieron su pedido, más Candy pidió doble porción, su apetito era mucho. De hecho ella siempre fue de buen comer.

Entre plática amena, bromas, los adultos disfrutaban. Patty y la pecosa hicieron buenas migas. Y ahora que trabajarían juntas, la plática se centró en eso.


Terry y Stear salían de los juzgados, habían ido cada uno a tratar asuntos relacionados con sus respectivos casos. Al encontrarse quedaron de ir a desayunar. Stear lo invitó a qué lo acompañara con Patty a dónde ella estaba, el castaño aceptó sin imaginar a quién se encontraría en aquel lugar.

Hicieron su arribó y al llegar, saludaron a los presentes.

-Buenos días.

-Stear, Terry. Que gusto. – saludo Albert levantándose de su lugar, dándoles un pequeño abrazo.

-Bert, no sabía que estabas aquí. Y Patty? – preguntó Stear, mientras le daba la mano a Joseph.

-Fue al sanitario con las chicas, ya no deben tardar.

-Joseph te presentó a mi amigo y socio, Terry Granchester.

-Joseph White, un gustó. Ya nos conocíamos de vista.

-Así es. Sólo Terry.

-Sólo Joseph.

-Mira aquí vienen. – dijo Bert

-Mi amor, pensé que ya no venían. Hola Terry. – Patty saludos con un beso en la boca a su esposo, y después con un beso en la mejilla al castaño.

-Hola Candy, Annie. Supongo que ya conocen a Terry. – habló Stear.

-Claro, cómo has estado Terry? – saludo Annie.

-Estoy. Y tú tímida?

Annie sólo sonrió. Ése apodo se lo puso Terry desde que eran adolescentes, y por su carácter introvertido. Aunque no eran amigos íntimos, si eran cercanos. Su relación se remonta a cuándo ella fue novia de Archie y posteriormente su esposa. Dejo de verlo después de su divorcio de éste y su regresó a Estados Unidos. Sólo lo vio un par de veces en los juzgados cuando lo de Anthony. Así qué no se sorprendió de su corta respuesta, y de su singular forma de llamarla.

Candy veía la escena entre su amiga y cuñada, con Terry. ¿De dónde lo conocía? Bueno, nunca hablaron de él, cuándo fue todo el procesó de su esposo, ella estaba en otro mundo. Todo pensó menos que vería a este hombre de nuevo. Había olvidado que él abogado era un hombre muy intimidante, con mucha presencia y un porte que imponía. Y aparte era muy guapo y atractivo. Salió de sus pensamientos al oír la voz de Terry.

En cuanto a Terry, estaba sorprendido. ¿Por qué carajos no le pregunto a su amigo con quien estaba su esposa? Claro, Bert le dijo que su cuñada llegaba a vivir a Londres. Y a él se le olvidó por completo. Se dedicó todo el fin de semana a preparar su caso, qué no lo recordó. Si hasta el favor que le pidió su amigo con respecto al colegio de sus niños, lo había dejado de lado. Y ahora estaba delante de él, y lo más seguro es qué le dijera de eso. Y por otra parte no podía dejar de saludar a la dueña de esos hermosos ojos verdes. Estaba hermosa la mujer. Tuvo que usar su autocontrol para poner su mejor rostro de seriedad en dónde no mostraba ninguna emoción.

- Señora Andley. ¿Cómo está? – preguntó

-Abogado Granchester. Muy bien gracias. ¿Y usted? – devolvió Candy la pregunta.

-Aquí acompañando a mis amigos. – Terry se obligó a responder cortésmente.

-Ya que estamos todos presentados. ¿Que les parece si tomamos asiento de nuevo? Supongo que Stear y Terry tienen hambre. – habló Albert.

Los susodichos tomaron asiento y pidieron su desayuno. El tiempo transcurrió, de nuevo entre charla, y miradas casuales entré Terry y Candy. Sólo eso, porque el caballero ingles casi no participaba en la plática. Lo qué él si pudo notar era que la señora Andley, cómo el la llamaba, era una mujer suelta, hablaba con facilidad, risueña, sumamente agradable. Para todo tenía tema de conversación, y lo que más le impactó era que se preocupaba por que los demás estuvieran a gusto. Le interesaba conocer a las personas. No era nada tímida, a su parecer una persona muy perspicaz. Nada que ver con la mujer que conoció hace un año atrás. Y para rematar estaba sumamente hermosa con ese nuevo look que traía. Si, eso fue en lo primero que se fijo cuándo la vio. Ahora llevaba el cabello suelto medio ondulado, le llegaba a media espalda, con un corté de capas largas, un flequillo a media cara hacía un lado, y mechas que resaltaban sobre su cabello rubio. Su maquillaje ligero, y llevaba un vestido azul claro de manga larga ceñido a la cintura con la falda suelta y un poco de vuelo hasta las rodillas. Medias y zapatillas de medio tacón.

A sus ojos le parecía una de las mujeres mas bellas que había conocido. No podía negarlo más. Candice White le atraía . No, le gustaba desde la primera vez que la vio. ¿Qué iba hacer ahora con ese gustó? No lo sabía. Pero ahí estaba a unos centímetros, con esa sonrisa qué se le antojaba fuera sólo para él, e invitaba a besarla con verdadero ahínco. Tenía que calmarse y pensar en otra cosa, si no cometería una reverenda tontería; y ya estaba grande para actuar cómo un puberto.

-Terry, le decía a Candy qué tú tienes la información del colegio donde va el dúo dinámico. – Albert interrumpió los pensamientos de Terry.

-¿Dúo dinámico? – preguntó Candy con una sonrisa.

-Así le décimos a sus gemelos. Cuándo los conozcas nos darás la razón. – opinó Stear con una risita.

Terry sólo rodó los ojos e hizo su ya característica sonrisa de lado. No le gustaba mucho qué le dijeran así a sus hijos. Todo por culpa del elegante, ese idiota solo abría la boca para molestarlo y decir tonterías. Sus hijos sólo eran un poco traviesos. No era cómo qué conspiraran entre si, y se unieran para hacer locuras.

-Bueno no estamos aquí para hablar de mis hijos. – Terry volcó su atención a Candy, y habló: - Señora Andley…

-Candy. – interrumpió la pecosa.

-¿Cómo?

-Llámame Candy. Eres amigo de mis amigos, así que no le veo problema. Además somos casi de la edad. Puedo llamarte Terry, verdad?

-Terry esta bien. Entonces Candy, cómo te decía…

A partir de ese momento, la plática entré Candy y Terry fluyo de manera agradable. El castaño le informó sobre el colegio para Asael, quedando al día siguiente de verse en el recinto. El tiempo de los amigos concluyó y se retiraron a sus deberes.


El restó del día, Candy lo uso para acomodar y poner en orden su nuevo hogar. Llegó la noche, y la familia se dispuso a cenar y a comentar las próximas actividades. Alan y Abel terminaron de cenar y se retiraron a su habitación. Albert se despidió de las Candy's, al siguiente día se encargaría de llevar a su cuñada hacía dónde Terry. Mamá e hija se quedaron en la sala a platicar junto con Asael, quién se quedó dormido en las piernas de su mamá.

-¿Así que mañana vas a ver al hermano de Karen? ¿Es muy guapo verdad? – preguntó Candice a su hija.

-Mamá, ¿Es en serio lo qué me estás preguntando? – respondió Candy sacada de onda por la pregunta de su mamá.

-Por supuesto hija. Tendría que ser ciega para no ver que ese joven está cómo me lo recetó el doctor. – contestó su madre con un guiño de ojo.

-Por Dios mamá. Te Estás escuchando?! Sólo has visto a Terry un par de veces a lo mucho. Además que diría mi papá si te escuchará. – Candy estaba sorprendida por la actitud de su mamá.

-El hecho de que haya visto a Terry, cómo tú le dices un par de veces, no quiere decir que no me fijará en él. Y en cuánto a tu padre, no dirá nada. Él está en Chicago y yo aquí, no tiene por qué enterarse, al menos que tú le digas algo.

Al ver la cara de espanto que puso su hija, Candice soltó a reírse. -Candy, relájate mi amor. Es una broma. Yo amo a tu padre y no hay lugar para otro hombre. Sólo recordé a ese joven y lo guapo y elegante que me pareció. Nada más.

Ya en serio hija. Me da gustó qué estés haciendo nuevas amistades. Y me da doble gustó que hables de Terry con simpatía. Recuerdo que hace un año no podías oír su nombre sin alterarte. Te caía realmente mal, por ser el abogado de Karen. Pero eso me deja ver que has ido superando todo lo que pasó. – Candice acarició las manos de su hija.

-Gracias mamá. No tiene casó seguir con rencores. Es tan corta la vida, que malgastarla en cosas negativas no vale la pena. Y sobre Terry, me cayó bien. Es buen tipo.

-Y guapo. – Candy sólo movió la cabeza y sonrió por las ocurrencias de su mamá.

Después de despedirse de su mamá, quién estaba dormida en una orilla de la cama de Candy. Está se encontraba del otro extremo dispuesta a dormir, su pequeño estaba a su lado. Vio su reloj, el cuál marcaba las doce de la madrugada. Mañana volvería a madrugar para ir al colegio dónde posiblemente su niño se quedaría. Todavía no lo sabia, según Terry era muy buena escuela y tenía un nivel académico muy bueno.

Terry, no pensó qué lo volvería a ver, y mucho menos qué tuvieran una charla muy buena. Era sumamente interesante, por lo poco que platico con él. Reafirmo su opinión que tuvo sobre él en el desayuno. Le pareció un hombre muy culto, serio y educado. Pocas veces lo vio sonreír, pero notó que con sus amigos era relajado. De la última vez que lo vio hacía un año. Su apariencia seguía casi igual. El cabello lo llevaba cortó, a excepción de la barba de candado, y su traje a la medida que lo hacía ver bastante bien. En está ocasión lo aprecio mejor. Al ya no tener ese coraje contra él, pudo notar que tenía una voz muy varonil, en el tono perfecto. Pudo darse cuenta que ese rareza que sintió hacía él en el pasado, era por qué le llamó la atención esa seguridad que tenía, el porte y su bien dotado rostro. Su madre le pregunto si era guapo. Por Dios, Candice White se quedó corta, era guapísimo. Si hasta detalló cada facción de él, en el tiempo que platicaron. Unas cejas pobladas no muy gruesa, unos grandes ojos azules con betas verdes, enmarcados con sus pestañas no muy largas y semi rizadas. Una nariz de tamaño normal, un rostro anguloso y marcado. Y para finalizar unos labios medio gruesos, que sobresalían entre tanta barba. Terry Granchester era guapo. Pero no lo admitiría delante de nadie, eso sólo se quedaba con ella. En ese momento no pensaba en tener algo con un hombre. Su vida estaba enfocada a sus hijos, a que ellos estuvieran bien. Los iba a ayudar a superar todo qué les estuviera lastimando. Lo haría por ellos, por ella y por Anthony. Al fin de cuentas por eso se encontraba en otro país.

Y con esa convicción se quedó dormida, abrazada a su hijo.

Continuara…


QUÉ LES PARECIÓ EL CAPITULO, INTERESANTE? COMO PUEDEN DARSE CUENTA CANDY Y TERRY YA SE VOLVIERON A VER, Y YA HASTA PLATICARON Y QUEDARON DE VERSE. EL AMOR ESTÁ RONDANDO A ESTÁ PAREJA.

EL PRIMER PASO ESTÁ DADO, YA ACEPTARON LA ATRACCIÓN QUE TIENE EL UNO POR EL OTRO. SOLO FALTA QUE LO EXTERIORICEN, Y PARECE QUE ESO NO VA HACER TAN SENCILLO, AL MENOS POR EL LADO DE CANDY.

VOY A TRATAR DE ACTUALIZAR MAS SEGUIDO, NO LO PROMETO.

GRACIAS A TODAS POR SU APOYO:

Eli, White Andrew, lively jing, palasatenea2018, Selenityneza, mcvarela, Elydereyes, y todas las guest. Quienes agregaron a favoritos la historia, y a los anonimos.

Nally Graham

Marzo 2019