Los personajes y la historia de Candy Candy son propiedad de Kyoko Mizuki. La historia, de mi autoría y sin fin de lucro, solo es para el entretenimiento y la felicidad de las seguidoras de Terry.
Les dejo la actualización. Disfruten y espero sea de su agrado, la escribí con mucho cariño.
Capitulo catorce
Lunes en el colegio, y Candy tomaba un merecido descanso en el área de profesores, después de una movida mañana con los alumnos. Con un café calientito más una dona glaseada, disfrutando su momento, la enfermera rememoraba su locura de hace días. Más de una semana pasó de aquel episodio, en donde Candy se atrevió a darle un casi beso a Terry. Una semana en donde la rubia había evitado por todos los medios toparse, hablar, o cualquier cosa que fuera tener algún tipo de contacto con el abogado inglés. Se moría de vergüenza en solo pensar lo que había hecho la última vez que lo vio. Según ella pensó, que no se acordaría, pero no fue así. Después de llegar a su hogar, casi despuntando el alba, lo primero que hizo fue dormir abrazada a su almohada; más en el transcurso de su sueño, las imágenes sobre su actuar, fueron llenando su mente. Y lo que prometía un descanso profundo, se convirtió en ir y constante de imágenes en donde ella se veía, tomando con sus manos el rostro del castaño y besando no solo la comisura de su labio, sino besando sus labios de una manera apasionada y necesitada. Lo que ocasiono que se despertara sobresaltada, rompiendo su descanso, y llena de asombro ante tal sueño. Parecía tan real, que sentía sus manos llenas de esa cálida sensación, que fue el haber tocado su piel.
Por esa motivo, fue que evitaba todo acercamiento con él. No sabía como volvería a verlo a la cara. ¿Qué pensaría él de su atrevimiento? A lo mejor pensaba que era una lanzada, no quería ni imaginar en qué concepto la pudiera tener Terry. Su corazón latía frenético al pensar en un sin fin de posibilidades.
—Candy, por fin tenemos un respiro. —Patty llegaba con una charola de alimentos, tomando asiento frente a la rubia.
La voz de su amiga sacó de su letargo a Candy, y con una sonrisa contestó: —Fue una mañana de muchas muestras de sangre, quejas y miedos ante las agujas.
—Ay si pobrecitos, pero es necesario. Lo bueno es que tienen una enfermera muy paciente. Te has dado a querer mi querida Candy.
—Hay que saber tratarlos. Tú lo sabes mejor que nadie.
—Eso si. Es una gran responsabilidad tratar con los jóvenes y entender sus necesidades —respondió Patty alegremente—. Por cierto, el viernes quieren los muchachos que salgamos al cine.
—¿Esté viernes? –la castaña afirmó– No creo poder, quede en ir con los niños a comer después del colegio, y pasar el resto del día juntos. Lo siento.
—No te preocupes, yo les digo. Igual y lo cambiamos para el sábado.
Candy pensó que ya se había librado, pero no. ¿Que pretexto se le ocurriría para no asistir? En todo caso que se cambiara el día de la salida. Ahora, lo de la salida con sus hijos no se lo invento. Si se llevaría a cabo, habían prometido tener un día familiar cada semana. ¿Que tonterías estaba pensando? Ella no tenía porqué inventar pretextos, era una mujer adulta. Lo que tenía que hacer, era enfrentar la situación en la que ella solita se metió. Y si tenía que volver a ver a Terry, pues no quedaba de otra. Tal vez, él ni recordaba lo sucedido, y ella estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua.
Un azote de puerta hizo cimbrar las paredes que la sostienen, eso lo que saca a Leonard Granchester y Stear Cornwell de su animada plática, por el susto que les mete.
—Terry, ¿que pasa? —preguntó el pelinegro.
El aludido bufaba, y ante tal pregunta, su mirada se posa en su hermano y amigo, pasando las manos por su cabello y rostro en señal de frustración.
—¿Qué hacen ustedes aquí? Me quedé que estaban en los juzgados, arreglando la situación del señor Resmond. —Hablo Terry viéndolos con cara de reproche.
—De ahí venimos. Te estamos esperando para darte el resultado —respondió Leo, molesto por la actitud de su hermano mayor—. Pero al parecer estas cabreado y te comportas como un estúpido. Vienes azotando puertas como niñito.
¿me quieres decir que rayos te sucede? Así sabremos cómo hablarte o de plano regresamos en otro momento.
—No estoy para escuchar tus idioteces Leonard. Si no te parece, ahí está la puerta, esta bastante amplia cabes muy bien por ella. —respondió groseramente Terry, señalando la puerta.
Tanto Leo como Stear se sorprendieron ante tal contestación, no es que no supieran como era el castaño, sino que se extrañaron ante esa actitud altanera que él mostraba. Ya tenía rato que no se comportaba de esa manera.
—¿Qué te pasa Terrence? Estás regresando a ser el mismo idiota de siempre. —Afirmó el menor de los Granchester.
—Ya basta los dos, no discutan. Cálmense —Stear intervino con autoridad, ante el próximo despliegue de palabras nada agradables entre los hermanos. Y bien sabía él, que no terminaría nada bien—. Terry no sé porqué estás así. Pero azotando puertas, y portándote de esta manera, no vas a resolver nada. Mejor habla, ya sabes que estamos aquí para escuchar. —él pelinegro sabiamente habló.
Terry trató de tranquilizarse, aunque le era bastante difícil. Su semana no había sido muy buena y relajada como hubiera querido. Primero, su ex, estaba de regreso y le exigía ver a sus hijos. No había sabido nada de ella en meses, y ahora lo amenazaba con hacerle un escándalo, y por si fuera poco, le amenazó con meterle una demanda por pensión, ya que según ella, estaba incapacitada para trabajar. Es que de veras, es mujer no tenía ni un mínimo de vergüenza. Segundo, el casi beso. Ese bendito casi beso, que la rubia White depósito sobre él. El cazador resultó cazado. Su intención al provocarla el día de la reunión, era el ver su reacción. Quería saber, hasta qué punto, ella se sentía atraída por él. Pero jamás imaginó, tal reacción. Lo dejó cómo un inexperto, la mujer resultó ser sumamente atrevida; y eso le encantó. Jamás, ni en sus más locos sueños, pensó que ella iba a ser quien diera el primer paso.
A su parecer, no fue un atrevimiento descarado. Al contrario, le pareció de lo mas provocativo y placentero que la rubia le pudo haber demostrado fuera de su personalidad. Para él es una mujer entregada a su familia, fiel a lo que piensa y es. Y que se haya acercado así, fue más que una confirmación, de que esta sumamente interesada en su persona. Y eso lo llenó se satisfacción y de confianza, sentía que es la mujer que estaba esperando. Alguien que vale la pena, y por quien luchar, para tener una oportunidad de entregar su amor y este no sea pisoteado, ni valorado. Estaba seguro que Candy White era para él.
Por ello, su desconcierto. Candy no le respondía las llamadas, ni los mensajes; y eso lo tenía al borde de la locura. Deseaba volver a verla, oír su voz, su risa, y ella no daba señales de vida. Y para colmo de males, su secretaria, la señorita Marlow. Le confesó, que estaba enamorada de él por medio de una carta. Y ni sabía ni porque ella había albergado eso por él. Cuando nunca le ha dado un solo motivo, su relación siempre ha sido de jefe y empleada. Y ahora, eso le obligaba a tomar una decisión en cuanto al tema laboral, no deseaba sentirse incómodo en su propio lugar de trabajo.
De nuevo se removió su cabello, y dejándose caer en el sillón de su despacho, resoplo: —Discúlpenme, Stear, Leo hermano. No he tenido buenos días.
Los susodichos asintieron, y tomaron lugar en las sillas que se ocupaban para los clientes. Leo le extendió una botella de agua que tenía en su escritorio.
—¿Quieres contarnos? —habló Stear. Aunque me imagino sobre quien es. Se trata de Kristen. —afirmó su amigo.
—De ella, de la señorita Marlow y de la señora White.
—Vaya, estás en un verdadero aprieto. —intervino Leo.
—Ni lo digas. Parece que las damas se pusieron de acuerdo. No quisiera estar en tus zapatos, hermano. —dijo con susto Stear.
Terry se frotaba su sienes, y les dio su peor sonrisa. —Kristen me está exigiendo pensión. Esa mujer, cada vez me sorprende más. Su descaro sobrepasa mi imaginación, cuando ya pensé que había presenciado todo de ella, viene con algo más —toma aire y continua—. Se desaparece un año, según ella recuperándose, y así de la nada viene. Y con las manos en la cintura, me grita y exige que quiere ver a sus hijos, que no se los esconda, que de seguro ya los puse en su contra, y quien sabe cuantas tonterías más.
—Wow, ¿y que piensas hacer? Espero que no caigas hermanito. —habló Leo.
—Por supuesto que no Leo. La sentencia ya se dio, los niños están conmigo, ella solo puede verlos cada fin de semana por un par de horas, eso ya lo sabes. Además si se pone pesada, ella lleva las de perder, por no aparecer en todo este tiempo. Lo que me inquieta, es que quiera hacerse la víctima con sus hijos, y ellos pueden pedir ver a su mamá o interceder a su favor.
—Por eso es necesario que hables claro con el dúo dinámico. Ellos son inteligentes y en su edad van a entenderte Terry. Esta a tu favor que ellos vivieron mucho tiempo con su madre y saben de sobra como es. —dio su opinión Stear.
—Apoyo al inventor, hermano. Kristen ha dejado mucho que desear como madre. —Terry asintió ha lo dicho por su hermano y amigo.
—Ya veré como arreglo eso. —Acto seguido sacó del bolsillo de su saco una hoja doblada. La extendió y la aventó sobre la mesita de centro, que adornaba su pequeña sala dentro de su despacho.
—Esto es una carta que la señorita Marlow me escribió —dio un suspiro y dejando escapar una pequeña risa, dijo:— En ella me declara su amor. —habló sin ninguna emoción, negando semejante locura.
Stear escupió el trago de agua que estaba por pasarse, y Leo se atragantó con su saliva. Pasados unos segundos, los dos estallaron en carcajadas.
—Me debes cien libras. —agarrándose el estómago por la risa, y a penas pudiendo hablar, Stear le dijo a Leo.
—Tú me dices como lo quieres inventor, en efectivo, o transferencia. Con gusto te las daré —Respondió Leo con lágrimas en sus ojos, los cuales se limpió con sus dedos—. Son las cien libras perdidas más emocionantes de mi vida.
—Rayos, de haber sabido que me ibas a pagar con tanto gusto, hubiera apostado más.
—¿Me quieren explicar que rayos están hablando ustedes dos? —Terry volteaba a ver a uno y otro, sin entender de que se reían— Les estoy diciendo la locura que hizo mi secretaria, y ustedes se poner a reír como idiotas hablando de una apuesta. —concluyó el castaño, empezando a enojarse de nuevo.
—¿Le dices Leo? O dejamos que adivine. —soltó Stear recomponiéndose un poco.
—Basta los dos. Déjense de estupideces y hablen. —interrumpió Terry.
—Ya, ya hermano, está bien —Leo alzo sus brazos en señal de paz—. Stear y yo, apostamos cien libras, a ver quién daba el primer paso…
—¿Primer paso?... ¿de que estas hablando? —pregunto el castaño confundido.
—Tranquilo bro, déjame terminar —Leo dio un suspiro, y continúo:— para ver cuanto tiempo Susana te hacía notar su amor. O en su defecto, cuanto tardabas tú en captar las intenciones de ella.
Terry se quedó mudo con la palabras de su hermano. ¿Una apuesta entre su hermano su amigo? ¿Y desde cuando ellos se habían dado cuenta de ese supuesto amor? Carajos, ¿Qué rayos pasaba a su alrededor, que él no se enteró de nada? Unos momentos después, Terry soltó una risa, la cual sorprendió a sus interlocutores.
—Vaya, así que mi hermanito y el inventor apostaron libras a mi costa. Y por lo que veo ganó Stear. —afirmó Terry.
—Si. —respondió el aludido apenado.
—Bueno, que puedo decirles. Me dejaron sorprendido con todo esto, y más la señorita Marlow. Yo jamás le he dado un solo motivo para que pensará, que tenía algún interés en ella. Por favor, es solo mi secretaria!
no me miren así! No estoy menospreciándola. Me refiero, a qué no me interesa enrollarme con alguien del trabajo, no es mi estilo y ustedes lo saben.
—Tienes razón bro ¿Y qué piensas hacer? ¿Le respondiste su carta?
—Por supuesto que no. Ella ha sobrepasado la relación jefe-empleada y no voy a permitir este tipo de cosas en el buffet. Así que ya tome una decisión y espero que me apoyen.
—Tú dirás. —Hablo Stear.
—La voy a cambiar de puesto, no la quiero cerca de mi. Va hacer incomodo trabajar con ella, ya no le tengo la confianza para que lleve mi agenda ni mucho menos mis asuntos sobre los clientes y todo lo que se mueve en el despacho.
—Todo eso está bien. Pero, ¿Crees que ella acepté? —Pregunto Leo.
—Va a tener que. Sino quiere meterse en problemas conmigo. Sabe lo que puede enfrentar por su atrevimiento —zanjo Terry, como el abogado implacable que era—. Encárgate de reubicarla de acuerdo a las funciones que tenía aquí conmigo. —Ordeno a su hermano, quien era el encargado de esa área.
—Bueno, en vista de que lo de tu ex secretaria ya quedó resuelto y en lo cual te apoyamos. Estoy seguro lo que te tiene así, a punto del colapso, es una cabellera rubia, con una risa contagiosa. O más especifico, ella tiene nombre y apellido: Candy White.
—Lo sabia! —Exclamó Leo.
A lo cual su hermano mayor le dedicó una mirada fulminante. —Ese es otro tema, que no quiero hablar.
—¿Porque no? Si todos sabemos que la señora White te trae hecho un est… muy ilusionado. —Corrigió Leo ante la mirada nada agradable del castaño ojiazul, y levantando las manos en rendición.
—Si quieres platicarnos esta bien. Sabes que somos tus amigos y tal vez, solo tal vez, nuestros consejos te puedan ayudar. —respondió Stear.
—¿En serio? ¿Ahora son los doctores corazón? ¿Cuando decidieron cambiar de profesión que yo no me entere? —Se burló Terry.
—No lo somos, pero deberíamos de tomar en cuenta tus palabras, porque vaya que te urge quién te diga que tu vida amorosa es un asco. —dijo Stear.
— .ja Eres mi héroe bro, me hiciste el día —soltó Leo en medio de su histérica risa a Stear, y continuo hacia Terry:— Ya en serio, ¿No se cual es el problema bro? Solo acércate a la mujer, dile que te gusta, plántale un beso y ya. Lo peor que puede suceder es que te meta una bofetada y le haga daño a tu bello rostro.
—De acuerdo contigo Leo. —dijo Stear, y volteando hacía Terry, añadió: Lo que necesitas es hacer a un lado tú timidez, fajarte los pantalones, dejar de comportarte como un adolescente inmaduro y darle un beso a la susodicha como tu sabes. No hay más.
—¿Qué les pasa? Como doctores corazón son unos fracasados.
—Por supuesto que no, lo que pasa es que tu no nos valoras. Eres un amargado que no ve nuestras cualidades. —Respondió ofendido Stear.
—Mira Terry, tienes en tus manos la oportunidad de rehacer tu vida con alguien que vale la pena. A parte de hermosa, Candy es un mujer completamente diferente con las que normalmente te relacionas o han pasado por tu vida. —Dijo su hermano ya con toda la seriedad posible, haciendo aún lado las bromas.
—Eso lo sé, sólo que su actitud me desconcierta, en la última reunión me demostró su interés por mi, se portó de una manera… carajo, me encantó. Pero después de eso, me ha estado evitando.
—Puede ser que este asustada, no ha de ser sencillo aceptar la atracción por otro hombre, aparte de su esposo fallecido. —Acotó Leo
—Y no te olvides de los hijos. Me temo que van a ser un obstáculo para ti. —Concluyó el de anteojos.
—Me preocupa Abel, ha estado teniendo problemas con su conducta. No quiero que tengan más disgustos por mi culpa. —Habló con preocupación Terry.
—Señores me parece que nos estamos adelantando a los hechos. Pienso que tienes que dar un paso a la vez Terry, externa a la dama tus intenciones. Primero invítala a salir… —Stear fue interrumpido por el teléfono del despacho.
—¿Que sucede señorita Marlow? Dije que no quería que me interrumpieran.
—Se lo que dijo Terrence, pero aquí hay una… señora que insiste en verle. —Respondió la frentona con tono empalagoso.
La molestia de Terry se hizo palpable al escuchar a la insulsa de su secretaria. ¿Cómo se atrevía a referirse a su persona con tal desfachatez?
—A ver señorita Marlow, le prohíbo que se dirija hacía mi por mi nombre, soy licenciado o señor Granchester para usted, en ningún momento le he dado tales atribuciones. ¿Entendió?
—Si licenciado Granchester, de acuerdo. —Contestó ahora según ella, con timidez.
—Ahora dígame, ¿Quién es la persona que me busca? —Todo esto fue oído por los hombres que estaban presentes en el despacho, ya que Terry hablaba por el altavoz.
—Su nombre señora, por favor.
—Candice Andley. —Se oyó que respondía una voz.
Continuará…
REGRESE, GRACIAS POR ESPERARME Y SUS REVIEWS SOBRE LA HISTORIA Y SU CONTINUACIÓN, AQUÍ EN FF Y EN FACEBOOK. ESTOY PONIÉNDOME A MARCHAS RÁPIDAS PARA TENER EL SIGUIENTE CAPITULO LISTO MUY PRONTO.
QUE LES HA PARECIDO? AGRADECERÍA SUS REVIEWS PARA DEJARME SABER SUS OPINIONES.
SALUDOS Y BENDICIONES
NALLY GRAHAM
NOVIEMBRE 2019
