Los personajes y la historia de Candy Candy son propiedad de Kyoko Mizuki. La historia de mi autoría y sin fin de lucro, solo es para el entretenimiento y la felicidad de las seguidas de Terry.

Aquí esta la actualización. El capítulo me quedo largo, espero les guste. Me encantaría conocer sus opiniones.

Capítulo dieciséis

—Wow! La señora Andley, eh?! Hasta yo me emocione. —Decía Leo con una sonrisa.

—Levántate hombre ¿La vas a dejar afuera esperando? —Replicó Stear cuando notó que su amigo se quedó viendo a la nada. Eso si, con una cara de felicidad y sonrisa tonta de enamorado.

Estaba ahí, Candy había ido a verlo. Y eso le encantó. Solo lo separaba una puerta de ella, y de volver a ver su rostro que tanto le gustaba. Carraspeo un poco, cuando se dio cuenta que se quedó como estúpido enfrente de sus amigos. Solo esperaba la burla de aquellos, ante su actitud.

—Señores, como se darán cuenta, hay una hermosa dama esperando por mi. Así que ya vayan largándose de mi oficina. Nuestra charla se terminó. —Les dijo Terry a su hermano y amigo, en un tono que no admitía replicas.

—¡Me encanta la señora Andley! Confirmó que tiene el poder para convertirte en un ser con sentimientos. Por favor hermanito, hazla mi cuñada pronto. —Leo se burló de su hermano, haciendo una señal de ruego.

—Leo no hagas enfurecer al hombre. Esta a punto de matarte —siguió el juego Stear con una carcajada—. Mejor ya vámonos, dejemos que Romeo vaya por su Julieta. Supongo que lo de Resmond se verá luego, ¿verdad? —Concluyo Stear dirigiéndose a la puerta.

—Supones bien inventor, confío en ustedes. Se que todo se está resolviendo como se planeó —Terry dijo, dando una palmada en la espalda de su amigo—. Leo, te encargo que soluciones el cambio de la señorita Marlow, es para hoy. —dirigió su mirada a su hermano, se acomodó su saco, cerrando los botones. Enfilándose junto con Stear a la puerta.

—Por supuesto bro, para mañana a primera hora tendrás nueva secretaria. —Respondió con toda seriedad Leo, alcanzándolo cuando ya salía de la oficina.


—¿Quién es usted y de donde conoce al licenciado? —Pregunto gusi a Candy, con una desconfianza palpable.

—¿Perdón? —respondió ella con otra pregunta— La sonrisa se le borró ante el descaro de la secretaria. No le pareció para nada su atrevimiento. —Disculpe señorita, pero eso es algo que no le concierne. Limítese a lo que sea que haga en este lugar.

—Soy la asistente de Terrence, y es mi obligación estar al pendiente de lo que él necesita. Y también conocer que personas son las que quieren verlo, para saber sus intenciones. —Ataco la rubia lacia, con todo el veneno que pudo soltar.

—Bueno, a mi me pareció todo lo contrario cuando Terry estaba por el altavoz. —Respondió Candy, ya cansada de ese juego con la secretaria. No iba a caer en más provocaciones, a leguas se veía que la mujer estaba muy interesada en el bombón inglés.

—Mire señora… —la frentona fue interrumpida por el ruido de la puerta cuando esta se abrió. Dejando ver a tres hombres guapos salir por ella, que charlaban animadamente.

—Candy! Mi bella y siempre dulce Candy. ¿Que te trae por acá? Es un gusto tener tu maravillosa presencia en este lugar donde solo se habla de juicios, juzgados, y sentencias. —fue el entusiasmado recibimiento que Stear le dio a la ojiverde. La exageración mostrada, fue para molestar a su amigo.

—Hola Stear, que lindas palabras. Nunca nadie me había recibido tan galantemente, gracias. —Respondió Candy con emoción. Dejando claro que era genuinas sus palabras.

Terry quedó encantado con ella, su naturalidad y espontaneidad eran de las cosas que más le gustaban de Candy. Casi nunca tomaba las cosas a mal, y si se daban cuenta, no lo demostraba. Por lo cual la molestia que sintió con las palabras que le dirigió su amigo, quedó de lado.

—Hola Candy, ¿Cómo has estado? Ya tenía tiempo que no te veía. —Saludo Leo, dejando un beso en su mejilla.

—Hola Leo, gracias. Me encuentro bien, ¿Y tú? Supe que estuviste fuera unos días, se te ha extrañado en las reuniones.

—Ya sabes, investigando, siendo útil al despacho. Ganándome mi exorbitante sueldo con provecho, para que él señor Granchester no me eche a la calle. —Respondió aquel en broma.

El carraspeo de Terry los sacó de su amena charla. —Leo quieres dejar de hablar de mi, estoy aquí. Y si no quieres que te eche, vete hacer lo que te mande. —Dijo Terry a su hermano, ya de malas.

—Vez de lo que te hablo, mi bella dama. Me despido, espero volver vernos muy pronto. Cuando el ogro no esté presionándome. —añadió Leo despidiéndose, a la vez que besaba la mano de Candy. Y haciendo una reverencia se hizo a un lado.

La próxima ex secretaria de Terry, estaba que echaba chispas. En ese pequeño intercambio que tuvieron los tres hombres con Candy, pudo darse cuenta que los unía una amistad muy cercana. Su mente comenzó a trabajar tiempo extra, pues se dio cuenta como Terry se comportaba con aquella rubia, sus expresiones faciales cambiaban de tonto a estúpido en segundos. Solo tenía que hablar, dar una sonrisa, que prácticamente lo tenía comiendo de su mano. Y eso, eso la enfureció sobremanera. Su cabeza estaba a punto de explotar ante tal espectáculo, que solo oyó una voz a lo lejos, que llamaba su nombre. Salió de su trance oír su apellido más fuerte.

—Señorita Marlow! ¿Me está escuchando? —La voz de Terry era de dos decibeles más de lo normal en él.

—Disculpe licenciado, ¿Me decía? — Gusi respondió más borde de lo que pretendía.

Todos notaron su tono y su enojo. Más Stear intervino antes de que el Granchester mayor, soltara algún improperio a la pobre mujer. —Señorita Marlow, el licenciado Granchester le informaba que por el día de hoy se termina la jornada…

—Deje todo dispuesto para mañana y se retira —fue la interrupción de Terry hacia su amigo—. Candy pasemos a mi despacho. —Dicho esto, tomó del codo a la rubia pecosa, para instarla a entrar a este.

—Nos vemos chicos. —Alcanzo a decir Candy ante la rapidez del castaño para hacerla entrar.

Al cerrar la puerta, los tres que quedaron en recepción, siguieron hablando.

—Señorita Marlow, en cuánto termine con lo que mi hermano le indicó, la espero en mi oficina por favor. No demore mucho. —indicó Leo a Susana con una seriedad y el rostro sin expresión –gesto muy común en los Granchester–, que ocasionó en la mujer un leve estremecimiento, que le hizo intuir que no era para nada bueno. Al menos para ella.

Los dos hombres se retiraron, platicando entre ellos, dejando a una señorita Marlow bastante intranquila.


Terry cedió el paso a Candy hacia el despacho, cerrando detrás de él. Al quedar la rubia a espaldas suyo, soltó un suspiro silencioso. No podía creer que ella estuviera en su lugar de trabajo, estaba seguro que era el momento de aclarar las cosas entre ellos. Sabia por el tiempo que tenía de conocerla, que Candy no era de las mujeres que se la pasan buscando a los hombres a todos lados. Ante todo era una mujer de su casa, y si había dado ese paso, se imaginó era para enfrentarlo, dado el ultimo mensaje que le había enviado.

Vio con una sonrisa, como se quedó quieta apreciando su despacho, saciando su curiosidad. Esperaba que le gustara, para ser sincero, invirtió una gran cantidad de libras en ello. Dado que su madre se dedicaba a diseño de interiores, y fue tanta su insistencia para que le dejara arreglarlo, que terminó por aceptar; y el resultado fue magnífico.

Percibía que se encontraba nerviosa, él también lo estaba, sabía que de esa platica dependía su futuro con ella. Termino de admirar la vista que la espalda y más abajo le regalaba la ojiverde, emitió un carraspeo para concentrarse en lo importante y así también llamar su atención.

—Y bien Candy. ¿A que debe el honor de tu visita? —Pregunto con un tono de lo más normal.

Candy se sobresaltó al oír su voz, estaba concentrada estudiando el despacho, le pareció de lo más acogedor. Debía de ser así, si el propósito del castaño, era que sus clientes se sintieran en confianza.

Al oír su pregunta, volteó hacia el susodicho y con un amago de sonrisa, hablo: —Vengo a hablar sobre lo que ocurrió la última vez que nos vimos.

Directa, concisa y sin rodeos, le gustaba esa forma suya de ser. —¿Gustas tomar algo? —preguntó.

—¿Tendrás agua mineral?

—Claro, toma asiento por favor. —dicho esto, le señalo el sillón, donde anteriormente estuvo ocupado por él. Enseguida se dirigió al frigo bar situado a un costado de la sala, saco la lata del agua, la vació en un vaso de cristal, y en otro vaso, sirvió un refresco de cola para él. Los dejo en la mesa de centro, y tomó asiento en el otro extremo del sillón. Quedando enfrente de ella.

—Tu dirás, te escucho.

—Quiero ofrecerte una disculpa. —Soltó viéndolo a la cara.

—¿Eso es por?

—Por todo, supongo. Por esconderme estos días, por no contestar tus llamadas y mensajes.

—Estas disculpada. Pero, si deseo saber el motivo por el cual no contestaste. Supongo que leíste mi último mensaje. —Afirmo Terry con tranquilidad.

—Gracias, que lindo —respondió inocente—. Mmmh si, leí tu mensaje. Y bueno, decirte que no me has ofendido en nada, en todo caso, me parece que fui yo la que fue un poquito lanzada el día de la última reunión.

Le dio un trago a su vaso para refrescar su garganta y continuo: —Veras, yo no soy así, podría poner de pretexto que estaba un poco tomada, pero yo quise seguir el juego que tú comenzaste. Y bueno, ese atrevimiento de besarte muy cerca de tus… bueno tu me entiendes, lo hice conscientemente.

ay Terry no se si me entiendes, o si yo me explico. Dios mío, esto es tan bochornoso. No se que más decir, pensarás que… me siento como una adolescente. Dime algo por favor… ¿lo estoy haciendo bien? —culminó Candy demasiado nerviosa, sentía sus mejillas calientes, y la mirada del castaño no ayudaba. Él sólo la observaba, no emitía ningún sonido y eso la tenía al borde de querer salir corriendo de ese lugar.

Lo que Candy no sabía, era que Terry estaba fascinado con la diatriba que la mujer soltó. Por supuesto que entendía todo lo que le dijo, él estaba igual. Sabia que para Candy no era nada fácil hablar y expresar lo que sentía con relación a él. Tenia entendido por Albert; que Anthony y ella se habían casado muy jóvenes, por lo tanto estaba seguro que no tenía otras experiencias a parte de esa. Y eso dificultaba que ella expresara su sentir fluidamente. Más eso no era problema para él, de hecho le gustaba y lo comprendía.

Le fascinaba el efecto que causaba en ella, cada gesto, palabra, movimiento de manos y cabeza, que ella hacía para tratar de expresarse, lo tenía embelesado. Ahora que recordaba, ninguna mujer causó tal efecto en él. No negaba que si lo habían impresionado muchas veces, pero afortunada o desgraciadamente no entablaba relaciones de amistad primero con las mujeres que se involucró sentimentalmente, por lo general era más relación carnal que otra cosa. Eso es lo que le sucedió con Kristen su ex, esa mujer lo deslumbró, era bella, seductora, inteligente, tenía tema de conversación –no lo negaría–, pero también era ambiciosa, sin escrúpulos y falsa. Usaba sus encantos para engatusar y aprovecharse de los hombres con deseos de amar, como en su caso.

En cambio, la mujer que tenía enfrente, era única, especial, sin tapujos y sin nada que esconder. Era transparente, era una verdadera amiga, sabía escuchar, dar consejos si se los pedían. Una gran madre, no perfecta, pero si daba todo por que sus hijos estuvieran bien; ellos eran su prioridad. La admiraba, porque a pesar de haber sufrido un gran dolor, como fue perder a su esposo a manos de la imprudencia de su hermana, la perdonó y no la condenó, al contrario se hizo su amiga y le ayudó a salir de la depresión en la que Karen se encontraba. Y eso era algo que siempre le iba a agradecer, aunque ella no lo supiera.


El silencio se había prolongado, y Candy no sabía que pensar o hacer. La mirada de Terry la escudriñaba de una manera profunda, que no le decía nada. Y ella no hacía nada por apartar la suya, de cierto modo se sentía segura y tranquila.

Unos segundos después, Terry estiró su mano, tomando de su bebida, lo dejó en su lugar y se acercó a Candy, quedando prácticamente pegado a su nariz. Tomó sus manos y con voz profunda le dijo: —Por supuesto que entiendo y lo estás haciendo de maravilla. Tanto, que estoy como estúpido escuchándote hablar, y no por lo que supones. Sino porque las palabras que me dices son como música para mis oídos.

para mi, no fuiste ninguna lanzada, me encantó que me siguieras el juego, pero me encantó muchos más que dejaras un beso en mi comisura. Porque eso Candy, ha sido de lo más tierno y sensual que pudiste hacerme. —Eso se lo dijo mirando sus ojos verdes, que en ese momento estaban brillando por las palabras que su dueña recibía.

—Gracias. —respondió la rubia en un susurro. —Él sonrió ante su contestación.

—No tienes que agradecerme, no es un cumplido, es una verdad —respondió tomando sus manos entrelazándolas con las suyas—. Me gustas pecosa. —Soltó, y sintió el agarre de Candy mas fuerte en sus manos.

—¿Te… te gus… gusto? ¡Oh por Dios —fue lo que atino a decir. El castaño afirmó con una sonrisa—! ¿Estás seguro? Digo… perdón. No se que decir, bueno si se. —estaba tan nerviosa y emocionada. Su corazón latía deprisa y su estómago se contrajo con miles de sensaciones. Separó una mano de las del castaño, y con ella se dio aire en el rostro, el cual sentía arder.

tú también me gustas, y mucho. —Respondió completamente sonrojada.

Terry le dedicó una amplia sonrisa, ante su confesión. Con la mano que Candy le dejó libre, acaricio su rostro, comenzando por su frente, deslizándola por sus ojos, bajando por su nariz, rodando sus mejillas, para finalmente aterrizar a sus labios. Los acaricio con sumo cuidado, sintiendo la suavidad de estos entre sus dedos, acto que ocasiono que la rubia se estremeciera de una manera que hacia mucho no sentía. Llevándola a cerrar sus ojos con satisfacción y dejándose llevar completamente por tal caricia.

Terry no perdía detalle de cada gesto de la rubia, lo cual ocasionó en él unos deseos enormes de besarla con urgencia; sentir y perderse entre sus labios era la cosa que todo su cuerpo pedía. Y eso fue lo que hizo, no sin antes expresarle: —Me disculpo por lo que voy hacer, pero no puedo esperar más.

Dichas las palabras, tomo de la barbilla a Candy y la besó. De una manera tierna, sintiendo sus labios con los suyos, de forma lenta, pausada y suave, sin profundizar; degustando la llenura de ellos. Por su lado, ella pasó de la sorpresa al deleite. Se dejó llevar, no puso ninguna resistencia, la sensación de ser besada por Terry, era indescriptible. Se dedicó solo a sentir y disfrutar, cerrando sus ojos.

El castaño fue separándose, dejando cortos besos en el proceso. Abrió sus ojos, los cuales había cerrado igual que ella, y lo que vio le sorprendió y enterneció por igual. Candy estaba llorando, sus lágrimas resbalaban por sus mejillas, pero supo que no eran de dolor, ya que sonreía de una manera que le daba a entender, que era de felicidad.

—Wow, eso fue muy intenso. ¡Me encantó! Tú me encantas. —dijo Terry, mientras le limpiaba las lágrimas.

—Fue muy bonito, me gustó —respondió mientras apretaba las manos del castaño con ternura—. Pero no se si esta bien. Es decir, ¿Qué somos? ¿Qué esperas de mi?

Terry se separo de ella, acomodándose mejor, para poder responder a sus preguntas e inquietudes, ya que si permanecía pegado a su lado, no podría hablar; terminaría besándola de nuevo. Era el momento de hablar.

—Como te dije antes, me gustas. Deseo ser más que tú amigo, quiero una relación contigo —le dijo, mientras se pasaba la mano por su cabello—. Y espero que tú quieras lo mismo.

—Terry yo… esto es tan difícil. Mi vida es difícil, es complicada. Soy viuda, madre de tres hombres, dos de ellos adolescentes, uno con problemas de adaptación. Él más chico, no tengo problemas. Pero…

—Todo eso ya lo sé, yo también soy padre, y en estos momentos mi vida no es la mejor. A la madre de mis hijos, se le ocurrió aparecer y por lo que parece, tiene planeado hacerme la vida imposible. Pero eso no impide que yo quiera algo contigo.

Candy, he tenido a lo largo de mi vida varias relaciones, que no han terminado nada bien. Confieso que no soy el hombre perfecto, ni mucho menos. Tengo defectos, pero también virtudes. Lo que si te puedo asegurar, es que siempre he querido tener una familia, esposa, hijos, ser el proveedor y ayuda de esta, su sostén, amigo, amante y demás. En fin todo lo que involucra tener una familia. Creí haberlo encontrado con Kristen, pero no fue así, tuve un fracaso y eso ocasionó que no quisiera volver a desear una relación seria con nadie.

Solo que apareciste tú en mi vida, y la tambaleaste de una manera que no esperaba. Y eso me desconcertó en un principio, más después se fue convirtiendo en una necesidad, un gusto por verte, escuchar tu voz, tu risa, tus anécdotas, tus platicas tan enriquecedoras. Que solo me deje llevar y deje de luchar contra lo que estás despertando en mi. Créeme Candy, estoy siendo sincero al decir que tú me interesas, mucho más de lo que mi paz mental dice. Y por eso quiero intentarlo contigo. Solo contigo me veo teniendo un futuro.

Las palabras de Terry, calaron profundo en Candy, no pensó que él tuviera esa opinión de ella. Una vez más le dejaba ver, que no era el hombre egoísta y arrogante que pensó que era cuando lo conoció. Prueba de ello, era que se quedó con sus hijos, tratando de darle lo mejor a ese par que sabía, eran los más importante para él.

—Terry, gracias de todo corazón por tus palabras. Son los más bonitas que alguien me ha dicho en mucho tiempo. Las aprecio, de verdad —dio un suspiro, limpio debajo de sus ojos el rastro de lagrimas y continuo—: Yo también quiero intentar algo contigo, sólo que tengo miedo.

—¿Miedo? Pero si no muerdo pecosa, al menos que tu quieras —respondió Terry para quitar un poco la tensión en Candy, acto que logró al sacar una risa de ella—. ¿Podrías decirme porque tienes miedo? Tal vez pueda ayudarte a quitarlo.

—Tengo miedo de lo que puedan decir los demás. Mis hijos, tus padres, mis suegros, Karen, todos.

—¿Y eso? Yo estoy soltero, tú también, somos adultos.

A Candy le molesto la forma en la que hablo Terry. No darle importancia a la reacción de sus familiares, era algo que no le gustaba. —Tú eres soltero, yo soy viuda, que no se te olvide. Si mi esposo no estuviera muerto. Tu y yo no tendríamos esta platica, es más dudo que nos hubiéramos conocido. —Respondió Candy enojada.

Terry se sorprendió un poco con la reacción de la rubia, pero entendió su postura. Le pareció de lo más adorable, volvía a salir la Candy que le atrajo en los juzgados. Podría ser borde y respondona cuando no le gustaba algo o se sentía atacada.

Aunque debía aceptar, que su contestación fue muy cortante con ella. Solo que él no veía tan trascendente la aprobación de los demás.

—Me disculpo por como respondí, aunque mantengo mi postura. Pero entiendo tu punto. Se que no es fácil tener una relación aparte, de la que tuviste con tu difunto esposo, y sumando que soy el hermano de la mujer que contribuyó indirectamente a su deceso. Supongo que ese es tu temor. —Dijo Terry seriamente.

Candy se quedó perpleja de que Terry, haya intuido su miedo para que hubiera una posible relación entre ellos. No pudo más que agradecer internamente que no haya habido necesidad de que ella lo externara. Por lo que decidió ser sincera.

—Cuando Tony falleció, mi mundo se derrumbó. Éramos un matrimonio sólido, teníamos muchos planes a futuro junto a nuestros hijos. Él era mi apoyo, mi único amor, cielos estaba enamorada de él, nunca pensé que fuera a perderlo de esa manera. Tan rápido, tan pronto. Que los niños se quedaran sin su padre, fue lo más doloroso, ellos lloraban, pero a la vez fueron mi apoyo.

Mi corazón se llenó de mucho coraje, impotencia, dolor, amargura. Contra él, por dejarme, contra Karen, por provocar el accidente, contra Dios, por alejarlo de mi, contra ti, por defender a tu hermana. Llego un momento que todo me sobrepaso, todo el tiempo estaba de malas, no tenía paz, el único consuelo que tenía, era que la culpable pagara.

Esto influyó en el comportamiento de mi hijos mayores, sin querer los lastime. Y fue ahí donde me di cuenta que necesitaba perdonar para poder sanar. Yo no quería arrastrar a mis niños a mi dolor, ellos tenían su propio duelo; así que solté esos sentimientos negativos y decidí vivir por y para ellos, tal y como Tony hubiera querido.

Detuvo sus palabras, para tragar saliva y limpiar de nuevo sus ojos por las lágrimas, que para ese momento ya inundaban todo su rostro.

—Y por eso tengo miedo, porque siento que le estoy fallando, porque me atraes, me gustas, pienso en ti, mucho más de lo que quiero admitir a mi misma. Jamás pensé volver a interesarme en otro hombre, y mucho menos que este fuera el hermano de Karen. Se que eres un gran hombre —Terry iba a interrumpir, pero ella levantó su mano para detener—, Para mi lo eres, el hecho de que no abandonaras a tu hermana y menos a tus hijos, es de gran valor.

se que, tú no tuviste nada que ver en el deceso de Tony, pero es raro que estemos juntos. ¿Me entiendes? Y luego están mis hijos, no se como reaccionen, en especial Abel. —Concluyó la pecosa.

—Me halaga, que confíes en mi. Y por eso te digo, que luchemos juntos por esto. Te propongo que por el momento no digamos nada a nuestras familias, y no porque sea algo malo, por supuesto, no lo es. Pero demos un tiempo para que esto se solidifique, pensemos la manera más adecuada de hablar con nuestros respectivos hijos.

Dijo Terry, tomando de nuevo el rostro de Candy, y continuo: —Candy yo quiero todo contigo, una relación seria, no un noviazgo de haber si funciona, ya no estoy en edad para jugar. No, tu vales para querer pasar lo que me resta de vida junto a ti, y jugársela por ti. Mi preocupación es que tú estés bien, tranquila y eso incluye a tu familia, yo sabré esperar el momento adecuado para decirles.

por eso te pregunto: ¿Quieres ser mi novia? ¿Y aprender y emprender un camino conmigo? Preguntó Terry, viendo directamente a sus ojos, y nervioso desde la cabeza hasta la planta de sus pies.

Candy se quedó en shock. ¿Escuchó bien? ¿Terry le pidió ser su novia? Años que le habían pedido algo así. Pero debía reconocer que le gustaba, era de una manera diferente, inesperada. Desde su perspectiva parecían tener todo en contra con su familia, más había ido a ese lugar, dispuesta a vivir una nueva experiencia al lado de ese hombre que le ofrecía todo. No quería seguir teniendo miedo, él le gustaba, deseaba darse una nueva oportunidad en el amor. Que Dios le ayudara a enfrentar todo lo que viniera.

Iba a correr el riesgo, si Terry estaba dispuesto a estar a su lado, estaba segura saldrían juntos. Así qué regreso su mirada que había desviado al momento de sus preguntas, hacia él y respondió: —Si, quiero ser tu novia y acepto caminar contigo.

La sonrisa del castaño se extendió de oreja a oreja, y dijo: —Entonces cerremos este acuerdo como se merece. —dichas estas breves palabras, tomó posesión de los labios de la rubia. Besándola de una manera diferente, profunda, a la vez que introducía su lengua a su boca y succionando con ímpetu. Expresando con ese beso la felicidad que sentía por su nueva novia. Y ella respondiendo de la misma manera, perdida en esa sensaciones que solo el castaño le provocaba.

Continuará…


Por fin hablaron! debo confesar que tarde un poco en darle forma al capitulo. Desde hace dos semanas tenia ya la primera parte, solo que me atoraba en el desenlace, quería que no se notara vació, de alguna manera la conversación de los dos fuera de lo mas sincera. Creo que se lo merecen, y aparte su edad esta para no tomarse las cosas a la ligera. Ya son maduritos.

Les informo que nos estamos enfilando al desenlace de la historia, no me gustan largas, porque luego se vuelven engorrosas, y se pierde el sentido de lo que se quiere contar. Es mi opinión y forma de ver, respeto a quien si tiene la astucia de escribir y añadir mas cosas. He leído fics largos y unos me han gustado y otros no.

AGRADECIMIENTOS

Gracias a todas por sus reviews, creo es la primera vez que recibe tantos esta historia y eso me llena de alegría. Gracias tambien a las que añaden a favoritos la historia y a esta servidora. Se los agradezco de todo corazón.

Por ultimo, les deseo que tengan un buen año, que este lleno de bendiciones y satisfacciones para sus suenos y anhelos. Dios les guarde en cada paso que den, a ustedes y sus seres queridos.

Saludos.

Nally Graham

Enero 2020