Los personajes y la historia de Candy Candy son propiedad de Kyoko Mizuki. La historia de mi autoría y sin fin de lucro, solo es para el entretenimiento y la felicidad de las seguidoras de Terry.

Hola, aquí les dejo un nuevo capítulo, un poco más largo. Espero sea de su agradó.

Capítulo 18

Lakewood's Cardiology Clinic* era el lugar de trabajo de Albert, quién en ese momento salía de una cirugía a corazón abierto, la cual duró poco más de cuatro horas. Se encontraba exhausto, pero al mismo tiempo estaba feliz. Su paciente había sobrevivido ante tal intervención, y ahora solo quedaba esperar su evolución favorable.

Entro a su consultorio, se quitó su bata, se acercó a una mesita médica que tenía botellas de agua. Tomo una, la abrió e inmediatamente tomó todo el líquido vital. Estaba pensando en todo el proceso que realizo durante la cirugía, repasaba los métodos que desarrolló para que esta fuera un éxito. Amaba su carrera, su compromiso era salvar vidas, por eso cuando su hermano murió en ese accidente, se sintió un completo inútil al no poder ni siquiera haberlo visto con vida y tener la oportunidad de evitar su deceso. Fue un golpe muy duro para él, nadie lo supo, solo su esposa. Tuvo muchos momentos de desasosiego, de insomnio, experimento una ligera depresión. Anthony era su hermano, su amigo, su camarada. Admiraba el hombre que era, el como tomó la responsabilidad de una familia siendo muy joven y su manera de mantener a está unida, quién era su único motor para salir todos los días a trabajar.

Sonrió ante los recuerdos con su hermano, en eso estaba cuando oyó que lo voceaban.

—Doctor Andley, se solicita su presencia en la central de enfermeras.

Se extraño ante ese llamado, no imaginaba para que requerían su presencia en ese lugar. Nunca lo llamaban. Al menos que fuera una emergencia. Esperaba que no fuera eso. Tiro la botella en la basura, se acomodó de nuevo su bata y salió del lugar.

—Buenas —miró su reloj, y con un gesto de sorpresa, hablo—… noches señoritas. ¿Me pueden decir para que soy bueno? —Dijo de forma risueña con todo y guiño de ojo. Lo cual provocó en sus interlocutoras un sonrojo.

—Ay doctor Andley, usted siempre poniendo a mis enfermeras rojas. —dijo Mary Jane, la jefa de enfermeras, quién hacía su aparición en ese momento.

—Mary solo es para que se les quite un poco el estrés. Sabes que soy felizmente casado.

—Lo sé doctor. Si hay algo en este sala que admiramos de usted, es que solo se dedica a su trabajo, y no a coquetear y andar de pica flor, como otros de sus colegas. De los cuales, me limité su nombre.

—No a todo se les da la fidelidad. Pero bueno, cada quién su vida. Después de esta breve introducción, ¿Podrías decirme para que se me requiere?

—Claro doctor, uno de sus sobrinos le llamó, más al no poder comunicarle por motivo de su intervención. Dejó un recado para usted. —La enfermera le entregó una nota.

—Gracias Mary. Nos vemos señoritas, buenas noches. —Albert se despidió, y regresó de nuevo a su consultorio.

Ya en este, desdoblo la nota, la cual decía:

Tío por favor, en cuanto te desocupes, márcame. Es urgente, no importa la hora.

P. D. Te estaré esperando.

Atte. Alan Andley.

Albert se preocupó por las palabras escritas, así que sin demora, sacó su celular de su cajón privado. Se sorprendió al ver tantas llamadas pérdidas del número de Alan. Marcó a su número rápidamente, se sentía nervioso, no tenía ninguna idea de que pudo haber sucedido.

—Tío Albert. —se oyó la voz medio adormilada y en susurro de su sobrino.

—Alan, ¿Qué sucedió hijo? Me acaban de dar tu mensaje —dijo Bert con preocupación—. ¿Tú mamá está bien, tus hermanos?

—Mis hermanos están como siempre. Pero mi mamá no. ¿Sabías que tiene una relación con tío Terry? —Pregunto con molestia latente en su voz.

El rubio quedó en shock al oír a su sobrino. ¿Candy y Terry en una relación? ¿Pero que disparate era ese? Debía de haber un error, tal vez su sobrino estaba confundido. Decidió mejor tantear el terreno.

—Claro que tienen una relación, son amigos. Recuerda que salen muy seguido junto con tus demás tíos.

—Eso ya lo sé tío, no soy tonto. Me refiero a que su relación van más allá. Yo los vi besándose afuera del edificio donde vivimos. ¿Tú crees que eso está bien?

Bert no supo que decir, era claro que él no tenía idea alguna de lo que el chico le decía. Realmente estaba súper sacado de onda. Jamás le pasó por la cabeza que Terry estuviera interesado en su cuñada, y mucho menos que ella le correspondiera. Aunque en esta vida todo puede suceder. Lo que ahora le interesaba era calmar a su sobrino, lo notaba bastante tenso y molesto.

—Alan, hijo, necesito que te tranquilices para que podamos hablar bien. Se qué lo que viste no te agradó, pero necesitas hablarlo con tu mamá. Ella es la única que te puede aclarar tus dudas. —hablo conciliador Bert

.

—Por eso te llame tío. No se que hablar con mi mamá, no sé que decirle. ¿Y si me dice que quiere a tío Terry? No sé si quiero que mi mamá tenga novio. Aconsejame tío, por eso te llamé. No quiero faltarle al respeto. —culminó el joven ahora con preocupación. Su enojo fue sustituido por aflicción.

—Te entiendo, y es muy notable de tu parte que no enfrentes a tu mamá estando molesto. Eres un chico sumamente responsable y maduro. Y estoy seguro que todo tiene una explicación. Ahora que si Candy tiene una relación amorosa con Terry. ¿No crees que está en su derecho de rehacer su vida con otro hombre que no sea tu papá?

Alan se quedó en silencio, meditando las palabras de su tío. Su mamá con otro hombre que no fuera su papá, no era algo muy agradable para él, y estaba seguro que mucho menos para Abel, él conocía mejor que nadie, la difícil situación en que se encontraba su hermano. Y más ahorita con lo que se enteró. Lo único que podía vislumbrar era que se venían problemas muy fuertes en su familia.

—Alan, ¿sigues ahí? —preguntó Bert, el silencio de Alan ya se había prolongado mucho.

Si tío aquí sigo. Creó que voy a hablar con mi mamá. Estoy seguro que tiene una explicación, y te prometo que voy a tratar de entenderla. Sólo una última pregunta.

—Dime, hijo.

¿Crees que papá estaría molesto por que mi mamá se enamoré de tío Terry?

—Buena pregunta, yo pienso que no. Tú mamá merece volver a enamorarse. No va a sustituir a Anthony, el amor de ellos fue profundo, tú lo conoces mejor que nadie. Pero él ya no está y ella sigue viva. Dale la oportunidad, no la retes, entiéndela y apóyala, para ella es muy importante lo que ustedes opinen. Son sus hijos, y ella se apoya mucho en ti y tu hermano.

De acuerdo tío, voy a seguir tu consejo. Te quiero mucho y me gustaría que nos visites pronto. Créeme tu presencia va a ser requerida.

—¿Por qué lo dices? ¿Pasa otra cosa que no me has dicho, Alan? —cuestiono serio Bert.

—Sólo te puedo decir que va a dejar a toda la familia un poco mal o bien, depende de como lo tome cada quien. Perdón tío, pero no puedo decir más, hice un promesa, y los Andley siempre cumplen sus promesas. —Zanjó el muchacho con determinación, sin dar ningún derecho a replicas. Situación que Albert agradeció. Su hermano educó un buen hijo, con sus valores bien arraigados y la lealtad por delante.

—Esta bien hijo. Respeto tu lealtad, sólo te pido que no solapes, ni participes de algo que pueda afectar tu integridad.

—No te preocupes tío. Esto no es algo malo, o bueno eso creo. Ya no te quitó más tu tiempo, según me dijeron estabas en una cirugía muy importante, y estoy seguro quieres descansar. Gracias por llamarme y escucharme, lo necesitaba.

—De nada hijo, siempre estaré para ti y tus hermanos. Sus problemas o inquietudes son las mías. Los quiero mucho y trataré de viajar lo más pronto posible para verlos. Nos vemos y cuídense mucho.

Adiós tío Bert, besos a la familia.

—Gracias hijo, adiós.

Al finalizar la llamada, Albert quedó muy preocupado, la posible relación entre Candy y Terry lo dejó perplejo, ya hablaría con él aristócrata para saber que intenciones tenía con su cuñada, aunque conociéndolo sabia que eran las mejores, no por nada tenían tantos años de amistad. Conocían prácticamente todo de cada uno, incluyendo a Stear. Aunque lo que realmente le preocupaba, era la otra situación. ¿A que se había referido con lo del secreto? Imaginaba que tenía que ver con unos de sus hermanos, más descartaba que fuera Asael, él era muy chico para tener problemas serios. Pero Abel, era otra cosa, era conocedor de los problemas que el chico tenía con Candy, y que por el momento estaba en una rebeldía natural de su edad. Se inclinaba a que la cosa se dirigía a él, amén de la relación tan estrecha de esos dos. Sabía que Alan no le iba a decir nada, tal vez podría intentarlo con Abel, hablaba muy seguido también con él, esperaba que el muchacho no se cerrará y le platicara qué es lo que le sucedía. Con esa determinación, recogió sus cosas personales y salió de su consultorio para irse a su hogar. Estaba cansado y quería dormir. Ya mañana platicaría con su esposa, le externaría sus inquietudes con respecto a sus sobrinos y esperaría su sabio consejo. Esa mujer siempre le atinaba y sus palabras eran de gran ayuda para él.

Apago la luz del consultorio, camino rumbo al estacionamiento, para subir a su camioneta y dirigirse a su casa.


Londres, Inglaterra

Alan esperaba a su mamá en una cafetería cerca del colegio. La había citado en ese lugar, para de una vez platicar con ella sobre su relación con Terry. Que ha decir del chico, no sabía que tenían esos dos. Hacía un par de noches que había hablado con su tío Albert, y tenía que reconocer que las palabras de él, calaron en su alma profundamente. Por ello espero un poco más para poder hablar con su mamá, repasando en su cabeza las palabras por decir. No era fácil pensar que su mamá estuviera interesada en otro hombre, ya que él fue fiel testigo del amor que sus padres siempre se profesaron. No negaba que hubo discusiones entre ellos, diferencias, que a veces estaban disgustados. Pero a pesar de eso, su amor siempre fue más grande. Algo que lo marcó desde niño, fue el ver que su papá siempre respeto a su mamá, ella estaba por encima de quien fuera –incluso su abuela–. Hasta donde el recordaba eran un matrimonio feliz. Todos ellos eran una familia muy unida.

En eso estaba cuando Candy llegó a la mesa, sacándolo de sus pensamientos.

—Hola mi amor, me retrase un poquito, ya ves que esta es la última semana de escuela, y ando atareada.

—No te preocupes ma, yo entiendo. Además me quedé platicando con unos compañeros del salón, y después me vine caminando para acá.

—Qué bien. ¿Ya pediste algo? ¿Tienes hambre? ¿Y tu hermano?

—Te estaba esperando para pedir algo juntos. Y Abel no va a venir, el se fue con tío Jos. Quiero hablar a sola contigo.

—Ah ok. Bueno, que te parece si hacemos el pedido, y mientras me dices que quieres platicar. Me estoy muriendo de hambre.

—De acuerdo. —Y así fue, ambos pidieron al camarero.

El silencio entre madre e hijo se hizo presente, más no fue incómodo. Candy estaba intrigada sobre lo que Alan deseaba hablar con ella. Por su mente paso, que tal vez estaba interesado en una chica del colegio.

—Entonces mi amor. ¿Para qué soy buena? —preguntó la rubia.

—Mamá, ¿Ya olvidaste a papá?

—¿Cómo?

—Eso, ¿Ya olvidaste a mi papá?

—Por supuesto que no. Alan, ¿Por qué me preguntas eso?

—Por curiosidad, supongo. —respondió el chico, encogiéndose de hombros.

Candy quedo en blanco al escuchar a su hijo. Sabia que no era por curiosidad lo que le pregunto. Había algo más. Se veía tan serio en ese momento que no dudo en darle la respuesta. Tomó las manos de su hijo y hablo:

—Alan, yo nunca voy a olvidar a tú papá. El era mi esposo, él hombre del que yo estaba enamorada, el padre de mis tres mayores tesoros. Tony siempre tendrá un lugar especial en mi corazón.

—¿Ya no estás enamorada de él? —pregunto el chico triste.

—Por supuesto que estoy enamorada de él, pero ya no cómo un amor de pareja. El ya no está mi amor, por lo tanto ese amor quedo en el pasado. Ahora es diferente, es más de añoranza, de bellos recuerdos que viví con él. —respondió Candy, intuyendo por donde iba la conversación, por lo cual decidió ser lo más sincera posible y responder a su hijo de modo que él a sus dieciséis años, entendiera sus palabras.

—Entonces, ¿quieres volver a enamorarte de otro hombre? ¿Quieres que es hombre ocupe el lugar de mi papá?

Candy iba a hablar, más fue interrumpida por el camarero, quien llegó con su pedido. La mujer no pudo estar más agradecida, las preguntas de su vástago no eran muy sencillas de responder.

El camarero se fue, no sin antes desearles buen provecho, desapareciendo así de su vista y dejando a los comensales en silencio. Acto seguido comenzaron a engullir sus alimentos como si fuera la última vez. El tiempo paso entre ruidos de cubiertos golpeando el plato, una que otra mirada nerviosa y sonrisa tensa. Por ultimo fue traído el postre, y Candy decidió que ya no podía alargar su respuesta.

—Bien, ya que hemos disfrutado de esta buena comida, te responderé. Hijo, yo no voy a suplantar a tú papá con ningún hombre. Anthony es irremplazable, él fue único. Él tuvo, tiene y tendrá un lugar en mi corazón y en mi vida que nunca nadie va a ocupar. Si yo, llego a estar con otro hombre, él va a tener su lugar, uno que sólo será de él. Porque esa persona también será única e irremplazable.

—Mamá, ¿te interesa tío Terry?

Ufff, ¡y aquí vamos! Se dijo Candy. Estaba orgullosa de su hijo, Alan era muy perspicaz, intuitivo y observador. Iba a ser un muy buen abogado en el futuro. Parecía que era hora de hablar sobre su noviazgo con Terry. Alan era astuto, supo llevar la conversación al terreno que el quería, para poder sacar información, y eso le daba tranquilidad, ya que le tenía la pauta y confianza de hablar. Estaba sorprendida de que no se sintiera nerviosa, tal vez la forma en que su hijo la veía influyó en eso.

—Si, me gusta. —respondió simplemente.

—¿Y lo amas?

—Lo quiero, me atrae. Es un hombre interesante. A penas nos estamos conociendo, no podría decirte que lo amo —quiso ser lo más sincera posible—. ¿Por qué me lo preguntas?

—Es que yo los vi besándose el otro día afuera del edificio. En la noche, cuando llegaste tarde. —contesto el chico, ahora si dejando a Candy sin saber que decir.

En ese momento sintió vergüenza con su hijo, una cosa es que él sospechara algo, pero otra muy diferente es que, él tuviera la certeza de que entre ella y Terry hubiera algo más que una simple amistad. Sin darse cuenta, lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas, ella no quería fallarle a sus hijos, lo mas importante eran ellos. No soportaría que alguno la rechazara.

Alan al ver las lágrimas de su mamá, las limpió con sus manos suaves y largas, logrando que ella alzará el rostro, quedando ambos cara a cara, este le sonrió con ternura.

—Mami no llores por favor.

—Alan, mi amor, perdóname. Dios me siento tan avergonzada. —Dijo Candy con pesar.

—Mami, no digas eso. Tú no tienes nada de que avergonzarte. Ahora entiendo que mereces enamorarte de nuevo y ser feliz con un hombre que te ame y te valore. Mi tío Bert tiene razón.

—¿Hablaste con Albert de esto? —el chico afirmó— ¿Y cómo lo tomó?

—Mejor que yo. Él fue quien me aconsejó para hablar contigo primero. Y creó que me agrada que te guste tío Terry, es un buen tipo. ¿Son novios?

—Si. —respondió con pena y sonrojada.

—Ok, felicidades.

—¿No estás enojado? Si tú no estás de acuerdo, yo voy hacer lo que siempre sea mejor para ustedes.

—Ma, debo confesarte que cuando los vi, me molesté mucho. Tío Terry me cayó muy mal. Pensaba reclamarle a los dos, pero recordé que papá me enseñó, que no se debe hablar cuando se esta enojado, porque luego nos podemos arrepentir de nuestras palabras. Por eso mejor me esperé y hable con mi tío Bert.

—Mi vida, tú padre te enseñó cosas muy valiosas y me da gusto que a pesar de tu edad, recuerdes sus palabras.

—Todo lo que me enseño mi papá, nunca voy a olvidarlo mamá.

—Lo se hijo. —dijo la pecosa, acariciando las mejillas del chico.

—Mamá quiero que tío Terry hable con nosotros, debe de pedirnos permiso a mis hermanos y a mi, para que seas su novia. Tienes tres hombres en la casa, que responden por ti. —dijo el chico serio, situación que casi hizo reír a la rubia, que por respeto a su hijo, prefirió mantener la calma.

—Yo hablaré con él, pero ¿crees que Abel le parezca? No estoy segura que tu hermano lo tome bien. Ya sabes cómo está últimamente. —dijo Candy preocupada. Dudaba que Abel fuera a tomarse la noticia igual que Alan. Su hijo estaba con un carácter muy volátil.

—No te preocupes por él, yo se como calmarlo. Créeme que mi hermano, es inteligente y sabe lo que le conviene. —contestó recio y seco, cosa que no le agradó nada. Algo se traían entre manos ese par, y esperaba que no fuera nada grave. No sabría como lidiar con otro enfrentamiento de ellos. Si se amaban mucho y eran muy unidos, pero últimamente discutían y se gritaban cosas que solo ellos entendían.

—Esperó que todo salga como tu dices mi amor. ¿Nos vamos?

Candy pagó la cuenta, se retiraron del lugar partiendo juntos a su hogar. La rubia quedó feliz y satisfecha por haber podido decirle a uno de sus hijos, sobre su noviazgo, pedía a Dios que con los otros dos fuera así de sencillo. Más no se imaginaba la sorpresa que pronto llegaría a la familia.


Poco más de una semana había pasado desde que Candy y Terry habían comenzado una relación. Todos los días Terry trataba de llamarle, pero al estar casi todo el día ocupado, su opción era mandarle mensajes. Y eso era algo que no le gustaba mucho, él quería verla, anhelaba volver a besarla, estar con ella, pero de plano no podía. Estaba metido en un juicio que prácticamente le consumía todo su tiempo. Solo la vio el día que fueron de visita a ver a Karen, y ni siquiera fue a solas, ya que iban sus amigos con ellos. Estaba desesperado por verla, pero tendría que esperar al próximo fin de semana, cuando cada uno ya tuviera más tiempo libre. Candy saldría de vacaciones por navidad y fin de año, y sabía que se le complicaría verla. Eso de tener un noviazgo oculto, le estaba causando desespero, pero se aguantaba. El le prometió a Candy, que irían despacio, darle su tiempo para que hablara con sus hijos, y no lo iba a echar a perder por sus desesperación. Aunque según le envió Candy un mensaje, el mayor ya tenía conocimiento sobre su relación, cosa que le hacia sentir muy contento.

Si fuera por él, gritaba a los cuatro vientos su noviazgo, con gusto le restregaba en la cara a su ex su relación, esa mujer si que le empezaba a complicar las cosas. A penas el día anterior, Kristen tuvo el descaro de presentarse en su casa en un notable estado de ebriedad. Llegó gritando e insultando a todos, ante tal desfachatez, Eleanor su mamá, le propinó unas cuantas bofetadas, y como toda una dama, la sacó de su casa. No sin antes advertirle, que como siguiera metiéndose con su hijo y nietos, ella misma se encargaría de poner una denuncia en su contra y haría todo lo posible para que nunca más volviera a ver a sus hijos.

Eleanor Backer, era una mujer tranquila, amorosa y dedicada por completo a su familia. En su juventud se dedicó a hacer teatro, estaba estudiando artes escénicas cuando conoció a Richard Granchester, su amor se puede decir que fue a primera vista. Él estudiaba abogacía, y en cuanto la vio, supo que esa era la mujer con la quería pasar el resto de su vida, y la que sería la madre de sus hijos. La pretendió por casi un año, pasado este tiempo se hicieron novios, luego vino el compromiso, el matrimonio y al año de casados, Eleanor se embarazó de su primogénito: Terrence Graham, quien vino a llenar de dicha y alegría al joven matrimonio. Por tal motivo, dejo la escuela y se dedicó a cuidar de lleno a su retoño y a los que vinieron después. Ya cuando sus hijos eran adolescentes y Karen era una niña, regresó a la escuela, pero ahora para estudiar diseño de interiores, se graduó y con la ayuda de su esposo, puso su tienda, la cual contaba con una amplia clientela.

Terry desde niño fue un muy independiente, le gustaba pasar tiempo a solas, era apegado a ellos, pero también ponía su distancia, sin ser apático. Siempre se tomo en serio su papel de hijo mayor. Eleanor, veía en él a un protector, un hombre responsable, justo y con metas bien definidas, le conoció una que otra relación, que no siempre fueron de importancia, ya que no las llevaba con ellos. Pero cuando conoció a Kristen, supo de inmediato, que su hijo se había deslumbrado con ella. Sabia que no era amor, tal vez cariño, pero nada más. Ella como buena madre observadora que era, supo que Kristen era una mujer interesada, caprichosa y manipuladora. Más no interfirió en su relación, no podía meterse, pues corría el riesgo de que Terry se molestara y se alejará. Y más uando supo que iba a ser padre, veía a su hijo tan ilusionado, que sabía que lo que ella le dijera, él no lo iba a tomar nada bien. Decidió esperar, viendo solamente como se daban las cosas con su matrimonio. La llegada de los gemelos fue una gran alegría para todos, ya contaban con Kate, su nieta la mayor, hija de Leonardo. Esos niños llegaron para darle otro sentido a cada integrante, pero con ello, también vino la verdadera cara de Kristen. Abandono a sus hijos a su suerte, engañando y mintiendo a Terry, aprovechando cada oportunidad cuando este no se encontraba en su casa para hacer lo que le diera su real gana. Cuando este se entero de las infidelidades de ella, el mundo de su hijo se vino abajo, de ser un hombre seguro, cayó hasta lo más hondo que un hombre puede caer. La desilusión, su orgullo herido, su hombría puesta en duda, y todo lo que experimentó, fuente un golpe muy duro que terminó por destruirlo y lo orilló a volverse agresivo, alcohólico y drogadicto. Olvidándose por completo de sus hijos, su trabajo, su familia, todo lo que había construido se vino a bajo de un momento a otro.

En medio del dolor de ver a su hijo así, ella tomó las riendas de sus nietos, y juntó a su familia ayudaron a Terry a salir de ese pozo en el que estaba metido. Fue una tarea difícil, hubo lágrimas, desespero, angustias, rechazos, más gracias a la unión y al amor que en su familia había, mas una gran paciencia, lograron que Terry se levantara. Dejó el alcohol, la droga, se acercó más a sus hijos, recuperó su amor propio, y con ayuda profesional, venció todo en lo que en un año padeció.

Por esa causa, fue que se prometió a ella misma, no quedarse callada ante las circunstancias que viera alrededor de sus hijos. Iba a luchar con uñas y dientes si fuera preciso para defenderlos. No iba a permitir que ninguna mujer y hombre en el caso de su hija, volvieran a casi destruir su familia. Lo que nunca pensó es que su niña, fuera a pasar por algo mucho peor. Más a Dios gracias, eso también se resolvió y ya pronto tendría a su hija de vuelta.

Cuando vio a Kristen en su casa y en su sala, hablando pura tontería y llenándose la boca para hablar en contra de Terry y sus propios hijos. Su interior se llenó de un enojo descomunal, esa mujer no tenía ni una pizca de vergüenza, no lo pensó dos veces, y con toda su fuerza y algunos anillos que llevaba en sus dedos, le propinó dos bofetadas. La agarro de los cabellos, y con una fuerza que nadie hubiera creído que tenia, la sacó de su residencia. Ya estando la mujer afuera, le advirtió que nunca más volviera a poner un pie en su casa, y que no se le ocurriera, volver a molestar a su familia, porque si lo hacía, iba a usar todas las influencias de su marido en su contra y unas cuantas cosas más.


Abel Andley segundo hijo de Anthony y Candy, quien estaba por cumplir quince años. Era un guapo rubio de ojos verdes, con ligeras pecas en su rostro, muy parecido a su mamá. Alto, delgado, no tan atlético como su hermano mayor. Él era más de leer, de estar en su casa, más serio y callado, su carácter introvertido, y su dedicación a su familia eran su sello. Más al morir su papá, y el que Candy dejara el hogar para salir a trabajar, ocasionó un cambio drástico en él. Su carácter y temperamento cambiaron radicalmente, llevándolo a comportarse de una manera rebelde y extrovertida. Esto se reflejó en su distanciamiento hacía Candy, en la relación con la gente que lo rodeaba, en su conducta y calificaciones en el colegio. Y es ahí, donde se concentra más su mal comportamiento: malas notas, citatorios a Candy por no entregar tareas y por no prestar atención a sus maestros.

El chico guardaba coraje, frustración, y confusión, ante todos los acontecimientos que vivió desde la muerte de su padre. Por ello, la ayuda, paciencia y apoyo que recibió por parte de Candy, lo llevó a hablar con Patty, al ser ella la psicóloga del colegio, las sesiones iban dando resultados. También influían las pláticas que tenía con su tío Joseph, los consejos y la ayuda que él le proporcionaba eran vitales para su relación con su mamá, poco a poco iba recuperando su confianza y relación de madre e hijo. Otro tanto eran su tío Albert, Stear y Terry. Lo que si no tuvo muchos cambios fue la relación con Alan, su hermano mayor sabía escucharlo, lo reprendía cuando era necesario, la hermandad que manejaban, era de confidentes.

El tiempo que llevaba asistiendo al Colegio San Pablo, fue de gran ayuda para él. Pero lo que significó que comenzara a tomar las cosas con más madurez y aceptación, fue la relación que inició con una chica, estudiante del mismo colegio, compañera de clase de Alan. Su relación comenzó siendo de amigos, tomaban el receso juntos, platicaban, en poco tiempo se volvieron confidentes e inseparables. Ella era una muchacha sencilla a pesar de provenir de una familia adinerada. Nada pretenciosa, bonita, estatura media, ojos azules, cabello rubio cenizo y largo –el cual Abel adoraba–. Su relación tomó otro rumbo, apenas un par de meses. Un noviazgo del que nadie estaba enterado, a excepción de Alan, quién con el deseo de que su hermano estuviera tranquilo, les guardó el secreto.

Todo parecía ir de maravilla, pero con lo que no contaban ambos jóvenes, es que cuando eres joven e inexperto, las hormonas te pueden jugar en contra. Y eso era lo que Abel descubrió una junto a su novia hace unos días atrás. La chica había comenzado a sentirse mal, vómitos matutinos, sabor raro en la boca, antojos de un momento a otro y un periodo menstrual que no llego, fueron las señales de que algo pasaba en su cuerpo. Los jóvenes ayudados por Alan, acudieron a una prueba de embarazo casera. Resultado que dejo en shock a los tres, en especial a los futuros padres. La realidad de lo que hicieron los jóvenes, fue como un balde de agua fría. El regaño y enojo de Alan, no se hizo esperar, más pasados estos, los apoyo e instó a que hablaran con sus respectivos padres y buscarán junto a ellos una solución que fuera favorable a su futuro hijo.

Y Ahí estaba Abel, junto a la puerta de la habitación de Candy, decidiendo si entrar o no a hablar con ella, y decirle lo que estaba ocurriendo con él. Había sido ultimo día de clases, las vacaciones decembrinas llegaron, y prácticamente iban a estar juntos todo el tiempo que estás durarán. Tenía que decirle, no sabía como iba a reaccionar, tenía temor de lo que pudiera suceder, por favor, era solo un joven de quince años. ¿Cómo se supone que tienes que enfrentar una situación así? Sentía que había defraudado a su mamá, a sus tíos, a sus abuelos, a su papá, y eso es lo que lo tenía triste y enojado al mismo tiempo.

No había de otra, tenía que decirle, así que tomo aire y golpeo la puerta. —Adelante. —se oyó decir a Candy.

—Soy yo mamá. ¿Estás ocupada? —preguntó con timidez.

—Hola mi amor, por supuesto que no. Para ustedes siempre tengo tiempo. Ven pasa, siéntate aquí conmigo. —habló Candy con una sonrisa, dejando a un lado un libro que estaba leyendo recostada en su cama.

Abel se acercó y recostándose junto a ella, dijo: —Mamá quiero decirte algo.

—Dime mi amor. ¿Qué sucede? ¿Todo está bien?

—No. Yo… ¿te acuerdas de Kate?

—Por supuesto, tu amiguita del colegio.

—Si ella.

—¿Qué sucede con ella? ¿Tiene algún problema?

—Si, ella está… está embarazada.

—¿Cómo? Pero, por Dios. ¡¡Es una niña!! —exclamó Candy sorprendida.

—Si verdad. —respondió Abel nervioso.

—¿Y ya lo sabe su papá de ella? ¿Y el papá de ese bebe lo sabe?

—Su papá de Kate no sé, me imagino que en eso están. Y el papá del bebé… pues si.

—¿Y tú, como sabes que si? ¿Es que acaso sabes quien es? —pregunto Candy, ya con el temor en su voz.

—Si. —respondió el chico en un susurro y agachando su cabeza.

Candy sintió sus lágrimas salir, con esa acción su hijo le respondió. No podía ser cierto, Abel, su niño, iba a ser papá. Eso debía de ser una broma de mal gusto.

—Abel, mírame —su hijo levantó su rostro bañado en lágrimas, sus ojos demostraban un sinfín de emociones, que Candy no supo interpretar—. Tú eres el papá de esa criatura, ¿verdad? —el chico afirmó moviendo su cabeza.

Y Candy hizo lo impensable, abrazó a su hijo fuertemente, el joven al sentir los brazos cálidos de su madre y al no sentir su rechazo, la abrazó igualmente, y lloró. Lloró como un niño, dejando en ello todo su dolor, su desconcierto, su tristeza, su culpa, todos esos sentimientos que por año y medio guardo en su corazón. Candy, al sentir el desgarre de alma que estaba teniendo su retoño, lloró junto con él, y consoló a su hijo. Su niño había vuelto, pudo sentirlo, y aunque no era la mejor manera de que así fuera, lo tomaba, y daba gracias a Dios por ello. Ya después verían como afrontar todo lo que venía para ellos.

Ahora es cuando entendía la reacción reacia de Alan al hablar de su hermano.

Continuará…


*Nombre ficticio.

¿Qué les pareció? ¿Las sorprendi? Espero que sí. Quise darle un giro a la historia, porque créanme, a veces las cosas en la vida se juntan. Pero siempre hay una salida, si se toman seriamente y con madurez, y si son guiados con la dirección de Dios, todo se resuelve favorablemente.

¿Cómo ven que Abel va a ser papá con tan solo quince años? Agregué esto, porque hace tiempo mi hijo me preguntó, ¿que haría yo, si él pasaba por algo así? Y mi respuesta fue, que lo haría responsable de sus actos. Lo apoyaría si, pero no le resolvería la vida.

Pienso que la reacción de Candy es buena, un padre está para apoyar, guiar y ayudar a sus hijos. Pero no para solaparlos y quitarles responsabilidades que ellos solitos se buscaron. ¿Ustedes que harían?

Gracias por seguir la historia y estar presentes. Ya quedan pocos capítulos. Reiteró que terminando está historia, entraré de llenó a "Olvido".

En la próxima actualización vendrá la resolución de este capítulo.

Muchas gracias por sus comentarios.

Saludos y bendiciones.

Nally Graham.

Marzo 2020