Bloody Eyes.

Capítulo seis: Demonio.

Kohaku estaba furiosa, y confundida. ¡Pero sobre todo furiosa!

El día anterior se limpió los restos de sangre lo mejor que pudo y cubrió la herida lo más posible, evitando a todos y yendo a dormir temprano.

Hoy se despertó con mucha hambre y salió rápidamente de la casa para cazar algo, sin querer que nadie note la herida en su cuello. No quería responder ninguna posible pregunta.

Después de alimentarse bien y hacer un poco de ejercicio ligero, se sintió un poco más fuerte.

Claro que dormir ayudo, pero el sueño que tuvo no la ayudó mucho a relajar la mente…

Sus mejillas se ruborizaron levemente al recordar su sueño. En él aquel demonio, en vez de alejarse como pasó en la realidad, continuó con sus caricias y la besó, tocándola y haciéndola sentirse tan bien como cuando estaba mordiendo su cuello. Se sentía avergonzada de sí misma por eso. ¡Pero esto debía ser algún embrujo de ese demonio del infierno!

Por eso, aunque sabía que no estaba al cien por ciento de sus capacidades, decidió que ese día también saldría de la aldea.

Sin embargo, no se molestó en llevar la vasija para el agua caliente.

Ya sabía que lo más probable era que ese demonio la interceptará a medio camino, por alguna razón él había recalcado con mucha seriedad que no pasará los campos de flores. Y estaba segura de que si iba lo encontraría esperándola. Pero eso era exactamente lo que quería.

Era una oportunidad perfecta para matarlo.

Aunque logró distraerla con su vil brujería depravada, ese miserable la había herido. ¡Y hasta intentó deshonrarla! Merecía la muerte sin duda alguna. Y tal vez los cortes sanarán rápido, pero seguramente el demonio no podría vivir sin cabeza.

Cuando llegó a los campos de flores, efectivamente lo encontró esperando por ella. Tal como pensó.

Se mantuvo en una posición defensiva, ya que no sabía de qué era capaz.

Al estar a solo unos cuantos metros de distancia, habló.

-¿Qué eres tú?- fue lo primero que preguntó. -¿Eres un demonio?- estaba casi segura de que era un demonio o un brujo malvado.

-Demonio ¿eh?- sonrió ladinamente, hurgando en su oído con el meñique. -Bueno, según algunas culturas, podría decirse que si.-

Kohaku pestañeó, aturdida.

-¿Qué dices? ¡¿Lo eres o no?!- lo apuntó con su cuchillo.

-Llámame como quieras, realmente no me importa.- suspiró profundamente. -Vuelve a la Aldea, Kohaku.- dijo suavemente, seriamente.

-¿Por qué has estado más de un año siguiéndome? ¿Por qué me has atacado tanto al principio y por qué volviste a atacarme ayer luego de tanto tiempo? ¿Qué quieres de mí?- se mantuvo quieta en su lugar, pero con sus cuchillos en alto. Si se acercaba iba a matarlo.

-Por ahora solo quiero que vuelvas a la aldea.- hizo una mueca de frustración.

-¡Contesta con la verdad! ¡¿Acaso quieres divertirte deshonrándome para luego matarme?! ¡¿Por qué estás detrás de mí?!-

-Ahora mismo estoy frente a ti.- sonrió burlonamente.

Kohaku se quedó en blanco por un momento.

¿El demonio acababa de hacer un chiste malo? ¿En serio?

-¿Quién eres?- ladeó la cabeza, más que muy confundida. -¿Tienes un nombre?-

Ante esa pregunta, el demonio se quedó en silencio por un momento, apretando los labios, antes de finalmente hablar.

-Vuelve a la Aldea, Kohaku.- repitió.

Ella gruñó, ya comenzando a hartarse de ese monstruo.

-No lo haré.- dijo firmemente. El demonio dio un paso hacia ella, que de inmediato agitó su cuchillo en su dirección, obligándolo a retroceder una vez más a pesar de que no se había acercado casi nada. -Tú eres el que volverá a su hogar, ¡porque hoy mismo voy a enviarte al infierno!- avanzó con intención de comenzar su ataque, pero en un parpadeo él desapareció de su vista y lo siguiente que Kohaku supo fue que la estaba llevando sobre su hombro. -¿Qué…?... ¡Oye, suéltame!-

-Te dije que iba a atarte a un maldito árbol.- masculló amargamente mientras trotaba de regreso a la primera barrera de bosque.

Como el idiota solo estaba sujetando sus piernas, Kohaku no perdió el tiempo y clavó uno de sus cuchillos directo en su hombro derecho, que era con el que soportaba su peso, provocando que él gruñera de dolor y trastabillara, momento de debilidad que ella aprovechó para retorcerse y tratar de hacer que la suelte, aunque en su lugar acabaron los dos en el suelo. Con él encima de ella una vez más.

Sus miradas se encontraron y ella sabía que debería haber aprovechado que él no estaba sujetándola para atacar otra vez, lo sabía, pero aun así… solo fue capaz de mirarlo y seguir mirándolo.

No pudo evitar recordar el día anterior, y el sueño que tuvo. Y lo bien que se sintió todo…

Honestamente, aunque se odiaba por ello, una parte de ella quería que volviera a morderla, a lamer y chupar su piel y su sangre. Quería volver a sentir ese placer. Y era un pensamiento absolutamente pervertido e incorrecto, pero no podía evitar pensar así, mucho menos al verlo mirándola con la misma intensidad, con sus ojos de vez en cuando parpadeando hacia sus labios.

Quería besarla. Y ella quería besarlo también.

Y, antes de ser capaz de pensar las cosas dos veces, Kohaku tomó los lados de su rostro y bajó su cabeza, haciendo que sus labios se encuentren en un beso.

No estaba del todo segura de qué hacer, solo mantuvo su boca presionada contra la suya, suspirando internamente al sentir una calidez y cosquilleo agradable en su boca. Era una sensación nueva increíblemente agradable. Le estaba gustando mucho.

Pero le gusto todavía más cuando él comenzó a mover sus labios contra los suyos, y todavía más cuando comenzó a lamerlos suavemente, dudoso y siempre con mucha lentitud, como si temiera que ella lo apuñalaría en cualquier momento. Y debería, pero…

Llevo sus manos a su espalda, pasando las manos por sus omóplatos antes de subir hasta su cabello y apretar con suavidad sus mechones entre sus dedos.

Él gruñó algo que no entendió y de repente introdujo su lengua en su boca, sorprendiéndola al punto de que abrió mucho los ojos y apartó las manos de su cabello, quedando completamente inmóvil mientras él devoraba su cavidad de una forma un tanto brusca y francamente caliente. Fue cuestión de minutos para que ella volviera a cerrar los ojos y le correspondiera lo mejor posible, llevando sus manos a su rostro otra vez mientras envolvía sus piernas alrededor de su cintura.

Sintió algo duro contra su trasero pero no le dio importancia, más concentrada en intentar imitar los movimientos de su lengua con la suya propia.

Él llevo las manos a sus muslos y Kohaku por un segundo tuvo la impresión de que iba a apartarla, pero entonces él bajó su mano lentamente, haciéndole una larga caricia en lo que deslizaba los dedos por debajo de su vestido. Ella tembló de pies a cabeza con su toque, lanzando un pequeño gemido contra su boca.

Su mano rozó los bordes de su ropa interior… y fue entonces que él se apartó de golpe, gruñendo y dándose repetidas palmadas en la frente.

-¿Qué…?...- Kohaku se quedó en el suelo otra vez, más confundida y aturdida que nunca antes, sintiendo una extraña urgencia de algo que no podría describir y un calor picante en su bajo vientre.

-Mierda, maldita sea.- él seguía gruñendo y maldiciendo. -Maldición, Kohaku…- la miró lleno de frustración. -Mira, solo toma esto y vuelve a la Aldea de una buena vez.-

Le arrojó una extraña vasija miniatura hecha de un material extraño similar al hielo. Se podía ver que dentro de esa vasija había una extraña crema verdosa.

-¿Una… pócima?- se espantó.

Él rodó los ojos.

-Colócala en tu cuello, en donde… te lastime.- hizo una mueca con una emoción indescifrable, antes de suspirar. -Eso hará que sane con más rapidez, mañana tu cuello estará como nuevo.- ella lo miró con desconfianza. -Mira, sé que quieres matarme y no confías en mí para nada, y lo entiendo. Pero intenta pensar con lógica, si quisiera matarte, ya lo habría hecho. Si quieres que la herida sane sin problemas, usa la crema. No te diré nada más. Es tu decisión si quieres creerme o no.- le dio la espalda y comenzó a alejarse a paso rápido, sorprendiéndola por no haber simplemente desaparecido esta vez.

Casi sin siquiera pensarlo, Kohaku se sentó y gritó.

-¡Espera!- él no se detuvo, pero su andar se hizo considerablemente más lento. -¿Cuál es tu nombre?-

No sabía por qué le importaba saberlo, pero por alguna razón sentía que necesitaba esa respuesta.

A pesar de ser un demonio, él había demostrado algo de humanidad… aunque podría ser un engaño… y por esa razón necesitaba una respuesta a esa pregunta. Necesitaba saber que había besado a un hombre y no a un monstruo.

Él suspiró exageradamente, deteniéndose por un momento para voltear a verla por encima del hombro lleno de irritación.

-Mi nombre es Senku.- sonrió ladinamente. -Ahora vuelve a la Aldea, Kohaku.- sin nada más que decir, ella simplemente lo observó alejarse hasta que desapareció de su vista.

Continuara...