Bloody Eyes.

Capítulo ocho: Indefensa.

Kohaku se sentía bastante avergonzada de sí misma y de la escena que había armado antes frente a Senku.

Lo peor era que ahora estaba decidida a seguir trayendo esa agua curativa para su hermana y sabía que tendría que toparse con él una vez más. Y eso sin duda sería incómodo.

Volvió a ignorar la petición de Chrome de que lo acompañara en sus excursiones y salió a buscar el agua para su hermana después del mediodía después de pasar toda la mañana dudosa respecto a qué debería hacer si el demonio intentaba impedirle pasar.

Cuando llegó a los campos de flores, sintió movimiento en la segunda barrera de bosque, pero Senku no se mostró, por alguna razón decidió permanecer oculto. Pues bien, ella aprovecharía eso para pasar.

Fue a la fuente de agua caliente con Senku siguiéndola a una distancia considerable, todavía oculto a la vista.

Llevó la primera vasija sin problema y luego corrió para obtener una segunda vasija llena de agua, para luego ir por la tercera, con Senku siguiéndola todo el tiempo como el bicho raro que era.

Luego de dejar a su hermana tranquila tomando su baño, decidió ir hasta los campos de flores otra vez, sin estar realmente segura de por qué.

Por supuesto, Senku volvió a seguirla.

Una vez estuvo frente a la segunda barrera de bosque y él permaneció oculto, miró ceñuda a los árboles y habló con acidez:

-¿Por qué demonios te escondes?- cruzó los brazos bajo su pecho. -¡Todavía tengo preguntas para ti, ya sabes!- reclamó. Cuando él no dijo nada y ni siquiera se movió, ella gruñó por lo bajo, sacando un cuchillo. -¡¿Cuánto tiempo más seguirás con este juego?! ¡Si no vas a dejarme en paz, al menos dime porqué!-

Finalmente, él saltó desde un árbol hasta acabar justo frente a ella, con una mirada feroz en sus ojos rojos.

-¿Yo dejarte en paz a ti?- alzó las cejas con sequedad. -Tú eres la que ha estado fastidiándome todo este tiempo. Fastidias mi vida, tu vida y la vida de toda tu Aldea. ¿Tienes idea de lo molesta qué eres?- se acercó más a ella, haciéndola retroceder un paso. -Lo dudó. Tú no tienes idea de nada.-

Kohaku estaba pasmada. A diferencia de sus encuentros anteriores, él se veía muy frustrado y enfadado. Y ella no estaba entendiendo nada.

¿Debería temer por su vida?

¿Debería atacarlo?

-Entonces, si no tengo idea de nada. ¿Por qué no me lo explicas, Senku?- frunció el ceño. -Dime el motivo de tus palabras y tus acciones tan extrañas.- su mirada se ablandó levemente, un tanto desesperada por saber la verdad. Saber más de él. -Por favor.-

En menos de un parpadeo, lo tuvo cara a cara, con sus narices casi tocándose.

-Tú eres la que actúa extraño. Desnudándote frente a mí, besándome…- ella se sonrojó profundamente. -Atacándome… sin miedo alguno.- suspiró. -Y no lo entiendo…- estiró una mano hacia ella, rozando sus nudillos contra su mejilla. -¿Por qué no tienes miedo de mí?-

Ella pestañeó aturdida, apenas pudiéndose concentrar en nada más que en su cercanía y su toque.

-Yo… Tuve miedo.- admitió un tanto renuente. -Pero ya no lo tengo…-

Senku frunció el ceño profundamente, con un brillo de algo indescifrable en sus ojos rojos.

-¿Por qué no?- sus dedos se deslizaron hasta su barbilla.

-Yo… no lo sé…- susurró casi temblando, casi derritiéndose por sus dedos sosteniendo delicadamente su mentón.

-Entonces déjame decirte porqué.- se inclinó más hacia ella, pegando sus mejillas y rozando sus labios contra su oído. -Porque eres mi presa, Kohaku.-

Antes de que pudiera siquiera procesar sus palabras, la giró rápidamente, pegando su espalda a su pecho mientras la hacía hincarse hasta el suelo, acabando ella sentada sobre las florecitas blancas con el sentado detrás de ella, teniéndola en medio de sus piernas. Enterró el rostro en su cuello, pegando sus labios a su piel, haciéndola estremecerse.

-¿S-Senku?- quiso voltear a verlo, pero entonces él la mordió.

Gimió de placer, ya que esta vez no estaba extrayendo sangre, simplemente estaba mordisqueando su piel de una forma tan cálida y húmeda que hizo sus piernas temblar.

Posó una de sus manos en su estómago, justo por debajo de sus pechos, aunque ella rápidamente perdió interés en eso cuando empezó a chupar la piel de su cuello, lamiendo suavemente antes de volver a morder con mucho cuidado, como si ella fuera tan frágil como las flores que estaban aplastando en esos momentos.

Sin embargo, pronto su atención volvió de golpe a su mano cuando esta comenzó a bajar por su vientre ejerciendo una suave pero firme presión que la tuvo jadeando a los pocos segundos.

Una sensación burbujeante y urgente comenzó a brotar desde su bajo vientre, extendiéndose lentamente desde allí hasta su cabeza ardiendo por el rubor y la punta de sus dedos temblorosos.

No sabía qué estaba sintiendo, solo que se sentía increíblemente bien. No sabía qué hacer, así que solo cerró los ojos y se quedó indefensa ante él.

Su mano bajo por su cadera y se deslizó atrevidamente por la piel expuesta que dejaba su vestido, llegando hasta sus muslos y frotando con sus dedos la piel tersa, provocándole un agradable cosquilleo que solo aumentó de una forma desmedida e indescriptiblemente placentera cuando sus manos retrocedieron hasta meterse debajo de su vestido, llegando a su muslo interno.

Volvió a gemir, apretando sus muslos juntos por lo abrumador de la sensación, solo para que la otra mano de Senku abandonara su cadera y fuera a su otra pierna, ejerciendo la suficiente fuerza para separar sus muslos otra vez antes de que ahora sus dos manos comenzaran a recorrer la piel de sus muslos, provocando que su respiración se saliera por completo de control.

La respiración de Senku también estaba demasiado agitada. Y él solo le daba leves caricias con su lengua en su cuello de tanto en tanto, contribuyendo a hacerla sentir más y más mareada por las sensaciones.

Era tan confuso… tan agradable… una sensación tan única que solo él podía provocarle.

Al sentir su mano rozar la punta de su ropa interior, abrió los ojos de golpe.

Volteó a verlo con confusión, pero él seguía con su rostro enterrado en el hueco de su cuello.

Sus dedos se colaron bajo la tela y ella se puso rígida.

¿Qué estaba…?...

Ahogó una exclamación al sentir la yema de uno de sus dedos rozar muy suavemente su vagina, antes de hacer una suave presión en el lugar que hizo que los dos fueran muy conscientes de la humedad que se estaba acumulando en su entrada.

Tembló de pies a cabeza al sentir sus dedos recorrer suave y lentamente su zona más íntima, hasta que llegó a su clítoris y lo frotó delicadamente, haciéndola lanzar un pequeño chillido que la hizo volver a cerrar los ojos con fuerza y que sus manos se apretaban en puños, destrozando las florecillas blancas debajo de estas.

-Perdóname por esto, Kohaku…- habló él en un susurro contra su oído, sorprendiéndola. -Pero… es la única forma que se me ocurre para que todo vuelva a la normalidad…-

-¿Eh?- quiso voltear a verlo, pero entonces él retorció su clítoris entre sus dedos, dejándola sin aliento.

La sensación fue un pinchazo de placer instantáneo, que fue seguido por toques más calmados y casi de disculpa por el movimiento brusco. Él la frotó con delicadeza, remojando sus dedos en la humedad que escapaba de su entrada para luego volver a flotar su clítoris con más fuerza, con sus dedos moviéndose desde sus lados, uno hacia adelante cuando el otro se movía hacia atrás, para después presionarlo firmemente con su pulgar.

Ella estaba una vez más indefensa. Entregada a las sensaciones, al placer y a Senku.

En medio de todo esa bruma, él volvió a morder suavemente su cuello y eso por alguna razón terminó de volverla loca.

Con una de sus manos torturando aquel punto de placer y la otra todavía haciéndole placenteras caricias en su muslo, mientras su boca se encargaba de succionar su cuello, Kohaku gritó de puro gozo mientras su cuerpo entero temblaba, llenándola de una sensación indescriptiblemente agradable, un sentimiento de placer absoluto que finalmente logró calmar esas inmensas ansias que habían surgido como llamas en su vientre.

Y entonces Senku se apartó de ella, dejándola caer como peso muerto sobre las florecillas blancas, respirando agitadamente y todavía temblando y con la vista nublada.

Sin embargo, esa sensación de gusto infinito se desvaneció de golpe al ver la indiferencia en sus ojos rojos al mirarla.

-Con eso debería ser suficiente…- murmuró con voz cargada de amargura. -La próxima vez que nos veamos, espero encontrar a una feroz leona en vez de una gata en celo.- sonrió con burla, llenándola de indignación. -Aunque intentes matarme, al menos será tu voluntad…- susurró en voz tan baja que casi no lo escuchó.

Y entonces volvió a desaparecer repentinamente, dejándola allí tirada todavía luchando por respirar correctamente. Y ardiendo en ira.

¿Gata en celo? ¿Leona feroz? ¿Matarlo?

Ese miserable…

Iba a recibir su merecido por haberla hecho pasar por esta humillación. Y lo haría probar una cucharada de su propia medicina.

La próxima vez que lo viera, él sería el que estuviera en la palma de su mano.

Continuara...