Bloody Eyes.
Capítulo nueve: Presa.
El resto del día Kohaku se la pasó refunfuñando y luchando por bajar su vergüenza. Volvió a la aldea solo al anochecer y al hacerlo no fue directamente a su casa, sino que tomó un desvío hasta la choza de otra aldeana.
Kujaku era una mujer de cabello rubio corto y mirada afilada. Y ella tenía la reputación de mujer sin honor. Era la única divorciada en la aldea y según los rumores casi había roto dos matrimonios desde su divorcio. Y era exactamente la persona que buscaba.
-¿Kohaku-chan?- cuando tocó a su puerta, ella la miró muy sorprendida. -¿Pasa algo?- sonrió amablemente.
-Más o menos…- se mordió el labio, sin poder creer que realmente iba a hacer esto. Y todo por ese bastardo endemoniado. -Yo… necesito un consejo sobre… hombres.-
-¿Oh?- la sonrisa de Kujaku se hizo más grande y más traviesa. -Nunca creí que tú te enamorarías, que agradable sorpresa. ¿Y puedo saber quién es el afortunado?-
-¡N-no es nada de eso!- protestó de inmediato. -No estoy enamorada. Más bien…bien.- apretó los puños. -Quiero venganza. Quiero ganarle en su propio juego a ese pervertido.-
-Muy, muy interesante…- la mujer mayor rió sonoramente. -En ese caso, estaré encantada. Y no te preocupes, no le diré nada a nadie.- guiñó un ojo, antes de invitarla a entrar.
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Al día siguiente, Kohaku se despertó con las mejillas todavía rojas por la cantidad de cosas pervertidas que había escuchado, pero también se despertó con su mirada llena de determinación. Llena de deseos de venganza.
"Porque eres mi presa, Kohaku", eso fue lo que le dijo el bastardo pervertido ayer antes de dejarla tirada y humillada.
Ahora era su turno de ser la presa.
Fue con sus cuchillos listos, volvió a denegar la petición de Chrome de acompañarlo fuera de los campos de flores y se encaminó hacia la segunda barrera de bosque con sus cuchillos en mano. Aunque era una farsa, por supuesto.
Quería hacerlo pagar, pero no precisamente con sangre.
Al verlo salir de entre los árboles apenas llegó al último de los campos de flores, contuvo una sonrisa.
-¿Otra vez aquí, eh?- suspiró resignado. -¿Vienes a matarme?- rió secamente al ver los cuchillos en sus manos.
-Ja, por supuesto que sí.- mintió mientras seguía aproximándose a él. -Es lo que te mereces por intentar deshonrarme con tus poderes inhumanos.-
-Tienes razón en que me lo merezco.- admitió con una sonrisa despreocupada. -Pero eso no significa que simplemente me dejaré morir sin hacer nada para impedirlo.- advirtió con una mirada distante.
-¿Oh? ¿Planeas matarme, entonces?- sonrió arrogantemente, sin saber por qué estaba tan segura de que no lo haría.
Y al ver su mueca de enfado solo lo confirmó una vez más: Él no quería lastimarla. Quizás nunca lo quiso.
Lo vio sacar una vez más esa soga irrompible y contuvo su sonrisa victoriosa. Esto era justo lo que quería.
Él desapareció de su vista, pero Kohaku sabía que venía en su dirección, y aunque no sabía exactamente desde qué ángulo, lo único más rápido que su vista eran sus manos. Así que giró sobre sí misma a gran velocidad balanceando sus cuchillos en todas direcciones. Y un quejido de dolor llegó a sus oídos. ¡Logró cortarlo!
Sonrió arrogantemente mientras la sangre se evaporaba de su cuchillo en lo que él se apartaba gruñendo, con un largo corte en su rostro sanando rápidamente.
Las próximas veces que se acercó a toda velocidad, Kohaku empleó la misma estrategia, solo tres veces más de hecho, hasta que al fin obtuvo lo que quería.
Tal como había estado sospechando… después del cuarto corte, fue capaz de seguir a Senku con la mirada, aunque sea ligeramente. ¡Podía verlo!
Era cierto. ¡Tener que curarse lo hacía más lento!
Decidió cortarlo una quinta vez antes de ser ella la que se lanzara contra él. Pero al hacerlo lanzó lejos sus cuchillos y eso lo sorprendió tanto que bajó la guardia y ella logró tumbarlo sobre las florecillas blancas que una vez más serían víctimas de sus cuerpos aplastándolas.
Se posicionó encima de su cuerpo y, aprovechando su aturdimiento, le quitó la soga y a gran velocidad ató sus manos antes de que empezara a quejarse y retorcerse.
-¿Qué demonios estás haciendo, Kohaku?- forcejeó inútilmente contra la soga. -Te lo advierto, si planeas llevarme a la aldea a interrogarme te aviso que tengo mis trucos para…- calló cuando ella posó las manos en su pecho mientras abría bien las piernas y se apoyaba más sobre su abdomen. Sus ojos rojos se ampliaron y la respiración se le atoró en la garganta cuando se arrastró lentamente desde allí hasta su regazo, directamente sobre su entrepierna. -¿Qué… mierda… haces?- gruñó con la respiración acelerada.
Aunque con la cara roja, Kohaku volvió a sonreír con arrogancia.
-Ja. ¿Qué te parece que hago?- apoyó las rodillas firmemente a cada lado de sus muslos y se levantó levemente antes de volver a bajar, sentándose otra vez sobre su entrepierna. Y entonces repitió el movimiento, solo que esta vez bajó más rápido hacia él pero se deslizó más lentamente sobre su cuerpo, a lo largo de su miembro que ya estaba comenzando a endurecerse.
Él la observó con la boca abierta, completamente mudo mientras ella brincaba suave y lentamente sobre su miembro, aún estando ambos completamente vestidos.
Ella tenía su rostro más rojo que nunca, pero vio complacida como el hombre con poderes que sobrepasaban su imaginación volvía a tener ese suave rubor en su rostro, el mismo que cuando ella casi se desnuda frente a él. Y no pudo evitar preguntarse… ¿cómo se vería más sonrojado?
La idea la hizo deshacerse un poco de su vergüenza y llevar sus manos a las tiras de su vestido, a las que bajó sin más rodeos, atenta a sus reacciones, complacida al ver sus ojos ampliarse. Su rubor se intensificó un poco más al ver su sujetador mientras ella ahora solo se movía de un lado a otro sobre su erección ahora muy grande y muy dura cubierta por sus pantalones. Pero quería más, así que bajó las tiras de su sujetador y luego deshizo el nudo. Dudó solo un momento, antes de que sus ojos expectantes terminaran de convencerla y apartara el sostén lentamente, dejando a la vista sus pechos ante sus ojos.
Ahora si que él se sonrojó de un intenso tono escarlata y ella pudo dejar un poco de lado la vergüenza y sonreír complacida.
Recordó los consejos y posó suavemente sus manos en su abdomen para luego comenzar a mover sus caderas en un movimiento circular, frotando directamente su ropa interior humedecida contra su erección.
La sensación la hizo gemir por lo bajo.
Estaba muy mojada y el clima fresco solo parecía endurecer todavía más sus pezones expuestos. Y la forma en la que él la miraba mientras se sacudía sobre su cuerpo… la forma en la que su respiración estaba totalmente fuera de control y como inconscientemente comenzaba a mover su pelvis también… la estaba volviendo loca.
Se mordió el labio y se dejó caer sobre su cuerpo, abrazándolo y moviéndose de forma mucho más frenética, jadeando desesperadamente, sintiendo un increíble placer cada vez que lo escuchaba gruñir o gemir quedamente.
Ella le estaba haciendo esto. Ella lo estaba volviendo loco también. Él la deseaba tanto como ella lo deseaba.
Era tan inmoral y deshonroso… pero le encantaba. Y le encantaba saber que a él le encantaba también.
De pronto lo escuchó atragantarse con su propio aliento, antes de que gimiera largamente una sola palabra:
-Kohaku…-
Y ella terminó de volverse completamente loca. Se sacudió desesperada y frenéticamente sobre él hasta que acabó temblando de placer, sintiendo como si el mundo entero se hubiera detenido en ese instante.
Se desplomó sin fuerzas sobre su cuerpo, incapaz de respirar correctamente, sudando profundamente y luchando por recordar siquiera su nombre o dónde estaba.
Para cuando pudo recuperar el control de su cuerpo y su mente, sonrió arrogantemente una vez más, mirando petulante a Senku aún con su barbilla enterrada en su pecho.
-Parece que tú fuiste la presa esta vez, Senku.- declaró con suficiencia.
Él la miró todavía anonadado, pareciendo sorprendido incluso luego de todo lo que le hizo.
-No era el veneno…- murmuró perplejo.
Ella ladeó la cabeza, sin entender lo que acababa de decir.
-¿Qué?-
Él suspiró temblorosamente, negando con la cabeza, antes de reír por lo bajo.
-Eres un misterio muy interesante, Kohaku…- sonrió ladinamente, todavía respirando agitado. -Toda una leona.-
Ella frunció el ceño duramente.
-No me llames así, demonio.-
-Lo que digas.- rió entre dientes, antes de sentarse de golpe y sorprenderla al rodearla con sus brazos ahora desatados.
-¿Cuándo…?...- calló cuando él presionó su frente contra la suya.
-Aunque la soga sea buena, necesitarás un nudo mejor que ese para contener a alguien como yo.- rozó sus labios con los suyos. -Pero te lo agradezco… ahora que sé que de verdad te gusto…- la besó suavemente y ella cerró los ojos, pero él no profundizó el beso y se alejó levemente para hablar aún contra su boca. -Ahora que lo sé… no quiero volver a verte o voy a matar a tu padre y a tu hermana mientras duermen.- Kohaku se apartó de golpe, mirándolo con los ojos muy abiertos mientras él sonreía, enseñando sus colmillos. -Porque, como tú misma lo dijiste, soy un demonio.- rió cruelmente, poniéndose en pie para luego dar media vuelta y comenzar a irse a paso calmado, riendo todo el camino.
Sin embargo, Kohaku habló antes de que desapareciera en el bosque, deteniendo su andar.
-No te creo…- susurró con los puños apretados. -No lo harías.- declaró con la barbilla en alto, completamente segura de sus palabras.
Senku se quedó en silencio por un tiempo, antes de reír.
Cuando volteó a verla, sus ojos rojos solo expresaron pura rabia, pero él seguía sonriendo. Y sus colmillos parecían incluso un poco más largos.
-Entonces solo disfrutaré más cuando los mate delante de tus ojos.-
Kohaku apretó los puños, pero acabó suspirando para luego enfrentar esa mirada psicópata con una sonrisa.
-Voy a volver mañana, Senku.- dijo con firmeza, sin perder la sonrisa.
Él apretó los puños, antes de gruñir con frustración y desaparecer en el bosque.
Kohaku se dejó caer sobre las florecillas una vez más, suspirando profundamente, pero todavía sonriendo, todavía confiando en él. Incluso aunque él mismo quisiera lo contrario.
Continuara...
