Reid

Después de un largo día de papeleo, Reid está deseando llegar a casa. Lo tiene todo planeado. Una cena rápida formada por un sándwich y una fruta, mientras ve un par de capítulos de su serie favorita, Doctor Who (para poder comentarla al día siguiente con García), para después poder escribirle la carta diaria a su madre, y terminar el día en la cama con el último libro que se ha comprado y lleva en su bandolera.

El metro va abarrotado, y aunque él empieza su viaje sentado, al final termina de pie entre dos personas que le impiden respirar, primero porque el metro va cada vez más lleno y la gente más apretada, y segundo, porque alguien debería decirles que existe el desodorante. Pero la sonrisa de la señora mayor a la que ha cedido su asiento le compensa todo malestar.

Por fin llega a casa, y prepara rápidamente la cena y se sienta frente al televisor. El tiempo pasa más rápido de lo que le gustaría, y después de recoger los restos de la cena y apagar la tele, se sienta en su escritorio listo para escribirle a su madre. Le cuenta cómo le ha ido el día, las bromas de Prentiss y Morgan, lo ricas que estaban las galletas que García ha llevado para el desayuno, y la interesante conversación que ha mantenido con Rossi sobre el cambio climático. Finaliza la carta diciendo que pronto irá a verla, y que la quiere. No lo dice muy a menudo, pero hoy es uno de esos días.

Guarda la carta en el sobre y la deja lista para echarla al correo al día siguiente. Luego se mete en la cama con su nuevo libro. Apenas lleva unas pocas páginas cuando empieza a bostezar, pero cree que podrá terminarlo antes de dormirse. Veinte minutos después, el libro se le escurre de las manos porque Reid está profundamente dormido.