Emily

Emily se desplomó en el sofá al entrar en casa. Todo estaba en silencio, y eso le encogió el corazón. Estaba harta de esto e iba a ponerle remedio. Cogió de nuevo el bolso y salió por la puerta.

Tardó cuarenta minutos en llegar, pero iba completamente decidida. El refugio de animales era un lugar donde perderse y dar y recibir algo de amor, y eso es precisamente lo que ella necesitaba.

Vio los perritos que le llegaron al corazón, pero cómo le decía García, ella era una mujer de gatos. Así que dejó a los perritos y se fue a la sección de gatos. Eran todos preciosos, pero en cuanto vio a ese pequeño completamente negro y grandes ojos, supo que había encontrado a su próximo compañero de vida (al menos hasta encontrar al hombre perfecto).

Salió de allí con el pequeño gato y todos los papeles, y se dirigió a una tienda de animales para comprar todo lo necesario para el gatito. Se fijó en la placa del chico adolescente y demasiado alegre que la atendió en la tienda, y supo que tenía el nombre perfecto para su gato.

Después de llegar de nuevo a casa, colocar todo lo que había comprado y prepararse algo de cena, se sentó en el sofá con una copa de vino. De repente, el pequeño gato, saltó a su regazo, asustándola.

-¡Sergio! Me has asustado, pequeño. Eso es, buen chico.

El gato se acomodó, mientras ella acariciaba despacio el pelaje de su nuevo compañero de casa.