Hotch y Strauss- Comodidad

Hotch se sentó pesadamente en su asiento, y suspiró profundamente. Un minuto después, Strauss se sentó a su lado. La vio cerrar los ojos, apoyando la cabeza en el respaldo. Estaba pálida y ojerosa, y aunque sabía que intentaba disimularlo, Hotch sabía que estaba sufriendo.

-Puedes reclinar el asiento Erin, estarás más cómoda -le dijo en voz baja.

Ella negó levemente con la cabeza con un movimiento apenas perceptible. Lo único que quería era meterse en su cama, completamente a oscuras y en silencio, para intentar calmar de una vez por todas la horrible migraña que llevaba atormentándola desde hacía más de veinticuatro horas.

Un joven de veinte pocos años, con auriculares puestos y la música demasiado alta, se sentó bruscamente a su lado. Hotch le lanzó una mirada asesina, cuando Strauss gimió en voz baja quejándose por el movimiento. El joven siguió a lo suyo.

Llevaban un retraso de tres horas y media en su avión de Nueva York a Washington, por una tormenta eléctrica que había impedido la salida de la mitad de los aviones. Por fin los habían dejado subir, aunque echándole un vistazo rápido al reloj, Hotch creía que todavía les quedaría un rato para despegar.

Los habían mandado a una conferencia de las fuerzas de seguridad, de dos días de duración. Llegaron el Viernes a mediodía, estuvieron en las distintas reuniones y luego cenaron todos juntos. El Sábado, cuando Hotch se reunió con Strauss en el desayuno, notó en su cara que algo le pasaba. Un pequeño dolor de cabeza, le aseguró. Pero a la hora de la comida, el pequeño dolor se había convertido en un gran dolor, y cuando les tocaba intervenir a ellos, casi no podía abrir los ojos por el dolor y las luces de la sala no ayudaban demasiado. Hotch le aseguró que lo haría solo, que se acostara y descansara, pero ella no le hizo caso y siguieron adelante juntos.

Y por la mañana, estaba todavía peor. Apenas había dormido, y tampoco probó bocado en el desayuno. En el aeropuerto, mientras esperaban pacientemente poder subir al avión y volver a casa, había ido varias veces al baño a vomitar. Reid le había contado a Hotch una vez que si la migraña era muy fuerte, podía provocar vómitos.

El avión por fin despegó, y cuando ya estaban en el aire, Hotch se permitió relajarse. No es un vuelo demasiado largo, y ha llamado a Anderson para que vaya a buscarlos al aeropuerto. Aunque es Domingo, el agente ha aceptado. Hotch se asegurará de pagárselo de alguna forma.

Sintió un peso en su brazo, y cuando miró, vio que Strauss se había apoyado contra él, y se había quedado dormida. Al menos descansaría un poco. Un rato después, el llanto desconsolado de un niño pequeño al final del avión rompió el silencio. Strauss se movió asustada. Se dio cuenta que estaba apoyada contra Hotch y se sonrojó.

-Aaron, lo siento, no me he dado cuenta…

-No te preocupes, a mí no me molestas. ¿Te sientes mejor?

-Un poco.

-Entonces vuelve a dormir. Ya no queda mucho.

Ella asintió, y volvió a acomodarse contra él. Se movió para que ambos estuvieran cómodos, y en un momento, ella volvió a estar dormida. Hotch la miró con cariño, pensando en que por muy duro que sea uno, todos tenemos momentos de debilidad.