Todd- No me siento en casa

No apartaba la mirada de la ventanilla del avión, aunque era de noche y apenas se distinguía nada, pero eso la hacía distanciarse del resto.

Había sido un caso difícil. El sudes secuestraba niños de menos de diez años, los violaba durante días y luego los dejaba abandonados junto al río. Aunque habían sido rápidos y sólo habían tardado dos días en descubrir quién era el sudes, no habían podido salvar al último niño. Todo fue una venganza personal: cuando tenía nueve años, a Chase Benton lo violaron y vejaron cinco niños del pueblo de entre 12 y 15 años, dejándolo después junto al río. Nunca se recuperó del todo. Ahora, había decidido hacer lo mismo con los hijos y sobrinos de esos cinco chicos. No consiguieron salvar a ninguno.

En cada caso en el que trabajaban, Jordan se preguntaba cómo el ser humano podía ser tan cruel, cómo era capaz de hacer daño a sus semejantes. Podía entender que había gente enferma, pero había cosas que escapaban a su comprensión.

Y que fuera ella (o JJ normalmente), la que decidiera los casos en los que tuvieran que trabajar…¿Y qué pasaba si se equivocaba? ¿Y si descartaba un caso porque no parecía demasiado interesante y luego ocurría algo desastroso? JJ intentó enseñarle, y parecía fácil, pero Jordan se levantaba cada mañana ansiosa por hacer bien su trabajo.

Y el agente Hotchner tampoco se lo ponía nada fácil. Sentía que cada palabra, cada gesto que hacía tenía que medirlo, para no meter la pata y llevarse una bronca. Al menos era justo y la felicitaba cuando lo hacía bien, aunque Jordan creía que le costaba un mundo hacerlo. Por lo menos Prentiss era amable con ella e intentaba hacer que se sintiera a gusto.

Y de vez en cuando JJ (¡qué chica más dulce!), le enviaba un mensaje preguntando cómo estaba y dándole ánimos. Sabía que no era fácil empezar en un equipo dónde todos eran una familia.

Jamás pensó que echaría tanto de menos su trabajo en contra terrorismo . Y deseó que el tiempo pasara lo más rápido posible.