Strauss-Necesito volver a cambiar pero no sé cómo hacerlo.

El ascensor paró suavemente en la sexta planta, y cuando se abrieron las puertas y la jefa de sección Strauss salió, escuchó una risita y un comentario fuera de tono hacia su persona. Pero antes de que pudiera replicar, el ascensor volvió a ponerse en marcha. Estaba acostumbrada a comentarios, a escuchar cómo la llamaban Reina de Hielo o Lady Dragón, o el último, la Bruja Malvada, pero eso no significaba que algunas veces, le dolieran.

Apretó la barbilla, levantó la cabeza y se dirigió a su despacho, ignorando las miradas del resto de agentes del bullpen. Le dio los buenos días a su secretaria y se encerró en su oficina. Tomó un sorbo del café que llevaba en la mano, y miró fijamente una de las fotos de su escritorio.

Los rostros sonrientes de su familia la saludaron desde la foto, y una desazón enorme se instaló en su pecho. Se preguntó en qué momento todo había cambiado. En qué momento ella había cambiado.

Cuando entró en la Academia, fue cuando tuvo que empezar a luchar. Entre los setenta cadetes que se presentaron ese año, sólo seis eran mujeres. Y ella empezó a destacar. Y empezaron los problemas. Una mujer que destacaba en un mundo de hombres a finales de los años setenta, no gustaba demasiado.

Y ya en la Oficina, tuvo que demostrar día a día que estaba allí porque se lo había ganado. Y al ascender, porque afortunadamente había alguien que veía su potencial en cómo trabajaba, y no por las cosas que se escuchaban por los pasillos y que se suponía que pasaban en los despachos a puerta cerrada. Aún así, ella siempre había sido ambiciosa, siempre esperaba superarse más así misma, y eso, era lo que la había terminado por cambiar.

Cuando conoció a Mark, habían estado de acuerdo en formar una familia (al fin y al cabo, era lo que ambos querían), pero sin descuidar sus carreras profesionales. Ella estuvo ahí cuando fue nombrado socio del bufete donde llevaba años trabajando, y él celebró con entusiasmo el ascenso a jefa de sección de su esposa. En el camino, tuvieron tres hijos maravillosos, que crecían orgullosos de los logros de sus padres.

Pero sin saber el momento exacto, todo cambió. El trabajo se convirtió casi en una obsesión, descuidando poco a poco y sin querer a la familia.

Strauss no quería eso, porque su matrimonio se estaba desmoronando y en la Oficina era Lady Dragón, pero no sabía cómo volver atrás y hacer que todo volviera a ser como antes.