La lechuza entro por la ventana del despacho de Cygnus, su hermana mayor Walburga, acaba de tener a su primogénito. Un niño. Su hermana se regodearía con la noticia, ella tiene al heredero de los Black y yo simplemente me he encargado de tener niñas.
Que, si quería tener herederos, si, es obvio le hubiera gustado tener 3 niños ha cambio de las hijas que tiene, pero luego del nacimiento de Narcissa. Lo supo seguiría teniendo niñas mientras buscará un heredero, lo mejor era hacerse cargo de sus tres hijas y enseñarles que ser una Black era un privilegio.
Entre las niñas y el hijo de Walburga hay más o menos 8,6 y 4 años de diferencia, no serán grandes amigos y estarán poco relacionados. Eso deja a que mi hermana no compare en exceso al que seguramente será su orgullo y la razón de vivir de mi hermana y mi cuñado, quien dará linaje y alargará la dinastía Black, quien nos enorgullecerá, algo que mis hijas según ellos no podrán hacer.
Debo admitirlo al inicio, yo también lo creía, pero las niñas van creciendo, se van formando, van teniendo su propia personalidad y son independientes. Druella hace un gran trabajo con ellas y yo la apoyo en todo.
Arrugo el papel, escribo un escueto. ¡felicitaciones! Y se lo envió con la misma lechuza, seguramente iría a visitarla, luego con Druella, porque no expondría a sus hijas a los comentarios que haría su hermana y su cuñado, ya los imagina. Y aunque tampoco quiere exponer a su mujer, ella ya sabe manejar el carácter arisco de su hermana. Rectifica y dice ella no es arisca en realidad es acida como un limón verde. Sonríe. No suele tener esas ocurrencias y mucho menos hacer ese tipo de símiles.
Se sirve una copa de brandy, nada como un poco de vino quemado, casi siempre con un 36-40 % (hasta un 60 %) de volumen de alcohol, una delicia para el paladar y perfecto para pasar, el trago amargo que significaran los próximos años y todos los comentarios que escuchará de su hermana y cuñado no solo para él, sino también para su mujer y sus hijas. Prepararlas para los golpes y que demuestren quienes son ellas, de que están hechas que, por ser mujer, no son menos que esa criatura, que no gobernará sus vidas. Si preparara a sus hijas para que fueran independientes del hijo de Walburga y tendría que trabajar el doble para darles a ellas una cantidad aún de la que heredaran. Porque, aunque tenía dinero y mucho, debería tener mas y sus hijas serian no solo ricas, está en él y Druella prepararlas que además también sean poderosas, sea que brillen con luz propia o sea que estén a las sombras de sus maridos. Ya se sabe que muchas mujeres son las que mandan y los maridos solo ejecutan.
Bebió un poco del brandy excelente y ya empezó a comercializarlo, una nueva veta de negocios. Se sentó en su escritorio, no quería aún subir a dormir, quiere estar solo, luego lo charlaría con Druella. Termino de beberse el brandy. Excelente negocio, buena calidad.
Camino lentamente hacia su habitación eran casi las 11:30 de la noche, las niñas dormían y su mujer leía en su cama, paso al baño a asearse y cambiarse el pijama.
Walbburga ta pario – fue lo primero que le dijo a Druella mientras se acostaba en su cama. La mujer cerró el libro y lo miro con esos grandes ojos que tenía.
- ¿Qué fue? –
-Niño –
Estará feliz, se caso con un Black y tuvo a un Black, no podrá ser mas Black que ella misma –
Tuvo un niño, sabes como me molestará con el tema –
Si, y tu lo harás con otros, es parte de la fraternidad, No te preocupes, si ella tiene un hijo, tu tienes tres hijas preciosas, inteligentes, independientes y poderosas –
Si, y ella se reirá en mi cara –
Vale, tortúrate con lo que quieras, tu hermana siempre te torturará con lo que sea y yo ya aprendí a no hacerle caso y tu deberías aprender lo mismo, si quieres vivir tranquilo. –
Quizá tengas razón –
Cada uno se puso a un lado de la cama y Druella rápidamente encontró el sueño, mientras Cygnus aún tenía, muchas ideas en su cabeza. Sabía lo que se venía pero estaba seguro que eso no le afectaba a su mujer y esperaba que tampoco a sus hijas, el se tragaría todo lo que su hermana dijera.
