Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano.

(George Orwell)


Luego de un profundo chequeo y un interrogatorio breve, la información con respecto al paciente de nombre Naruto, (según las propias palabras de este) no era la esperada, ni la suficiente.

La mesa fue acondicionada para las cuatro personas presentes, entre Madara y Sasuke prepararon un desayuno sencillo para todos, Hashirama se encargó de poner la mesa ante la mirada atenta del extraño paciente, al que habían solicitado que permaneciera sentado por el momento.

Naruto mantenía una ligera sonrisa en sus labios, movía la cabeza siguiendo los movimientos del hombre que amablemente le auxilió, sus azulinos ojos se concentraron en cómo dejaba los objetos sobre la mesa procurando orden, después terminó admirando la jarra de agua fresca con hielos en su interior.

El médico también trataba de sonreír, no era un gesto que se le dificultara, pero también tenía que lidiar con la mirada asesina que los Uchihas le dirigían desde la cocina. Más tarde le dirían un par de verdades, era inevitable, solo a él se le ocurría invitar a Naruto a desayunar con ellos y luego ayudarle a regresar con su familia, a su hogar.

Esto último sin importar cuánto tiempo le tomara, lo cual implicaba mantenerlo ahí, en su casa, bajo el mismo techo que su pareja y su sobrino.

—¿Cuántos años dices que tienes? —le preguntó una vez que todos estaban ya sentados a la mesa. Madara y Sasuke no dejaban de mirar al rubio con recelo.

—¿Años? —se tomó un segundo para hacer cálculos en su mente—. Uh, 20 aproximadamente —acotó, luego se llevó un pedazo de fruta a la boca con la mano, renuente a utilizar los cubiertos pues desconocía su modo de empleo.

—¿Aproximadamente? —murmuró Sasuke con el ceño fruncido. Cada vez le daba más mala espina el tipo.

—Oh, es de tu edad, sobrinito.

—Eso parece —le dio un trago al jugo y posó su mirada escudriñadora en las acciones de Naruto. El chico no parecía tener idea de lo que hacían, ni de lo que se supone que debería hacer—. ¿Estudias?

Hubo un silencio larguísimo, todas las miradas se posaron en el rubio, que también los miraba a ellos sin entender que la pregunta fue hecha hacia él. Entonces, como por arte magia, lo captó.

—Estoy en ello —contestó simple.

—¿Estás? —Naruto asintió—. ¿Cómo es…

—Tu clase empezó hace diez minutos, Sasuke. Será mejor que te des prisa— Le interrumpió su tío Madara, quien había empezado a irritarse ante la falta de coherencia y las respuestas escuetas del joven. La idea de echarlo a escobazos de su vivienda empezaba a ser tentadora.

Al cabo de un rato, los tres habitantes de la casa terminaron de desayunar en silencio, Naruto por su parte lo intentó, trataba de copiar los movimientos de ellos, la forma en la que agarraban los cubiertos. Todo. Su comportamiento inusual llamó la atención de Hashirama.

La curiosidad del médico crecía conforme pasaban los minutos, miles de dudas lo asaltaban, necesitaba esclarecerlo todo cuanto antes. Llegó a considerar que Naruto tenía secuelas a raíz de su todavía inexplicable accidente, o que posiblemente presentaba alguna enfermedad orgánica o trastorno mental.

Existían un sinfín de posibilidades.

—Naruto —lo llamó.

El rubio levantó la cabeza en dirección a él, interrumpiendo su batalla con los granos de arroz que resultaban escurridizos y a la vez pegajosos.

—¿Te gustaría acompañarme en mis actividades del día de hoy?

—¡¿Estás loco?! —le reprendió entre dientes un escandalizado Madara— ¡este muchacho parece estar trastornado!

Pero Naruto no alcanzó a oír eso y, con un breve asentimiento de cabeza, aceptó su propuesta.


El camino hacia la casa del anciano Tazuna era empedrado, la camioneta brincoteaba al tiempo que se deslizaba sobre el terreno. Hashirama, ya acostumbrado, solo se dejaba llevar por los movimientos, todos los días recorría los caminos más recónditos del pueblo para poder llevar la atención médica a las personas que lo requirieran.

Por su lado, Naruto se las veía negras.

Se golpeaba con el parabrisas o con la ventana, en algún momento cayó de lado sobre Hashirama y este tuvo que detener la camioneta a la orilla del camino para explicarle cómo mantenerse en su asiento sin irse golpeando durante todo el trayecto.

—Tranquilo, ya casi llegamos —le dijo, una vez que le abrochó el cinturón de seguridad—. Esto te detendrá un poco, pero tú también debes agarrarte de donde puedas. Tal vez seas un jovencito de ciudad y estar en un sitio como este sea complicado para ti, una vez que haya atendido a mis pacientes iremos con Tobirama, él es el alcalde y sé que podrá ayudarnos.

—Tobi-rama —repitió— ¿es un… nombre?

—Sí, es el nombre de mi hermano.

—¡Yo también tengo un hermano! —Naruto sonrió al decir esto.

—¿En serio? —arrancó la camioneta de nuevo y giró el volante— Eso es genial, lo contactaremos para que venga por ti.

Naruto no dijo nada, sin embargo, su sonrisa delataba lo feliz que le hizo escuchar aquello. No tenía ni la menor idea de donde se encontraba exactamente, ni de quiénes eran las personas con las que estuvo en las últimas horas, solo las conocía de nombre. Hashirama, Madara y Sasuke.

A los tres los consideraba buenas personas, si compartieron sus extraños alimentos con él fue porque definitivamente lo eran. A esa conclusión llegó.

Se sentía ansioso por volver a casa, al llegar les contaría a sus padres y al resto que no todo estaba perdido, que los humanos también podían ser una raza bondadosa, amable y solidaria, igual que ellos.

Ah sí, y que vestían con prendas cómodas y coloridas. Porque minutos atrás Hashirama le prestó un cambio de ropa que, aunque le quedaba un poco grande, no le desagradaba.

Ahora, lo que le intrigaba era qué no tenía idea de cómo haría Hashirama y sus allegados para contactar con seres de otro planeta.

De su planeta, a más de mil años luz de distancia.

Sasuke se encerró en su cuarto una vez que terminó de desayunar.

Su día había comenzado con el pie izquierdo, gracias al rubio lunático olvidó enviar sus avances del proyecto antes de la hora acordada, entró casi veinte minutos tarde a la clase, se moría de sueño, etc.

Lo bueno fue que antes del mediodía ya estaba libre de compromisos, por lo que pudo ir a la cocina tranquilamente por un vaso de agua, ahí se encontró a Madara haciendo cuentas en una pequeña libreta y con la calculadora en mano. Parecía estar estresado, por lo que no cometería el error de interrumpir, tampoco era como que le interesara hacerlo.

—¡HASHIRAMA IDIOTA! —exclamó aquel iracundo, dando un golpetazo con el puño sobre la mesa. No hizo falta que Sasuke dijera algo.

—¿Y ahora qué? —se vio obligado a preguntar, pese a no tener ganas de saberlo.

—No solo quiere tener aquí a ese chico cabello de piña, también se lo llevó a ver a sus pacientes de hoy, ¿puedes creer eso?

—Sí.

—¡Sasuke! —dijo con tono recriminatorio.

—¿Qué? Es la verdad. No sé por qué te haces el desentendido, tío —tomó un vaso, lo llenó y se sentó junto a el—. Parece que no lo conoces, ¿de qué te sorprendes?

—De que no conocemos a ese muchacho, ¿Cómo lo va a meter aquí?

—Pues mientras no lo quiera tener en mi habitación, que haga lo quiera.

—¿Y tú dónde crees que va dormir, genio?

Sasuke escupió el agua que estaba por tragar al escuchar eso.

—¡¿Qué?! —se limpió los labios con la mano— ¡No puede hacer eso!

—Puede y lo hará, aunque eso le cueste que yo lo mande a dormir al sofá un mes.

—No, tío. Tú no puedes permitirlo, ¿Vas a dejar que un desconocido duerma cerca de mí? —colocó una mano en su pecho haciendo una mueca de extrema preocupación. Madara de inmediato se contagió de ello, Sasuke era su adoración aun si nunca se lo decía—. Además, ya lo has escuchado hablar, es muy raro.

—Lo sé —se pasó ambas manos por el cabello, sintiéndose frustrado por no haber puesto límites a tiempo al altruismo de su esposo—. Lo único que podemos hacer por ahora es ayudar a Hashirama a localizar a algún familiar del rubio atontado.

Pasaron un par de horas conversando al respecto, si era lo único que podían hacer para deshacerse de Naruto y recuperar su tranquilidad, entonces pondrían manos a la obra a la brevedad posible. Sasuke se apoyaría del internet y Madara de sus contactos en la ciudad.


—¿Tiraste de la palanca?

—Si —informó Naruto reacomodándose la ropa. El doctor Hashirama le inspiraba confianza, la suficiente como para pedirle que le explicara el funcionamiento del extraño asiento blanco y adherido al suelo, minutos antes de tener que evacuar los alimentos.

—Bien hecho —sonrió y le revolvió los mechones rubios—. No te preocupes, te ayudaré a readaptarte hasta donde me sea posible en lo que conseguimos que regreses a casa, ¿te parece?

—¿De verdad podré regresar? —preguntó esperanzado.

—Bueno, es una posibilidad, pero para ello necesito que le des toda tu información a este señor de aquí —explicó, señalando a su hermano Tobirama, quien le dedicaba una mirada de hastío por lo blando que se mostraba con un joven desconocido—. Él nos ayudará a localizar a tu familia.

—Entendido.

Naruto les contó lo poco que recordaba hasta antes de quedar inconsciente la noche anterior, dijo haber estado en camino a la academia mientras pensaba en que faltaba poco tiempo para volver a ver a su hermano. Hashirama escuchaba también la historia sin comentar nada, él justificaba las incoherencias del rubio con el asunto del golpe, pero Tobirama no, creía que el chico mentía o les estaba ocultando información. Su obligación como alcalde del pueblo sería descubrirlo e incluso proteger su ingenuo hermano mayor.

—¿Cómo dices que se llama tu hermano?

—Deidara.

—¿Deidara qué? —insistió el albino.

—Pues Deidara, mi hermano. Hijo de Minato y Kushina.

—Me refiero a los apellidos, jovencito. O mejor aún, ¿tienes alguna identificación oficial?

—¿Identificación? —con una expresión de contrariedad miró un segundo hacia Hashirama, como pidiéndole su ayuda en silencio—. Disculpe, pero no entiendo, ¿podría hablar más despacio? —no estaba haciéndose el tonto, de verdad no entendía mucho de lo que le decían, pero se esforzaba. Quería aprender mucho antes de volver a casa, ser tan bueno como su hermano y sus amigos más cercanos.

Tobirama se masajeó las sienes, no se caracterizaba por ser una persona tolerante y mucho menos amable. Todo esto lo hacía a petición de su familiar.

Al ver el inminente estallido de su iracundo hermano, Hashirama tuvo que intervenir de algún modo. Así que habló con Naruto para pedirle que los esperara un minuto sentado afuera de la improvisada oficina, le dijo que él tenía que dialogar con el señor de cara larga un rato más para poder encontrar la forma de ayudarle. El rubio asintió sonriente.

—Distrito de Konoha —releyó el albino para su hermano una vez que este cerró la puerta—. ¿Ese lugar siquiera existe?

—Pues… es lo que él recuerda. Es mejor que nada, ¿no?

—Hashirama —resopló—. Esto no me gusta nada, entrégame al chico para que pueda dar parte a la policía ya mismo. Deja que ellos se hagan cargo de él y quítate ese paquete de encima.

—No puedo hacerlo, el muchachito me despierta cierta simpatía. Es como si mi instinto paternal hubiera despertado justo ahora —alegó con cierto deje de emoción. No podría dejarlo a su suerte, no tenía corazón para hacer algo así, nada le garantizaba que otros fueran a ayudarle desinteresadamente.

—¡No existe tal cosa como el instinto paternal! ¡No seas estúpido, por favor! —Tobirama golpeó su escritorio tan fuerte que su botecito de lapiceros se cayó al suelo.

—¡Claro que existe! —exclamó —. Tobi, hermano mío, solo quiero ayudarlo. Si el chico no encuentra a su familia, podrá quedarse con nosotros un tiempo.

—Entonces es eso ¿no? —el albino se recargó en su silla y cruzó los brazos, creía estar comprendiéndolo todo al fin—. Estás frustrado por no haber tenido hijos propios y quieres adoptar, muy bien. Te sugiero que adoptes al sobrino de Madara, total que él ya vive con ustedes.

—¿A Sasuke? —Tobirama dio un asentimiento—. No, no digas eso ni de broma —Hashirama movió sus manos exageradamente en negación, la sola idea le daba pavor.

—¿Por qué no?

—Porque Sasuke me da miedo, ¿ok? —confesó, profundamente afectado—. Es como Madara en su juventud, sospecho que incluso será peor que él con los años. Además, Sasuke es mayor de edad y tiene a su mamá.

—¿Y te parece mejor opción adoptar a un tipo raro con cabello puntiagudo, que también es mayor de edad?

—¡Que no lo voy a adoptar! —explicó en voz alta, dio una profunda exhalación y volvió a tomar asiento. Necesitaba hacerle entender la situación a su hermano—. Quiero ayudarle a volver con su familia y ya. Ayudar al prójimo es lo que nos diferencia de las bestias, Tobi.

Ese era el argumento de siempre.

El aludido tomó los papeles que contenían la información obtenida de Naruto, era poca, escueta, con inconsistencias y demás, la guardó en una carpeta y la hizo a un lado. A sus 42 años de vida todavía no lograba comprender el enigma tan grande en el pensamiento de su hermano mayor, la debilidad de este por querer resolver problemas que no le correspondían y su infinita solidaridad, pero estaba bien. De momento no daría parte a las autoridades del estado, se las ingeniaría para indagar por su cuenta hasta conseguir que Naruto volviera a donde quiera que perteneciera. Se estaba jugando su puesto y todo por Hashirama.

—No te entiendo —habló con fastidio—. Solo toma al chico y sácalo de mi estancia antes de que me rompa algo —le ordenó, señalando la puerta.

Al salir no encontraron a Naruto por ningún lado, Hashirama entró en pánico e inmediatamente salió a buscarlo a las calles. Tobirama no lo siguió, con suerte el chico se había largado por su cuenta, de ser así su hermano ya no tendría de qué preocuparse y él se libraría del compromiso de ayudarlo a dar con sus familiares. Además, él tenía demasiados asuntos que arreglar a diario como alcalde del pueblo.


—Se llama Akamaru, me ayuda a mantener controlado al rebaño de ovejas.

—A-ka-ma-ru —Naruto repitió el nombre en sílabas.

El perro de blanco pelaje se levantó en dos patas y las apoyó en su pecho para poder lamerle la cara. Cerró los ojos en cuanto sintió la lengua esparcirle saliva por doquier.

—¡Oye, no hagas eso! —el joven con marcas rojas en las mejillas, trató de apartar al perro del rubio—. Calma, chico. ¿Qué va a pensar nuestro amigo?

El extraño joven no se quejó, al contrario, estaba encantado de poder interactuar con más seres humanos y animales de la zona. Se sentía como en un sueño, no recordaba mucho de cómo llegó al planeta tierra, ni de si alguien se dio cuenta en el suyo, pero ya estaba ahí y se esforzaría para cumplir con la misión.

—Naruto —le explicó al dueño del perro—. Ese es mi nombre.

—Oh, mucho gusto Naruto. Yo soy Kiba Inuzuka, y como ya te había dicho antes, esta gran bola de pelo es Akamaru —se limpió la mano derecha en sus pantalones y luego la extendió hacia el joven.

Naruto ladeó la cabeza un poco.

—¿Debería…

—Estrecharla, sí —completó.

—¿Por qué?

—Bueno… —Kiba se rascó la barbilla— lo mismo me pregunto yo ja, ja. No te preocupes, no hace falta, mejor así porque traigo mis manos un poco sucias— hubo un silencio un poco incómodo luego de eso—. Nunca te había visto antes. No eres de por aquí, ¿cierto?

—No, yo vengo del distrito de Konoha —informó como si el Inuzuka supiera de lo que le estaba hablando.

—¿Y eso dónde queda?

—Me temo que muy, muy lejos de aquí —un suspiro se coló entre sus labios.

—Oh, ya veo.

Naruto siguió acariciando al perro que alegremente se dejaba hacer, hasta que la camioneta de Hashirama se detuvo a unos metros de ellos. Supo que había cometido el error de moverse del lugar donde el médico le pidió que lo esperara, podía ser que estuviera preocupado buscándolo y se sintió culpable.

No era la primera vez en su vida que desobedecía, eso le traía complicaciones siempre. Sin embargo, era parte de su naturaleza.

—Tengo que irme —acarició el lomo de Akamaru una última vez y luego le tomó la mano a Kiba, como se supone que debió hacerlo antes—. Adiós, espero verlos otra vez.

—Adiós, Naruto.

Akamaru también se despidió de él con un fuerte ladrido.

Kiba lo contempló marcharse junto con el doctor, el chico irradiaba luz y alegría. Pero no sabía cómo saludar a las personas o despedirse.

Definitivamente, no era de por ahí.


Haku caminaba con rumbo a una pequeña fonda en la que encargaban su almuerzo con anticipación, desafortunadamente aquel día la mujer encargada del lugar se había retrasado en cocinar, por lo que pensó en ocupar el tiempo de espera para pasar a la casa del doctor Hashirama.

Quedaba cerca de ahí, solo caminó dos calles y estuvo justo enfrente.

Le dio gusto ver al chico rubio bajar de la camioneta del médico, sin duda estaba mucho mejor que la noche anterior. Empezando porque ya estaba consciente y sonreía.

Saludó a Hashirama y luego este le dio espacio para platicar con el joven.

—Perdona, ¿te conozco? —el rubio se animó a preguntar al quedarse solo con él, mirándolo con sospecha.

—No, pero yo a ti sí, bueno solo de vista. De hecho, Zabuza y yo te encontramos anoche inconsciente cerca del río y te trajimos con el médico.

—Oh, gracias por eso.

—Soy Haku.

Por segunda vez en el día, alguien le tendía la mano y en esta ocasión la estrechó rápidamente para luego agitar su brazo hacia los lados, en una acción propia de un niño.

—Naruto.

—Lamento haberte dejado aquí, pero nosotros no podíamos hacernos cargo de ti, ya tenemos… demasiado con lo que cargar —la mirada del Haku se perdió en la nada, divagando, recordando. Sí, ellos no podrían haber hecho nada más—. Me voy más tranquilo al saber que estás bien, ¿ya has contactado con tu familia?

—No, pero el señor Hashirama dice que pronto lo harán

Platicaron unos minutos más caminando debajo de unos árboles cercanos a la casa, a los lejos Haku vio a un muchacho acercarse a ellos, lo reconoció enseguida, era Sasuke, el sobrino de Madara y Hashirama. Consideró que ya era momento de volver antes de que Zabuza se empezara a inquietar por su tardanza.

—Debo marcharme.

—¿En serio? Qué pena —Naruto levantó su mano derecha y con sus dedos apartó unos cabellos del rostro de su salvador—. Tienes unos ojos muy bonitos, pero hay algo que los empaña, que no los deja brillar.

Para entonces Sasuke estaba ya a escasos cinco o seis metros de ellos, observando y escuchando todo sin reparo. Sin embargo, ninguno de los dos se inmutó.

—El pasado también pesa.

—Entonces suéltalo —le aconsejó como si fuera lo más sencillo.

—Dudo que eso sea posible. Ya es tarde para mí.

—Yo creo que nunca es demasiado tarde.

—Puede que tengas razón —le sonrió. El chico era demasiado optimista—. Que tengas una larga vida y cuídate mucho, Naruto —le dio una palmada en el hombro a modo de despedida y avanzó.

Haku pasó a un lado de Sasuke y este no pudo evitar mirarlo de reojo. Tanto ese joven de cabello largo como el tal Zabuza, le daban mala espina. Tenía la impresión de que ocultaban algo. Algo no muy bueno.

Al parecer el tal Naruto era tan… idiota que no se percataba de ello.

—Se te habrán olvidado algunas cosas por el golpe, pero casualmente no cómo coquetear… —le soltó de forma mordaz en cuanto lo tuvo cerca.

—¿Podrías repetir lo que dijiste? No te escuché bien —el rubio se rascó la nuca abochornado. Había tenido demasiadas conversaciones en poco tiempo, apenas estaba familiarizándose con el lenguaje humano.

—Nada, nada. Entra a la casa, ya vamos a comer.

Definitivamente Sasuke no le creía nada, entre más lo veía más desconfiaba y por eso, se fijó la meta de descubrir todo sobre Naruto en el menor tiempo posible.