Estoy absolutamente seguro que ninguna riqueza del mundo puede ayudar a que progrese la humanidad. El mundo necesita paz permanente y buena voluntad perdurable.
(Albert Einstein)
Madara no hacía ni el intento de disimular su molestia, tenía instalada en su rostro una expresión de desagrado, fastidio y etc. Hashirama mantuvo una distancia prudente entre ellos, amaba a su esposo, pero amaba todavía más la vida. Especialmente el preservar la suya esa tarde.
Su decisión de ayudar a Naruto y darle alojamiento hasta que pudieran localizar a sus familiares, no le hizo gracia ni a su hermano, ni a su sobrino, mucho menos a su adorado Mady.
¿Por qué tenían que ser tan inhumanos? ¿Qué no podían compadecerse de una pobre alma en desgracia?
Sintió la necesidad de argumentar en su favor, pero su esposo comenzó a hablar:
—Déjame ver si he entendido —Madara apoyó su cabeza en una de sus manos en un gesto reflexivo, Hashirama se preparaba para un buen sermón—. O sea que, no solo hay que tener al rubio desmemoriado aquí, sino que también mi sobrino tiene que verse obligado a prestarle su ropa. Ropa que su madre le ha comprado con muchísimo esfuerzo, con el sudor de su frente —recalcó levantando su dedo índice, por si a su esposo se le olvidaba que así era— ¡¿Qué más hay que hacer por tu nuevo protegido, Senju de porquería?! —exclamó y la mesa sufrió una descarga de su ira.
—Madara, mi amor…
—No, no me digas mi amor. Yo no soy tu amor —la figura de su esposo se imponía ante él. Hashirama se sentía cada vez más y más pequeño en la silla de madera. Si fuera un cachorrito de seguro ya habría bajado las orejas con tanto regaño.
—Está bien, no te diré así por ahora, pero tranquilízate —aceptó, bastante afligido—. El asunto de la ropa es solo por hoy, mañana Tazuna me dará algunas prendas que dejó su yerno y esa será para que Naruto pueda vestirse mientras esté aquí. Quiero que sepas que no tendrás que soportarlo si no quieres, me lo llevaré a las consultas para que me apoye y a diario iremos a ver a Tobirama para ver qué noticias nos tiene. Te agradecería que también me ayudaras con tus amistades.
—¿Y tú crees que no lo he estado haciendo ya? —fue un nuevo reclamo.
—Ok, bueno. Te lo agradezco, Mady.
—Sasuke también ha estado tratando de indagar por internet —siguió contándole.
—Oh, qué ama-
—Porque quiere que se largue lo antes posible —le cortó. A Hashirama se le deslizó una gota de sudor por su frente al darse cuenta que estaba malinterpretando las acciones de Sasuke, con razón era demasiado bueno para ser cierto—. Lo estás obligando a compartir su espacio con un extraño aun sabiendo lo celoso que es con todo lo suyo. Piensa un poco en eso, es lo único que te voy a pedir.
—Lo sé, lo sé. En ningún momento ha sido mi intención incomodar a Sasuke.
—Pues lo estás haciendo, recuerda que con la única persona con la que aceptaba compartir todo era con Itachi —el semblante del Uchiha se entristeció levemente. Aquel era un tema delicado para todos, y no deseaba que volviera a afectar a su sobrino por obligarlo a convivir con un extraño—. Recuerda que Mikoto nos lo encargó mucho.
—Si te hace sentir más tranquilo y para evitar más problemas, le puedo pedir a Naruto que se duerma en el sofá —propuso, él tampoco quería revivirle viejas heridas a Sasuke. A pesar de todo también le tenía un cariño especial.
—No, si el que va a dormir en el sofá hasta que ese chico se marche, eres tú.
—¡¿QUÉ?!
—Lo que oíste —Madara se levantó de su silla, recogió algunos documentos que tenía sobre la mesa y se decidió a irse a encerrar a su recamara. El día estuvo lleno de presiones para todos, especialmente para él y eso apenas eran las seis de la tarde—. Ah, y más te vale cumplir tu palabra de llevártelo todos los días —advirtió—, porque mi sobrino tiene que estar concentrado en clases, no preocupado porque un desconocido deambule por la casa. ¿Te quedó claro?
Dicho esto, se retiró dejando a un Hashirama entristecido por sus decisiones, pero ni así cambiaría de parecer. Madara solo estaba velando por el bienestar de su familia y eso incluía al castaño, aunque no se lo diría porque eran palabras cursis desde su perspectiva, no iban con su personalidad y menos con su honorable apellido.
Si tan solo Hashirama no fuera tan… Hashirama.
—Ponte esto.
De mala gana, Sasuke le aventó el cambio de ropa al chico, quien no evadió el rumbo de la misma y terminó dándole de lleno en el rostro. Naruto la tomó con ambas manos, observándola atentamente, una prenda era azul y la otra blanca. Colores que normalmente no usaría, pero no estaba en posición de ponerse exigente.
Sus padres le enseñaron a ser agradecido siempre, de hecho, todos en su planeta lo eran.
¿Cómo estarían? Su planeta, su familia, sus amigos. En fin, todos.
¿Ya se habrían percatado de su ausencia?
¿Enviarían a alguien por él?
¿Deidara ya habría regresado o seguiría aquí, en alguna parte del planeta tierra?
Nada de esto estaría pasando si tan solo hubiera algún modo de ponerse en contacto con él, pero no. Esperaba que en su planeta pronto crearan otro dispositivo que sí les permitiera hacerlo.
Naruto tenía tantas y tantas dudas y eso que no llevaba mucho tiempo lejos. Confiaba en las palabras de Hashirama, de que pronto podría volver, mientras tanto se armaría de conocimiento y así tendría muchas anécdotas para contar. Presumiría de haber viajado a la tierra antes que los mejores de su grupo en la academia. Sí, eso estaría genial.
—Gracias —expresó, pasando sus dedos por la tela. Era suave y olía a… algo que aún no sabía cómo describir—. ¿Es tuyo? —le preguntó, sonriendo.
—No —Sasuke respondió con sorna—, es del vecino.
—Oh…
—¡Por supuesto que es mío, idiota! —y con poquito explotó.
—Pero acabas de decir que es de tu…
—No entiendes la ironía y el sarcasmo, ¿verdad? —un tic se hizo presente en una de sus cejas, no resistiría mucho en esa situación. Estaba ahí para aislarse del caos en la ciudad, para mantenerse alejado del resto y ahora venía su tío político a meterle un extraño atontado en la misma habitación.
—Lo entenderé si me lo explicas —Naruto de verdad estaba dispuesto a aprender.
—Solo ve a bañarte —no, él no le explicaría nada. Se estaba cansado de lo estúpido que ese chico había quedado solo por un golpecito en la cabeza—. Y date prisa porque yo también quiero bañarme. Hace un calor del infierno.
Naruto asintió y entró en el pequeño cuarto al que llamaban baño, ahí se encontró con un tubo que colgaba de la pared, colocó las prendas en algún sitio y se paró debajo de esa extraña rueda llena de agujeritos mirándola con atención.
Esperó un minuto hasta que el dispositivo en su vientre le dotó de la información necesaria para comprender el proceso a seguir. Era desesperante depender de ello para poder comunicarse y adaptarse a la vida en la tierra. Además, la base de datos y el traductor con el que contaba no se parecía al que les enseñaban a usar en la academia: aun con todo, "Kurama" se trataba de una herramienta de gran utilidad. Un importante avance logrado a partir del arduo trabajo de Inoichi y Kabuto, dos miembros de suma importancia en el distrito de Konoha.
En su planeta se habían desarrollado importantes aparatos para viajar por el espacio, así como artefactos para comunicarse con los seres de otros planetas, entre otras cosas; pero nada de eso ocurrió de un día para otro. En el caso de la tierra, ellos llevaban cientos de años investigándola, vigilando a la distancia, hasta que por fin pudieron infiltrarse para experimentar en carne propia sus dinámicas sociales.
Naruto estaba a mitad de su formación como futuro viajero intergaláctico cuando apareció en la tierra, por eso se le complicaba comunicarse y adaptarse a su entorno. Sin embargo, al ya encontrarse ahí, no tenía más opción que dar su mejor esfuerzo y esperar.
—¡Oye, tú! —escuchó que Sasuke le gritó desde la cama, sacándolo de su divagación—. ¡Cierra la puerta! —enseguida lo vio llegar a grandes zancadas hasta el baño—. ¡Nadie quiere ver tus miserias!
—¿Miserias? —preguntó terminando de quitarse la playera que Hashirama amablemente le prestó por la mañana—. ¿Te refieres a… la hmm… extrema falta de recursos? O tal vez tiene algún otro significado —Naruto adoptó una pose reflexiva. Si seguía así le dolería la cabeza.
—¿Qué? —Sasuke enarcó una ceja, fue su turno de no entender—. Me refiero a que… nada. Olvídalo —se arrepintió de aclararle sus palabras como si se tratara de un niño pequeño, porque no lo era. Un niño no tendría el abdomen perfectamente marcado, ni un enorme y extraño tatuaje alrededor del ombligo y brazos fuertes. Sin ser consciente, tragó saliva y apartó la mirada—. No sé de qué especie de aldea arcaica vengas, pero aquí las cosas son diferentes. Ten un poco de decencia y cierra la maldita puerta —le exigió.
—¿Maldita? —Naruto siguió indagando al no captar muy bien el significado de la palabra. Bien le había dicho su instructor que hacer uso del dispositivo requería más que solo determinación—. Ah, claro. Debe de ser una de esas palabras que mi madre dice que ustedes utilizan muy a menudo y que no debo repetir.
Sasuke no dijo nada, su desconfianza hacia el rubio se iba incrementando con el paso de las horas, todo en él le hacía dudar, le hacía formarse ideas un tanto paranoicas para el resto, mas no para él mismo. Si Naruto creía que a él también podría envolverlo con su carita de no rompo un plato, estaba muy equivocado.
—Escucha. Yo no me trago el cuentito de tu amnesia y el cómo simulas no entender lo que uno te dice. Así que más te vale andarte con cuidado porque te estaré vigilando.
Al finalizar su advertencia, se dio media vuelta y salió del baño azotando la puerta tras de sí.
Él no era Hashirama Senju, no tenía que fingir amabilidad ni tener consideraciones con alguien que claramente manipulaba las cosas a su conveniencia.
A partir de ahí, Sasuke se aseguró de mantenerlo a raya, estableciendo una barrera impenetrable entre ambos. Una que no bajaba ni por las noches, que era en el único momento en el que Naruto ingresaba al cuarto para descansar. No pegaba el ojo hasta que estuviera seguro de que el invasor dormía profundamente.
No le interesaba establecer ningún tipo de lazo con el desconocido.
Con el paso de los días, el ambiente se ponía más tenso en el hogar de Madara y Hashirama. Las cosas parecían no avanzar ni un poco, las pequeñas luces de esperanza se apagaban de inmediato porque terminaban descartándolo todo.
Tobirama hacía su parte, puso a un par de sus empleados más leales a buscar por cielo, mar y tierra a los familiares de Naruto, todo esto sin hacer mucho escándalo ni levantar sospechas. Él debía mantener una reputación y si en el pueblo se enteraban que hacía algo por debajo del agua, todo se vendría abajo. Sobre todo ahora que aspiraba a contender por un puesto mayor en las próximas elecciones.
Y no es que él fuera un funcionario corrupto, de hecho, el asunto de Naruto era una petición especial de su hermano el descerebrado al no querer dejarlo a manos de las autoridades. Esto limitó su proceder.
De momento ya tenían un dato seguro: el distrito de Konoha no existía. No era un pueblo, comunidad, organización, ni nada parecido. Sasuke también lo había comprobado al buscar en internet y no encontrarse con nada relacionado al supuesto lugar de origen de Naruto.
Por si fuera poco, tampoco existían reportes ni se tenía certeza de que alguna persona o familiar estuviera buscando al rubio.
Fue entonces cuando Tobirama recurrió a retratos hablados del hermano de Naruto y de sus padres. A los cuales el chico pudo describir con mucho detalle, demasiado para su gusto, como el decirles que su madre rompía cosas cuando se enojaba o que su padre poseía una extraña supervelocidad, lo que incrementaba las dudas en torno a su salud mental. Y bueno, su leve problema de amnesia no ayudaba en lo absoluto.
Sasuke tomó fotos del chico y las distribuyó por la red, diciendo que era un primo lejano y adoptado que ansiaba reencontrarse con sus padres biológicos. Eso importándole poco la opinión de sus tíos, si querían localizar por lo menos a alguien que conociera a ese chico loco, debían agotar todos los medios para lograrlo.
Desgraciadamente, no importaba cuánto se esforzaran, al no conocer los apellidos de Naruto, toda búsqueda se veía truncada fácilmente.
Así, al cumplirse diez días de que Naruto hubiera aparecido misteriosamente en el pueblo y en sus vidas, Hashirama lo interrogó de nueva cuenta siendo presionado por el par de Uchihas.
—Naruto, respóndeme con total honestidad —pidió, en tono amable, apretando las manos del jovencito entre las suyas. Este lo miraba con curiosidad y una sonrisa inocente—. ¿De verdad no recuerdas cómo llegaste aquí?
Naruto paseó su mirada por los demás presentes. Madara estaba del otro lado de la mesa y Sasuke recargado en el marco de la puerta del comedor, ambos mantenían esa expresión seria de siempre, pero la verdad era que a los dos les hervía la sangre por estar seguros de que mentía, que solo se aprovechaba de las buenas intenciones e ingenuidad del Hashirama.
Para bien o para mal, el rubio no sabía nada de eso, seguía pensando que ellos también eran personas tan amables como aquel que en ese instante le sostenía las manos y lo observaba sin una pizca de disgusto.
—No lo recuerdo, de veras —respondió sin dudar, pues no estaba mintiendo—. ¿Por qué me lo pregunta? ¿ocurre algo?
—Escucha, hijo. No quiero alarmarte, tampoco quiero que te desanimes por esto, pero… —Hashirama tomó aire para poder seguir hablando— es necesario que sepas que, hasta donde hemos podido investigar, no hay un lugar en el mundo que se llame Distrito de Konoha —reveló.
Tanto Sasuke como Madara afilaron la mirada, más porque no había ni un indicio de asombro o conmoción en el rostro de Naruto. Al contrario, este se atrevió a soltar una risita que les pareció una completa burla hacia ellos y todas las atenciones de Hashirama.
—Pues claro que no lo hay.
—¡¿Qué?! —exclamó Madara, asumió que tendría el placer de decirle un te lo dije a su tonto esposo—. ¿Por qué no? Si tu dijiste que venías de ese lugar.
—Sí, eso hice, pero no es parte de su planeta, sino del mío.
Esta vez los tres miraron a Naruto como si hubiera perdido la cabeza.
En alguna parte del universo, fuera y muy alejada de nuestro sistema solar, específicamente en un planeta similar a la tierra (pero de dimensiones mayores), existía una organización de seres encargados de descubrir, investigar y visitar planetas que presentaran alguna forma de vida inteligente.
Su objetivo: Formar lazos de amistad y transmitir su mensaje de paz a tantos lugares como les fuera posible.
Hace muchísimo tiempo, aunque menos del que a su actual dirigente le gustaría admitir, en ese planeta ocurrieron guerras y toda clase de calamidades que acabaron con la mitad de la población. La mitad sobreviviente firmó una especie de tratado de paz que se mantenía hasta la actualidad, en este duro trayecto lograron todo tipo de avances, consiguieron hacer viajes a planetas cercanos en busca de individuos con los que relacionarse, luego a otros sistemas solares y así, poco a poco, sus lazos traspasaban horizontes que en años pasados parecían un imposible. Con el tiempo, pudieron fabricar un dispositivo que les facilitaría la comunicación sin limitaciones de lenguaje.
Y fue precisamente por esa ambición, o más bien, por esa necesidad de seguir visitando planetas lejanos, que ahora el hijo menor de Minato se encontraba desaparecido.
Kushina había armado tremendo escándalo cuando fueron informados de ello. Él, por el contrario, se mantuvo en sus cabales. No porque no le preocupara Naruto, sino porque tenía a toda la organización sobre sus hombros; por lo tanto, toda la responsabilidad también era suya.
De cierta manera se culpaba, tantas veces le llenó la cabeza de ideas y sueños a sus hijos, contándole sus travesías de juventud como viajero intergaláctico. Deidara fue el primero en seguir sus pasos, era de esperarse que Naruto igualmente lo hiciera. No obstante, existía una diferencia notoria entre sus retoños (como su esposa acostumbraba llamarlos). Deidara era impetuoso por naturaleza, un rasgo que lograron mantener controlado una vez que le implantaron el dispositivo exclusivo para viajeros interplanetarios, también era analítico e iba adquiriendo un sentido de la responsabilidad admirable. Y Naruto… Oh Naruto, impulsivo al cubo, pero lleno de determinación y optimismo. Siempre esforzándose por demostrar sus capacidades. Siempre buscando la manera de ser aceptado.
Haría lo que fuera con tal de traerlo de regreso.
Minato suspiró con pesadumbre mientras miraba a través del gran ventanal, afuera sus subordinados iban y venían en sus módulos de transporte cumpliendo con sus deberes, ajenos a las inquietudes de su líder. Pese a que confiaba plenamente en todos ellos, cuando surgía algo relacionado a su familia, Minato siempre recurría a sus empleados más cercanos. Aquellos que conocía desde antes que asumiera su puesto actual.
—¿Qué noticias me tienes? —preguntó en cuanto sintió una presencia detrás de él. No era nadie físicamente hablando, solo una representación holográfica del individuo al que consideraba su mano derecha.
—Nada nuevo en realidad. Lo lamento, señor —el hombre hizo una especie de reverencia aun cuando no estuviese ahí concretamente.
—No hace falta que hagas eso —solicitó Minato ya enfocando toda su atención en él— ¿Qué me traes, Shikaku?
—La lista del personal y sus asistencias en el último periodo.
—Déjame ver.
En automático se desplegó una especie de tabla con toda la información referente a los integrantes de la organización, tenían un horario bien definido, las tareas eran divididas por áreas y cada una de ellas estaba comandada por un representante directamente designado por él.
Todo parecía estar en orden hasta que su azulina mirada se cruzó con un nombre en especial.
—¿Orochimaru estuvo aquí cuando Naruto desapareció? —fue más una afirmación que una pregunta—¿Qué se supone que hacía aquí si era su descanso?
—Eso era justo lo que quería que viera, señor.
A Minato lo invadió un mal presentimiento, debió suponerlo desde un principio. Orochimaru era un individuo muy terco y siempre se oponía a todas sus instrucciones, incluso en el pasado cometió leves faltas que le fueron perdonadas pues a nadie se le negaba la oportunidad de redimirse. Así era como habían logrado mantener la paz por tanto tiempo.
Entrecerró los ojos y apretó los labios, luego resopló. No debía dejarse llevar por sus emociones, primero tendría que actuar por la vía del diálogo.
—Shikaku, tráeme a Orochimaru ahora mismo.
