Los seres humanos son millones de cosas en un mismo día.
"En picado" (2005), Nick Hornby
—Naruto, no es gracioso.
La voz de Hashirama sonaba bastante seria y sus ojos se mantenían fijos en el rubio. En los escasos diez días que llevaba interactuando con él, Naruto nunca lo había escuchado hablar con tanta firmeza, no sonreía, solo esperaba su respuesta en completa calma. Además, estaba ese brazo que el médico mantenía estirado hacia Madara, pidiéndole con ese gesto que no fuera a exaltarse, asegurando que tomaría ese asunto en sus manos.
—Pero no he dicho que lo sea —se quejó, considerando que era lo único que podía responder en ese instante.
—¿A qué te refieres al decir "tu planeta"? —se arriesgó a intervenir Sasuke. Es que no había manera de que estuviera hablando en serio. No la había y ni siquiera lo considerarían, porque ni Hashirama sería tan tonto como para creerse semejante tontería, ¿cierto?
—A eso, a que no soy humano. Tengo una apariencia similar a la de ustedes, pero les aseguro que no lo soy. Más bien, no lo somos.
—¿No lo… son? —la cara del Hashirama se había arrugado en una mueca de contrariedad, de escaso entendimiento—. ¿Quiénes? Por favor sé más claro, Naruto.
—¡Ay, por favor Hashirama! —explotó Madara, levantándose de golpe de su asiento—. No estarás pensando en creer lo que este… tipo te está diciendo. ¿Acaso no viste cómo se rio hace un rato?
Naruto dio un respingo ante los gritos del Uchiha, sabía que a veces el hombre levantaba la voz, pero también era la primera vez que lo veía perder los estribos y hablar como si tuviera algo en su contra.
—No, yo…
—¡TÚ TE CALLAS! —le espetó furibundo, apuntándolo acusadoramente con su dedo índice—. Todo lo que sale de tu boca son mentiras, casualmente no recuerdas ni tu apellido, el lugar del que dices venir no existe y te comportas de manera anormal —enumeró, con ayuda de sus manos—. Quizás Hashirama no te lo dice porque te tiene lástima, pero solo has venido a esta casa para robarte nuestra tranquilidad.
—¡MADARA! —esta vez fue Hashirama quien explotó
—¡MADARA NI QUÉ LA MIERDA! —gruñó—. Esto es el colmo del cinismo, ¡saca a este muchachito de mi casa ahora mismo, Senju Hashirama o lo haré yo!
—¡ESTA TAMBIÉN ES MI CASA!
Y así, fue como dio inicio una fuerte discusión.
Sasuke se sentía como en un deja vu, hacía días que sus tíos no llegaban a los gritos, aunque sí discutían, tal vez para que Naruto no los escuchara o quien sabe. Desgraciadamente la "revelación" del joven fue la gota que derramó el vaso y ahí estaban las consecuencias.
Para entonces la pareja ya estaba frente a frente, moviendo las manos con dramatismo para enfatizar sus "argumentos", maldiciendo de una y mil maneras. Él solo suspiró frustrado, ni en su hogar había tenido que soportar discusiones maritales porque bueno, Fugaku los abandonó una vez que él nació. Pero ese no era el punto.
Sus tíos habían perdido los estribos y estaba seguro de que, para ese momento, ya hasta los vecinos escuchaban sus gritos en la comodidad de sus sillones o degustando el café de la mañana. Y de nuevo, Sasuke estaba perdiendo clases. Tampoco era como que pudiera ingresar a la videollamada, porque si tenía que encender su micrófono para responder alguna pregunta, todos sus compañeros escucharían la acalorada discusión de su disfuncional familia.
Pensaba en eso cuando dirigió sus profundos ojos negros hacia la silla donde debería estar Naruto.
Sí, debería, porque el chico ya no estaba.
—Tsk.
Al salir de la vivienda, el rubio caminó sin rumbo fijo.
¿A dónde podría ir alguien ajeno a este mundo?
Estaba asustado, los gritos de Hashirama y Madara le provocaron un dolor punzante a un costado de la cabeza. Su traductor no funcionaba tan rápido, mucho menos cuando ellos subieron el volumen de su voz y comenzaron a hablar a una velocidad desconcertante.
No entendió gran parte de sus frases, pero sí una parte. La más importante tal vez:
No era bien recibido ahí.
Sus labios se contrajeron al darse cuenta de que se estaba haciendo ideas completamente erróneas, la hospitalidad que le habían mostrado hasta el momento era por insistencia de Hashirama y nada más. Por si fuera poco, parece que este le tenía lástima, un intento de compasión bastante denigrante a su parecer y no quería eso. Ahora más que nunca anhelaba volver a casa, un lugar del cual se encontraba demasiado lejos.
—¡Naruto!
Ni bien había terminado de girarse para ver quien lo llamaba, cuando un perro enorme le saltó encima hasta hacerlo caer de espaldas en el suelo. De inmediato fue lamido de la cara como muestra de lo mucho que se alegraba el canino de verlo.
—Akamaru —abrazó al animal y posteriormente hizo el intento infructuoso de levantarse. Una mano le fue tendida como apoyo y no dudó en tomarla—. ¡Kiba! —chilló entusiasmado al reconocerlo una vez de pie.
—Hola —saludó aquel ya con las manos metidas en sus bolsillos, estaba algo sucio por el trabajo y bastante sudado, por cierto. No quiso acercarse más para no incomodar al rubio— ¿Cómo estás? ¿Qué haces aquí? ¿Andas con el doctor Hashirama?
—¿Uh? —el rubio volvió a sentirse turbado con tanta pregunta a la vez, su vista comenzó a nublarse—. Kiba, ¿podrías hablar más despacio?
—¿Qué pasa, te duele algo? —No pudo evitar preocuparse al ver como Naruto se daba pequeños masajes a un costado de la cabeza.
Antes de recibir una respuesta, pudo ver claramente como el chico se desvaneció hasta casi caer al suelo ya inconsciente. Por fortuna sus reflejos le permitieron moverse con rapidez para evitar que la cabeza de Naruto impactara contra alguna piedra en el camino.
Personas que transitaban en la misma calle se acercaron a auxiliarlo, otros simplemente querían curiosear para tener algo qué contar a sus familiares y amigos ese día.
Akamaru agitaba su cola y ladraba, incluso él estaba preocupado porque Naruto no reaccionaba.
Una hora más tarde, Sasuke caminaba por las calles principales tratando de localizar entre el resto de la gente a un rubio en particular. Luego de conseguir que sus tíos pospusieran su disputa para después, salió por su lado en busca Naruto, Hashirama también hacía su parte pero a las afueras del pueblo, circulando por el camino hacia la casa del viejo Tazuna. Y Madara… él se quedó en la casa por si acaso el chico volvía por ahí. Internamente, esperaba que no lo hiciera, pues así se arreglarían sus problemas, o así es como él lo veía todo.
Pero volviendo a Sasuke, este se debatía sobre qué postura tomar, de hecho sentía encontrarse justo en medio de todo aquel embrollo. Es decir, no creía en lo que Naruto había dicho, siendo sinceros ni siquiera le caía bien y estaría mucho más a gusto si no tuviera que compartir la habitación con él nunca más. Sin embargo, una parte le hacía eco recordándole que ese chico no tenía a nadie, que estaba solo y sin un hogar o familiar que esperara por él (al menos de lo que han podido averiguar), quizá también se encontraba afectado por su accidente y el que no recuerde mucho empeora todo.
Posiblemente haya sido una pizca de culpa o pena lo que lo obligó a buscarlo, la misericordia y preocupación por el prójimo que su madre e Itachi le inculcaron alguna vez en los años de su infancia.
Itachi.
Su querido hermano mayor. Su ejemplo a seguir. Su héroe.
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que lo vio? ¿Qué fue lo último que hablaron o el último consejo que este le dio?
El estar atravesando por esta situación le hizo rememorar esos días tortuosos, los momentos de angustia, el llanto desconsolado de su madre, las largas noches en la espera de noticias. Itachi tuvo quien lo buscara por cielo, mar y tierra, pero Naruto…
—¿Dónde te has metido, rubio torpe? —preguntó a la nada, metiendo las manos en sus bolsillos para sacar su celular.
Anduvo unos minutos más, entrando y preguntando en los pequeños locales del centro, hasta que una anciana pudo darle razones de un chico con las mismas características que él le detalló. La información que obtuvo de ella le llevó hasta el hogar de la familia Inuzuka, no muy lejos de ahí.
Una mujer adulta de aspecto rudo le atendió, ella fue bastante comprensiva y le permitió ingresar a la vivienda para que pudiera ver a Naruto, de quien tuvo que hacerse pasar por un primo y así asegurarse de que no se lo negaran. No obstante, lo que se encontró al llegar a la sala no fue agradable a la vista:
Naruto se notaba aturdido apoyado a medias contra el sofá y, un muchacho del cual no recordaba el nombre, le acariciaba el rostro con demasiado ¿fervor? Al tiempo que le pedía que no se moviera.
Sasuke apretó los puños. El tipo se estaba aprovechando y Naruto ni en cuenta.
—¡Kiba, hijo! ¡Un familiar de tu amigo está aquí!
La mujer que antes lo recibió llegó justo detrás de él casi gritando, lo que provocó que aquel muchachito se alejara de inmediato del rubio, prácticamente de un salto hacia atrás. Akamaru, que dormitaba en el suelo, despertó de golpe al escucharla hablar tan fuerte.
—¿Qué pasa? —continuó la mujer.
Sasuke afiló la mirada, Kiba desvió la suya hacia cualquier otra parte. Resultaba obvio que sus roces en el rostro de Naruto eran fáciles de malinterpretar.
—¿Sa…suke?
Toda la tensión en el ambiente se cortó en el instante en el que el rubio reconoció al joven que había ido a buscarlo.
Hashirama iba de camino a casa de la familia Inuzuka para recoger a los dos jovencitos, por fin respiraba aliviado después de haber llegado a pensar lo peor. Solo quería ayudar a Naruto para que pudiera regresar a casa y el altercado de la mañana lo complicó todo.
No deseaba llegar a ese punto con su adorado Madara, pero todo se juntó y ambos se dijeron palabras hirientes. Lo arreglaría, dialogaría con él y llegarían a un acuerdo; estaba seguro de que existía una forma de mediar las cosas sin afectar a nadie.
Mientras tanto, Sasuke, Naruto y Kiba esperaban sentados en la sala a que el médico llegara finalmente. La señora de la casa se había retirado a la cocina para preparar una bebida refrescante para las inesperadas visitas, solicitó la ayuda de su hijo para ello, pero Kiba prefirió quedarse al lado del rubio que hasta hacía unos cuantos minutos estaba recostado sobre el sofá.
Sasuke lo escudriñaba sin ningún pudor, mantenía una mueca de reproche en su rostro.
—¡¿Se puede saber qué diablos estabas tratando de hacer?! —exigió una explicación, solo porque debía meterse en su papel de familiar preocupado por Naruto.
—¡¿Y tú quién demonios eres?! —contraatacó Kiba, cruzando sus brazos a la altura de su pecho.
—Sasuke Uchiha —se presentó—, este rubio idiota es mi primo. Así que más te vale que no te pases de listo.
—¿Ah sí? Pues yo no voy por la vida celando a mis primos. En todo caso, lo único que intentaba era ayudarlo.
Por su parte, Naruto simplemente se limitaba a escuchar porque en realidad aún se sentía mareado y no estaba agarrando el hilo de la conversación entre ese par. Por esa misma razón, no hacía más que intercalar la mirada entre ellos.
—Ayudarlo claro, ¿de qué forma? Si poco faltaba para que le saltaras encima como un animal salvaje.
—¿Qué estás insinuando, idiota? Jamás le haría nada de lo que estás pensando.
—¿Y tú cómo sabes lo que estoy pensando? —Kiba balbuceó sin llegar a hilar palabras—. ¿Tienes idea de lo que le hacen a los tipos como tú en la cárcel?
—¡¿Qué?!
—Sasuke, ¿qué es una cárcel? —finalmente Naruto intervino al ver a su amigo exaltarse.
—Vámonos.
Tomó a Naruto de la muñeca para obligarlo a ponerse de pie, no estaba considerando su estado de salud, ni si se sentía mejor como para andar hasta la casa ante la tardanza de Hashirama. Sasuke ansiaba salir de ahí antes de terminar con los nudillos adoloridos.
—Oye, él no ha dicho que quiera irse —esta vez Kiba se aferró a la mano contraria del rubio.
—Oigan, tranquilos. Parece que están discutiendo.
—Solo cállate y vayamos a casa —insistió, pero Naruto se liberó del agarre de ambos chicos.
—Esa… —titubeó— esa no es mi casa, Sasuke. Yo les he traído problemas, por eso buscaré la manera de volver con los míos por mi cuenta. Agradezco sus-
—Es nuestra casa, eres mi primo después de todo —esclareció, forzando una sonrisa y hablando entre dientes—. Deja de bromear y sígueme, nuestros tíos nos esperan, Naruto.
—Pe-pero
—Andando.
No le dio tiempo de decir nada más, lo tomó de nueva cuenta de la muñeca y lo arrastró con él rumbo al hogar de sus tíos. El rubio únicamente atinó a girarse y sonreír a modo de despedida.
Rendido, Kiba agitó su mano en el aire, luego cruzó los brazos y bufó. No le gustaba ni un poco la forma en la que el sobrino del Ingeniero Madara y el doctor Hashirama, le había arrebatado la presencia de Naruto. Porque el cuentito de que son primos no se lo tragaba en lo más mínimo.
Akamaru secundó sus pensamientos gruñendo por lo bajo.
—¿Y tus amigos? —le preguntó su madre, quien salía de la cocina con una bandeja repleta de bebidas.
—Dirás mi amigo Naruto. Se fue con su "primo", parece que tenían prisa.
—Oh, vaya —se lamentó observando su reciente preparación—. Bueno, ni modo. Igual podemos tomárnoslas nosotros.
Pero Kiba no la escuchó más, su atención estaba puesta en dirección a la salida de la casa, por donde se había marchado el chico de facciones extrañas y ojos bonitos.
Con ese, el tal Sasuke. Un supuesto primo.
Dos calles más adelante, Naruto seguía muy de cerca a Sasuke. Por lo menos para ese momento ya le había soltado seguro de que volvería a la casa con él.
—Oye, Sas…-
—Cállate y camina —le cortó.
—No entiendo muy bien de qué va esto, no sé si estés enterado, pero… yo no soy tu primo —reveló en un susurro, como si temiera que el resto de la gente fuera a escuchar ese oscuro secreto.
—Eso ya lo sé, no seas tonto.
—¿Entonces por qué le dijiste eso a Kiba?
—Para que me dejaran pasar y aquel tipo te quitara las garras de encima, ¿qué no te diste cuenta? —respondió, pero enseguida se detuvo y miró a Naruto con terror. Sus palabras podían malinterpretarse con facilidad, por suerte el chico era muy despistado como para caer en cuenta de eso.
—Oh, despreocúpate. Kiba no tiene garras —le aclaró, haciendo un gesto con su mano para restarle importancia.
Sasuke se golpeó la frente con la palma de su mano.
A estas alturas ya no sabía ni qué pensar en relación a Naruto. Su presencia le incomodaba porque básicamente prefería estar siempre solo, su inocencia no lograba comprenderla al 100% porque le parecía fingida. Luego venía y decía ser de otro planeta e incluso mantenía comportamientos y formas de pensar muy inusuales. Confiaba demasiado, socializaba con facilidad y a veces se quedaba ido, como si…
«¿Estás bien, humano? ¿puedes entenderme?»
No. Imposible.
Naruto lo que tenía era que estaba dañado por el golpe que recibió en la cabeza. O puede que lo estuviera desde antes.
—Dijiste que tu tío vendría por nosotros, ¿por qué no lo esperamos con Kiba? —el rubio siguió hablando con la vista enfocada en unos pájaros que surcaron el cielo en ese instante.
—Se estaba demorando mucho, incluso sigue sin aparecer —lo miró de reojo sin detenerse—. Ahora dime, ¿Por qué te saliste de la casa?
—Porque no soy bienvenido allí. Estoy cansado de causar problemas a donde quiera que voy, tanto aquí en la tierra y allá en mi…
La camioneta de Hashirama se atravesó en el camino cortándoles el paso, así como la explicación que Naruto estaba por darle.
El médico bajó enseguida de ella y los abrazó a ambos, el rubio se sorprendió un poco pero correspondió el gesto como agradecimiento por todas sus atenciones, Sasuke resopló y se quedó quieto. Nunca se acostumbraría a las asfixiantes muestras de afecto de su tío político.
—Lo siento tanto, chicos —se disculpó en nombre de Madara también, le avergonzaba mucho haber protagonizado tal escena por la mañana. Luego, su atención se centró en Naruto—. ¿Cómo estás? ¿Te duele algo o te golpeaste la cabeza de nuevo? —el rubio negó en ademán, sonriéndole gentilmente—. Bueno, vayamos a casa para poder revisarte.
Los tres subieron a la camioneta, aunque Naruto no estaba muy convencido de que regresar fuera buena idea. No quería hacer enojar a Madara o que otra discusión se desatara a raíz de su regreso, pero no podía hacer otra cosa de momento salvo agradecer a Hashirama y a… Sasuke.
Lo apreció sentado a su lado, distraído viendo por la ventana del vehículo. Sus ojitos azules se cristalizaron y una lágrima se le escapó por uno de ellos, le conmovía tanto todo lo que acontecía; las personas con las que iba coincidiendo en estos días le generaban una calidez en su pecho, le ofrecían un lugar, un techo, comida y todo lo que era necesario para sobrevivir. En su planeta, no tenían en buen concepto a la raza humana por todo lo que habían podido observar durante muchos años, se les consideraba seres hostiles y crueles entre ellos mismos.
Naruto pensaba que tenía la oportunidad perfecta para probar que todo era un completo error, que todos allá estaban equivocados.
Y lo haría, por supuesto que lo haría.
