No existe una historia de la humanidad, solo hay muchas historias de todo tipo de aspectos de la vida humana.

(Karl Raimund Popper)


—Recuerdo muy bien a tu madre.

Sentado sobre una especie de banco metálico, Orochimaru se relamió los labios con esa lengua suya tan prolongada y perturbadora. Minato había decidido ir a interrogarlo personalmente hasta la celda que fue acondicionada especialmente para él. Ahora se arrepentía de estar ahí, de tener que verlo hacer esos gestos repulsivos y de que lo mirara como si supiera todo en el universo.

Orochimaru era uno de los individuos más inteligentes de su planeta, pero a Minato esto no lo asombraba ni un poquito. Todos sabían de sus alcances y deseos egoístas por buscar la perfección, su ambición por el poder, entre otros detallitos más.

—Oh, Tsunade era preciosa —lo era, Minato también lo sabía a pesar de que no tuvo la oportunidad conocerla en persona—. Pudo haber tenido una mejor vida a mi lado o con Jiraiya, pero prefirió fijarse en el inmundo humano que conoció allá, en la tierra. Donde justo ahora está nuestro querido Naruto —remató, con una preocupación sobreactuada a la que siguió una sonrisa perversa.

Minato se llevó la mano a la frente para pasarla por la zona y resoplar. Tratar con Orochimaru no sería fácil, nunca lo fue. El único hecho comprobado que toda la organización tenía hasta ahora, era que él fue quien envió a su hijo menor hasta una parte cercana al centro de la galaxia. Y ahora, comenzaba a hacerse una idea del por qué, pero justamente por eso quería obtener todos los datos posibles.

Debía mantenerse sereno, continuar interrogando a ese tipo por el bien de Naruto.

—¿Por qué enviaste a mi hijo a la tierra? ¿Qué es lo que pretendes?

—Nunca te he visto como líder del distrito, sabes de sobra que ese puesto lo merecía yo.

—Y tú sabes de sobra que jamás lo obtendrás dado tu historial delictivo. Ahora responde lo que te pregunté.

—Tienes agallas, tal como ella —Orochimaru entrecerró los ojos y volvió a reír—. Me agrada, y es por esa razón que te has ganado una breve explicación de mi parte.

—No hables como si me estuvieras haciendo un favor.

—Es justo lo que hago. Recuerda que, según las leyes que nos rigen ahora, no puedes recurrir a la violencia y la tortura; de hacerlo, estarías dejándote dominar por tu parte humana.

Minato se tensó al oír aquella verdad incómoda. Le había costado muchos años asimilar los acontecimientos previos a su concepción y nacimiento. Aunado a esto, también tuvo que aprender a lidiar con la diferencia notoria entre él y el resto de los habitantes del planeta. Se esforzó por demostrar que sus genes humanos no serían una amenaza, sino más bien un aporte a los estudios que ya se realizaban en ese entonces sobre la población del planeta tierra, luego de enviar varias cuadrillas para obtener más información.

En el primer viaje a la tierra, su madre formó parte de una de las dos cuadrillas que se infiltrarían por todo un año. Desgraciadamente, Tsunade fue la primera víctima que tuvieron como prueba irrefutable de la crueldad humana.

—No sucederá, jamás he tenido que recurrir a tales bajezas. Puedes estar tranquilo —habló muy seguro.

—Entonces responderé, aunque no garantizo que pueda servir para traerlo de regreso…

—Tampoco espero ayuda de tu parte, solo quiero el por qué.

Orochimaru se tomó su tiempo antes de hablar, la mirada afilada se paseó por la reducida celda de paredes transparentes. No había nadie más cerca, seguramente por órdenes del líder.

—Porque necesitamos evolucionar, Minato. Tú eres la clara muestra de lo que sucede cuando dos civilizaciones distintas se mezclan, dando paso a un ser más perfecto que sus progenitores. Además, el tema de tu supervelocidad es todavía un enigma, eres único entre todos nosotros, aun cuando compartamos este sitio con invitados de otros planetas.

—Mi supervelocidad es un tema que no te concierne —acotó—. Además, nuestra tasa de mortalidad es mínima, la esperanza de vida que mantenemos es muy superior a la de la tierra… ¿para qué mezclar? —se llevó la mano al mentón—. Y en todo caso, ¿Cuál es el papel de Naruto en tu macabra idea?

—Es porque es tu hijo lo que lo hace el candidato idóneo para esta apuesta. Claro que en primera instancia había considerado utilizar a Deidara, pero para cuando mi artefacto estaba listo, él ya había partido. Y para mi fortuna Naruto resultó mucho mejor de lo que esperaba, el ingenuo ni se imaginó que lo que le dije para llevarlo hasta la sala de desplazamientos era una completa mentira…

Lo que Orochimaru tenía para contar no fue para nada breve, el siguiente par de horas, Minato la pasó en esa celda. Para obtener toda la verdad tuvo que tragarse el enojo que en más de una oportunidad le invadió, cerrar los ojos y respirar profundamente.

Orochimaru nació en un planeta aledaño, de los primeros en ser visitados por la organización. Les costó un poco entablar lazos amistosos con la población de allá, pero con algo de diplomacia y buena disposición, al cabo de un tiempo ya se realizaban viajes de un punto a otro. Llegó a formar parte de la organización a temprana edad para ser entrenado como viajero intergaláctico. Para sorpresa de muchos, Orochimaru mostró poseer de una inteligencia brutal y se convirtió en líder de cuadrilla.

Tsunade, Jiraiya y él, partieron a la tierra faltándoles un integrante. Una vez allá, consiguieron integrarse exitosamente y entre tanta tragedia que les tocó presenciar, la rubia conoció a Dan. Lo que sucedió después fue el surgimiento de un idilio amoroso que terminó en dolor, decepción, muerte y un hijo. Minato.

—Dan no era bueno y ella lo sabía, por algo no intentó traerlo al planeta, pero su "amor" la cegó tanto que Tsunade eligió quedarse junto a él una vez que el tiempo de la misión finalizó. Como era de esperarse, la organización nos envió para traerla a la fuerza, supimos que llevaba una mala vida al lado de Dan y que incluso abusó de ella cuando se negó a sostener relaciones sexuales —le relataba, sin mostrar una sola pizca de aflicción por el tema—, pero mira el lado bueno. Pudo dar a luz y entregarte a Jiraiya antes de que Dan la asesinara a golpes, y te convertiste en el instrumento que permitió acelerar los viajes interplanetarios, el "líder" del distrito más grande en este mundo y tus hijos… ellos tienen ADN valioso. Combinado con el de Kushina, deben estar más cerca de la perfección que tú.

Minato apretó los dientes al ver cómo aquel individuo se mantenía estoico, como si hablara de cualquier cosa y no de un cúmulo de atrocidades.

—Eres un ser repugnante —manifestó, una mueca de asco respaldó sus palabras.

—Lo soy, pero sé que muy en el fondo sabes que tengo razón. Si Naruto tiene tus capacidades y llega a aparearse con una humana…

—¡No somos material de experimentación!

Un golpetazo hizo que las paredes vibraran. Minato estaba por perder los estribos al tratarse de su hijo.

El detenido se carcajeó con ganas, procedió a darle la espalda dando la conversación por terminada, no sin antes agregar:

—Si Naruto quiere volver al planeta tendrá que aprender a controlar mi instrumento, despertar ese potencial que le has heredado y de paso cumplir con la misión que todo viajero tiene. Lo cual dudo mucho. A menos que logren rastrearlo, seguro que Kabuto podría intentar, después de todo fue mi discípulo.

Minato salió de la celda a prisa, no quiso detenerse ni un segundo más a reflexionar sobre cada oración dicha por ese individuo. Necesitaba traer de vuelta a Naruto, no exponerlo sin la preparación adecuada y arriesgarlo a que corriera con una suerte parecida a la de Tsunade. Iría el mismo de ser necesario hasta encontrarlo, y, cuanto antes, mejor.

Minato había crecido odiando a su padre biológico del que no supo nada más, al irse formando obtuvo mucha información de cómo era la vida en la tierra, lo que no hizo más que reforzar su resentimiento. Para él los humanos nunca serían de fiar, por mucho que la organización considerara que debían brindarles apoyo ante su inminente autodestrucción.


—¿Sasuke Uchiha, me escucha?

Se alteró al escuchar el llamado de la profesora en su clase en línea de esa mañana, estaba aprovechando el tiempo para googlear algo que le causaba dudas. De hecho, todo lo que Naruto le había contado hasta este punto, le daba vueltas en la cabeza porque carecían de lógica.

Rápidamente cambió de pestaña, encendió la cámara y el micrófono.

—Disculpe, profesora ¿podría repetirme la pregunta? Tengo fallas con mi internet —se excusó.

—Oh, no se preocupe. Con usted no hay ningún problema por su excelente rendimiento académico. Entonces… Suigetsu, por favor responda usted…

A partir de ahí no tuvo que preocuparse por ser interrogado de nuevo, años de esfuerzo y dedicación le construyeron una reputación de alumno intachable. Pudo volver a su investigación virtual mientras Naruto se cambiaba en el baño para irse a su nuevo trabajo.

Su tío Madara había dicho que ocuparía la ayuda del rubio en los cultivos únicamente aquel día, del cual transcurrió una semana completa. Por lo que, todo parecía indicar, que no pensaba soltarlo en un buen tiempo.

Madara había dicho que Naruto tenía aguante, como parte de la escueta justificación que dio cuando fue interrogado por Hashirama una tarde a la hora del almuerzo. Además, su empleado de confianza, Zetsu, no volvería pronto ya que había estado en contacto con personas contagiadas de Covid-19, y se mantenía aislado en alguna parte de la basta ciudad.

Sasuke no tenía que ser adivino para darse cuenta de que, en realidad, su querido y severo tío empezaba a acostumbrarse a la presencia de Naruto, y quizás no era el único.

Inari, Kiba y un par de jóvenes más se pasaban seguido por la casa con el fin de reunirse con Naruto, para convencerlo de unirse a ellos con el vago pretexto de ir a nadar al río o llevar a las ovejas del Inuzuka a pastorear por ahí. En menos de dos meses, Naruto ya había conseguido más amistades de las que Sasuke llegaría a hacer en toda su vida.

Pero aún quedaban cabos sueltos. Demasiados.

—Será posible…

—¿Qué cosa? —le respondió el rubio desde el baño

—Encontré un artículo en una revista científica reciente, dice que han ubicado nuevos planetas. Uno en especial, que comparte características similares a la tierra, con las condiciones necesarias para albergar vida en él.

La puerta del baño fue abierta con brusquedad, de ahí salió un Naruto despeinado y con los pantalones sin abrochar. Sasuke miró por encima del hombro para enseguida terminar masajeándose las sienes.

—Ve a terminar de vestirte —le ordenó.

—¡Pero estoy vestido!

—Puedo ver tu ropa interior color naranja desde aquí —le hizo ver, al tiempo que cerraba su laptop y lo encaraba.

—Pues no la veas…

Sasuke arrugó el entrecejo, dándole a entender que no daría su brazo a torcer.

De mala gana, Naruto volvió al baño e hizo lo solicitado, lo cual no le tomó más que unos cuantos segundos. Sin embargo, aprovechó para revisar su abdomen en busca del artefacto adherido en su piel. Nada. Kurama no había vuelto a aparecer, esto retrasaba el plan que tenían de mostrárselo a Hashirama para que pudieran hacer algo al respecto o que por lo menos sirviera de sustento a sus palabras.

Y mientras, el tiempo continuaba avanzando sin que él pudiera hacer nada más. Sin volver a su hogar.

Tomó el cepillo de dientes y lo embarró con el dentífrico. Si no se daba prisa el señor Madara enfurecería, hoy les tocaba ir a los cultivos de tomate cercanos a la ribera del río.

—A veces… pienso que… exageras —hablaba ya fuera del sanitario con el cepillo moviéndose sobre sus muelas—, compartimos la habitación e incluso me prestabas tu ropa. Además, hasta donde tengo entendido tenemos lo mismo, si sabes a lo que me refiero.

—Lo dice el que se la ha pasado repitiendo hasta el cansancio que no es un humano —Sasuke yacía sentado en la cama, sonriendo a medias por la forma en la que Naruto se contradecía.

—B-bueno, no puedo argumentar nada contra eso, pero nada cambia el hecho de que nuestra convivencia es similar a la de… los hermanos —terminó de cepillarse, enjuagó su boca y regresó—. ¿Sabes? Deidara no es tan quisquilloso cuando está de buen humor, a veces..

El silencio reinó durante al menos un par de minutos, minutos en los que la mente de Sasuke se perdió entre recuerdos gratos que siempre culminaban con los tiempos de incertidumbre y dolor vividos a raíz de aquella terrible pérdida.

—Es porque yo no soy tu hermano, ni tú eres el mío —su voz se volvió más dura, como si estuviera reclamando—. Tu hermano podría estar en cualquier parte buscándote justo ahora, mientras que el mío… —Sasuke agachó la mirada, haciendo acopio de valor para que su voz no saliera quebrada—. El mío está muerto desde hace 5 años.

—Sasuke, yo…

—Cállate. Solo termina de arreglarte y sal de aquí, por favor.

Al otro lado de la puerta, Hashirama escuchaba sin mover un solo músculo. Los había estado vigilando de forma disimulada en los últimos días, su sobrino y Naruto estaban volviéndose cada vez más cercanos, pasaban tiempo juntos, charlaban a solas. Acciones muy insólitas tratándose de su huraño sobrino político.

No, no era su imaginación. Hashirama no era tonto como a veces su adorado Mady le decía.

Fuera del duelo no superado por la muerte de Itachi y contra todo pronóstico, Sasuke realmente se había abierto a la posibilidad de que Naruto fuera un ser de otro mundo.


Las condiciones climatológicas en el planeta comenzaban a experimentar ligeros cambios, principalmente en la temperatura, pronto habría una especie de cambio estacional en la que habría un periodo de frío al cual ellos podían resistir muy bien. El problema siempre radicaba en la estadía de aquellos visitantes de otros sectores de la galaxia.

Shikaku le rendía un informe de las personas que abandonarían el distrito dentro de poco, en esas estaba cuando Inoichi apareció a sus espaldas con el propósito de comunicarle de la llegada de una cuadrilla que se encontraba cumpliendo una misión en la tierra desde un tiempo atrás.

La cuadrilla liderada por Deidara acababa de volver al planeta.

Dejó toda actividad pendiente para enfocarse en ello, pidió que Shikaku se hiciera cargo de lo demás e inmediatamente se trasladó a la sala de desplazamiento. Por un momento quiso creer que Deidara volvía con Naruto a su lado, a salvo, pero descartó la idea de inmediato al recordar que su hijo mayor no tenía manera de saber lo que estaba sucediendo ahí.

Kabuto, Kushina y Sakura, la mejor amiga de su hijo menor, habían estado trabajando hombro con hombro para dar con la ubicación de este en la superficie terrestre. Por su parte, él había hablado con el consejo distrital para hacerles la solicitud y poder partir a la búsqueda de su retoño, permiso que le fue denegado al obtener más votos en contra que a su favor.

Los líderes de distrito no debían abandonar el planeta, para eso existían las cuadrillas y el hecho de que se tratara de un asunto personal no los conmovió ni un poco. Su esperanza estaba puesta en que, una cuadrilla conformada por los mejores viajeros, se encargara de traer a su hijo de vuelta a su hogar. Solo había alguien en quien podía confiar para ello: Su hijo mayor, Deidara.

Se llevó una no muy grata sorpresa al ser informado de que no volvían solos, la cuadrilla estaba de vuelta y con la misión completa. Especialmente su hijo, acompañado por un humano con cabellos rojos como el fuego, baja estatura y mirada cansada.

Lo vio y la inquietud emergió dentro de su ser. Su instinto de padre, tal vez.

Minato pidió a algunos de sus subordinados que se hicieran cargo de los humanos que estaban ahí. Deidara miró de soslayo al pelirrojo, una mirada que no pudo pasar desapercibida para él, aun así, esperaba que se tratara de simple paranoia suya.

Estaban ayudando a los humanos que lo merecieran. Nada más.

—Han regresado antes, ¿sucedió algún imprevisto? ¿Tus compañeros se encuentran bien? —se apresuró a preguntar en cuanto quedaron a solas

—Sí, todos llegamos en perfecto estado. Te entregaré el reporte de la misión más tarde. Me gustaría ver a mamá y Naruto ahora, si no te molesta.

El joven intentó abandonar la sala ni bien terminó de excusarse (porque eso eran, excusas), pasando a su lado como si llevara mucha prisa. A Minato se le incrementaron las sospechas y por supuesto que se encargaría de descubrir qué estaba sucediendo, pero, por ahora, lo más importante era traer a Naruto.

—Kushina está descansando, han sido tiempos difíciles y ella no ha dejado de trabajar al lado de Kabuto y los demás. Tenemos mucho de qué hablar

De la forma más sintetizada que pudo, Minato le narró a Deidara lo ocurrido en torno a la desaparición de Naruto y posterior a esta. No había que ser adivinos para imaginar las reacciones del chico de coleta, sus ojos azules tintineaban de preocupación, apretaba los puños, hacía muecas con sus labios. El impulso de volver a la tierra y remover hasta la última piedra para dar con su hermano, lo poseyó por algunos instantes.

—Deidara, serénate.

—¡¿Dónde demonios está?!

—Es justo de ese tema de lo que te quiero hablar

—¡¿Qué le ocurre?!

—Dei, necesito que mantengas la calma porque tú serás el encargado de traerlo de vuelta.

No se guardó ni un solo detalle de la información que poseía al respecto, cualquier cosa podría hacer de pista para dar con Naruto. Afortunadamente habían establecido un radio bastante extenso que podría estarles marcando la ubicación de su hijo. El artefacto de Orochimaru era sin duda una pieza muy avanzada, lo cual jugaba a favor de ellos en este caso, aun cuando el localizador tenía un ligero margen de imprecisión.

—Configurarán tu dispositivo con las coordenadas, serás enviado justo al centro de la demarcación, es todo lo que podemos hacer.

—Tranquilo, conozco el terreno. Estuvimos en un área cercana justo antes de volver, países les llaman, pero en una zona más al noroeste.

Deidara inhaló profundamente, estaba haciéndose a la idea de volver al infierno sin tener tiempo de tirarse a descansar. No importaba, traer a su hermano sería su prioridad, no quería ni imaginarse las dificultades por las que podría estar pasando mientras tanto. Él mismo tuvo que experimentar varias, sin embargo y de forma extraña, algunos rasgos de su personalidad que debían estar bajo control, salieron a flote y le permitieron lidiar con la interacción humana sin salir afectado.

Pasaría a asearse, se despediría a las prisas de Kushina y partiría a la brevedad. No tenía tiempo que perder, pero estaba olvidando una cosa muy importante.

—El humano que has traído… —su padre comenzó a hablar de nuevo al verle intenciones de retirarse.

—Sasori. Su nombre es Sasori.

—Claro, el humano Sasori. Él estará bajo vigilancia constante mientras arreglamos su situación y futura permanencia en el distrito.

—Lo sé, conozco el protocolo.

El líder de distrito examinó a su hijo a consciencia, se veía normal, sano y fuerte como siempre había sido. El brillo de sus ojos seguía ahí, pese al semblante ligeramente fatigado que lucía y era de esperarse; cualquiera que tuviera que pasar una buena temporada entre humanos terminaba así. A él nunca le asignaron viajes a ese planeta, nunca preguntó las razones porque no necesitaba escucharlas y, a decir verdad, tampoco tenía ni una pizca de interés en conocer de primera mano la otra parte de su origen.

Para bien o para mal, a sus hijos les había tocado un destino diferente. Deidara quería conocer la tierra desde pequeño, luego a Naruto se le contagió aquella idea y, cuando Minato quiso hacerles cambiar de opinión, ya era demasiado tarde. Los dos soñaban con "salvar" a la humanidad, o al menos una parte de ella.

Si tan solo les hubiese contado acerca de su pasado, tal vez, solo tal vez…

Suspiró abatido.

De nuevo era tarde, su silencio había puesto en riesgo a su familia.

—¿Qué fue lo que te hizo elegirlo? —inquirió, tratando de evadir sus pensamientos pesimistas y retomar el hilo de la conversación.

Deidara agachó la mirada un segundo, dudoso ante qué responder para que su padre no malinterpretara los motivos de su decisión. Se suponía que deberían elegir a un humano de corazón noble, bueno y que merezca la oportunidad de llevar una vida tranquila, alejado de sus semejantes que se dañaban entre ellos.

En el caso de Sasori, existía un pequeño detalle. Algo fuera de lo normal.

Sí, Deidara había desarrollado sentimientos afectuosos por el pelirrojo enano. Sentimientos que no debieron surgir jamás, pero claramente no fue planeado. Un día la sonrisa de Sasori le removió el ritmo cárdiaco, un día su sufrimiento se volvió insoportable para él y las ganas de alejarlo de todo lo dominaron.

Pero aquello no podía decírselo a Minato, al menos no en ese momento. A la tierra no se iba a buscar pareja. Así que, por primera vez en su vida, Deidara omitió información.

—Porque ha sido víctima de la crueldad de sus semejantes, no dejó familia ni amigos o algún otro humano que realmente le estimara al menos. Cuando te entregue el reporte conocerás todos los detalles.

—Comprendo.

El alivio le inundó el pecho cuando su padre le dio la espalda y lo instó a seguirle.

Ya habría tiempo para hablar con claridad, ya habría tiempo para sentarse a dialogar con sus progenitores acerca de sus verdaderas intenciones con Sasori. Y esperaba que estas fueran aceptadas por todos los demás.

Ahora sí, podía enfocarse en traer de regreso a su hermanito.

Naruto tuvo un día agotador. Pese a su buena resistencia, el sol causaba estragos en él luego de mucho tiempo bajo su exposición. Raro, pues en su planeta soportaban temperaturas bajísimas casi sin inmutarse, pero ahí su cuerpo reaccionaba de maneras incomprensibles. Siempre creyó que las temperaturas extremas no eran problema para ellos.

Al volver a la casa junto con el señor Madara, caminó a prisa hacia la habitación dejando para después necesidades básicas como descansar un poco o hidratarse. Naruto deseaba hablar con Sasuke después de la forma abrupta en la que terminó su conversación de la mañana, se lo encontró durmiendo y prefirió no despertarlo.

Ya habría tiempo para aclarar las cosas, si es que había algo qué aclarar. En realidad, ni él mismo sabía dónde había estado su error, y no lo supo sino hasta hacía unas horas durante la jornada en el campo, cuando Madara hablaba por teléfono con Mikoto Uchiha, la madre de Sasuke, a quien no conocía, pero todos en la casa hablaban mucho de ella.

—Cierto, pronto se cumplirá un año más del fallecimiento de Itachi —lo escuchó decir aun a la distancia—. Sasuke está bien, Miko. El tiempo le ha ayudado a aceptar el hecho de que su hermano falleció. Sabes que con nosotros está en buenas manos, no vamos a dejarlo solo.

Y con esas palabras dándole vueltas en la cabeza, Naruto se fue a dormir esa noche. Quería comprenderlo, él también se sentiría destrozado si su hermano muriese, aun si su relación con Deidara no era siempre la mejor.


Daba vueltas en la cama, los ojos los tenían fuertemente apretados, como si su cuerpo se negara a dejarlo despertar. No era una pesadilla, todo aquello había sucedido justo el día que apareció en la tierra:

—Naruto, ¿puedes venir a la sala de desplazamientos conmigo un segundo?

Parado justo en el centro del largo pasillo hacia la sección designada para la academia, Orochimaru le habló con una sonrisa inquietante y tan falsa como su intento de amabilidad. Naruto miró por encima del hombro de ese sujeto, no había nadie más cerca de ahí, lo que provocó cierto nerviosismo en él.

—Uh… no —respondió dudoso—, no creo que tenga permitido hacer eso.

—Oh, vamos. Solo será un momento.

Orochimaru acortó la distancia y el rubio retrocedió por inercia, si daba media vuelta podía irse por el ala sur y rodear, aunque le tomaría más tiempo el llegar a su destino. Qué más daba, igual ya iba retrasado, la reprimenda por parte del instructor Yamato ya la tenía bien ganada.

—No puedo, tengo que volver a la academia.

Ya resuelto se dio media vuelta, sus pies caminaron unos cuantos pasos hasta que el individuo de apariencia tétrica volvió a abrir la boca en un intento por retenerlo.

—Qué lástima. Acabo de hacer un descubrimiento muy importante y quería que me ayudaras a afinar un par de detalles

—¿Un descubrimiento?

Orochimaru rio para sus adentros, había conseguido atraer su atención, pobre y estúpido jovencito.

—Sí, pero no te preocupes. Entiendo que tienes un compromiso con tu formación, seguro que serás el mejor igual que tu padre. Podrías llegar a convertirte en líder de distrito como él.

Naruto no pudo evitar que esas palabras le hicieran sentir halagado, la mayoría no le tenía mucha fe, incluso él mismo dudaba de sus capacidades en ciertos momentos. Deidara le superaba por mucho y Naruto no conseguía alcanzarle ni un poco.

Con la autoestima por las nubes, la curiosidad le ganó. Terminó siguiendo a Orochimaru a una distancia prudente hasta la sala de desplazamientos, y en el trayecto ese ser siguió parloteando, nublándole el pensamiento con detalles de su "descubrimiento", tratando de ganarse su confianza, etc.

Pronto ya caminaba a su lado, no reparó en que Orochimaru conocía la clave de acceso a la sala, una clave que solo debían saber los encargados designados por orden directa de su padre. Fue imprudente, pecó de ingenuo y por eso no vio venir los brazos elásticos de aquel tipo, que lo apretaron hasta hacerle perder la conciencia.

Para cuando despertó, tenía puesto el traje especial para los viajes y sus manos atadas a su espalda.

—¿Conoces la historia del origen de tu padre?

—¿Qué? —preguntó todavía desconcertado, adolorido.

—¿Sabes por qué es tan veloz y resistente a ciertas actividades que los demás no?

—¡Orochimaru, suéltame! —exigió ignorando sus preguntas sin sentido.

Se escuchó un sonido, como el de un generador y varias luces parpadearon justo encima de él.

El portal se abrió, un estremecimiento le recorrió desde la cabeza hasta la punta de los pies. No quiso girarse, pero sabía muy bien lo que había detrás de él, si caía estaría en serios problemas.

—Tengo muchas preguntas y requiero sus respuestas. Ve a la tierra, reprodúcete y perfecciona a las nuevas generaciones. No regreses hasta entonces.

La mano pálida se deslizó sobre el botón que accionaría todo. Era el fin.

—¡No, no, espera! ¡Quítame esto! ¡Suéltame! —gritó con todas sus fuerzas.

Sus intentos fueron en vano. Una especie de agujero negro le absorbió en un instante.

—Buen viaje, Naruto.