Un ser que se acostumbra a todo; tal parece ser la mejor definición que puedo hacer del hombre
(Fiódor Mijáilovich Dostoyevski)
Recordó.
Entre la penumbra de la habitación, sus brillantes ojos se abrieron de golpe acompañados de su propia respiración que permanecía agitada, el sudor le escurría por frente y mejillas producto de la desesperación que le embargaba momentos antes. Naruto miró de un lado a otro buscando sus cobijas, las cuales habían ido a parar al suelo como cada noche, incluso el forro de su improvisada cama también se había desacomodado un poco.
Estaba hecho un desastre en todos los sentidos. Exhaló por la boca paulatinamente para estabilizarse; no ocurría nada malo, estaba a salvo, pero vaya que le había costado despertar.
Volteó hacia la izquierda de la habitación. Sasuke seguía durmiendo plácidamente entre sus mantas impecables, tan bien tendidas sobre su cuerpo que daba envidia. Sin duda, no existía punto de comparación entre ambos.
Una vez que consiguió regular su respiración, Naruto plantó los pies en el suelo y se fue al baño a refrescar el rostro. El agua le devolvió el alma al cuerpo dejando que las gotas surcaran desde su barbilla hasta su cuello, perdiéndose más adelante en la tela de su ropa de dormir.
Según Hashirama y otro médico que lo atendió, su pérdida de memoria podía tratarse de un problema transitorio, pero pasaron días, días que se convirtieron en semanas y luego en meses. Por tal motivo, no esperaba que los recuerdos de aquel día le llegaran de la nada, invadiéndolo como una ola para aclararle el pensamiento y disipar la mayor de sus dudas.
Ahora podía entenderlo todo, Orochimaru lo engañó y lo envió a la tierra con motivos incomprensibles, pero bien le habían dicho que mantuviera su distancia de ese individuo. En especial su madre, era ella quien más se lo repetía desde muy pequeño, una y otra, y otra vez. Genial, el que Orochimaru fuera el causante de todo significaba más problemas para que su familia pudiera dar con él. El regresar a su planeta se convertía en un objetivo cada vez más lejano.
Naruto resopló para alejar esas ideas negativas que no eran propias de él, porque no era hora para darse por vencido. Al menos no sin antes agotar todas las opciones, aunque, ahora que lo meditaba, ¿realmente tenía opciones?
Volvía a la cama tanteando el camino con las manos cuando se llevó el susto de su vida.
—¿Qué haces despierto?
Sasuke yacía sentado sobre la cama con las sábanas cubriéndole las piernas. Naruto casi grita al verlo, y también porque se golpeó el dedo meñique de su pie derecho con la esquina de su improvisado lecho.
—Mierda —masculló dando saltitos.
—Pero bueno, ya estás hecho todo un humano. Y eso que las groserías no eran lo tuyo.
—L-lo siento, es que de verdad me dolió
—Idiota, pudiste haber encendido la lámpara —una risita nerviosa le indicó a Sasuke que al rubio ni le pasó por la cabeza aquella posibilidad. A veces olvidaba que no estaba tratando con un humano común y corriente—. ¿Y bien? ¿Ya me dirás qué es lo que te tiene despierto en medio de la madrugada?
—Bueno… — exasperado, Naruto se rasco la cabeza— sucede que… acabo de recordar cómo fue que llegué aquí —confesó.
Para él no fue una experiencia agradable el recordarlo y, de hecho, sería aún más complicado el explicárselo todo con sus propias palabras. Tomó asiento en el sofá cama, se masajeó unos momentos su pie, específicamente la zona donde se había hecho daño justo antes mientras esperaba a que su ¿compañero? Hiciera algún comentario o pregunta al respecto.
Por su parte, Sasuke meditó unos segundos antes de atreverse a bombardearlo con todas las incógnitas que le asaltaban, y es que, sin duda, el que Naruto haya podido recordar esa parte sería de gran ayuda. Un buen punto de partida para encontrar una pista que lo lleve de vuelta a su planeta.
—¿Quieres hablar de ello ahora? —le preguntó, mirando la hora en el celular sobre su pequeña mesa de noche. 03:35 am justamente.
—No, descansa. Ya te lo contaré todo en la mañana.
—Bien.
Ambos volvieron a acurrucarse en su sitio, dándose la espalda mutuamente. Una cosa era segura, a los dos les costaría conciliar el sueño.
Naruto se cubrió hasta la cabeza, dejando asomar apenas la punta de su nariz entre las suaves telas. Había mil y una cosas en su cabeza, dándole vueltas como un carrusel, quería preguntar, necesitaba preguntar por todo y por nada a la vez. Supo que Sasuke estaba en las mismas circunstancias porque lo escuchó removerse, era cierto, quedaban algunas palabras por decir entre ellos después de su charla que se tornó en discusión por la mañana.
No se dio la vuelta, pero decidió no quedarse con la duda.
—Oye… Sasuke —le habló con cierta vacilación.
—Dime—respondió aquel más pronto de lo normal. Efectivamente, no dormía.
—¿He conseguido agradarte?
Uno, dos, tres. Contó los segundos que tardó esta vez en recibir una respuesta.
—De ningún modo.
Naruto sonrió complacido. Supo que Sasuke estaba mintiendo.
El filo del cuchillo se enterraba con facilidad entre la piel roja y lisa de cada fruto, el jugo brotaba cuando lograba atravesar por ella y entonces repetía el proceso.
Para Sasuke, cortar el tomate en finas rodajas se convirtió en una habilidad desde temprana edad, pero la reforzaba aún más en los últimos días. Y es que a cierto rubio se le había metido la loca idea de cosechar unos cuantos en un rinconcito del patio trasero de la casa, luego de haber conocido el proceso de cultivo de estos durante su trabajo al lado de Madara. Sasuke trazó una media sonrisa muy sutil en su apacible rostro, depositó las rodajas de tomate en un cuenco a parte y prosiguió a cortar ahora las hojas de lechuga.
La convivencia se fue construyendo con el correr de los días, la armonía en el hogar permanecía casi intacta pese a diferencias y variedad de opiniones; lazos nuevos surgían entre los tres habitantes originales de la casa para con el rubio de genuina inocencia. Seguro que todos se daban cuenta, pero nadie (mucho menos Madara, él se cortaría la lengua antes de admitir que Naruto no era una amenaza como lo creyó en un principio) decía nada, a excepción de Hashirama por supuesto.
En algún momento, durante la cena de tantas noches, el mayor comparó a Naruto con las cosechas de Madara, y sí, así estaba ocurriendo. Ese joven era como una semilla que brotaba aun si se le regaba poco, tenía su propia fuerza, tanto así que cuando venías a percatarte ya había crecido lo suficiente para que pronto diera frutos.
En prácticamente tres largos meses, Naruto se hizo un espacio en aquel hogar a base de esfuerzo y buena disposición. Era acomedido, entusiasta, curioso; siempre metiendo sus narices en cualquier actividad con la intención de aprender más sobre la vida en la tierra. Cada nuevo día ahí, le permitía ratificar su opinión con respecto a la humanidad: no eran peligrosos.
Madara lo mantuvo trabajando a su lado a pesar de que Zetsu volvió a finales del mes anterior, Naruto era un excelente elemento para el trabajo de campo que no pensaba dejar ir así de fácil. Por lo tanto, Hashirama tuvo que volver a atender a sus pacientes solo temporalmente, ya que enseguida encontró una enfermera con la que podía trabajar hombro con hombro en su misión de garantizar el acceso a los servicios de salud básicos en el pueblo.
Tobirama se mantuvo firme en su postura, Naruto debía ser enviado de regreso con sus familiares si es que de verdad los tenía o, en su defecto, dejar el asunto en las manos de las personas correspondientes. Sugerencia a la que Hashirama hizo oídos sordos, había conocido varios casos así en la ciudad, personas que se extraviaban por alguna razón y eran dejadas a su suerte hasta por las mismas autoridades.
En algún momento, una foto de Naruto circuló por internet gracias a Sasuke en un intento porque alguien lo identificara y al fin pudieran deshacerse de él. Al no haber obtenido resultados, poco a poco las esperanzas se fueron reduciendo. Sasuke dejó ese tema por la paz una vez que Naruto le compartió la verdad de su origen, luego su perspectiva cambió, compartir tiempo y espacio con el rubio no era tan malo después de todo. Además, actualmente sus esfuerzos estaban puestos en ayudarlo a regresar al planeta del que provenía, lo cual era una meta muy lejana, demasiado, sobre todo por lo irreal del asunto.
Se cuestionó varias veces acerca de cómo proceder, qué hacer, qué decir, a quién contarle algo así.
Luego de que Naruto le explicara todo lo acontecido previo a su aparición en la tierra, Sasuke siguió investigando por su cuenta, pero su único recurso era el internet. En un caso como este, necesitaba ir más allá, si tan solo fuera una persona un poco más sociable seguro tendría mejores contactos, como su tío Hashirama.
Así que una noche acordó con el rubio que encontrarían la forma de decirle la verdad a ambos adultos, de no hacerlo seguirían dando vueltas en lo mismo sin obtener resultados positivos. Entonces Naruto seguiría fastidiándolo como cada noche haciendo pucheros infantiles, llegando a abrazarlo por la espalda cuando…
—¿Estás sonriendo?
El cuchillo se deslizó muy cerca de la punta de su dedo índice, maldijo internamente a su tío Madara por desconcentrarlo. Joder, ¡pudo haberse rebanado el dedo!
—¿Qué? —espetó, cesando en su labor de filetear la lechuga.
—No te hagas, te acabo de ver, ¿ocurre algo? —Madara tomó asiento delante de él, genuinamente preocupado porque Sasuke estaba bajo su responsabilidad y le importaba un rábano si ya era todo un joven adulto.
—No.
—Adivinaré —se llevó los brazos al pecho cruzándolos sobre este. La mirada obsidiana lo analizó a consciencia llegando a una conclusión al levantar una ceja —. Tienes novia, ¿cierto?
—¡¿Qué?! —casi escupió. Listo, su tío estaba perdiendo la cabeza.
—No, no. Tranquilo, de hecho, ya te habías tardado —el mayor trataba de transmitirle no sé ¿confianza? ¿seguridad? Lo que sea que había que darle a los más jóvenes en estos casos. Lo sabría de haber tenido aunque sea un hijo, pero a la mierda, él no tenía la paciencia para criar, él no tenía mucha paciencia para nada—. Incluso yo a tu edad ya había tenido varias novias.
Sasuke deseaba con locura que su mirada tuviera rayos láser, porque su familiar había empezado a decir estupideces de la nada. No era divertido, no cuando él tenía algo importante para contar.
—Y terminaste casándote con un hombre. Con uno al que le falta un tornillo, por cierto —atacó.
—Ese es otro tema, Sasuke. —Madara agitó la mano restándole importancia, para que la conversación no se desviara—. Ahora, supongo que ya te habrán dado la charla, ¿no? Digo, estás por pasar a los 21 y seguro que conoces más del tema que yo incluso.
—Tío.
—No olvides que los condones no deben faltarte JAMÁS, es canasta básica hoy en día. No estoy diciendo que no debes tener hijos, el apellido Uchiha no puede perderse así como así, pero tampoco quiero que seas como Fugaku. ¿Me explico?
—Tío —apretó los puños en un intento por reunir paciencia, sus dientes casi rechinaron.
—Primero termina tu carrera y compra una casa. Los hijos necesitan un espacio seguro…
—¡Tío!
Madara guardó silencio cuando su sobrino dio un manotazo sobre la mesa. Maldita sea, Sasuke todavía mantenía unos modales desagradables.
—Ya está la ensalada —dijo, ya con la voz calmada y señalando el cuenco con los alimentos dispuestos—. Y no. No tengo novia, no tengo ningún interés en las chicas por el momento y, por si no te has dado cuenta, tampoco en traer hijos a este mundo de mierda.
Bajo la mirada estupefacta de su tío, procedió a ir por un poco de agua al refrigerador. Volvió a su sitio y la bebió con mucha calma, no era el mejor momento para arruinar la atmósfera de tranquilidad, pero…
—Ah, te estás convirtiendo en una copia igual de imprudente que Hashirama Senju, señor —agregó casual.
—¡¿Qué acabas de decir, mocoso malcriado?! —fue el turno de Madara para sentir su sangre arder. Ese había sido un gran insulto.
—Que no me dejas hablar, necesito hablarte de algo importante ahora mismo.
—¿Te ocurre algo malo?
—No, solo necesito que escuches esto que voy a decirte con la mente muy abierta. Es todo.
—Adelante —le indicó, colocando las manos unidas sobre la mesa.
Sasuke lo miró fijamente, su rostro sereno como de costumbre para darle la seriedad necesaria a lo que se avecinaba. No se fue con todo, partió desde el principio para darle contexto pese a que su tío también conocía la mayor parte de los detalles de la infructuosa búsqueda de los familiares de Naruto.
Hashirama no había vuelto aun y el rubio, ¿dónde carajo estaba en un momento así? Bueno, eso no importaba por ahora. Continuó explicando de forma fluida todo lo que conocía acerca de él, el planeta del que provenía y cómo fue que terminó por creerle todo.
Para entonces, Madara ya lo miraba como si le hubiera salido otra cabeza.
—Sasuke, ¿tú también vas a empezar con eso? Me extraña viniendo de ti.
—Porque viene de mí es que deberías creer lo que digo —alegó. sintiéndose ofendido.
—Y dices que el que se parece a Hashirama soy yo, ¿no?
—Tú no viste lo que yo vi, tío. Créeme que estaba igual de renuente que tú, pero todo apunta a que Naruto dice la verdad, si no hemos podido encontrar a nadie que por lo menos lo reconozca, debe ser por algo.
Sasuke tenía un punto, por lo que Madara no pudo refutar esa parte con argumentos cargados de lógica o sentido común. Ambos se habían comportado hostiles con el chico rubio desde que apareció en su casa, más aún cuando Hashirama lo acogió bajo sus alas al estilo de mamá gallina. A pesar de mantenerse alertas a alguna señal de peligro, Naruto le dio la vuelta a la situación al mostrarse abierto a cualquiera de sus preguntas, siendo amable, trabajador y honesto.
En su caso, puede que el aceptar que permaneciera ahí fuera más por lástima que por un verdadero acto de solidaridad en comparación a su pareja. Llegó a poner a prueba a Naruto sin decir nada, a veces le cargaba la mano en el trabajo de campo o agregaba un par de horas de más a la jornada inventando cualquier tontería; sorprendentemente Naruto jamás se quejó y por eso dejó de intentar fastidiarle por ese lado. En más de una ocasión le observó a la distancia, mientras todos los demás trabajadores morían por volver a casa, el rubio extraño parecía disfrutar de las labores en el campo.
Loco, anormal y mil formas despectivas de llamarle se le habían ocurrido a Madara con el paso de los días.
—La verdad es que… —sus ojos negros recorrieron el techo de la casa, como eligiendo las palabras para expresarse lo mejor posible.
—¿Qué cosa? —preguntó su sobrino, ansioso por una respuesta.
—Naruto tiene una vitalidad asombrosa, es resistente a todo tipo de situaciones, es hábil y enérgico. Como si no fuera…
—Humano.
—Físicamente lo es, Sasuke —acotó, no se dejaría llevar tan fácil.
—Y debe tener una explicación. Naruto me ha contado mucho acerca de su… familia y los otros seres del planeta del que se supone que viene, no hace mucho recordó la forma en la que llegó hasta aquí.
Sasuke relató la historia lo más breve posible. Siendo honesto todavía le hacía ruido el hecho de que en el planeta que Naruto describía como todo amor y paz, existiera alguien tan malvado como para enviarlo a la tierra sabiendo que no estaba preparado para ello. Ah, demonios, hasta él se sentía estúpido al dar por hecho que todo aquello era 100% real.
Su vida no podía ponerse más rara.
—Bueno y, ¿qué sugieres?
—Por algo te lo estoy contando, tío. No hay mucho que podamos hacer. Ni modo que lo entreguemos a las autoridades, les expliquemos que no es de este planeta y arriesgarnos a terminar en el psiquiátrico.
—Ok, primero necesito ver el mentado tatuaje del que hablas…
—No es posible, no ha vuelto a aparecerle desde entonces —explicó con calma. Sasuke no mentía al respecto, de haber contado con ese recurso seguro que habría podido contarle antes con pruebas suficientes a la mano. Sin embargo, el tiempo seguía su curso y ellos seguían en la misma situación.
—Esto es una mierda —declaró Madara con el ceño fruncido.
—Lo sé.
Hashirama llegó a casa cuando el sol ya había desaparecido detrás de las montañas del oeste, dejó su maletín sobre una mesa ubicada justo al lado de la puerta, luego pasó al baño para desechar el cubrebocas y lavarse las manos. Por la mañana escuchó hablar a una paciente sobre un posible caso de COVID en el pueblo próximo, las medidas de higiene y sana distancia les habían permitido evitar la presencia de casos en la comunidad por un tiempo, pero quizás el panorama cambiaría pronto.
La preocupación de no tener los recursos necesarios como para hacerle frente a un problema como ese, le respiraba en la nuca. Hashirama no quería estresarse por ello, sino más bien ocuparse y prepararse por si las dudas con lo que tuviera a la mano. Tal vez si hablaba con Tobirama podrían gestionar algo con el gobierno municipal.
Cavilaba sobre su idea mientras ingresaba al comedor para toparse con su esposo y su sobrino con caras de pocos amigos, o sea, las de siempre.
—Hola, ya vine —avisó como si no fuera evidente—. Gracias por esperarme para cenar eh.
Ignorando el comentario irónico, los dos Uchiha continuaron degustando sus alimentos con la elegancia que les caracterizaba, el detalle es que el silencio se sentía abrumador. Sí, más de lo normal y al percatarse de que faltaba alguien a la mesa, el médico no pudo evitar preguntar:
—¿Y… Naruto?
Madara bebió de su café antes de hablar.
—No está, se quedó en el parque con el hijo de la señora Inuzuka después del trabajo.
Sasuke dejó de masticar un segundo, acto que fue notado con claridad por su tío político, pero este no comentó nada y volvió a mostrarse interesado en el paradero de su ¿invitado? ¿inquilino? ¿protegido, como dice Tobirama y Mady? En fin, de Naruto.
—¿Ah sí? ¿Una cita?
Nuevamente Sasuke reaccionó a ello. Un trozo de sus amados tomates le provocó un acceso de tos descontrolada, Hashirama le aproximó un vaso de agua y le dio palmaditas en la espalda conteniendo las ganas de hacer un comentario impropio. Él sabía, incluso si su agrio sobrino aun no.
—No —Madara se puso de pie para servirse una porción más—. Me dijo algo sobre acompañarlo a bañar al perro y esas cosas.
—Una cita, entonces —concluyó el médico con una risita que Sasuke no pudo soportar más.
La pareja de adultos vio al joven tomar su plato ya vacío e ir al fregadero para darle una rápida lavada, no minuciosa como solía hacer a diario. Lo escucharon murmurar algo como tengo sueño y dirigirse a su habitación dando grandes zancadas.
—Hogar dulce hogar —comentó Hashirama probando la magnífica ensalada.
La pelotita de goma rebotaba en el techo emitiendo un ruido sordo al chocar con este, las manos de un joven de cabello negro le esperaban listas al caer, y así, el ciclo se repetía. Llevaba alrededor de quince minutos metido en realizar esa actividad, pero su mente no estaba enfocada en ello.
Naruto y Kiba.
Kiba y Naruto.
Los dos, a solas, demasiado próximos como para que sus respiraciones no llegaran a mezclarse…
Sasuke lanzó un improperio al aire, la pelotita cayó al piso y ya no fue recogida. ¿Cómo era que Naruto podía ser tan estúpido? ¿era que acaso no se daba cuenta de las dobles intenciones del Inuzuka?
¿O tal vez sí se daba cuenta y no le molestaban?
Y en todo caso, ¿a él qué mierda le importaba lo que un desconocido hiciera junto al amante de los canes del pueblo?
Porque eso era Naruto, un desconocido con el que Hashirama había insistido en jugar a las hermanitas de la caridad. No existía una razón para que le preocupara, ya estaba grande y podía cuidarse por su cuenta.
Fue entonces cuando la canción de División Minúscula que tenía configurado como tono de llamada, resonó por toda la habitación. Cogió su celular del escritorio donde hacía tareas, Mamá se podía leer en la pantalla.
Sonrió levemente antes de atender la llamada.
—Hola, mamá —Sasuke volvió a su cama, sintiéndose más animado al poder charlar un rato con su progenitora. Tomó una almohada y la colocó en su regazo.
—Hola, mi niño bello, ¿Cómo estás? ¿cómo va todo por allá?
Los siguientes diez minutos estuvieron dedicados a ponerse al día con sus vidas. Mikoto había tenido una semana tremendamente cargada de trabajo, gracias a su puesto como subgerente podían tener una calidad de vida un poco por encima del promedio, aunque esto significaba sacrificar muchas cosas, como el tiempo para convivir con el único hijo que le quedaba.
No obstante, se mantenía firme, fuerte y orgullosa de Sasuke porque era un buen chico. Algo hosco sí, pero muy bueno en realidad.
—Ya me contó tu tío que no han podido encontrar a la familia del jovencito que están alojando en su casa. ¡Qué triste su situación! —comentó con sincera aflicción. Ella podía empatizar con el escenario a la perfección y compadecía a los padres de Naruto si no podían dar con su paradero después de tantos meses—. Pero, ¿tú cómo te sientes? ¿todo bien con ese joven? Sabes que con una palabra tuya yo…
—Tranquila, mamá. Naruto es… un tonto, pero no representa un peligro para nadie. No tienes que preocuparte. Él mantiene la esperanza de regresar con su familia, a su pla- a su casa —se corrigió al instante.
La escuchó suspirar aliviada a través de la línea telefónica.
—Es comprensible, cielo. La esperanza es lo último que debe perderse en una situación así —la voz de la mujer tembló. Sasuke no podía verla, pero no tenía que ser adivino para saber que su madre tendría los ojos vidriosos—. Recuerda cuánto tiempo nos llevó encontrar a tu hermano…
Oh sí, claro que lo recordaba.
Fueron tiempos duros, noches de desvelo, de no poder comer apropiadamente por la preocupación, de ver a su madre desvivirse por obtener noticias de Itachi. Hasta que estas llegaron y no fueron del todo alentadoras. Hubiera deseado que su madre jamás hubiese tenido que ir a reconocer un cadáver putrefacto.
—Sasuke, ¿sigues ahí?
—Sí, sí, mamá —dijo, luego de volver de entre sus memorias dolorosas.
—Debes estar cansado. Ya hablaremos después, ¿te parece?
—Claro, tú también debes estarlo. Cuídate mucho.
—Te amo, hijo. También cuídate y llámame si algo pasa, lo que sea
—Lo haré. Te amo, mamá.
Un largo suspiró abandonó su cuerpo, y antes de bloquear su teléfono echó un ojo al calendario. Cierto, pronto se cumpliría otro año sin Itachi.
