Llevaba un rato conduciendo, pero ya estaba en Savanna Central. La dirección que le pasó Herbert correspondía a un negocio en dicho lugar, una repostería para ser más exactos. Golpeó la puerta un par de veces y alguien abrió escasos centímetros. "¿Contraseña?", maldita sea no le habían dicho nada de una clave para pasar por ahí… escuchaba unas risas del interior. Lo invitaron a pasar después de indicarle que era una broma, iba a insultar a quien lo atendió hasta que vio que era Todd, el psicópata que robó el banco y tuvo que hacerle de taxista. Lo mejor sería no hacerlo enojar.

Desde unas escaleras Tora llamó su atención con un chiflido, tendrían que bajar hacia un sótano. Comenzó a avanzar mirando de reojo a quien lo atendió hasta hacía un momento, por alguna razón tenía su mirada fija en él y eso le producía escalofríos. No fue hasta que bajó las escaleras que habló con el tigre.

—Tora…— El tigre se volteó hacia él al escuchar que lo llamaba por su apodo—. Este tipo, Todd… ¿Qué es exactamente? He visto lobos feos, pero él…

—No es un lobo, Nick, o no del todo. Es un híbrido cruza con oso. —El zorro se paró en seco. ¿Cómo era posible que…?— Su madre era la osa, su padre el lobo, la primera vez que lo oí también pensé como tú.

—Su expediente estaba prácticamente vacío, apenas tenía su nombre y edad. —Giraron hacia la izquierda y comenzaron a avanzar por un pasillo.

—Cuerpo de oso adolescente, pelaje, cola y orejas de lobo, la genética es algo que nunca comprenderé de lleno. ¿Decía el archivo por qué terminó en prisión?

—Por secuestrar y torturar a sus compañeros de clase.

—Hay algo más aparte de eso, pero no te preocupes, él te lo dirá llegado el momento. Le gusta presumir sus trabajos.

—¿Crees que haya alguna razón por la cual se puso a mirarme así?

—Posiblemente quiera intimidarte, o tal vez está pensando en que tan bien te verías con la cola de un caballo y las orejas de… No lo sé, un león quizás. —Nuevamente Nick se frenó en seco, lo cual llevó al tigre a sonreír—. El tipo es un psicópata, sólo busca su historia y léela completa, ahí me entenderás.

—Hablando de historias y archivos y demás patrañas… ¿Qué hay de ti? ¿Alguna razón por la que uses un apodo?

—Dejaré mi historia para otro momento, Wilde, pero lo del apodo es para que otros no sepan mi verdadero nombre. De ir todo bien, quisiera que nadie aquí sepa quién soy para cuando vuelva a tener una vida normal— Pararía en medio del pasillo frente a una puerta, pasaron sin golpear.

El tigre estrechó la mano de los tres machos presentes, un toro, un lobo y un antílope, e hizo una reverencia para con Langley, que tenía su mirada posada en el zorro. Los tres machos estaban al tanto de quien era, por lo que de nada le serviría crearse un apodo como Tora. El ser el único zorro policía le dio más de una portada en los diarios, su fama lo precedía… y lo odiaba en ese preciso momento.

Había dos grandes planos desplegados en una mesa, se acercó a ellos para revisarlos mientras Tora discutía con los demás, al parecer un miembro no acudió a la reunión. "Herbert la llamó", afirmó el antílope mientras Langley se acercaba al zorro, quien yacía concentrado frente a los planos, uno de la central de la ZPD y otro de una de las sedes de la ZIA.

—Nos infiltraremos en la ZPD y buscaremos algo, después iremos con ese "algo" a la ZIA, donde nos infiltraremos también. —El vulpino la observó con curiosidad, atacar negocios era una cosa muy distinta a asaltar la ZPD y la ZIA, algo grande se acercaba y él sería partícipe.

—Creo entender cuál es mi rol en todo esto.

—Irás conmigo y con Geoff, ese lobo de ahí, nos guiarás alrededor del lugar para ir hasta donde queremos. —Tora se acercó a ellos y señaló un punto específico del plano, la habitación G-12, hogar de varios de los secretos que logró confiscar la ZPD en las últimas décadas.

—Yo no tengo acceso a esa habitación, sólo Bogo y un par de oficiales de alto cargo.

—Volarán la entrada para hacerse paso, así que tendrán muy poco tiempo para esto. —Nick retrocedió un paso al oír lo que dijo la mapache. ¿Hablaba en serio?

—Es una completa locura Langley. Meterse en la ZPD es difícil, evitar a los guardias y cámaras es factible pero aun así muy complejo, pero escapar después de explotar algo ahí dentro es completa y verdaderamente imposible, además de un suicido.

—Será en la madrugada del domingo, o la noche del sábado, es cuando menos animales hay patrullando en el edificio —indicó el tigre—. En estos días aprovechamos y conseguimos algunas armas con dardos tranquilizantes, cortesía de Sinner.

—Mañana por la mañana Sinner irá e instalará un virus para congelar las cámaras, para cuando lo activemos sólo tendrán que evitar hacer mucho ruido. Eso si no quieren dejar cadáveres en el camino, ambas opciones son viables.

—No mataré a mis colegas, Langley.

—Entonces procura ser un zorro muy astuto, como todos saben que eres —exclamó la mapache con un tono de voz un tanto seductor, no le agradaba en absoluto.

—Mientras tú nos guías, Sinner, Langley y Herbert harán los preparativos para meternos en la ZIA, la seguridad allí será más fuerte por lo que procuraremos estar todos juntos. Sarah nos recogerá cuando hayamos terminado

—Creí que mi parte involucraría sólo la ZPD —dijo Wilde cruzado de brazos y con lógico fastidio—. La ZIA para mí es terreno desconocido.

—Arcagma así lo ordenó, es tu primera misión real y serás puesto a prueba, Nick, como cuando fuiste a por Todd —suspiró exasperado y les dio la espalda por un momento, el tigre sonrió ante la expresión del zorro—. La ZPD estará fragmentada como ocurrió en los últimos días, la ZIA enviará gente a ver qué sucedió en la central de la ZPD, además de que siendo varios no tendrán oportunidad contra nosotros. Confía en mí, esto será pan comido.


. . . . . . . . . .

Savage estacionó frente a los apartamentos Grand Pangolin, donde Judy vivía, eran cerca de las doce del mediodía. "El conejo está en la cueva", indicó Finnick por mensaje de texto a los otros dos zorros, que estaban distribuidos en puntos estratégicos a varias calles de ahí. La treta de la que les había hablado Nick fue algo que no sería la gran cosa en sí, pero serviría para pasar el rato. ¿Qué mejor que arruinar la cita de un conejo pretencioso?

El par de conejos salió de los apartamentos, hasta donde el fénec pudo dilucidar se veían bastante alegres, evitaría decirle a Nick que además Savage la llevaba tomada del brazo. Subirían al vehículo del conejo, quien amablemente abrió la puerta de Judy cual caballero. Antes de subir observaría detenidamente una furgoneta que estaba cerca de ellos, tenía un diseño bastante llamativo. Comentaría algo con Judy entre risas, luego se pondrían en marcha. Mientras ponía primera y comenzaba a seguirlos, el fénec envió un mensaje a sus dos colegas, la treta comenzaría en breve.

Resguardó cierta distancia para que no pareciera que los estaba siguiendo, había una camioneta entre ellos y podría camuflarse un poco. "Por la hora de seguro la llevará a almorzar. El centro comercial de Tundratown es el mejor para eso, pero están yendo en sentido contrario", el mensaje de Drew tenía sentido, por descarte seguramente irían a alguno de los dos que estaba en Savannah Central, eran los más apropiados. Recorrida cierta distancia, Finnick doblaría hacia la derecha, ya llevaba mucho tiempo siguiéndolos y podrían sospechar de algo. Ahora era el turno de Drew, quien dobló en la misma esquina que el fénec.

"Estoy entrando en Savannah Central", indicó el menor de los zorros, que al igual que su amigo se mantuvo a cierta distancia. Finnick condujo hasta el centro comercial Saint Tobias y Nick estaría esperando en el Grand Savannah, ya en posición ambos enviaron un mensaje a Drew para que dejara de seguirlos.

Pasaron un par de minutos y nadie lograba ver nada, a lo que Nick comenzó a fastidiarse, tal vez se habían apurado al enviarle el mensaje a su primo. Fue entonces cuando su corazón se calmó, ambos estaban a pie, habían dejado el auto a algunas calles de ahí, seguramente el tacaño de Savage no quería pagar el estacionamiento.

Informó a los suyos que estaban en el Grand Savannah, los seguiría hasta poder encontrarse con Drew y con Finnick, que seguían en contacto con él por mensajes de texto. Después de avanzar un poco ambos subieron por las escaleras mecánicas al segundo piso, Nick los seguía mientras se fastidiaba a cada metro que avanzaban. Estaban muy juntos, muy alegres, parecían… Sería mejor no pensar mucho en eso

—¿Dónde están, Nick?— preguntó su primo desde sus espaldas, dándole un pequeño sobresalto—. ¿Te encuentras bien?

—Sí, bien, sólo me molesta que Savage se aproveche de ella.— Hizo un gesto con su mano para indicar donde se encontraban Judy y el otro conejo.

—Después de esto podemos hacerle una visita personal si quieres— indicó Finnick apretando sus nudillos—. Llamaré a Kevin y a Joe, como en los viejos tiempos.

—Seguimos hablando de un tipo que trabaja en la ZIA, Finn, no debemos arriesgarnos a meternos en problemas. —El comentario no le cayó para nada bien al fénec que se cruzó de brazos—. Bien, comenzaremos arruinando el almuerzo. ¿Tienes listos los laxantes, Drew?

—Recién sacados de los suministros médicos. —Eran un par de pastillas efervescentes, apenas la soltasen en su bebida se disolverían y el conejo saldría corriendo mientras apretaba las nalgas.

—Finn, mientras Drew los distrae tú tendrás que poner las pastillas en su bebida, yo trabaré el baño para humillarlo lo más posible.

—Esto sí que es jugar sucio en todos los sentidos —exclamó el menor de los Wilde con una sonrisa.

—Si la cita sigue con el cine o algo más recurriremos a otras estrategias. ¿Están listos?

A unos metros de ellos se encontraba el dúo de conejos, sentados en una de las mesas de un restaurante leyendo la lista de posibles platillos. Jack hacía recomendaciones y afirmaba que no tenía que preocuparse por los precios, que él invitaría y pondría hasta el último centavo. "No puedo aprovecharme de ti ese modo, Jack", dijo la coneja un tanto sonrojada ante la amabilidad de Savage, pero él se mantuvo firme en su propuesta. Judy terminaría aceptando bajo la condición de que ella pagaría las entradas para ir al cine más tarde, a lo que Jack respondería con una sonrisa y estrecharía su mano para cerrar el trato.

En cuanto la mesera se acercó a ellos, ambos terminaron pidiendo la especialidad del día: seitán en salsa bechamel de setas con una porción de papas para compartir. La mesera, una gacela joven que los observaba con cierta curiosidad, anotó lo pedido y les arrimó las bebidas, ambos pedirían unas gaseosas sabor cola.

Tal y como habían planeado, Drew se acercó a la pareja de conejos para distraerlos mientras Nick se dirigía al baño y Finnick se acercaba cautelosamente, fingiendo que miraba algo en su celular. El primo de Nick levantaría su mano derecha para saludar a la coneja y llamar su atención.

—Veo que no has perdido el tiempo Judy, ya te estás poniendo al día con uno de tus amigos. —La coneja apartó un poco la mirada y el zorro estrechó la mano de Savage—. Un gusto señor, soy Andrew Wilde, el doctor que atendió a Judy en los últimos días.

—Jack Savage, el gusto es mío. ¿Es algo de Nicholas Wilde, doctor?— preguntó Savage en cuanto dejaron el apretón.

—Soy su primo de hecho, me vine a la ciudad hace unos pocos días para comenzar a trabajar. Por cierto, podemos dejar lo de "doctor" para el trabajo, Drew está bien. ¿Ya han ordenado algo?

—La especialidad del día, Jack dice que es exquisito. —Mientras ambos conejos dirigían su mirada a Drew, Finnick pasó a la par de ellos para dejar las pastillas en la bebida de Savage. Sólo restaba que se disolvieran en unos cuantos segundos, tendría que mantener la charla.

—¿El seitán en salsa de setas? Tengan cuidado con los hongos, no a todos les suelen caer bien.

—Ya he comido aquí antes, no hay por qué temer. —La pastilla ya casi se había disuelto pero Savage tomó su vaso para comenzar a beber, debía hacer algo para dar tiempo a que la pastilla desapareciera. Drew no tuvo mejor idea para evitar que dé el sorbo que darle un pequeño golpe en la nuca, un poco de gaseosa caería en su camisa y el conejo no se lo tomaría bien—. ¿¡Pero qué te pasa!?

—Disculpa Jack, no vi que estabas por beber. Había un insecto y…

—¡Podrías haberme dicho antes de golpearme! ¡Mira mi camisa!

—Drew no tenía intención, Jack, no se dio cuenta. Seguramente podemos sacar la mancha, mi madre es una experta en el tema. —Judy se acercó a ver la mancha y a intentar secar la gaseosa con una servilleta. Ahora todos los presentes comenzaron a dirigir las miradas hacia ellos, la cosa se había tornado un tanto incómoda.

—Te pagaré una nueva Jack, en serio lo lamento…

—¿Pagarme? ¡Es un modelo que no se consigue! ¿¡Tienes noción de cuánto cuesta esto, zorro!?— El comentario despectivo lo llevó a retroceder un par de pasos. Borró su rostro de preocupación y comenzó a fruncir el ceño, Judy le dirigiría una sonrisa para indicar que todo estaría bien—. No quiero tu dinero, sólo déjanos solos.

—Espero que disfruten lo que queda de su cita, lamento haber estorbado como zorro que soy. —Savage sólo bajó la vista y el entrometido vulpino hizo una reverencia con la cabeza a modo de saludo para Judy.

—Hasta pronto Drew— dijo la coneja con cierto pesar, lo que había comenzado como un simple saludo y podría haber sido una buena charla se terminó tergiversando. Quienes habían estado siguiendo la escena miraron de reojo al conejo y voltearon para volver a lo suyo, no le gustaba llamar la atención de ese modo exactamente.

Al salir del lugar Drew buscaría a Finnick, con quien observaría a la distancia. El fénec indicó por mensaje a Nick que en cualquier momento se produciría "el estallido" y debería de estar listo. "¿Y tú de qué te ríes?", preguntó el vulpino de menor tamaño a su compañero. Al explicarle lo ocurrido, Finnick también comenzó a sonreír un poco. Sería bueno ver a ese cretino ridiculizado.

Se asomaron desde detrás de una columna y, hasta donde podían ver, Savage seguía refunfuñando. Mientras Judy tomaba la palabra se produjo aquello que esperaban. El conejo levantó su vaso y comenzó a beber su contenido, después de un par de sorbos lo apoyaría en la mesa y seguiría prestando atención a lo que su cita le decía.

—¿Cuánto crees que tarde en hacer efecto?

—No lo sé Finn, pero no debería de ser mucho. Son pastillas para caballos, en el cuerpo de un conejo no debería de tardar. —Observó al fénec sonreír cínicamente, efectivamente el laxante no había tardado en actuar.

Como si un demonio se apoderase de él, Jack Savage se puso de pie y comenzó a correr en dirección a una puerta que tenía dibujado a un lobo de traje. Efectivamente era el baño para hombres, pero por alguna razón que escapaba a su comprensión la puerta no cedía pese a que él la empujase y luego embistiera con desesperación.

Maldijo por lo bajo con todas las palabras que le venían a la mente y, antes de que se diese cuenta, comenzó a decirlas en voz alta, mezclándolas con súplicas y lamentos. Nuevamente todos posaban sus ojos en el desesperado conejo que, al no poder abrir la puerta del baño para hombres, abrió de una patada la del baño de mujeres. Varias hembras salieron del lugar, sorprendidas y entre gritos, al ver al macho entrando cual depredador salvaje.

Los gritos de preocupación de Judy comenzaron a hacerse presentes también. ¿Qué rayos le pasaba? Al contrario de algunas hembras que salían del baño de damas al ver a un hombre dentro, ella ingresó alarmada por su espontánea reacción. Entre un par de estruendos y la peste que invadió su nariz, Judy también terminó por abandonar el lugar al igual que las demás. Vaya almuerzo de mierda.


. . . . . . . . . .

Recibió un mensaje de texto hora y media antes de adentrarse en la ZPD, Tora quería hablar personalmente con él por alguna razón que desconocía. En dicho mensaje le pasaría una dirección que estaba relativamente cerca de su casa, en Tundratown. Con la ansiedad matándolo y en vista de que el tigre se esforzaba por ser su aliado, no esperó mucho para encaminarse al lugar establecido.

Se estacionó frente a la casa cuya dirección coincidía con el mensaje del tigre. Si bien estaba un tanto confundido se acercó a lo que parecía ser una vivienda normal y abrió la puerta. La voz de Tora se hizo desde el interior y pasados unos segundos el enorme felino abriría la puerta. Su apariencia terminó por confundirlo del todo. El tigre anaranjado contaba con algunos manchones blancos en su pelaje, alrededor de su cara y manos.

—Pasa, Wilde, siéntete como en casa. —Cerraría la puerta en cuanto el zorro dio algunos pasos en dirección a la sala de estar—. Estas manchas guardan cierta relación con lo que quería decirte.

—¿Usas tintura, verdad?— El vulpino rápidamente le había sacado la ficha—. Había un solo tigre entre los animales que escaparon del motín hace quince días. Ese era un tigre blanco mientras tú eres naranja, aunque eso es lo que quieres que todo el mundo piense.

—Mira este lugar, mira los alrededores. ¿Te diste cuenta de lo tranquilo que es el vecindario?— Se sentó sobre un sofá de color beige y tomó una caja que estaba en una pequeña mesa frente a él—. Puede que no lo entiendas, pero antes de todo esto yo tenía una vida y en verdad la extraño. Aun usando una máscara esta puede caer o salirse, pero la tintura hará que te descarten ante la mínima sospecha, o al menos así pasó conmigo.

—¿Por qué me llamaste, Tora?

—Sé que sabes mi nombre, sabes todo respecto al caso. Puedes usarlo mientras estamos solos si quieres, no todos los que escaparon me conocen y quiero que siga así. —Le ofreció el paquete a Nick, que lo tomó con curiosidad pero esperó para abrirlo.

—Gabriel Whitewind, acusado de asesinar a un concejal y a tu esposa, recuerdo tu expediente. —Al abrir la caja encontró pequeñas botellas de un líquido de color blanco—. ¿Quieres que haga lo mismo que tú? ¿Qué me tiña para pasar desapercibido?

—Al menos durante las misiones, podrás proteger tu identidad. —Se puso de pie y se encaminó al baño, volvería con algo en su mano que le lanzaría a Nick para que lo atrape—. Usa ese jabón y la tintura saldrá fácil, o puedes hacerlo con alcohol también si lo friegas un poco.

—No creo que sea simple tintura. ¿De dónde lo sacaste?

—Haces muchas preguntas, Wilde, demasiadas, Herbert en mi lugar te destriparía. —Volvió a sentarse sobre el sofá denotando cierto cansancio, llevaría las manos hacia arriba con los dedos entrelazados para estirarse—. Es de la ZIA, Sinner me lo dio.

—El pecador.— Preguntaría por quien era, hasta donde tenía entendido tenía acceso a la ZPD y por lo visto a la ZIA también. Un nombre se le cruzó por la cabeza—. Gracias Tora… Gabriel, en serio, aprecio mucho que me apoyes de este modo.

—Date una ducha y úsalo como si fuera shampoo, yo haré lo mismo después y partiremos hacia la ZPD.

—Antes de ducharme… ¿Te molesta si te hago una última pregunta?— El tigre suspiró para luego sonreír levemente.

—Si es de Sinner…

—Es sobre tu pasado. —Gabriel se sorprendió y asintió a la espera de su pregunta—. Dijiste tener un problema en tu muñeca, que por eso no disparas bien. ¿Guarda relación con lo que pasó aquella noche?

—Sí, se podría decir que es causa directa. Me fisuré después de matar a ese infeliz a golpes. Lo de mi esposa fue accidental, la empujé para sacármela de encima y golpeó su cabeza con una mesa, pero con él… Juro que gocé cada maldito puñetazo sobre su rostro. —Hizo una leve pausa y respiró profundo—. Mi esposa me fue infiel, pero los medios tergiversaron las cosas y yo me convertí en el monstruo que mató a golpes a uno de los tipos más queridos de la ciudad. Ya en prisión nadie se molestaría en rehabilitarme la muñeca, a nadie le interesa alguien como yo.

—No te escuchas como alguien arrepentido.

—Es porque no me arrepiento de lo que hice, fue algo único. Lo volvería hacer tantas veces como fuese posible si me preguntas, desquitarme de ese modo fue una sensación única. Tanto odio acumulado al fin liberado y acabando con un imbécil corrupto cuyas actividades siempre eran camufladas por todos. —Se puso de pie y quedaron enfrentados cruzando sus miradas—. Él se merecía eso y mucho más, de no haber estado tan cegado incluso le habría dado una muerte peor.

—¿Lo conocías de antes?

—Por supuesto que sí, era mi mejor amigo, o al menos eso creía.


. . . . . . . . . .

Después de pasar por una farmacia y comprar algo para su problema estomacal pensaron en dar una vuelta por las calles de la ciudad. Pararon en un parque que quedaba en el centro de la ciudad, continuo a Little Rodentia, y se sentaron en uno de los tantos bancos libres que se encontraba bajo un roble de gran tamaño.

Pese a que finalmente no pudieron almorzar en el restaurante del centro comercial, puesto que les pidieron amablemente que se retiren, compraron un helado para que Judy matara el hambre por un rato, mientras Jack evitaba alimento alguno por si acaso. Su plan era ir al cine después de comer, estaban a falta de unos quince minutos para ello cuando un pequeño niño se acercó a ellos.

Sus ojos tristes conmovieron a la coneja, el pobre zorro disfrazado de elefante parecía haberse separado de su madre. En cuanto Jack quiso quitarle la parte del disfraz que rodeaba su cabeza el pequeño lo golpearía en la mano y comenzaría a llorar. "Busquemos a su madre y evitemos tocar el disfraz", inquirió el conejo ya bastante cansado del mal día que estaba llevando.

Tomando al pequeño de la mano, Judy se puso de pie y comenzó a recorrer el lugar mientras Jack caminaba a su lado. Preguntaron a varios de los animales que se cruzaron, pero nadie reconocía al pequeño zorro disfrazado de elefante.

Listo para dar lugar a la siguiente parte del plan, el vulpino señaló un puesto de helados, donde previamente Judy había comprado uno. La coneja fue hasta allí mientras Savage tomó al zorro de la mano. En cuanto ella se alejase lo suficiente, Finnick pisaría con fuerzas a Jack, quien lo soltaría instantáneamente después de dar un alarido.

Si bien el conejo fue rápido, el pequeño zorro terminó por perderse entre una multitud de animales. Desesperado empezó a gritarle que volviera pero no hubo caso. Decidido a volverse sobre sus pasos, dio la vuelta y se topó de sorpresa con Judy para terminar chocando. El helado caería sobre su camisa haciendo que maldiga para sus adentros.

—Lamento eso. ¿Qué pasó con el niño, Jack? Vi que lo estabas corriendo.

—No sé qué pasó, me pisó con fuerza y comenzó a correr y…

—¿Lo perdiste?— Preguntó ella cruzada de brazos, tomándolo por sorpresa—. ¿En serio un cachorro de zorro tiene tanta fuerza como para liberarse de ti?

—No me pisó como si fuese un cachorro y yo no lo perdí, él desapareció.

—Ven conmigo. —Lo tomó de la mano y comenzó a caminar—. Tenemos que encontrarlo.

—Espera, Judy, tal vez vio a su madre y se fue con ella, no necesariamente ha de estar en problemas. Además la película comenzará en poco.

—¿Película? ¡Acabas de perder a un niño Jack! ¿¡Cómo puedes pensar en ir al cine en un momento así!?

—¡Yo no lo perdí! ¡Él escapó!

Fue en medio de su discusión que alguien a sus espaldas aclaró su voz. De la mano del pequeño zorro vestido de elefante venía uno de mayor tamaño que bien conocían. Saludó a Savage estrechando su mano y a Judy con un beso en la mejilla. La coneja sonreiría al ver al ¿cachorro? y a Nick tomándolo de su mano de forma paternal.

"Lamento interrumpirlos, pero escuché que se les perdió algo", exclamó irónicamente intentando no reír a carcajadas del rostro que puso el conejo. El zorro jugaría la última carta respecto al plan que idearon de camino al parque, que demasiado bien habría salido.

—Ya que ustedes la están pasando bien juntos los dejaremos solos. Creo haber visto al niño alguna vez en una heladería, preguntaré por ahí si lo conocen. Es difícil olvidar a un pequeño con un disfraz como este.

—¿En serio te harás cargo, Wilde? —El conejo se sorprendió ante el gesto del zorro, que si bien no mantenía buen trato con él terminó por serle de gran ayuda, o al menos eso creía.

—Por supuesto, Jack, disfruten lo que queda de la tarde. —Se agachó para quedar a la misma altura del zorro de menor tamaño—. ¿Qué te parece un "toot-toot" de despedida, amiguito? —Molesto por dentro, pero sin exteriorizarlo, el fénec hizo lo que le pidió su compañero. Después de volver a ponerse de pie se despedirían—. Recuerda llamarme luego, Judy, todavía tenemos que ver que hacemos mañana. Por cierto, linda camisa Jack, lástima las manchas.

La coneja suspiró de ternura al ver a Nick alejándose con quien podría ser su hijo, mientras Jack se quedaba con el ceño fruncido. ¿Qué era eso de que se verían mañana? Al ser compañeros debían de ser muy unidos, seguramente sería por eso.

Después de insistir un poco, el conejo terminaría por aprovechar el empujón que le dio el zorro y llevó a Judy al cine. Le dio a elegir a su acompañante entre una película de terror y una romántica, para su sorpresa la coneja elegiría la primera. Tal vez pudiese aprovechar si la coneja en algún momento se asustara.

Compraron un refresco para ella y agua para él, así como una porción pequeña de palomitas de maíz. Dado que no había muchos animales podrían sentarse en donde quisieran, optaron por una zona cercana a la décima fila, donde no había muchos animales cerca.

Las luces no tardarían en apagarse y una voz se hizo presente en toda la sala para pedir que todos silenciaran sus celulares. La cinta comenzó a proyectarse después de mostrar adelantos de un par de películas, como todo filme de terror moderno afirmaba que la historia estaba basada en hechos reales.

Imágenes en blanco y negro, una sonora pero lenta respiración de fondo se escuchaba mientras la cámara se movía a lo largo de una habitación en la que poco y nada se veía. Unos subtítulos explicaban la historia de una niña huérfana, adoptada en numerosas ocasiones pero que siempre volvía a los orfanatos, sus familias la devolvían aterrorizadas.

Ambos estaban muy concentrados en la película cuando alguien se sentó a la par de ellos. Dicho alguien prendió la pantalla de su teléfono para responder un mensaje y después dejarlo en silencio, la luz del celular dejaría ver a una muy bella liebre de ropas provocadoras, con un escote que ninguna hembra debería de usar en la vía pública.

La liebre giraría la cabeza hacia la pareja de conejos y dibujaría una enorme sonrisa que dejarían de ver en cuanto la luz del teléfono se apagó. Sus palabras harían sacudir al conejo. "Hace mucho que no nos vemos, Jack". A Judy no le caerían bien dichas palabras.

—¿Cuánto tiempo pasó de tu última visita? ¿Dos semanas? —preguntó con tono seductor mientras se servía de las palomitas que Judy sostenía.

—Yo no… Yo… Yo no sé quién eres —indicó él, hecho un manojo de nervios, no necesitaba ver a Judy para saber que habría de estar molesta.

—¿En serio me olvidaste tan rápido? Porque yo te recuerdo muy, muy bien. —Posó una de sus manos sobre el muslo derecho del conejo que erizó casi todo su pelaje y bajó las orejas—. Son tantas las veces que fuiste que ya en el último tiempo te hacía un descuento, pero aun así no quieres recordarme.

—Ya es suficiente, mujer —exclamó avergonzado y quitándose la mano de la liebre, que seguía sonriendo. Ahora ella posó su mirada en la coneja—. Me está confundiendo con alguien más, deje de molestarnos.

—¿Tú eres su nuevo juguete, verdad? Ya veo por qué este picarón dejó de visitarme. Ten cuidado, a mi chico malo las hembras no suelen durarle mucho por alguna razón.

—¿Tú chico malo?

—Pues claro, preciosa, todas se enamoran de él por eso y por sus bellos e increíbles ojos. —Se mordió el labio mientras la estudiaba de la punta de las orejas a la punta de los pies—. Si planean divertirse luego podrías disfrazarte de azafata, tiene alguna especie de fetiche por eso. Tantos viajes por su trabajo y tantas historias de desamor lo terminaron obsesionando con ello.

—¿Así que lo terminaron obsesionando?— preguntó la coneja ahora cruzada de brazos y con el ceño fruncido—. Creo que lo que terminó es esta cita, nos vemos luego Jack. —Se puso de pie y se encaminó hacia la salida. Savage intentó ponerse de pie e ir tras ella, pero la liebre lo retrasó.

—No sé quién eres o por qué hiciste esto, pero más te vale no volver a aparecerte nunca. ¿Me oíste? —Se quitó la mano de la liebre con furia y fue tras Judy, quien arruinase la cita sólo sonreía de forma astuta y volvió a sacar su teléfono.

"Finnick, parece ser el plan de tu amigo funcionó a la perfección. Procura pagarme lo restante luego."

Desesperado como cuando ingresó al baño de mujeres, Savage corrió detrás de Judy. Esta no se volteaba pese a sus gritos, hasta que la alcanzó y la tomó de su mano. La coneja le lanzó una mirada que haría retroceder a cualquiera.

—Si esta no es la peor cita de la historia, Jack, está entre los primeros puestos. Sólo olvidemos todo y mantengamos una relación profesional como compañeros, no quiero nada más que eso.

—Por favor, Judy, en serio no conocía a esa prostituta. ¡Ni siquiera sé de dónde sacó mi nombre!

—¡No sólo es la liebre esa, Jack!— El conejo bajó las orejas ante el grito de ella—. Trataste mal a alguien que intentaba ser amable y cometió un accidente, hiciste que nos echaran del lugar, perdiste un niño y para rematar…

—En primer lugar, un problema estomacal lo puede tener cualquiera.

—No cualquiera se mete en un baño del sexo opuesto.

—¡La puerta estaba trabada desde el interior!

—¡Fui y la abrí de un pequeño empujón, Jack! —Llevó sus dedos índices a las sienes intentando mantener la calma—. Fueron muchos infortunios, demasiados para una simple cita. Tal vez no estamos destinados a ser más que esto que somos ahora mismo.

—¿Destino? Por favor, Judy… Era una primera cita para intentar conocernos un poco más, podríamos intentarlo de nuevo otro día. Sé que no salió como queríamos, pero las cosas como el destino no existen. —Fue entonces que algo impactó en la cabeza de Savage. La coneja elevó la vista pero no vio a nadie en el edificio frente al cual estaban—. ¿Qué rayos? ¿Una maceta? —Jack se limpió la tierra que yacía sobre su cabeza y se quitó las flores que quedaron entre sus orejas. Un poco de sangre comenzó a salir de un corte y el dolor dijo presente, se llevaría la mano a la herida.

—¿Qué decías Jack? ¿Qué el destino no existe? —preguntó sonriente, se acercó y le quitó la mano para observar la herida—. No es la gran cosa, ponte algo de hielo y ve con esa prostituta para que te atienda, de seguro también te ayuda a limpiar tu camisa.

—No me hagas esto Judy, déjame acompañarte hasta tu casa cuanto menos. Yo sé que puedo enmendarlo, sólo necesito de otra oportunidad.

—Gracias Jack, pero no gracias. Estamos bien así.

Después de sus últimas palabras la coneja se dio la vuelta y, esta vez, Jack no fue detrás de ella. Se sentía demasiado humillado como para tan sólo seguir. Mientras tanto, desde el balcón del apartamento 406, un trío de zorros no paraba de reírse.

El tiro de Finnick definitivamente había sido muy bueno. Minutos más tarde una liebre entraría al lugar, le pagarían lo adeudado y seguirían riéndose un rato más hasta que Nick se retirase. Según dijo, tenía asuntos pendientes con alguien.


. . . . . . . . . .

Estacionaron a unas dos calles de la central de la ZPD, en pocos minutos volverían a pasar para retirarlos por lo que debían actuar rápido. Nick estaría junto a Tora y al lobo llamado Geoff, de salir todo bien Langley iría a por ellos cuando escaparan. Aparte de la tintura que llevaban el zorro y el tigre, el trío de depredadores utilizaría máscaras negras para esconderse lo más posible.

Según indicaciones de Nick, había una entrada trasera para el personal de limpieza, la cual estaba vigilada por cámaras y por las noches era vigilada por un guardia también. Aun así, estando las cámaras congeladas, no necesitaron más que un dardo tranquilizador y un par de ganzúas para forzar la entrada.

Nick acomodó a su compañero caído sentándolo contra la pared y después acompañó a Tora y a Geoff. Había un par de cámaras en el pasillo pero no les dieron mayor importancia, fuese de donde fuese ese virus resultó ser una herramienta increíblemente genial. Ser policía era una cosa, pero trabajar con tecnología de este tipo era algo completamente diferente.

El lugar donde avanzaron no estaba concurrido por muchos guardias, apenas tuvieron que dormir a un par. La verdadera protección en la zona eran las cámaras, que se mantenían de forma uniforme por todo el edificio. El virus que congelaba la imagen, sumado a los conocimientos que Nick tenía de la zona y de algunas rutinas de vigilancia, terminó por inclinar mucho la balanza a su favor.

Subieron un par de pisos y en su camino todos los oficiales caían desmayados y eran escondidos detrás de tachos de basura o dejados contra la pared. Nick contabilizó un total de ocho oficiales dormidos hasta el momento, aunque esa obviamente era la parte fácil.

Llegarían a la bifurcación en un pasillo, la habitación que buscaban estaba hacia la izquierda. Sabido era que habría un par de guardias allí, así como había un par de oficiales más hacia la derecha. Tomarían un par de granadas de humo y Tora junto a Geoff, las lanzarían a cada lado, respectivamente. Seguido a la explosión, Nick giró hacia la izquierda y dio con su arma de dardos tranquilizantes a ambos guardias, Geoff se encargaría de los otros dos.

Movieron a los oficiales hacia una zona segura, dado que volarían la puerta para entrar se aseguraron de que estuvieran a salvo. El lobo era el encargado del explosivo, acomodó un par de cargas y conectó cables rojos entre estas. Estando todo preparado se alejaron lo suficiente y Geoff apretó un botón. La explosión sería lo suficientemente grande como para acabar con la puerta y activar las alarmas del lugar, contaban con apenas segundos.

Nick comenzó a cubrir la entrada mientras sus aliados buscaban algo que él desconocía. El tiempo pasaba lento y las ideas se amontonaban en su cabeza, en breve podría cruzar disparos con sus mismos compañeros. Un par de policías jóvenes se asomaron, pero el zorro fue mucho más rápido. Después de bajar al primero y tomar cobertura, apuntó y dejó fuera de combate al otro. Por el sonido que hicieron sus armas, supo al instante que no llevaban dardos tranquilizantes.

"¿Podrían apurarse un poco?", bufó molesto el zorro mientras ponía a dormir a un tercer oficial, tuvo la suerte de que la mayoría eran novatos y estaban poco organizados. Segundos después el tigre le daría una palmada en el hombro, ya tenían lo que buscaban. Un expediente y un pendrive fueron guardados en la mochila de Geoff. Intentarían volver sobre sus pasos, pero vieron que varios oficiales venían desde ese lugar y se dirigieron hacia la derecha, donde el pasillo se bifurcaba.

Una vez que giraron en el pasillo fueron hacia la única puerta que se encontraba en camino recto, a unos diez metros de ellos. Al abrir esta, avanzaron un poco más hasta una salida de emergencia, bajaron escaleras y se toparon con un par de oficiales a los cuales dejarían dormidos.

—¿Por qué rayos no usamos armas de verdad?— rugió el lobo quejándose de los dardos tranquilizantes—. Hasta que se duermen les damos la posibilidad de un disparo extra. ¡Van a terminar matándonos!

—No mataremos a nadie aquí, son mis compañeros de trabajo— indicó Nick abriendo una puerta, Tora corría a la par de él.

—Me importa un carajo Wilde, es mi vida por sobre la de ellos.

—Como te atrevas a disparar una sola bala…

—¿Qué vas a hacer? ¿Matarme?

—No me tientes. —El tigre se frenó en seco y los separó al ver que ambos se detuvieron y cruzaron miradas, esperaban el movimiento del otro para atacar.

—¿¡Quieren dejarse de estupideces!? ¡Sigamos corriendo!

—El zorro nos es inútil Tora, matémoslo aquí y digamos que fue producto del tiroteo. —El lobo sacó su arma y quitó el seguro.

—Tenemos órdenes de Herbert de llevarlo a la central de la ZIA, ajustarán sus cuentas después —indicó el tigre, a lo que el lobo guardó su arma estando todavía molesto. Mientras Geoff avanzaba, Gabriel guiñó un ojo al zorro. Se acercaría a él para susurrar algo por lo bajo. —Tú tranquilo, yo me encargo luego.

Avanzarían un poco más, tomando rutas alternativas y escondiéndose por momentos en salas del conserje, baños y habitaciones cuyas puertas podían abrir sin forzar la cerradura. Por insistencia de Tora, Geoff terminó por guardar su arma y usar la pistola de dardos tranquilizantes.

Después de rodear todo el edificio por los innumerables pasillos volvieron al punto de inicio. "Buen trabajo, Nick.", el lobo bufó con molestia ante el comentario del tigre. Al vislumbrar la salida no se detuvieron a pensar que alguien los esperaría. Darían un par de pasos a las afueras del edificio, siendo libres al fin, o al menos eso creyeron.

Disparos a quemarropa llevarían a que volvieran a entrar y tomaran cobertura. Harto de la situación, Geoff tomó su arma y acabó con la vida de los dos oficiales que los atacaron en cuanto salieron, una gacela y un coyote. Una de las balas daría en su pierna izquierda, pero eso no lo frenaría al momento de acabar con ambos.

—¿¡Qué mierda acabas de hacer!? —El zorro quiso arremeter con furia contra el lobo pero sus rodillas flaquearon y trastabilló. Una mancha rojiza apareció en su abdomen, su blanquecino cabello recientemente teñido ahora se encontraba sucio con su propia sangre.

—Acabo de salvarnos la vida, maldito imbécil. —El lobo se acercó a él con su pistola y le apuntó en la frente—. Es nuestra oportunidad Tora, al diablo con lo que dijo Herbert, el polizonte es una jodida molestia.

—Está bien, Geoff, deja que yo me encargue. —El tigre posó su mano derecha sobre uno de los hombros del lobo, que bajaría su arma y le dio lugar.

—¿Qué rayos haces, Tora?— El zorro estaba confundido, pero el tigre logró calmarlo guiñando su ojo como lo hizo un rato antes.

—Por cierto, Geoff, antes de disparar. —El lobo lo miró de reojo por encima de su hombro, le había dado la espalda a la situación—. Déjame decirte que siempre me pareciste un imbécil.

Fue entonces que Tora levantó su arma y apuntó de esa forma tan particular que tenía. Un par de segundos después del estruendo el lobo caería inerte sobre el suelo con un disparo que atravesó su pecho. El tigre tomaría su mochila y se la daría al zorro para que la lleve.

Dirían que fue producto del tiroteo con la policía, al parecer era algo que Tora ya había premeditado. El lobo resultó ser uno de los más fieles a Arcagma, era una baja importante. Gabriel resultó ser lo suficientemente frío como para acabar con sus compañeros de ese modo.

Una furgoneta estacionaría frente a ellos, con Langley al volante. El zorro, que hasta entonces estaba de pie, dio un par de pasos y lanzó un grito de dolor. Estaba perdiendo demasiada sangre y necesitaría ayuda cuanto antes. El tigre lo levantaría y lo cargaría con facilidad para acomodarlo en los asientos traseros. Se sentaría a su lado para hacer presión sobre la herida. Una vez listos, la mapache aceleraría para alejarse tan rápido como le fue posible, en cuestión de segundos el lugar se infestó de todo tipo de animales y vehículos.

—¿Qué hacemos ahora?— preguntó después de estacionarse a poco más de un kilómetro del lugar—. Necesita ayuda médica y el refugio está muy lejos.

—No podemos llevarlo al hospital que está aquí a unas calles, llamaremos la atención y podrían atraparnos. —Langley asintió a los dichos del tigre—. Escucha, creo conocer a un médico, vive cerca de aquí.

—Hagamos una visita entonces, creo que estoy por desmayarme —exclamó el zorro desde los asientos traseros.

—¿Cómo es la dirección de tu primo, Nick?

—¿Mi primo? ¿Por qué no mejor me matas aquí y ahora mejor?— replicó con una sonrisa, seguida de un alarido.

—Le diré a Sinner que busque en su expediente. —La idea de Tora no le agradó en absoluto, pero no podía articular más de dos palabras a la vez sin que un horrible dolor se hiciera presente en todo su cuerpo—. Vive en la calle Flock, sigue derecho que yo te guío.

—No quiero que lo metan en esto.

—Evita hablar Nick, entre la tintura y la máscara no habría de reconocerte, mantente lo más calmado posible.

Pasarían un par de minutos hasta llegar a la calle Flock, cuyo nombre derivaba de la gran cantidad de ovejas y cabras que habitaban dicho barrio. El tigre señalaría una casa de color amarillo claro. Estacionaron y sin perder tiempo la mapache comenzó a golpear la puerta, Drew tardaría unos momentos en llegar hasta la entrada.

Apenas la puerta se abriese el tigre avanzó para dejar a Nick reposando sobre un sofá, llevaba su máscara puesta para evitar cualquier riesgo. Sarah por su parte apuntaba a Drew con una pistola, que levantó sus manos y evitó hacer preguntas.

—Sabemos que eres médico, ayuda a nuestro amigo —indicó ella de forma tajante, el zorro abriría la puerta del baño y saldría con un botiquín, estando siempre vigilado por la mapache.

—¿Algo que puedan decirme para hacer esto más fácil?

—Fue un disparo a la altura del bazo, doc. —El zorro le dirigió una mirada graciosa al tigre, quien estaba señalando lo obvio—. Detuvimos un poco la hemorragia, pero de todos modos perdió mucha sangre. —De su botiquín sacaría una pequeña madera que le entregó a la mapache.

—Pónganle eso en su boca, voy a intentar sacar la bala. Esto, amigo mío, te va a doler. —Sin previo aviso, Drew metió sus dedos índice y medio en la herida para hallar la bala. Si bien Nick se quiso aguantar lo más posible, el dolor se hizo incontenible y lanzó un nuevo alarido—. Tranquilo, ya la encontré —Retiró sus dedos y entre ellos se encontraba el proyectil.

—¿¡Qué acaso no podías ser más delicado!? —gritó Sarah, espantada por la escena—. ¡Eres un médico maldita sea!

—Escuchen, iré a buscar morfina para su amigo. El porqué de tan poco tacto tiene su explicación médica, en cuanto termine con él les explico. —El zorro desapareció por un momento, Sarah y Gabriel seguían a la par de Nick que respiraba agitado y seguían haciendo presión sobre la herida—. Las patas donde pueda verlas, hijos de perra. —Al voltear hacia Drew, este contaba con una pistola entre sus garras, apuntaba a Langley para obligarla a dejar su arma.

—Tranquilízate amigo, no hay por qué cometer locuras.

—Tranquilízate tú, "amiga", deja tu arma en el suelo lentamente antes de que te vuele los sesos. —Sarah siguió sus órdenes al pie de la letra—. Si bien quité la bala, la hemorragia del zorro ahora es un poco mayor. Si no me dicen quien rayos son y qué hacen aquí lo dejaré morir a él y los retendré a ustedes hasta que llegue la policía.

—Tora…— la mapache llamó la atención de su compañero y este asintió después de suspirar—. Somos ex-convictos, hace dos meses escapamos de la prisión estatal.

—He estado oyendo las noticias. —Apretó con más fuerza la empuñadura y quitó el seguro—. Sé que la policía está detrás de ustedes, denme una razón como para no matarlos aquí y ahora.

—Estamos actuando a las espaldas de nuestro líder, Arcagma, queremos acabar con él para…

—Disculpa si no te hago caso, "Tora", pero me importa un bledo que se traicionen entre criminales. Les doy diez segundos para decirme algo que me haga perdonarles la vida… Nueve.

—Te daremos dinero. —La oferta del tigre no le interesaba.

—Ocho, siete, seis…

—Si nos matas vendrán más a por ti. —La amenaza de Sarah era un cliché que no lo haría retroceder ni dudar.

—Cinco, cuatro, tres…

—Drew…— El vulpino que aún se desangraba exclamó sólo su nombre y por primera vez en la noche lo hizo titubear—. Soy yo, Nick.

—¿Nick? —Dejó de apuntar hacia ellos y dejó caer el arma al suelo, se llevaría ambas manos a la cabeza—. No puede ser ¿¡Qué carajo le hicieron!?

—¿¡Vas a salvarlo o no!? —Para cuando Sarah comenzó a formular la pregunta, Drew ya se había abalanzado sobre su primo. Tomó un spray y lo esparció en la zona anexa a la herida para limpiarla un poco. A su vez buscó un habano y un encendedor—. Dime que no harás lo que yo creo que harás

—Voy a cauterizar la zona, sosténganlo. —Después de encender el habano y dar un par de pitadas y lanzar el humo, pasó el mismo en la herida mientras Gabriel tomaba a Nick por los brazos y Sarah de las piernas, el zorro no paraba de retorcerse.

—¿No tienes morfina o algo para el dolor?

—Tengo algo para el dolor, pero tardará un poco en hacer efecto —respondió al tigre. De su botiquín sacaría una jeringa y un frasco con un fármaco, después de preparar la inyección introdujo la aguja en uno de sus brazos—. Lo ayudará a dormir, el dolor desapareceré en breve…

—¿Dormir? Necesitamos irnos ya, tenemos cosas que hacer. —La voz del tigre dejó de ser apacible y se mostró molesto por primera vez en la noche. Se acercó a Drew y lo tomó del cuello para estamparlo contra una pared—. Escucha maldito idiota, si no haces que despierte y esté listo para infiltrarse en la ZIA toda tu maldita familia estará en riesgo. ¿¡Me oyes!?

—Nick nunca podría seguir después de ese disparo, no trataron bien la herida en el momento —indicó el zorro mientras luchaba por zafarse del agarre del tigre—. No sé si te das cuenta pero me estás asfixiando y a decir verdad me gusta respirar, seguir vivo y esas cosas. —Abriendo su mano el zorro cayó y comenzó a respirar profundamente mientras pasaba su mano sobre la zona que lo dejó adolorido.

—Sinner me está enviando mensajes, tenemos que ir cuanto antes. —La mapache guardó su teléfono—. Nick tiene que ir para completar su prueba. ¿Qué hacemos ahora?

—¿Prueba? ¿De qué están hablando?

—Nada que te interese, doc —rugió el tigre.

—Me acaban de decir que mi familia estará en riesgo si Nick no va a infiltrarse a la ZIA, dime de que mierda hablan y quizás pueda ayudar.

—¿Ayudarnos tú?—preguntó el tigre riéndose—. ¿Después de todos los problemas que causaste? ¿¡Cómo mierda piensas ayudarnos!?

—No lo sé, tal vez yo... Tal vez pueda tomar su lugar.


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Nota de autor: antes que nada, no tengo nada en contra de Jack, que tan mal la pasó. Quiero aclarar esto porque sé que es un personaje querido y apreciado por todos, pero no podrá quedarse todavía con Judy porque hay cierto zorro astuto y cruel en medio de ellos. Aun así, Nick no se salió con la suya y finalmente fue castigado como se merecía...

Fue un capítulo entretenido de escribir, mi buen beta aportó una que otra idea para arruinar la cita del bueno de Jack, a quien tanto aprecio le tiene. Si bien la idea en sí era que la cita fuese sólo en el restaurante o sólo en el cine, finalmente terminé metiendo todo en la bolsa y añadiendo lo del parque también, tenia que poner un poco más al enano. Lo de la maceta fue algo en lo que mi beta insistió, quería que Savage no sólo se viera afectado emocionalmente sino llevarlo un poco al terreno de lo físico (como verán el beta es la mente maestra detrás de todo lo malo en este fic).

Siguiendo con el capítulo en líneas generales, se le da un poco de desarrollo a uno de los tantos OC que hay en esta historia. Gabriel Whitewind, mejor conocido como Tora, piensa que después de todo tal vez pueda tener una nueva oportunidad, una nueva vida. Si bien no se arrepiente de lo que hizo, hasta ahora viene siendo fiel a Nick y ha demostrado ser de gran ayuda. ¿Creen ustedes que pueda conseguir lo que tanto anhela? Sinner, Sinner, Sinner, el apodo se repite varias veces a estas alturas y seguramente ya tengan el nombre de este individuo. Será divertido ver como Nick tiene que trabajar a la par de Savage aun después de lo que viene siendo y de lo que será su relación. El prototipo utilizado para infiltrarse en la ZPD es de los mayores proyectos de la ZIA, el dejar ciego todo un complejo sin que nadie se dé cuenta no es poca cosa, definitivamente Sinner tiene bastante acceso a la tecnología que provee la organización.

Para cerrar el capítulo, Nick pagó caro su error. Después de apresurarse a salir sin revisar si había alguien terminó por recibir un balazo, mientras sus dos compañeros fallecieron a manos de Geoff, que tampoco salió vivo del lugar. Ante un escenario poco favorable sólo surge una opción viable y pese a la negativa del zorro sus compañeros lo llevan donde su primo. Como para complejizar la situación, Drew logra reducirlos sorpresivamente y pone en jaque la vida de su primo, que no tiene más opción que revelar su identidad. Nuevamente la opción es sólo una, ¿qué expectativas tienen de cara al ataque a la ZIA?

Ahora sólo me resta despedirme, les agradezco por pasar una vez más. Si bien este capítulo sería publicado mañana, teniéndolo ya preparado decidí subirlo directamente, mejor no hacerlos esperar más. Si les gustó el capítulo no olviden dejarme sus impresiones y comentarios, si no les gustó haganmelo saber también. Me despido por ahora, nos estaremos viendo dentro de un par de semanas, hasta pronto ;)