La mañana había comenzado tranquila como pocas veces desde su llegada, sólo debía visitar a los prisioneros y ver en qué estado se hallaban. Mycroft Raines estaba en perfectas condiciones como siempre, en la pequeña cabaña donde aguardaba a que Arcagma decidiera qué hacer con él también solía hallarse un ocelote, de apellido Connors. Tenía gripe desde hacía varios días ya, la fiebre había bajado pero la tos persistía. Por alguna razón Raines no se contagiaba, apostaría a que le dieron algún medicamento para evitar que enfermase también, no había modo que después de tantos días juntos su sistema inmune no cediera.
Tanto Raines como un par de mamíferos secuestrados parecían recibir un trato diferente al del resto de los prisioneros. Mejor comida, más abundante también, no evidenciaban heridas en sus cuerpos a diferencia de los demás, tampoco demasiados insultos. El zorro ideaba una que otra teoría sobre ello, siendo una la que resaltaba sobre el resto, una que tomaba como parte esencial a la Hermandad de la cual Arcagma le habló.
La revelación de un grupo que controlase la ciudad desde las sombras fue de los eventos que mayores escalofríos le generó desde que fue secuestrado. Por momentos dudaba de quién era el verdadero villano, aunque si de algo estaba seguro era que Arcagma no era el héroe en su relato. Su batalla contra ellos involucraba la destrucción de Zootopia para dejar un mensaje a las generaciones venideras, a todos los que sobrevivieran al desastre y los que observaban desde lejos. Eliminar a la Hermandad junto a la ciudad que fue su eterno legado supondría un escándalo a nivel global en varios aspectos. El mercado se vería alterado, surgirían adeptos a la filosofía de Arcagma que seguirían esparciendo el caos, quizás hasta surgirían grupos que buscasen entes como la Hermandad en lo que sería una gran cacería de brujas.
¿Qué rol tenía Raines junto a los demás que tenían ese trato privilegiado? Quizás fuesen protagonistas en el futuro que Arcagma imaginaba; sobrevivientes que presenciaran en carne propia semejante caos, aquellos que quedasen tan horrorizados como para siquiera cometer errores mínimos, que lucharan en contra de lo que podría llevar a otra catástrofe. Si bien no conocía demasiado a Raines como político, pero sí sabía que era de los pocos empresarios cuyo negocio se sustentaba sin perjudicar a otros, lo cual en Zootopia era mucho decir. Al final de todo el caos que se avecinaba, algunos mamíferos debían de escapar para dar su propia mirada de los hechos. Si aquellos que vivieron el horror en primera persona lograban llegar a los medios, tomar algún lugar relevante en la sociedad o alzar su voz para expandir el miedo y evitar que se cometieran los mismos errores, entonces Arcagma ganaría.
Su siguiente objetivo después de pasar por la cabaña de Connors y Raines sería Reyes, el encargado de preparar los fuegos artificiales del felino calvo. Lo trasladaron por la mañana según escuchó, parecía haber una sección especial para que trabajase en la zona donde solían guardar el armamento. Nunca había entrado a dicho lugar, pero conocía casi a la perfección toda la mina. De tanto ir de un lado a otro para tratar a los convictos, como para también mantener vivas a sus víctimas, terminaría por conocer la mina tan bien como si de su cola se tratase.
Pese a que no recibía buen trato de los subordinados de Arcagma, lo dejaban moverse con casi total libertad. Los guardias, al verlo con su botiquín entre las patas, lo dejarían ingresar sin mediar palabras donde se hallaba Reyes. Drew tragaría saliva luego de adentrarse en la habitación y observar todo lo que allí había, sus hombros caerían y su respiración se frenaría en seco. Con el escalofrío todavía latente al ver el monstruoso armamento, se acercaría al ornitorrinco que seguía concentrado en lo suyo, sentado en una silla de ruedas. Desde pistolas de pequeño calibre, pasando por infinidad de fusiles, hasta explosivos caseros y el trabajo del cual se estaba encargando Reyes.
Haría un par de preguntas al ornitorrinco mientras buscaba una inyección que había preparado para él, un potente analgésico con efectos hipnóticos; el sueño quizás retrasara la preparación del principal arma de Arcagma. Pondría como excusa que el dolor de las fracturas no lo dejaba centrarse en su trabajo, el sedante sería un mal necesario, o al menos esperaba que Arcagma así lo pensase.
—Da bastante impotencia, ¿no crees? —preguntaría el cabizbajo ingeniero, en tanto Drew se acercaba con la inyección—. Uno se pregunta, ¿cómo estos animales pueden ser frenados? Luego te das cuenta de que juegan ajedrez contra un oponente sin reina, alfiles ni torres. Nadie en Zootopia está lo suficientemente organizado ni preparado como para hacerle frente.
—La bomba parece ser el jaque mate, ¿verdad? —El zorro sentiría cómo la pata derecha de Reyes se tensionaba a medida que presionaba la solución para ingresarla a su torrente sanguíneo.
—Las, en plural, son varias. —El zorro maldeciría por lo bajo por los dichos de Reyes—. ¿Qué es esto que me inyecta?
—Un calmante, puede que le dé un poco de sueño.
—Sería contraproducente, doctor Wilde —exclamaría mientras Drew quitaba la aguja y se encaminaba hacia su botiquín.
—Lo sé, y por eso lo elegí, hay que hacer tiempo aun con estas nimiedades. —Un incómodo silencio surgiría entre ambos, bien sabían que era en vano, el tiempo no era un factor que influyera demasiado.
—¿No ha pensado en matar al calvito? —preguntaría en tono bromista—. Algo tóxico entre sus medicinas podría acabarlo, se nota que está muy débil.
—Su muerte no significa nada, todos sus planes están en marcha y el que él no esté no los frenará. Además debo mantenerlo con vida, estoy amenazado como tú. —Un resoplido marcando su decepción sería la respuesta del ornitorrinco, quien tomaría aire y luego observaría fijamente hacia la puerta.
—¿Le dieron un tiempo límite para estar aquí?
—Tres minutos, ¿por qué? —El zorro voltearía con lentitud, dejando de lado el botiquín para caminar hacia él.
—Tengo una idea, Wilde, una que podría significar mucho a futuro—indicaría Reyes susurrando de forma apenas audible—. No evitará el caos masivo, pero podremos disminuir los daños.
—Explíquese, Reyes.
—Podemos dañar el núcleo de plutonio de las tres bombas que son nucleares. No quedará radiación una vez consumada cada explosión, o si la hay será mínima. —La mirada del zorro evidenciaba su falta de entendimiento, por lo que el ornitorrinco continuaría—. Arcagma planea usar una bomba en cada distrito, las tiene prácticamente listas a todas. Algunas son pequeñas, las nucleares son grandes, también hay una grande no nuclear que usará para poner a prueba los mecanismos. Destruirá Zootopia desde los cimientos y evitará que nadie pueda habitarla en décadas con la radiación que quede liberada; es una especie de acto terrorista simbólico a su filosofía.
—Zootopia será una oda al miedo y terror, nadie en todo el mundo será ajeno a su mensaje de odio.
—Es por eso que tenemos que acabar con los núcleos, quizás queden cenizas pero Zootopia renacerá llegado el momento. Para ello necesitaremos una sustancia llamada agua regia.
—Sé lo que es, una mezcla de ácidos que puede corroer cualquier metal, incluso oro o platino… —Reyes asentiría ante los dichos de Drew.
—Ácido nítrico y clorhídrico, también llamado muriático. El primero al sesenta y cinco por ciento de concentración y el segundo debe tener un treinta, eso es lo que necesito para crearla.
—Es un tanto específico, ¿no cree?
—El ácido nítrico se consigue en droguerías, Arcagma se la ha pasado asaltando farmacias buscando todo tipo de cosas, quizás tenga por ahí.
—¿Y el otro?
—Arcagma tiene un sistema de calefacción por tuberías en su habitación, he visto más tuberías pero viejas, estoy seguro que ha de haberlas limpiado con ácido clorhídrico. Para esto sólo es cuestión de buscar, quizás tenga un área de herramientas o abocada al mantenimiento de la mina.
—Si es así, sé dónde puedo buscar. He visto que reparan varias cosas donde se alojan los soldados de Arcagma, llevan todo a una sala que está cerca de donde dejan los vehículos.
—Cuando use el agua regia recubriré los núcleos con aluminio, así no se darán cuenta de que están corroídos. Diré que es para aislar la radiación de quienes están cerca de las bombas o algo así.
—Supongo entonces que tenemos un plan…
—No acaba ahí, Wilde, también tengo otra idea, aunque esta es más arriesgada. —El vulpino le haría un gesto con la cabeza para que Reyes siga explicando—. Luego de la explosión de la primera bomba podría intentar sabotear las demás.
—¿Por qué esperar a que explote una de ellas? Podrías sabotearlas todas antes de que mueran muchos mamíferos.
—Arcagma me tiene aquí para realizar ajustes y verificar las bombas, si la primera funciona bien me dará todas las demás, las tiene escondidas por ahí. Esto será algo así como una prueba de confianza, que de superarla salvará muchas más vidas que si evito sólo la primera explosión… Es el mal menor, por grande que sea dicho mal.
—Creí que sería el encargado de construirlas, que llevaría mucho más tiempo ¿Cómo es posible que las hiciera tan rápido?
—Sólo soy el último eslabón, las bombas llevaban construyéndose desde que obtuvo los planos. Los núcleos de plutonio los creó a partir de material que robó en una planta nuclear de Fortstone desde hace meses antes de que saltase a la fama. Con esto último nadie se verá venir el gran golpe, su plan maestro.
—Maldición, siempre está muchos pasos delante. —Drew respiraría hondo para calmarse, pero pronto una duda cruzaría su mente—. Ahora que lo pienso, ¿cómo sabía que las bombas tenían que usar plutonio y no uranio u otra cosa?
—No lo había pensado de hecho… ¿Quizás algún contacto dentro de la ZIA? Tendría que ser alguien que llevase tiempo con él, de mucha confianza. —Drew sólo conocía un mamífero de todos los que se hallaban con Arcagma que coincidiese con los parámetros; una vulpina de blanco pelaje cuyos niveles de manipulación rozaban lo absurdo. No lograba pensar en nadie más, tenía que ser ella la clave de todos los planes del felino calvo—. Parece sorprendido, ¿piensa en alguien?
Las puertas de la habitación se abrirían sin previo aviso, quienes custodiaban exclamaron que el tiempo permitido ya había sido superado y que el zorro debía de irse. Dejaría la pregunta del ornitorrinco sin responder, en tanto avanzaba con la cabeza gacha hacia la salida, había aprendido por las malas a no cruzar miradas con los ex-convictos.
Apenas cruzase el umbral de la puerta, se toparía con dos de los animales que menos ganas tenía de cruzar. Tanto Herbert como Todd tenían la mirada fija en él, con ligeras sonrisas dibujadas en sus rostros que no le permitían moverse hacia ningún lado del terror que le inspiraban. En sus patas, el híbrido contaba con un traje azulado que parecía estar hecho a la medida del vulpino, mientras que la pantera contaba con un par de botellas que tenían tinte blanquecino y otro gris en su interior. No sabía qué esperar de ellos, pero sabía que no le deparaba nada bueno.
. . . . . . . . . .
En todos sus años dentro de los Lirios, pocas reuniones se habían efectuado por la mañana como ésta. Mitigarían el riesgo de que los hallasen juntos aprovechando sus numerosos escondites, incluso habría varios cuya presencia se limitaría a una videollamada desde su despacho, todo había sido tan imprevisto que pasarían por alto los protocolos. Atenderían a su responsabilidad como los miembros de tan alto nivel que eran, pero no por ello la gran mayoría estaría feliz ante tan inoportuno llamado.
La decisión general había sido armar diferentes grupos de acuerdo a perfiles políticos, actividades que compartieran y, para resumir, sentido común. No podía aparecer el alcalde junto a los líderes de los principales medios, ni el jefe de la ZIA con algún grupo mafioso. Por las noches solían recorrer túneles subterráneos, los cuales se expandían a lo largo de toda la ciudad para desembocar todos en un mismo lugar, la Madriguera Madre, sitio al cual se dirigía con los suyos.
Construido en los orígenes de los Lirios de Sangre, el principal escondite donde solían reunirse los principales miembros mes a mes, se encontraba debajo de la ya inexistente catedral que se ubicaba en Taiga Street. Siendo la enorme iglesia el punto central de Zootopia, la Hermandad tomaría como eje sus sótanos y comenzaría a crear una red de pasillos que llegaban a todos los distritos, los cuales comenzarían a expandirse a medida que la ciudad lo hacía. Sería luego de la caída de Morgan, y con la Hermandad ya reconocida por sus miembros como un organismo que debía seguir existiendo en las sombras, que la catedral se impondría como escondite predilecto. Por cuestiones de seguridad, para evitar que los fieles dieran con los secretos que ahí yacían, sería derrumbada pocos años más tarde por los mismísimos Lirios de Sangre, junto con el párroco a cargo, quien se opondría a semejante barbaridad. En su lugar no habría construcciones dado que se declararía la zona como inestable, mientras que la catedral sería reconstruida a unos kilómetros de su lugar de origen. A la Madriguera Madre sólo se podría acceder por medio de los túneles subterráneos y los secretos de la Hermandad estarían a salvo, pero sería la primera de muchas manchas en su historia.
Según le dijo Lionheart, uno de los libros escritos por Romberg, titulado "Hermandad de Los Lirios de Sangre, la verdad detrás de Zootopia", fue hallado y capturaron a uno de los mamíferos que lo poseía; aunque el libro quedó en patas de otro animal ajeno a ellos. Corrían los rumores de que Harkness tenía en su poder los escritos de Romberg, lo cual aumentaba la tensión entre todos los miembros de la Hermandad. ¿Qué querría hacer el zorro con ese libro? Quizás su nuevo prisionero podía darles la respuesta, junto a otra que en lo personal deseaba responder. ¿Qué motivos se hallaban detrás de la persecución de Arcagma contra el ladrón? Tenía mucha fe en que la reunión sería más que fructífera para saciar su curiosidad.
Como parte de los siete miembros principales que era, ingresaría a la Madriguera Madre haciendo uso de su llave maestra. Una mesa de cristal con siete esquinas se encontraba en el centro de una habitación de quince metros por doce. El techo de cemento y piedra estaba cubierto por madera de caoba, al igual que las paredes, decoradas con pinturas al óleo de varios de los antiguos miembros. No había cuadros, alijas ni elementos ostentosos en la Madriguera Madre, sólo un homenaje a aquellos que dejaron una gran marca tras su paso en la Hermandad.
Él junto a quienes lo acompañaban se encontrarían con Giorgio Vitale, principal cabecilla de la mafia de las setas, y su segundo al mando, Carlo Ferrara, hiena al igual que su jefe. El segundo se había encargado de preparar un par de televisores donde proyectarían a los demás miembros de la Hermandad, así como la cámara que los mostraría ante ellos. Luego de adentrarse en la habitación, saludaría a ambos cordialmente y con mucho fervor, pese a la obvia rivalidad dentro de sus negocios mantenía una relación muy estrecha con ambos, con Carlo un poco más quizás, dado que era el padre de sus ahijadas.
En medio de sus saludos llegaría Malcolm Cornwall, quien contrario a las hienas no solía caerle demasiado bien. El koala era muy prepotente y obstinado, soberbio también, demasiado para alguien que ocupaba un puesto medio en la jerarquía de la Hermandad. Si bien tenía influencia al ser parte de la junta directiva del periódico Cronos, su poder no podía compararse con otros que estaban a su mismo nivel dentro de la Hermandad. Estuvo en contra de su inclusión en su momento, y al día de hoy seguía sin estar de acuerdo en su participación, pero incluso estando dentro del consejo de los siete y siendo uno de los que más tiempo llevaba dentro, sus palabras no fueron oídas. Si estaba en una reunión tan importante es por el vínculo que tenía con el poseedor del libro; nada más. Era mínima la relación que mantenían, sólo de jefe y empleado, ni siquiera había una amistad de por medio, pero debían de respetar las tradiciones.
Con la típica frialdad que solía recibirlo cada vez que lo cruzaba, Mr. Big le dirigiría una seria mirada a Malcolm en tanto extendía su pata. El koala se reclinaría sobre una de sus rodillas y, luego de acercar sus labios, besaría el anillo de la musaraña. Big no esbozaría palabra alguna y le pediría a Koslov que lo llevase hasta el asiento que le correspondía.
Ante las curiosas miradas de Big y sus osos polares, Vitale junto a Ferrara, y Malcolm Cornwall, un par de alces arrastrarían a un malherido lobo para dejarlo en el suelo, a los pies de las hienas. Sus ropas estaban desgarradas y su rostro irreconocible, la sangre brotaba tanto de su mejilla derecha como de su nariz y un profundo corte en su frente. "Barnes Willard", exclamaría uno de los alces posando su mirada en Mr. Big para dar a conocer el nombre del lobo. Los dos matones se retirarían y dejarían la puerta cerrada detrás de sí.
Todos se encontraban a la espera de las órdenes de la musaraña, quien tenía total libertad para decidir el destino de Willard. Si bien Vitale estaba a su mismo nivel en la jerarquía de la Hermandad, respetaba la decisión de Big y le cedía total control sobre la situación, dados los años de diferencia que tenía el pequeño líder dentro de los siete principales.
—Enciendan la cámara y las pantallas, cuanto antes terminemos con esto mejor —exclamaría el principal líder mafioso de Zootopia. Sus osos polares se encargarían de ello, mientras los demás tomaban asiento—. ¿Puede ponerse de pie, Willard? —Big sólo escucharía unos sollozos. El lobo era incapaz de articular frase alguna, quizás por el miedo, tal vez por el dolor—. Koslov, ayuda a Willard, por favor.
—Los alces deberían haberse encargado de acomodarlo en lugar de sólo tirarlo al suelo. —Las miradas se enfocarían en el koala, en tanto el gran oso polar tomaba en sus patas a Willard para llevarlo hacia una de las sillas.
—Su rango no les permite pisar el suelo de la Madriguera Madre, para eso están mis muchachos aquí. —Malcolm observaría a la musaraña de forma altanera y tragaría saliva, luego de negar un par de veces con la cabeza Big retomaría la palabra—. ¿Todo listo, chicos? — Kevin, uno de los osos polares, pulsaría un botón para encender las pantallas. En una de ellas podía observarse una mesa con dos laptops, a través de las cuáles se observaba al líder de la ZIA, Blackwell, y al alcalde Lionheart, quienes permanecieron en sus despachos.
—¿Se escucha bien? —preguntaría el zorro de mármol que se comunicaba a través de una de las laptops.
—Fuerte y claro. —La respuesta de Vitale, quien no tenía buena relación con Blackwell, llegaría rápidamente y con notorio desgano—. Comienza cuando quieras, Alphonse, te cedemos la palabra. —La hiena, al igual que su segundo al mando y que el koala, se pondría de pie. Todos los demás, a través de la pantalla, lo imitarían.
—El nudo de Dara y sus principios aquí nos unen, hermanos y hermanas, que los Lirios de Sangre marquen sus pasos —exclamaría Big de pie y a viva voz. Todos bajarían la cabeza mientras llevaban sus patas a la espalda, luego de un par de segundos la volverían a subir y tomarían asiento.
—La Hermandad de los Lirios de Sangre aquí se haya presente, en pos del destino, para liderar con nuestra sabiduría y fuerza en una nueva oda a nuestro poder. —Todas las voces se alzarían al unísono y perfectamente coordinadas. Cada uno de los mamíferos tomaría de su bolsillo derecho un pañuelo de color rojo y lo ataría alrededor de su cuello.
—Bien… Vamos a lo importante. — Big suspiraría por lo bajo mientras su mirada se fijaba en el malherido lobo. No parecía ser un mal sujeto, sólo un pobre desdichado que tuvo la mala suerte de toparse con algo que iba más allá de su entendimiento—. Estamos aquí reunidos, en cierta forma, para decidir qué haremos con Barnes Willard, quien ha tenido en sus patas uno de los últimos tomos de Romberg. —Varios susurros se escucharían de ambas pantallas, no todos parecían haber estado al tanto—. La versión oficial indica que el libro fue robado de una tienda de antigüedades por Willard y Edward Toft, conocido públicamente como Harkness. —Los murmullos irían en aumento, molestando a Big—. ¡Al orden! ¡Al orden! —El cese de las voces y el regreso de un súbito silencio le sentaría mejor al líder mafioso, quien seguiría narrando los hechos—. El Romberg ahora está en patas de Harkness, debemos dar con él deprisa antes de que lo introduzca en el mercado negro. Aun así, antes nos queda algo que debemos arreglar… —Su mirada se detendría en el lobo—. Díganos, Barnes, ¿cuál es su versión de los hechos? ¿Hay algo en especial que nos quiera decir?
—Yo… Yo…—Sus ojos bailaban entre tantos rostros, yendo de un lado para otro, buscando una alternativa que le fuese beneficiosa. ¿Cómo confiaría la secta en que él guardaría su secreto? La respuesta que Fowler supo darle en su momento resonaba desde que los alces lo arrastraron a lo largo de los pasillos hasta ese escondite. "Los matan, Barnes, no pueden arriesgarse a que alguien que sepa de la secta hable", supo decirle el lobo. ¿Qué habría sido de él después de todo? No había pensado en el lobo desde el momento en que el zorro de mármol se lo llevó como escudo. Tanto él como Grace debían de estar en peligro por su culpa, su ambición los arrastraría hasta ese infernal lugar o con el mismísimo Arcagma, ese jodido demonio salido de lo más profundo del averno. Quizás fuese muy tarde para él, debía pagar por sus errores y era la muerte quien iba a cobrar su deuda, pero no por ello debía de perder la fe en sus aliados, deseaba con toda su alma que estuviesen bien—. No tengo nada para decir, señor Big, tal y como dice tomamos el libro por iniciativa propia.
—¿Por qué fueron tras él? ¿Cómo sabían de su existencia?
—Harkness los sigue hace tiempo, sabe que han de guardar muchas cosas de valor… —Recordaría que el ladrón había robado las cosas de Raines, por lo que lo aprovecharía para su historia, sorprendiéndose a sí mismo del modo en que improvisaba—. Robó unas cosas a Raines, una daga si mal no recuerdo y un anillo. Comenzó a preguntar en todo tipo de lugares y supo de ustedes, no sé quién le pasó el dato del libro. —Si bien comprometía mucho al zorro, el cargar la responsabilidad sobre él evitaría que Fowler y Grace fuesen perseguidos también. Confiaba en sus capacidades, lograría estar a salvo sin dudas.
—De algún modo, Arcagma ha recabado demasiada información sobre todos nosotros, supongo que la ha expandido entre ciertos oportunistas para molestarnos… —Big caminaba de un lado a otro mientras pensaba en voz alta, todo el mundo guardaba silencio esperando sus próximas palabras—. ¿De dónde conoce a Harkness? Lo hemos estudiado de patas a cabeza, Barnes, su perfil no encaja con el suyo para nada. Un trabajador normal que paga sus impuestos al día, sin antecedentes, familia normal, relaciones normales. Cornwall nos dice que es alguien muy comprometido con su trabajo, es humilde pero le gusta destacar, busca reconocimiento constantemente, su ambición le ha jugado una que otra mala jugada pero su terquedad lo termina cegando.
—Como cuando te entrometiste en el caso de los Outterridge pese a que el caso era de alguien más, la ZPD se nos vino encima porque te metiste en la escena del crimen sin autorización. —Big gruñiría por lo bajo y le lanzaría una mirada mortal al koala por haberlo interrumpido.
—No hay relación entre un sujeto como usted, Barnes, y Harkness, no tiene sentido… a menos que haya un intermediario entre ustedes.
—¿A qué se refiere con intermediario? —preguntaría el lobo luego de tragar saliva.
—¿Cómo dijo que se llamaba, Blackwell? Ese lobo que acabó con dos de nuestros mejores agentes. —La musaraña se giraría hacia una de las pantallas para ver al líder de la ZIA.
—Abel Fowler, es un lobo del ZBI —exclamaría el zorro de mármol.
—Es su vecino, ¿verdad? Amigos desde hace muchos años. —Los diminutos ojos de Big penetraban la mirada de un Willard estupefacto que sentía cómo su corazón dejaba de latir y su cuerpo se petrificaba—. Descubrimos que, curiosamente, Fowler tuvo una relación amorosa con Michelle Toft, hermana de Harkness. Los cabos comienzan a atarse, pero aún queda más, ¿no es así, Barnes? Hay más participantes aquí, como Grace Wilde y David Goldschmidt, el dueño del libro que robaron. —La musaraña daría algunos pasos para acercarse al atemorizado Willard.
—¿Cómo…? ¿Cómo es posible?
—Goldschmidt fue quien denunció en la ZPD que le robaron el libro, es el evidente propietario. Grace Wilde es el único nexo entre ustedes, por ser tu compañera de trabajo, y con él, con quien supieron mantener una gran amistad, por lo que pudimos recabar —explicaría Big, cruzándose de brazos—. Tendría lógica pensar que Fowler quiso ayudar al hermano de su vieja amada, por lo que lo dejaría junto a un amigo de confianza… tú. Por alguna razón incluyen a Grace Wilde, quizás por lo que sucedió con su esposo, para ver qué sabía de Arcagma, quien persigue a Harkness. La otra opción que barajo es su relación con el oficial Wilde, uno de los encargados del caso de nuestro principal enemigo. Toman la daga y el anillo que Harkness le roba a Raines y llevan ambos objetos con Goldschmidt, amigo de Grace y especialista en antigüedades, es él quien les habrá hablado de nosotros. Al ver que contaba con el libro que narra nuestra historia, tú y Harkness deciden tomar el libro con sus propias patas; él para ver quiénes somos y ver si le servía para entender la persecución de Arcagma en su contra; tú buscando la nota de tu vida, siempre tan ambicioso con tu trabajo. Ahora, ¿me equivoqué en algo, Barnes?
Los ojos apagados del cabizbajo lobo servirían de respuesta ante la innecesaria pregunta de Mr. Big. Su deducción de precisión quirúrgica le había arrebatado todo atisbo de esperanza. ¿Qué rayos sucedería con sus amigos ahora? ¿Por qué tuvo que ir en contra de lo que le dijo Abel? Las lágrimas que recorrían sus mejillas iban más cargadas de culpa por lo que le deparaba a animales que nada malo habían hecho, que de tristeza y desesperación por lo que sucedería con él.
Un par de osos polares comenzaron a acercarse hacia él, ya que de nada serviría pedir clemencia por su vida cuanto menos intentaría gritar por los suyos, incluso por Goldschmidt, quien no parecía ser el animal más agradable de todos pero era inocente al fin y al cabo. Los miembros de la Hermandad hablaban entre sí, analizando sus futuros pasos respecto a la búsqueda del libro que contenía todos sus secretos; sus gritos eran ignorados por absolutamente todos.
Los osos polares lo tomaron, cada uno lo elevaría de una pata. La Hermandad había llegado a una conclusión final respecto al destino de los diferentes involucrados. Abel parecía estar condenado dado que había sido capturado por los mamíferos de Arcagma, Harkness por su parte era el blanco principal, seguido de Goldschmidt por sus posibles conocimientos respecto a la Hermandad. No podían tomar riesgos, el silencio de todos los involucrados era necesario, por lo que también irían a por Grace Wilde, aunque su trato sería diferente por pedido de Big. No entendía las razones de ello, aunque no tendría demasiado tiempo para pensarlo. Con una curiosa mezcla de pena y empatía, Big observaría a sus osos polares para darles una orden clara. "Al hielo".
. . . . . . . . . .
Estaba dejando unos archivos sobre el secuestro de Mycroft Raines, en uno de los tantos escritorios de la sala de informes, para cuando su corazón dio un vuelco ante tan inesperado mensaje. Su pata se aflojaría dejando caer su teléfono, del mismo modo que sus rodillas lo traicionarían para que su cuerpo se desplome sobre ellas. Era doblemente suertudo, por un lado su celular recorrería escasos centímetros hasta impactar en el escritorio sin sufrir daño alguno; por otro estaba solo en la habitación, era la hora del descanso y todo el mundo dejó sus tareas para buscar algo que comer.
Pasarían algunos segundos hasta que, con mucho esfuerzo, tomase asiento y una vez más leyera el mensaje. Debía de ser una trampa, no había otra explicación. Arcagma destacaba por muchas cosas, pero no por su generosidad en sí. ¿Cómo explicar que le ofrecía un encuentro en media hora en un bar frente al Hotel Requiem para volver a toparse con Drew? Después de tanto tiempo volverían a estar cara a cara, desde el ataque en Burrows a la familia de Judy que no lo veía, aunque aquella vez no habían logrado cruzar palabra alguna. Otra parte del encuentro también terminaba por darle un escalofrío que recorría su cuerpo como nunca antes. ¿Acaso conocería a Arcagma de una vez por todas?
Las dudas se acumulaban en tanto el miedo y la angustia se apoderaban de él. No había ideas que surgieran de su cabeza que le permitieran elaborar un plan de rescate, sólo un torbellino de emociones que oscurecía cada vez más su panorama. Su teléfono vibraría otra vez, una luz de esperanza iluminaba su camino. Arcagma le exigía que fuese con sus aliados; era un hecho que tenía algo listo para ellos.
Con torpeza se pondría de pie y de dirigiría con rapidez hacia el estacionamiento para buscar su auto. En el camino le enviaría un mensaje a Skye para que lo esperase allí, también intentaría comunicarse con Tora y Langley para ponerlos al tanto. Trampa o no, tenían la posibilidad de estar frente a frente con Arcagma fuera de su escondite, debían de aprovecharlo de algún modo.
Alguien especial recorrería su mente de forma fugaz, así como la confianza y seguridad en sí mismo creció en cuestión de segundos, todo se desmoronaría al pensar en Judy. Podía cuidarse sola como muy pocos mamíferos en la ZPD, pero aun así sentía que estaba desprotegida como todo aquel que estaba bajo la mira de Arcagma. Despegaría la vista de su teléfono para ver a su alrededor, al ver esas largas orejas rayadas cierto brillo se encendería en sus ojos; ya sabía qué hacer.
—¡Jack! ¡Jack! —gritaría a viva voz captando la atención de otros mamíferos aparte de la del conejo—. Escucha, necesito un favor de tu parte —exclamaría Nick en cuanto estuviese frente a Savage—. Con Skye iremos a hablar con una fuente en el centro de la ciudad.
—¿Quieres que vaya con ustedes?
—No, todo lo contrario… —El conejo a rayas frunciría el ceño, no terminaba de entender al vulpino—. Verás, Judy está en ciertos días del mes y necesito que alguien se quede con ella para cuidarla. Suele marearse y le entran muchas náuseas, a veces hasta le da fiebre.
—Entonces… ¿quieres que haga de niñero mientras te vas?
—Algo así, sólo síguela por mí para ver que esté bien y si quieres luego te invito unos tragos como la otra noche.
—Supongo que no es mala idea, todavía tienes que explicarme por qué llegaron juntos tan desbordantes de alegría…—Había cierto tono de picardía en el tono del conejo que lo sorprendía, por lo visto había cosas que ya no podía esconder antes los ojos de todos—. Y ahora que lo dices, la he notado algo rara hoy.
—¿Cuento contigo entonces? —Nick elevaría su pata para estrecharla con el conejo, quien de inmediato correspondería el saludo.
—Claro, lo que sea por un par de cervezas.
—Oh, y por cierto… No menciones lo que te dije de "estos días del mes" —indicaría el zorro exagerando las comillas—. Sólo revisen informes y demás cosas, como si fuera un día normal. Si se llega a enterar que te dije esto me mata.
—Tú tranquilo y yo nervioso, al fin y al cabo seré yo quien esté al lado de ella… Mucha suerte con tu fuente, Nick.
Le daría un rápido apretón de patas para agradecerle y se dirigiría a toda prisa bajo la atenta mirada de Savage, quien frunciría el ceño y se cruzaría de patas mientras analizaba al zorro a la distancia. Su comportamiento era más raro de lo usual, se lo veía agitado y un tanto nervioso. Se había acercado a él con bastante calma, algo forzada quizás, para al final irse al trote y sin saludar a absolutamente nadie, algo atípico en él. Lo de Judy era una completa idiotez, insultaba su inteligencia con tan mediocre excusa, pero al menos esta vez no le recriminaría nada. Se quedaría cerca de Judy tal y como le pidió, pero su instinto lo perseguiría durante el resto del día; algo no estaba para nada bien.
. . . . . . . . . .
Se quedó completamente petrificada en su escritorio, frente al monitor. Los murmullos que la rodeaban desaparecieron de un momento a otro, sólo había más preguntas sin respuesta que la aturdían a más no poder. Le habían exigido que se moviera rápido, pero el terror le impedía hasta respirar.
Barnes por alguna razón no se presentó al trabajo, supuso en un principio que habría ido por el libro de la Hermandad pero la llamada de Abel la dejaría por completo fuera de lugar. ¿Estaría bien su compañero de trabajo? ¿Qué pasaría con Fowler? Y lo más importante, ¿qué rayos estaba esperando para ir a por su hijo? Se maldeciría a sí misma en voz alta llamando la atención de propios y extraños, en tanto se encaminaba al ascensor y usaba su teléfono para llamar un taxi.
No tenía cómo salir de la ciudad, tampoco era capaz de confiar en nadie, aunque lograse llevarse a Scott consigo misma debía de analizar con frialdad sus próximos pasos. Tal vez Finnick los pudiese ayudar, su van tenía suficiente espacio para los tres, aunque no sabía qué tanto acercarse al vulpino; significaría ponerlo en peligro también. De un modo u otro no tenía muchas opciones para huir de la ciudad, y si alguien podía ayudarla a moverse por lo más recóndito de la ciudad para escapar ese sin dudas era el fénec.
Serían veinticuatro los desesperantes minutos que le llevaría ir desde el trabajo hasta su hogar. Le pediría al taxista que la esperase unos pocos minutos mientras iba a por su hijo, a lo que el conductor accedería a aguardar por ella con amabilidad luego de apagar el vehículo.
Con todos sus sentidos en alerta, Grace abriría la puerta para toparse con la niñera, quien se dirigía a la cocina. Sorprendida ante la presencia de la dueña del hogar, preguntaría por su inesperada visita. Grace afirmaría que la directora del colegio de Scott la había llamado para una entrevista con ella y su hijo, argumento que sería más que suficiente para la niñera; quien se hallaba feliz por poder terminar su trabajo antes de lo normal.
La vulpina roja se acercaría a su hijo, que se hallaba en la sala de estar mirando algo en la televisión. Le indicaría que subiese a su habitación y empacase sus cosas tan rápido como fuese posible. Para no alertarlo le diría que irían a ver a Finnick, que los llevaría a las afueras de la ciudad, pasarían unos días junto con él y Nick, en falsas vacaciones.
El cachorro se pondría de pie con completo escepticismo, Grace no era ajena a sus gestos pese a que Scott intentaba fingir entusiasmo. Su hijo era lo suficientemente listo como para darse cuenta de que algo raro sucedía, estaba llegando de su trabajo a mitad de jornada para irse de un viaje imprevisto, al cual en condiciones normales no accedería. No había tenido demasiado tiempo para pensar en algo mejor, pero no podía detenerse a analizar sus errores, debía de empacar y mandar mensajes a Finnick para que los espere; no quería pasar demasiado tiempo en su casa sabiendo que podían estar detrás de ella.
En cuestión de pocos minutos tendría listo un gran bolso con algo de ropa, productos de higiene, medicamentos de ser necesarios y un poco de comida enlatada, además de sus ahorros en efectivo. Con un tono de voz elevado llamaría a Scott, quien en cuestión de segundos bajaría las escaleras para esperarla a la par de la puerta con una mochila en sus espaldas. Cruzarían el umbral de la puerta y el cachorro se encaminaría hacia el taxi mientras Grace cerraba la puerta con llave. No sabía qué sería de ellos, por su mente se cruzaría la melancólica idea de que quizás no volviesen a su hogar.
Luego de un viaje silencioso hacia Sahara Square, sin el montón de preguntas que su hijo haría normalmente, Grace pagaría ante la curiosa mirada del taxista. Se habían frenado en medio de una calle despoblada, frente a un callejón. Sin cruzar más palabras, madre e hijo saldrían del vehículo para adentrarse en dicho callejón y luego girar a la derecha. Si bien Grace sabía que Finnick no se quedaba en un lugar durante mucho tiempo con su van, sabía que podía encontrarlo en los enredados callejones detrás de los mercados de telas; el mismísimo vulpino le había dicho que lo busque ahí de ser necesario y le había dado instrucciones para ello. No paraba de observar la pantalla de su teléfono, por alguna razón el pequeño vulpino no respondía ni a mensajes ni llamadas, aumentando su preocupación con cada segundo que pasaba.
Tomando muy fuerte la pata de su hijo para que no se separe de ella, avanzaría unos treinta metros, giraría a la izquierda y luego a la derecha, entonces avanzaría en línea recta hasta toparse con la van del fénec en un terreno de unos veinte metros por veinticinco. El lugar parecía ser un estacionamiento, delimitado por cuatro edificios y con tres diferentes salidas a través de callejones, siendo aquella por la que ellos ingresaron la más angosta y la cual contaba con más giros. Había algunos vehículos más aparte del de Finnick en el añejado y pintoresco lugar, similar a cada rincón del mercado de telas que se destacaba por hallarse en una de las zonas más antiguas de Zootopia.
El silencio sepulcral daría mala espina a la vulpina, Finnick siempre escuchaba heavy metal a todo volumen y no había sonido alguno desde el interior del vehículo. ¿Sería que se había ido? ¿Dormiría hasta esas horas? Quizás pasó la noche anterior con alguna hembra; no quería que su hijo fuera testigo de dicho escenario.
Le pediría a Scott que voltease por un momento mientras ella abría las puertas traseras de la van. El zorro haría caso en tanto se cruzaba de patas, algo molesto por estar ahí sin saber del todo qué pasaba, disimulaba cada vez menos su fastidio por las mentiras de su madre. Las puertas estaban cerradas desde el interior, luego de una nueva fallida llamada Grace comenzaría a gritar el nombre del fénec para que saliese.
Por lo visto Finnick parecía haberse quedado dormido, se escucharía ruido desde el interior ante la insistencia de la vulpina. Para su sorpresa Scott la tomaría de la pata, con más fuerza de la habitual. Voltearía luego de ver cómo su hijo se encontraba con la vista estática a sus espaldas, un grupo de varios mamíferos se acercaban a paso lento para rodearlos. Sería en ese entonces que las puertas de la van se abrirían, dejando ver a un maniatado Finnick y a una aborrecible bestia avanzando hacia ellos de forma atemorizante. Era horrible como nadie, intimidante como pocos y según lo que veía en las noticias era un híbrido de lobo y oso. Daniel Todd, uno de los principales cabecillas de Arcagma, estaba con sus matones rodeándola junto con su hijo.
. . . . . . . . . .
No podía dejar de rascarse detrás de su oreja, o de comerse las garras, tampoco de revisar la hora a cada momento; necesitaba pasar de un tic a otro para calmar la insoportable tensión. Su corazón daría un vuelco en cuanto la puerta de su auto se abriese de golpe, nunca vería venir a Skye, quien lo analizaría de cola a orejas con una mirada que nunca había visto en la vulpina. Se veía preocupada, tal vez incluso asustada, sus profundos ojos azulados eran tan penetrantes que no podía sostenerle la mirada, sólo pudo voltear hasta que ella tomase la palabra. Por lo visto su estado de ánimo era fácil de descifrar, "no te ves para nada bien", fueron sus palabras.
Difícil era mantener la compostura en tanto su corazón se le salía por la garganta, tenía más en juego que cualquier otro. Judy estaría bien cuidada en patas de Jack, también podría ir a buscar a Grace y Scott, pero temía que estuvieran vigilados para medir sus movimientos. Si bien siempre tuvo a su familia presente para cuidarla, sabía que no valdrían de nada las precauciones tomadas si Arcagma así lo decidía. También estaba Finnick, aunque el enano debería de poder cuidarse solo, era cuestión de darle el aviso y desaparecería como él había hecho tantas veces.
Skye apoyaría una de sus patas sobre sus hombros con una fragilidad impropia de ella. Abriría la puerta para salir del auto y lo rodearía hasta estar frente a la puerta del lado del conductor. Sin palabra alguna de por medio, Nick entendería el mensaje y acataría su consejo; no estaba en condiciones de conducir, estaba disperso como nunca antes. Imitaría a la zorra de las nieves y saldría del auto para luego rodearlo e ir al lado del acompañante.
—Recibí también un mensaje mientras venía hacia aquí, me dijeron que procuremos que Tora y Langley también vayan. —Dicho esto, Skye daría marcha al vehículo para ir a su destino de una vez por todas.
—Ya llamé a Tora, pronto llegará al punto de encuentro —indicaría Nick observando a través de la ventanilla—. En cuanto a Langley… No quiero que se mueva de su posición, es mejor que esté allí.
—Sí, pensaba lo mismo, podríamos explicar su ausencia con nuestra pelea luego del rescate de Theresa.
—Había pensado también en decir que huyó con su hermana. —En la pantalla de su teléfono veía el contacto de Finnick, debía de avisarle de algún modo que podía estar en peligro, pero no podía darle a entender que era algo al margen de la ley—. ¿Cómo le dices a alguien que se cuide de Arcagma sin decirle que se trata de Arcagma?
—Si es por tu familia…
—Es un amigo muy cercano —aclaró Nick evitando que la vulpina pudiese terminar.
—¿Es el fénec? —La pregunta de Skye lo tomaría por sorpresa, aunque no preguntaría de dónde lo sabía, era perder el tiempo. Sólo asentiría a la espera de su respuesta—. Dile que estás recibiendo amenazas anónimas, que por si acaso se mantenga oculto.
—¿Crees que sea buena idea decirle que vaya al escondite de Langley?
—Todo depende de ti, si es que estás dispuesto a decirle que trabajas con nosotros en contra de Arcagma, entendiendo que habrá que explicar nuestro pasado con él.
—A estas alturas, con tal de tenerlos a salvo a todos estoy dispuesto a lo que sea.
—Bien… Ya con eso zanjado, ¿alguna idea de qué podemos hacer cuando lleguemos? —preguntaría Skye a la espera de algún plan.
—No, no tengo absolutamente nada.
La posibilidad de llamar a los mamíferos de la Hermandad estaba latente, pero todo podía complicarse más de la cuenta con su presencia. De tener que intervenir ellos, tendría que explicarle a Nick y a Tora quiénes eran, como asimismo debía de convencer a la Hermandad de no quitarlos del camino al toparse con ellos para guardar sus secretos. Blackwell por su parte supondría un mayor problema del que tenían actualmente; estaba más que segura que de ir, intentaría acabar con todo el mundo para llevarse el crédito, relegándola a ella y quitándole la posibilidad de volver a entrar. El maldito zorro de mármol no debía de saber nada de su sorpresiva reunión.
Arcagma por su parte, estando tan deteriorado por su enfermedad, no era una amenaza en sí mismo, y hallándose en el centro de la ciudad no podría asistir a la reunión con sus principales aliados por el riesgo que suponía que los descubriesen. Tal vez Herbert podría estar vigilando a la distancia, pero no mucho más que eso. Las cartas estaban sobre la mesa y las apuestas también, era sólo cuestión de tiempo para ver cómo jugar.
. . . . . . . . . .
No podía imaginarse en un peor escenario, si su fin no se acercaba estaban muy pronto a ello. Intentaba buscar el modo de salvar a su hijo, pero una acción precipitada o imprudente terminaría con todos muertos. Tomando a Scott de su pata retrocedería un par de pasos para alejarse de Todd, aunque eso no serviría de nada con el resto de mamíferos a sus espaldas.
Sus oscuras miradas, acompañadas de sádicas sonrisas, dejaban en claro que harían más que sólo hacerles una advertencia. Se preguntaba por qué habían ido a por ellos, creyó en un primer momento que la Hermandad estaba tras sus pasos pero resultó ser lo contrario. Con dos lobos, un elefante, un dingo y tres carneros, además del aberrante híbrido que bajó de la van, su destino parecía sellado.
Grace sería tomada de su hombro y cintura por ambos lobos, mientras que Scott sería tomado por Todd para cargarlo en sus patas. Resistiría tanto como le fuese posible para no soltarse de él, pero un golpe en su estómago de alguien que no logró identificar la obligaría a ceder. Estaba siendo arrastrada en dirección contraria a la cual se llevaban a su hijo, la separaban de lo más importante que la vida le supo dar, de su propia sangre, de uno de los dos motivo por el cual su corazón latía. Sólo le bastaría de su coraje, de un par de sacudidas y uno que otro golpe para librarse de los lobos. En sus ojos sólo tenía un objetivo por el cuál comenzaría a correr aunque su vida dependiese de ello, acabaría con ese híbrido por querer llevarse a su pequeño cachorro.
Un potente estallido rompería el ambiente y Grace se frenaría en seco para luego caer sobre sus rodillas. Todd se daría la vuelta molesto y maldeciría a viva voz, se suponía que debían llevarse a ambos vivos, pobre del maldito idiota que se animó a desafiar las órdenes de Arcagma sin importar de quién se tratase. Un nuevo disparo y un nuevo mamífero caía, esta vez frente a los ojos de Todd. Todas las miradas se fijarían en una misma dirección, una mapache se escondía detrás de una camioneta luego de avanzar a sus espaldas, sólo necesitó de dos balas para acabar con los lobos que tomaron a Grace hacía pocos segundos.
Apenas tomase cobertura, Langley lanzó dos bombas de humo en dirección a los mamíferos de Arcagma y rápidamente huyó en dirección a la van de Finnick, donde entraría a través de la puerta del conductor. Grace aprovecharía la confusión para acercarse a Todd y golpearlo con toda su fuerza en la entrepierna, mientras que Scott, al ver venir a su madre, mordería al híbrido en una de sus orejas con todas sus fuerzas. El adolorido matón dejaría ir al joven vulpino, quien correría tomado de la pata de Grace mientras Todd gritaba de dolor.
Madre e hijo intentarían correr en dirección a la van mientras se dispersaba el humo, Langley por su parte intentaba desatar al maltratado fénec luego de quitarle la mordaza. El paso de los dos zorros sería interrumpido por el elefante, que ante un tercer estallido caería sobre sus espaldas. La bala daría en su ojo y no saldría, el disparo había sido ejecutado con una precisión envidiable de parte de un tercer vulpino.
Harkness le indicaría a Grace y a Scott que se metieran en la van luego de aparecer por sorpresa, el ladrón se cubriría detrás de un auto mientras resistía la balacera de parte de los carneros y el dingo; los últimos animales que seguían en pie junto a Todd. Dado que Harkness había aparecido de improviso, Langley abandonaría la van para ayudarlo, si lo flanqueaban estaba muerto. Finnick buscaría la llave para dar marcha al vehículo y luego se acercaría a Grace y a Scott.
—Conduce derecho por ese callejón, tú y tu hijo tienen que salir de aquí ahora —exclamaría a viva voz el fénec para después tomar su bate.
—¿Y tú qué carajos piensas hacer con ese bate? ¡Están armados, Finn! ¡Tenemos que irnos ya! —gritaría Grace en respuesta intentando arrebatar el bate de madera de patas del fénec, aunque éste retrocedería.
—No sé quiénes sean esos tipos, pero de no ser por ellos estaríamos muertos. —Finnick se acercaría al asiento del conductor y de un salto bajaría de la van—. Les daré una pata, pero antes debo ponerte a salvo a ti; así que conduce y no mires atrás, Grace, hazlo por tu hijo.
—No nos vamos sin ti, tío Finnick. — Scott se encaminaría detrás de los pasos del pequeño zorro, pero Grace lo detendría
—Tranquilo, Scotty, lo esperaremos aquí dentro. Yo conduciré apenas se suban para huir, estaré preparada. —El fénec no tendría reproches para el plan de la vulpina.
—Voy a partirle la cabeza a ese híbrido repugnante por lo que me hizo, pero hasta entonces no muevan sus malditos traseros. ¿¡Escucharon!? ¡Sobre todo tú, mocoso! —Scott tragaría saliva mientras asentía rápido, por pequeño que fuese el tío Finnick sabía cómo intimidar.
Si bien Langley quería avanzar en dirección a Harkness para ayudarlo, estaba siendo bien contenida por dos de los carneros que a base de disparos la obligaban a mantener su posición. Harkness por su parte sería acorralado por Todd, ya recuperado, el dingo y un carnero más. El panorama para ambos ladrones parecía demasiado complicado, hasta que Finnick lanzase una piedra para impactar en la cabeza de uno de los carneros que se aproximaba a la mapache. Al escuchar el grito de dolor, ésta se asomaría y, al percatarse de que tendría un par de segundos a su favor, dispararía al carnero que había quedado aturdido por el fénec y avanzaría un poco para ganar más terreno, pese a los riesgos que conllevaba.
Langley llevaría una de sus patas a su bolsillo, le quedaba una tercer y última bomba de humo y la situación apremiaba. La lanzaría en dirección a los matones que buscaban rodear a Harkness, confiando en que el ladrón se las pudiese arreglar. El estallido sería secundado de la tos de los diferentes matones, aunque la mapache lanzase la bomba casi a ciegas por estar amenazada por la presencia de uno de los carneros, había logrado un muy buen tiro. Sin embargo, al concentrarse en ello había perdido de vista a su principal amenaza, quien ahora estaba a sus espaldas. Sería demasiado tarde para ella, de no ser por la velocidad del pequeño vulpino, que se acercaría para golpear al carnero en sus piernas con su bate y después, cuando callera de rodillas, partirle el cráneo de un segundo batazo donde concentraría todas sus fuerzas. Sin tiempos para agradecer, Langley se adentraría en el humo para intentar llegar a Harkness.
La bomba de Sarah había sido de gran ayuda para el ladrón, quien intentaría recolocarse en un mejor sitio para no ser emboscado con tanta facilidad. Si bien tenía su pistola en alto por si acaso, también llevaba una navaja a mano para intentar acercarse a sus enemigos y matarlos silenciosamente, antes de que la nube de humo se disipe.
Lograba escuchar pasos a pocos metros suyos, avanzaría en cuchillas de forma tan silenciosa como le era posible. Visualizando al dingo de espaldas, se abalanzaría sobre él a toda velocidad para hundirle su navaja en el cuello y dejarlo caer como una bolsa de papas. Los gritos de Grace lo alarmarían, haciendo que perdiese la concentración. No vería venir al carnero restante, quien le dispararía casi a ciegas por no percibir bien su figura en medio del humo. Harkness contaría con que las dos balas fuesen disparadas sin demasiada precisión, aunque una de ellas daría en su pata derecha irradiando un dolor que ascendería hasta su hombro. Dejaría salir un alarido pero a la vez sonreiría, al ver cómo el carnero caía después de que Sarah le disparase desde sus espaldas.
Aprovechando que sus rivales se adentraron en medio del humo para luchar, Todd correría hacia la van tan rápido como sus patas se lo permitían. Grace Wilde y su hijo estaban encerrados allí, junto al que podía ser su único medio de escape. Abriría las puertas traseras ante las aterradas miradas del par de zorros y empuñaría su arma, asegurándose de que no huyeran mientras cerraba las puertas traseras de la van.
El híbrido dudaba de si disparar o no al cachorro y su madre, debía de llevárselos vivos pero nada indicaba que no podía asegurarse su misión dañándolos un poco. Tanto la hembra como su hijo lo esquivarían mientras él se dirigía hacia adelante para cerrar las puertas del lado del conductor y del acompañante, ya no había escapatoria alguna. Grace haría que su hijo se parase detrás de ella mientras Todd se acercaba con un semblante serio que no auspiciaba nada bueno. Tan rápido como imprevisto, un golpe con garras incluidas derribaría a Grace y marcaría su mejilla con tres profundos trazos sangrantes; a la zorra le sería imposible no dejar escapar un grito ante el zarpazo. Acto seguido la tomaría de sus brazos y la lanzaría contra unas cajas, haciendo sonar varios elementos de vidrio rompiéndose. El siguiente sería Scott, de no ser porque Grace llamase la atención del híbrido.
—No te pienses acercar a él, maldita cosa amorfa sacada de la basura. —Todd respiraría profundo ante los dichos de la vulpina y elevaría sus orejas—. ¿Qué no me escuchas, híbrido horrendo? ¡Aléjate de mi cachorro!
—¿Te piensas que soy estúpido? ¿Qué soy sordo? — exclamaría de forma amenazante el híbrido mientras tomaba a Scott de sus ropas y lo levantaba sin esfuerzo alguno—. Caíste sobre cosas de vidrio y si me acerco a ti, por tu provocación, podrías apuñalarme. —Observando fijamente a Scott, voltearía hacia Grace—. No pienso morir hoy, y menos de forma tan imprudente ante una civil. —Ante la mirada de la vulpina, Todd elevaría una de sus patas y sacaría una de sus garras, llevándola encima del ojo izquierdo de Scott—. No me permiten matarlos…
—No le hagas daño, por favor… —Grace se llevaría ambas patas a su hocico para ahogar su grito, el híbrido en un rápido movimiento había cortado la ceja de su hijo, quien no paraba de gritar. No había tocado el ojo, pero luego de bajar su garra volvía a llevarla a la par de la herida para repetir el movimiento.
—Tu asqueroso cachorro me mordió la oreja hoy, no te haces una idea de cómo arde esa mierda. Disfrutaré de esto tanto como cuando chocamos a tu esposo para secuestrarlo. —Scott comenzaría a gritar más fuerte, el corte había sido más profundo y le había lastimado el párpado; de seguir así el híbrido lo dejaría tuerto—. ¿Qué sucede, zorra? Ya no pareces tan valiente…
Grace se lanzaría hacia Todd dejando salir todas sus garras, sin usar los vidrios rotos como el matón creyó en primer momento; la furia le pudo más que la razón. El híbrido la vería venir y, luego de soltar a Scott, la golpearía en su rostro y la derribaría. El golpe parecía haberla dejado fuera de combate, un alarido ahogado se escaparía de la herida vulpina, quien escupiría un poco de sangre luego del puntapié. Scott por su parte se abrazaría a la pierna del híbrido e intentaría clavarle las uñas, pero un golpe de Todd lo lanzaría contra las puertas traseras.
Los gritos comenzaban a escucharse desde el exterior, lo tenían rodeado pero él contaba con dos rehenes a su favor. "¡Como intenten algo acabaré con los dos, así que tomaré esta van, me iré al carajo y ustedes se quedarán allí!", gritaría Todd para luego ser secundado por un súbito, y para sus oídos, enriquecedor silencio.
Sonriendo victorioso, intentaría levantar a la vulpina para llevarla al asiento del conductor y obligarla a conducir algunos metros, no se arriesgaría a que le disparasen a través de las ventanas. Si bien estaba algo aturdida, bastaría con amenazar a su hijo para que actuase rápidamente. Su plan de huida parecía estar del todo organizado, hasta que sentiría cómo un elemento punzante se clavaba en su abdomen. La vulpina había atacado con sus garras anteriormente, arriesgándose así a salir completamente herida, pero todo resultó ser parte de su plan para que el híbrido baje la guardia mientras ella, siendo ahora quien sonreía, lo apuñalaba con uno de los vidrios rotos.
Todd retrocedería con torpes pasos, quitando el ensangrentando vidrio de su abdomen con sólo un tirón. Se sentía débil y sus patas lo traicionaban, podía ver cómo la sangre formaba un charco frente a él mientras caía de rodillas. Dejaría caer el trozo de vidrio mientras observaba a la vulpina moviéndose hacia las cajas, buscando más restos de los objetos que se rompieron.
—Scott, date la vuelta y tápate los oídos. —En cuanto su hijo obedeciese, Grace fijaría la mirada en el híbrido—. Todd… Te llevaste a mi esposo haciendo que pasemos un maldito infierno, y te reíste de eso en mi cara y frente a mi hijo. —Grace tomaría varios pedazos de vidrio y los elevaría para que Todd pudiese verlos—. Torturaste a mi Scotty frente a mí, y antes de eso a un gran amigo. —Se acercaría hacia el mamífero que trabajaba para Arcagma, con lágrimas en los ojos elevaría uno de los tantos vidrios que llevaba consigo—. Has cometido varios crímenes, ocasionado mucho dolor, nos sumiste en la desesperación y lo más profundo de la tristeza, y ahora es momento de que pagues. No dejaré que mueras sin antes sufrir por todo lo que me hiciste pasar.
. . . . . . . . . .
Tal y como acordaron en cuanto habló con él, Tora los esperaba a la vuelta del Hotel Requiem. Ubicado en Sahara Square, y enfrentado al Zootennial Stadium, el lujoso hotel solía albergar grandes celebridades y empresarios de renombre. La zona era pintoresca de por sí al contar con infinidad de bares, locales de ropa y cadenas de comida rápida; idónea para un fin de semana con amigos o familia.
Con la calma típica en él, el gran felino se acercaría a ellos luego de que ambos estacionaran. Su templanza le permitió tranquilizarse un poco más, su apoyo así como el de Skye lo dotaban de cierta paz interior que le había costado encontrar. Ya no era el zorro asustado que salió desde el estacionamiento de la ZPD, no estaba perturbado sino todo lo contrario; quizás fuese la calma antes de la tormenta que había llegado tan de improviso como los mensajes de Arcagma.
Observaría la hora en su celular, faltaban un par de minutos para que se cumpliese el tiempo que Arcagma les dio, debían de apurarse para llegar a tiempo. Aprovecharía que tenía su teléfono a mano para ver si Finnick había respondido a sus mensajes de alerta, pero aún no había visto nada. Intentaría llamarlo por enésima vez pero de nada sirvió, su bienestar era lo único que terminaba de preocuparlo. Con Judy y su familia a buen cuidado, sólo faltaba que el maldito enano contestara para asegurarse que todos sus allegados estarían bien.
La tensión entre ellos se mantuvo uniforme desde que se encontraron hasta que llegaron al bar que les indicaron. El lugar, que lucía tan pintoresco como ostentoso, no estaba lleno pero sí bastante ocupado por diversos animales. La mesa tres estaba a nombre de él, por lo visto estarían en el interior del lugar. Seis eran las sillas que se disponían alrededor de una mesa redonda; una grande que sería para Tora, mientras que el resto tenía más o menos el mismo tamaño. Si contaba los lugares disponibles, además de ellos tres también estarían Drew y Arcagma en la misma mesa; el último lugar de seguro era para Langley, quien no asistiría.
Una vez que se sentasen, un tejón se acercaría a ellos para preguntarles si esperarían al resto o si querían ordenar algo, todos elegirían en simultáneo la primera opción. Tora intentaría distender un poco el ambiente con una que otra broma, pero Nick por su parte no podía despegar la mirada de la conversación que tenía con Finn. Unos tildes azules aparecerían en la interfaz, al fin estaba en línea ese maldito saco de pulgas. Su corazón comenzó a palpitar a todo ritmo luego de esto, pero nunca sabría si Finn le respondería.
Su teléfono sería removido de su pata luego del súbito movimiento de una pata huesuda y calva; no giraría a ver quién lo hizo porque lo suponía, infinitas charlas con Skye y los demás sobre él servirían para identificar de quién se trataba. Caminaría alrededor de la mesa para sentarse frente a él, mientras que su acompañante seguiría sus pasos para sentarse a su par. Su provocadora sonrisa le ponía los pelos de punta, al igual que esos ojos esmeralda que se veían asimétricos, con pupilas de diferentes tamaños y un párpado caído. Era la primera vez que veía un felino calvo en persona y debía de admitir que la vista era poco grata, por no decir repulsiva. Su ostentoso y llamativo traje rojo como un rubí, junto con su camisa negra, terminaban por demonizar a tan particular personaje, que no sólo era conocido por ser el Diablo en persona sino que ahora se vestía como tal. A la par de Arcagma, tomaría asiento un vulpino de pelaje gris y con un traje similar al suyo pero en azul. Por lo visto Arcagma obligó a Drew a camuflarse para no ser reconocido por los mamíferos que pasaban por ahí, usando en él una tintura similar a la que tuvo que usar cuando se infiltró en la ZIA.
—Le devolveré su teléfono, Nicholas, sólo si promete que no lo usará mientras hablamos, es de muy mala educación… —El mencionado sonreiría a los dichos del felino de carrasposa voz, extendería su pata y Arcagma se lo daría sin resistencia alguna—. Lo noto un poco tenso, ¿se encuentra bien?
—Mejor que nunca, pero gracias por preguntar. —Nick esbozaría una leve sonrisa, el modo de hablar del felino le causaba gracia por alguna razón. Dirigiría la mirada hacia su primo, quien desde que llegó no le quitó los ojos de encima—. El gris no te sienta demasiado bien, Drew.
—Creo que me sigo viendo mucho mejor que a ti, zopenco —respondería el menor de los Wilde con seriedad, pero cedería al instante esbozando una sonrisa—. Me alegro mucho de verte, ¿cómo están Scott y Grace? ¿Y qué hay de ti?
—Tu hijo no va a la escuela, está custodiado en casa y no hace más que ver películas y jugar… supongo que está bien. Grace por su parte está algo loca, así que supongo que sigue normal
—Más le vale a Scott haber limpiado el garaje luego de todo este tiempo, no olvido la apuesta que hicimos cuando fuiste a cenar.
—Señores… —Ambos se quedarían en silencio al oír a Arcagma—. Lamento interrumpir su agradable charla, pero necesito atender otros asuntos, así como ustedes dos han de volver a la ZPD a trabajar —indicaría observando a Nick y Skye.
—Podríamos ir directo al punto, ¿no cree? Decirnos por qué nos convocó es un buen punto de partida. —Arcagma asentiría a los dichos de la vulpina, pero antes de explicar sus motivos levantó su pata derecha. Uno de los mozos del lugar se acercaría.
—Un té de vainilla, por favor. Si alguien gusta de beber algo puede pedir, yo invito.
—Agua, sin gas. —A excepción de Skye nadie más pediría nada para beber, el mozo los observaría con extrañeza y se alejaría.
—Creí que tendrían ganas de comer a estas horas, yo almorcé algo antes de venir, pero en fin… — Arcagma clavaría la vista en la silla vacía—. Me decepciona mucho que Sarah no haya podido venir.
—Ya no tenemos trato con ella, nos abandonó para desaparecer con su hermana hace rato. —Tora tomaría la palabra por primera vez desde que llegaron.
—Es una lástima, siempre me gustó verlos trabajar en equipo, había una unión bastante particular entre ustedes. Una ladrona, un asesino, un policía y una agente de la ZIA, fue tan hilarante como pocas cosas que he conocido —bromeó Arcagma de forma provocadora, en tanto daba un rápido vistazo a todos los presentes—. No supusieron un reto, en lo absoluto, no voy a engañarlos, pero bien que supieron divertirme bastante a lo largo de estas semanas.
—¿Sólo eso entonces? ¿Vienes a reírte en nuestras caras? ¿A provocarnos trayendo a mi hermano del alma sabiendo que no podremos llevárnoslo con nosotros? —Nick apretaba los dientes con fuerza para contener su ira, para evitar levantar la voz. Se hallaba colérico como pocas veces y con una mirada que aterrorizaría a cualquiera, menos al felino vestido de rojo que se hallaba frente a él, quien parecía disfrutar de verlo en ese estado—. Ve al punto, maldito cadáver andante, o tus horas se terminarán en este bar.
—Es curioso que viniendo de la misma familia que Andrew sean totalmente opuestos en cuanto a modales, parece ser que en la academia de policía ya no prestan atención a ciertas actitudes… —Quien los hubiese atendido hacía sólo un par de minutos, se acercó para dejar al felino el té de vainilla que había pedido y a Skye un vaso con su botella de agua. La tensión en el ambiente se percibía con facilidad, el mesero se alejaría tan rápido como le fuese posible—. Podría pedirse un té como el mío, Nicholas, lo ayudaría a relajarse, la vainilla tiene muchas propiedades beneficiosas. Me ayuda con los dolores de cabeza y la fiebre, aunque quizás sea un efecto placebo. Según leí también ayuda a regular la menstruación, no sé cómo esté con ello pero le vendría bien, Skye; aunque debería cuidarse si lo bebe cerca de su compañero zorro, también tiene un efecto afrodisíaco y algo me dice que entre ustedes ya hay algún tipo de…conexión.
Varios mamíferos se pondrían de pie en simultáneo; Nick golpearía la mesa luego del inoportuno comentario, Skye se levantaría para calmarlo y todos los animales que ocupaban las demás mesas también, apuntando con diferentes armas hacia una única posición. La sonrisa provocadora del calvo felino desaparecería para dejar lugar a un serio rostro que curiosamente no transmitía enojo, aunque bien que le ponía los pelos de punta.
Tanto Nick como Skye volverían a sus asientos, pero no por ello los demás animales hicieron lo mismo. Tora miraba de reojo a sus ex-compañeros, le afirmaría a los suyos por lo bajo no haber reconocido a ninguno de ellos. Luego de varios segundos de tensión Arcagma daría un par de sorbos a su té de vainilla y aclararía su voz, observando a los suyos. Como si nada hubiese pasado, éstos se sentarían y continuarían con sus respectivas pláticas. Los empleados del lugar se dirigirían de forma poco disimulada a la cocina por miedo a más disturbios, por lo visto estaban allí bajo amenaza.
—Si los quisiera muertos ya lo estarían, y no ahora sino desde hace mucho tiempo. También podría haber venido sin ellos —indicó Arcagma señalando a sus matones—, como han de saber todos, no me importa lo que me depare el futuro, si vivo o no, tampoco soy una pieza clave. Digamos que son una herramienta para que presten atención a mi oferta.
. . . . . . . . . .
Un poco de vodka sobre unas telas desgarradas de las ropas de Todd sería lo único que tendrían para contener la sangre y evitar futuras infecciones sobre las heridas de la pata de Grace. Ya sin la adrenalina corriendo por su cuerpo, la vulpina comenzaría a sentir las dolorosas consecuencias de su cruce con el híbrido, consecuencias que bajo su mirada habían valido la pena sin lugar a dudas.
Sentía como si múltiples cuchillos se clavasen en su pata constantemente y su rostro se hinchó con rapidez. Necesitaba atención médica de urgencias, pero con la Hermandad tras sus pasos se negaría a la constante oferta. Si bien Finnick y Scott no paraban de insistir, tanto Harkness como Langley comprendían el trasfondo de su negación. El debate sin embargo no duraría demasiado, la mapache, aunque no quisiera en primera instancia, los acercaría a una conocida suya que podría ayudar.
El fénec conduciría su van hacia el punto que Langley le indicase, si bien se mantenía algo reacio a la idea de llevar a Grace con una desconocida, no tenía más opción que aceptar la voluntad de la vulpina. Aunque nadie allí le diese la razón y todos parecieran estar locos, cuanto menos lograron alejarse del lugar donde habían dejado los cuerpos de sus enemigos. No se imaginaba el escándalo que habría en todos los medios cuando encontrasen a los mamíferos de Arcagma derrotados por simples civiles. El estacionamiento contaba con cámaras que sin duda la ZPD revisaría para ver lo acontecido, estarían en grandes problemas, o al menos eso es lo que creía el pequeño vulpino.
—Es ahora o nunca, Grace, tengo que girar a la derecha para ir al hospital más cercano —exclamaría Finnick a viva voz deseando que la vulpina recapacitase de una vez por todas, aunque sabiendo lo terca que era sabía qué respuesta le esperaba.
—Finn… Tienes suerte de ser quien conduce, o sino ya te habría golpeado con mi pata sana. —La vulpina se hallaba abrazada a su hijo en la parte posterior de la van, le era imposible despegarse de él incluso con tanto dolor. Si bien el cachorro le decía estar bien, conocía a la perfección la mirada que tenía en ese preciso momento. Scott sentía dolor, tristeza, impotencia, supo verlo con los mismos ojos cuando llegó la noticia de que Drew no volvería a casa. Aunque lo defendió con éxito y fiereza del híbrido, había algo en el interior de Scott que se había roto, otra vez.
—Bien, bien, bien… Nada de hospitales ni mierdas, sólo ir a donde Sarah nos dijo. —La vulpina iba a recriminarle la forma en que hablaba frente a su hijo, aunque el fénec, conociéndola, le dirigió una fugaz mirada para que se callase. Al fin y al cabo ella había matado a alguien frente a él, ¿qué lógica tenía hablar de malas palabras después de algo así?—. Podríamos aprovechar el viaje para hablar un poco, ¿no creen? Digo, me maniataron y golpearon los tipos más buscados de la ciudad, los buscaban a ustedes y estaban dispuestos a lo que fuera, peleamos junto con una desconocida y un ladrón reconocido a nuestro lado, cruzamos demasiados límites en pocos minutos y por si fuera poco todo está grabado en las cámaras de seguridad del maldito estacionamiento. Sería un poco, sólo un poco lógico el hablar para ver qué carajos pasó ahí, ¡y saber por qué estoy metido en todo esto junto a ti y tu hijo también!
—Me bajas el tono de voz, enano. —Sin amenazas ni nada de por medio, Grace haría que el fénec bajase las orejas y respirase hondo; no es que planease ocultar todo luego de arrastrarlos hasta allí—. A Sarah no la conozco, pero a Harkness sí, llevamos algunas semanas trabajando juntos.
—Éramos nosotros dos, un sujeto del ZBI y un compañero de trabajo de Grace —explicaría Harkness, quien iba en el asiento del acompañante.
—Barnes, mi compañero, me llevó ante Ed y Abel Fowler, el lobo del ZBI. Me ofrecían ayuda a cambio de vigilar a Nick, tenía que ver por qué Arcagma lo atacó a través de Drew. No logré hallar nada en él, pero aun así seguimos trabajando juntos para deshilar los planes de Arcagma, todavía no sabíamos por qué iba detrás de Harkness.
—¿Espiabas al tío Nick, mamá? —La pregunta de Scott la tomaría por sorpresa, había algo de extrañeza y molestia en su tono de voz.
—Sólo queríamos saber por qué quisieron lastimar a tu familia, muchacho, tu mami sólo los estaba cuidando —indicaría el ladrón, luego de girarse hacia atrás para observar fijamente a Scott—. De no ser por ella no habríamos avanzado tanto, quizás ni siquiera hubiéramos podido huir de los matones que vencimos hoy.
—Gracias, Ed… —Nunca hubiese creído que Harkness fuese capaz de empatizar con alguien que no fuera él mismo, las sorpresas parecían no acabar—. No logramos averiguar demasiado sobre Arcagma, ni por qué se llevó a Drew o atacó a Nick, pero creemos haber encontrado a sus enemigos.
—¿A qué te refieres con enemigos? Técnicamente Arcagma es enemigo de todo el mundo. —Langley, escéptica, alzaría la voz ante la afirmación que la tomaría por sorpresa.
—Hallamos cierta relación entre Ed y Arcagma a través de uno de los mamíferos secuestrados más importantes: Mycroft Raines. —Langley frunciría el ceño, no lograba entender la situación al igual que Finnick, quien se limitaba a conducir en silencio.
—Hace varios meses le robé una vieja daga y un anillo al zopenco ese, estaban en una caja fuerte demasiado buena para cosas que no parecían valer tanto. Recordando la trágica historia de los Raines, creímos que valdría la pena ver si esos objetos tenían algún significado. —Luego de que Harkness explicase la corazonada que siguieron, Grace continuaría.
—Consultamos con un viejo conocido mío, alguien que está muy metido en todo lo relacionado a reliquias antiguas. La daga y el anillo de Raines tenían un significado tan grande que nunca hubiésemos sido capaces de imaginarlo. —Grace se detendría por un par de segundos para observar a Scott, la intriga y curiosidad se habían apoderado por completo de él. El cachorro nunca habría imaginado a su madre trabajando en secreto con uno de los criminales más famosos de la ciudad, combatiendo a Arcagma y, además, descubriendo a los principales rivales del enemigo número uno de Zootopia; sólo faltaba que su padre robase bancos y derrote criminales en secreto para tener una familia de lo más rara trabajando en las sombras—. Se hacen llamar La Hermandad de los Lirios de Sangre, son un grupo de mamíferos que controlan la ciudad casi desde su fundación.
Finnick daría un volantazo y frenaría a un costado, luego de realizar una maniobra para evitar chocar un auto que se hallaba frente a ellos. Langley por su parte tenía la mirada fija en la nada misma, ¿una secta que manipulaba la más grande metrópolis de mamíferos? De no ser por la seriedad de la situación se lo habría tomado como broma y muerto de la risa. Scott por su parte apretaría con más fuerza la pata sana de su madre, a la cual llevaba algunos segundos sujetado. Su expresión lo decía todo, incluso un cachorro tan joven como él era capaz de entender la magnitud de los dichos de la vulpina.
—Son estos tipos, los Lirios de Sangre, quienes estaban detrás de mí y los demás —indicaría Grace una vez que la van se estacionase—. No sé por qué Arcagma mandó a los suyos, yo huía por un llamado que Abel me dio, diciendo que los Lirios nos encontraron.
—Unos sujetos entraron al apartamento de Barnes a la fuerza, yo logré huir a tiempo con el libro. —Grace frunciría el ceño y dirigiría una molesta mirada al vulpino.
—¡De no ser por su obsesión con ese maldito libro no estaríamos aquí! —vociferaría la zorra a viva voz. Luego de unos segundos de silencio y tensión, continuaría—. Nos explicaron la historia de los Lirios a través de un libro, que Ed y Barnes querían ir a buscar arriesgándolo todo.
—No es momento de pelear, Grace, continúa con la historia, de nada nos sirve discutir ahora. —Finnick pondría paños fríos en tanto volvía a dar marcha a su van, estaban cerca del lugar que Langley les había marcado.
—No hay mucho más para decir, no sé por qué Arcagma nos busca —indicaría una cabizbaja Grace, quien no hallaba respuestas ante la actitud que tuvieron todos sus enemigos, ¿por qué atacar todos a la vez?
—Yo quizás tenga una respuesta para eso… Pero sería mejor esperar a que lleguemos a dónde vamos, seguramente allí estarán mis… compañeros, para explicar la situación. —Con todas las miradas puestas sobre ella, Langley se percataría de la confusión que generaron sus palabras. Al fin y al cabo sólo Harkness la conocía, nadie sabía qué hacía allí—. Fui una de las ex-convictas reclutadas por Arcagma luego del motín, me obligaron a seguirlos después de secuestrar a mi hermana. Sabían que conocía a Ed y por eso me mantenían cerca, aunque nunca supe por qué iban detrás de él, quizás esto de la Hermandad tenga algo que ver.
—Dijiste tener compañeros, aunque ya no pareces estar muy vinculada a Arcagma. ¿Quiénes son? ¿Qué hacen? —El fénec daría pie a la mapache para que siga explicándose.
—Somos algún tipo de resistencia, no todos estábamos de acuerdo con lo que Arcagma nos proponía. Generar caos, saquear, infundir miedo, los suyos iban demasiado lejos pero de algún modo intentábamos contenerlos o sabotearlos, lamentablemente no éramos suficientes como para frenarlos del todo —explicaría Langley con pesar y algo de impotencia. Quería resguardar a Nick de momento, sería mejor si él se enfrentase a los suyos, aunque de momento tenían que salir vivos de su encuentro con Arcagma.
—Deberíamos hablar con Nick y la coneja para buscar ayuda. —Finnick llevaría la pata a su teléfono para observarlo luego de que comenzase a vibrar sin parar, pese a que conducía—. Por alguna razón los mensajes y llamadas me entran tarde. ¡Maldito teléfono!
—¿Quieres concentrarte en el camino, Finn? ¡Deja el teléfono!— gritaría Grace, sólo faltaba que después de salir vivos de semejante emboscada tuvieran un accidente en la carretera.
—¡Es tu maldito cuñado que me llenó de mensajes y llamadas! —respondería el fénec con un tono elevado de voz al igual que la vulpina—. ¡Y no me digas qué hacer en mi van!
—Deberíamos unir fuerzas entre todos, nos protegeremos mejor y tendremos más posibilidades de salvar a los nuestros. —La interrupción de Langley serviría para cortar la tensión entre los dos zorros.
—¡Y también venceremos a Arcagma! —El entusiasmo de Scott no sería correspondido por los adultos allí presentes. ¿Acaso era posible vencerlo? Acabaron con algunos de sus matones e incluso con uno de sus principales cabecillas, pero el mandamás y el resto de su ejército no caerían con tanta facilidad. La falta de reacción de todos allí terminaría por desanimar a un ya de por sí golpeado cachorro.
—Así, es, cariño, acabaremos con él y con todo el que nos enfrente. —Las palabras de Grace aplacaron un tanto el mal ambiente, aunque no por eso el ánimo de Scott iría en aumento.
—Tu tío también nos ayudará, estaremos más fuertes que nunca, muchacho. —El intento de Langley tampoco sería demasiado útil para el joven zorro, quien con la primera reacción de todos había tenido suficiente.
—Supongo que es aquí. —La voz de Finnick haría que todas las miradas se dirigieran hacia él.
El fénec había estacionado frente a un local de antigüedades, al bajar Grace se percataría que se dirigirían a un lugar que bien conocía, al igual que Harkness. La vulpina se detendría en seco para dirigirle a Langley una mirada que dejaba en claro su confusión. ¿Por qué estaban frente al negocio de antigüedades de Goldschmidt?
Todos los presentes ingresarían al local, luego de la explicación de la mapache, quien afirmaba ser una vieja amiga del dueño de la tienda, lugar donde además se escondía su hermana, Theresa. Según relataba Langley, su hermana supo de trabajar como enfermera hasta antes de ser secuestrada por Arcagma.
Goldschmidt no aparecería ante el llamado de Langley, aunque sí su hermana, cuyo rostro se transformó al ver a Harkness. Mientras una acalorada discusión comenzaba entre ellos, Finnick se apartaría para intentar comunicarse con Nick, quien le había indicado por mensaje que fuese a dicha tienda de antigüedades. El fénec se quedaría pasmado en cuanto la idea de que su mejor amigo estuviese con Langley, y por ende con Arcagma, cruzase su mente, pero ni siquiera eso sería tan malo como lo que estaba observando en ese momento. Todos los grupos de chat que integraba comenzaron a comentar lo mismo en simultáneo y quiso observarlo por curiosidad. La impactante noticia lo llevaría a soltar su teléfono, atrayendo la atención de todo el mundo.
. . . . . . . . . .
Era tan irreal como insólito, pocas palabras servirían para describir lo que sintieron cuando Arcagma esbozó que buscaba hacerles una oferta. Había movilizado a varios de sus matones, se arriesgó a salir de su escondite para verlos cara a cara, les cerró todas las salidas, incluso tenían a Drew sentado frente a ellos como posible parte del ofrecimiento, o al menos eso esperaba Nick. Era algo grande, quizás uno de los pasos más importantes de sus planes, no había otra forma de explicar su proceder.
De un bolsillo interno de su saco, Arcagma tomaría varias fotos para dejarlas frente a ellos. Ni los zorros, ni el tigre, ni sus allegados aparecían en ellas, pero sí había varios rostros conocidos. Tomarían las fotografías para observar a varios de los mamíferos más poderosos de la ciudad, ya fuese por su peso político, su poder económico o su influencia social.
—Sé de su vínculo con ellos, Skye, pero mi batalla no es con usted, tampoco con ustedes dos, ni Langley, ni sus familias y amigos. —El pelaje de la zorra de las nieves se erizaría a lo largo de todo su cuerpo, aunque se sobreentendía desde un principio que Arcagma se estaba enfrentando a los Lirios de Sangre, no había modo de que estuviese al tanto de su conexión con ellos. Al verla en shock, el felino posaría su mirada sobre ella—. Mi batalla contra la Hermandad viene desde hace varias primaveras, tal vez unas veinte, quizás menos, no soy bueno para las fechas, pero lo que quiero que entienda es que no aparecí de la noche a la mañana. Estudiamos a cada miembro de la Hermandad con una precisión aterrorizante, los hemos seguido por las sombras, pero también nos acercamos a hablar como cualquier mamífero lo haría, e incluso hemos compartido cenas y conocido a sus familias. Sé que estás con ellos desde que te graduaste de la academia de la ZIA, Blackwell vio en ti talentos únicos, y no fue lo único que vio…
—¿De qué está hablando, Skye? ¿Qué tienen que ver Big, el alcalde y el jefe del ZBI contigo? —preguntaría Nick con varias fotos en sus patas a la vulpina que seguía atónita ante las palabras de Arcagma, estando tan confundido como Tora—. ¿Qué es todo eso de la Hermandad?
—Son animales codiciosos, Nicholas, mamíferos que con tal de mantenerse en la cima son capaces de cualquier cosa. Corrompen todo lo que tocan, manipulan a los ciudadanos sin remordimiento alguno, son capaces de matar cientos sino miles con tal de obtener sólo un buen negocio —En todo momento Arcagma observaría de reojo a Skye, esperando a que defendiese a los suyos, pero no parecía haber respuesta de su parte, seguía impactada—. Llevan controlando Zootopia desde sus orígenes, sus nobles principios se desviaron rápidamente para dar lugar a este repugnante, asqueroso y aberrante grupo de…
—¡Ya basta! —Luego de soportar los dichos del felino, Skye terminaría cayendo en su provocación—. Hacemos el trabajo sucio que nadie se anima a hacer, salvamos vidas sacrificando unas pocas. Gracias a la Hermandad hoy en día Zootopia no está en crisis luego de los desastres que hubo con los Giesler y los Dalton, y con tantos otros.
—¿Se refiere a los grupos mafiosos que supieron ser cabecillas de la Hermandad y se apartaron luego de tener suficiente poder? —preguntaría Arcagma en una mezcla de ironía y soberbia—. Llegaron siendo nadie para terminar haciendo lo que todos aquí sabemos que hicieron. Para colmo, la Hermandad es tan útil que un civil tuvo que quitar a los Giesler y Dalton del mapa…. Nada de lo que venga de los Lirios de Sangre puede ser bueno, nunca.
—Hablas como si merecieras un premio Zoobel de la paz. —Nick se uniría a la conversación, aunque no terminase de entender el motivo de discusión optó por apoyar a su compañera—. No sé nada de esa Hermandad que mencionas, pero Zootopia crece día a día mientras tú secuestras animales, matas ancianas y haces que cunda el pánico. Si cree que será un héroe está más que equivocado.
—No estoy aquí para ser un héroe, sólo para erradicar a los Lirios de Sangre junto con todo su legado. — Skye abriría los ojos de par en par luego de escuchar la sentencia de Arcagma.
—¿A qué se refiere con "su legado"? —preguntaría Tora acabando con el primer silencio que se hizo presente en la conversación.
—La Hermandad basó sus principios en la filosofía de Gormsson, el fundador de Zootopia, su legado es una extensión del de él —explicaría Skye frunciendo el ceño y cruzando los brazos.
—Entonces quiere…
—Así es, Nicholas, quiero borrar Zootopia del mapa. —Luego de interrumpir a Nick, el felino juntaría ambas patas, entrecruzando los dedos, y las pondría sobre la mesa—. Mi oferta es simple, clara, más que beneficiosa para ustedes, además de innegociable.
—No la acepten. —Drew observó a su primo, luego al tigre y a la zorra ártica—. No se hacen ni la más mínima idea de lo que se viene, puede literalmente borrar a Zootopia del mapa. —Arcagma sonreiría mientras veía al zorro teñido de blanco por sobre su hombro.
—Los dejaré ir con vida a ustedes y a su familia, pero deberán irse ya mismo de la ciudad. —Arcagma tenía un brillo especial en sus ojos, no había truco detrás de sus palabras, no había segundas intenciones. Podrían salir con vida, los suyos también, pero a cambio debían dejar la ciudad atrás, dejar de pelear.
—No entiendo, ¿dice que no significamos una amenaza pero nos pide que dejemos de combatir? —Nick no terminaba de tragarse el cuento de Arcagma, debía de haber algo más.
—No son rivales a los que deba temer, Nicholas, pero eso no significa que no los respete. —El comentario de Arcagma los tomaría desprevenidos, nadie sería capaz de ocultar su sorpresa—. Se unieron pese a todas sus diferencias para acabarme, sabiendo incluso que no tenían oportunidad alguna y eso, mi amigo, es digno de admirar. Tú luchaste por tu familia, por tus amigos, incluso te enfrentaste a tus propios compañeros de la ZPD por amor a quienes te rodean. —Luego de observar fijamente a Nick, posaría sus ojos en Tora—. Gabriel… Si los rumores son ciertos, me pone muy feliz por usted que después de tanto intente reivindicar lo que hizo hace varios años. Un mamífero que busca reparar los errores del pasado para luchar por un mejor futuro es un mamífero digno de todo tipo de halagos. —La sonrisa que se había dibujado en el rostro del felino se borró de a poco una vez que su mirada se detuviese en la zorra ártica—. Si sus motivos para luchar fuesen los que imagino, estaría bastante desilusionado… Que quisiera vencerme para volver a la Hermandad, en lugar de hacerlo por el bienestar de los demás, sería una profunda decepción, Skye. —La vulpina se cruzaría de brazos y desviaría los ojos, era demasiado obvio que su principal objetivo era estar de nuevo con los Lirios de Sangre—. Sin embargo… Si acepta mi propuesta, entenderé que ya no se preocupa por volver con ellos. Sólo tiene que irse junto a los demás y no mirar hacia atrás.
—¿Qué sucedería con Drew? —La pregunta de Nick llegaría apenas el felino guardase un breve silencio. Estaba siendo un completo egoísta y cobarde, pero entre los suyos y la ciudad, era difícil poner ambas cosas a una misma altura.
—Nick… Si ustedes no se enfrentan a él nadie más lo hará, hablamos de millones de vida en juego. —La voz de Drew se quebraba, no podía creer que su primo entrase tan fácilmente en el juego de Arcagma.
—Se quedará con nosotros hasta que mis planes hayan finalizado, conoce muy bien a todos mis mamíferos y tiene una paciencia y temperamento que lo ayudan a desenvolverse muy bien. —Nick posaría sus ojos en su Drew, meditando la situación mientras éste lo observaba con el ceño fruncido, molesto por su actuar.
—Tora, tú que eres el más grande y fuerte aquí, ¿quieres golpearlo? —El tigre observaría al zorro teñido sin decir nada—. ¡Vamos! ¡Hablamos de Arcagma! ¿¡Se irán mientras él mata a todo el mundo!?
—Por favor, Andrew, no mataré a todo el mundo, sólo lo justo y necesario… —exclamaría entre risas Arcagma, en tanto el zorro se ponía de pie y golpeaba la mesa como Nick hiciera antes. Al igual que hacía unos minutos, todos los matones se pondrían de pie, pero esto no le importaría al vulpino.
—¿Y qué me dices de los fuegos artificiales que tienes en tu mina? ¿Son para celebrar una vez que acabes con los idiotas de la Hermandad? —Con cada pregunta, Drew aumentaría el tono de voz y el rostro de Arcagma iría cambiando, ya no estaba tan a gusto con las palabras de su médico personal—. Me hablaste una y mil veces de tu filosofía, sé lo quieres hacer y peor aún, sé que eres capaz porque tienes todas las herramientas a tu disposición.
—Tiene razón… —Al igual que Drew, Skye se pondría de pie para enfrentarse a un disgustado Arcagma—. No podemos ni vamos a retirarnos, no hasta que tú y tus matones caigan, del primero al último. Los mamíferos de Zootopia no merecen todo el daño que les estás causando. Destruyes familias, matas inocentes, dañas a los niños… Te venceré, volveré a la Hermandad de los Lirios de Sangre y me aseguraré de que mierdas como tú nunca vuelvan a hacer semejantes atrocidades.
—No es por ser especista, pero los linces tienden a caerme mal, no habría accedido al trato de ninguna forma —exclamaría Tora poniéndose de pie—. Además, Zootopia es un lugar bonito, cuando todo termine quiero mi propia casa en el Distrito Forestal, lo que no podré hacer si tú ganas…
—Más te vale que todo salga bien, Drew, porque por tu culpa tendremos que arriesgarnos todos. —Estando algo cabizbajo, Nick se pondría de pie, sacaría su teléfono del bolsillo y leería el mensaje que Finn le dejase hacía rato. Suspirando de tranquilidad, elevaría sus verdes para fijarlos en los de Arcagma—. Es hora de que nos vayamos, calvito, tenemos mucho trabajo en la ZPD viendo cómo derribarte.
—Y yo tengo que ir a por Sarah, se fue a buscar… un paquete. Necesito escoltarla. —Tora sería el primero en darle la espalda a Arcagma, se encaminaría a la salida sin miedo alguno a sus enemigos. Cruzaría el umbral de la puerta y se giraría para ver a los suyos—. ¿No es que tenían trabajo que hacer? Vámonos, él no disparará.
—Gabriel tiene razón, no dispararé… —Una vez más, Arcagma mostraba esa sonrisa sacada del infierno, un terrorífico brillo se haría presente en sus ojos—. Andrew todavía tiene trabajo que hacer, así que se viene con nosotros. —Un coyote se acercaría al zorro y lo tomaría de una de sus patas, pero Drew se resistiría. Sin darle demasiada importancia, Arcagma se dirigiría hacia la cocina, quizás allí hubiese una salida trasera—. Ya que se quedarán, espero que disfruten el espectáculo, estimados.
—No te preocupes por mí, Nick, estaré bien, procura… —Le sería imposible a Andrew Wilde terminar su oración en tanto las llamas se reflejaban en sus propios ojos.
Caos, terror, destrucción, el mínimo movimiento de uno de los dedos de Arcagma traería el infierno frente a ellos luego de accionar un pequeño interruptor. Segundos después de que aparecieran las llamas, todos taparían sus orejas ante un ruido ensordecedor que parecía el grito unificado de miles de demonios. El Hotel Requiem se derrumbaba primero sobre sí mismo y luego cayendo en dirección contraria a ellos.
Nick, aún aturdido, levantaría la vista para ver a su alrededor, Skye estaba poniéndose de pie y Tora se tomaba la cabeza con ambas patas. Ni uno solo de los matones de Arcagma estaba presente, todos huyeron durante la explosión y consigo se habían llevado a Drew. Nuevamente, se llevaban a su primo frente a él sin que pudiese hacer nada, maldeciría por todo lo alto mientras golpeaba el suelo.
Skye se acercaría a él con torpes pasos, tenían que salir de ahí cuanto antes, era muy peligroso estar cerca de una posible zona de derrumbe. La bomba de Arcagma debía de haber estado en el subsuelo, y además debía de haber bombas de menor calibre sobre los cimientos del hotel, no había otro modo de crear una explosión como esa.
Al salir a la calle verían varios animales corriendo de un lado a otro, lógicamente aterrados por lo acontecido, aunque no parecían ser tantos como cuando llegaron al bar. El polvillo en el aire no les permitía ver mucho más allá que unos pocos metros, debían de avanzar con cuidado para no tropezar con escombros ni chocarse con nadie.
Varias ambulancias comenzaban a oírse en la lejanía, en medio del grito constante de tantos mamíferos. El teléfono de Nick vibraría, quizás fuese Judy, Finn o de Grace para preguntar por él. Inesperado y shockeante por partes iguales sería el mensaje que recibiría a través del número con el cuál Arcagma se comunicó con él. Se frenaría en seco mientras descargaba un cúmulo de imágenes, Tora y Skye se acercarían a él para ver qué le sucedía, topándose también con la ingrata sorpresa. Arcagma le estaba enviando imágenes de él junto a Skye cuando mantuvieron relaciones, eran fragmentos del video que la vulpina grabó. También había fotos de él asaltando la ZPD, de la vulpina atacando la ZIA, de ambos ayudando a Arcagma una y otra vez, todo junto con capturas de pantalla donde el felino enviaba las mismas fotos a diferentes medios de comunicación.
En cuestión de minutos, quien dijo respetarlos pese a su rivalidad, terminó por arruinar sus vidas al exponerlos como sus aliados y como amantes. Un único pensamiento se instalaría en la mente del condenado zorro y lo perseguiría hasta el final, una única preocupación se apoderaría por completo de él. ¿Qué sucedería con Judy al ver esas fotos?
. . . . . . . . . .
Nota de autor: Y unos tres meses después, al fin llegó el capítulo xD. Fueron meses con muchos altibajos, pero no me detendré demasiado con ello, sólo diré que ahora, con relativas vacaciones, estaré escribiendo de forma un poco más intensiva para traer el siguiente capítulo en menos tiempo de lo que me está llevando cada actualización. No quedan demasiados capítulos, no daré una cantidad estimada pero ya estamos, en efecto, en la recta final. Mi meta es acabar con este fic antes de que comience 2019, para lo cual tendré que escribir bastante más y limitar tiempo de otros lados, así que no sé que tan factible sea dicha meta, pero bueno... Se hará el esfuerzo para traerles todo tan rápido como sea posible. Hasta pronto y gracias por leer una vez más ;)
Agradecimientos
4ndr3w: esta vez en lugar de 2 meses fueron 3… Espero que la tardanza no te obligue a perder tiempo con el cap anterior de nuevo xD. Sería curioso ver un manga con todas estas locuras, de saber dibujar bien me tomaría el tiempo de al menos hacer las partes más importantes xD. ¿Sabes quién será victorioso? Pero si nadie ganará… Gracias nuevamente por leer 4ndr3w, siempre es genial saber que uno cuenta con el apoyo de un lector tan fiel ;)
Rene18: ¿Del siglo? Quizás exageres, podría haber cosas mejores (? Sabiendo a quién estás leyendo y viendo de qué psj se trata, obvio es que nada bueno saldría de eso, fue toda una excusa para desatar el caos xD. ¿La nutria odia zorros? Está inspirada en Vic, nada interesante… El nombre del pelón, ya era hora, aunque de momento eso no tomará mucha relevancia… Arcagma siempre supo estar un paso delante de ellos, era obvio que sabía de sus planes xD. Lo de qué tiene en mente… faltan un par de episodios para que salga a luz. Más allá de tus típicos comentarios respecto al baño, me agrada ver que te gustó el jugueteo entre ambos, y lo de desnudarse… coneja al fin y al cabo (? Lo de la charla de Skye y Judy, ¿quién quita que a Nick en efecto le gustasen los conejos? Las cosas aún no se ponen interesantes, más allá del encuentro entre Skye y el menso ese, creeme (? No hay necesidad de este tipo de agresiones, si tú te encariñas con los psj no es mi culpa, si ya sabes cómo es el asunto… Anda, ¿qué gracia tendría si solo me limitase a limpiar a un par de idiotas por su error sin arrastrar al resto? Nos estamos leyendo René, hasta el próxima cap.
Makarov Fox: se comenzó por el libro para hacer gancho con el capítulo anterior. Tuve el presentimiento de que te gustaría lo del juego de té. Era obvio que lo iba a estafar. Claramente vendía drogas, no está para nada cuerdo. Lo manejó sólo por tratarse de Barnes, que es claramente muy menso. Más que picarón un idiota diría yo. Lo de alfombra de lobo no habría estado mal, lástima que ya no se pueda… Nah, nunca lo iban a matar ahí, merece morir más delante de mejor modo. No es para nada africano Zachary. No le queda nada de vida al felino, ya en ese cap se le vio muy pero muy mal. Viktor es un nombre genial. La diferencia de tamaños es como si fuera una nutria normal y un zorro apenas más grande. Entre ellos no hay más que amistad… Andrew necesariamente tiene que estar en medio de todo, es el mejor modo de hacerlo sufrir. Sanchez no matará a nadie, pronto entenderás por qué xD. Seh, debajo de la almohada, no es nada fuera de lo normal. Mucho juego entre esos dos la verdad. Que en la película fuese así no quiere decir que aquí deba seguir siendo así (? Skye es, en efecto, una triple agente, sino más. 7w7 de reconciliación… dicen que es bueno. No pienses demasiado en los detalles como la crema, no le encontrarás sentido. En sí, si son 2 antílopes, pero diferentes subrazas o algo así. Ben x Nancy besto ship. Era de esperarse q el zorro ese fuese Goldschmidt. No le dan todas las denuncias, le dan cosas relacionadas al caso de Arcagma y, por ende, Harkness. Sólo tú confundes desprevenido con depravado, tu mente te traiciona. Al final Fowler no los manda al carajo, uno muere y dsp a él se lo llevan. No son malos agentes, Fowler es genial. No se murió… ¿o sí? La rw al final te la dejé ;)
Reyarturo4: hasta que decidiste aparecer, vago (? Coincido, de noche es mucho más genial, aunque no daban los horarios xD. Tomo el cumplido de ese par de mensos en su arco cómico, pero lo del libro no puedes decir que es algo viejo, es otro contexto diferente xD. Si nunca conociste ese aspecto de Sánchez… es porque no existe (? Dudo que puedas presenciarlo mucho xD. Nah, tranquilo que nadie lo descifra aún, y dudo que lo hagan, es muy enrevesado apropósito xD. Para volver a encontrar el hilo debes leer todo de nuevo, o despertar a tiempo para cuando te ofrezco una llamada para explicarte (? No entendí lo de no estar satisfecho a menos que ser lobo, ha de ser porque no soy lobo (?
No te quejes del santas frutillas con crema, ve y escribe tú tu propio fic (? Cómo te gusta ver zorros versátiles, ¿eh? ¿Algo que quieras confesar? Uffff, tremendamente inspiradora esa entrada xD. Siempre perdiendo el hilo, de tanto pensar sólo en Peter se te atrofiaron las neuronas. ¿En serio querías un headshot? xD. Yo quería que al menos tu rostro se conserve intacto, pero si quieres un balazo en la cabeza lo agendo para la próxima. Me gusta tu idea de una llamada bien loca, podría hacerse un día de estos.
Nah, el lemon no daba en dicha situación era quemar una bonita situación con sexo sin sentido. Así que eres exigente para morir… Dudo escribir más fics, pero creeme que de hacerlo, morirás de forma grotesca (? Gracias por el aullido Rey, nos olemos luego xD. Y reno ya apareció, pero tú vives pensando más en Peter que leyendo y te lo pasas por alto (? Hasta el siguiente cap, suerte Rey xD.
Byakko Yugure: ¿Días tontos? Si es por eso Barnes tiene sólo días… Vamos, Barnes hizo muchas cosas bien, como dar pie a que descubran a los suyos para que vayan tras ellos y permitir así que la historia avance, es un genio (? Sí… igual no te preocupes, uno se acostumbra a tus rageos. ¿Pobre Harkness? Convengamos que Barnes va con él porque lo permite, será buen ladrón, pero no elige bien a sus compañeros xD. Sin duda alguna, toparse con Theresa fue un golpe muy bajo, me gustó meterle un poco de sentimiento al cabrón este xD.
Bien, cambiamos de arco, vamos con la nutria. Cuantos cumplidos en este párrafo, muchas gracias xD. Siendo sincero, fue de los arcos que más fácil pude escribir y de los cuales más me gustó el resultado final, es genial poder haber transmitido lo que buscaba. No sabría si decir que frágil, pero sin ninguna duda cansado, agotado, hastiado de toda la situación. Mmm… no creo que Sánchez abandone a Arcagma ante esto, sí que se ha decepcionado, pero de ahí a dejarlo… habiendo llegado tan lejos y habiendo hecho tanto, ¿qué sentido tendría? El "casi" haber empatizado con él es mucho decir viniendo de ti xD.
Vamos con Nick y Judy pues. ¿Cómo buena hembra? Que no te vaya a leer ninguna feminazi que tu cabeza rueda al toque xD. Mucho juego entre ambos y el zorro pierde contra Judy, típico (? Nick con una jugarreta logra librarse, típico x2 (?
Nick necesitaba algún galardón para llevarse algo de protagonismo, mientras que Judy necesitaba ser un poco menos… ¿obvia? Que no te quepa duda de cómo Skye disfrutaba la situación xD. Se podría decir que Judy es muy inocente al no darse cuenta de todo lo que le marcó Skye, ¿o quizás la vulpina tiene muy buen ojo? No hablaré demasiado de lo que planteas luego… el cómo hacen con el asunto de tamaño y demás xD. Más que el cielo le sonrió el universo en sí, vaya suerte tuvo (? A ver… recursos para volar el edificio podría tener, pero no sería muy sensato xD. Pobre Fowler… ¿Barnes? ¿Quién? ¿La nueva alfombra en la entrada de alguno de los tantos escondites de la Hermandad? xD. Coincido que antes de caer en las garras de Herbert cualquier cosa es preferible, pero el tipo hizo bien xD. Grace al final huyó, pero de seguro el lugar tuvo poco… Lo de las curiosidades, más específicamente lo del boceto, creí que te lo había mencionado a estas alturas xD. No critico tus gameplays, critico el que te quedes horas y horas y horas con ellos cuando podrías hacer cosas más productivas, aprende de mí (? Difícil que salga a la luz el boceto con los proyectos que sabes que tengo en mente, pero bueno, a agendarlo por si acaso, quién sabe. Nos estamos leyendo donde siempre Cris, hasta pronto ;)
ErickLsk: Hace largo tiempo que quería responder tu comentario, no te haces una idea de lo increíble que fue toparse con semejante review, es por lejos de los comentarios que más me han llenado como ficker. Antes de seguir respondiéndote, también quiero agradecer que te releyeras todo de nuevo, vaya esfuerzo xD. Sin duda alguna, Nick es quien peor se las ha traído a lo largo de la historia, y aún queda más para su pesar. ¿Más aún dsp de todo lo que acaba de pasar en el 18? Pues… todo es posible con lo que se viene. Judy por su parte es alguien que todavía tiene mucho por entregar, aunque queden pocos capítulos. Ambos han sufrido, ambos seguirán sufriendo, crecer deberán crecer, pero si es juntos o por separado… ya se verá.
Sigamos ahora con la zorra de las nieves. Todos sus actos tendrán consecuencias, como sucede con todos aquí, te diría que esperes lo inesperado pero… sería hablar demasiado pronto. Ha cometido muchísimos errores, más que nadie creo, el que estuviese siendo manipulada por Blackwell no la justifica porque ella misma sabía que para volver a la Hermandad debía pasar por ello, te doy la razón en todo lo que dices de ella, pero ahora que todo se les fue de las manos quizás podamos ver a la verdadera Skye. Tiene poco tiempo para demostrar todo aquello que ha evolucionado y quizás apenas tenga oportunidades, será difícil que los suyos la perciban como alguien en quien confiar. Jack por su parte, quizás todavía le quede algo para mostrar…
Grace… Vaya análisis has hecho de ella xD. La zorra a diferencia de mi anterior fic sí que ha tomado protagonismo, más en este capítulo. Su relación con Nick ha tenido altibajos, es cierto, no se preocupa mucho por él, cierto también, pero ahora que todo a salido a la luz llegará el momento de dejar todo en limpio para ver qué cuernos hacer para enfrentarse a Arcagma sin morir en el intento. Es genial poder leer que ha sido de tus psj favoritos, en lo personal es de quienes más disfruto escribir, junto con Arcagma, pero párrafo aparte para él. Sí que has tomado cariño a varios psj, varios de los cuales aún tienen un pequeño espacio reservado a futuro xD.
Arcagma es algo difícil de comprender en esta historia, sobretodo porque aún no se sabe lo más importante de él. Que cambió de cara a su anticipada muerte es algo en lo que te daré la razón, tmb en esto de que tomó su decisión y sus cambios para enfrentar a la Hermandad, pero no saques conclusiones aún, quizás te sorprenda, o eso espero. Nunca fue un héroe, en los motivos tras su actuar se encuentra el por qué, aunque el fin que persigue quizás sea bueno las razones detrás de él no son exactamente heroicas. La doctora… Sí, ayudó a idear el plan, un plan que no necesariamente va acorde a sus principios, le es más fácil echar culpas a Herbert y compañía antes que aceptar que no hubiese pasado todo ello de no ser por su actuar, ¿quizás valiera la pena contradecirse para ayudar a su viejo y moribundo amigo? Al menos se topó con Scott y se terminó sintiendo identificada con él, un pequeño encuentro que la haría reflexionar más de la cuenta. ¿Por qué acelerar su muerte? ¿Por qué no solo desaparecer en las sombras? Quizás sea parte de su plan… ¿O quizás no?
Por momentos las palabras de Arcagma son mías, no lo negaré xD. Tu larga travesía en toda la extensión de esta historia es algo que te agradezco y nunca dejaré de agradecer enormemente, espero que tanto tiempo después de la última actualización puedas disfrutar de este capítulo. Hasta pronto, ErickLsk, espero no dejarte esperando tanto de cara a lo que se viene.
