Trabajar como investigador privado no era lo más lujoso del mundo, aunque fue tomándole el gusto después de estar un par de meses en las calles y lejos de las oficinas e informes. Si bien se sentía incómodo por no cobrar un salario fijo, las ganancias podían ser un tanto mayores al moverse con los mamíferos adecuados y él, como le gustaba presumir, conocía a todos en Zootopia.

Extrañaba la ZPD casi a diario, con el buen ambiente que solía respirar con sus compañeros, los méritos que recibían al resolver casos y las miradas clavadas en él por ser el único zorro policía. Aún así, trabajar en las sombras al margen de la ley, e imponiendo su propio ritmo, era algo que no tenía precio. Luego de toda una vida recorriendo los barrios bajos y sacando ventaja de los demás, con una posterior redención al unirse a la policía, ahora combinaba lo mejor de los dos mundos.

La pequeña bola de pelos cargada de energía se hacía extrañar mucho, por lo que podía afirmar que no todo era color de rosas. La veía día por medio y hablaban siempre que era posible, pero no era lo mismo que tenerla a la par todo el tiempo. Intentaría convencerla de dejar la ZPD para estar con él y trabajar a dúo, de no ser por las nulas posibilidades de que acepte. La agente Hopps sólo dejaría su trabajo y lo acompañaría a buscar información en el bajo mundo en un universo alterno.

Aunque su rutina variaba todo el tiempo, su especialidad era recolectar información. Tuvo propuestas de todo tipo: desde desenmascarar infieles y conseguir exclusivas para periódicos locales, hasta pedidos para encontrar mamíferos desaparecidos, como Mr. Big. Si bien no había hallado nada de la musaraña hasta el momento, no había que ser muy listo para suponer quién había atacado. Que Big desapareciera junto a varios de los ciudadanos más poderosos de la ciudad al mismo tiempo llevaba, sin duda alguna, a Arcagma.

Gracias a Drew podía ver detrás de los rumores y teorías que se murmuraban en todos lados. Sabiendo que los hermanos Raines estaban juntos, no era difícil deducir que Mycroft, además de ser alcalde tras ganar las elecciones por gran diferencia, también era la nueva cabeza de la Hermandad. Con los pesos pesados fuera de la ecuación, Raines era dueño y amo indiscutido de Zootopia.

Entre trabajo y trabajo, cada tanto se tomaba tiempo para investigar personalmente a algunos de los mamíferos y empresas más cercanas del lince. No hallaba cosas que fueran relevantes por sí mismas, pero al unirlas una que otra tomaba sentido. Las acciones de Raines subían, sus rivales se hundían y de forma paulatina comenzaban a aparecer potenciales aliados. Lejos de adueñarse de la Hermandad para disolverla, la utilizaba para sus propios intereses y sin escatimar en nada.

Siendo poco más de las cinco de la mañana, estaba próximo a llegar al mercado de fruta, uno de los cuatro lugares donde solía verse con Haggard a escondidas. La loba, metódica como pocos mamíferos había visto, se comunicaba con él diciendo un número del uno al cuatro, para determinar dónde se reunirían, y una letra, que dependiendo de su ubicación en el abecedario indicaba la hora. De este modo, el mensaje que recibió, 3E12, podía traducirse como "nos vemos en los callejones del mercado de la fruta a las cinco de la mañana y doce minutos".

Haggard apareció puntual, con su cigarrillo a la mitad y su infaltable portafolio a punto de explotar. Solía acercarse a él lo máximo que fuera posible y hablaba susurrando, temiendo siempre que alguien intentase escucharlos. Sus métodos podían parecer demasiado paranoicos, exagerados o rebuscados, pero gracias a eso construyó una red de información tan eficaz como envidiable, impropia de alguien que se encontraba en su posición.

Sin mediar palabras, le entregó a la loba unas pocas hojas dentro de un sobre de papel madera. Todo llamado de Haggard debía corresponderse con información y mucho más en su caso particular, siendo que mantenía a Drew protegido en los calabozos de la tercera circunscripción, con sus mamíferos de mayor confianza. Ella abrió su portafolio, y así como introdujo el sobre, sacó un par de hojas más.

—Quizás sea nuestro último encuentro, Nicholas, al menos a corto plazo. —La loba dio una larga pitada a su cigarro y luego sacó el humo por la nariz—. Me reuní con la fiscal a cargo del caso de tu primo hace un rato y no pinta para nada bien.

—Vaya forma de comenzar la semana. ¿Tan grave es? —preguntó Nick, con sus puños apretados para intentar mantener la compostura.

—Parece ser que la defensa de tu primo, donde argumentaban estrés postraumático y que fue manipulado por Arcagma, va a ser desestimada por los peritos psicológicos. En la sesión del viernes tal vez presenten la sentencia final, quieren que la resolución sea televisada. A lo largo del día los noticieros se harán un festín con todo esto, seguro darán más detalles.

—Raines tiene a los jueces y fiscales en su bolsillo, no hay otro modo de acelerar el juicio de esa forma —exclamó el vulpino con evidente enojo.

—Más allá de su rencor por ser atacado, ¿crees que tenga algún otro motivo? Todavía no me has aclarado cómo es que tu primo sabe usar el virus del Archimago, presiento que hay algo en medio de todo eso que podría despejarnos dudas. —El zorro se mordió la lengua para no responder. Haggard se mostraba como aliada y hasta entonces había cumplido su promesa de mantener a Drew a salvo, pero sabiendo de qué era capaz la Hermandad y luego de ser traicionado por Tora ya no podía confiar en nadie—. ¿Nada? De no haber sido por esta dinámica que impones, creo que habríamos conseguido más cosas.

—Lo siento, Kate, perdí mi capacidad de confiar en los demás. Agradezco lo que has hecho hasta ahora, pero si tu moneda de cambio es la información, voy a pagarte nada más con lo que puedo decir sin miedo a represalias. —La loba le dirigió una sonrisa burlona, algo atípica en ella.

—Entiendo tus preocupaciones, pero yo también me la juego mucho viniendo aquí con alguien que trabajó para Arcagma y atacó a la ZPD en su momento. —Nick sonrió ante el golpe bajo, no lo había analizado desde ese punto, aunque no cambiaría su forma de actuar—. Esas hojas que te di explican, con lujo de detalles, cómo y por dónde será llevado tu primo a la prisión estatal. Al acercarse el veredicto final, quieren trasladarlo por si alguien lo hace desaparecer a último momento. Siento que tu mejor posibilidad será durante el traslado, puedo advertir a un par de mis hombres para que bajen la guardia apropósito.

—Si lo pones así, no veo mejor plan.

—¿No temes que sea una trampa? —preguntó Kate con ironía, quien lejos de parecer enojada por la desconfianza de su informante denotaba tranquilad.

—No tengo alternativa, sólo puedo dejarme llevar por inercia —replicó el zorro con una sonrisa astuta—. Si todas estas reuniones fueron para guiarme a mí y a los míos a una trampa, y de paso usarme para obtener mucha información, no me quedará otra que aplaudirte.

—Guárdate los halagos, Wilde. —La loba dejó caer la colilla del cigarro, revisó la hora en su teléfono y volvió a abrir su portafolio para dar un vistazo a lo que le entregó el vulpino. Luego procedió a tomar un lápiz y papel—. La mafia de los Van Loo está ganando adeptos y trabaja en territorios que hace medio año jamás hubieran pisado, me preocupa mucho la situación. Big tenía principios y las hienas eran controlables, pero estos coyotes me quitan el sueño. No creo que sea coincidencia que los proyectos de reurbanización en el Distrito Forestal aparezcan justo cuando los Van Loo están ganando control entre Glacier Falls y Snowcastle Way. —Nick recibiría un código como los que acostumbraba.

—¿5F15 en tres días? ¿Qué significa el 5? —preguntó el zorro, al ver que el primer dígito del código no se correspondía a lo habitual.

—Te lo diré más adelante, tráeme información de lo que te pedí, y que sea muy buena, más de lo habitual.

—Creí que esta sería nuestra última reunión.

—También lo pensé, hasta que vi las hojas que me diste. Raines, Raines y más de Raines; veo su rastro en todas partes y tu pareces tener algo personal contra él, así que me harás un último favor antes de rescatar a tu primo y huir de este infierno silencioso. Tienes mucho para perder y yo mucho trabajo por delante, así que nos ayudaremos una vez más.

—Seguiré dejándome llevar por inercia entonces. ¿Cómo relacionaste los Van Loo, el proyecto del Distrito Forestal y una zona de Tundratown? ¿Qué pistas debo seguir?

—Los Van Loo se están adueñando de zonas de Big que antes eran seguras por un precio relativamente accesible. Los mamíferos de allí comienzan a presentar reclamos por la inseguridad creciente y quieren movilizarse, desde la alcaldía les están prometiendo un lugar en el Distrito Forestal. Por otro lado, el proyecto de reestructuración ya se cargó territorios que pertenecían a la clase baja; como fueron desahuciados y no tienen nada en los bolsillos, están mendigando a los Van Loo y algunos incluso se unieron a ellos. Causa y efecto, Nicholas, abre un poco más los ojos, es tu trabajo, no el mío.

—Como usted diga, patrona. —Tomando un nuevo cigarro, la loba dio un par de pasos y le dio la espalda al zorro. Su recorrido matutino todavía no acababa—. Una última cosa, Kate.

—¿Qué?

—Sea cual sea el bando en el que estés, cuídate de Raines. Es mucho más de lo que aparenta.

—Y en otras noticias, el agua moja, el cielo es celeste y el sol sale por el este. No te preocupes por mí, Nicholas, como loba que soy, puedo identificar muy bien un lobo disfrazado de oveja.


. . . . . . . . . .

Los lunes se habían convertido en los días más caóticos de la semana, y con diferencia. Aunque tenía permiso desde su trabajo para llegar más tarde, sus obligaciones seguían siendo las de siempre y debía cumplir con la gran mayoría antes de terminar la jornada; después de todos los altercados que vivió, volver a la rutina se sentía un tanto surrealista. El miedo con el que vivió durante todo el caso Arcagma se fue desvaneciendo de forma progresiva, aunque no libre de algunas secuelas: su corazón se paraba cada vez que sonaba el teléfono y dormir por las noches era todo un desafío.

Solía acompañar a Scott a la escuela caminando, luego Abel la llevaba a trabajar y al final del día la llevaba de nuevo a casa; Scott, por su parte, volvía acompañado de su niñera. Tenía suerte de que Abel fuese lo suficientemente flexible como para llevarla a la ZPD cuando lo requería y luego a las oficinas, con espera de una hora de por medio; desde el choque de Drew no había reparado el auto y no estaba en condiciones de gastar en exceso.

Sin conocerse demasiado como para decir que tenían una gran amistad, el lobo se mostró siempre como un amigo fiel al cual recurrir y eso, mal que le pese, no dejaba de llamarle la atención. Abel era como un ángel y en un comienzo sintió que se aprovechaba de él, pero en medio de tan rápida amistad su instinto la llevó a dudar un poco de sus intenciones.

El lobo del ZBI se mostró servicial desde el comienzo y su alianza para buscar información de Arcagma rindió sus frutos, sin embargo, ella siempre vio su vínculo con un tinte más profesional que personal. No se cerraba a nuevas relaciones y trabajar con él había sido todo un gusto, pero su forma de hablar, el modo en que la miraba y su obsesión por ayudarla evidenciaban en exceso sus sentimientos.

A medida que fue notando banderas rojas en su comportamiento, no paraba de rememorar la pelea que Abel tuvo con Harkness. No sabía los motivos de la discusión, pero la hermana del vulpino fue la raíz de todo y el lobo se vio muy afectado por lo sucedido. Si bien desearía poder ver todo desde otra perspectiva y mantener una buena amistad con quien tanto le ayudaba, se conocía a sí misma lo suficiente como para saber el mal pronóstico que tenía la situación. Instaurada ya la idea, era muy difícil revertirla. Tal vez con un café de por medio pudiesen dejar todo en claro para avanzar, pero ahora mismo su malestar no la dejaba pensar en nada más que Drew.

Abel solía contagiarle su buen humor pese a su nueva perspectiva sobre él, pero esa mañana en particular no habría modo de lidiar con el nudo en el estómago que le produjo la última noticia del juicio. De un momento para otro, la situación se había volteado por completo y su esposo la tenía más que difícil.

Habiendo dejado atrás a Abel en el estacionamiento, ingresó por la puerta principal para encaminarse a la sala de interrogatorios donde algunos de los prisioneros se turnaban para hablar con sus allegados; la tercera circunscripción de la ZPD tenía calabozos para convictos de menor jerarquía, pero como no solían pasar allí mucho tiempo no había sección de visitas. Conociendo el recorrido de memoria, se adentró en los pasillos del establecimiento sin que nadie presentase oposición. Ya todos la conocían y sabían que Drew era un protegido de la jefa Haggard, por lo que gozaba de libertad para moverse en su horario de visita.

Drew solía esperarla en la sala de interrogatorios con algún guardia que luego los dejaba a solas, esta vez no sería la excepción. Al sentarse frente a él, notó que su ánimo no era el mismo de las últimas semanas, ya debía estar al tanto de todo. Aunque desde un principio sabían que la situación era compleja, el zorro intentaba ponerle buena cara a todos sus encuentros sin falta; ahora su umbral de tolerancia había sido sobrepasado con creces, no parecía tener muchas esperanzas.

—¿Cómo estuvo la dama más bella del condado esta semana? — preguntó el vulpino mientras el guardia, habiendo terminado de anclar sus esposas a la mesa, abandonaba el lugar.

—Con las mismas ganas de siempre de arrancarle la cabeza a mis jefes por la cantidad excesiva de trabajo que tengo, nada fuera de lo usual —respondió con una pequeña sonrisa, intentando aligerar el ambiente que se sentía espeso a más no poder—. ¿Qué hay de usted, caballero? ¿Sigue ejercitándose en sus tiempos libres?

—Por supuesto, no es que tenga mucho más que hacer. Al menos ya empieza a rendir sus frutos, mira el tamaño de estos bíceps. —Notó cierto orgullo en su tono de voz mientras flexionaba su pata para dejar ver sus músculos, lo cual por alguna razón le causó gracia.

—No sabía que tenías bíceps hasta ahora que lo mencionas, yo te sigo viendo igual que siempre.

—Ya notarás la diferencia cuando te cargue —respondió perspicaz, sin dejarse influir por su comentario—. ¿Qué hay de Scott? ¿Ya tienes noticias de su examen?

—Matemáticas es… —El breve silencio terminó por dejar todo en claro.

—Sí, no es que el chico le dé mucha dedicación.

—Le están teniendo mucha paciencia por todo lo que pasó, pero su maestra ya me dijo que no le van a dejar pasar todo si sigue así. Por suerte ya no es tan rebelde en casa, sino lo traería aquí contigo.

—¿Crees que deberíamos cambiar de psicóloga?

—Lo he pensado, es una opción, pero no creo que Jeannette esté haciendo mal su trabajo. —Habiendo realizado un breve repaso de ellos, le tocaba avanzar en la conversación con aquello que tanto la preocupaba—. ¿Has estado viendo las noticias?

—Preferiría no hablar de ello. —Pese a lo seco que fue al responder, no le bajó la mirada y se quedó en silencio, esperando a que diga algo más—. Ya sabemos los dos cómo sigue esto y es inevitable, así que no perdamos más tiempo y sigamos disfrutando de este rato que tenemos juntos.

—No hay que resignarnos, seguro hay algún modo.

—Sabes que no, Grace, la prisión estatal me espera y a menos que el apocalipsis se desate antes no tengo escapatoria. Estoy tranquilo de todos modos, era uno de los escenarios más factibles, no esperaba que se diera ahora pero ya estoy mentalizado.

—Mientras venía hacia aquí, estuve revisando mis cuentas y pensé que tal vez podamos sacar una hipoteca.

—¿Hipoteca? ¿Para qué?

—Un abogado nuevo, alguien que pueda defenderte sin miedo a lo que pase en el bando opuesto. —Drew se limitó a sonreír y negar con la cabeza.

—Podría tener el mejor abogado de la historia y nada cambiaría aquí, es una persecución mediática, no un juicio. Antes de seguir gastando y gastando tienes que mirar hacia el futuro, no te precipites con esto.

—¿Futuro? ¿Precipitarme? —Un ataque de ansiedad casi la domina, pero intentó mantener la compostura tanto como fuera posible—. ¿Estás escuchando lo que dices? Te darán quien sabe cuántos años mientras convives con criminales peligrosos, no los ladrones de manzanas que vienen aquí. Una vez que pongas un pie en ese lugar ya no hay futuro.

—Tal vez no para mí, pero Scott algún día llegará a la universidad y endeudarte ahora no tiene sentido. —El argumento de su esposo la dejó entre la espada y la pared, pero estaba negada a dejar que las cosas siguieran desarrollándose de forma tan injusta.

—No voy a dejar que vayas a la estatal.

—Mira, Grace, ya he hablado con los guardias y un par de mamíferos que están en el calabozo. Sé muy bien donde voy: es el ala F y allí la tendré muy difícil, no hay mamíferos especialmente agradables.

—Sí que eres bueno dando ánimos.

—No quiero darte ánimos, quiero que sepas lo que se viene para que puedas enfrentarlo. —El zorro conocía bien esa mirada, sabía el estado colérico que atravesaba Grace, pero debían actuar más allá de la rabia e impotencia—. Tal vez me esté apresurando diciendo esto, pero tienes que pasar de página.

—Te estás apresurando mucho más de lo que te imaginas.

—Tendrás que seguir adelante sin mí y cuanto antes lo entiendas mejor. No será poco tiempo y quién sabe lo que pase ahí adentro.

—Deja de ser tan idiota sólo por un momento y escúchame.

—¡Tú déjate de estupideces y piensa! No se hará justicia, al jurado le da igual lo que me pase, todo esto no es más que un circo.

—No te atrevas a levantarme la voz.

—Tú no te atrevas a sacar una hipoteca. —La tensión con la cual se encontraron ahora no era más que una gota en medio de un océano de sentimientos de todo tipo, que pronto comenzaron a fluir a través de los ojos de la vulpina. Por más que lo negase, sabía muy bien que Drew tenía razón en todo—. Necesitarás toda la ayuda posible, no temas en recurrir a Nick o Finnick. Si tienes que dejar la ciudad y volver con tus padres, tampoco es mala opción, tienes que hallar paz.

—Al menos por ahora quiero quedarme aquí, no creo que buscar un nuevo trabajo sea un buen plan —indicó luego de inspirar profundo y limpiarse de forma fugaz sus lágrimas—. No sé qué pasará, pero seguiremos juntos siempre, de eso no tengo duda.

—Lo sé. —Sin más nada que decir, el vulpino se quedaría en silencio mientras la observaba detenidamente.

—Procura portarte bien, quizás logres salir antes por buena conducta.

—Creí que preferías a los chicos malos —contestó para alivianar la tensión, Grace dejaría escapar una risilla marcando su éxito.

—Si fuese por eso nunca hubiésemos llegado hasta aquí, así que no, no me va el estereotipo.

La conversación se interrumpió cuando el guardia, un lobo gris, abrió la puerta y se encaminó hacia el zorro. Liberando sus esposas de la mesa, le pidió que lo acompañara de nuevo a su celda pese a que llevaban escasos minutos juntos. Grace se pondría de pie frente a la salida para bloquear el paso; si su horario de visitas le permitía estar con Drew una hora no estaría menos de eso.

—No sé qué está pasando, pero quiero a mi marido en esa silla ahora mismo o iré a llamar a Haggard —exclamó Grace con el entrecejo fruncido y una mirada que atemorizaría a cualquiera.

—Lo siento, señora Wilde, pero tengo que cumplir órdenes. Apártese por favor —solicitó el oficial, que estaba a espaldas de Drew y mantenía su temple frío y serio.

—Vamos, Bob, déjanos un rato más, no sabemos cuándo podremos volver a hablar con el juicio programado el viernes. —Luego del comentario del zorro, el guardia exhalaría con cierta molestia.

—Sabes que si es por mí puedes quedarte todo el día aquí, Wilde, pero el pedido viene de muy arriba. No quieren que tengas visitas hasta que llegue el juicio. —Grace dejaría escapar un gruñido por el comentario del lobo

—¿Fue pedido por la fiscal del caso? —El oficial alzaría los hombros en respuesta y la dejaría con la duda. Sabiendo que no podía hacer más que resignarse, la vulpina daría un paso al costado para que pudieran irse.

—Espera un momento, Bob —indicó Drew cuando el lobo quiso avanzar. El zorro se movería hacia Grace para acercarse y posar sus labios sobre los de ella—. Intenta mantener la calma, ahora Scott te necesitará más que nunca. Si quieres hacer algo por mí, mantente fuerte por él y por ti misma también. ¿De acuerdo? Saldrán adelante de un modo u otro, confío en que lo harán.

Grace asentiría de forma apenas perceptible mientras ofrecía su mejor sonrisa, se sentía incapaz de esbozar palabra alguna y de respirar. Después de cruzar sus miradas unos segundos, tanto el zorro como el lobo abandonarían la sala de interrogatorios para dejarla atrás.

Con un escalofrío indescriptible tomando control de todo su cuerpo, la vulpina se quedó de pie observando a la nada misma con la mente en blanco. El temblor de sus rodillas se trasladaría a todo su ser y la angustia comenzó a manifestarse a través de lágrimas que no podría contener. Sentía el pecho cerrado y le faltaba el aire, ni la más profunda de las bocanadas era suficiente como para llenar ese vacío desolador.

Haciendo un esfuerzo que iba más allá de lo imaginable, se refregó sus ojos y comenzó a caminar. Por momentos se sentía desorientada y le costaba ubicarse, como si la realidad se fuese alternando con un sueño, o más bien una pesadilla. La salida del establecimiento estaba a poco más de un minuto, pero una eternidad había pasado desde que Drew la besó hasta que llegó al estacionamiento donde Abel la esperaba.

Podía observar a la distancia cómo el lobo leía unos informes para aprovechar el tiempo en tanto la esperaba. La desolación daría un rápido paso a la frustración y de ahí pasaría a sentir una rabia incontenible que nunca antes experimentó. Con un paso tras otro fue acercándose al vehículo de Abel, ese lobo de lo más detestable. ¿Cómo podía ser que quisiera ganarse su favor mientras ella se encontraba tan frágil? Era repulsivo, lo odiaba, representaba todo lo contrario a lo que era Drew en medio de ese mar de desgracia. En un movimiento impetuoso, abriría la puerta del auto y se sentaría de forma brusca bajo la mirada confundida y preocupada de Fowler.

—Hey, tranquila. ¿Qué pasó ahí dentro? ¿Por qué saliste tan rápido? —Grace lo empujaría con sus dos patas cuando intentó acercarse a ella para contenerla, haciendo que su confusión se incrementara.

—¡Es una mierda! ¡Todo es una mierda y tú también estás incluido en todo esto! —La sangre de Fowler se congelaría ante el arrebato de la vulpina, aunque entendía su frustración y estaba dispuesto a recibir uno que otro golpe para que se pudiera calmar—. ¿¡Por qué estás aquí, Abel!? ¿Por qué tú estás aquí mientras Drew se tiene que quedar ahí dentro?

—Grace, te juro que quiero intentar ayudarte, pero no estoy entendiendo nada. ¿Qué tengo que ver yo?

—¿Ayudarme? ¿Tú? Sólo estás aquí por ti, por tus intereses, por esas cosas retorcidas que sientes hacia mí. —Con su corazón detenido, el lobo se reclinaría hacia atrás en silencio mientras desviaba la mirada, intentando ocultar lo que no podía—. ¿Te piensas que soy estúpida o qué? Todo este tiempo te aprovechaste para estar más cerca de mí, cuando yo estoy a años luz de ti.

—No sé qué es lo que me delató, pero estas cosas que yo siento no son malas. —Con mucho esfuerzo, el cánido la miraría a los ojos —. Alguna vez conocí a alguien muy parecida a ti y estar contigo me ayuda a revivir todo eso que me hizo tan bien. ¿Entiendes? Yo comprendo que te sientas así, y tal vez lo que esté haciendo no es lo correcto en medio de todo este contexto, pero en serio tengo ganas de algo es de ayudarte.

—Tengo a mi esposo condenado injustamente a prisión, a mi hijo con medicación psiquiátrica y yendo a la psicóloga, me dan ataques de pánico e histeria todo el tiempo y no dejo de soñar por las noches con el mismísimo infierno, ¿y tú quieres ayudarme mostrando tu atracción hacia mí? ¿En qué estás pensando? Gracias a Drew pudiste salir de la mina de Arcagma y a cambio le pagas así, queriendo acercarte a mí como el degenerado que eres.

—Yo no me aprovecho de nadie, te estás equivocando. Sólo te traigo hasta aquí e intento estar disponible para que las cosas te resulten un poco más fáciles, nada más que eso. Es mi forma de… no sé. —Abel se taparía los ojos con sus patas mientras frotaba su frente, intentando hallar algún modo de abandonar la conversación—. Ni siquiera sé por qué estoy aquí, yo no soy así. —Con un silencio presente, el lobo golpearía la puerta y se dejaría caer sobre el volante.

—No sé qué pasó entre tú y la hermana de Harkness, pero ella y yo no somos el mismo mamífero. ¿Te queda claro? —exclamó la vulpina con su respiración todavía agitada. Al ver al lobo derrotado y esquivando su mirada, se recostó en el asiento del acompañante y cerró sus ojos—. Lo siento, estoy desbordada, en serio lo siento. No creo que seas un mal tipo, sólo estás confundido, quiero creer eso, Abel.

—Confundido o no, no deberíamos estar aquí, no así. Deshonré las memorias de Miki y te arrastré en todo esto, hice todo mal. —El cánido se levantaría para dejar caer su espalda sobre su asiento.

—Voy a llamar a mi trabajo para decir que no iré hoy, no me importa si no me pagan el día o si se me juntan más responsabilidades. No estoy bien, necesito tiempo para mí.

—Es lo mínimo que puedo hacer después de todo este drama. Y no te preocupes por mí, nunca antes me había sentido tan avergonzado.

—Vivimos muchas cosas a lo largo de este tiempo y, queramos o no, nos hemos unido un poco. No me molestaría intentar forjar una amistad sobre la base sólida que tuvimos, compartir algún café de vez en cuando o una cena, pero no puedo ofrecerte más que eso.

—Supongo que, muy en el fondo, no es lo que realmente buscaba. Intentaré aclarar lo que siento y hallar la respuesta correcta, pero no te prometo nada y mucho menos después de esto.

—Está bien, lo entiendo. Sea como sea, gracias por traerme hasta aquí.

—No hay de qué, señora Wilde.


. . . . . . . . . .

Redfield estaba lejos de ser un lugar interesante y su clima húmedo en exceso, abundantes lluvias y temperaturas elevadas le causaban rechazo. No negaría que la tierra colorada, que daba nombre a la localidad, se hacía bella a la vista al combinarse con el resto del paisaje en algunos tramos, pero no había más atractivo que ese. De no ser por el buen nivel de la Universidad de Ciencias Animalísticas, nadie le daría gran importancia a ese infierno sofocante.

Su objetivo era un venado llamado Mason Calvert, exdirector de la aclamada universidad. Según los dichos de Grace, Goldschmidt robó el libro de la historia de la Hermandad de sus aposentos, dato que apenas rememoró luego de largas semanas buscando información sobre ellos. Seguía firme en su afán de acabar con los Lirios, pero antes debía estudiarlos tanto como fuese posible, buscar sus puntos débiles y luego armar un plan alrededor de ello. De tener suerte, Calvert podría decirle algo más de lo que veía en esas hojas gastadas, a las cuales releyó una y otra vez en busca de algo más que su historia.

Antes de hacer varios de cientos de kilómetros hacia el infierno de tierra colorada, se encargó de investigar al venado de forma tan minuciosa como fuera posible. Que fuera el anterior poseedor del libro no sólo implicaba que pudiera saber todo el trasfondo de la Hermandad, sino que también perteneciese a sus filas. No parecía ser el caso de Calvert, ahora jubilado y dedicando su tiempo a su familia; en sus registros observó que vivió en Zootopia un par de años nada más y no hizo más que ser un profesor universitario, lo cual no encajaba con el perfil del miembro promedio.

El cérvido tampoco parecía guardar relación con Alexander Romberg, el autor del libro, aunque sí con su sobrino Ancel, que aparecía en varias fotografías acompañando a la esposa de Calvert. De no haber sido porque Goldschmidt robó el libro de su oficina, nunca nadie habría llegado a la vivienda del venado para hacerle preguntas, como haría él en ese preciso momento.

Se arremangó su traje para ver la hora; todavía era temprano, pero de seguro sería atendido por su objetivo. Su hija solía dejarle a su nieto para que lo cuidara antes de irse a trabajar, debía estar preparándole el desayuno para cuando golpeó la puerta. Pronto escucharía pasos viniendo del interior y el suelo rechinar, por lo visto las maderas estaban resecas y necesitaban un cambio.

Como acostumbraba a pasarle siempre, tuvo que aclarar la garganta para llamar la atención del venado, que se asomaba por la puerta entreabierta. Luego de bajar la vista, Calvert se disculpó por no haberlo visto en primer lugar. Su voz era áspera, propia de alguien que la forzó durante años para dar clases, pero dejaba denotar cierta amabilidad por su tono.

—Buenos días, señor Calvert, mi nombre es Jack. Lamento molestarlo, pero necesito hacerle unas preguntas de cuando usted era director.

—¿Qué tipo de preguntas, Jack? —preguntó con marcada curiosidad, no era normal ver conejos por esos lares.

—Es sobre un ex profesor del instituto, David Goldschmidt. —Su rostro parsimonioso se borró al instante, estaba claro que no guardaba un buen recuerdo del zorro.

—Tengo a mi nieto esperando por su desayuno y comenzará a hacer berrinches si no me apuro. ¿Puede ser rápido?

—De hecho, necesitaré tomar bastante de su tiempo. —El cérvido bufaría molesto mientras abría la puerta del todo.

—¿Le molestaría pasar entonces? —Jack asentiría y avanzaría hacia el interior de la casa, luego el dueño del lugar cerraría la puerta con llave—. Espéreme aquí un momento.

—Por supuesto, tómese su tiempo. —El conejo aprovechó para relajarse unos segundos y tomar aire, su primer acercamiento había sido todo un éxito—. Tiene una casa muy bonita, señor Calvert —exclamó luego de dar un rápido vistazo al lugar.

—Oh, muchas gracias. Mi esposa fue quien se encargó de todo el diseño, yo sólo puse la billetera, así que sus halagos serán para ella —respondió el venado desde la cocina—. Se fue de vacaciones con sus amigas hace un par de días, por eso es que hay tanta tranquilidad ahora mismo. —Savage dejaría escapar una sonrisa ante el comentario e intentó pensar en algo ingenioso para responder, pero el anfitrión ya estaba de nuevo con él—. Ahora sí, Jack, ¿en qué puedo servirle?

—No sé si fue notificado, señor Calvert…

—Llámame Mason, hijo —indicó luego de interrumpirlo.

—De acuerdo, Mason. No sé si le notificaron, pero Goldschmidt falleció hace un par de meses.

—No lo sabía, no es que mantuviera un trato especial con él.

—Poco antes de fallecer, Goldschmidt hizo una denuncia por el robo de un libro, dijo que usted se lo dio cuando trabajaba en la universidad. —Mason no disimuló su sorpresa en lo más mínimo y tomó un largo respiro mientras analizaba cómo terminar la conversación.

—Nunca presto mis libros, quizás entendieron mal. Será mejor que busque en la biblioteca de la universidad y pregunte ahí —sugirió para luego acercarse a la puerta y abrirla, invitándolo de forma poco sutil a retirarse—. Lamento no ser de ayuda, Jack, espero que pronto encuentre respuestas a sus preguntas.

—Lo siento, pero nuestra conversación acaba de comenzar.

—Le pido por favor que se retire, quiero estar con mi nieto.

—Puedo acompañarlo, me gustan los cachorros, así como de seguro le gustará a él escuchar de cierto grupo justiciero.

—No me obligue a llamar a la policía. También puedo gritar y pronto todo el vecindario estará aquí, haré un escándalo, sin mencionar que soy más grande de usted. —Jack guardaría silencio y esbozaría una sonrisa amistosa.

—No voy a hacerle daño, Mason, sólo serán unas preguntas y me iré para no volver jamás. Créame, sufro mucho del clima de Redfield. —El cérvido permanecía inmutable a la par de la puerta, no cedería con facilidad—. Mi nombre es Jack Savage, trabajé para la ZIA hasta hace un par de meses —indicó mostrando su antigua placa—. Junto a mi compañera y algunos aliados de otras agencias trabajamos en el caso de Arcagma, donde encontramos que mantenía una acérrima rivalidad con los Lirios. Ha pasado mucho desde entonces y ahora me encuentro en una cruzada personal, donde debo acabar con la Hermandad, pero sólo podré si usted me ayuda.

Mason se tomaría unos segundos para meditar la situación y luego cerraría la puerta. Se rascaría detrás de su oreja mientras pensaba como continuar con la situación e inmediatamente se dirigiría hacia la cocina. Con el conejo esperando todavía en la entrada, encendió la televisión para que su nieto se entretuviera mientras ellos discutían de la Hermandad.

Al regresar con Savage, el venado le haría un gesto para que lo acompañe en dirección contraria a la cocina y guiarlo hacia lo que parecía ser su oficina personal. Calvert acomodó una silla a la cual brincó el conejo, mientras que él se sentó en frente, a la par de un escritorio.

—Creí que despidiendo a Goldschmidt dejaría de causarme problemas y aquí estamos, con fantasmas del pasado persiguiéndome. —El cérvido observaría al conejo con los ojos entreabiertos—. ¿Él en serio…?

—La Hermandad descubrió que tenía el libro de Romberg, fueron a por él. —Mason negaría con la cabeza, ahora con la mirada enfocada en el vacío.

—Quisiera poder decir que lo lamento, pero, así como fue mi mejor alumno, también era el más problemático. Eso corre por sus acciones, no por mi empatía.

—Puedo entender a qué hace referencia, habiéndolo conocido muy poco. —Con un incómodo silencio de por medio, Jack aclaró la voz para direccionar la conversación hacia donde él quería—. Tengo conmigo el libro que habla de los Lirios y toda su historia, quería buscar herramientas en él para atacarlos, pero no sé por dónde empezar. Si bien se mencionan varias familias de renombre, la mayoría de ellas han dejado de existir o sus cabecillas perecieron durante los ataques de Arcagma.

—Lo primero que puedo decirte, es que si tienes el libro que desapareció de mi biblioteca personal hace tiempo, no conoces toda la historia de la Hermandad, apenas es un resumen. Alexander escribió ese tomo para tomar algunos de los puntos clave, pero luego hay siete volúmenes que explican todo en mayor detalle que no fueron desarrollados por él. —Jack se quedaría atónito al escuchar a Mason, que al observar su sorpresa hizo una mueca y desvió la mirada—. Quisiera poder decir que los tengo conmigo, pero me desligué de todo eso hace tiempo y no sé qué sucedió con quienes los escribieron. Cuando un par de ellos murieron, decidí cortar todo contacto.

—¿Podría afirmar entonces que había un grupo dentro de la Hermandad que escribía sobre ellos desde las sombras? —El venado asentiría.

—Alexander Romberg fue parte de los Lirios, era un prestigioso historiador y arqueólogo que había cosechado bastante fama en esos tiempos y amasó una pequeña fortuna. Era un miembro de menor jerarquía, pero a él no le importaba escalar, quería saber todo. Siempre fue de perseguir el conocimiento a toda costa, su curiosidad era muy digna de su especie.

—¿Él lo reclutó a usted?

—Alexander trabajó con un amigo suyo hasta poco antes de ser descubierto, su sobrino sería quien continuaría su legado y solicitaría mi ayuda. La segunda generación, como nos hacíamos llamar, trabajamos por fuera de la Hermandad para seguir en parte con el trabajo de Alexander, aunque con algo más en mente.

—Debió de ser algo grande para persistir luego de que fueran descubiertos.

—¿Qué pensarías si te dijera que la declaración de la fundación de Zootopia fue reemplazada por otra? —El lagomorfo sería incapaz de articular respuesta alguna, tartamudeando algo apenas audible—. Todo el mundo sabe que Gormsson es el padre de la ciudad, así como todos saben que él no llegó a ver su obra completada porque falleció entrado en la vejez. En su tiempo, nos encomendamos buscar la declaración por la gran fortuna que podría suponer, además del reconocimiento, obvio —explicó Mason, para luego tomarse unos segundos de pausa y pensar cómo continuar—. Gormsson era un mamífero muy diplomático, por lo que redactó el documento de la fundación de Zootopia dando créditos a todas y cada una de las grandes familias que lo apoyaron de un modo u otro, se podría decir que eran cofundadores.

—En la declaración conocida por todos sólo figura su nombre. ¿Por qué decidiría cambiarla? —pensó en voz alta Jack.

—No fue él, sino sus descendientes. —Aunque Calvert aportó cierta claridad, todo aparentaba ser la punta del iceberg—. Cuando se dice que la Hermandad está desde el nacimiento de Zootopia, es algo literal.

—Creí que se fundó para derrocar a Morgan.

—Morgan gobernó cuando Zootopia todavía no tenía el estatus de ciudad, era por así decirlo un gobierno de transición. Si bien estaba todo listo, todo se retrasó más de lo previsto por cuestiones burocráticas y económicas de por medio. Debían de asegurarse montos monetarios enormes para dar sustentabilidad al banco central, pero Morgan usó su influencia para retrasar los pagos y tomar parte de esas riquezas sin que nadie se diera cuenta en un principio. Luego usaría dicho dinero para sobornar a algunos de los altos cargos, nadie podría bajarlo del poder y Zootopia existiría como tierra de comercio más que una ciudad. La declaración estaba firmada y lista, pero no era validada porque no era viable tras la pantalla de ser "poco sustentable" que Morgan había creado.

—Déjeme ver si entiendo: Zootopia ya estaba fundada, pero no era considerada una ciudad porque Morgan movió los hilos para que no tenga el estatus oficial y así no dejar que acabe su gobierno de transición. ¿Estoy en lo correcto? —Mason asentiría para darle la razón—. Luego allí se funda la Hermandad para acabar con su influencia.

—Así es, todo se desarrolló con varios episodios importantes que valen la pena destacar, pero hay un dato que resalta en medio de todo esto. Morgan tenía dinero, poder y el favor de varias familias poderosas, una de las cuales era la de los descendientes de Gormsson —señaló el cérvido, para sentar la base de los caóticos eventos—. La Hermandad fue tentando a algunos de los aliados más cercanos de Morgan, pero nada sería tan importante como apartar a los Gormsson de su lado. Ellos estaban muy cómodos con él, así que la Hermandad tendría que escuchar su oferta y aceptarla a regañadientes.

—La declaración… Se adjudicaron enteramente la fundación de Zootopia.

—Exacto, pero además de reemplazar la declaración por otra donde ellos se dieron crédito total, quisieron ser los líderes absolutos de la Hermandad. —Aunque Mason lo observaba a la espera de algún comentario, Jack permaneció en silencio sin saber qué responder—. Las familias que estaban en la Hermandad tenían que dejar un porcentaje de sus riquezas, mucho tiempo más adelante darían lugar a miembros de menor jerarquía que pagaban su lugar con ciertos trabajos, información o favores de todo tipo. Es por esto, entre otras cosas, que algunas familias comenzarían a ocultar sus negocios y ganancias, para hacer un aporte menor.

—Según lo que se menciona en el libro de Romberg, todos aquellos que no cumplieran con las reglas eran cazados y eliminados, por lo que sobreentiendo que si eran descubiertos estaban muertos. Dudo que pudieran ocultar mucho sin formar alianzas de algún tipo.

—Fue a partir de eso que surgieron grietas lógicas, amistades y enemistades, pero ninguna tan grande como la de los Gormsson contra todos los demás. En un principio eran molestos para algunos y se terminaron por volver insufribles con el pasar de algunas décadas. Bajo su conducción la Hermandad tuvo grandes avances, pero eso no fue pago suficiente para soportar su ambición.

—Y los borraron del mapa…

—Sí, pero no a todos. —Jack elevaría sus orejas en señal de curiosidad—. La familia Gormsson era grande y también estaba fragmentada, no todos eran unos cretinos. El debate era: ¿los eliminamos a todos o sólo a los que son un grano en el trasero? La opción fue la segunda, en parte porque no todos merecían morir, y en parte porque si los Gormsson desaparecían del mapa, nadie sabría donde escondieron la declaración original.

—¿Pero por qué razón la conservarían? —preguntó Jack confundido, al tratarse del único elemento que les quitaba el falso mérito que consiguieron.

—Quién sabe, quizás estaban dispuesto a entregarla por una gran suma, o la usaban para chantajear a las familias hambrientas del reconocimiento que se les habría sido privado. Fuese cual fuese el caso, terminaría sirviendo para que su linaje no desaparezca del todo. —El venado pausaría su relato durante unos segundos para darle tiempo al conejo de procesar toda la información—. Se dice que un par de familias protegieron al linaje Gormsson porque no querían que la sangre del fundador desapareciera, había algo de honor al final de todo. Se dice que a día de hoy siguen con vida los últimos descendientes y que saben dónde encontrar la declaración. Si quieres enfrentarte a la Hermandad, busca ese viejo manuscrito y úsalo para que se consuman en su propia ambición. Muchas familias dicen que sus apellidos figuran ahí y no es del todo cierto, pero en base a eso defienden su estatus dentro de su estructura jerárquica.

—¿En serio crees que pueda usarlo para manipularlos a mi antojo?

—La declaración es tan importante para la Hermandad, que todo aquel que la encuentre se sentará en la misma mesa que los siete líderes principales, y si ya estuviese ahí, incrementará su estatus como cabecilla absoluto. Podrás usarla para que se traicionen entre ellos y se autodestruyan.

—Es el arma definitiva contra ellos, su propia ambición. —Jack había conseguido aquello por lo que había viajado a Redfield, pero su ánimo decrecería al darse cuenta de que no sabía ni siquiera por dónde empezar a buscar—. Muchas gracias por ayudarme con todo esto, Mason. ¿Tiene algo más que pueda decirme? Todo lo que sepa de la familia Gormsson puede serme de utilidad, tengo que saber cómo encontrarlos.

—Mi rol dentro de la segunda generación era encargarme de algunas de las grandes familias, entre ellos los Gormsson. De todos modos, la información respecto a ellos siempre fue escasa y no hay demasiado. Eran zorros, como bien muestran los monumentos en honor al fundador, y de blanco pelaje. —Mason comenzó a frotar su mentón mientras pensaba en voz alta—. Algunos documentos antiguos marcan que sus aliados principales fueron los Edevane, una de las familias más poderosas y de los que más colaboraron en la fundación de Zootopia. Estos a su vez mantenían un gran vínculo con las mafias locales, por lo que los Gormsson comenzaron a amigarse con algunas de las que se denominaron "familias emergentes", aquellas cuyo poder iba más allá de lo económico. La ascendencia de los Big, Vitale, Giesler y Dalton fueron los que más poder ganaron gracias a su relación con los Gormsson, por lo que se estima que algunas de estas familias los podría haber protegido.

—Debería de buscar algún zorro ártico que fuera protegido por los Big, por ejemplo. ¿Estoy en lo correcto? —El corazón de Jack no dio latido alguno mientras esperaba la respuesta de Mason. ¿Sería que todo este tiempo estuvo a la par de alguien con sangre del fundador?


. . . . . . . . . .

Odiaba trabajar atendiendo a los clientes, aunque si tenía que elegir entre eso y estar a la par de la freidora en plena hora pico al mediodía no lo dudaba por ningún momento. No importaba que llegara una familia de perezosos con cinco hijos, cuanto menos podía respirar mejor. Lavar los platos siempre iba a ser la mejor opción a su gusto, pero dado que ya ocupaba el turno nocturno y no querían pagarle por trabajo extra, sólo podía hacerlo cuando había falta de personal. No era el más ágil con los números y aún así preferían dejarlo en la caja registradora con tal de no darle un centavo extra.

¿Aborrecía su puesto en Bug Burga? Sin lugar a dudas. ¿Tenía otra opción mejor? Luego de haber sido despedido del ZBI por irregularidades en el caso Arcagma, no demasiadas. Los medios habían hecho eco de varios rumores infundados, y aunque luego muchos de ellos se desmintieron, el daño estaba hecho. No solía tener problemas la mayor parte del tiempo, o no hasta que dijeran su nombre en voz alta y alguien lo reconociera. Cuanto menos su cara de pocos amigos servía para espantar a cualquiera que intentase insultarlo o actuar de forma prepotente, aunque estando sus jefes presentes no podía hacer nada de nada.

Con el correr de las semanas se fue acostumbrando a lidiar con la bola de grasa de su jefe y a recortar gastos para poder llegar a fin de mes sin números en rojo. Seguía enviando dinero a su hija por su manutención y la zona donde alquilaba no era barata per sé, pero al compartir apartamento con Abel encontró una respuesta a corto plazo que le permitió tomar una de las mayores bocanadas de oxígeno de toda su vida. Su mejor amigo dejó el lugar donde vivía previamente y ahora pagaba la mitad de los gastos; su ascenso dentro de la agencia al haber sido de relativa ayuda en el caso Arcagma vino acompañado de un mejor sueldo.

Siempre que ponía la situación en perspectiva, sentía envidia por su compañero lobo. Se metió en el caso de forma extraoficial y sus mayores méritos habían sido matar a algunos de los soldados de Arcagma mientras huían, descubrir que los principales mamíferos de la ciudad eran su objetivo y acompañar a los civiles que se habían visto involucrados. Por su parte, hizo lo mismo con la diferencia de que trabajó en el caso desde un primer momento, además de haber sido parte del ataque final contra Tora. Si bien no quitaba méritos a Abel, que recibiera su ascenso y luego a él lo despidieran por presión mediática fue una injusticia como nunca antes había visto.

Sentirse miserable llevó a que su malhumor típico del horario laboral se incrementara, pero al ver a esa jodida mapache frente a él hizo que por poco rompiera un nuevo récord. Se limitó a respirar profundo y a evitarla con la mirada, sabía que nada bueno podía venir de ella.

—Bienvenida a Bug Burga, ¿en qué puedo ayudarla? —esbozó con la peor cara que podía poner sin asustar al resto de los clientes.

—Una porción doble de papas y salsa barbacoa, tengo cupones para una bebida gratis también. —Que Langley respondiera con indiferencia a su indiferencia casi lo hace perder el control. Hubiese preferido un comentario sarcástico o una burla a decir verdad—. ¿Cambiaste de número, Leonard? Quisimos llamarte y no pudimos.

—Aquí tiene su ticket, por favor avance a su izquierda y mi compañera le traerá su pedido. —Aprovechando que Clarke evitaba el contacto visual, esbozó una leve sonrisa mientras le pagaba algo de dinero extra.

—Quédate con lo que sobre como propina, te estaré esperando cuando termines tu turno. Es un gusto volver a verte, Leonard.

—Te diré tres cosas, Langley. Número uno, no acepto limosnas; dos, no es un gusto verte, todo lo contrario; por último, de no ser porque necesito el dinero, me iría ahora mismo con tal de no verte, así que hazme el favor y no vuelvas. —Luego de haber cruzado miradas por primera vez, el lobo volvió a observar a la nada misma—. Muchas gracias por elegirnos, disfrute de su pedido.

Acostumbrada al trato de Clarke, Langley se movió con su ticket para retirar su pedido. La fila se quedó paralizada un breve instante luego del episodio de drama que ofrecieron como espectáculo, haciendo que el lobo comenzara a sentirse nervioso.

Después de aclarar su voz y hacer una seña con su pata para que se acerquen los próximos clientes, todo continuó con normalidad. Pasados los minutos, el episodio quedó en el olvido y ya para su descanso ninguno de sus compañeros se acercó para preguntar del tema. No mantenía relación con nadie ahí dentro, ya fuese para bien o para mal, por lo que el evento de seguro quedaría en la nada y no llegaría a oídos de su jefe.

Habiendo terminado su almuerzo, y con su reemplazo listo en la caja registradora, llegaba uno de los momentos más cómodos del día. Recibía tickets con pedidos, traía comida y volvía a repetir el proceso; lo hacía de forma tan automatizada que podía desconectar su mente sin dejar de ser efectivo. Con la tarde avanzando sin pena ni gloria, continuó con su turno en la cocina lavando los platos y teniendo todo preparado para los clientes que llegaran a cenar.

Su segundo descanso del día había llegado para poder cenar, a partir de ese entonces podía dar casi por terminada la jornada de doce horas en la que era sobreexplotado. Sólo le restaba lavar los platos y dejar todo listo para el día siguiente, lo cual podía hacer a su ritmo.

Negado por completo a pensar en su encuentro con Langley, a medida que pasaban las horas la mapache comenzó a aparecer más en su cabeza. Intuía lo que debía querer, y si bien no tenía nada contra el primo de Nick, la sola idea de trabajar con el zorro y con ella lo ponía de pésimo humor. Le causaba cierta gracia cómo la ladrona que más aborrecía en el mundo ahora compartía el puesto de seres más detestables con un expolicía y excompañero suyo.

Siempre que pensaba en Nick y recordaba cómo lo manipuló con el rescate de Abel, su pelaje se erizaba y apretaba sus colmillos de forma inconsciente. Nunca entendería por qué no confió en él de primera mano, más estando en su misma situación, con Andrew en peligro. Además, por haberse dejado llevar cuando enfrentaron a Tora, Bogo terminó bajo tierra. La imagen que tuvo en algún momento de él, como el zorro que rompió estereotipos para unirse a la ZPD y dejar atrás su pasado al margen de la ley, cayó de forma más estrepitosa que el hotel Oasis a manos de Arcagma.

Antes de cruzar el umbral de la puerta trasera para ir a por su bicicleta y dejar atrás el jodido Bug Burga, inspiró profundo para prepararse mentalmente ante una posible segunda reunión con Langley. Buscó la llave para el candado en la mochila que siempre llevaba al trabajo y, luego de avanzar un par de metros, ahí la vio. La mapache estaba a la par de su bicicleta con el candado en una de sus patas.

—Quise ahorrarte algo de tiempo —exclamó para luego lanzarle el candado al lobo, que lo tomó en el aire y luego volvió a guardar su llave—. ¿Sabes por qué estoy aquí?

—No pienso acompañarlos en su cruzada para rescatar a Andrew. — Estoico y sin titubear, Clarke avanzó hacia su bicicleta ignorando por completo a Langley—. Necesito este trabajo, así que si en serio tienen un mínimo de respeto por mí, no quiero volverlos a ver por aquí.

—¿En serio dejarás que condenen a alguien inocente? —preguntó Sarah intentando causarle remordimiento—. Es un tipo común, con una familia que sufrió mucho y ahora su infierno será mayor.

—No puedes hacerme cargo de la desgracia ajena, Andrew apuñaló al héroe de la ciudad, no yo. No sé si Arcagma estuvo detrás, pero en cualquier caso su futuro no es algo en lo que yo pueda influir a estas alturas. —Clarke se subió en su bicicleta y se preparó para irse, sin embargo Langley se puso en frente para bloquearle el paso—. No vas a convencerme, no quiero saber nada de la asesina de mi esposa y el tipo que me manipuló y condenó mi carrera.

—Me sorprende que hayas abandonado tus convicciones, eres de los pocos agentes de la ley que en serio creía en la justicia. —La mapache se apartó de su camino mientras los ojos del lobo dejaban ver toda la ira que estaba sintiendo—. Ya no eres el mismo, creí que al menos dudarías un momento estando la vida de alguien en juego. Puedes irte, ya no te voy a retener.

—¿En serio esperabas que luego de hacerme miserable me olvidara de todo para ayudarlos? Lo suyo es surrealista, no sé en qué universo viven, pero buena suerte.

Con el paso libre, el lobo se puso auriculares y se retiró sin mirar atrás. Langley lo perdió de vista luego de que girara hacia la izquierda; esperó unos segundos por si volvía sin éxito, por lo visto ya había tomado una decisión final. Sin nada más que hacer ahí, avanzó en la misma dirección para ir a buscar su moto, a un par de calles del local.

—Te daré sólo una oportunidad, así que responde a mi pregunta y no quiero mentiras de ningún tipo —indicó Leonard, apoyado contra una de las paredes del frente de Bug Burga, con su bicicleta a la par—. ¿Saben por qué Andrew apuñaló a Raines?

—Porque Raines, junto a su hermano, son Arcagma.

—Su hermano está muerto desde hace más de una década. —Langley se mantuvo en silencio, esperando algo más de su parte. Había sido sintética y precisa, ya no tenía nada más que decir—. Déjame un número para llamarlos, me buscaré un celular descartable y luego hablaremos en detalle.


. . . . . . . . . .

El estrés que devenía por su trabajo y "actividades extracurriculares" debería estar consumiéndolo, aunque lejos de eso, siempre que volvía a su casa sentía una fortaleza propia del líder que era. Se regodeaba al ver cómo todo lo que sucedía en Zootopia giraba en torno a él, quizás demasiado, pero, ¿cómo no hacerlo? Que todos los acontecimientos actuales y próximos a desarrollarse dependieran de su intercesión era señal de poder, no entendía a las mentes limitadas que lo veían como una molestia.

Sintiéndose intocable, le gustaba desafiar los peligros que pudieran aparecer y conducía en soledad hacia su casa, sin importar que su cuerpo de seguridad le recomendase lo contrario. ¿Quién iba a hacerle algo? La Hermandad dependía de él, las mafias locales se estaban asentando gracias a sus tratos y no tenía competidor alguno que le conviniera dañarlo. El mundo seguía temiendo por Arcagma, pero no es que tuviese ganas de lastimarse a sí mismo; el episodio con Andrew Wilde fue más que suficiente.

Abrió el portón eléctrico desde el interior de su auto, ingresó a su morada y se mentalizó en dejar atrás los eventos ocurridos a lo largo del día; para seguir manteniéndose fuerte, debía dejar reposar sus ideas y descansar, al menos por un rato. Luego de cerrar el portón, bajó del auto con su maletín y caminó a oscuras hacia la sala de estar. Se dejaría caer en el sofá luego de dejar su portafolios en el suelo, tal y como hacía religiosamente al finalizar cada día de trabajo.

Alguien aclaró su voz y encendió las luces de la habitación; su corazón se aceleró por breves segundos, pero al reconocer la figura de Viktor se tranquilizó. No le agradaban las visitas inesperadas, y su buen humor desapareció en un instante, aunque lidiar con su hermano era mucho mejor que con otros mamíferos que podrían meterse también en su casa.

—¿Día agotador? —preguntó el lince lampiño con su típico tono irónico.

—Por ser el comienzo de la semana, no estuvo tan mal—exclamó Mycroft en respuesta, todavía acostado—. ¿A qué se debe tu visita? Sabes que no me gustan estas cosas, no quiero que nos vean juntos y la Hermandad puede vigilarme sin que lo sepa.

—No te preocupes, me tomé el día para revisar que no haya micrófonos ni cámaras escondidas, por lo visto confían mucho en ti. Nuestros planes iniciales fueron todo un éxito. —Viktor se sentó en el extremo contrario del sofá. Había algo en su mirada que lo delataba, no estaba allí sólo para saludar; teniendo en cuenta lo acontecido durante el día, Mycroft suponía las razones detrás de su repentina aparición—. Sé que no quieres que nos veamos muy a menudo, pero estás pasando mucho de mí y eso no me agrada.

—A mí no me agrada que den rodeos, así que si vas directo al punto te lo agradeceré. —Viktor elevó una de sus cejas en señal de sorpresa, no esperaba la respuesta ni el modo de hablar de su hermano.

—¿No vas a preguntarme por mi tratamiento o interesarte en cómo he estado? Pareciera que te estás dejando llevar demasiado, te recomendaría no olvidar por qué estamos aquí. —Sin dejar lugar a reclamos, el lince continuó—. Estoy muy, pero que muy preocupado por algunas de tus decisiones. Sobreentiendo que no puedes destruir los Lirios de un día a otro desde dentro, pero estás dando poder a mamíferos que no se lo merecen y negociando de formas poco convincentes. Además, me prometiste proteger a Andrew Wilde, tu jugada de hoy es una clara contradicción respecto a ello.

—¿Es eso entonces? ¿Dudas de mí por lo de Wilde y por esta etapa de transición dentro de la Hermandad? Me duele como no te puedes hacer una idea que te plantes ante mí de ese modo.

—Dejemos los dramas de lado, nada de esto sería necesario si actuaras con coherencia o, en todo caso, me explicaras tus ideas en lugar de sólo evitarme —reprochó Viktor, forzándose a no sonar agresivo.

—Coherencia es la palabra exacta que describe mi accionar. Están esperando que trabaje a la altura del rol que se me ha otorgado, no puedo cometer errores desde el comienzo.

—Estoy mucho más al tanto de lo que pasa dentro de los Lirios de lo que te imaginas, esto no pasa sólo por el poder desmesurado que le estás dando a los coyotes Van Loo o la promesa incumplida con Wilde. —Mycroft no terminaba de comprender hacia donde iba su hermano, por lo que se quedaría en silencio a la espera de una explicación que tardaría varios segundos en llegar—. Cuando estás mucho tiempo en el fondo de una mina, el aburrimiento te lleva a aprender ciertas cosas, como usar spywares. Aproveché los canales que me diste hace años para espiar y pude burlar la seguridad desde dentro, soy indetectable. Veo cómo fluye el dinero, veo quién es aliado de quién, sé muchos de sus próximos objetivos, hasta se podría decir que estoy más al tanto de lo que pasa dentro de "la florecilla roja" que muchos de sus miembros.

—Estás demente —exclamó Mycroft luego de ponerse de pie—. Comprometiste nuestra seguridad, años y años de trabajo podrían arruinarse porque te piensas que puedes estar por encima de todo.

—Creo que te estás equivocando, hermano mío, el que piensa que está por encima de todo eres tú. —Pese a su templanza, los ojos de Viktor reflejaban una ira inconmensurable que reduciría a cenizas hasta al más grande de los bosques—. Tu palabra, nuestro trabajo y el juramento hacia papá han quedado por debajo de tu ego. Pareciera que yo también bajé un peldaño en tu escala de preocupaciones, y aunque quisiera creer que no es así, no me das motivos para pensar lo contrario.

—Tus conclusiones son muy apresuradas para el poco tiempo que llevo en el poder. Te estás dejando llevar por la ansiedad y el odio que sientes hacia la Hermandad.

—¿Ansiedad? Llevo quince años trabajando desde las sombras y estoy dispuesto a esperar lo que fuera para cumplir con lo que le prometí a mi papá. Además, los culpables detrás de su muerte ya son comida de gusanos, mi odio se transformó en gozo cuando los hice volar en su agujero. En lo personal, no guardo rencores de ningún tipo hacia los cabecillas actuales, sólo quiero que se disuelvan los Lirios. —Habiendo inspirado profundo, Viktor se puso de pie y se acercó a su hermano—. Quiero a Andrew Wilde y a Herbert fuera de prisión cuanto antes, y no lo estoy pidiendo por favor.

—¿No hay otro modo de hacer que te calmes? —El lince negó con la cabeza, por lo que Mycroft le daría la espalda en respuesta—. Entonces esta charla de hoy quedará reducida a eso, una charla.

—Estoy que no te reconozco, tiempo atrás habrías liberado a Herbert sin que tenga que pedírtelo, pero ahora todo se trata de ti, de tu imagen y de tu hambre de poder. —De no ser por su lazo de sangre, Viktor ya se habría abalanzado sobre él—. No me dejarás otra opción, tendré que volver a ser Arcagma. Pareciera ser que es la única alternativa que tengo para desaparecer a los Lirios. ¡Es increíble!

—Llevo tiempo creyendo que la Hermandad es necesaria, no me importa si no lo apruebas. Nuestro padre nos pidió que velemos por el legado de nuestros antepasados, pero no podemos eliminar a la Hermandad si es que queremos enaltecer a Zootopia. Su simbiosis es demasiado fuerte como para que una desaparezca y la otra sobreviva.

—Me alegro que al menos tengas el coraje, y el descaro, de admitirlo.

—¡Los Edevane merecemos estar al frente de todo y de todos, aunque en el fondo no sepan quienes somos en realidad! —Mycroft voltearía para estar frente a frente con Viktor—. Nuestro padre quería eliminar a la Hermandad por su rencor hacia los Gormsson, y ahora tengo la posibilidad de tomar su legado y transformarlo en algo nuestro. Les robaremos lo que más querían, como ellos nos robaron el reconocimiento de haber fundado Zootopia junto al primer Gormsson, par a par.

—Me da bastante igual qué le pertenece a quién, papá nos pidió eliminar a la Hermandad por ser el gran cáncer que es y eso es lo que tenemos que hacer.

—No entiendes nada, Viktor. ¡No es tan simple!

—Pese a los horrores que hemos cometido, sé de principios y de palabra, lo cual parece ser mucho más de lo que tú sabes. Estuvimos quince benditos años en sintonía, pensando en borrarlos del mapa, ¿y ahora por sentarte durante un par de meses en el trono te crees que puedes hacer lo que se te antoja?

—Si tú estuvieras en mi lugar…

—No oses compararme, porque te juro por la tumba de papá que desfiguraré tu rostro. —La amenaza de Viktor demarcaría el límite final entre ambos, su postura inflexible obligaba a Mycroft a elegir: acatar el plan y hacer las paces con su hermano, o aprovechar el poder desmesurado con el que contaba para actuar con total libertinaje.

—Dame tiempo, no te pido nada más. A nuestra familia le espera el más grande de los futuros si es que puedo manejar los hilos correctamente.

—Te daría tiempo, de no ser por tu jugada de hoy en el juicio, ni siquiera lo hablaste conmigo antes. Temías que pase esto, tu fachada desapareció y ahora sé de tus verdaderas intenciones. —El lince desviaría la mirada por primera vez en todo su encuentro, se tomaría unos segundos para pensar y luego se encaminaría hacia la puerta—. Esto no es una ruptura, pero es más que una advertencia. Si quieres buscarme, sabes dónde me puedes encontrar.

—Déjame pedirte algo al menos —exclamó Mycroft, logrando que Viktor se detenga—. No hagas locuras de ningún tipo, aclararemos las ideas y luego volveremos a hablar. Tener nuestros propios puntos de vista no significa que tengamos diferencias irreconciliables.

—Nuestro desenlace depende en su totalidad de tus decisiones. Andrew Wilde debe vivir y salir de prisión junto a Herbert, no hay lugar a grises ni tintes medios.

—Espero entonces que en los próximos días lo reconsideres.


. . . . . . . . . .

Durante el último tiempo había pasado a depender mucho más de su reloj. Todas las mañanas se despertaba predispuesta a trabajar con el mismo empeño que siempre la caracterizó, pero hacia el final de la jornada laboral terminaba sufriendo el último tramo. Aunque las manecillas adoptaban un ritmo cada vez más lento e hipnótico, tenía que revisarlas una y otra vez cada pocos minutos para no enloquecer. Todas las ganas que tenía al comenzar el día se esfumaban cuando faltaba poco para salir y reunirse con Nick.

Estar con Nick era terapéutico, dicho por el propio Mattew; le ayudaba a sentirse mejor y encontrarse consigo misma, los días oscuros donde la depresión y ansiedad habitaron en ella quedaron a años luz. Hacía apenas un par de semanas soñó con sus primeros momentos juntos, cuando el vulpino apenas entraba en la fuerza. El gran ambiente entre ellos actuaba como tierra fértil para sus recuerdos, que florecían muy de tanto en tanto, pero le daba esperanzas a futuro. A decir verdad, ya ni siquiera se preocupaba por las memorias perdidas, si volvían bien y sino ya tendría nuevas vivencias para reemplazarlas de algún modo.

Así como el zorro le sirvió de soporte durante el caso, y lo seguía siendo en su día a día, ella intentaba corresponderlo para encarar la situación de Drew con la mayor fortaleza posible. Las noticias hicieron bastante eco a rumores infundados durante el correr de las semanas, pero ahora todo parecía tener otro tinte. Nick intentaba no flaquear y siempre se mostraba esperanzado para que los suyos tampoco bajasen los brazos, pero ahí yacía, melancólico y perdido en sus ideas, mirando a la nada en tanto su cabeza reposaba sobre su pecho.

La cena estaba próxima a llegar mientras estaban recostados en el sofá, con la televisión de fondo, a la cual no le prestaban atención. En el rato que habían estado juntos, no había logrado sacarlo de ese estado de malestar que no recordaba haber visto.

—Tendrás que decirle a Haggard que no te moleste tan temprano, llega esta hora y muy apenas te mantienes despierto. —Continuó acariciando su cabeza mientras el vulpino se giraba para quedar boca arriba, con su cabeza todavía sobre ella para dejarse mimar.

—Es más fastidio que cansancio, aunque admito que esa loba sabe cómo quitarme el sueño. Siempre que hablo con ella es igual, hace que se me erice el pelaje por momentos.

—Ya te dije lo que pienso de eso, si vas a desconfiar tanto…

—Lo sé, Zanahorias, pero no puedo evitarlo, su información suele ser excelente. Por momentos es como hoy, que parece ser la mayor aliada que podamos conseguir, y otras veces no sabes si es jefa de la Hermandad o algo así. Me estresa no saber qué pensar de ella.

—En la ZPD puso varias cosas en orden, al manejarse más por el respeto que por el miedo, como hacía Bogo. No te digo que sea amada por todos, pero la reestructuración interna de la fuerza rendirá sus frutos a largo plazo.

—Igual ambos sabemos que no debería estar ahí, el sobrino de Lionheart debería haber asumido al ser jefe de la segunda circunscripción. El enfrentamiento final contra el ejército de Arcagma era para ver si alguno cometía errores, pero ninguno destacó más que el otro, el puesto era de él.

—Si Lionheart era parte de la Hermandad, creo que sería hasta lógico que su sobrino asumiera para tener control de la ZPD, pero no fue así.

—Porque les soltaron la pata, nadie quería a los Lionheart. ¿Has visto cómo se desplomaron sus acciones sólo en las últimas dos semanas? Está claro que la Hermandad dejó de asistirlos ahora que la cabeza de la familia ya no está, se sacaron un grandísimo grano del trasero.

—No puedo negar que era como un grano en el trasero, me habría encantado ver a Bogo darle una golpiza. —Nick dejaría escapar una breve risa ante los dichos de la coneja, sin duda habría sido la mejor despedida de todas.

—Si hace un año me decían que Bogo iba a retirarse yo mismo le hubiese armado sus valijas, el cabrón se hizo querer sólo al final de su carrera. —El zorro se tomaría una pausa al rememorar su dolorosa caída—. Sé que dices que no, pero no puedo dejar de sentir culpa por lo que pasó.

—Si no te hubieras metido a ver a Drew, Bogo seguiría con su plan y no habría muerto, bla bla bla…

—No te burles de mí, coneja desgraciada —exclamó Nick con cierta gracia—. Cuando supimos que Drew estaba con Tora, tendría que haber retrocedido por mí mismo, era obvio que lo usaría en mi contra.

—Ya estabas allí, Nick, ¿qué ibas a hacer? —preguntó de forma retórica, lista para decirle lo mismo que le decía siempre—. Uno puede quedarse fuera de la misión al principio y mentalizarse en que es mejor así, pero ya estabas a escasos metros de él. Además, el propio Bogo confió en ti y no te dijo que te fueras, nadie lo sugirió siquiera.

—Eso no me quita la idea de que fui un idiota irresponsable.

—Eres el idiota irresponsable más bonito de todos, por si no lo sabías.

—Estás usando mis poderes contra mí, no se vale. No puedes darme la razón, insultarme y halagarme al mismo tiempo, es trampa.

—Voy a recurrir a lo que sea con tal de que te saques esas ideas de la cabeza, necesitas dormir bien y la culpa no es buena compañía.

—Para buenas compañías estás tú, no hay mejor forma de conciliar el sueño que tenerte al lado —esbozó con aires de picardía.

—¿Se supone que debo sentirme halagada?

—Déjame reformular mis palabras: eres la única razón por la cual un desdichado como yo puede soñar con gusto todas las noches —indicó el vulpino cambiando su tono de voz por uno más profundo.

—Zorro astuto… —Judy se tomaría unos segundos antes de responder, quedando sonrojada ante la labia del zorro. No había arma más poderosa que sus palabras contra ella, aunque necesitaría algo más que sólo palabras, conforme avanzara la noche—. Por cierto, en lo que esperamos que llegue el delivery, ¿qué hay de las novedades de Jack que ibas a comentarme?

—Creí que lo mejor era esperar para la cena, pero viendo que se tarda… —Nick tomó aire, en tanto analizaba cómo resumir todo de la forma más breve posible—. El sujeto que mencionó Grace, el supuesto poseedor anterior del libro de los Lirios, los investigó hace tiempo junto a otros mamíferos. Ese grupo escribió varios volúmenes, aunque están perdidos y no hay forma de dar con ellos.

—Era demasiado bueno para ser cierto, sólo fue otro callejón sin salida.

—No te me adelantes, Rabo de algodón, no es tan malo como parece. Resulta que este sujeto, Calvert, habló de un documento que los Lirios buscan desde siempre y están dispuestos a cualquier cosa para obtenerlo.

—¿Documento?

—Para ser exactos, la declaración de la fundación de Zootopia —indicó el vulpino con serenidad, como si fuera algo poco relevante. Ella por su parte abrió los ojos de par en par y dejó de acariciar su cabeza—. No pares, Judy, necesito que sigas para poder concentrarme.

—¿No estás bromeando, Nick?

—No soy capaz de bromear con caricias de por medio, Zanahorias, ¿por quién me tomas?

—Me retracto de lo que dije hace segundos, eres un zorro de lo más torpe que hay —exclamó mientras volvía una vez más a acariciar su cabeza—. ¿Y bien?

—No seas ansiosa… Según Jack, podemos usar la declaración para que se maten entre ellos, es tan importante que todo aquel que la encuentre puede colocarse al mismo nivel que los propios líderes. Hay familias que la quieren para recibir el reconocimiento que les corresponde, y otras que quieren que desaparezca porque nunca firmaron y su poder se basa en una mentira.

—Es perfecto, haremos que ellos mismos se enfrenten. ¿Ya tiene Jack la declaración?

—Es ahí la parte complicada —esbozó por lo bajo el vulpino—. Calvert no tiene ni idea por dónde empezar a buscar, lo único que dijo es que los descendientes de Gormsson la tienen y desaparecieron hace mucho.

—Al menos es más de lo que teníamos hasta hace una semana. ¿No dio ninguna pista?

—Describió cómo lucían los Gormsson y habló de sus potenciales aliados, aquellos que deben haberlos ayudado a esconderse. —Nick se quedaría en silencio con los ojos cerrados durante algunos segundos—. Dime, Judy, del uno al diez, ¿cuántas posibilidades crees que haya de que Skye siga viva?

—No entiendo la pregunta, Nick.

—Con todo esto, muchas de nuestras incógnitas se terminaron de aclarar. Big protegió a Skye y antes de eso a su familia, porque él sabía que ellos…

—¿Tenían la declaración escondida? —Las mariposas en el estómago que Judy sintió, a medida que Nick hablaba de los descubrimientos de Jack, desaparecieron de un momento a otro para dejar una sensación de vacío—. Al menos hasta que podamos demostrar lo contrario de formas que todavía no imagino, tenemos que mentalizarnos en un diez.


. . . . . . . . . .

Cuando estaba enojado, solía quedarse en la ducha bajo el agua caliente durante largo rato, aprovechaba el tiempo con Scott si es que lo tenía cerca o se limitaba a hablar con Grace sobre sus problemas, pero estando solo en esa celda no tenía de otra más que masticar la bronca acumulada desde hacía meses y, que en ese preciso momento, había aumentado hasta límites inimaginables. Odiaba como nunca antes había odiado y sentía que no tendría reparos en acabar con Raines de tenerlo cara a cara; gozaría de verlo sufrir, de golpearlo e insultarlo a viva voz. Ese maldito idiota no sólo le había arrebatado todo, también lo había transformado en un mamífero diferente, algo que ni siquiera le pasó cuando estuvo secuestrado con Viktor.

Se encontraba desesperanzado, a diferencia de su estadía en la mina donde confiaba en que los suyos lo rescatarían. Además, al ayudar a los mamíferos secuestrados todo el rato mantenía un tanto mejor su cordura. Si bien ahora podía ver a Grace una vez a la semana y cada tanto podía hablar con algún guardia, la soledad era mucho más atroz al no poder enfocar sus ideas en nada positivo. De tener posibilidad alguna, se fugaría sin pensarlo para ir a buscar a Raines y darle su jodido merecido; después de todo, al menos lo condenarían por algo que sí haría.

Por las noches su mente se aceleraba más que durante el día, por lo que se hacían interminables. Intentaba no conversar con los criminales que pasaban por los calabozos, pero en momentos así necesitaba distraerse a toda costa. Observó a su alrededor haciendo uso de su visión nocturna y notó que los demás estaban dormidos; sería sin duda otra desvelada de aquellas en las que enloquecía un poco más.

Se apartó de su cama para hacer lagartijas, tal vez el cansancio del ejercicio lo ayudase a descansar mejor en un rato. Le había agarrado bastante gusto a la actividad física, en parte porque no tenía mucho más que hacer. A continuación, seguiría con unos abdominales, para lo cual volvería a su cama para estar más cómodo. Apenas haría un par cuando la puerta rechinó, por lo que se taparía con su manta con gran velocidad. Los guardias solían regañarlo cuando no estaba en su cama sin importar el motivo, mejor evitar problemas.

Escuchó pasos avanzando por el pasillo que llevaba a su celda, la última de todas. Parecía haber más de un mamífero, si su oído no lo traicionaba apostaba que serían unos tres. Su oído pronto captó un sonido desconocido, era como si algo surcase el aire y después impactara de forma seca. Los latidos se aceleraron en cuanto interpretó el escenario que lo rodeaba, eran dardos tranquilizantes para los demás, irían a por él.

Colocó su almohada encima de su cuerpo para que no le diera el dardo y permaneció boca arriba, colocando ambas patas sobre su pecho para golpear al primero que se acercase. Respiró con gran profundidad y contuvo el aire cuando escuchó que abrían la puerta, por alguna razón se ahorraron el disparo con él. Al observar de reojo, vería que sus enemigos eran dos coyotes y un puma, la tenía demasiado difícil.

Apenas sintió contacto físico, golpeó a uno de los coyotes con el mejor zarpazo que pudo conectar. Tomó la almohada para lanzarla al rostro del puma e intentó evitar al coyote restante, pero este lo tacleó y, al caer encima de él, lo dejó sin aire. Esperó una golpiza en respuesta, pero nada de eso llegaría. El gran felino lo sujetaría mientras el coyote al cual golpeó lo amordazaba; el tercero en discordia, se acercó a su cama para tomar las sábanas y comenzó a atarlas y enrollarlas.

De un segundo para otro terminó de comprenderlo todo: no le habían disparado porque la anestesia podría aparecer en un examen toxicológico, tampoco lo golpearon porque en la autopsia se darían cuenta que, eso que le estaban por hacer, no era un suicidio. En un santiamén, las sábanas quedaron listas alrededor de la cañería de calefacción que atravesaba las celdas y la horca estaba a la altura ideal. Sin poder combatir contra la fuerza del puma, y con la escalofriante mirada de los coyotes encima, la sábana que pasaba alrededor de su cuello se tensó. El felino lo soltó de una vez y entonces comenzó.

El dolor de cabeza no se haría esperar y con ello un aumento de la temperatura que poco a poco fue creciendo. Sus patas ahora pesaban lo mismo que las de un elefante y los pinchazos que sentía alrededor de su cuerpo eran en extremo desagradables. Estando en un limbo entre ambos mundos, sus deseos de luchar pronto se apagaron. ¿De qué servía al fin y al cabo? Mientras sus tres asesinos disfrutaban el desagradable espectáculo, relajó su cuerpo a la espera de que todo terminase pronto. Destinaría sus últimos pensamientos a sus allegados, era el último lujo que podía darse.

Creyó oír un leve sonido por un momento, hasta que algo cayó de forma pesada. ¿Sería su propio cuerpo? ¿Se habrían desatado los nudos para prolongar su agonía? Estaba en el límite de la consciencia y ya no sentía control sobre su cuerpo. Pronto caerían más cosas. ¿Qué rayos sucedía?

Sintió una presencia silenciosa a su lado y entonces una increíble llamarada quemaría su garganta. Comenzó a toser agitado a medida que el oxígeno volvía a pasar, era la sensación más desagradable que había experimentado jamás, pero el mayor alivio de todos al mismo tiempo. Alguien lo llamaba por su nombre, pero no podía hacer más que temblar como una gelatina, dirigirle la mirada implicaba un esfuerzo para el que no estaba listo.

La figura se pondría frente a él y le daría un par de golpes suaves en el rostro para intentar despertarlo de su letargo interminable. Lo ayudó a ponerse de pie y a caminar mientras se apoyaba sobre su cuerpo, era un tanto más pequeño que el suyo, pero parecía ser bastante fuerte.

A medida que caminaba, la sangre fue fluyendo con normalidad nuevamente y volvió en sí cuando ya faltaba poco para llegar a una de las salidas traseras. Pudo observar a un par de guardias dormidos en el trayecto, pero no podía determinar si fueron atacados por quien le salvó su vida o por quienes quisieron arrebatársela.

El mamífero, sobre el cuál cargaba cada vez menos su propio peso, le susurraba todo el tiempo que se mantuviera despierto, que respirara con lentitud y de forma consciente y también que le siguiese el ritmo. En cualquier momento podían llegar nuevos enemigos y debían abandonar el lugar cuanto antes.

El aire del exterior se sentía diferente, era más limpio y agradable. Se frenaría por un momento para separarse de quien lo ayudaba, ya se sentía en condiciones de caminar por sí mismo, aunque con cierta torpeza. De este modo, se dirigiría hacia una motocicleta mientras esa voz femenina seguía presente en todo momento; era grácil y suave, la reconocía de algún lado pero seguía bastante aturdido para saber a quién pertenecía.

Al estar bajo la luz de la luna, la figura que lo rescató de su muerte inminente terminó de tomar forma de una vez. Su cola esponjosa dejaba ver que su pelaje era blanco y tenía orejas triangulares con las puntas redondeadas. Estando frente a ella, comenzó a dudar si en serio había logrado escapar, o si estaba junto a un espíritu que lo guiaría hacia el más allá.