Siendo las cuatro treinta de la madrugada, su alarma lo despertó como de costumbre. La dejaría sonar mientras inhalaba hondo y procedía a sentarse sobre la cama, tomándose todo el tiempo que fuera necesario. Ya de pie, dio fin a ese ruido infernal y se encaminó hacia la cocina a por un poco de agua fría. Unos pocos sorbos bastarían para ayudarlo a espabilarse, acompañados de un par de pastillas que tomó de la alacena. El siguiente paso de su rutinario amanecer sería dejar calentando la tetera y un saquito de té de vainilla en una taza, con una cucharada pequeña de azúcar.
Ya de nuevo en su habitación, encendió su computadora de escritorio por un lado y la portátil por otro, con la cual se quedaría recostado entre sábanas. Era el horario ideal para visualizar los movimientos de la Hermandad, con las actividades nocturnas realizadas y las de la mañana terminando de programarse por lo general.
El spyware tardaba unos pocos segundos en cargar la información obtenida del servidor de la Hermandad: conversaciones que se mantenían por canales internos, fotos, estadísticas, proyecciones económicas, listados con ventas, direcciones y un largo, muy largo, etcétera. Si bien el sistema era seguro para mantener a los visitantes indeseados fuera, al contar con cuentas que su hermano le dio, pudo saltarse las barreras de seguridad con gran facilidad. Por lo pronto, debía aprovechar su estadía allí para recolectar toda la información que estuviera a su alcance; Mycroft parecía estar decidido a aprovechar todos esos recursos para su beneficio y encontraría el modo de bloquearlo tarde o temprano.
La decisión de su hermano le había quitado el sueño; estaba tan preocupado como enojado por todo ese asunto, pero al pensar en frío se percató de que debería haberlo visto venir. Mycroft incrementó su nivel de ambición en el último lapso de tiempo, siendo demasiadas las veces que actuó en conveniencia propia, alejándose poco a poco de su objetivo inicial hasta encontrarse en la vereda opuesta. Se maldeciría a sí mismo hasta el final de sus días por no haberlo parado al tiempo, por dejarlo pasar bajo la creencia de que no actuaría mal sólo por ser su hermano.
A medida que se comenzó a descargar la información de la noche previa, Mycroft fue abandonando su mente para dejar lugar a otro mamífero. Parecía ser que alguien había liberado a Andrew Wilde, era un vulpino de blanco pelaje y ávido en combate que llegó justo a tiempo, según los testimonios e informes que leyó. El enojo que podría haber experimentado, ante el ataque de su hermano contra el zorro, no podía compararse con el gozo de haberlo visto fallar. El escenario dispuesto para los eventos futuros lucía más que interesante ahora, con Wilde fuera, la Hermandad preguntando y con la ex-agente Steppefurd viva.
Hasta donde tenía entendido, Blackwell tenía una gran obsesión con ella por motivos que ignoraba. Si él había sido visto cerca de ella antes de su defunción, tenía sentido que se la llevara consigo. Además, ¿cuántos mamíferos podían estar al tanto de la Hermandad, infiltrarse en sus servidores para saber que atacarían a Wilde y coincidir con la descripción física? Con las cartas puestas sobre la mesa, no quedaba duda alguna respecto a la identidad del desconocido que barrió el suelo con la Hermandad de inútiles. Dibujó una amplia sonrisa en su hocico, sentía ansiedad por ver cómo se desarrollarían las próximas peleas de sus propios enemigos contra quienes fracasaron al querer detenerlo.
El silbido de la tetera hirviendo dejó de ser el único sonido que invadía su hogar, luego de que alguien abriera la puerta del frente con una llave. Sólo existía un mamífero que tuviera acceso a su vivienda, por lo que procedió a esconder su laptop debajo de la almohada. Tomaría la bata que dejaba siempre lista sobre una silla y luego se encaminaría hacia la cocina para apagar la tetera.
Pasó por la sala de estar y observó a Mycroft de reojo, ignoró su llamado sin importarle que estuviera acompañado de un león y dingo. Era su propia casa, nadie le diría qué hacer dentro de ella y mucho menos luego de aparecer de esa forma y a esas horas. Vertió el agua en su taza y revolvió con lentitud usando una cuchara, mientras su hermano no dejaba de insistir. Vociferaba sobre sus planes frustrados respecto a Andrew Wilde, echándole la culpa.
—Buenos días, alcalde y matones de turno —exclamó al volver a la sala de estar—. Lamento no poder ofrecerles nada, pero sólo preparé agua para mi té. —Daría un sorbo mientras se sentaba en su sillón, dejando luego la taza sobre una pequeña mesa de vidrio mientras estudiaba a los presentes—. A decir verdad, no lamento nada, los intrusos no me interesan en lo absoluto. Ninguno de ustedes es merecedor de mi tiempo. —La tranquilidad con la cual se expresó, en tanto les esquivaba la mirada, dejó con cierta inquietud a Mycroft. Conocía a su hermano lo suficiente para saber que cualquier cosa podría suceder a continuación.
—Te dejé tan claro como el cristal que no quería que te entrometas en nada y no tardas más que unas pocas horas en hacer de las tuyas.
—Vienes al lugar equivocado, yo no tengo nada que ver. —Mycroft haría una seña a sus matones para que revisaran el lugar—. Veo que pones mi palabra al mismo nivel que la tuya, es muy feo de tu parte.
—¿Puedes dejarte de circos? ¿Dónde lo tienes?
—Aquí, en el bolsillo de mi bata, ven a buscarlo —indicó con tono burlón, disfrutando el momento—. Sé que Andrew Wilde huyó luego de intentar ser asesinado, pero no tengo nada que ver, si no me crees no es mi culpa. A diferencia de tu nuevo enemigo, no tengo cola de zorro ártico, ni orejas de zorro ártico, ni pelaje… de ningún tipo.
—¿Y quién dice que no enviaste a alguien a hacer el trabajo?
—Mi billetera vacía habla por mí, yo que tú le creo. —Mycroft golpeó la mesa que los separaba y se quedó en silencio.
—¿Cuál es tu jodida obsesión con ese tipo? En serio, es que no lo entiendo, si hasta pensabas matarlo.
—En su momento era un favor personal para honrar la memoria de Sánchez, lo único que tenías que hacer era dejarlo vivo donde estaba, pero en vista de que has ido en contra de tu palabra, me dieron ganas de verlo fuera de prisión a toda costa —explicó el lince con pereza mientras se estiraba—. Sumado a eso, lo que me dijiste sobre tus planes me tiene bastante molesto y me apetece contrariar lo que hagas. Aun así, y con todo eso, no tuve nada que ver y no sé qué pasó con Andrew Wilde.
—Te conozco lo suficiente como para saber que ocultas algo, así que si no me das opción…
—¿Qué harás? ¿Mandarás matones a matarme mientras duermo como con Andrew Wilde? Podrías aprovechar que los tienes aquí, si quieres intentar algo.
—¿No te cansas de exagerar? —preguntó Mycroft, cada vez más cansado por la actitud de Viktor—. Vendrás conmigo, te llevaré a algún lugar donde pueda vigilarte.
—Sabes que detesto a que me obliguen a hacer cosas en contra de mi voluntad. —Al terminar de hablar, el dingo apoyó una de sus patas sobre su hombro para dejar en claro que no tenía voz ni voto—. Supongo que así serán las cosas… ¿Puedo vestirme cuanto menos?
—No me preguntes tonterías, claro que puedes. Sólo llevarás lo que tengas puesto, enviaré a alguien para que te busquen más ropa luego.
Viktor se puso de pie refunfuñando, pero al darle la espalda a su hermano dibujaría una sonrisa socarrona. El dingo lo acompañó hasta su dormitorio para evitar que recurriera a trucos de cualquier tipo, mientras que Mycroft se quedó esperando a la par del león.
El lince se quitaría la bata frente a su armario y le pediría al dingo que se diera la vuelta por unos segundos. Sin tardarse demasiado, se pondría unos pantalones cómodos, una camisa holgada, una campera de lana y prepararía un abrigo extra por si acaso. Estando vestido, levantó las patas en señal de rendición y el matón que tenía consigo revisaría que no hubiera nada en sus bolsillos. El cánido le dio la espalda a Viktor, todavía con las patas en alto, una vez que volvieron con Mycroft.
—¿Lo revisaste bien? ¿No tomó nada sospechoso? —El dingo respondería a su jefe negando con la cabeza—. Baja las patas, Viktor.
—Díganme, muchachos, ¿saben ustedes para quién trabajan? ¿Saben además quién soy yo? —preguntó Viktor desafiante, todavía con las patas en alto, obteniendo sólo silencio.
—No tienen nada que ver con mi emprendimiento, lo único que saben es cuánto van a cobrar y no necesitan saber más —indicó su hermano, ya sin paciencia.
—Emprendimiento, curiosa forma de decirle a tus amigos de la flor…
Sin esperar a la respuesta de su hermano, Viktor bajó las patas y por debajo de su manga apareció un pequeño táser. Antes de posibilitar cualquier reacción de parte de sus enemigos, electrocutó al dingo y tomó la taza con té caliente para lanzarla hacia el rostro del león. Para cuando el gran felino intentó responder, Viktor ya tenía la pistola que robó al dingo lista para matarlo. Sin meditarlo ni un segundo, dejó en evidencia su gran puntería al depositar una bala en su ojo izquierdo.
—Espero que no te moleste, pero acabo de decidir que no iré contigo —exclamó Viktor, tomando la cabeza del dingo mientras este intentaba incorporarse—. Que vengas a imponerte de este modo en mi casa, me deja muy en claro que no confías en mí. —Un súbito movimiento haría sonar el cuello del cánido, que se desplomaría en el suelo—. Y que me tomes a la ligera, además, me parece en exceso insultante.
—Quise hacer esto por las buenas, iba a llevarte a un buen lugar fuera de la ciudad, donde podrías seguir tu tratamiento y vivir bien. —Mycroft se agacharía para buscar el arma que el león no había llegado a empuñar—. ¿Por qué todo tiene que ser a tu forma? ¿¡Por qué no puedes limitarte a hacer lo que te pido!?
—No tienes lo que hace falta para matarme, así que, si me disculpas, iré por un par de cosas antes de despedirme —expresó Viktor, dándole la espalda sin el más mínimo de los temores. Buscaría la laptop que dejó bajo su almohada y una mochila para llevarla junto a su cargador y una pistola más.
—Siempre te has creído la gran cosa, subestimando a todos los que te rodeamos. ¿Y sabes qué? ¡Deberías estar de rodillas pidiéndome clemencia!
—No seas ridículo. —Viktor acompañaría sus palabras junto con una bofetada en la mejilla izquierda de su hermano—. Voy a irme y no me volverás a ver hasta que sea lo suficientemente tarde, pobre de ti cuando llegue ese momento.
—¡Podría dispararte ahora! —rugió luego de empujarlo, procediendo a elevar la pistola.
—Papá siempre nos decía que, si íbamos a hacer algo, debíamos hacerlo bien y sin dejar las cosas a medias. Si tanto quieres sacarle provecho a la Hermandad, dispárame ahora y al menos cumple con eso, demuestra ser tan fuerte como se supone que deberías ser. —Al ver cómo temblaba el arma y Mycroft sólo titubeaba, Viktor negó con la cabeza y se encaminó hacia la salida, pasando por completo de quien alguna vez fue su par—. Sí que resultaste ser una desgracia, eres patético.
—Patético… ¿Patético? —preguntó de forma retórica, sin voltear a ver a su hermano—. Sigo teniendo una bomba en posesión, de las grandes, de las peligrosas. ¿Quieres ver lo que hago con eso? Ya verás lo que resulta ser alguien patético.
—Te invito a que lo hagas, destruye Zootopia y todo lo que ello implica, sabes que no me importan las pérdidas.
—¿Aunque también muera Herbert con la explosión? —Con su silencio, Viktor le concedería a su hermano una pequeña victoria—. Mientras tengas algo por lo que luchar, sé que no te irás de aquí e intentarás detenerme. Veamos quién tiene mejor suerte.
—La suerte es para los mediocres, y sólo hay un mamífero mediocre bajo este techo. Que gane el mejor. —Ya sin más que decir, el felino se retiró dejando atrás a su hermano, con todo lo que eso significaba.
. . . . . . . . . .
Sus ojos se abrieron súbitamente, algo no estaba bien. Siempre tuvo el sueño liviano y, con los acontecimientos recientes, ahora mucho más. Despertar varias veces por la noche ante el más mínimo sonido era tan frustrante como agotador, pero este no fue el caso. Se sentó sobre su cama con tal rapidez que tuvo que tomarse unos segundos para no marearse.
Dirigió su mirada hacia el cajón donde guardaba su pistola por instinto, pero tenía miedo de tenerla otra vez en sus patas y se resistió a tomarla de forma impulsiva. Respiró por su nariz con los ojos cerrados, buscando algo de calma. Sin lugar a dudas, había alguien subiendo las escaleras que llevaban hacia los dormitorios. Los pasos eran suaves y el rechinar de los escalones apenas perceptibles, el intruso no era un don nadie a diferencia de la vez anterior; necesitaría de una precisión y velocidad excelsa para arremeter contra él antes de que fuera a por ella o por Scott.
Sin salir de su cama, abrió el cajón que contenía la pistola evitando hacer ruido y la tomó con su pata diestra. La puerta estaba a sólo un par de metros, pero el intruso ya se había encaminado hacia su dormitorio y lo tendría encima al disparar. No sabía si ya estaba con un arma enfundada o algún tipo de protección, por lo que su mejor opción sería esconder la pistola, fingir estar dormida y esperar el momento adecuado.
Su enemigo abrió la puerta con la misma lentitud con la que subió las escaleras y ya no avanzó. Su voz terminaría por cortar la tensión a la que la vulpina se vio sometida, que dejaría ir un suspiro al oír cómo Langley la llamaba por su nombre. Al ver que Grace se incorporó y dejó su pistola en la mesa de luz, la mapache contuvo la respiración mientras la observaba confundida; no podía culparla de todos modos.
—¿Qué haces aquí, Sarah? —preguntó yendo directo al grano—. ¿Y por qué no me llamaste antes de entrar? Casi hago una locura.
—Ve a por Scott, te explicaré en el camino. —Grace rechistó pero obedeció sin cuestionar. Si el tiempo no estaba de su lado, mejor no entorpecer.
—De acuerdo, pero quiero que me pongas al tanto de todo. —Langley asintió en tanto la vulpina se vestía—. ¿Hace falta llevar algo? —Recibiría una negación como respuesta—. Pocas palabras, entiendo.
Teniendo encima sólo sus ropas, su billetera y teléfono apagado, Grace fue a por su hijo. Si era difícil despertarlo por la mañana, hacerlo de madrugada era el doble de complicado. Ante su falta de respuesta, tomaría la primera muda de ropa que encontró en el ropero y luego lo cargó para llevarlo; ya habría tiempo para cambiar el pijama después.
Acompañaría a Langley a la planta baja y se encaminó hacia la entrada principal, pero la mapache la tomó de su pata para indicarle que debían irse por la salida trasera. Ya en el exterior, tomaron un banco para pasar al otro lado de la cerca y de ahí avanzarían hasta la siguiente para saltar al siguiente patio, repitiendo el proceso unas cuantas veces. Luego Langley pidió que se detuvieran frente a la puerta que llevaba al interior de la casa de uno de los tantos vecinos del barrio. Le indicaría que haga silencio mientras abría la puerta, forzada con anterioridad. Continuaron en cuclillas hasta llegar a la entrada, que también fue abierta a la fuerza, y saldrían a la calle; se ubicaban al otro extremo de la cuadra, nadie que vigilara la vivienda Wilde los vería huir.
La mapache contaba con un auto destartalado de color azul, estacionado en la esquina. En tan solo un instante ya habían abandonado el barrio y se dirigían a quién sabe dónde. Al observar que no eran seguidos por nadie, Langley tomó algo de aire y comenzó a hablar.
—Perdona todo este lío, tuve que improvisar bastante. No sabía si alguien podía vernos al salir, si había micrófonos escuchando o alguna de esas mierdas —explicó Langley, pisando el acelerador cada vez más a fondo—. Nos reuniremos con Nick, me pidió que vaya a por ti, Finnick también estará. El enano los ayudará a ustedes dos a esconderse por ahora.
—Vayamos a lo más importante, Sarah —exclamó Grace, observando por el rabillo del ojo cómo Scott todavía seguía durmiendo, envidiaba su capacidad de dormir con tal profundidad—. ¿Qué pasó?
—Son buenas noticias, o al menos eso queremos creer. —El acelerado corazón de la vulpina sólo incrementaría el ritmo de sus latidos—. Alguien que desconocemos sacó a Drew de su celda —la respiración de Grace se detendría—, se contactó con Finnick y él le pasó el mensaje a tu cuñado por un teléfono descartable, después él me habló a mí y aquí estamos.
—¿Están seguros…? —Hablar se convirtió en todo un reto de pronto, su garganta parecía cerrarse—. Estoy que no me lo creo.
—¿Apagaste tu teléfono? —Grace asintió—. No debemos adelantarnos a nada, podría ser una trampa, pero si todo sale bien… Tienen que irse Grace, lejos, donde sea. Al menos hasta poder terminar con todo esto.
—No hace falta que me lo repitas dos veces —susurró con una tímida sonrisa, temiendo alegrarse demasiado por algo que podía no salir bien—. ¿Saben dónde está? ¿Cuándo podremos verlo?
—Esta noche supuestamente, nos darán una dirección para ir a por él.
—¿Y por qué no ahora? —preguntó la vulpina.
—La Hermandad está buscándonos a todos y Drew parece estar herido, si bien no parece muy grave está limitado y es muy riesgoso exponerse. Esperaremos un poco mientras nos escondemos y cuando llegue el momento preciso iremos a por él, tú tranquila.
Habiendo recorrido algunos kilómetros, abandonaron el vehículo para adentrarse en un callejón. Nick y Finnick los estaban esperando ya, se veían dubitativos y cansados, pero se notaba cierto halo de entusiasmo en sus miradas. Todos compartían las mismas sensaciones y temores.
Scott despertó al sentir el frío de Tundratown y la expresión en su rostro lo decía todo; abandonaría las patas de su madre para acercarse al par de vulpinos y abrazarlos. Siendo tan solo un cachorro comprendía que no estaban ahí por casualidad, pero verlos siempre lo reconfortaba y sólo con ello ya era feliz. Sin embargo, se ahorrarían la noticia por ahora, mejor esperar a que todo saliera bien para no ilusionarlo en vano.
. . . . . . . . . .
Tanto Nick, en primer lugar, como los medios después, la pusieron al tanto de la situación. A medida que Nancy se acercaba a la ZPD, con su característica verborragia, sólo había un par de ideas que ocupaban su mente: los periodistas en la entrada actuando como pirañas, junto a las miradas clavadas en su espalda. Se había acostumbrado a lidiar un tanto con dichos escenarios, pero hacerlo ahora mismo opacaba un poco la buena vibra con la que se encontró al despertar.
Su compañera rodearía el complejo para aparcar en el estacionamiento, buscando evitar a los curiosos y preguntones. Antes de doblar, ambas se sorprenderían gratamente al ver a Haggard hablando frente a un atril, con varios mamíferos abandonando la zona luego de sus declaraciones; Bogo estaba tan cansado de hablar con la prensa que evitaba todo encuentro directo que le fuera posible, pero la loba parecía disfrutar un poco de la exposición y el protagonismo. Con algo de suerte, se desharía de ellos pronto.
Nada más adentrarse a los pasillos de la ZPD, Wolford, Delgato, Osorio y unos cuatro nuevos reclutas, dirigidos con anterioridad por Haggard en la tercera circunscripción, le bloquearon el paso. Pese a los comentarios de Nancy, sus compañeros permanecieron en silencio rodeándolas; todos sabían el porqué de la emboscada, no era necesario hacer preguntas.
—Está bien, Nancy, te alcanzo luego —indicó Judy rompiendo el ambiente. Recurriendo al silencio, la jabalí asintió y siguió su camino sin mirar atrás, la coneja se veía confiada en sí misma—. Entonces, caballeros…
—¿Cómo has estado, Hopps? —preguntó Wolford, con un tono particularmente bajo en lo que a él respecta—. Te ves como si hubieras dormido bien, tus ojeras han desaparecido. Apuesto a que te has estado acostando temprano.
—Así es, mi horario de sueño se normalizó bastante. —Judy logró leer entre líneas al lobo, quien quiso saber si en algún momento de la noche se había encontrado con Nick—. ¿Quieren que hablemos aquí o vamos a algún otro lugar?
—Aquí está bien, Hopps, no llevará mucho después de todo. Tengo entendido que Haggard quiere hablar contigo, una vez que termine con los medios. —Delgato le dirigió una sonrisa amable luego de su comentario, indicándole que todo estaba bien entre ellos—. Sólo queríamos saber cómo estabas, hace mucho que no hablamos.
—Desde que Wilde se fue no te has apartado de Nancy —señaló Wolford, retomando la palabra—. Hablando de nuestro amigo vulpino en común, se ha metido en un nuevo gran lío. Me pregunto dónde estará ahora mismo…
—Ojalá pudiera saberlo. —Wolford asintió, comprendiendo que la coneja no sabía de momento cómo encontrarlo.
—Sigues teniendo amistades en la ZPD, así que cuenta con nosotros para lo que sea que necesites. —Disimulando menos que sus compañeros, Osorio le guiñó un ojo a la coneja. Ella por su parte le devolvió una sonrisa con cierta complicidad, le reconfortaba saber que Nick seguía teniendo aliados en caso de necesidad—. Por cierto, ellos son Harry, Steve, Alex y Bruce, se graduaron junto con nosotros en la academia y son grandes admiradores de tu trabajo con los Aulladores. Puedes contar con ellos como lo harías con nosotros.
—Muchas gracias, chicos, fue bueno hablar con ustedes. —Nadie le respondió a Judy al cabo de unos segundos, dejando en claro que estaba todo dicho. Sin perder el tiempo, la coneja seguiría su camino—. Iré a ver si Haggard ya terminó con los periodistas, no quiero hacerla esperar.
—Por cierto, Hopps, quizás Haggard se tarde un poco más, he escuchado que el alcalde quería hablar con ella —exclamó Delgato—. Aunque, a decir verdad, no recuerdo si es que está en camino o si ya está aquí. —Judy asintió y luego les dio la espalda para ir a la oficina de su jefa.
Sabiendo que tarde o temprano se cruzaría con Raines, su corazón se comenzó a acelerar. Pensó en desviarse para saludar a Garraza, pero lo mejor sería tomar al toro por los cuernos. Había dos posibilidades: el alcalde iría a recriminarle a Haggard la huida de Drew, o le hablaría a ella misma para enviar un mensaje a Nick y los demás; o tal vez ambas opciones eran válidas.
La adrenalina comenzó a erizar su pelaje a medida que se acercaba. Si bien antes se enfrentó a criminales de gran peso, como Crncevic, ahora estaría frente a frente con una de las mitades de Arcagma. Tendría que contenerse más que nunca para no abalanzarse contra uno de los monstruos que aprobaron el ataque contra su familia.
Se detuvo en la entrada de la oficina, con las orejas en alto para intentar oír si había mamíferos en el interior. Su respiración estaba entrecortada y su cuerpo congelado, el miedo se apoderó de ella a niveles que nunca había experimentado. Intentó calmarse, pero fue en vano, permanecería estoica hasta que una voz familiar la llamaría por su nombre. Haggard recién llegaba y la invitó a pasar, con cierta sorpresa en su rostro.
—¿Hace mucho que estás esperando? —preguntó con curiosidad la loba, en tanto abría la puerta y se adentraba en su despacho.
—No, está bien, sólo golpee una vez. —Un tanto avergonzada por haberse dejado llevar por el miedo, Judy mintió mientras acompañaba a su jefa. Brincaría luego hacia uno de los asientos, sabiendo que Haggard era más accesible que Bogo y le permitía a sus oficiales actuar con cierta libertad.
—Me alegro entonces —replicó mientras también tomaba asiento—. Le comenté a un par de oficiales que quería verte pero no era ahora exactamente, por suerte me pude deshacer rápido de la prensa. Ahora bien, en cuanto a lo que nos compete —Judy sentiría un escalofrío subiendo por la espalda—, sólo estás aquí para hacer de mensajera, quiero que hables con Wilde.
—No sé dónde está Nick, jefa Haggard.
—Lo sé, Hopps. Ahora bien, el mensaje. —La loba había pasado por completo de su comentario, evitando perder el tiempo—. Dile que ahí explico dónde está 5F15, él entenderá. —Haggard le alcanzaría un sobre—. Tengo entendido que todo este tiempo ha desconfiado de mis intenciones, pese a que nos hemos ayudado en más de un aspecto. Comprendería que no quiera asistir a nuestro encuentro, así que ahí habrá un par de cosas que tal vez le permitan confiar más en mí.
—¿Eso es todo?
—Cuento con tu discreción, algo me dice que podrás sortear las miradas de mamíferos curiosos y llegar a él sin problemas. —Judy guardó el sobre, asintió y luego bajó de su asiento. Se acercaría a la salida cuando la puerta se abrió de forma brusca, a patas de Raines.
—Aléjense, quédense afuera —indicó de mala gana, refiriéndose a los matones que lo acompañaban—. Veo que llego en buen momento, no esperaba encontrarlas a las dos, pero la invito a quedarse, agente Hopps.
—Hopps ya se iba. —Judy volteó a ver a su jefa y dio un paso hacia adelante, pero el lince se interpondría en su camino.
—Insistiré con mi invitación. —Raines se mostraba inflexible, con una llama intensa en su mirada. Judy se perdió en ella por un par de segundos, hasta que el alcalde volvió a hablar—. Toma asiento, Hopps, dudo que alguien aquí haga algo importante, no te perderás de mucho. —Sin volver la mirada a su jefa, Judy le dio la espalda a Raines y volvió a donde estaba hasta hacía unos segundos.
—No toleraré estos comportamientos con mis oficiales, la alcaldía no me va a pisotear como Lionheart a Bogo y menos en mi despacho. La próxima vez…
—Cállate, Haggard, tú ni siquiera deberías estar aquí. —En lugar de ofenderse ante el ataque de Raines, la loba sólo sonrió como provocación—. Ya te dejé en claro lo que pasaría si Andrew Wilde se escapaba de tu propio territorio, vengo a sacar tu trasero de aquí personalmente para darme el gusto.
—Lo reto a intentarlo sin sus matones. —Haggard se puso de pie—. Si Bogo decidió que mi lugar estaba aquí y el del sobrino de Lionheart bien lejos, vaya a llorar con alguien más —expresó sin perder la calma.
—No eres intocable, Haggard.
—Ni tú todopoderoso, Raines. —Judy observaba atónita la pelea entre dos titanes. Lejos de sentirse incómoda, el ver a su jefa oponerse al mismísimo Arcagma la llenó de valor—. No puede despedirme como si fuera su secretaria, busque una orden del concejo y luego vuelva a traer su trasero aquí. Ahora, si me disculpa…
—¿Tienes trabajo que hacer? Y un carajo, sólo te la pasas yendo de un lado a otro, hablando con vagabundos, fingiendo tener el más mínimo poder. Sigues siendo un peón, y cuanto antes entiendas que debes hacer lo que se te ordena, mejor será para tu carrera. —El lince desviaría la mirada hacia Judy—. En cuanto a ti, sé de tu relación con Wilde, así que prepárate para ir despidiéndote de este lugar.
—Seré yo quien disponga con qué oficiales contar, así que le recomiendo, encarecidamente, que termine con esta escena y se retire para poder continuar con nuestro trabajo —exclamó Haggard, con la paciencia al límite y comenzando a elevar el tono de voz.
—Todos los mamíferos involucrados en el caso Arcagma fueron retirados de sus respectivos cargos luego de los desastres ocasionados, si Hopps siguió aquí fue por su historial. Ahora, con Wilde de nuevo ocasionando problemas, quiero que todo allegado de él sea vigilado y alejado de sus funciones, esta coneja más que nadie.
—Con todo respeto, señor, la jefa Haggard ya lo invitó a retirarse de forma cordial. —Raines se contendría y dejaría escapar una risilla nerviosa, que la loba se impusiera ante él era una cosa, pero que lo haga una simple oficial era el colmo—. Ya me estaba yendo, así que puedo acompañarlo hacia la salida si así lo desea.
—Esto no se quedará así, no lo permitiré de ningún modo. — Raines saldría de la oficina, pero antes de cerrar se quedaría mirando a Judy—. Pronto nos volveremos a ver, agente Hopps.
. . . . . . . . . .
El sabor agridulce de su encuentro con Raines no se disipó a lo largo de la jornada. Nancy le hizo compañía durante la mayor parte del día mientras estuvieron en informes, pero luego la dejaría sola cuando le llegó su turno de patrullar; para evitar problemas, Haggard le ordenó quedarse a resguardo dentro de la ZPD. Hubo varios mamíferos ajenos a la fuerza policial yendo y viniendo durante todo el día, logrando que los rumores se acrecentaran como nunca antes: la loba sería suspendida y dejaría su puesto a partir del día siguiente.
Desde su llegada, no hubo oficial que no viera a Haggard como en su tiempo se hizo con Bogo. El búfalo era odiado y amado a partes iguales, blanco o negro, pero la nueva jefa contaba con matices y eso despertaba desconfianza en propios y extraños. Todos sabían cómo era Bogo y, por ende, cómo lidiar con él, pero Haggard era un enigma andante. Gracias a Nick sabía de su extensa red de información, algo impropio de un mamífero de su jerarquía, y eso despertaba más dudas. ¿Qué es lo que buscaba? ¿Se muestra amigable para ganar su confianza o en serio es así? ¿Se hace odiar por los altos mandos y políticos en su afán de competir con ellos o era una tapadera? ¿Por qué su interés en Nick habiendo terminado el caso Arcagma?
Si algo no se podía negar, era que bajo el mandato de Haggard se elevó el nivel eficiencia en la fuerza; en contraparte, haber reubicado a miembros antiguos de la ZPD fuera de la primera circunscripción para dejar lugar a sus mamíferos de confianza generó varias disputas. Las constantes contradicciones entre su decir y actuar conllevó una gran fragmentación en varios grupos pequeños y constantes fricciones, pero a su vez cada grupo daba lo mejor de sí mismo en competencias que, si bien no tenían sentido, sacaban lo mejor de ellos. Su curiosa forma de dirigir la ZPD tal vez dejaba bastante qué desear, aunque al pensarlo en frío los resultados estaban a la vista. Sin embargo, eso ya no importaba ahora que el sobrino de Lionheart tomaría su lugar de forma temporal, o quizás por más tiempo.
Con la jornada llegando a su fin, tomó sus cosas, las dejó en un bolso que siempre la acompañaba a la ZPD, se despidió de aquellos con los que se cruzó y esperó por Nancy en la entrada. Aunque su amiga podía ser muchas cosas, no era impuntual y no tardó más de un minuto en llegar con la patrulla. En tanto esperaba a que ella le dejara las llaves a Garraza, una sensación extraña comenzó a sentirse cada vez más intensa. Como si se tratara de un sexto sentido, podía percibir cómo alguien la estaba observando fijamente, estudiándola, analizando qué hacía.
Comenzó a estirarse hacia un lado y luego hacia otro, acompañando sus movimientos con una evaluación del ambiente que la rodeaba, disimulando tanto como le era posible sin perder la calma. Del otro lado de la calle había varios autos estacionados, debía de ser ahí. Volteó hacia la entrada para buscar a Nancy con la vista, intentando ignorar la molesta sensación que la invadía, pero era imposible. Era algo propio de su especie, heredado de antaño cuando sus antepasados todavía se movían en cuatro patas y debían estar alerta a todo peligro existente.
Su teléfono vibró, acelerando su corazón hasta el máximo. El número era desconocido y el mensaje terminó por darle la razón, alguien la esperaba al otro lado de la calle. Chillona como siempre, Nancy entorpecería sus ideas y la ayudaría a alejarse del pánico. Sin darle tiempo a hablar, pensó rápido, en frío y con todos los escenarios habidos y por haber ya listos en su cabeza.
—Nancy, no tengo tiempo —dijo en primer lugar, cortando el rollo entre ambas con apenas unos susurros—. Actúa normal y préstame atención, esto es muy importante.
—¿Qué te pasa, Judy? Me estás asustando —exclamaría fingiendo conservar la calma.
—Hay un auto negro detrás de mí, me acaban de pedir que suba ahí.
—¿Y piensas hacerlo?
—No tengo opción, por eso ahora todo dependerá de ti.
—Bien, sólo dime qué hacer. —Aunque la coneja podía ver el pavor en sus pupilas, la convicción de Nancy era fuerte, sabía que estaba en buenas manos.
—Mira tu teléfono, tienes que enviar un mensaje a este número. — Nancy observó la pantalla y al cabo de un par de segundos asintió—. ¿Lo tienes?
—Afirmativo. —Judy borraría el mensaje para ambas, si su teléfono estaba intervenido no habría dado tiempo suficiente a que vieran el mensaje—. ¿Terminaba en 556? —La coneja asentiría y ella también, ya lo tenía memorizado.
—Di que hablas de mi parte, que surgió un imprevisto en el trabajo y quizás no llegue a tiempo. Cuando vean los mensajes, bórralos como recién. —Judy cerraría los ojos al sentir cómo su celular volvía a vibrar, ya no tenía tiempo—. Si pasan más de veinticuatro horas y no aparezco, ve a mi apartamento y habla con el recepcionista, di que eres amiga mía y vas a buscar unas cosas por mí, que yo estoy en lo de Nick. Si puedo pasar por ahí te dejaré alguna nota, sino puede que esté en peligro.
—Con todo esto que me dices estás en claro peligro. ¿Segura que no puedo hacer más?
—Sólo actúa normal, sonríe y salúdame mientras me voy con ellos, no podemos dejar que sospechen.
Sin perder tiempo, le dio la espalda a Nancy y se acercó al borde de la calle. En cuanto el semáforo se puso en rojo volteó una vez más para alzar la pata y saludarla. Cruzaría al otro lado estando más tranquila que al principio; pasara lo que pasara, todos estarían avisados desde un primer momento y podrían ir a por ella de ser necesario.
Una puerta se abrió en cuanto se acercó al vehículo, en su interior la esperaba Raines junto a dos matones que se encontraban en los asientos delanteros. No estaba para nada sorprendida, así como tampoco asustada, los mensajes enviados por Nancy serían de gran ayuda. Una vez dentro, Judy cerraría la puerta y el chofer, un lobo, pondría las trabas desde su asiento. El cánido dio marcha al auto mientras Raines captaba toda su atención.
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Todo lo que tuviera que ver con Wilde o Langley irritaba a Clarke de sobremanera; la sola mención de ellos ya servía para cambiarle el humor. Pese a ello, y a todas las excusas que podía poner, estaba en camino junto a Fowler para apoyarlos una vez más en lo que podía ser una trampa mortífera. Salvar a Andrew podría ser el último trabajo en el que hicieran equipo y con algo de suerte ya no lo buscarían más, aunque muy en lo profundo sabía que no sería así. Sin embargo, irían en primer lugar junto con Savage y un conocido a un bar por motivos que le eran ajenos.
¿Por qué seguía ayudándolos? Era una de las tantas preguntas sin respuesta que surgió desde que comenzó el caso. Quizás apelaba a las buenas intenciones del vulpino, aunque su ejecución fuera pésima y terminara por perjudicar a quienes estaban alrededor. Por el lado de Langley, todo era mucho más complicado: ella y su banda sólo evocaban sentimientos de angustia, odio y resentimiento, teniendo motivos de sobra como para ello. Entonces, ¿por qué darse el lujo de escucharla y dejarla en libertad? Esperaba encontrar una respuesta pronto, porque ya no quería volver a verla, pero también sentía la necesidad de ayudar.
Al no poder pensar en nada más que su contradictorio actuar, Clarke intentó entablar conversación con su amigo, quien estaba más callado que de costumbre. Si bien preferiría no exponerlo en el rescate de Andrew, el grupo de Nick preguntó por él y, por ende, le correspondía a él tomar la decisión. Al fin y al cabo, sabía que mantenía amistad con Grace Wilde y de seguro se sentía en compromiso con el zorro por haberlo ayudado a escapar en su momento.
—¿Día difícil? —preguntó Clarke para romper el hielo.
—Nada fuera de lo usual. —La respuesta corta, el tono tajante y posterior silencio de Fowler dejó en claro que sus ganas de hablar eran nulas, pero eso no impediría un nuevo intento de Clarke.
—¿Conoces el lugar al que vamos? No es de lo más atractivo a primera vista, pero tiene su encanto y se hace llevadero estar ahí, como si tuviera un aura especial… Pese a los mamíferos que lo frecuentan. —Al observar de reojo a Abel, notó que este prestaba más atención al camino que a la conversación, por lo que decidió desistir. Bien sabía que cuando estaba desganado era mejor dejarlo en paz, y más si estaba conduciendo.
Fowler estacionó a un par de calles del bar de Beth, hacia donde caminarían con el silencio todavía presente. Ambos vestían un conjunto casual y camperas negras, por lo que podrían estar cómodos y esconderse si surgía algún enfrentamiento. Al llegar a la entrada los dejarían pasar sin más a diferencia de otros mamíferos, para sorpresa de Abel.
Savage les llamó la atención levantando una de sus patas, había elegido una zona al final de la barra. Junto a él, Finnick, en una silla hecha especialmente para él, bebía un refresco. El fénec ni se molestó en saludar a los recién llegados, a diferencia del conejo que parecía estar de buen humor. Una vez que Hopps llegara, todos seguirían su camino.
—¿Entonces a partir de aquí nos reuniremos con los demás? —consultó Fowler.
—Hay pasadizos usados desde la ley seca, nos pueden llevar a cualquier punto, harán que perdamos a cualquiera que los siga. Luego nos seguiremos moviendo hasta llegar donde le dijeron a Nick. —Finnick seguiría centrado en su bebida, no le gustaba estar junto a uniformados. Abel quiso hacer una nueva pregunta, pero el vulpino se anticipó—. Yo los guiaré, conozco los túneles más que nadie. ¿Quieres saber algo más, cachorro?
—Mi nombre es Abel, pero no, gracias por ser tan servicial —respondió el lobo en el mismo tono que el fénec.
—Si quieren tomar algo, chicos, corre por mi cuenta —indicó Jack, trayendo calma a la conversación.
—Te notas algo diferente a la última vez que te vi, Savage. —Clarke hizo un gesto para llamar al mozo—. ¿Alguna novedad interesante?
—Se podría decir es algo de ansiedad. Rescatar a Drew nos permitirá movernos con mayor tranquilidad, ahora que encontré algo con lo cual joder un poco a nuestros amigos de la flor. —Clarke elevó una de sus cejas en señal de sorpresa.
—¿Tienen cerveza sin alcohol? —preguntó Leonard, recibiendo una afirmación como respuesta. Al voltear, notaría al fénec más irritado de lo usual, pero evitaría dirigirle la palabra—. Bien, entonces, ¿qué tienes?
—Sin entrar mucho en detalle, hay algo por lo cual los Lirios se matarían entre ellos, algo de mucho valor. —El comentario de Jack dejó a Fowler pensando, en tanto Clarke recibió su bebida y comenzó a servirse.
—¿Tendrá algo que ver con el libro y la daga que robó Harkness? —El conejo se quedaría en silencio, había olvidado por completo la daga. Si Raines la quería recuperar a toda costa, de seguro guardaba relación con la declaración.
—Tendría mucho sentido, pero no logro encontrar relación. —La atención de Jack se desviaría al sentir la vibración de su teléfono—. Creo que será mejor que nos vayamos moviendo, Judy tuvo un retraso. Esperen… —Apenas leyó los mensajes, estos fueron borrados. Las dudas comenzaron a surgir ante el largo silencio del conejo—. Vamos a tener que dividirnos.
—¿Qué pasó con la coneja? —Aunque intentó disimularlo, la voz de Finnick contaba con cierto tono de preocupación.
—Recibí los mensajes de parte de Nancy, la compañera de Judy, pero borró los mensajes casi al instante —explicó Savage—. Es una señal, algo pasó.
—¿Cómo hacemos? —Luego de unos segundos en silencio, Jack le contestó a Clarke.
—Yo iré a buscarla, pusimos rastreadores en los teléfonos descartables y no será difícil dar con ella. Si veo que el escenario es complejo les pediré ayuda. La prioridad ahora mismo es Drew, al menos en lo que descubramos qué pasó con Judy.
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El primer mensaje recibido sólo contaba con instrucciones, luego le llegaría un segundo con una amenaza por tardarse con Nancy. Si de por sí Raines parecía ser de los mamíferos con peor humor en la faz de la tierra, al entrar en su vehículo confirmó que debía ser el más amargado con diferencia. Pese a llevar el control de la situación la primera impresión mostraba todo lo contrario.
El auto de inmediato se puso en marcha, el alcalde le indicó a su chofer que debían ir a los apartamentos Grand Pangolin. Judy se serenó al saber que el viaje terminaría en su casa, pareciera que todo sería zanjado en la charla a lo largo del camino. Sin embargo, la calma comenzaría a disiparse cuando el mamífero que iba en el asiento del acompañante, un ocelote, le pidió su teléfono. Tenía en su bolso el celular descartable y el personal; decidió entregarle la segunda opción. Por suerte para ella, no le pidieron el bolso, podía respirar tranquila de momento.
Raines llevaba un portafolio consigo, del cual sacó una fotografía apenas Judy tomó una hoja de papel. Era un retrato hecho a mano de un felino sin pelaje, el cual supo reconocer de inmediato pese a no haber visto su figura nunca antes. Raines no dijo nada y apenas la observaba, ella por su parte evitó reaccionar.
—¿Quién se supone que es? —El lince dejó escapar un gruñido ante su pregunta
—¿Segura que no lo has visto? ¿No has escuchado nada de él? —Judy negó con la cabeza y Raines le quitaría el dibujo en respuesta, en un movimiento brusco—. Eres cada vez más decepcionante, Hopps. Puedo entender que quieras proteger a los tuyos, pero es imposible que Wilde o los demás te hayan mantenido tan al margen como para no saber quién es.
—Que Nick haya tenido problemas en los últimos meses no significa que yo sepa todo. Cuando uno se preocupa por los demás intenta protegerlos, aunque eso signifique no hablar de ciertas cosas. No espero que lo entienda, alcalde, usted no parece preocuparse demasiado por los demás. —Raines se mordería la lengua para evitar mandarla al carajo.
—Respondiendo a tu pregunta, este sujeto es Arcagma, el asesino de tu madre. —Esta vez sería la coneja quien se contuvo ante tan atroz respuesta. El felino movió la comisura de su labio dibujando una leve sonrisa al ver el impacto que causó.
—¿Hace cuánto que tiene esta información? ¿Por qué no es de público conocimiento? Las agencias deberían estar trabajando con esto.
—Sí, sí, sí, lo que digas, Hopps. Dado que no sabes nada, no será tema de tu incumbencia, así que olvídalo… —La mirada de Raines se llenó de malicia de un momento a otro, haciendo que el pelaje de Judy comenzase a erizarse—. A menos que lo veas por ahí un día de estos, podría recompensarte bien si me ayudas a dar con él.
—Una propuesta interesante, pero sólo respondo ante mi jefa —replicó Hopps.
—Tal vez sea de tu interés, tiene algo que ver con parejas de diferentes especies. —Judy tragó saliva, de un segundo a otro quedó al límite de perder la compostura—. Verás, Hopps, llegó a mí un video hace tiempo, donde cierta coneja, llamémosle July, estaba hablando muy encimada con un zorro rojo, cuyo apodo será Rick. July sufrió mucho al enterarse que Rick estaba en el bando de los malos y que se acostó con una zorra, tómalo en el sentido que quieras. Es así como, una vez que estuvieron cara a cara en una sala de interrogatorios de la ZPD, Rick y July comenzaron a hablar muy emocionados de sus sentimientos del uno por el otro.
—¿Cómo rayos consiguieron esa filmación? Además, debía estar sin sonido… —recordó la coneja, sintiéndose traicionada por su compañero de la ZPD.
—No te sientas mal, Hopps, al fin y al cabo Rick y July siguen teniendo una ligera posibilidad de llevar a cabo su vida con total normalidad. Estuve pensando en hacer algo de campaña en pos de ciertos derechos civiles, algo que ayude a las parejas del mismo sexo o de diferentes especies a combatir la discriminación. —Judy intentó hacer oídos sordos a las palabras de Raines, pero la idea ya estaba presente en su mente y era imposible oponerse a ella—. Cuento con mucho apoyo, tanto a nivel político como social, por lo que puedo asegurarte que dicha utopía podría hacerse realidad. ¿Te imaginas a Rick y July tomados de las patas, caminando en las calles sin miedo a ser juzgados? ¿Cenando juntos en un restaurante que no se guarde el derecho de admisión? ¿Viendo una película sin que los echen del lugar?
—¿Quiere a Arcagma entonces? —Raines negó con la cabeza.
—Arcagma será un plus, uno muy bueno, pero hay algo más que quiero. —El lince extendió su pata hacia delante y el ocelote le entregó el celular de Judy—. Quiero que busques a Wilde y averigües dónde está su primo y quién lo sacó de prisión. —Judy fue incapaz de formular respuesta de algún tipo, el nudo en su garganta apenas la dejaba respirar.
—No —susurró sin fuerzas, de modo apenas audible—. Es demasiado. Puedo buscar a Arcagma…
—Es todo o nada Hopps, eres tú quien está en la cuerda floja con la filmación en nuestro poder. Tendrás veinticuatro horas para elegir, Andrew Wilde termina a prisión o Nicholas Wilde será expuesto junto a ti. Todo esto, claro, junto a la utópica posibilidad que estarías desperdiciando.
—Quiero irme, voy a bajarme ya mismo. —Raines sonrió en silencio y colocó su pata en uno de los hombros del chofer.
—Elige bien, el destino de Rick y July está en tus manos —exclamó Raines a modo de provocación una vez que el auto se frenó. Judy respondería dando un portazo con todas sus fuerzas.
Comenzó a caminar sin rumbo, sin saber si lanzar su teléfono al demonio o conservarlo. El maldito, jodido e imbécil de Raines había logrado darle en su talón de Aquiles de forma imperdonable. Sabía qué era lo correcto en esta situación, pero sus sentimientos se oponían de forma egoísta, sin importar cuánto intentara callarlos.
Con lágrimas en sus ojos y sus patas avanzando de forma automática, pronto chocó con alguien apenas más grande que ella. Luego de limpiarse los ojos, reconoció a Jack, quien estaba visiblemente preocupado por ella. Intentó explicarle la situación, hasta que recordó que su teléfono podía estar con algún micrófono; tomaría entonces el celular descartable para explicarle la situación a fondo mientras avanzaban hacia su destino.
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El pasaje que se encontraba pasando Fig Road, donde Lionheart planificó meses atrás edificar un barrio nuevo, había sido el lugar indicado. Ahora el proyecto había sido descartado por Raines, al menos de forma provisional, al descubrirse una supuesta malversación de fondos y falta de suministros. Las calles estaban listas, pero en lugar de nombres tenían números; la mayoría estaba ocupada por casas sin terminar o edificios con apartamentos, donde los vagabundos solían refugiarse luego de techarlas con cartones y chapa.
Según el mensaje recibido, Drew aparecería en un callejón, en medio de dos edificios construidos hasta el tercer piso, sobre el pasaje Ardelean entre las calles N° 12 y la 26. Con la iluminación nula, y acompañado de una llovizna con viento de lo más molesta, contaba sólo con una linterna, su teléfono y sus ojos adaptados para dichos escenarios. No pareciera que fuera a hacer falta de todos modos: dentro del callejón había un espacio muy amplio que algún día quizás funcionara como estacionamiento, su suelo todavía era tierra, ahora barro, y no había huellas de ningún tipo. Tampoco pareciera que hubiera movimiento en las calles a excepción de ellos. Además, siendo una zona bastante deshabitada, escucharía llegar cualquier vehículo con anticipación, no podrían emboscarlo.
Al cabo de un par de minutos, Finnick pasó con la furgoneta a paso lento y tanto Leonard como Fowler bajaron con el vehículo en movimiento. Con gran velocidad, entrarían por separado a los edificios que estaban a cada lado del callejón; luego de revisarlos y asegurarse que la zona estaba libre, informaron a Nick, que recibió las indicaciones a través de un auricular inalámbrico que tenía en su oreja izquierda. Langley se acercó a la zona trepando y saltando de una casa a la otra, asegurándose que la periferia también estaba libre. Con el par de lobos listos para defender a Nick desde los edificios, ella siguió moviéndose alrededor de la zona para ofrecer una vigilancia más dinámica.
Si el par de conejos llegaba luego, de seguro tendrían que esperar junto con Finnick para no entorpecer el rescate. No sólo advertirían a sus oponentes que Nick no estaba solo, sino que además no estaban preparados para combatir a oscuras al no tener visión nocturna. Aunque tuvieran control sobre la zona, todavía estaban en desventaja. Sumado al apartado táctico, también estaba preocupado por Judy y su mente estaba en dos lugares a la vez, pelear así no sería sencillo.
Al cabo de unos quince minutos en completo silencio, un aviso de Langley rompió con la monotonía. Una figura se acercaba desde más allá del estacionamiento, avanzando por un terreno que estaba al descubierto y adentrándose por un callejón que luego lo llevaría a estar unos metros frente a Nick.
El mamífero estaba cubierto con un impermeable y no dejaba ver su rostro. Avanzaba con las patas en alto, con barro en los pantalones y en su cola vulpina. Nick apunto hacia él con su linterna y éste reaccionaría tapándose la cara por reflejo. Por su cola, estatura y fisionomía parecía ser Drew, pero hasta no ver su rostro no lo daría por hecho. Harto de tantos giros del destino, mantuvo la guardia en todo momento.
Con un grito agresivo, Nick le ordenó que se muestre, en tanto Langley afirmaba que en efecto estaba solo y nadie lo había acompañado. Dejando ver su rostro, el zorro encapuchado se quedó estoico mientras el otro vulpino se acercó a él a paso rápido, bajando la guardia.
El constante sonido de la lluvia sería lo único en escucharse cuando Drew se dejó caer de rodillas, con Nick corriendo hacia él. Sus lágrimas se hicieron invisibles al mezclarse con las gotas mientras ellos a su vez se fundían en un abrazo fuerte como ningún otro, cargado de paz, alivio y regocijo. Los balbuceos del menor de los Wilde y la sonrisa silenciosa del mayor terminaron por decorar una noche oscura que contrastaba en extremo con la situación. Una vez más, y de una vez por todas, estaban frente a frente.
Sin mucho tiempo para celebrar, Nick ayudó a Drew a ponerse de pie; una vez que el vulpino flaqueó, ya no pareció ser capaz de mantenerse erguido. Finnick ya estaba en camino y con buenas noticias: Savage y Judy estaban en las cercanías también, ambos en perfecto estado. En tanto el par de lobos mantuvieron su posición hasta el final, Langley se acercó a los zorros para abrazarlos y expresar su felicidad por ellos. Sin embargo, su curiosidad también estaba presente.
—¿Cómo llegaste hasta aquí Drew? ¿Tu salvador te soltó o te trajo hasta aquí? —El zorro tragó saliva antes de responder, con su garganta todavía lastimada tras el ataque en prisión.
—Me soltó a unos veinte metros de aquí —indicó con una voz carrasposa que tomó por sorpresa a quienes tenían en frente—. Me pidió que nos fuéramos de Zootopia, no tenemos mucho tiempo.
—¿Qué pasó con tu voz? —preguntó Nick con evidente preocupación en su mirada.
Drew bajaría el cierre de su impermeable y jaló su camisa con ambas patas en dirección a su ombligo, dejando ver una herida en forma de anillo que rodeaba todo su cuello. Nick acercó sus dedos, sin poder creer lo que tenía a sus ojos, pero se frenó para no evocar dolor a su primo al tocar la herida.
—Unos matones me quisieron colgar en mi celda. —Una vez más, Andrew tragó saliva y respiró hondo—. Fue ahí cuando llegó quien me trajo hasta aquí, los acabó en un santiamén y me llevó a un refugio.
—Alabado sea ese mamífero, unos segundos más tarde y no estaríamos aquí reunidos. —Nick asintió con pesar ante el comentario de Langley. Después posaría su pata en la espalda de Drew para que lo acompañe hacia la entrada del callejón, debían estar listos para cuando Finnick llegara.
—¿Te dijo su nombre o por qué lo hizo? —consultó el vulpino, recibiendo un corto silencio como respuesta—. ¿Nada de nada?
—Me pidió que no dijera nada de su identidad. —Langley bufó un tanto molesta ante tanto secretismo, Drew la interrumpiría antes de que comenzara a protestar—. Me salvó la vida, cumplir una promesa tan simple es lo menos que puedo hacer. Lo siento, pero seguirá en el anonimato mientras nos vamos de aquí.
—Tú y tu familia se irán de aquí, Drew, pero el resto tenemos asuntos pendientes con la Hermandad. —esbozó la mapache. El zorro se frenó mientras el otro par caminó un par de pasos más.
—¿Todavía tienen eso en mente? —De no ser por las heridas en su garganta, Drew les hubiese gritado—. No sean estúpidos, al fin podremos zafarnos todos.
—Hay algo a nuestro favor, te explicaremos de camino. —Drew comenzó a negar con la cabeza ante la aclaración de su primo—. Haremos el intento, será nuestra última jugada. Si sale bien erradicaremos un gran mal haciendo que se maten entre ellos, sino todavía podremos huir juntos, pero no podemos quedarnos sin hacer el intento. —Drew desvió la mirada, cerró los ojos y luego siguió caminando, dejándolos atrás.
—Insensatos, son unos insensatos —dijo antes de comenzar a toser—. Si pelean con la Hermandad, sabiendo lo que eso significa, no voy a perdonarles que sean tan idiotas. Ya estoy harto de todo esto, de estar en medio de peleas que no nos corresponden y sólo sirven para hacernos daño.
—Drew, espera. —En cuanto Nick puso su pata sobre el hombro derecho de su primo, este se sacudió para quitárselo de encima, luego volteó para dirigirle una mirada fulgurante.
—¡No me toques! ¡Vete a la mierda! ¿¡Quieres!? —exclamó dejando ver sus colmillos, apretados con gran fuerza, y su respiración agitada—. Ya estoy aquí, los tuyos ya están a salvo, Nick, ¿hasta cuándo te la vas a jugar? ¿Podrías dejar todo esto de lado de una vez y preocuparte por los que te rodeamos? ¿A quién mierda le importa la Hermandad? —El zorro quiso responder, pero Drew no se lo permitió—. Corruptos hay en todos lados, ponles el nombre que quieras, no tiene sentido luchar contra ellos. Alguien llegará luego y ocupará su lugar, pero nadie podrá ocupar el tuyo cuando ya no estés, o el mío, o el de Judy, o el de quien sea.
Nick se quedó petrificado frente a Drew, sin nada que argumentar. Su primo tenía muchos puntos a su favor y nada que dijera lo haría cambiar de parecer, aunque nada lo podía hacer cambiar a él de opinión tampoco. Si no eran ellos, que estaban tan cerca, ¿quién derrotaría a los Lirios? ¿Quién vengaría la muerte de Bonnie, el secuestro de la hermana de Langley, el de Abel, de Drew, las traiciones y todo el dolor sufrido?
Un llamado de Fowler a través de su auricular resquebrajaría la tensión, aunque no la rompería del todo. Nick rápidamente llevó su pata al bolsillo para buscar su arma, un par de individuos se acercaban desde donde vino Drew. Langley imitó al zorro, mientras que Drew sólo dirigió la mirada hacia el lugar donde aparecerían los inesperados mamíferos. Si fuera sólo uno lo entendería, ¿pero dos? ¿Quién más la acompañaba?
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Su descontento por la ambición de su hermano, junto a los eventos recientes, lo habían hecho experimentar una montaña rusa de emociones que no sentía desde hacía un par de meses. Nada de lo que sucediera con el correr de los días podría equipararse con la decepción que sufrió por las decisiones de Mycroft, pero si algo había aprendido, es que necesitaba que su vibrante corazón y las mariposas en su estómago trabajaran al máximo; se malacostumbró a lo largo de la última década y media a la acción, las emociones y la adrenalina. La paz, tan aburrida como innecesaria, lo asfixiaba como si se tratara de una toxina mortal.
Si tuviera la opción de volver muy atrás en el tiempo, y así evitar estar donde estaba parado ahora, lo más probable es que, luego de dudarlo bastante, sólo aprovechase el viaje para volver a vivir del mismo modo. La calma no era lo suyo, pero no se dio cuenta de ello hasta ahora que volvía una vez más la acción. Sus sueños de irse con Herbert a explorar los confines del mundo una vez terminada su guerra, ahora flaqueaban a la par de su imperiosa necesidad de acelerar su ritmo cardiaco en medio de una lluvia de balas, conspirando para acabar con sus enemigos o rompiendo el cuello de algún infeliz. No sabría cómo continuar llegado el momento en que todo acabe, pero si de algo no tenía dudas, es que disfrutaría de esta última cruzada como si fuera un cachorro en plena nochebuena.
Tal vez con el tiempo encontrara el modo de usar sus capacidades destructivas en pos de algún bien que equilibre la balanza con todo el caos que supo generar. Priorizaba su entretenimiento antes que nada, el espectáculo y el desafío, lo demás podría ser mayormente negociable. Si no recibía una bala en la sien mientras intentaba resolver el asunto de la Hermandad, comenzaría a buscar toda causa que valiera la pena escuchar.
Dejó escapar una sonrisa al percatarse de las ideas que pasaban por su mente, no por los niveles de locura y psicopatía que estaba manejando, sino por la ausencia de culpa o malestar alguno por ello. Era lo que era y no tenía remedio, ¿para qué molestarse? Con cierto regocijo, podía afirmar que había aprovechado su viaje hasta la antigua morada de Blackwell, ahora escondite de Steppefurd.
Apenas supo que la vulpina podía estar metida en los servidores de la Hermandad, al igual que él, su siguiente paso fue encontrarla. Usar spyware era un método sencillo y por lo visto eficaz, por lo que forjó un plan para dar con ella tan rápido como fuera posible.
Si él usó las cuentas de su hermano para infiltrarse, ella bien podría usar las de Blackwell, sorteando con anterioridad la seguridad de sus ordenadores con los que el fallecido contaba. Siendo su amante y, de seguro, confidente, Steppefurd debía de estar al tanto de dónde buscar los recursos de Blackwell. Es así como tuvo que buscar anormalidades en las cuentas vinculadas al zorro de mármol; al haber muerto su cuenta había sido eliminada por seguridad, pero no por ello la de los mamíferos vinculados a él, allí estaba la clave de su búsqueda.
Blackwell fue descrito por su hermano, desde un primer momento, como un psicótico obsesivo y amante del control. A raíz de ello, mantuvo su hipótesis de que aprovechaba las cuentas de todo aquel que fuera cercano a él para estar al tanto de todo lo que ocurriera en la Hermandad, aunque no le incumbiera.
Luego de identificar las cuentas de sus allegados, se quedó con los tres que contaban con mayor acceso a información dado su rango, Steppefurd debía de usar una de esas. Era cuestión de tiempo para que se iniciara sesión en una de las cuentas para después rastrear su IP; si la ubicación revelada por esta fuera ajena a las propiedades con las que contaban el trío de ineptos, daría con la vulpina. Sin pasar demasiado rato, la irregularidad apareció y a partir de esta fijó el punto en su GPS. Era una casa común ubicada en el distrito de los canales, a nombre de, coincidencia, Blackwell.
Mantuvo su sonrisa de principio a fin: cuando localizó a Steppefurd, en el momento en que llegó a la propiedad y ahora mismo, saliendo con Andrew Wilde de camino a quién sabe dónde. Supo mantener su distancia para no levantar demasiadas sospechas y casi los pierde en un par de ocasiones, la poca iluminación de la zona y la lluvia le dificultaban la vista.
Para su sorpresa, una vez que llegaron al lugar donde Andrew Wilde se reencontraría con los suyos, separó su camino de la vulpina, que vigiló desde lejos. Bajó del auto que pidió prestado por las malas y se acercó a paso lento. Al notar que se colocó el casco y se dispuso a retirarse, comenzó a trotar y empuñó su arma.
—¡La noche es joven como para retirarse ahora, estimada! —vociferó ante la vulpina, que se congeló en su lugar al escuchar su voz—. ¿Qué tal te han tratado la vida y la muerte en estas semanas? Quisiera decir que a mí bien, pero sería una verdad a medias. —Skye le dirigió una gélida mirada, intentando ocultar su temor hacia él.
—¿Cómo llegaste hasta aquí? —Fue su única pregunta, sin sorprenderse del todo al verlo con vida.
—Tengo mis trucos. —Viktor dibujó una mueca en su rostro, la tenía a su completa decisión y ambos lo sabían—. No voy a lastimarte, en la medida en que me lo permitas. —Su intento por llevarle calma no pareció tener resultado; Skye levantaría las patas—. Estoy aquí para hablar, pero no sólo contigo, así que ve siguiendo los pasos de tu amigo.
—Prefiero morir aquí antes que guiarte.
—Estoy solo, tienen una ventaja numérica bastante grande. ¿Tanto miedo me tienen?
—¿Debería estar alegre de verte?
—La verdad, mucho. Podría haber venido mi hermano con sus matones, pero soy yo, completamente solo, expuesto, en desventaja. Sabes que no haría nada de esto en vano, así que camina. —Skye cerró sus ojos y, luego de meditarlo unos segundos, bajó sus patas. Se la veía más tranquila.
—Si vas a negociar o algo, ve y hazlo con ellos, a partir de ahora trabajo sola. —Viktor sonrió.
—¿No quieres reencontrarte con tu amiguito rayado? —Skye apartó la mirada y el lince rio—. Así que no eres tan fría como siempre te has querido mostrar, ¿eh? Has sido una fuente inagotable de diversión, pero es momento de seguir, así que muévete o disparo. O te unes a todos los que tienen como enemigo a la Hermandad, o mueres aquí, tú elijes.
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Su visión nocturna no fue suficiente para reconocer al par de individuos, por lo que hicieron uso de sus linternas. En cuanto la luz alumbró sus rostros, la sorpresa se vio sobrepasada de inmediato por el shock y confusión. El par de zorros y la mapache retrocedieron varios pasos al ver cómo se aproximaba su antiguo enemigo, la causa de todos sus males, junto a la clave de su plan contra la Hermandad.
Tanto Fowler como Clarke comenzaron a preguntar cómo proceder, pero nadie más alzó la voz. ¿Cómo rayos iban a saber qué hacer? Tal vez debían contener a Jack apenas llegase para que no viera a Skye, así como evitar que Judy estuviera cara a cara con quien orquestó el asesinato de su madre. De todos modos eso podría ser apresurado, si Arcagma estaba acompañado de alguien más necesitarían todo tipo de refuerzos.
—Supongo que un saludo ayudará a romper el hielo, por ende, buenas noches caballeros y dama —dijo con esa voz carrasposa que tanto lo caracterizaba, acompañada de su sonrisa macabra y tono burlón—. Vengo en son de paz, así que en cuanto suelten sus armas yo dejaré la mía —explicó ante el silencio general.
—Nos estás pidiendo que confiemos en ti, no es que sea fácil. —Langley sería la primera en dirigirle la palabra.
—¿Te aburriste de estar en el fondo de un agujero, Viktor? —preguntó Drew, sin poder creer que tenía al felino frente a él, pero con ganas de tomarse revancha—. ¿Qué hay de tus amigos? ¿Los dejaste abandonados? ¿Están en prisión? ¿Muertos? Tal vez quieras acompañarlos.
—Un poco de todo, gracias por preguntar. —El lince puso seguro a su pistola y la lanzó hacia delante—. ¿Qué hay de ti? ¿Hiciste amigos en prisión? ¿La pasaste bien en las duchas?
—A excepción del agua helada, no hubo mayores inconvenientes. Oh, casi lo olvido, tu hermano…
—Mi hermano actuó por voluntad propia y en contra de mis peticiones, así que no aceptaré recriminaciones por eso. —Mientras Viktor hablaba, Skye se acercó a sus viejos aliados, mejor mantenerse lejos del lince—. Dejando el hostigamiento de lado, vengo a ustedes con información y una propuesta.
—¿En serio te da la cara como para venir aquí, hacer propuestas y esperar que cooperemos? —Nick reflejó el pensamiento de todos los presentes—. Danos una razón para no matarte aquí mismo, que vengas solo y lances tu arma no implica que confiemos en ti.
—Te creía más astuto, Nicholas, que decepción. —Ante el silencio generalizado, Viktor continuó—. Al mencionar a mi hermano, doy por entendido que están al tanto de cierto grupo que maneja los hilos de Zootopia, grupo que he estado combatiendo desde hace década y media.
—Pasa a lo importante, Arcagma. —El felino se crisparía ante la mención de su apodo de parte de Langley. La unión con su hermano había dejado de existir, y por ende Arcagma ya no lo reflejaba—. Tú y Raines son hermanos, él entró y te pasaba información, tú matabas a los idiotas de turno. Luego tienes cáncer e idean un plan para que él se coloque en la cima de todo.
—Primero, mi nombre es Viktor; segundo, no soy telépata y no sé hasta donde están informados, pero me alegra que no sean tan incompetentes. —El lince exhaló y luego prosiguió—. Nuestro plan era desarmar la Hermandad desde dentro, una vez que Mycroft tuviera el poder que tiene ahora, pero su ambición lo llevó a actuar contrario a lo planteado. Estoy aquí porque ya no puedo contar con él, está enceguecido y, mientras tanto, la Hermandad se vuelve a fortalecer pese a las grandes pérdidas que ha tenido.
—No nos interesa tu lucha, tus motivos ni nada que se vincule a la Hermandad, mantente lejos —respondió Drew, con una calma equivalente a la fuerza de sus palabras—. Ya hemos sufrido demasiado como para seguir perdiendo el tiempo con estas cosas.
—Interesantes palabras, doctor Wilde. Uno esperaría mayor vocación del Archimago de Plata en pos de la ciudad que salvó antaño. —Fowler y Clarke comenzarían a intercambiar comentarios, la revelación de Viktor los tomó por sorpresa. Nick susurraría para pedir calma y los lobos se quedarían en silencio—. ¿Qué hay del resto? ¿Tal vez Nicholas Wilde, descubridor de los Aulladores, quiera cooperar? ¿La vulpina despechada por su antiguo jefe? Apuesto también a que el sentido de justicia de la oficial Hopps será más fuerte que su resentimiento y se unirá también.
—Ni se te ocurra ir por ella, Arcagma, no quieras jugar con fuego —exclamó Nick, recordando la reacción del felino y dando un paso al frente. Viktor sólo sonrió en respuesta.
—No es que quiera jugar con fuego, pero puede que a todos nos toque, tarde o temprano. Si hay algo que tenemos en común con mi hermano, es el gusto por los fuegos artificiales.
—Explícate. —Skye participaría en la conversación por primera vez, luego de haber sido opacada por la figura de Arcagma.
—Prefiero esperarlos a ellos. —Viktor elevó su pata y señaló en dirección a la entrada del callejón.
. . . . . . . . . .
En primera instancia Fowler, y luego Clarke, se acercaron a Judy y Jack, que al oír varias voces quisieron acercarse y formar parte; una en particular les era desconocida. Con el par de lagomorfos molestos, Nick miró de reojo a Skye y esta asintió para luego fijar la mirada en el vacío. Alzando la voz en el cielo, el vulpino le pidió tanto al par de lagomorfos como al par de lobos que se acerquen.
La zorra ártica cerró sus ojos, inspiró profundo y evitó voltear. Pronto, los pasos que escuchaba a sus espaldas se detuvieron por un momento, luego cambiarían de dirección hacia ella. Sintiendo la mirada de Jack en su espalda, abrió los ojos y se dispuso a girar para tenerlo frente a frente, pero permaneció congelada en su posición al sentir cómo la tomaba tímidamente de las garras.
Se limitó a mirar hacia atrás, por encima de su hombro. El rostro del conejo era un fiel reflejo del torbellino de emociones que estaba sintiendo; su ceño fruncido indicaba enojo, sus ojos bien abiertos confusión, la boca abierta una gran sorpresa, sus ojos vidriosos… quería creer que estaba feliz de volver a verla. Sin perder más tiempo, y sin importarle ser ahora el centro de atención, volteó con las patas bien abiertas para abrazarlo. Sin embargo, Jack tuvo la reacción menos deseada y retrocedió. No era capaz de culparlo por el shock, se habían encontrado en el momento menos propicio, ajeno a cualquiera de sus planes.
El conejo a rayas dio un rápido vistazo a los demás: Drew ya estaba con ellos y quien seguro era Arcagma, vivo para su sorpresa, aunque con menos impacto que la presencia de Skye, también los acompañaba. El resto ya estaba al tanto de sus planes, de la relevancia de los Gormsson y consideraciones a futuro, por lo que buscó a Nick con la mirada y, luego de hacer contacto visual y asentir, se retiró.
De inmediato, Skye posó sus ojos en el lince lampiño, esperando una sonrisa jocosa y algún tipo de burla, pero no fue el caso; con ambas patas en la espalda, una postura recta y un nivel de seriedad jamás visto en él, Viktor permaneció en silencio para dejarles su espacio. Lo seguía detestando con la misma intensidad de siempre, pero ahora, cuanto menos, apreciaba que tuviera un mínimo de respeto.
Nick por su parte se acercó a Judy, quien supo identificar al instante quién era el desconocido que los acompañaba. Entre susurros y miradas temerosas, el zorro la detuvo antes de que siguiera avanzando, no la quería cerca de él. Por momentos, Skye pensó en acercarse y oírlos, invadir su privacidad dejándose llevar por los celos y la envidia; eran el fiel reflejo de lo que ella podría haber sido con el mamífero que se acababa de alejar.
—No le dirijas la mirada, quédate aquí conmigo, ¿sí? —Nick se acercó tanto a ella que podía sentir su respiración—. No va a hacernos daño, pero no podemos darle lo que quiere, evítalo todo lo que puedas.
—No lo entiendo, ¿qué hace aquí? ¿Por qué todavía nos sigue buscando? —El vulpino permaneció en silencio, sin saber qué responder—. Podríamos llevarlo con nosotros, encarcelarlo, hacer que pague. Quizás hasta negociemos por la libertad de Drew, nos dejarían en paz —señaló Judy, pensando en la propuesta que le hizo Raines.
—Tiene información de los Lirios y puede que se esté oponiendo a su hermano, es algo que no podemos dejar pasar —explicó el zorro. Judy se quedó callada, aunque no estaba de acuerdo, confiaba en su criterio—. Tenemos que hablarlo entre todos, pero antes hay que estar listos para enfrentarlo. ¿Estarás bien?
—¿Enfrentarlo? Es de los pocos mamíferos que quiero ver bajo tierra, ni siquiera en prisión.
—Puedes ir con Jack si quieres, yo te llamaré cuando acabemos.
—Yo… —Judy desvió la mirada—. Perdí mi teléfono, no sé qué pasó con él. —La coneja luego se tomaría el tiempo pertinente para hablar de su encuentro con Raines, pero ahora no era momento. La decisión ya había sido tomada, apenas se encontró con Jack—. Me quedaré con ustedes, Nick, estaré bien.
—¿Estás segura? —La coneja retrocedió un paso y luego, sin dejar de observarlo, caminó hacia adelante para reunirse con los demás.
Sin perderla de vista por ningún momento, Viktor mantuvo la distancia con sus antiguos rivales mientras la coneja se acercaba. Su curiosidad estaba a tope, esperaba poder tener tarde o temprano una charla a solas con la gran heroína del caso de los Aulladores. Había un aura alrededor de ella diferente a la que esperaba, y eso despertaba su interés.
—Es momento de que juegues tus cartas, Viktor —dijo Skye, impaciente.
—Mi hermano no pretende perder la más mínima cuota de poder y está dispuesto a lo que sea con tal de que sus planes sigan funcionando a la perfección. Gracias a su influencia está por encima de los siete principales, así como los Gormsson alguna vez. A su disposición, no sólo cuenta con un séquito de idiotas manipulables, sino también uno de los explosivos que Tora planeaba activar. —Ninguno de los presentes se sorprendió, se podía esperar cualquier cosa de Raines—. Como sabe que Andrew está al tanto de nuestros secretos, y por ende ustedes también, hará todo lo posible por cazarlos.
—¿Entonces no hay más opción que luchar? —preguntó Fowler, dejando en claro su escenario.
—Intenten huir y serán rastreados, Hopps también tiene una familia muy grande que no podrá esconder del todo. Es luchar, o luchar. —Las palabras de Viktor despertaron susurros, pero los acalló rápidamente—. Ahora bien, yo podría desligarme por completo de todo este lío, huir con dinero que me ha quedado y dejarlos solos…
—Haz tu oferta. —El lince sonrió ante la exigencia de Nick.
—Cuando triunfemos, porque no pienso perder contra mi decepcionante hermano y un grupo de estúpidos, quiero que me dejen ir en libertad. Me ayudarán a borrar mis huellas y permitirán que huya junto a Herbert. No permitiré contraofertas, es eso o nada.
—¿Todavía tienes interés en alguien que no seas tú mismo? —La pregunta de Drew rompería el silencio momentáneo.
—Sí, y mucho. Como ven, ustedes se tienen los unos a los otros, familia y amigos. Yo estoy solo, y entiendo las razones, pero no quiero estarlo —dijo el felino en un acto de sinceridad que los sorprendió.
—¿Tienes un plan al menos? —Clarke decidió que la conversación continuara su curso, Viktor sería necesario y debían contar con él, aunque significase negociar la libertad de Herbert y su posterior huida.
—Tengo entendido que ustedes cuentan con cierta daga y un libro, tomados por su amigo ladronzuelo. La daga es lo que más me interesa. —Todos permanecieron callados, una de sus mayores incógnitas al fin podría ser revelada.
—No parece tener demasiado valor, ¿por qué es tan importante? —consultó Clarke, tomando las riendas de la conversación.
—Perteneció a la familia Gormsson, pero no por las funciones que uno podría esperar de una daga. En realidad, es la llave de uno de los tesoros más anhelados por la Hermandad. —Nick sonrió, el plan de Viktor parecía ir de la mano con las ideas de Jack.
—¿Tiene que ver con cierta declaración de la fundación de cierta metrópolis? —preguntó Nick, sacando pecho.
—Mmm… Supongo que debo retractarme, no eres para nada decepcionante, Nicholas. Si ya están al tanto de esto, nuestro panorama es más alentador del que imaginé. —Todos asintieron y comenzaron a cruzar miradas, a excepción de Skye, que nada entendía.
—¿De qué rayos están hablando? —La aparente ignorancia de Skye respecto a su descendencia descolocó a todos.
—¿Qué acaso no sabes los motivos por los que Big te protegía? —preguntó el lince.
—Era amigo de mi familia, fue un favor personal luego de que murieran —respondió molesta.
—En parte por eso, en parte por tu herencia y tu sangre. —Viktor se tomó un par de segundos, esperando alguna respuesta de la vulpina, pero no fue el caso—. Cuando ideamos el plan de Arcagma con mi hermano, contábamos con que supieras que eres descendiente de Gormsson, al menos hasta que perdimos la daga. Ya nadie sabe de la ubicación de los Gormsson, ni del posible escondite donde pueda estar la declaración de la fundación de Zootopia, a excepción de los mismos Gormsson.
—Big nunca mencionó nada de mis raíces, tal vez deban buscar a alguien más —explicó Skye, todavía anonadada.
—No hay nadie más, todas las pistas apuntan a ti. Has de haberlo decepcionado con tu ambición y prefirió no decirte nada. —Las palabras de Langley le dolieron, más que nada porque tenía razón—. ¿Confiarte uno de los secretos más importantes de la Hermandad mientras te unías a Blackwell? Big sabía con quienes mantener distancia.
—Tal vez tus padres te dejaron algo importante, con algún significado oculto. —La zorra de las nieves meditó las palabras de Fowler, pero luego negó.
—Tenía apenas ocho años cuando mis padres murieron, si debían confiarme algún secreto, no hay nada en lo que puedo ayudar
—Los cuentos son la clave, tienes que buscar pistas ahí. —La voz de Jack, a espaldas de todos, terminó trayendo luz en medio de la noche lluviosa—. Tu padre escribía muchos cuentos, te hacía preguntas de ellos, los memorizaste. El libro cuenta con la biografía de varios de los Gormsson, tal vez podamos buscar coincidencias entre los personajes.
—Uno de los cuentos habla de la búsqueda de un tesoro… Y otro de reliquias familiares. —Tan pronto como Skye oyó la propuesta de Jack, varias ideas comenzaron a llegar—. Las opciones son muchas, necesitaré un rato para tener algo concreto.
—¿En serio creen poder atacar a la Hermandad con esto? —Así como Jack lo hizo con anterioridad, la voz de Drew acaparó todas las miradas—. Quizás llamemos la atención de los más poderosos, del propio Raines, ¿pero y después qué sigue? Alguien más llegará…
—Y yo me encargaré de poner una bala en su sien, no te preocupes, tengo experiencia. —Las palabras de Viktor eran alentadoras a medias, tan sólo un árbol intentando tapar el bosque—. La Hermandad tiene como base que todo aquel que se haga con la declaración tendrá una gran influencia dentro, y si además de eso tiene sangre de los Gormsson como Skye…
—¿Quieres que yo me haga cargo de la Hermandad? —preguntó Skye, con un nudo en la garganta. Había considerado dejar de lado sus aspiraciones con los Lirios, pero la propuesta que se presentaba ante ella era única—. No es tan descabellado, considerando las opciones.
—Y hay algo más también, algo que podría derribar a Raines, tanto a nivel político como dentro de los Lirios. —En su rostro, Clarke tenía una expresión que nadie, a excepción de Fowler, había visto jamás—. El juicio de Drew será televisado, todo el mundo estará atento… Y es ahí, donde tú podrías entrar y hablarle a la población de las atrocidades que han hecho.
Viktor sonrió, dejando ver todos sus colmillos, erizando en menor o mayor medida el pelaje de todos los presentes. Podría contar con la oportunidad que le negó su hermano, su anhelado deseo de aparecer frente al mundo, adjudicarse sus logros, aterrorizarlos a todos para evitar que entes catastróficos como la Hermandad volvieran a tomar control.
—Eres un mamífero más que curioso, Leonard Clarke. Siempre me llamaste la atención, pero ahora cuentas con todo mi interés. Fue un error de mi parte centrarme durante el caso únicamente en zorros y conejos—Con sus ojos ahora posados en Judy, Viktor retomó la palabra—. ¿Y usted que piensa, agente Hopps? Ha estado toda la noche en silencio, evitando mi mirada. Quisiera saber qué opina de todo lo que hemos hablado. —La coneja se cruzaría de patas y permanecería callada, no quería tener trato de ningún tipo con él—. Ya veo, la vieja ley del hielo. Espero que en las noches con Nicholas gocen de mayor calidez… —Antes de que Judy respondiera, el vulpino dio un paso hacia adelante para salir en su defensa.
—La misma calidez con la que recibirá a Herbert si todo sale como planeas.
