¡Hola a todos! Aquí les traigo la siguiente parte de esta historia :) Disfrútenla!

Quiero agradecer con mucho cariño a la página Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma por haber compartido esto. De verdad, lo valoro MUCHÍSIMO. ¡Muchísimas gracias! Visiten esta página hermosa, no se van a arrepentir.


A la mierda todo

Su cama se encontraba repleta de ropa, tanto que poco se podían distinguir las sábanas que yacían debajo. Una tras otra, el muchacho de cabello tan oscuro como la noche iba apilando las camisas que sacaba de su vestidor.

Una maleta vacía esperaba ser llenada, pero intentaba retrasar ese momento lo más que podía. Llenarla significaba que estaba cada vez más cerca del momento en que debía abandonar a Kagome.

Kagome…

Intentaba no pensarla, porque en el instante en que su imagen se reproducía en su cabeza, sentía que era capaz de perder la cabeza.

No podía imaginarse lejos de su pequeña hermana, a la que jamás había considerado como tal. No podía imaginarse lejos de la única muchacha de la cual se había enamorado, y con quien había transcurrido, literalmente, toda su vida hasta ahora.

Se culpó internamente por ceder a los pedidos de la azabache aquella noche en media sala. Si tan solo se hubiera controlado, si hubiera insistido en que ese no era lugar. Empezar a pensarla significaba terminar martirizándose, imaginando que podría estar empacando para irse a Kantō con ella, y entonces un dolor horrible se depositaba en su pecho.

¿Lograría ser feliz sin Kagome alguna vez? ¿Qué se supone que debía hacer?

Apenas habían pasado unos días desde aquel fatídico momento. Días en los que no había podido abrazarla, tocarla, besarla ni hacerle el amor como estaba acostumbrado. Bajo constante vigilancia de sus padres, con ojos llenos de vergüenza, decepción y lástima, no tenía oportunidad de verla siquiera.

Todo parecía un infierno. Un infierno en vida.

En más de una ocasión, pensó en escabullirse en la habitación de la joven en plena madrugada y hacerla suya una vez más para despedirse adecuadamente. Pero el trauma que causó haber sido descubiertos le arrebataba esa idea al instante. No podía volver a arriesgarse. No podía…

Si tan solo pudiera retroceder en el tiempo…

De repente, el sonido de su puerta abriéndose lo arrancó de su trance. Quien estaba reinando sus pensamientos llenó con su presencia su habitación.

–InuYasha… –pronunció Kagome con voz temblorosa. Sus ojos vidriosos eran la prueba de que estaba a punto de llorar, pero él no podía notar eso aún estando de espaldas.

¡¿Qué demonios hacía ahí?! ¿Acaso no sabía lo que podía llegar a pasar si sus padres volvían a encontrarlos juntos?

Su corazón comenzó a golpear contra su pecho violentamente. No podía descifrar si por el miedo a ser descubiertos juntos en una misma habitación, o porque la tenía cerca otra vez y no sabía si iba a ser capaz de contenerse. La extrañaba, y mucho.

–¿Qué haces aquí? No pueden vernos juntos. –intentando disimular lo más posible, habló con voz ronca y serena. Siguió doblando su ropa y colocándola sobre su cama, sin dirigirle la mirada a su hermana. No quería hacerlo. No podía hacerlo.

–Lo sé. No tengo mucho tiempo. La chica de la limpieza se dará cuenta que no estoy en mi habitación. –Sus manos temblequeaban, y sentía que sudaba frío. Tenía tanto miedo de lo que estaba por decirle. ¿Y si no le importaba? ¿Y si, aún así, decidía marcharse? Su mundo se derrumbaría. Ella misma se derrumbaría. –Tengo que decirte algo. –lanzó. No podía darse el lujo de alargarlo ni de postergarlo. Tampoco de huir. Era ahora o nunca.

–¿Qué quieres? –jugó a ser desinteresado mientras seguía en su asunto.

–Tengo un atraso.

En el instante en que dichas palabras llegaron a los oídos de InuYasha, sus manos dejaron de funcionar lentamente. Ya no podía seguir ordenando su ropa. Ya no podía seguir haciendo nada. No era posible, pero podía jurar que parecía que el tiempo se había detenido.

–¿Qué dices? –se giró para encontrarse con la figura de su hermana. Pudo ver el miedo en su rostro y el nerviosismo que la hacía temblar. Supo entonces que no existía posibilidad de que sea una broma.

–Creo que… –tomó aire e hizo una pausa. –Creo que estoy embarazada.

Sus ojos dorados se fruncieron levemente. El aire que viajaba a sus pulmones dejó de fluir de inmediato.

¿Qué?

Sus pensamientos comenzaron a alborotarse, dejándolo incapaz de distinguir alguna idea. ¿Era cierto lo que acababa de escuchar? ¿No podía tratarse de un sueño?

No. Era muy real como para serlo.

–Qu-qué… cómo… –balbuceó aturdido.

Kagome estudió nerviosa cada facción del rostro de su hermano, buscando con detenimiento entender o anticipar su reacción. El miedo en su pecho comenzó a hacer presión. No parecía estar tomándolo bien. Lucía demasiado perturbado.

Las lágrimas que ya se habían estado formando empezaron a juntarse en la cuenca de sus orbes, lo suficiente como para que algunas tomaran el impulso de caer y formar caminos de agua sobre sus mejillas.

–Nn-no está confirmado aún. –añadió, al borde del sollozo. –P-pero es muy probable… tengo todos los síntomas. Yo… –cortó sus palabras porque el nudo en su garganta se desató, permitiéndole llorar, en todo el sentido de la palabra. –Tengo mucho miedo…

Se llevó una de sus manos a su rostro, para seguir sollozando detrás de esta. En ese preciso segundo, deseaba escapar, correr, desaparecer. Pero sus piernas no respondían.

InuYasha no entendía por qué, pero por alguna razón, su vista se había vuelto borrosa. Oía el llanto incesante de su pequeña Kagome, pero como si estuviera lejos. Deseaba correr a abrazarla y consolarla porque no soportaba verla llorar, pero le era imposible.

¿Había embarazado a su propia hermana? Esto definitivamente estaba a otro nivel. Por fracciones de segundo pensó en que debía sentir asco por sí mismo. Había subido un peldaño más del incesto, y en el momento más crucial de todos.

Pero no sintió ese asco. No sintió remordimiento. No sintió lo malo en todo este asunto. Ella era su hermana. Sí. ¿Y qué? Los fuertes sentimientos que albergaba por ella no eran precisamente fraternales. Esa mujer jamás ha sido su hermana, claro que no.

Y si esa mujer que él tanto deseaba esperaba un hijo de él… ¿Cuál era el mal aquí?

Una luz se abrió paso en todo este embrollo. Más precisamente, un recuerdo. O muchos, de hecho, de todos los momentos que pasaron juntos. Desde la primera mirada, la primera caricia, hasta las noches más pasionales.

«Quédate conmigo siempre, Inuyasha.»

Recordó su dulce voz pronunciando estas palabras. Y eso fue suficiente. Si esa mujer era su perdición, estaba listo para dejarse perder.

Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no caer de rodillas al suelo. Fijó sus orbes de oro en Kagome, quien rápidamente le devolvió una mirada agrietada y húmeda.

–Vámonos juntos, Kagome. –realmente era una propuesta, pero sonó más a una orden desesperada.

El dolor, el miedo, la angustia, la incertidumbre… todo desapareció al instante de los ojos chocolate de la joven, siendo reemplazados por la sorpresa y la incredulidad.

–¿Qué?

Con pasos apresurados y decididos, el Taishō mayor se acercó a su hermana, tomándola por los hombros. –A la mierda todo, Kagome. A la mierda nuestros padres, a la mierda Inglaterra. –soltó, cada vez más convencido de sus palabras.

Sabía que nadie jamás sería capaz de comprender el deseo que latía en ambos. ¿De qué serviría hacer caso? ¿De qué serviría intentar matar a la fuerza un sentimiento que no podían controlar? Y mucho más si estaba la posibilidad de tener un fruto de ese mismo sentimiento. Serían condenados de por vida a los ojos de quienes conocían su historia. De nada serviría someterse a la infelicidad y enterrar sus deseos. ¿Qué más daba? No se trataba de una «lección» que tenían que aprender.

–¿Qué estás diciendo? T-tu viaje está programado ya y… –ni ella misma sabía qué mierda estaba diciendo. Seguía temblando y sollozando, pero el nerviosismo ya no era negativo. Simplemente le costaba creer que InuYasha estuviera reaccionando como ella lo estaba deseando.

Porque sí que deseaba oír esas palabras.

Ella ya había decidido seguirlo. Ella ya había decidido irse con él. Y sus planes fracasaron, pero no tenían por qué fracasar. Esa propuesta seguía en pie. Quizá no sería Kantō, pero ¿qué importaba?

–¡¿Y eso qué?! ¿En serio crees que sería capaz de abandonarte en esta situación? –espetó cabreado, incrédulo y nervioso. Ella ya había aceptado anteriormente, ¿qué podría detenerla ahora?

Tomó sus mejillas suavemente y acortó aún más la distancia entre ellos. –No me importa nadie más, Kagome. Solo me importas tú. –bajó el tono de su voz hasta cerca de un susurro.

–InuYasha… –cerró sus ojos tras sentir su cálido aliento acariciar su comisura.

Kagome cada vez sollozaba menos, y una pequeña sonrisa comenzó a asomarse en su semblante.

–Huyamos juntos, formemos nuestra propia familia. A la mierda todo.

–¿Tú crees que funcionará?

–Haremos que funcione. Te lo prometo.

Y sellaron su promesa con una pasional y sincera unión de sus labios. Ambos corazones dejaron de doler, sintiendo que, por fin, iban a poder ser felices. A costa de muchas cosas, sí, pero juntos, y eso era lo más importante.

Ya no tenían miedo a una separación forzada. Ellos ya habían tomado una decisión.


OOOOOOOOOH! (? Esto ya es otro nivel... ¿Qué opinan de todo esto?

Agradezco enormemente las reviews en el capítulo anterior :3 ¡Las amé! Estoy muy feliz de que esta historia les esté gustando :3 Recuerden que les contesto por mensaje privado c:

Saludos especiales a mi preciosa hermana DAIKRA, por supuesto, que todo esto es en honor a ella. A Lis-Sama por su encantadora review, que me dejó boquiabierta y super feliz de tenerla aquí. A Nanda Gutierrez por ser tan linda conmigo y a mi bella Gaby Cordón por el inmenso apoyo que me brinda en cada historia. Significan mucho para mí!

Con amor, Iseul.