Mi Adorable Multitud 17

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Capítulo 17: "Acercándome más a ti… "

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Sarada esperaba a Boruto en aquél lugar, estaba nerviosa, no sabía qué era lo que él podría decirle, se imaginaba muchas cosas, pero rápidamente las había desechado. Además, ella no estaba para esas cosas. Brincó cuando escuchó unos pasos acercarse, carraspeó en cuanto Boruto estuvo frente a ella. Como siempre, se veía muy bien, aunque, en ese momento parecía más arreglado de lo normal.

Ambos quedaron frente a frente, Boruto carraspeó, ella le miró apretar la mandíbula. Parecía algo nervioso… espera, ¿¡Nervioso!?

—¿Qué… qué querías decir? —dijo ella yendo al grano.

—Me preguntaste porque tanto interés por saber lo que te había pasado…

Ella asintió —¿Sigues con eso?

—Aún quiero saber.

Ella bufó, de repente se sentí decepcionada, hizo además de irse pero Boruto la tomó suavemente del brazo.

—No he terminado —dijo tranquilamente mientras la ponía frente a él.

—Creo que ya te dije que no te…

—Me gustas.

Ella se quedó quieta, mirándole con los ojos desorbitados. No sabía que decir, su estómago se sentía extraño.

Boruto la miró intensamente —He tenido novias pero, definitivamente, ninguna me ha hecho sentir esto que siento por ti. Ninguna de ellas había hecho que pensara todo el tiempo en ellas. Yo, en su momento estuve convencido de que las quería porque, me gustaba estar con ellas, platicar y esas cosas… pero tú me has dado un golpe de realidad. Desde que te conocí, llamaste mi atención, y cuando me di cuenta que con el tiempo… sólo estaba pensando en ti. Tu miedo a los chicos me preocupa, me hace pensar que algo te sucedió y la idea de pensar que te pudieron haber hecho daño, me llena de ira… no he podido dejar de pensar en ello— frunció el ceño—Por eso quiero que me digas qué fue lo que pasó.

Ella tragó y negó lentamente —Pe… pero ¿Por qué yo?

—Ya te lo dije, eres… interesante y misteriosa para mí… me gustas, me gustas y mucho.

—Esque no lo entiendo…

—No es necesario que lo hagas.

—Yo… —dijo retrocediendo —no puedo estar con alguien…

Boruto avanzó mientras ella retrocedía lentamente.

—No te estoy pidiendo que aceptes mis sentimientos, pero ahora que ya sabes lo que siento, no es como si fuera a cambiar algo, estas advertida, créeme que a partir de ahora, voy a intentar acercarme a ti de cualquier forma. Estoy decidido.

Sarada chocó contra una pared, Boruto puso sus brazos a cada lado de su cabeza, recargándose a la pared y acercando su rostro al de ella.

—Si tú no sientes nada por mí, no importa, sólo quiero que sepas que a partir de ahora, voy a hacer lo que sea para acercarme a ti. Y también, que me digas lo que te sucedió. Yo… te protegeré. Confía en mí.

Sarada se sonrojó y Boruto miró sus labios. No, aún no era el momento. Miró sus ojos y le sostuvo la mirada —Nos estamos viendo —dijo finalmente con una sonrisa.

Cuando él desapareció, ella comenzó a respirar agitadamente —¿Qué rayos acaba de pasar?!

Llevó su mano a su corazón —No, ¿Cómo pasó esto? ¿Por qué él…? —negó rápidamente.

Sarada caminó torpemente a su clase.

…..

Boruto suspiró por tercera vez mientras sonreía levemente.

Mitsuki le miró con una sonrisa —¿Te ha pasado algo bueno?

—Aún no…

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Secundaria Hiruzen

Kushina, Sara y Mito se encontraban almorzando en la cafetería, con ellas estaba Zero. Kushina miró a Mito.

—Sara y yo nos quedaremos hasta tarde por el club de cocina… ya sabes, así que, puedes irte con Zero a casa.

—Nosotros también nos quedaremos, el festival de san Valentín es en dos semanas, estamos ensayando para la obra que presentaremos ahí.

Sara suspiró —Supongo que todos estamos ocupados.

Kushina miró a Zero muy curiosa —Aunque… ¿Por qué elegiste el club de teatro?

—No importa el club donde esté mientras esté cerca de Mito para protegerla.

La mencionada se puso algo nerviosa y luego carraspeó —Tiene razón, es su deber estar cerca de mí —dijo intentando sonar despreocupada.

Zero asintió levemente.

Las chicas se miraron y se encogieron de hombros restándole importancia.

Lo cierto era que, a Mito le había gustado Zero desde el momento en que lo había visto. Ahora que no sólo compartían clases sino también el club, habían estado más cerca.

Por su parte Zero había pensado que Mito era una niña consentida y caprichosa, pero con forme fue conociéndola, se dio cuenta que eso sólo era una especie de armadura para que nadie la viera débil, porque en realidad, ella estaba indefensa, ocultaba todos sus miedos tras esa sonrisa despreocupada y arrogante. Ella era fuerte al hablar, era firme y algo temeraria, pero… muy en el fondo, era temerosa, pero no se daba el lujo de permitir que sus temores la dominaran. Mito encerraba a esa niña asustadiza en un armario bajo llave y terminaba arriesgándose, lanzándose sin importarle o pensar en qué le pudiera suceder después. Así era. Zero había descubierto eso de ella, la niña de hermosos y llamativos cabellos rojos.

Últimamente la había visto ensayar hasta el cansancio sus diálogos y escenas. Ella se quedaba un par de horas más, demostraba ser dedicada, pero lamentablemente, Karumi, la chica que se había declarado su rival, no perdía la oportunidad de sabotearla. Había convencido a sus compañeros de que ella se quedaba hasta tarde sólo para poder hacerlo bien y humillarlos a ellos, también, que al hacer eso, los hacía ver a ellos como a unos irresponsables. Recordó lo que ella le había dicho:

Zero se acercó a ella. Mito se encontraba leyendo el libreto.

—Deberías aclarar las cosas, esos rumores se hacen cada vez más exagerados.

—No te preocupes por cosas tan banales como esas, en la vida, siempre te vas a encontrar con personas así y por más que quieras evitarlo, habrán quienes no lo comprendan. No tengo intenciones de perder mi tiempo en personas necias y que se dejan manipular por una niña tonta.

Él parpadeó, en cierta forma, ella tenía razón.

Ella le extendió el libreto —¿Me ayudas? Dime si me equivoco en una línea.

El asintió sin más.

Luego de ese día, él no se separó de ella durante la escuela. A veces la veía en casa porque Haruto gustaba de practicar con él.

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Haruto disparaba certeramente al blanco, sonrió cuando su padre le felicitaba, tal vez el que un chico de 15 años estuviera siendo felicitado por su padre por disparar, no era bien visto, pero dada las circunstancias, era un seguro de vida.

A su lado, Nagato se encontraba preparando un arma, habían comenzado hacía tres días con las prácticas y habían aprendido bien. Se colocó los audífonos y apuntó.

Por su parte, Naruto pensaba que estaba haciendo lo correcto. Kakashi le había sugerido algunas medidas. Le gradecía que fuera muy cuidadoso en ese tema, él había sido su profesor en la preparatoria, se sorprendió cuando supo que era un agente encubierto y que también investigaba a Akatsuki. Sin duda, podía confiar en él.

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Haru y Hiro eran idénticos de personalidades, solo en algunas ocasiones, Hiro era quien se molestaba fácilmente. Pero eran pocas esas veces. Habían forjado un buen lazo de amistad con Daisuke, quien compartía la personalidad de ambos.

Los tres se encontraban en la biblioteca, necesitaban prepararse para un examen. Una chica de gafas de fondo de botella, largas trenzas, con braquets y una falda demasiado larga se colocó tras Hiro lentamente, le habló al oído.

—¿Necesitas ayuda? Hi-ro-kunnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn

Este saltó —¡Ah! —gritó mientras volteaba a verla y se echaba hacia atrás.

Haru y Daisuke le miraron sorprendidos.

—Shiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii— se escuchó un murmullo.

—Lo siento —se disculpó de inmediato.

La chica miró el asiento vacía a lado de él, luego le miró —¿Está ocupado?

—Si, está ocupa…

—Parece que no —dijo sentándose de inmediato sin apartar la vista de él.

—Hiro-kun, hay algo que quiero preguntarte.

Este tragó duro, luego miró a su hermano y amigo intentando pedir ayuda, pero los muy traidores sólo rieron levemente y enfocaron la vista en su libro. Miró a la chica que le miraba expectante. Tragó duro. Últimamente se había sentido observado, pero no le había dado importancia, no fue hasta hace unos días que finalmente la descubrió tomándole fotografías con su celular. La piel se le puso chinita y cuando la chica se había visto descubierta, decidió mostrarse tal cuál era, se acercaba a hablarle, le regalaba golosinas (eso si le gustaba) y se ofrecía para ayudarle en lo que necesitara, como pasarle alguna tarea si lo olvidaba (aunque él no se la pidiera, ella ya tenía unas copias para él), le pasaba sus notas y demás. Pero él definitivamente no quería tener nada que ver con ella. Así que optaba por ignorarla.

—¿Qué… qué quieres saber? —murmuró él.

Ella se acercó más a él y este se reclinó más sobre su asiento.

—¿Te gustan los chocolates? O ¿Prefieres otra cosa?

—Yo… —Una venita le saltó, en cuanto escuchó a ese par reír no tan disimuladamente mientras se cubrían con su libro —No… no me gustan los chocolates ni nada…

—Pero si me recibes mis dulces…

—Pero nunca los pruebo… —Miró a su hermano y amigo y los señaló —Ellos me los quitan y se los comen, así que… nunca los he comido…

Ellos dejaron de reír y miraron a Hiro sorprendidos ¿Qué mentira había dicho?, el se los comía todos!. Tragaron duro en cuanto sintieron la mirada asesina de la chica, Hiro rió levemente. Se lo merecían.

La chica se inclinó sobre la mesa con mirada intimidante y se inclinó a ellos. Ellos retrocedieron lentamente aún sentados.

—No se metan en mi camino del amor ¿Entendido?

—Ca… camino… del… ¿Amor? —Preguntó Haru nervioso.

—Del amor. —reiteró ella.

—¿Amor? —preguntó Daisuke.

Ella asintió.

Con sus dedos, señaló sus ojos y luego los de ellos. Ambos asintieron rápidamente una y otra vez.

Hiro se levantó y cerró su libreta.

—Chicos… ya tenemos que irnos…

Ellos se levantaron rápidamente. La chica le miró con una sonrisa mostrando sus braquets.

—Nos vemos pronto Hiro-kun! —dijo mientras le miraba irse con los chicos.

…..

—¿Por qué esa chita te sigue? —preguntó su hermano una vez afuera.

Este negó —No lo sé, ella, de repente comenzó a espiarme…

—¿No me digas que fue por ese incidente? —preguntó Daisuke.

Hiro pareció recordar, abrió los ojos muy grandes cuando lo recordó. Durante una de sus limpiezas en el pasillo de la escuela, unas compañeras la habían empujado al suelo derramando las cubetas de agua, mientras la llamaban fea. Todos comenzaron a reír, incluso Daisuke y su hermano, pero a él no le pareció aquello. Así que caminó con ella y la ayudó a levantarse, al ver que estaba lastimada, se ofreció a llevarla a la enfermería. Ella sólo había asentido.

—¡Wow! ¡Así que era eso! —dijo Haru sorprendido, Señaló a su hermano divertido—¡Tú coqueteaste con ella primero! —dijo, y Daisuke asintió.

—¡Esa no era mi intención!

—Ya te dije que las chicas están todas locas, basta con mirar a nuestras hermanas, gritan todo el tiempo, se vuelven locas por las compras, ¿Acaso quieres esa vida? Mira a nuestro padre, siempre hace lo que mamá dice, ella lo tiene completamente dominado. En definitiva, esa no es la vida que quiero, no me refiero a que seamos nosotros los que las dominemos a ellas, sino que tampoco nos dejemos llevar por ellas —dijo Haru, Ryusuke asentía en acuerdo.

—Pero ese no es mi caso, ya te dije que no era esa mi intención.

—Pues como haya sido, ahora no puedes quitártela de encima, ella es muy aterradora, así que no esperes que te ayudemos con eso.

Hiro sólo pudo suspirar.

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Shíon estaba frustrada, había comenzado a tener sueños eróticos con su jefe y por más que ella le daba insinuaciones, este no la miraba. Tal vez ya tenía otras amantes, ¿Y cómo no? Si estaba muy bueno. Además estaba el detalle de que tenía dinero. Al recordar a su hijo, quien ya se veía grande, no pudo evitar pensar en que su esposa seguramente sería una de esas viejas con arrugas y la piel caída. Negó con desagrado. Necesitaba hacer algo, ya no le importaba si este nada más la utilizaba, ella estaría más que satisfecha siendo poseída por aquél hombre. Salió de sus pensamientos cuando las puertas del elevador se abrieron y de este salió una mujer bastante atractiva, tenía un cuerpo espectacular, y llevaba un vestido algo corto y con un escote pronunciado que dejaba ver sus enormes pechos. Tenía unos tacones color plata y parecían caros. La miró bien cuando ella estuvo frente a ella. La mujer tenía unos hermosos ojos, labios carnosos, una piel pálida pero bonita, y un hermoso y largo cabello negro-azulado recogido de lado que dejaba caer todo su cabello a un lado, llevaba en sus manos un obsequio.

—Vine a ver al Señor Uzumaki —dijo con una sonrisa.

Shíon se levanto y la miró de arriba abajo con una mirada despectiva —El Señor Uzumaki está muy ocupado, no tiene tiempo para, "este tipo" de visitas.

Hinata le miró intensamente y sonrió —Levanta ese teléfono, y dile a tu jefe que Hinata Hyuga está aquí —le guiñó un ojo —anda, yo sé lo que te digo.

Shíon negó con una sonrisa irónica —Será mejor que se vaya —dijo cruzándose de brazos.

La puerta de la oficina de Naruto se abrió, y este le miró.

—¿Acaso tiene el teléfono descolgado? Le estoy llamando y no…—Miró a su esposa —¿Amor?

Hinata sonrió —Mi vida, vine a darte una sorpresa y esta jovencita no me deja entrar.

Shíon le miró sorprendida y luego a su jefe. Lo miró fruncir el ceño.

—¿Acaso sabe quién es esta mujer?

Ella negó.

—Es la señora Uzumaki, que le quede claro que para mi esposa no necesita ser anunciada, ella puede entrar a mi oficina siempre que venga.

—Yo… me disculpo, no lo sabía…creí que…

—¿Qué? ¿Qué era una de sus amiguitas?

Naruto le miró sorprendido —Pero mi amor, yo no tengo "amiguitas".

Shíon no podía creer lo que veía, su jefe estaba mostrando una faceta diferente. Parecía un tonto enamorado.

Hinata le sonrió —Lo sé—llevó una mano a su pecho — ¿Me muestras tu oficina?

Naruto asintió, ya se estaba imaginando lo que podría hacerle a su mujer con ese vestido puesto… y en su escritorio… aún no lo estrenaban. Miró a Shíon.

—Que nadie me moleste, no me pases llamadas, es más, vete a comer.

Dicho esto, tomó a su esposa de la cintura y la condujo a su oficina. Hinata caminó sensualmente siendo sostenido por su esposo, volteó el rostro y le dedico una sonrisa triunfante a la secretaria.

Shíon boqueó, no sabía que decir… aunque no quisiera aceptarlo, ella era muy hermosa… y era la razón por la que su jefe, no se fijaba en nadie más.

Cerró la puerta con seguro y cuando volvió la vista al frente, sonrió, su esposa se encontraba recargada de manera sensual en el escritorio. La miró como si fuera su presa y caminó directo a ella, la tomó de la cintura. Hinata llevó su mano al interior de su escote y sacó una tira de condones.

—Qué lindo escritorio tienes aquí… cariño.

Naruto atacó sus labios al instante y ella se aferró a él con sus manos. Enganchó su cadera con una de sus piernas y este bajó por su cuello —Ese vestido que traes… después de hoy… no vuelvas a usarlo en público…

—Lo que digas… ummmm

Metió su rostro entre sus pechos y comenzó a besar. Desabrochó su vestido y la obligó a retirárselo. Naruto le vio con una sexi lencería roja.

—¡Dios! ¡Cómo es que andas así!

—Sólo para ti mi vida! Feliz san Valentín.

Naruto regresó a sus pechos y besó entre ellos. La tomó de la cintura y la subió al escritorio, retiró las cosas de un manotazo y lo dejó libre para su esposa, la recostó y volvió a dejar un reguero de besos por su abdomen, con su lengua recorría su vientre que se contraía cada vez más.

Ambos eran expertos, y habían aprendido a no hacer ruido cuando era necesario.

Hinata tomó su vestido y lo metió a su poca para evitar gritar en cuanto su esposo comenzó a chupar su entrepierna luego de haber retirado sus pantis, podía sentir su lengua jugueteando con su parte íntima. Finalmente se dejó ir y su esposo bebió de ella. Naruto besó sus muslos con ternura, luego se retiró y comenzó a desabrocharse el pantalón, sacó su miembro y la tomó de la cintura para acomodarse mejor entre ella.

El escritorio resistía los embates de Naruto hacia su esposa. Luego de venirse, se retiró el condón y tomó otro, se lo colocó rápidamente mientras Hinata trataba de recuperar el aliento. Sintió como su esposo la levantaba para ponerla en el suelo, una vez parada, besó sus labios ávidamente para luego darle vuelta e inclinarla en el escritorio. Jadeó cuando este la penetró por detrás y se inclinó más a ella de modo que sus cuerpos quedaran pegados, sólo la camisa de este obstruía el contacto. Mordió su hombro al sentirse venir otra vez. Finalmente, se retiró y se abrochó el pantalón. La levantó, se abrazó a ella y la cargó en brazos, la colocó en el sofá dulcemente y la cubrió con su saco.

—Cada día te superas… —dijo ella.

—Y tú me sorprendes más.

Rato más tarde, se colocó el vestido y entró al baño que tenía él en su oficina. Volvió a maquillarse y quedó como antes.

Naruto la esperaba con una caja en sus manos.

—Un obsequio para ti mi vida —dijo él.

Hinata lo tomó y vió que era una gargantilla de piedras hermosas.

—Es hermoso.

—Lo mejor para ti.

—No debiste.

—Claro que sí.

—Bueno, yo también te traje algo…

Naruto recibió aquél regalo y lo desenvolvió abrió sus ojos cuando vió que se trataba de un retrato de ella con todos sus hijos.

—Esto es lo que me faltaba para esta oficina, mi amor es… muy hermoso.

—Sabía que te gustaría.

—No puedo creer que tengamos tantos hijos…—dijo sonriendo.

Hinata asintió. Naruto miró su reloj —Vaya, ya es hora.

Hinata le miró triste —¿Estás ocupado?

—Si, de hecho tengo una reservación para una cena romántica con mi esposa ¿Crees que ella pueda venir?

Hinata sonrió como una niña —Ella estaría muy encantada.

—Genial! —La tomó de la mano y salieron de allí. Ambos riendo como dos adolescentes en su primera cita.

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Día del festival…

Neji, Ryusuke y Nagato, se encontraban en una mesa en el patio de la escuela mirando la pila de cajas de regalos en la mesa.

—¡Oigan! Chicos! —gritó Haruto desde lejos.

Miraron en su dirección y ahí estaba, Haruto venía cargando algunas cajas y Yamamoto también, este le venía ayudando.

—¿Tú también Haruto? —preguntó Ryusuke cuando estos llegaron.

Haruto depositó los regalos en la mesa y susipró—Sabía que algunas chicas nos iban a ver a las prácticas, pero no creí que se fueran a fijar en mi…

Yamamoto depositó las demás cajas —Haruto-san ha recibido cuatro confesiones y las que faltan.

—¿confesión? —preguntó Nagato.

Haruto asintió y rió apenado —Yo no me lo esperaba jejeje, pero tuve que rechazarlas.

—Seguro las hiciste llorar

—No, yo… me disculpé con ellas y ellas lo entendieron.

—¿Así que… sólo debes disculparte? —Preguntó Neji de repente.

Haruto asintió —Para no lastimarles, primero debes agradecerles por esos sentimientos, luego disculparte por no poder aceptarlos… es simple.

Neji pareció pensarlo —Así que… eso es lo que tenía que hacer…

—¿Pues qué les decías para hacerlas llorar? —preguntó Haruto.

—"No estoy interesado"

—Sí, lo suponía…

—¡Haruto-san es genial!

—No es para tanto Yamamoto.

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—Que no Yana! No pienso darle nada a Haruto, no soy una de las que están tras de él.

Yana sonrió perversamente y le miró con ojos entrecerrados —Sé que tiene una pequeña bolsa de chocolates en tu bolsa.

Madoka se sonrojó —No… significa que sean para él…

—Son para él —afirmó Yana. Madoka se mordió el labio.

Finalmente gimió vencida —Hay! Está bien! pero no es por lo que estás pensando, Haruto y yo somos amigos… así que… es sólo de amistad…

Yana asintió —¿Y qué esperas?

—No lo sé, tal vez más tarde… y ya déjame en paz, mejor vamos a comer.

—Hai, Hai…

-…...-

Nagato leía un libro. Haruto le miró —Oye hermano, ¿no irás a echar un vistazo al festival?

—No, sabes que los festivales no me gustan, hay mucha gente…

Bueno, pues yo si, irá a ver a Kushina y Sara en su puesto de comida y luego iré a ver la obra de Mito, te encargo los obsequios.

Neji se levantó —Yo también iré…

—Y yo —dijo Yamamoto.

—Yo me quedaré —dijo Ryusuke.

—Bien, vamos chicos.

Caminaban por los puestos de comida y de juegos hasta que finalmente encontraron al club de cocina.

—Hermano, ven y prueba nuestras creaciones —dijo Kushina mostrándole sus postres.

—¿Los hiciste tú? —preguntó Haruto dudoso.

Kushina sonrió de manera escabrosa —Si, los hice yo ¿Por qué?

Haruto sonrió nervioso —No, nadamas era pura curiosidad.

—Sólo cómelos —dijo ella en el mismo tono.

—Yo tomaré algunos —dijo Neji.

El rostro de Kushina se transformó y le sonrió gentilmente. A Haruto le sorprendió que ella sonriera así, Kushina solía ser muy ruda y temperamental, seguro que Neji le caía bien.

—Te recomiendo estos, son mi última creación

Neji asintió y tomó dos de ellos, le ofreció un pago pero ella negó —No, para los amigos de mi hermano son gratis.

Yamamoto sonrió emocionado —Genial, yo también tomaré uno.

Antes de tomar uno, Haruto se acercó a este y le susurró muy bajito mientras miraba con una sonrisa a su hermana —No te lo recomiendo.

—¿Por qué no?

Kushina le habló al chico antes de que Haruto hablara —Vamos, toma uno.

El chico se inclinó —Muchas gracias, lo tomaré.

—Oye Sara, ¿Y cuáles hiciste tú? —Preguntó Haruto. Sara era la única que sabía cocinar muy bien. A Mito y Kushina no se les daba.

—Pues yo hice estos pastelillos de nuez ¿Quieres uno?

—¿Nuez? Me gusta la Nuez —dijo rápidamente para tomar uno.

Rato después, Neji y Yamamoto se encontraban detrás de los salones volviendo el estómago.

—Se los advertí —dijo Haruto.

—Debiste ser más específico —dijo Neji

—Siento no haberte escuchado…. Haruto… san…. —dijo Yamamoto visiblemente pálido

Haruto lo sostuvo —Vamos, aguanta un poco Yamamoto.

—Vámonos…. vámonos juntos… lejos de aquí.

Ella se abrazó a él —Si, llévame contigo!

—¡Altó! Si no eres mía, no serás de nadie! —el chico sacó una espada y se lanzó al otro joven, quien hizo a un lado a la joven y se defendió.

Finalmente, los dos habían caído muertos.

La joven se arrodilló y abrazó a su amado —¡Nooooooooooooooooooooooooo!

Unos duendes entraron a escena y se llevaron a la chica con ellos. El telón se cerró.

—Ugh!... sniff…. Sniff

Haruto volteó a ver a Yamamoto, quien lloraba.

—¿Es enserio?

—Pobre chica!

Todos comenzaron a aplaudir, debía aceptar que su hermana actuaba bien, pero estaba seguro de que estuvo a punto de besar a Zero. Negó, era su imaginación.

—Anda, vamos con los chicos.

—Haiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! Snif…

Sara miró a Zero, vamos, te invitaré a tomar algo.

—¿Me estás pidiendo una cita?

—¡No! —gritó sorprendida, este le miró tranquilo— en realidad, vamos a celebrar… ¿No somos amigos?

—Vamos, pero yo pagaré —dijo él.

—pero me ayudaste mucho, es justo que yo…

—No importa, yo pagaré lo que quieras.

Ella le miró sorprendida y luego sonrió

—No te vayas a retractar.

Este sólo sonrió.

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—Esto es para ti… Hi-ro-Kuuuuuuuuuuuuuuuun

Hiro tragó y negó —no… gracias… yo…

La chica avanzó a él y estrelló la bolsa en su pecho, instintivamente este la tomó.

—No seas tan vergonzoso, los hice con amor.

Luego de eso ella sonrió y salió corriendo.

Él suspiró.

—¡¿Qué esperas Hiro-kuuuuuuuuuuuuu?! —llamó Haru a lo lejos mientras este le miraba reír divertido junto con Daisuke. No hacía falta ver que se estaba burlando.

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Sarada no entendía que estaba haciendo allí, esperen, sí lo sabía. Ella se había ofrecido a ayudar a Boruto cuando necesitar un guía en la ciudad, aunque de eso ya varios meses. Aún así, este se lo había recordado.

—¿Algún lugar que favorito? —preguntó él.

—Pensé que querrías ir a un lugar en específico —dijo ella.

—Si… pero será después de tomar algo

Ella suspiró, Boruto era muy insistente, sabía que este sólo quería salir y utilizaba pretextos como ese para estar con ella. Lo sabía, porque este se lo había dicho sin más, ¿Acaso no conocía la vergüenza? Las cosas se complicaban cuando este de un momento a otro, cambiaba de actitud y luego comenzaba a coquetearle, se le acercaba mucho en ocasiones y cuando estaba segura que este la besaría, simplemente luego se alejaba.

—Ahí preparan un buen café.

—Perfecto, vamos ahí —dijo para tomarle la mano y llevar allí.

Mientras estaba en la mesa, sentados uno frente al otro, su nerviosismo no cambiaba, miraba a su alrededor, pues él no le quitaba la vista de encima.

—¿Podrías… dejar de hacer eso?

—¿Hacer qué?

—Eso… mirarme…

Este sonrió y miró su café.

—¿Por qué haces esto?... es decir…

—Te lo dije ¿no? Me gustas.

Ella comenzó a toser intencionalmente para distraerse.

Este sonrió aún más.

—El… café está muy bueno…

—Lo está.

—Y… ¿A dónde quieres ir?

—Una librería.

Ella le miró emocionada —genial, tengo un buen lugar.

Él asintió.

Mientras estaban en la librería, del otro lado de estante, Sarada miraba de reojo a Boruto, este parecía muy concentrado ojeando un libro, ella también parecía estar buscando algo.

Miró como unas chicas se juntaban y hablaban entre sí en voz baja a la vez que lo miraban a él.

Luego de un rato, caminaron por el parque.

De repente, ella se detuvo, miró al suelo. Boruto volteó a verla. Se encontraban a un paso de distancia.

—¿Qué sucede?

—Boruto… yo… no pedo hacerlo. No sigas por favor, llevas un mes… intentando…

—¿Qué es lo que no puedes hacer?

Ella le miró, él tenía una mirada seria, pero sus ojos brillaban.

Ella negó—No… estoy segura de querer un novio… no tengo una buena opinión sobre los chicos… siento que todos son iguales.

—¿Iguales en qué?

—Creo que sabes lo que quiero decir…

—No lo sé, dímelo.

—Siento que todos quieren lastimarme…

Boruto se acercó a ella, y esta no quiso mirarle hasta que él la obligó.

—¿Crees que yo te voy a lastimar?

Se sorprendió de verlo tensar la mandíbula y mirarle como si estuviera molesto.

—No pareces tú ahora mismo.

Él pareció despertar y le miró sorprendido, la soltó y se separó un poco.

—Yo, no espero que dudes de mí, yo no te lastimaría.

—No puedo evitarlo… mejor… no pierdas tu tiempo… no te lo mereces.

—Entiendo —esta vez se acercó a ella y le puso en si mano la bolsa de la librería.

—¡Espera! Esto….

—Es para ti. Ve a casa con cuidado.

Dijo él para voltear e irse sin mirar atrás. No lo perdía de vista hasta que desapareció. Miró la bolsa y sacó un libro, era una novela. Tenía una portada extraña. Pasó sus dedos sobre él.

Sentía que había hecho algo mal.

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Naruto y Hinata se encontraban llegando a la mansión, caída la tarde. Se sorprendieron de ver a sus pequeños correr en círculos con la boquita llena de chocolate y a Mai sentada en las escaleras comiendo chocolates de una caja mientras se limpiaba de su vestido.

—¡¿Pero qué rayos?! —dijo Naruto.

—¿Cómo es que…? –Hinata no sabía que decir. Ver a sus hijos así, representaba una cosa: Mucho, mucho trabajo.

Haruto y Nagato bajaron las escaleras de prisa.

—¡Esos enanos robaron nuestros obsequios! —dijo Haruto

—¿Cómo entraron a nuestro cuarto? —dijo Nagato.

—¿Esos chocolates eran de ustedes? —preguntó Hinata.

Haruto sonrió apenado —Son chocolates que nos regalaron unas chicas en la escuela, eran demasiados… nos descuidamos un momento y… ¡Rayos! ¡Qué ágiles!

Naruto sonrió —¿Así que recibieron confesiones?

—Créeme padre, fue muy difícil—se encogió de hombros. Al darse vuelta, abrió los ojos al ver una bolsa aún intacta tirada en el suelo. Corrió a tomarlo. Nagato la señaló.

—¿No es esa la bolsa que te dio Madoka?

Este le miró con advertencia.

—¿Madoka? —Preguntó Hinata.

—No es nadie… es decir… una amiga… definitivamente no puedo dejar que tengan esta —corrió escaleras arriba ante la mirada sorprendida de sus padres.

—En fín, parece que se divirtieron ¿No? Ahora… —dijo Nagato nerviosamente mientras señalaba a sus hermanitos—Suerte con los enanos —dijo para salir corriendo escaleras arriba. A sus padres no les dio tiempo ni de hablar cuando ya había desaparecido.

—¡Oigan! —llamó Naruto. Pronto sintió que tiraban de sus pantalones y miró hacia abajo. Natsu le miraba.

—Agua —dijo el pequeño mientras señalaba su boca.

Naruto lo tomó e brazos y miró como los otros dos corrían a la cocina.

Hinata tomó a su hija y siguió a su esposo. Ese día les habían dado el día a las empleadas, por lo que no había nadie que arreglara el desastre.

Cuando desaparecieron del la entrada… Boruto acaba de llegar, miró el desastre pero al escuchar las voces de sus padres no hizo nada más. Caminó a las escaleras y se dirigió a su cuarto. Sinceramente no tenía el humor de ver o hablar con alguien. Sarada Uchiha, ella, parecía querer ver a través de él, parecía que poco a poco descubría aquello que tanto se había dedicado a esconder de todos. Algo que no les gustaba, pero que debía aceptar, era benéfico para él cuando se requería. ¿Cuándo las cosas se habían revertido? Era él quien intentaba descubrir lo que le había pasado a ella y sin embargo, ella parecía verlo…

—Jodido día de San Valentín…. —dijo sonriendo amargamente.

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Varios días después…

Hanabi Hyuga depositó una taza de té en el escritorio en donde se encontraba leyendo Boruto, éste se encontraba en la biblioteca de la casa de su abuelo. Sinceramente le gustaba mucho ese lugar. Miró a su tía sonriéndole.

—Pensé que te gustaría… Boruto.

—Gracias tía Hanabi.

Ella negó y tomó asiento a su lado —Ya te dije que me llames sólo Hanabi.

Este negó —Es una falta de respeto, no se moleste, pero prefiero…

—Esta bien —dijo un poco desairada —Por cierto ¿Has comido ya?

—No.

—Conozco un buen restauran por aquí cerca ¿Por qué no vamos? Yo te invito.

—No lo sé…

—Vamos, no creo que tengas que pedir permiso ¿No? Ya eres mayor de edad.

—Supongo…

—Bien —Hanabi se levantó— ¿Nos vamos?

Boruto no dijo nada más y se levantó.

Hanabi estaba emocionada, hacía tiempo que no sentía algo así, sin duda él parecía más manejable.

Boruto condujo al lugar que ella le había indicado.

Se sentaron en una mesa, el lugar era muy tradicional.

—Aquí venden un soju exquisito —dijo ella.

Boruto bebió un poco de agua y miró la vista, un jardín japonés tradicional con fuentes pequeñas que transmitían paz.

—Sin duda es un buen lugar.

—Me alegra que te haya gustado.

Borto asintió.

—Y dime, ¿Qué tal la Universidad?

—Bien… algo estresante, pero así es.

—Claro y… ¿Alguna chica?

Boruto sonrió —No…

Ella sonrió —Seguro tienes algún tipo…

—Bueno, creo que todos tenemos algo que nos gusta de una chica… pueden ser muchas cosas…

Ella asintió mientras le escuchaba atentamente.

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Kai, el joven amante de Hanabi, se encontraba afuera de la mansión, ella no había ido a sus últimos encuentros y se había preocupado por ella. Así que decidió ir a verla, esperó un buen rato afuera, ella no había contestado su celular. Necesitaba saber si estaba bien.

Se escondió tras un árbol al ver un auto llegar a la entrada. La puerta del piloto se abrió y salió un joven rubio bastante apuesto. Lo vio caminar a la puerta del copiloto y abrirla, se sorprendió cuando vio salir a Hanabi del auto. Vio como ella le sonreía y le hablaba tan dulcemente. Apretó la mandíbula con ira. Ella nunca se había portado así con nadie.

Marcó a su teléfono otra vez. Pero vio como ella colgaba y le dedicaba una sonrisa a aquel joven.

—La pasé muy bien hoy, eres una excelente compañía Boruto.

Este le miró serio —realmente me agradó ese lugar.

—Me da gusto que te haya gustado, tal vez podamos ir otra vez ¿Qué dices?

—Claro.

Miró como ella se despedía de él con un beso en la mejilla y entraba a la mansión.

A Boruto le sorprendió aquella acción, podía jurar que ella… negó, tal vez era su imaginación. Se subió al auto, y condujo a su casa. Kai decidió seguirlo.

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Por otra parte, una mujer caminaba por el parque y tomaba asiento, miró a su alrededor. Su celular sonó. Contestó.

—Pein…

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