Capítulo 28

Habían pasado solo dos meses en los que ella trataba de verlo, Sarada sentía que algo no estaba bien, sentía esa inquietud, esa sensación de que algo no está bien y sientes que tienes que hacer algo para arreglarlo ¿Pero qué era? Oh si, su novio a escondidas:

Boruto Uzumaki.

Él era… extraño parecía molesto pero la trataba gentil, y cuando ella le decía que no podían salir porque tenía cosas que hacer simplemente él se alejaba después de un frío adiós. A veces, cuando él estaba con sus amigos y ella estaba por irse a casa, ambos conectaban miradas, ella le sonreía levemente y se despedía sutilmente son la mano, pero este solo me miraba intensamente y con seriedad. Ella quedaba un poco descolocada por aquello pero tampoco hacía nada para insistir o buscarle para preguntar si le pasaba algo. Aquello realmente la tenía inquieta y cuando estaban juntos, que por cierto en aquellos dos meses sólo habían podido verse no más que cuatro veces, él la mayor parte del tiempo se quedaba callado, aunque solía atraparla entre sus brazos y quedarse así, cuando ella intentaba iniciar una conversación, este le contestaba secamente, con monosílabos y nada más.

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Sarada cerró aquél libro que él le había regalado en aquella ocasión, una novela extrañamente poco conocida, pues al buscar algo en internet no había nada de información sobre ella ni del autor, el cuál era anónimo.

Su mirada estaba inquieta, sorprendida. Miró nuevamente el libro entre sus manos. El protagonista de aquél libro era enigmático, en todo el libro lo es hasta que al final, se descubre que él tiene algo más en su ser por lo cual es temido y a la vez llamado loco, ella también lo creyó cuando leía la novela pero al final, resulta que este se encontraba librando una batalla interna con sus cinco personalidades, las cuales, le arrastraron a muchos conflictos personales y emocionales que al final termina optando por quitarse la vida sacrificándola para salvar a una pequeña.

Sarada llevó su pulgar a la boca y lo mordió, pensaba en él y en que aún después de lo que habían pasado ella no había logrado cruzar sus barreras, siempre había sido así. Tal vez el quisiera decirle algo con aquello o tal vez no y entonces ella quedaría como una estúpida con una gran imaginación.

Negó. Tenía que enfrentarlo, ella no era tan tonta como para no notar lo que podía estarle pasando.

—A la mierda… tengo que enfrentar esto —se sentó en su cama y habló consigo misma— Sé que algo no está bien, tal vez es porque no hemos podido vernos pero… ¡Que rayos! Esta sensación no me gusta para nada… siento que no puedo dejarlo pasar, o… prolongar esto por más tiempo.

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Boruto bebió un poco del café frente a él. Hanabi sonrió.

—¿Cómo vas con tus estudios? Supongo que bien.

—Si, estoy bien —dijo mientras desviaba la mirada a la ventana de aquella poco concurrida cafetería.

—Boruto— llamó ella sin borrar su coqueta sonrisa. Este la miró —Yo… suelo tener unos días pesados y estresantes en el trabajo, es casi siempre. Jamás puedo tomarme unos momentos como estos para relajarme por completo, tu compañía es… muy placentera, a pesar de que eres joven, tienes un carácter bastante maduro.

—Gracias por eso tía Hanabi.

—No me llames así —dijo fingiendo molestia.

Él sonrió y Hanabi se encaprichó aún más. Ya no podía solo salir con él, tenía que decirle lo que sentía. Boruto parecía muy maduro y era probable que él comprendiera lo que ella quería de él.

—No puedo hacer eso, es la hermana de mi madre.

Ella carraspeó —Boruto ¿A ti te agrada mi compañía? —preguntó de repente.

—Por supuesto —dijo como si nada.

—¿No crees que soy muy mayor para tu compañía?

—Realmente pareces muy joven tía Hanabi.

Hanabi decidió ignorar eso último y sonrió rebuscando algo en su bolso —Tengo algo para ti —dijo mientras le extendía una cajita negra.

Boruto la tomó y la abrió, su rostro se mantenía apacible. Se trataba de un reloj caro. El rubio la miró con seriedad y ella se estremeció, había algo en la mirada de él que le hacía temblar, se mordió el labio inferior inconscientemente al pensar que podría ser de excitación.

Él se incorporó lentamente sobre la mesa para acercarse un poco más a Hanabi y con suma lentitud, depositó la caja frente a ella, lo cual la sorprendió —Lo siento tía Hanabi, pero no puedo aceptar esto.

Ella parpadeó confundida.

—¿Por qué no? Es un regalo.

Él negó —Tengo la sensación de que no está pensando en mí como un sobrino ¿O me equivoco? Si estoy en un error le pediré disculpas ahora mismo.

Ella borró su sonrisa y le miró intensamente —Soy una mujer, eso lo entiendes ¿no? Y tú eres un joven muy atractivo.

—¿Usted quiere algo más?

—Nadie lo sabrá solo será ente nosotros, te prometo que te haré disfrutar, seré tu profesora —dijo con una sonrisa.

Boruto le miró serio —Esta es la última vez que nos vemos.

Hanabi le miró con la boca abierta mientras este se levantaba lentamente

—Descuide, nadie sabrá lo que hablamos aquí —dijo para retirarse.

Cuando salió de su trance, ella corrió tras él, le dio alcance y le obligó detenerse.

—Espero que cumplas tu palabra y no hables con nadie sobre esto —le dijo algo tensa.

Él le sonrió —Descuide, le dije que no pienso decir nada, pero si le agradecería que no visitara a mi madre.

—¿Estás prohibiéndome ir a tu casa? —le dijo con burla.

—Si usted intentó algo con su propio sobrino, para mí ahora ya no es confiable para mi familia.

—¿Me dices enferma?

—No dije eso.

—¿Te crees muy listo? —ella respiró profundo, comenzaba a alterarse. Meses esperando a que él cediera después de todo y el mocoso la acababa de rechazar —Ok, vamos a calmarnos, hablemos.

—¿No es lo que estamos haciendo? —dijo con tranquilidad.

—Me gustas mucho Boruto, y estoy dispuesta a hacer cualquier cosa que me pidas —dijo acercándose —si me das una noche.

—¿Boruto? —se escuchó una voz ajena.

El rubio se tensó y abrió los ojos sorprendido mientras que Hanabi miró a la persona con molestia por la interrupción.

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Sarada acababa de salir de la Biblioteca, se aferró a sus libros y caminó unas cuantas calles, miró su celular, no tenía ningún mensaje de Boruto, suspiró y cruzó la calle. Paró en seco en cuanto vio a Boruto salir de una cafetería, se sorprendió de ver que una mujer le seguía y le detenía para luego decirle algo, parecía molesta. Con un poco de inseguridad se acercó a ellos lentamente y se detuvo en cuanto escuchó aquello

—Me gustas Boruto, y estoy dispuesta a hacer cualquier cosa que me pidas —dijo acercándose —si me das una noche.

—¿Boruto?

Lo miró tensarse y luego ambos la miraron, él estaba sorprendido y ella le miraba mal.

—Sarada… —intentó decir.

Ella señaló a Hanabi con ojos llorosos y Boruto se odió tan solo verla así.

—¿Ustedes…?

—Déjanos solos estamos ocupados niña —escupió Hanabi.

Boruto estaba al límite, estaba arto de aquello. Miró a Hanabi molesto por primera vez —Ella es mi novia, y por supuesto que se va… conmigo.

Hanabi le miró sorprendida.

Tomó a Sarada de la mano y se alejó con ella, quien no parecía reaccionar sobre lo que pasaba. Cuando llegaron a un parque, ella se soltó de él. Este le miró preocupado.

—No es lo que piensas.

—Ella! —dijo casi gritando pero se calmó —Esa mujer… te ofreció sexo ¿No es lo que pienso? —dijo agitada.

Boruto intentó tomarla de la mano nuevamente pero ella se negó, lo intentó de nuevo y esta vez la tomó —Vamos, mi auto está cerca, iremos al muelle y hablaremos ahí —dijo tranquilamente.

—¿No vas a decir nada? —le dijo alterada.

—Lo haré, hablaremos, te diré todo lo que pasó pero no aquí, estamos en un lugar público, hazme caso y ven conmigo.

—¡No! ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? —forcejeó con él par que la soltara pero él no cedió y en cambio caminó con ella y casi la obligó a entrar al auto.

El trayecto fue incómodo, ella no le miraba y claro que lloraba. Cuando llegaron. Ella fue la primera en salir y este tras de ella.

—¿Hace cuanto se ven? ¿Fue antes o después de que me pidieras salir? —dijo ella.

—Sarada, ella es mi tía —Sarada le miró sorprendida y él continuó— Es la hermana de mi madre.

—¿¡Qué?! ¡Por dios pero ella…!

—Nos conocimos un mes después de que llegáramos a Konoha, desde entonces ella ha sido muy atenta conmigo, al principio no me pareció extraño, parecía la típica tía cariñosa. Tenía ciertas sospechas porque poco a poco su comportamiento era un poco… insinuante, me dijo que le agradaba mi compañía y creí que no tenía nada de malo salir con mi "tía" a comer o tomar un café, hasta hace un momento que ella intentó darme un regalo demasiado caro. Le pregunté sin rodeos si tenía otras intenciones y que si no era así entonces le pediría disculpas por pensar eso y no lo negó. Me pidió que tuviéramos una relación pero la rechace al instante, tienes que creerme, le dije que no haría algo como eso y salí del lugar pero ella fue tras de mí y ya sabes lo demás.

—Esa mujer está enferma —le miró alterada —¡Ella es tu tía! ¡Podría ser tu madre! ¡¿Qué rayos le pasa!?

Boruto se acercó a ella y la abrazó escondiendo su rostro en el cuello de ella. Ella se sorprendió y se tensó al mismo tiempo.

—La única que me importa lo que piense de mí eres tú… —dijo en un susurró pero que sabía ella le escuchaba.

Sarada le devolvió el abrazo fuertemente.

—¿Le dirás a tus padres?

Boruto se separó y la miró —No. Le dije que no diría nada sobre esto, pero le advertí que no la quería en casa, no la quiero cerca de mis hermanos.

—Supongo que me pedirás discreción —dijo en tono resignado.

Él asintió —El mal momento ya pasó, no la volveré a ver.

—Que mujer más desagradable —dijo aún sin poder creer que una tía pudiera pensar así sobre su sobrino.

Boruto acarició su mejilla —Olvida eso, perdón por haber sido tan brusco.

—creo que, a pesar de mostrarte tranquilo, estabas desesperado… no debí alterarme y pensar que…

Boruto la besó y ella le correspondió al momento, sintió como este la aferraba de la cintura y ella solo se dejó hacer.

Una vez se separaron Boruto la miró —¿De dónde venías?

Sarada se sorprendió por aquello tan repentino pero no le tomó tanta importancia, más que una actitud "controladora" ella lo veía como "sobreprotección".

—Venía de la Biblioteca, he finalizado mi investigación —dijo relajada.

Este asintió —¿Fuiste solo?

—Si, fui sola —dijo con una sonrisa por aquellas preguntas y aún sin soltarle, pues este le abrazaba por la cintura y ella igual.

—Te llevaré a casa —le dijo sin más e intentó separarse. Le miró curioso cuando sintió que ella no le soltaba, al contrario, hacía más presión contra ella.

Bajó la mirada y ella que era un poco más bajita que él le miraba hacia arriba, su barbilla chocaba con su pecho.

—¿Pasa algo? —preguntó él, ella le vio tensar la mandíbula.

A continuación, Boruto no se esperaba lo que ella diría.

Ella le miró seria—¿Tratas… de ocultar algo justo ahora?

Boruto alcanzó a ocultar su sorpresa y mantuvo su semblante neutral.

—¿Qué intentas decir?

—¿Qué intentas ocultar? —contraatacó ella.

—¿Por qué de repente dices cosas sin sentido?

—¿Sin sentido? ¿Crees que no me doy cuenta?

Él intentó separarse pero ella no cedió —¿Qué sientes por mi Boruto? ¿Puedes intentar definir justo ahora cómo te sientes con respecto a mí?

—¿No te he demostrado lo suficiente cuanto me gustas? —dijo secamente.

Ella se mordió la lengua —Ambos somos lo suficientemente listos para darnos cuenta de que hay algo que te está molestando, hay algo…

No pudo decir nada, pues él se separó bruscamente y se dio la vuelta.

—Vámonos ya Sarada, no quiero que discutamos por cosas sin sentido.

—No.

Y él le miró sorprendido.

—Siento que hay algo que me está molestando y no pienso irme ahora que he decidido hablar sobre esto.

—Sarada —dijo alterado pero eso no le detuvo.

—¡Yo te escuché! ¡Ahora te toca escucharme! Si no lo haces… es mejor que… terminemos lo que tenemos.

Boruto le miró sorprendido olvidándose de su enojo por aquello —¿Qué quieres que te diga? No está pasando nada, según yo, estamos bien.

Ella suspiró —Contéstame una pregunta.

Él le miró pero no dijo nada.

—Creí que te conocía un poco cuando comenzamos a tratarnos y luego…cuando comenzamos a salir creí que todo estaría bien. Hace dos meses que… casi no hemos podido vernos por lo ocupados que estamos y siento que te alejas un momento y luego me tratas como si todo estuviera bien.

—¿No lo está para ti?

—Lo estaría si me dijeras lo que te pasa.

Él frunció el ceño.

—Tienes ciertos cambios de humor que terminan por confundirme, eres lindo conmigo y al segundo eres frío, a veces siento que tratas de luchar contra ti mismo, como si trataras de reprimir algo que quiere salir, te pones tenso de un momento para otro y en ocasiones me rehúyes la mirada —ella tomó aire preparándose para lo que iba a decir —El libro que me regalaste —mencionó y él le miró inquieto —El protagonista tiene el mismo comportamiento que muestras, él tiene otras personalidades… mi pregunta es… ¿Tienes otras… personalidades? —dijo con un leve titubeo.

El silencio reinó en el lugar, el viento sacudió sus cabellos y ella rogaba porque no estuviera haciendo el ridículo por aquello último.

Al ver que éste solo le miraba serio ella dijo una última cosa.

—Si es así, no veo por qué ocultármelo, si crees que por eso me voy a alejar estás equivocado —ella negó —Porque no me has defraudado hasta ahora, porque arriesgaste tu vida un día para salvarme de aquellas personas, porque me defendiste de esos idiotas y porque vi tu sincero interés en saber lo que me pasaba que vi que aquello no sería motivo para alejarme, solo quiero saber lo que te pasa, quiero que me digas como te sientes siempre y si no es así, entonces supondré que tal vez estabas confundido con respecto a si te gustaba y ahora que estamos juntos ya no te sientes igual, solo así, entenderé que tu actitud cambiante conmigo de un momento para otro es porque no…

—Me gustas Sarada, no… yo realmente te amo.

Ella le miró sorprendida.

Él sonrió —Si, tienes razón, tengo doble personalidad, a veces soy el chico amable que te quiere y te protege, y a veces soy el chico frío que quiere imponer su voluntad. No espero que no creas que esté loco. Si quieres terminar esto dilo ahora y… —dudó.

—No quiero hacer eso ¿No escuchaste lo que te dije?

—No quiero que te arrepientas después, si decides quedarte a mi lado ahora, no permitiré que te alejes —extendió sus manos —este soy yo, intentaré retenerte contra tu voluntad.

Ella avanzó hasta quedar a centímetros de él—No será necesario… —dijo para besarlo y este le correspondió con vehemencia.

Ella se separó y le miró ya más relajada —Aún no puedo estar cerca de un chico, todavía siento miedo… pero contigo me siento diferente, lograste que me convenciera de que nunca vas a dañarme.

—Jamás lo haría, pero… si estoy dispuesto a matar si alguien te daña…

—No digas eso —dijo suavemente.

—Es de lo que mi otro yo es capaz…

Ella rodeó su cuello con sus brazos y le abrazó —¿Ya no vas a reprimirte conmigo? Ya no tienes que ocultarme nada.

—No lo haré, solo espero que no te asustes…

—Te quiero Boruto.

Ambos se quedaron un buen rato así.

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Madoka miró a su jefe sorprendida luego de ver su sobre de paga —¿De verdad me dará este aumento?

—Así es, llevas ya un año trabajando aquí, y he observado que haces bien tu trabajo. Sé que eres estudiante, por lo que puedes seguir trabajando las horas que llevas hasta ahora.

Ella sonrió alegre —¡Se lo agradezco! —dijo con una inclinación.

—Bueno, es todo, puedes irte.

Ella asintió y salió, se encontró con Haruto en los vestidores. Este le miró.

—Pareces feliz.

—Me han dado un aumento —dijo animada.

—¡Oh! ¿¡Enserio!? —dijo con exaltación.

Ella sintió una y otra vez y le mostró el sobre —¿Sabes qué? Vayamos a comer algo, yo invito.

Haruto le miró sorprendido —¿Enserio? Espera, no podría hacer que gastaras…

Ella negó —Vamos ¿No somos amigos? Además, será para darte la Bienvenida.

Este le miró sorprendido y luego sonrió sin más —Bien, vayamos.

Ella sonrió de vuelta.

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Naruto se encontraba parado frente a sus pequeños, quienes miraban en distintas direcciones, tras ellos, las paredes de la sala estaban rayadas.

—¿Qué significa esto? —dijo con seriedad.

—Estábamos haciendo un dibujo… —dijo Arata.

—¿Qué les hemos dicho sobre pintar las paredes?

—¡Queríamos jugar! —dijo molesto el pequeño Natsu. Con aquello, Daiki tomó valor.

—¡Si! ¡Ya no vamos al parque!

Naruto parpadeó sorprendido. Carraspeó y se inclinó, acercó a los tres pequeños.

—Lo siento hijos, papá solo quiere que estén bien, quiero que comprendan que no pueden salir por ahora, pero pronto lo harán, solo será un poco más de tiempo.

Los tres pequeños se miraron entre sí y de pronto comenzaron a llorar. Naruto se preocupó.

—¡Esperen!

Ellos no se detenían.

—Ah… ¡Helado! ¿Quieren helado? —dijo nervioso.

Los pequeños callaron al instante y minutos después, comían helado en la cocina mientras balanceaban sus piecitos muy contentos.

Naruto les miró con sospecha —Algo me dice que son unos manipuladores… —miró hacia la nada —Estoy seguro que debían estar castigados…

La señora Chiyo entró a la cocina y Naruto le sonrió —Señora Chiyo —saludó.

—Señor, prepararé la comida.

—Si —miró a sus hijos y luego su reloj.

—No se preocupe por los pequeños, los estaré vigilando.

—Se lo agradezco, tengo que salir.

—Descuide.

Naruto salió de casa, pero se detuvo para mirar al jardín Mito se encontraba leyendo un libro, y a su lado estaba Zero, ambos parecían muy concentrados en la lectura, sonrió —que bien que ambos se llevaran bien, había estado preocupado por el carácter de Mito y el como fuera a tratar a quien cuidaba de ella, pero al parecer todo estaba bien.

Caminó a su auto y partió fuera.

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Hinata soltó un suspiro lego de colgar, aquella era la décimo quinta llamada que le hacían preguntando por Boruto. Hasta ahora, nadie sabía que era su hijo, creían que se trataba del modelo de alguna agencia.

Su secretaria entró —Señora Hyuga, los correos no paran de llegar y ahora tenemos cinco propuestas de…

Ella le miró —¿De qué?

—De Mizukague Corps.

Hinata le miró sorprendida y su asistente continuó algo nerviosa —Los correos son personalmente de Mei Terumi.

Hinata se recargó lentamente sobre el respaldo de su asiento y relajó su mirada —¿Estás diciendo que recibimos un correo personal de la presidenta de Mizukague Corps? ¿Qué quiere de H.H. Angels?

—Quiere tener una cita contigo para conseguir los datos de Boruto.

Ella suspiró y cerró —Mi hijo no es modelo, solo es un buen hijo que ayudó a su madre en un momento crítico.

—Ella insiste…

—No, ignora los correos, yo haré lo mismo con las llamadas, Boruto está concentrado en sus estudios no tiene tiempo para esto.

—A pesar de que su rostro no fue visto por completo debido al antifaz, todo él llamó la atención, su hijo es como de otro mundo —dijo la joven de pronto emocionada.

—Es verdad, le sacó a su padre —dijo con una sonrisa —pero aún así, no pienso ceder. Olvídalo, volvamos al trabajo.

Ella asintió y salió de la oficina.

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Ryusuke, Yamamoto y Nagato miraban desde su mesa aquél pequeño espectáculo que hacía Haruto con Madoka, ambos parecían jugar con un cuaderno, mientras la chica intentaba ver lo que había allí, el pelirrojo intentaba tomarlo de forma divertida y ambos reían.

—¿Qué se supone que hacen esos dos? —dijo Ryusuke.

—Haruto-san se lleva bien con todos aquí… excepto por el club de Judo… —dijo dudoso Yamamoto.

—Ambos son tan ilusos —dijo Nagato mientras volvía a su comida.

Neji llegó al lado de los chicos, parecía molesto.

—¿Sucede algo? —preguntó Nagato.

—No es nada, solo un mal momento —dijo sin más.

—¿Ellos otra vez? —preguntó el pelirojo nuevamente.

—No importa, digan lo que digan no pienso volver a su estúpido club.

Ryusuke se levantó —Tengo que pasar a la Biblioteca, nos vemos después —dijo retirándose

—Hasta luego Ryusuke-san! —se despidió Yamamoto.

Ryusuke caminaba por los pasillos de la escuela mientras miraba su celular.

—¡Hey! ¡Uchiha!

Ryusuke se detuvo de pronto y guardó su celular. Volteó lentamente a ver a quien le llamaba.

Un chico de cabellos castaños le miraba con desdén, este estaba acompañado de cuatro chicos más quienes le miraban con diversión. El chico se le acercó.

—¿sabes quién soy? —le dijo una vez estuvo frente a él.

Ryusuke le miró con tranquilidad —No sé quién eres, deme lo que tengas que decirme rápido.

—Eres una completa mierda, crees que Saori era poca cosa para ti, ella te estaba haciendo el favor al pedirte salir y tú la dejaste en ridículo.

—¿Quién eres tú y por qué mencionas a esa chica?

—Yo soy su hermano, y estoy aquí para cobrarme lo que le hiciste jodido ratón de biblioteca.

—Nunca la humillé, simplemente le dije que no estaba interesado.

El chico le empujó con una mano y le siguió de forma intimidante.

—Te haré pagar Uchiha —siseó.

Ryusuke se quitó las gafas, al parecer, aquél no sería un día tranquilo.

—No vuelvas a empujarme —le dijo.

—¿Si lo hago qué? —dijo dándole otro empujón —¿Tienes miedo rata? ¿Solo porque no están tus amigos?

Ryusuke le dio un manotazo y los demás le rodearon.

—Llevémoslo a los vestidores, alguien podría vernos aquí —dijo mientras se miraban cómplices entre ellos y el pelinegro se dejó arrastrar.

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Haruto miró sorprendido a Ryusuke, este tenía un leve golpe en la mejilla pero se notaba normal. Había llegado unos minutos tarde a la clase y se sorprendió cuando lo vio así mientras tomaba su lugar a su lado.

—¿Qué te pasó? —preguntó el pelirrojo mirándole curioso.

—Unos idiotas molestando, no fue nada —dijo para llevar su vista al frente.

Haruto le dio una última mirada y decidió no decir más.

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Hanabi caminaba de un lado a otro en su oficina —Me las vas a pagar Boruto, esto no va a quedarse así ¿Tu novia? ¿Esa niña tonta? ¡Por dios! si se ve lo patética que es!

Tomó su teléfono y marcó un número.

—Nos vemos en el departamento, te quiero ver ahí en cuanto llegue —dijo y colgó —necesito sexo.

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Jun y Arata miraron a Yuu mientras ayudaba, nuevamente a Lucy, la niña rara a recoger los balones.

—Ellos comienzan a decir cosas sobre Yuu —dijo Arata.

Jun se encogió de hombros —Yuu sabe lo que hace, me ha dicho que es su amiga y no está maldita.

—Pues su apariencia no dice que así sea, ella se ve aterradora.

Jun asintió, era un niño de ocho años después de todo y su imaginación no le permitía ver más allá.

Más tarde, en el auto, Jun miró a su hermano, el rubio tenía el llavero que su madre le había regalado, un llavero que consistía en un delfín y una bonita estrella de mar, solo que había algo raro:

Faltaba la estrella de mar.

—¿Lo perdiste? —preguntó Jun a Yuu y este asintió.

—Lo tenía esta mañana, pero no está —contestó Yuu.

Ninguno dijo nada más y un rato después, Yuu se acercó al asiento del piloto.

—¿Papá? ¿Tienes agua?

El rostro de Naruto apareció a su vista y le ofreció una botella —Aquí tienes hijo, espero que no sea tu garganta y termines resfriado como tus otros hermanos.

El pequeño negó y abrió la botella, cuando iba a intentar beber, Naruto frenó de repente.

—Los siento niños, un despistado se me atravesó —dijo Naruto.

Atrás Yuu había derramado sobre él una gran cantidad de agua. Jun solo le miró divertido.

Más tarde, al llegar a casa, Yuu tropezó con sus agujetas y cayó al suelo estrepitosamente. Naruto corrió a levantarlo y revisarlo.

—¿Estás bien hijo? Mira tus agujetas, deberías atarlas ¿Y si te hubieras golpeado la cabeza? —Frunció el ceño —Tu labio está roto, ven vamos adentro.

Yun miraba aquello sorprendido, Yuu tenía buenos reflejos, sin embargo, últimamente le sucedía de todo por lo cual a él podía causarle risa, pero eso ya era muy constante.

Caminó tras ellos y observó a su hermano, quien mantenía el rostro apacible mientras su padre mojaba un trozo de algodón en alcohol.

Más tarde, mientras hacían tarea en la sala de estar y ambos estaban por terminar su tarea, el pequeño Natsu entró corriendo y sin querer derramó el vaso de agua sobre el trabajo de Yuu.

—¡¿Qué hiciste Natsu?! —regañó Jun.

—Esta bien —fue lo que dijo Yuu para después sacudir su cuaderno —Lo haré de nuevo.

El pequeño Natsu salió corriendo y Jun le observó detenidamente, de pronto se dio cuenta que a su pulsera le faltaba una figurita.

—¿No le falta una figura a tu pulsera?

Yuu la miró y se sorprendió —Le falta el Sol… —murmuró mientras miraba al suelo y buscaba con la mirada.

—Es ella, esa niña te está trayendo mala suerte —dijo Jun de repente.

—No es verdad, es que no me fijo en lo que hago…

Yuu negó —Ella no me agrada, todos comienzan a decir que estás loco como ella.

—Mamá dice que no es verdad.

—Pero es molesto! —dijo fuerte y se retiró a su habitación.

Yuu se quedó observando su cuaderno y decidió comenzar de nuevo.

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Naruto revisó el documento, al parecer no había nada fuera de lo normal. Tomó su teléfono y marcó un número.

—Esta todo en orden Gaara, creo que podemos proceder con el negocio en Rusia.

—Bien Naruto, esperaba una respuesta positiva.

—Encárgate de esto Gaara, eres una de las pocas personas en las que confío.

—Así será Naruto —colgó después de eso.

El rubio miró por la ventana de su despacho en su casa. Sabía que ellos planeaban algo, pero difícilmente podría saber qué era lo que seguía. Las amenazas se habían detenido Entonces, ¿De dónde vendría el ataque?

Salió del lugar y se dirigió al dojo, en donde Boruto entrenaba con Haru, Hiro y Hana, ellos parecían muy interesados en aprender todo sobre defensa. Sabía que ellos practicaban con Boruto cuando este estaba libre. Sonrió, nunca hubiera deseado que sus hijos tuvieran que verse obligados a eso pero sabía que era lo mejor.