Capítulo 33

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Haruto colocó los platos sucios en el fregadero mientras que Madoka entraba quitándose el delantal.

—Hemos terminado —dijo ella.

Haruto sonrió mientras asentía y llevaba sus manos a la cintura para dar un suspiro —Hoy hubo mucha gente.

—Deja de quejarte —dijo divertida mientras se dirigía a los estantes. Haruto le siguió.

—No me estoy quejando, pero enserio hubo más gente que de costumbre.

—es verdad —admitió ella.

Ambos tomaron sus cosas. Al salir, se sorprendieron de encontrarse con Yana.

—¡Hey chicos! —saludó ella con efusividad.

—¿Yana? —dijeron ambos al mismo tiempo.

—Seguramente se están preguntando que hago aquí.

Ambos asintieron.

—Fui de compras —elevó su bolsa de mandado y luego la bajó —Y quise aprovechar para pasar y que quedáramos de acuerdo para el trabajo que tenemos. Chicos, sé que lo olvidaron pero esta práctica es importante, y ya que mañana es fin de semana pensé que podríamos reunirnos en casa de alguno.

Madoka se apresuró —¡En mi casa definitivamente no!

Ambos le miraron con tranquilidad, aquello ya no les resultaba extraño.

—Bueno, en la mía no se puede, mamá está remodelando, todo es un caos.

Haruto se encogió de hombros —Bueno, si no tienen problema entonces será en la mía.

—¡Perfecto! Pero… ¿Cuál es la dirección? —preguntó Yana.

Madoka pareció pensarlo —Ahora que lo pienso… jamás hemos ido a tu casa.

Haruto asintió —Es verdad —sonrió.

Hana sacó su celular y abrió una nota —¿Puedes anotarlo aquí? ¿A qué hora podremos llegar?

—Puede ser temprano, como ustedes quieran —dijo él sin más.

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Al día siguiente, la mañana inició con mucha tranquilidad en aquel hogar.

Boruto bajó las escaleras vistiendo unos pantalones desgastados, el torso lo llevaba descubierto mientras llevaba una camiseta en el hombro, esa mañana, lavaría su auto en el jardín trasero.

Himawari fue la siguiente en bajar, aquella mañana iría de paseo con Misa y Ren.

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Yana y Madoka caminaban por la calle hasta que se detuvieron frente a la enorme puerta de madera ambas se miraron con extrañeza y Madoka sonrió con nerviosismo —Vamos Yana, esta no puede ser la dirección…

—Bueno, es justo como la anotó Haruto anoche… —dijo mientras observaba una y otra vez la nota en su celular y comprobaba con la dirección en la puerta —esta es….

—No… esimposible… Haruto… él…

—Nunca ha dicho que sea rico… pero tampoco es como si hablara mucho de su vida… —dijo Yana.

—Pero… él está trabajando… ¿por qué alguien que vive aquí tendría que verse obligado a trabajar? —dijo ella aún sin poder creer que el pelirrojo viviera ahí.

—No creo que eso sea razón para que tenga o no que trabajar Madoka, sus razones tendrá.

—Pero…

—Mejor comprobemos que vive aquí —cortó Yana ante la repentina inseguridad de Madoka.

Yana tocó la puerta y una persona habló por el comunicador —"¿Si? ¿Qué desea?"

—A… bueno… somos Yana y Madoka… estamos buscando a Haruto Uzumaki… es para un trabajo de la escuela… —dijo con nerviosismo.

—Oh, si. Avisaron que vendrían. Un momento.

Las puertas se abrieron y ellas, un poco indecisas se adentraron al lugar.

—Admiraron todo el jardín y las flores a su alrededor, todo era hermoso, la casa parecía una de sueños. Un hombre en traje que pertenecía a la seguridad se acercó a ellas.

—Señoritas, diríjanse a la puerta, alguien les abrirá.

Ambas asintieron y dieron una reverencia en señal de agradecimiento.

Madoka se aferró al brazo de su amiga —Yana… mejor vámonos… no creo que Haruto…siendo el chico que es viva aquí… ya sabes… él es tan…

—¿Humilde? ¿Modesto y considerado? —terminó ella adivinando.

Madoka asintió.

—Es tiempo de que sepamos más de él, de que conozcamos si es un falso o no —dijo Yana.

—¿Crees que nos mintió? —preguntó la ojiverde.

—No lo sé, pero eso lo voy a comprobar en cuanto lo veamos, déjamelo a mí, soy muy buena con el comportamiento de las personas.

Tocaron a la puerta y segundos después, esta fue abierta por una joven pelirroja.

—Ustedes deben ser amigas del joven Haruto —se hizo a un lado invitándolas a pasar —Pasen, pronto bajará.

Sásame las guió a la sala de estar en donde se retiró luego de ofrecerles algo de tomar.

Ambas se convencieron de que era la casa de Haruto cuando lo observaron en los diversos retratos familiares que había ahí además del enorme cuadro pintado de toda la familia. Ambas se sorprendieron del número de niños que había allí. Cuando Haruto les había contado que tenía 18 hermanos en total, ellas se habían echado a reír creyendo que era una broma y aún cuando él intentó convencerlas, ellas lo tomaron como una broma sin sentido.

Yana se levantó sin despegar la mirada de aquél cuadro y con la boca abierta — . . —deletreó cada palabra.

Haruto llegó con ellas y Madoka se levantó como un resorte.

—Chicas que bueno que llegaron.

Yana lo tomó de las solapas tomándole por sorpresa y acercó su rostro al de este. Haruto parpadeó.

—¿Por qué no nos dijiste que era rico? ¿Y a viste el lugar donde vives?

El pelirrojo comenzó a reír nerviosamente —Eso es porque el dinero es de mis padres no es mío. Realmente solo soy… un chico... común…

Ambas chicas le miraron pensando en aquello, Yana le soltó y se cruzó de brazos.

—Chicas, lo lamento, no creí que fuera muy importante mencionar esto…yo… me siento mucho más cómodo así.

—Eres raro Haruto… incluso siempre usas el transporte público para ir a la escuela junto a Nagato.

—Si…—se encogió de hombros —No es nada del otro mundo chicas. Realmente se los digo enserio, olvidé mencionar que mi familia es… algo… —suspiró —no sé cómo decirlo sin sonar un engreído.

Yana sonrió —Ah! ¿Pero qué importa? Olvidemos esto y a lo que venimos —dijo más animada la pelinegra.

—No lo entiendo —habló de repente Madoka y ambos le miraron —¿Entonces por qué… estás trabajando? Por un momento pensé que podrías tener problemas…

—Ya te lo había dicho… —se rascó la nuca en señal de nerviosismo que no pasó desapercibido por la ojiverde —Lo hice para ganar mi propio dinero y créeme que lo valoro, valoro lo que gano con mi propio esfuerzo…

—Entiendo —dijo Madoka sin más, bien, ese era un buen punto.

—¡Entonces empece…! ¡Oh por dios! ¡Pero que veo! —Comentó Yana al ver que en el jardín se encontraba un chico rubio bastante atractivo sin camisa mientras lavaba un bonito auto —Los ángeles han caído del cielo ¡Papucho! —se expresó con bastante emoción mientras pasaba de Madoka y Haruto para acercarse al enorme ventanal para observar mejor.

A Madoka, aunque le pareció atractivo pensó que Haruto lo era más, así que no le dio demasiada importancia como lo hizo Yana.

—Es mi hermano mayor; Boruto.

—¿Qué edad tiene? —preguntó Yana con mientras le miraba con cara de loca pervertida.

—21, está en la Universidad.

Yana le miró—¿Tiene novia?

Haruto sonrió —Por supuesto que la tiene. De hecho es la hermana mayor de Ryusuke.

Madoka se dejó caer en su asiento de vuelta, cuando Yana se ponía así, era difícil hacerla entrar en razón así que se tomaría su tiempo.

Yana hizo una mueca —Ya sabía yo que era demasiado bueno para ser verdad… —dijo mietras se acercaba nuevamente a la ventana para observarlo.

Boruto regresó a ver en su dirección en aquél momento, Yana aprovechó que tenía su atención para saludarlo como si se conocieran mientras le dedicaba una sonrisa coqueta. Boruto parpadeó, mas luego, al observar a Haruto junto a otra chica, se dio cuenta que eran unas compañeras, elevó la mano regresándole el saludo y luego volvió a lo suyo mientras una sonrisa se le escapaba al ver la reacción de la chica.

Por su parte, Yana saltó de emoción al ver que este no la miraba raro como todos los desconocidos a los que acosaba y le parecían atractivos. Además él la había saludado igual.

—¡Kyaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Me vio! ¡Me vio y me saludó! —dijo mientras daba de brincos y gritaba como loca.

Haruto sonrió y Madoka solo suspiró, su amiga era todo un caso cuando de chicos se trataba.

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Minato se encontraba sentado en aquel enorme sofá de cuero, sus manitas descansaban pulcra y elegantemente sobre sus piernitas, vestía un trajecito bastante formal que consistía en unos pantaloncitos de vestir de tela, una playera de mangas largas con cuello y botones; encima, un chalequito que hacía juego. Por alguna razón, aquél pequeño de tres años, había adquirido un gusto por ese tipo de ropas y no de las coloridas e infantiles como las que utilizaban Natsu, Arata y Daiki.

En fin, aquél pequeño se encontraba en la Boutique que su madre había abierto y ahora, Hinata ayudaba a Sakura a elegir un bonito vestido de noche para su cena de aniversario con su esposo Sasuke.

Cada vez que la pelirrosa salía para mirarse mejor en el espejo con ayuda de Hinata, quien además era la diseñadora, ambas giraban a ver al pequeño para preguntar su opinión. Minato era un niño de tres años, pero desde un principio, había logrado demostrar grandes capacidades e inteligencia por sí mismo.

El pequeño solo elevaba el pulgarcito para demostrar que estaba bien y que le gustaba ante la mirada enternecida de ambas mujeres.

Sakura miró a Hinata —Tu pequeño es muy singular, me agrada que lo traigas a nuestras pruebas.

Hinata miró a su pequeño con una sonrisa —No sé en qué momento comenzó a mostrar este tipo de gustos en cuanto a la forma de vestir, te confieso que cuando Naruto y yo lo llevamos a ese centro comercial para comprarle ropa, él rechazó completamente la ropa colorida e infantil que queríamos comprarle, nos costó mucho trabajo para que él decidiera que quería ponerse porque en cuanto vio nuestras intenciones de elegirle esa ropa este negó rápidamente y buscó por su cuenta lo que quería…. Ahora le encanta vestir esos trajecitos.

—Pues se ve encantador.

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Mientras hacían anotaciones de su trabajo y los puntos a investigar, Haruto se levantó y miró a las chicas —descansemos un momento, iré por algo de comer.

Yana extendió sus brazos tras soltar un suspiro —¡Por fin! Estaba comenzando a estresarme.

Madoka se levantó —¿Necesitas ayuda?

Haruto negó con una sonrisa —Descuida, no es necesario —miró a ambas —Tomense un descanso —se encaminó a la cocina mientras cruzaba el salón hasta la cocina.

Madoka regresó a su asiento mientras soltaba un suspiro. Yana la miró —Me siento una tonta por haber creído que Haruto quería humillarnos…

Madoka le miró sorprendida y luego apartó la mirada —Yana… yo…

Más no pudo continuar, pues Arata, Natsu y Daiki entraron al lugar rápidamente con unos cuadernos en sus manos cada uno y se colocaron en la mesita para comenzar a dibujar y hacer planas.

Madoka los miró con ternura y una sonrisa en su rorstro al igual que Yana, quien dramatizó con dulzura —Oh, pero que trío de niños tan tiernos! ¡Míralos Madoka!.

Los pequeños levantaron la mirada en su dirección para mirarla curiosos y ambas admiraron sus hermosos ojitos azules, sus caritas todas iguales.

Yana aprovechó la atención para acercarse a ellos —¿Qué edad tienen niños?

—Seis —contestó Arata. Los otros dos asintieron. Ambas voltearon a ver a una pequeña de igual estatura que los tres niños, quien acababa de llegar a pasos tranquilos mientras abrazaba un bolsito de Rosita Fresita.

—Oh cielos, parace una muñequita de aparador! —dijo Yana mientras extendía sus brazos para indicarle a la niña que se acercara y esta lo hizo tranquilamente mientras la miraba con curiosidad.

Yana apretujó sus mejillas sonrosadas —Que niña tan linda! —llevó las manos a sus cabellos largos y en rizos —sus cabellos son tan suaves y hermosos… ¿Cuál es tu nombre linda?

—Mi nombre es Mai ¿Cuál es el tuyo?

—Yo soy Yana y ella —señaló a la otra—Es Madoka, nosotras somos amigas de Haruto.

Uno de los tres pequeños levantó su mano mientras sostenía en un puño un color —¡Yo soy Natsu!

—Mucho gusto pequeño —dijo una sonriente Madoka.

—¡Y yo soy Arata!

—¡Yo soy Daiki!

—Awwww que lindos! —dijo Yana.

Mai se había colocado junto a sus hermanos para ponerse a realizar sus planas correspondientes.

Haruto llegó con una charola y la colocó en la mesita a lado de las chicas, mientras una de las sirvientas colocaba un refrigerio para los pequeños cerca de donde estaban haciendo sus deberes.

—Diganme que no las han molestado —dijo el pelirrojo.

—¿Cómo crees Haruto? Tus hermanitos son tan lindos —dijo Yana —No creas que son tan revoltosos como tú.

Haruto boqueó indignado y se apuntó a sí mismo —¿¡Yooooooooooooo!? ¿De dónde sacas eso? —miró a Madoka —Dile que no es así Madoka.

—¿Es enserio? Ella tiene razón Haruto y lo sabes —dijo ella sin más.

—Es comprensible, ustedes no tienen que vivir todo el tiempo con ese trío de demonios, al menos Mai es tranquila.

—¿Qué va? Estos niños son todo menos demonios —dijo Yana.

De pronto, el escándalo se escuchó un poco más en aquella casa, Haru y Hiro, seguidos de Jun y Yuu habían bajado para dirigirse al jardín, Mientras que Ryuu corría a la ventana/puerta para deslizarla y salir corriendo para ayudar a Boruto a terminar de limpiar el auto.

—Vaya ¿Qué se siente vivir en una casa con tantos hermanos? —preguntó Yana con curiosidad.

—Es bastante ruidoso, cuando éramos todos más pequeños… había mucho más caos, pero… no es tan malo.

Kushina apareció hecha una furia ante ellos y observó directamente a Haruto.

—¡Haruto! ¿Qué día crees que es hoy? —preguntó la pelirroja.

—Ah… ¿Sábado?

—¿Y qué fue en lo que habíamos quedado? —dijo mientras movió su pie insistentemente en señal de desespero.

—Ah… —desvió la mirada intentando pensar en algo.

—¡Me prometiste que irías conmigo a ver a mi amiga! ¡Te dije que ella quería conocerte!

Madoka sintió una punzada de desagrado al escuchar aquello. Se mordió el cachete interno mientras le daba una mirada cómplice a Yana, quien estaba al tanto de los sentimientos de su amiga. Ambas estaban incómodas por aquello.

—Lo siento, lo había olvidado —dijo mientras sonreía con pena.

—Bueno, no importa —lo miró de pies a cabeza examinando su vestimenta —No está mal lo que llevas, anda —le indicó que le siguiera —o no llegaremos a tiempo.

—¡Lo siento Kushina! —se apresuró a decir el pelirrojo —Pero tengo trabajo que hacer, mis amigas están aquí y…

—¿Entonces no irás? —cortó ella.

Haruto negó —Lo siento… —dijo mientras la tomaba suavemente del brazo y la apartaba un poco —Además… no te prometí ir, te dije que no estaba interesado…. Anda Kushina, mejor dile a tu amiga que me disculpe y ya.

Aquello fue escuchado de igual manera por las chicas, Yana codeó a Madoka pero esta disimuló su vista en el libro.

Kushina bufó —No puede ser… ¿Qué más da? —dijo para luego retirarse sin más.

Haruto suspiró y volvió con las chicas —Lo siento por esto, ¿En qué nos quedamos?

—Planearemos el orden de la exposición —dijo Madoka con seriedad.

De alguna forma. Haruto sintió que había hecho algo mal y también sintió la indiferencia de la chica en aquél tono y para nada le gustó aquello, aún sin saber por qué, instintivamente trató de llamar su atención inclinando su rostro al de ella.

—Hey Madoka ¿Sucede algo? —trató de sonar animado.

Ella le miró con notoria seriedad —No empieces con tus preguntas, ¿Por qué crees que pasa algo?

—Ah… bueno… yo… pensé que tal vez…

—No tengo nada —comenzó a molestarse, sentía que él podía ver a través de ella pero eso era imposible —Y si esta es una treta para hacerte el vago será mejor que sigas escribiendo la información ¿Entendiste?

Haruto le miró sorprendido, bufó y centró su vista al cuaderno en el que escribía mientras murmuraba —¿Lo ves? Claro que estás molesta…

—¿Disculpa?

—No nada…

Yana rodó los ojos, aquello siempre pasaba pero esta vez, Haruto si tenía la culpa, es decir, ¿Cómo podía andar por ahí de coqueto? No importaba el hecho de que no hubiera buscado por su cuenta aquella cita, de alguna manera había terminado relacionado y aquello era suficiente para que Madoka se sintiera mal.

Más tarde, Hinata llegó a casa y sonrió al ver que su hijo tenía unos invitados en casa y se acercó a ellos.

—Mamá! —llamó Boruto en cuanto la vio y se incorporó.

—Hola, soy Hinata Uzumaki, la madre de Haruto y Nagato —dijo con su hermosa sonrisa la mayor.

Ambas chicas se inclinaron en señal de respeto y algo sonrojadas, la madre de Haruto no solo era joven, sino también muy hermosa.

—Mucho gusto señora, yo soy Madoka.

—Y yo Yana.

—Un gusto preciosas, siéntanse cómodas ¿Se quedan a comer?

—Ah… —ambas se miraron —no queremos ser una molestia… pero gracias… —dijo Madoka.

La pelinegra mayor negó —No es así, vamos, acepten quedarse.

Yana observó a Boruto y su hermanito entrar desde otra puerta y cruzar para subir por las escaleras —Pues siendo así ¡Claro que aceptamos! —dijo mientras seguía con la mirada al rubio hasta desaparecer de su rango de visión.

—¡Exelente! Los dejo terminar con sus deberes entonces —Hinata se dirigió a sus niños que les ayudó a recoger sus cosas —Vamos niños, mamá se hará cargo de su baño hoy.

—Nooooooooooooooooo —dijo Daiki con aburrimiento y como si fueran a ser un sacrificio, todos los pequeños avanzaron con la mirada gacha.

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Zero hizo una mueca al ver a la persona frente a él—¿Qué haces aquí?

Se encontraba en el parque cercano a la mansión, había salido un momento para recibir a aquella persona que no era de su total agrado.

—Sé que no quieres saber nada de mí pero hay alguien que necesita de tu atención ¿Lo recuerdas?

—No es así, ella ya tomó su decisión y yo no pienso involucrarme más, así que regresa por dónde has venido y hazte cargo de sus problemas.

—Lo que haces es una estupidez incluso ella lo ha dicho.

—¿Crees que me importa? No quiero volver a escuchar nada sobre esto ¿entiendes?

—No puedes safarte de esto así como así.

—Estoy trabajando, no vuelvas a buscarme o no dudaré en meterte un tiro.

El tipo rodó los ojos con fastidio y Zero se alejó rápidamente de ahí. Aquello era una completa estupidez.

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—¿Entonces dices que si alguien comete un crimen no es necesario que pague por ello? No entiendo, lógicamente cuando hablamos de un crimen es algo que tiene que pagarse —dijo Himawari. Ella se encontraba con Misa y Ren en la cafetería del centro comercial.

—No digo que no sea así, claro que se paga con cárcel ¿No? Porque un crimen es un crimen pero eso no basta. Creo que el Karma existe y con ello se paga realmente.

Ren suspiró mientras miraba aquél extraño debate que se libraba entre sus dos amigas, recargó la mejilla en una de sus manos mientras observaba a Misa hablar sobre el Karma y su creencia en aquello.

—Puede que tengas razón pero ¿Por qué esperar a que el Karma actúe si puedes actuar rápidamente y detener a los malos antes de que sigan cometiendo crimen tras crimen?

—Pero si metes a alguien a prisión para "Reformarlos" ¿Crees que funcionaría? Yo creo que no, al final solo muy pocos aprenden la lección por este medio en cambio el Karma es el más efectivo —argumentó Misa.

Himawari negó —¿Y cuánto tiempo crees que se tome la venganza del universo para hacerlos pagar? —dijo Himawari

—Está bien, se toma su tiempo, a veces simplemente sucede como la forma en laque vas viviendo y note está yendo bien, siempre las personas terminan pagando las cosas que hacen con su propia forma de vida o incluso en como terminan al final.

—Te escucho y pienso que solo hablas de ficción —esta vez, habló por fin Ren.

Ambas le miraron y Misa frunció el ceño —Ren ¿Otra vez intentas burlarte de lo que pienso?

Este le miró con una sonrisa burlona y con sus dedos empujó dos veces en su frente —Siempre estás hablando sobre eso, cortemos el rollo y vamos a ver una película.

—No quiero! Siempre quieres ver las de terror y tú sabes que soy una miedosa! —se quejó la rubia mientras apartaba la mano de Ren.

—Iremos si dejas que esta vez seamos nosotras la que elijamos —dijo Himawari.

El castaño suspiró con aburrimiento —Si con eso dejan este tema en paz me sacrificaré con sus películas cursis de vampiros.

—¿Cómo sabías que queríamos ver la e vampiros? —dijo Misa emocionada.

—Nooooooooooooo —dramatizó Ren al dar en el blanco.

Las chicas se levantaron —Vamos! —dijeron al unísono. Cuando vieron que Ren no hacía caso de levantarse las chicas sonrieron y lo tomaron cada una de los brazos para arrastrarlo con ellas.

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Pain colgó el teléfono de escritorio que tenía consigo y perdió unos segundos mirándolo sin emoción alguna, como se ahí estuviera la persona con la que acababa de hablar. Inmediatamente después, como si hubiera salido de un trance, tomó el teléfono y lo lanzó contra la pared con furia contenida.

—¡HIJO DE PUTA! ¡PÚDRETE EN EL INFIERNO!

De inmediato uno de sus hombres hizo presencia —Señor ¿Todo en orden?

Pain le miró con molestia —¡Limpia este desastre! —dijo mientras tomaba su saco y salía hecho una furia del lugar.

¿Qué o quién había puesto de esa forma a Pain?