Capítulo 38
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"Un vistazo al pasado"
32 Años atrás
Yaiko alias Pain era un joven de diecinueve años que debido a su carácter fuerte y nada compasivo se había ganado el título de jefe de una banda de criminales, él y su hermano Nagato, de diecisiete se ganaban la vida vendiendo droga y traficando armas. Ambos formaron una pequeña organización llamada Akatsuki y pronto comenzaban a ganar fama en el bajo mundo.
Aunque no eran los únicos, sobre ellos, habían otras personas más poderosas, se trataba de una poderosa mafia que controlaba la mayoría de los territorios dentro y fuera de Konoha.
Nagato entró de improvisto a la pequeña oficina de su hermano, quien con ayuda de un ayudante de confianza contaban el dinero.
—Tenemos problemas.
Pain dejó lo que hacía para prestarle atención —¿Qué sucede?
—Tres de nuestros distribuidores están muertos y la mercancía desapareció.
De inmediato Pain se levantó —¿¡Qué?!
El pelirojo asintió —Lo que oyes, y…. había una nota en uno de los cuerpos.
—¿Una declaratoria de guerra?
—No lo sé, no dejé que nadie la viera, por eso te la traje, ya que eres el jefe.
Pain tomó el papel que su hermano le extendía y desdobló el papel con rastros de sangre.
"Querido Pain, sabemos quién eres y lo que haces, contamos con las pruebas suficientes y los medios para acabar contigo y tu patética organización. Esta no es una amenaza sino una advertencia, si no quieres que tú y los tuyos paguen con su vida o libertad debes aceptar nuestras condiciones, es muy sencillo, solo debes hacer algo por nosotros y si lo consigues, te dejaremos en paz, te recordamos que no tienes derecho a negarte"
Atte. La mafia O.
Cuando supo de donde provenían las amenazas, Pain no pudo evitar lanzar una maldición.
Nagato se acercó —¿Qué dice?
—Es de la… Mafia O…
Nagato abrió los ojos
—¿Cómo es posible que ellos sepan de nosotros? Hemos mantenido un perfil bajo como una simple banda criminal….
—Ellos saben que somos una organización que se está volviendo poderosa ¡Maldición!
—¿Y qué quieren?
—No lo sé aún… solo que debo aceptar… es un maldito aviso prácticamente.
A partir de ese momento, la vida de Pain cambió, pues días después, aquella misteriosa Mafia le dio instrucciones precisas y él sabía que no podía negarse, en primera, porque no podía enfrentarse a una mafia tan poderosa como lo era la Mafia O y en segunda, porque ellos le habían demostrado tener las pruebas suficientes para acabar con sus negocios que con tanto trabajo había levantado.
Las instrucciones eran precisas y a simple vista muy sencillas:
Recuperar unos documentos que estaban en poder de Minato Namikaze, un conocido abogado que combatía a criminales y que tenía en su poder una serie de papeles que presentaría como pruebas en un juicio que se llevaría a cabo en una semana y que dichas pruebas servirían para desmantelar una red de trata de personas, venta de órganos, drogas y armas de todo tipo y que tenía conexiones con varias partes del de exterior. Con esos papeles, la Mafia O caería porque ahí estaban los nombres de la familia que lideraba aquello.
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Un pequeño niño rubio de ojos azules de cinco años corría por los pasillos de su casa con un avión en sus manitas, bajó a toda velocidad por las escaleras mientras soltaba soniditos que simulaban el ruido del motor del avión mientras lo balanceaba de un lado a otro. Corrió hacia la sala en donde rodeó los sillones y la mesita del centro.
Kushina Uzumaki, su madre, una mujer de enormes y hermosos cabellos rojo sonrió mientras extendía sus brazos para recibir a su hijo, quien como sabía, tenía la costumbre de lanzarse contra ella para que su mami le abrazara y le hiciera cosquillas.
—Mami ya! Ya! Hahahaha —sonreía el pequeño mientras que con intentos inútiles quería detener las manos de su madre.
—Mi bebé! —dijo la pelirroja una vez terminó con la tortura de las cosquilla y le apretujó las mejillitas —Karui acaba de decirme que has jugado esta tarde en el parque con un perro callejero y te ensuciaste con lodo ¿Qué tienes que decir a eso jovencito? —dijo en tono de fingida molestia.
El pequeño Naruto infló los mofletes y negó mientras sus ojitos azules brillaban.
Pequeño manipulador.
Kushina entrecerró los ojos y trató de hacerse la dura pero como siempre, no pasó un minuto y se rindió ante su hijo —¿Debería castigarte?
El pequeño rubio negó con rapidez.
Minato llegó de improviso mientras dejaba su maletín en el suelo.
—¿Nuevamente regañándole?
—¡PAPIIIIIII! —Gritó el pequeño mientras corría hacia él.
Con una sonrisa, Minato cargó a su hijo y lo estrechó con fuerza contra él.
La pelirroja se cruzó de brazos —Nuevamente se revolcó en el lodo y esta vez con un perro callejero —ella suspiró —No sé porque tiende a hacer esas cosas tan exageradas, como si no fuera nada.
Minato sonrió —Vamos amor, nuestro hijo es imperativo, ya lo hemos hablado, necesita correr por toda la casa, mantener en movimiento ara que al final del día quede rendido y podamos acostarlo.
—¿Pero revolcarse en lodo?
El rubio se encogió de hombros —Es solo una etapa, te aseguro que cuando tenga la edad en la que le interese como lo puedan ver las niñas no hará eso, por ahora es un niño y es su forma de divertirse.
—Si tú lo dices… —Finalmente ella le sonrió y Minato le devolvió el gesto pero inmediatamente dejó de sonreír y Kushina también lo hizo.
Algo estaba pasando y ella podía darse cuenta, miró los brazos de su esposo y se dio cuenta de la forma tan protectora en la que se aferraba a Naruto, quien parecía muy cómodo en brazos de su padre.
Ella tomó aire —Naruto.
El pequeño volteó su vista a ella —Es hora de dormir mi amor.
—¡Todavía no!
—¿Y si papá te cuenta un cuento?
—¡SIIIIIIII!
Kushina sonrió —Bien, ve a acostarlo mientras le sirvo un vaso de leche.
Minato asintió con una sonrisa y subió las escaleras con su hijo.
Más tarde, Minato se encontraba en su despacho haciendo algunas anotaciones en su libreta, aquello era lo último de las pruebas que tenía, todo estaba bajo control, al parecer nadie se había dado cuenta de lo que tenía como pruebas.
Kushina entró después de un rato y lo observó —No debiste seguir con esto Minato ¿Y nos pasa algo?
El rubio se levantó y se dirigió a ella para colocar sus mano sobre sus hombros —Todo estará bien, confía en mí Kushina, tenemos la protección del gobierno, ellos confiaron en mí y para esto es que me preparé, de esos papeles depende que terminemos con la mayor basura que amenza día con día a nuestra sociedad y lo sabes.
—¿Ya tienes los nombre cierto? Me refiero a las identidades…
—No me preguntes eso, no te diré nada… todo está en esos papeles…
—Minato…
El rubio negó —No insistas, el simple hecho de que sepa quiénes son ellos ya me tiene condenado, al menos hasta que llegue el juicio y pueda presentar las pruebas —Minato suspiró —Ya tengo el caso armado, ya todo está terminado, los días de esa Mafia están contados.
Kushina se abrazó a él —Tengo miedo Minato, desde que tomaste el caso hasta estado tenso… desconfiado… incluso paranoico.
—¿Paranoico? —preguntó este con confusión.
Ella asintió —Te he visto, tal vez no te has dado cuenta pero las veces que hemos salido… mira a los lados con frecuencia.
Minato sonrió con nerviosismo —¿Es asi? —dijo mientras se pasaba sus dedos por la nuca.
Ella asintió —también… estrechas a Naruto como si fuera la última vez que lo harás.
—Lo siento, no era mi intensión asustarte —él volvió a abrazarla y ella le correspondió —Solo unos días más y ya todo habrá terminado, incluso nos mudaremos a otra ciudad ¿Te parece?
Ella asintió.
Minato se separó de ella y se dirigió al escritorio, tomó los papeles y la libreta y se los mostró —Por ahora debemos resguardar esto. Kushina asintió.
Ambos se dirigieron a la habitación de Naruto, en donde el pequeño yacía dormido. Minato se dirigió a su armario y comenzó a tantear al fondo, donde había un compartimento secreto, un cuadro del tamaño de 50 cm x 50cm. Ahí introdujo aquellos papeles y luego volvió a cerrarlo.
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Al día siguiente ambos habían planeado pasar la mañana y el resto de la tarde en casa con Naruto porque por la noche, la pareja iría a la fiesta de compromiso de unos amigos y por seguridad, dejarían a Naruto en casa de Karui, su niñera.
Por la mañana, Naruto había estado jugando con su padre y también había participado para preparar la ensalada con Kushina, además de un intento de pastel que terminó con la cocina hecha un desastre en donde una Kushina molesta terminó por enviar a su esposo e hijo —bañados en harina y huevo— a bañarse.
Después del baño, mientras Minato terminaba de secar con la toalla a Naruto, este se lo quedó viendo con tristeza. No sabía lo que le pasaba pero tenía una mala sensación, ni siquiera se dio cuenta cuando se le acumularon las lágrimas. De pronto sintió las frías manitas de su hijo en sus mejillas.
—Papi ¿Por qué lloras?
Minato sonrió y negó varias veces mientras cerraba los ojos y se tragaba aquellas lágrimas a punto de salir. Continuó secándole la cabeza a Naruto con la toalla.
—No pasa nada, es solo que me ha entrado una basurita en el ojo.
—Pero la ventana esta cerrada papá
Minato sonrió —Oh, mi hijo es muy inteligente —sin embargo, se permitió estrecharlo en sus brazos —Todo va a estar bien Naruto, mamá y yo siempre estaremos contigo.
El pequeño Naruto no dijo nada, simplemente creyó las palabras de su papi.
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Más tarde, por la noche, la pareja Namikaze había partido en el auto después de dejar al pequeño Naruto en casa de Karui, luego tomaron el camino por la carretera, el lugar de la fiesta no era tan lejos, solo algunos kilómetros, casi media hora de distancia.
Ambos iban relativamente callados hasta que Kushina comenzó a hablar.
—Regresemos Minato… yo… quiero volver con Naruto —dijo ella con preocupación.
Minato distinguió un auto tras ellos, al ver que no no habían autos en sentido contrario decidió hacerse a un lado para cederle el paso, pues él no era de acelerar en auto, siempre era precavido y probablemente aquél auto llevaba prisa; sin embargo, este le siguió al otro carril.
—¿Qué le pasa? —murmuró él con el ceño fruncido.
Repitió la acción y el auto volvió a seguirle.
Kushina miró hacia atrás —Cédele el paso Minato, seguramente está ebrio.
De un momento a otro el auto le rebasó y terminó frenando de frente, Minato tuvo que maniobrar pasando al carril siguiente deteniéndose unos metros adelante.
La pareja respiraba agitadamente mientras tras ellos, veían a un par de hombres bajar de auto dispuestos a dirigirse a ellos.
—¡Por dios! ¡Tienen armas Minato! —Gritó Kushina.
Minato se daba una idea de lo que aquellos hombres querían: Sacarle información.
Pero justo cuando estaba dispuesto a salir para enfrentarlos y los tipos casi estaban cerca, una luz les cegó.
—MINATOOOOOOO! —el grito de Kushina se escuchó en aquellos instantes.
Todo pasó tan rápido, un camión había impactado contra el auto del matrimonio Namikaze llevándoselo consigo. Lo que terminó con el auto completamente destrozado por el impacto.
Los dos que se dirigían a ellos, Pain y Nagato habían terminado en el suelo de la carretera al lanzarse hacia atrás para evitar ser llevados al estar casi cerca del auto y miraban sorprendidos la escena.
—¡Maldición! ¡No! —Pain gritó con impotencia y golpeó con sus puños el concreto —¡Lo necesitábamos vivo maldita sea!
Nagato le miró —¿Qué vamos a hacer ahora hermano?
—No lo sé… tengo que llamarles y decirles que está muerto… ya no hay nada que hacer, además, muerto el perro se acabó la rabia ¿No?
Nagato asintió.
Sin ambargo, cuando Nagato habló con aquella persona, no le gustó para nada la noticia.
—¡Eres un estúpido Pain! ¡¿Cómo mierda dejaste que pasara eso?!
—¡El era el problema! ¿No? púes ya está! ¡se acabó! ¡ahora deja de joderme!
—¡Necesitaba los papeles pedazo de basura!
Aquello no le gustó a Pain.
—¡Vete a la mierda sea quien seas! ¡Ya no estoy bajo tus órdenes! ¡El tipo esta muerto!
Dicho aquello, colgó sin más. Parecía agitado pero se sintió bien, él no era el pendejo de nadie.
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Pero a pesar de todo, la maldad seguía de pie y mientras seguía ahí, buscaba la manera de mantenerse sin importar a quien llevarse en el camino.
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Días después de aquél altercado y la revelación de un orgulloso Pein… la tragedia le sucedió a él…
Su hermano Nagato había sido brutalmente golpeado y torturado por aquella mafia, dejándole una clara advertencia a Pain sobre su error. Y un claro mensaje también:
"No puedes escapar de nosotros"
Y tampoco obtendría su libertad hasta que él consiguiera aquellos papeles.
Entonces su búsqueda comenzó y lo último que hizo en aquél tiempo había sido ir a la casa de Minato y registrarla de arriba abajo sin encontrar nada, y para asegurarse de no dejar rastros le prendió fuego y con ello, recuerdo de lo que fue una hermosa y pequeña familia había desaparecido.
En esos momentos Pain sabía que no podía hacer nada, su hermano estaba vivo pero con pocas posibilidades de sobrevivir y a lo largo de los años, su odio creció.
Creció para aquella mafia que lo tenía contra la pared y creció para Minato Namikaze y todo lo que tuviera que ver con él por esos malditos papeles que aún con el paso de los años, siguió buscando cualquier pista hasta que supo de la existencia de su hijo, quien había sobrevivido y que era la única pista segura de la localización de esos papeles.
