Capítulo 39
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"Papá y mamá siempre estarán contigo Naruto…"
Naruto despertó de repentinamente de aquél lejano y casi olvidado recuerdo. Se incorporó en la cama con lentitud y quedó sentado en la orilla mientras pasaba la mano por su cuello ¿Cuánto tiempo había pasado desde que soñó con el último recuerdo que tiene de su padre?
Unos delicados brazos lo rodearon de repente y este se relajó al instante—¿Qué sucede Naruto?
El rubio sonrió y se giró para verlo —Solo tuve un… sueño.
—¿Una pesadilla?
Naruto negó —No, soñaba con mi padre…. Cuando era un niño… prácticamente es el único recuerdo que tengo de él.
Hinata sonrió y terminó por abrazarlo nuevamente.
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Sarada guardaba todo lo necesario para el viaje que haría por la tarde hacia las cabañas con la familia Uzumaki. Sus manos no dejaban de temblar al estar consciente de lo que sucedería ahí. Unos días atrás Boruto le había comentado lo que tenía planeado, incluso le volvió a preguntar si estaba segura puesto que desde que ella había planteado el hecho de que quería dar "aquel" paso, no había dejado de ponerse nerviosa además estaba lo sucedido con Kawaki, a quien gracias a Dios no había vuelto a ver desde entonces.
—Tranquilízate Sarada —se animó y continuó guardando lo necesario para el viaje.
Ryusuke entró a la habitación —¿Estás lista? Ya debemos irnos, papá nos espera.
—Si! Ya voy! —dijo con apuro y cerró su bolso para dirigirse a la puerta, en donde Ryusuki le tomó la bolsa para ayudarla.
Ryusuke también iría al viaje, pero aquello no suponía ningún problema debido a que su hermano era lo suficientemente inteligente como para entender que su hermana era mayor de edad y además confiaba plenamente en Boruto.
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Boruto bajó por las escaleras con una mochila y una pequeña maleta y observó a sus hermanos más pequeños correr de un lado a otro. Estaban emocionados por salir afuera y no los culpaba por aquello.
Himawari fue la siguiente en bajar con un bolso en la mano y el teléfono en la oreja —Oye Misa, deberías dejar que Ren haga todo lo demás, es justo, además él sabe como ¿No dijo que tompo un curso?
Himawari pasó de él mientras salía directamente para entrar al auto, tras ella salió Minato vistiendo unos shorts combinados con una camisa Hawaiana, unos tenis y una gorra. Hinata iba tras él cargando sus cosas con ella.
—Minato si qué se toma en serio eso de la ropa ¿No? —preguntó Boruto a su madre acerca del niño de tres años.
Hinata sonrió y asintió —Y se ve tan adorable —dijo para salir tras el más pequeño de los Uzumaki.
Mito observaba a Zero a una distancia prudente mientras Kushina y Sara guardaban sus bolsas en el auto. Naruto se acercó a ayudarles, pues llevaban más cosas de lo normal y no podían guardar todo.
—Papá —habló Mito mientras miraba en dirección a Zero, Naruto continuó acomodando las maletas y bolsas pero con un sonido de afirmación le dio a entender que la escuchaba —¿Por qué Zero no viene con nosotros?
—Le he dado el día, si nosotros vamos a tomarnos unos momentos de relajación es justo que nuestra seguridad también, no te preocupes hija, he tomado las mediadas para que no haya problemas.
Naruto cerró la cajuela y la miró con una sonrisa. Mito asintió y se adentró al auto, sin embargo, antes de cerrar, le dio una última mirada a Zero, quien miraba a otra dirección, como inspeccionando los alrededores.
—¡Vamos niños suban ya! —se oyó la voz de Hinata, quien miraba con una sonrisa a Boruto mientras este recibía a Sarada con un beso en la frente.
Ryusuke se encaminó al auto con Haruto y Nagato —Espero que no hagas un desastre en este viaje como el que hiciste en Navidad hace unos años Haruto —advirtió Ryusuke.
Nagato asintió y el mencionado le miró indignado —¿Cómo puedes creer eso de mí?
—Enserio Haruto, no hagas nada raro —advirtió Nagato.
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Sarada aún se sentía cohibida por las muestras de afecto con Boruto frente a su familia, aunque no tanto y sabía que poco a poco terminaría por acostumbrarse a aquello.
Boruto la había tomado de la mano y conducido hasta su auto, tras ellos, en los asientos de atrás irían Haru, Hiro y Hana. Cuando el rubio abrochó los cinturones de sus hermanos entró al auto y miró a Sarada con una sonrisa.
Ella miró a los pequeños de reojo y al percatarse de que estaban concentrados en un videojuego, decidió darle un rápido beso al rubio en los labios, acción que terminó por sorprenderlo y luego sonreír.
Ella se mantenía con las mejillas sonrojadas mientras miraba hacia la ventana.
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El viaje había durado cerca de cuatro horas y habían llegado para el atardecer a unas cabañas que tenían como vista un enorme lago, habían lanchas y tres motos acuáticas estacionadas al pie del muelle.
Naruto había rentado la cabaña familiar porque a otros metros de distancia había más pero pequeñas. Todos ingresaron al lugar y Hinata comenzó a distribuirlos en las habitaciones. Hubieron los típicos desacuerdos y discusiones entres los niños pero al final todo había quedado en orden, Himawari compartiría habitación con Sarada, Kushina, Sara y Mito estarían con Mayuri, Hana y Mai. Haruto y Nagato con Ryusuke, mientras que Haru y Hiro estarían con Jun, Yuu y los tres más traviesos; Natsu, Arata y Daiki.
Al día siguiente…
Naruto jugaba en el lago con sus pequeños —aunque ya no tan pequeños— pues los cuatrillizos ahora de seis años estaban un poco más grandes. Sarada, Boruto, Himawari jugaban voleibol contra Haruto, Nagato y Ryusuke mientras que Hinata preparaba bocadillos en el interior de la cabaña con Hana y Mayuri.
Luego de un rato jugando, el equipo de Boruto había ganado.
Cuando Naruto salía del lago, Natsu le rebasó de repente, tomó lodo de la orilla de lago y sin remordimiento alguno la lanzó a su padre, este le miró con sorpresa por aquello pero de in mediato corrió hasta él para darle —a modo de juego— unas nalgadas. Sin embargo; los otros niños corrieron hacia ellos y repitieron la acción del pequeño
A lo lejos, y luego de jugar Himawari se acercó a Sarada, quien se mantenía cerca de Boruto y tomó su muñeca —Sarada, entremos al lago ¿Trajiste un bikini?
De inmediato Boruto volteó a mirar a la pelinegra sin poder simular su sorpresa. Aquella sería la primera vez que la vería así, al verla avergonzada mientras negaba simplemente carraspeó y volteó la vista hacia otra dirección.
Himawari se divertía con aquello pero se tragó las ganas de molestar.
—Descuida Sarada, yo tengo una para ti —le dijo con una sonrisa amigable, aunque por dentro estaba que moría de risa por avergonzar a su cuñada y al más serio de sus hermanos.
La pelinegra le miró con una mezcla de sorpresa y vergüenza, sus mejillas se tornaron más rojas de lo que estaban y de pronto sintió un tiró de su mano y cuando se dio cuenta, su cuñada la llevaba hasta la cabaña.
—Yo… nunca he usado….
Himawari se detuvo y le miró —¿Enserio? —Ella asintió —Pero te pondrás el te compré ¿Cierto? —no la dejó responder e inmediatamente la arrastró con ella.
Una vez en la habitación, Himawari comenzó a rebuscar en la maleta hasta que encontró una bolsa de plástico con el logo de una tienda de ropa y de inmediato se la extendió —Es para ti, vamos ábrelo.
Sarada se mordió el labio con nerviosismo, sin embargo, lo abrió. La sorpresa se reflejó a los ojos cuando miró aquél conjunto, se trataba de un vikini que consistía en dos piezas, con rayas rojas y blancas.
—Yo… esto…
—Se te verá hermoso, a mi hermano le encantará.
Rápidamente la pelinegra le miró con interés —¿De verdad lo crees?
Himawari asintió —No hay duda de eso y tratándose de la chica que le gusta pues… mucho mejor —dijo con tono picarón.
Sarada se sonrojó, de pronto tenía un poco más de ánimos.
—Bueno, yo también me pondré el mío, puedes vestirte en el baño, yo lo haré aquí.
Luego de un rato, Sarada salió con el vikini puesto y Himawari se sorprendió de lo bien que le quedaba.
—Te vez increíble! Pareces una de esas modelos que trabajan con mamá —afirmó la pelizaul.
—Que… ¿Qué cosas dices Hima? —dijo ruborizada mientras se abrazaba a sí misma.
El cabello de la pelinegra se encontraba atado a una coleta baja de lado, misma que descansaban sobre su hombro izquierdo.
Himawari se encaminó a ella —vamos, es hora…
Cuando salieron, ambas se dirigieron al lago, Himawari arrastrando a Sarada más que otra cosa, sin embargo, casi estando cerca de Boruto, Himawari la soltó y pasó de largo a su hermano para adentrarse al lago y unirse al juego de sus hermanos.
Boruto volteó la vista y de pronto el aire le faltó ¿Cómo se respiraba? O mejor dicho, ¿como rayos trataba de disimular que al cortársele la respiración ahora para volver a hacerlo no lo hiciera tan agitadamente?
Sin embargo, aunque fue muy difícil pudo hacerlo al dar un carraspeo y finalmente sonreír, sentía su cara arder y solo se dijo así mismo que ninguna chica lo dejaba tan vulnerable como ella, lo por de todo, era que ella ni siquiera era consciente del poder que tenía en él.
Sarada llevó una mano a su otro brazo, algo cohibida por la mirada de Boruto.
—¿Te gusta? —preguntó casi en un susurro.
—Te vez hermosa… —carraspeó él de nuevo mientras daba un paso más hacia ella.
Boruto vestía una camiseta de mangas cortas y unos shorts largos ligeros.
La tomó de la mano entrecruzando sus dedos con los de ella y caminando hacia el muelle.
Estuvieron un rato sentados mientras sus pies estaban sumergidos en el agua, a lo lejos se escuchaba el ruido de los niños, risas y gritos divertidos pero pareciera que ambos estaban en otro mundo y Boruto simplemente no podía controlar su otra personalidad.
Se inclinó a su oído y le susurró —Enserio… te vez realmente hermosa…
Ella sintió una especie de corriente eléctrica por toda la espina dorsal y volteó a verle con rapidez, y como Boruto no se había movido aún, aquello provocó que terminaran rozando sus narices, sin embargo ella no se apartó. Hace meses que se había propuesto dejar la vergüenza y timidez de lado estando con Boruto, así que estaba trabajando en aquello.
Al mirar aquella mirada de diversión supo que había cambiado. Sonrió.
—Boruto, ¿insinúas que lo soy solo por lo que llevo puesto?
El rubio carcajeó levemente y le miró de nuevo —No. siempre lo eres, solo que ahora puedo verte mucho mejor.
Sarada se mordió el labio por lo que estaba a punto de decir —Yo… también quisiera verte mucho mejor.
Boruto intensificó la mirada en ella —No tendrás que esperar mucho para eso.
Y Sarada se inclinó más a él para darle un beso el cual solo sería corto de no ser porque Boruto no dejó que se apartara y en cambio, llevó su mano en la nuca contraria para profundizar el beso, mismo que terminó dejándola sin aire.
—Boruto… tu familia nos verá.
—Créeme cuando te digo que no nos ponen atención.
—¿Quieres entrar a nadar?
Aquella pregunta suave le hizo entender a Sarada que el Boruto gentil había vuelto.
¿Cómo sabía Sarada sobre diferenciar esas personalidades? Bueno, realmente para ella no había mucha diferencia con el amor de su vida, ella amaba a los dos y Borutoera consciente de eso. Era fácil identificarlos:
El Boruto rebelde, capaz de hacer cualquier cosa para conseguir lo que quisiera y proteger lo que amaba solía mostrar sonrisas burlonas, casi parecidas a una sonrisa malvada, soltaba sus comentarios directos llegándola a avergonzar y él nunca pedía las cosas, justo como hace unos momentos, la besó sin importar nada —aún si ella lo inició, él lo profundizó—. Así era con él, le robaba los besos y nunca le preguntaba si quería algo, él simplemente la llevaba con él. Él era frío y calculador con otras personas y solía mirarlas casi con desagrado, con desprecio.
Su otro Boruto, era cuidadoso con ella, la abrazaba sin llegar a ser tan posesivo, ella era capaz de avergonzarlo, de tomarlo por sorpresa, era serio e inteligente —frío y calculador— en ocasiones, y lo más importante, solía preguntarle si estaba bien con algo, la besaba con suavidad y de ahí pasaba a la intensidad pero era consciente del trato tan gentil que tenía con ella.
Y justo en esos momentos, Boruto le estaba preguntando si quería entrar a nadar mientras la tomaba suavemente de la mano y ella con una sonrisa gentil aceptó.
Más tarde, después de haber comido algo, todos descansaban en la orilla del lago, los más pequeños jugaban en los columpios y algunos sentados en camas de sol.
Naruto miró a su esposa de manera sugerente y le hizo señas para que fueran a otro lado más privado. Miró a Boruto quien se encontraba sentado en una cama de sol y con lentes puestos, leyendo un libro.
—hijo, tu madre y yo iremos a dar una vuelta, cuida de tus hermanos.
—Como quieran… —contestó sin apartar la vista de su lectura.
Naruto sonrió y tomó de la mano a Hinata, ambos se comenzaron a alejar, Sarada —quien platicaba con Himawari—se acercó a Boruto mientras miraba a los señores Uzumaki irse.
—¿A dónde van tus padres?
Boruto apartó la vista del libro y miró la espalda de sus padres, sonrió.
—¿A dónde más? a tener sexo.
Sarada se sonrojó y le miró —¿Cómo puedes decir eso? Estás loco, los señores Uzumaki no harían algo así.
Boruto elevó una ceja —¿Crees que los conoces mejor que yo que llevo 19 años viviendo con ellos? O tú que solo llevas unos años.
Sarada le miró —es que no puede ser… ellos son… educados…
—¿Y eso qué? —Dijo divertido por aquello —Créeme, si le preguntas a uno de mis hermanos te contestaran algo similar… nosotros ya nos sabemos sus mañas…
Sarada no podía creerlo, pero su duda se disipó cuando Haruto se acercó
—Boruto-nii ¿y nuestros padres?
Boruto le hizo señas con la cabeza, Haruto miró y achicó la vista. A lo lejos miró a sus padres irse a quien sabe dónde.
—Tch… ¡hey Nagato! —Nagato se acercó —Nuestros padres se fueron a tener otro encuentro pasional.
Sarada le miró sorprendida y Boruto sonrió mientras continuaba su lectura —¿no te lo dije?
Sarada abrió la boca pero no pudo articular nada.
Nagato habló —¿Y ahora qué? —preguntó
Haruto se encogió de hombros y miró a Boruto —hermano… ¿estás a cargo?
Boruto cambió la página y sin mirarle le respondió —si.
Ryusuke se acercó a ellos.
Haruto sonrió —¡genial! Hermano, queremos ir a las lanchas, déjanos ir!
—Denegado.
—¡¿Qué!? ¿Por qué?
—Nuestros padres no están, y necesitan supervisión, yo no puedo porque estoy viendo a los enanos.
—Ni si quiera los ves, estás leyendo.
Cuido de ellos a mi manera y los sabes ¿Cuándo has visto que les pasa algo bajo mi supervisión?
—Se te han caído varias veces.
—Caídas que no son graves, yo hablo de verdaderos accidentes.
—Tch! Entonces que nos acompañe tu novia.
Sarada se sonrojó.
Ryusuke le miró —Hermana acompáñanos ¿si?
Ella se encogió de hombros —Esta bien.
—¡Genial! ¡Eres la mejor cuñada! —celebró Haruto.
Boruto miró a la chica y la tomó de la mano aún recostado —Tengan cuidado.
La pelinegra asintió.
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Ya por la tarde, la pareja Uzumaki había regresado más contenta que nunca y se disponían a preparar las hamburguesas. Boruto había colocado la parrilla y Naruto con ayuda de los gemelos pelirrojos y el Uchiha encendían la misma y sacaban la carne del congelador.
Himawari salió y se dirigió a su padre —¿Pueden creer que se acabaron las bebidas?
—¿Es enserio?
Ella asintió.
Hinata salió y antes de decir algo, Naruto recibió un pelotazo en la cabeza —¡Oigan! ¡Niños tengan cuidado! —avisó sin llegar a molestarse, Naruto era demasiado tolerante con sus hijos porque era de aquellos padres que comprendía muy bien el comportamiento de sus hijos.
Las risas de Haru y Hiro no se hicieron esperar seguida de los demás pequeños.
Hinata negó y miró nuevamente a su esposo —Amor, necesitamos las bebidas.
Boruto se acercó —Yo puedo ir a buscarlas, la tienda no queda tan lejos.
Sarada se acercó —Iré contigo.
Y Boruto asintió.
Hinata sonrió —Esta bien, pero no vayan a demorar.
—Iremos rápido —dijo el rubio mientras sacaba las llaves de su auto de la bolsa de su pantalón.
Ambos se dirigieron al auto y Boruto condujo por un caminito hasta llegar a una carretera quince minutos después.
—Amor… ¿Kawaki te ha buscado?
Ella negó —No y agradezco que no lo haga.
Boruto asintió mientras miraba el camino.
—Sarada… sobre lo de esta noche… —carraspeó —Yo… tengo todo listo… pero si…
Ella le cortó —Estoy convencida Boruto —ella se sonrojó mientras le miraba —Quiero estar contigo.
Boruto asintió con calma —Te prometo que voy a cuidarte.
—Lo… lo sé… —dijo ella en tono bajo, pero que fue escuchado por él, quien sonrió.
De un momento a otro el cielo comenzaba a tornarse nublado y rato después llegaron a un mini súper, hicieron las compras y al salir ya estaba lloviendo.
—Qué rápido cambia el tiempo, hace unos momentos había sol —comentó ella.
Boruto asintió y la tomó de la mano —Vamos.
Ambos se dirigieron a toda velocidad al auto, en donde este le indicó a ella que entrara y el metía las cosas a los asientos traseros para después entrar al auto. Soltó un suspiro después de cerrar y encendió el motor mientras activaba el limpiaparabrisas.
Sin embargo, de un momento a otro la lluvia intensa pasó a convertirse en tormenta y terminaron topándose con un bloqueo, un poste de luz había caído en la carretera.
—No puede ser… —murmuró Boruto.
Sarada se abrazó a sí misma, pues comenzaba a tener frío.
Boruto bajó la ventanilla al ver a un policía acercarse —¿Va a tardar mucho oficial?
—Lo siento muchacho, no habrá paso hasta mañana en la mañana —dijo mientras se sostenía el sombrero debido a la tormenta —Será mejor que regresen, hay también una amenaza de deslave —dijo haciendo un ademán con la mano.
Ambos se miraron y finalmente Boruto asintió —Esta bien, gracias señor.
Boruto comenzó a retroceder lentamente y regresó y retomó la carretera.
—¿Qué vamos a hacer Boruto? No tardamos mucho y de pronto el tiempo cambió así, tan de repente…
—Tranquila, llamaré a…
No necesitó terminar, pues su celular comenzó a sonar. Era Naruto.
—Papá —contestó.
—Boruto, ¿Están bien? ¿Ya vienen?
—No podemos regresar, un poste cayó en la carretera y han bloqueado el camino, no nos permitieron el paso, así que estamos regresando.
—¿Pero a dónde se quedarán?
—Ya buscaremos un lugar, no te preocupes, estaremos ahí por la mañana.
—Está bien hijo.
Boruto colgó después de eso y fijó su vista en la carretera que poco a poco comenzaba a oscurecer.
—¿A dónde iremos? —preguntó Sarada con los brazos cruzados por el frío.
—Sarada, tendremos que buscar un cuarto de hotel, me pareció ver uno de camino al súper mercado.
Ella asintió.
Boruto se estacionó frente a un pequeño hotel, aún llovía, por lo que tomó a Sarada de la mano y ambos ingresaron al local en donde el rubio pidió una habitación a petición de Sarada porque no quería estar sola.
Cuando entraron Boruto se dirigió al baño y tomó una toalla y salió de inmediato mientras se la colocaba a Sarada en la cabeza —¿Quieres darte un baño? —le preguntó calmadamente.
Ella negó —Tengo frío.
Él asintió y luego se dirigió a la cama, revisando las almohadas y apartando las cobijas para revisarlas. Después de todo ese era su instinto al estar en un hotel de poca confianza.
Sin embargo, Boruto estaba ajeno a la mirada de Sarada, quien observaba sus acciones.
Boruto en ningún momento dejaba de cuidar de ella.
Boruto regresó su vista a ella y se acercó —Ven, acuéstate ¿Tienes hambre? Podríamos…
El cayó cuando Sarada se dirigió a él y colocó sus manos en sus mejillas mientras le dedicaba una sonrisa y luego, sin más, unía sus labios con los contrarios.
Boruto se separó un poco, sin dejar de unir sus frentes y respirar agitadamente.
—Sarada…
—No importa el lugar donde estemos… quiero… —tragó —quiero estar contigo.
Boruto llevó sus manos a su cabeza enredando sus dedos en sus cabellos. Asintió y volvió a besarla lentamente, inclinó su cabeza para profundizar más y pronto ella dejó que introdujera su lengua en la cavidad bucal. Ella le siguió el ritmo. Boruto la atrajo con una mano en su cintura, apegándola más a él mientras ella jugaba con sus cabellos en la nuca provocando un gruñido de satisfacción de su parte.
Luego de un rato, dejó que Sarada recuperara el aire y se dedicó a besar su cuello.
La mente de Sarada era un mar de nuevas sensaciones, temía que el trauma de lo sucedido le tragiera de nuevo el miedo sentido en aquellos momentos pero no era así, porque Boruto tenía su plena confianza, porque él la cuidaría, porque ella lo amaba.
Sentía un cosquilleo por todo el cuerpo y claramente estaba disfrutando aquello. Pronto sintió como él comenzaba a levantar la blusa y ella se dejó hacer, él hizo lo mismo con la suya y al ver su cuerpo bien formado, tragó y con la lentitud que la vergüenza le provocaba acercó sus manos a sus pectorales para sentirlos y desplazó sus manos por todo el cuerpo de este, quien ya respiraba agitado.
Boruto la hizo retroceder hasta recostarla en la cama y comenzó a besarla nuevamente, misma que ella correspondió con más confianza, ella irrumpió el beso y ladeó el rostro en una clara señal de que besara su cuello y este así lo hizo besó, mordió y succionó de este tanto como quiso complacido de los suspiros de ella, porque al mismo tiempo, el rubio la estaba tocando con sus manos su cintura y cuando la boca del rubio bajó lentamente por sus hombros, bajó los tirantes del sostén, mismo que desabrochó de la parte de enfrente.
Como parte de su instinto vergonzoso, la pelinegra, quien respiraba agitadamente llevó sus manos a sus pechos para cubrirlos mientras el sonrojo se hacía aún más visible.
Boruto le sonrió y se inclinó para darle un beso rápido —¿Quieres que apague las luces? —susurró en su oído y esta asintió.
Boruto se apartó con rapidez y llevó a cabo la acción, una vez a oscuras con una tenue luz colándose por la ventana, Boruto se colocó de nuevo sobre ella, volvió a besarla y llevó sus manos a las de ella para apartarlas lentamente y pronto comenzó a besar su cuello parra luego bajar y besar con lentitud uno de sus pechos, pasando de uno a otro provocando que ella se retorciera.
Ella emitía sonidos de su boca que Boruto conocía como gemidos a medida que bajaba y pasaba su lengua por su abdomen hasta llegar a su vientre bajo. Desabrochó sus pantalones y con la misma lentitud continuó bajándolos hasta retirárselos incluida su ropa interior.
Boruto se apartó para observarla mejor y se le fue el aliento tan solo ver a su novia completamente desnuda con la respiración hecha un desastre.
—Eres tan hermosa… —dijo maravillado.
Ella no podía hablar en aquellos momentos, tan solo se mordió el labio inferior y le extendió una mano para que fuera con ella.
Boruto terminó de desnudarse —Ponte en el centro de la cama…
Ella tragó pero lo hizo, y casi de inmediato Boruto se colocó sobre ella.
Sin embargo, Sarada no pudo apartar la vista de pene erecto del rubio, cerró los ojos y suspiró ¿Todo eso cabría en ella?
—Tranquila… te cuidaré y lo sabes amor.
Ella asintió y volvió su vista —Lo sé… es solo que —mordió su labio nuevamente —No puedo dejar de ver…
Boruto sonrió y su mirada cambió a una divertida —¿Tienes curiosidad o estás descubriendo que eres pervertida?
—Oh por dios Boruto —dijo en un suspiro mientras aparataba la mirada…
Boruto aprovechó aquella acción para besar y morder su cuello con vehemencia mientras ella llevaba sus manos a su espalda, luego ambos volvieron a unir sus labios mientras este la tomaba con una mano en la cintura para intentar levantarla a él y se inclunaba hacia ella provocando que su pene tocara su vientre, al sentir el contacto caliente, ella abandonó sus labios para llevar la cabeza hacia atrás y soltar un sonoro gemido que terminó con la cordura del rubio.
—Te amo Boruto… pero quiero sentirlo.
—Mi amor yo también… maldita sea… estás volviéndome loco…
Ella sonrió con mas confianza y levantó sus caderas para recibir más contacto con él.
—Voy a tocarte… —advirtió él y ella solo asintió.
Los dedos de Boruto en su vagina la hicieron tensarse, más un beso la hizo volver a relajarse, y el rubi adentró dos dedos con sumo cuidado provocando que la pelinegra aumentara los jadeos.
—Bo..ruto… si… —dijo mientras llevaba su boca al cuello del rubio para comenzar a besar y succionar con fuerza.
Boruto gruñó por aquella acción y porque ella hacía maravillas con su cabello. Al sentirla completamente húmeda supo que era el momento.
Buscó su cartera en la mesita de noche y sacó un condón que guardaba ahí, rasgó el empaque y sacó el plástico.
—Bi… bien… separa las piernas bebé…
Y ella no dudó en hacerlo. Boruto se acomodó entre ellas y se acomodó el condón. Volvió a inclinarse sobre ella mientras ambos volvían a besarse desesperadamente.
Él fue bajando lentamente y guió su pene en la entrada de la pelinegra.
Ella sabía que sería doloroso y se había prometido no hacer un escándalo por aquello, así que se aferró con una mano a su cintura para que no se apartara y lo afianzó con una pierna en su cintura, la otra mano la mantuvo en su nuca evitando que dejara de besarla.
Él se separó un momento rozando sus labios —Pasará amor, entraré lento…
Ella asintió y Boruto terminó por entrar de golpe quedándose quieto mientras besaba algunas lágrimas que ella no puedo evitar soltar.
—Espera un momento —dijo mientras suspiraba, el rubio pegó su frente a la de ella y la miró con preocupación.
—Amor…
—Esta bien… —sonrió —Hazlo…
Boruto tragó y comenzó a moverse, primero lento y después poco a poco y y guiado por la caderas de ella, se dio la confianza de hacerlo con más rapidez y profundidad.
Aquella habitación se había convertido en sonoros suspiros y jadeos. Sarada acudía al encuentro con las cadera de Boruto y no supo en qué momento había estado mordiendo su hombro cegada por el placer, pero aquello no era problema para Boruto, que no dejaba de presionar uno de sus senos con bastante excitación al sentirla de ese modo.
Ambos terminaron al mismo tiempo después de varias embestidas tan intensas que Boruto supo que tal vez se había vuelto adicto al sexo con su novia después de los movimientos tan intensos que ella había sabido corresponder con ímpetu en medio de tantas emociones arremolinadas.
Al finalizar el acto, Boruto dejó caer la mitad de su cuerpo sobre ella mientras la aferraba de la cintura de forma posesiva. Ella se sonrojó cuando él salió de ella y debido a la posición, sintió su entrepierna que pegaba a lado de su cadera desnuda.
Cuando su respiración se hubo normalizado, ambos se acomodaron mejor en la cama y ella se recostó en su pecho mientras soltaba una sonrisa y Boruto la envolvió en sus brazos.
—Te amo Sarada —susurró él —Eres mía…
Y ella solo se aferró más a él —Tú también eres mío…
—Si… —contestó él con una sonrisa.
La habitación oscura se volvió silenciosa de un momento a otro y solo se escuchaba la lluvia de afuera.
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Nota: Ok, este es otro intento de lemon, no sé si me quedó, la verdad no soy buena con esto. Gracias por esperar conti.
