¡Oh chicas! Qué emocionada me encuentro por leer tantos comentarios, estoy... que no quepo de emoción, así que por eso traigo otro más así de rápido.

Gracias por su apoyo enorme mis niñas lindas: lucip0411, vamar248, LucyTaisho, Glorismur, p1lar1ka_131, ArtemisaCor, LucyRgz, MariaGarcia888, mzayas4217, AzurielCespedes52, VickoVillalobosRodri, Nena Taisho y a Stella, me siento increíblemente acogida con esta nueva locura.

Espero que sigamos disfrutando, porque esto se pondrá candente y complicado cada vez.

Así que sin más, empecemos.

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Disclaimers

Los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, pero la historia y la locura muy mía.

No continúo historia, si termina, termina, no me pidan continuaciones.

Solo publico en Fanfiction, Wattpad y en mi página de romancerotico . worpdress . com si ven en otro lado historia ¡denúncienlas! Mucho menos subo historias en páginas de Facebook, ni siquiera en la mía.

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Flechazo

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Sesshoumaru

Durante los últimos 10 minutos mi hermana ha estado hablando amenamente con alguien. Escucho a los chicos decir que una mujer solo hablaba de esa manera cuando era un chico, no con una amiga, creo que en algún momento los volví a ver con mirada de hielo, porque incluso algunos se quedaron petrificados y otros mudos, pero todos coincidieron en mejor desaparecer de mi vista.

El rostro de Rin al terminar la llamada con la que había estado era la de irradiar felicidad, en mis adentros me da la impresión de que le han hablado para decirle que se ha ganado algún concurso, incluso sentí el deseo de reiterarle: «No creas todo lo que te dicen por teléfono o por correo».

A los pocos segundos Shippou entra en la oficina y luego sale en la moto. Podría investigar qué está pasando, pero estoy entregando una flotilla de autos de la cual, gracias a Rin y sus buenas gestiones, nos concedieron un mes atrás para un contrato de 6 meses para las revisiones preventivas y correctivas. Ella siempre ha sido muy eficiente y entregada, he querido darle siempre su espacio y dejar por un lado mi sobreprotección, pero a veces se vuelve casi imposible para mí.

El gerente de logística de la empresa a quien le entregué los camiones nos felicitó indicándome que los camiones estarán aquí para su revisión luego del kilometraje respectivo, todos se coordinarán primero con Rin para que nosotros dejemos el espacio abierto para ellos.

Me gustaría haber podido entrar al despacho, pero entra otro cliente buscando nuestros servicios para una restauración de pintura, así que, junto con mi mano derecha, Renkotsu, nos disponemos a hacerle el diagnóstico y a entregarle su cotización, para nuestra sorpresa de una sola vez nos deja su auto con el anticipo respectivo.

Lo llevo hasta la oficina para indicarle todo el proceso a Rin y que ella pueda hacer el cargo respectivo. El hombre aparentemente quedó bastante complacido tanto con mi atención como con la de Rin, eso nos alegró.

—A las 7 de la noche recibirás al subjefe de mantenimiento de la distribuidora de productos lácteos, recuerda que vienen para negociar el contrato de sus motocicletas y solo lo podrá hacer a esa hora.

—Lo sé. Gracias por recordármelo —al terminar de decirlo, Shippou entra con un ramo de flores rosadas.

—Eres un amor Shippou —el chico castaño no se queda mucho tiempo, solo le entrega el ramo a mi hermana junto con el recibo—. Kagome está en el hospital Teito, ¿lo conoces?

—Creo que hasta un ciego lo conocería —reclamo sentándome frente a su escritorio tomando una barra nutricional, hasta el momento no he almorzado; el hospital Teito es el más exclusivo de toda la región, algunos lo comparan como ir a pasar una noche a un buen hotel.

—Según el GPS te tardarás 55 minutos en llegar, así que solo podrás pasar con ella durante unos 30 minutos, no más, de lo contrario corres el riesgo de venir tarde a la reunión, porque el regreso podría tomarte una hora y media —levanto la vista para ver un reloj cuadrado de pared que tiene en la misma dirección de su computadora, son las 2.30 pm.

—¿«Me tardaré»? —pregunto desconcertado. Ella sale con su silla de ruedas detrás del escritorio para llegar hasta a mí y entregarme una USB.

—Así es. Kagome me llamó hace unos minutos, me dijo de que sí necesitaría el video del accidente, así que le aseguré que tu irías a dejárselo personalmente, es por eso por lo que envié a Shippou a comprar estas bellas Alstroemerias, para que se las entregues de nuestra parte.

—¿Aslo... qué?

—Als-tro-e-me-rias —reclama divertida—. No necesitas decírselo, dile que yo se las mando, como si fuera invento mío y no de parte tuya —sugiere riéndose a lo que no puedo evitar pensar «esto ha sido invento», pero al final solo hago un movimiento de cabeza.

—Podrías enviar a Shippou a dejárselas, o más tarde podría llevarte... incluso el video se lo podrías enviar por correo.

—No... no quiero ser tan impersonal, además dice que ha tenido dolores de cabeza y enviarle por correo el video significaría que tendría que estar frente a su computadora lo cual se lo incrementaría, así que no... —aunque también el video en la USB la obligará a lo mismo, pienso, pero mejor me quedo callado—, es mejor que ella reciba una visita de nuestra parte, además, cuando tuvo el accidente le prometimos que la ayudaríamos en caso de que lo necesitara, no podemos romper nuestra palabra.

Me levanto del asiento tomando la USB para guardarla en mi pantalón pensando que nuevamente Rin está empezando con un «nosotros» esa conversación cuando realmente no existe, pero discutir aquello con mi hermana es caso perdido, así que lo dejo.

Lamentablemente la rampa de la miniván que hemos adaptado para la silla de ruedas de Rin nos ha dado problemas este día, tengo a mi gente verificando qué ha pasado, pero me darán un resultado hasta dentro de unas horas, lo que me hace irme en el único otro medio de transporte que tengo a mi disposición, una Kawasaki modificada que he tenido desde hace casi 5 años y la cual en muchas ocasiones es mi único medio para liberar tensiones.

He acomodado como he podido el ramo de las aslo-no-sé-qué y he tratado de no ir a tan aprisa, pero al estar a la intemperie, algunas hojas se han perdido en el camino y al final el ramo parece como si fuese el cabello de una mujer después de recibir mucho viento, completamente una maraña, pero ni modo, se tendrá que conformar con esto.

Al entrar me dan un pase para entrar al área VIP, me indican el elevador que tengo que tomar y que solo tendré que colocar la tarjeta en el panel de control y me llevará hasta el piso en donde ella se encuentra en donde solo hay 3 habitaciones, una enfrente y las otras dos a cada lado, la de ella es la del lado derecho.

Al cerrar las puertas del elevador me cuestiono porqué tendría que hacerle caso a mi hermana en esta nueva locura, observo el reflejo que me tiran las impecables puertas que más bien parecen espejos, mi camisa manga larga azul con un pantalón gris y mi chamarra negra en mis hombros, mi piel clara siempre resaltó mis marcas de nacimiento moradas que tengo en las mejillas, durante mucho tiempo mantuve mi cabello plateado completamente largo, incluso más que el de Rin, pero hoy en día lo manejo corto, mis ojos dorados por alguna razón Rin dice que ya no brillan como antes, que hoy tienen un color apagado, sinceramente nunca vi que brillaran como estrellas, por eso es que siempre le digo que está influenciada demasiado por sus caricaturas.

Al salir del aparato me encuentro con el pasillo largo con tan solo 3 puertas, una estación y una lujosa sala de espera me quitan el aliento, creo que los rumores del hospital se han quedado cortos respecto a lo que mis ojos han admirado en el escaso minuto que he podido observar el piso.

Me dirijo hasta la puerta que me han indicado en la recepción, pero me detengo en el aire al tocar la puerta cuando escucho la voz de ella.

—¿Por qué siempre tienen que ser tan prejuiciosos? —reclama, se escucha bastante molesta.

—Es solo ser realistas Kagome, Naraku tiene razón —le responde una mujer—, deberías de dejar que él se encargue de todo.

—¡¿Se encargue de todo?! ¿Y luego qué? Si gustan me puedo ir a sentar a una mecedora, me pongo a tejer y ver crecer a mis hijos y nietos hasta que la muerte me lleve, ¿eso es lo que quieres?

—No te pongas tan dramática tampoco.

De pronto todo se queda en silencio, aquella dulce voz ha desaparecido.

—Hija, sabes que tu padre y yo queremos lo mejor para ti, y Naraku como tu prometido también lo quiere —¿«su prometido»? Vaya, estoy seguro de que eso desilusionará muchísimo a Rin.

—Si realmente quisieran lo mejor para mí dejarían que tomara mis propias decisiones, soy bastante capaz de hacerlo y lo he demostrado.

—La responsabilidad de llevar al Conglomerado y la Financiera Higurashi es demasiado para una sola persona, debes tener a la adecuada a tu lado.

Otra vez el silencio. ¿Debería de irme?

—Me empieza a doler la cabeza otra vez madre, ¿podrías dejarme un rato a solas? Necesito descansar.

—Entonces le diré a las enfermeras que si alguien viene a visitarte que no lo deje pasar.

—Una visita alegra la vida y jamás intervendría en decirme qué es lo que tengo que hacer en el futuro, así que, si haces eso, lo mejor sería que se prohibieran la entrada ustedes solos, a mis visitas y amigos déjalos en paz.

Sus palabras me parecen bastante crueles e incluso hasta desagradecidas, los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos y estoy seguro de que una madre estaría cuidando a su hija a la base de la cama si algo malo le hubiese pasado.

Me doy la media vuelta viendo el panel y la información de la otra puerta en donde se encuentra la habitación que está casi enfrente del elevador. Una señora bastante elegante de cabello negro reluciente y corto sale de la habitación, su traje rojo y blanco con unos botines negros me indican que son de diseñador, ¿cuántos años podría tener? ¿unos 40 o 45? O unas cirugías o retoques muy bien hechos, pienso.

Bajo la cabeza en señal de un saludo, pero ella simplemente me ignora viéndome despectivamente de arriba abajo, perdone, me olvidé de vestirme con mi Óscar de la Renta, pienso, pero me muerdo la lengua para no decir nada.

Mi primera opción fue la de tomar nuevamente el elevador e irme de aquí, pero cuando meto mi mano libre en el bolsillo me topo con la USB que Rin le envía a Kagome, ¿lidiar con algún drama porque no se lo entregué personalmente? No, tengo suficiente con los problemas del taller como para agregar algo tan insignificante.

Veo que la señora toma el elevador y eso me anima a tocar la puerta de la habitación y a pasar mi tarjeta por el panel. Cuando la puerta se abre el olor golpea cada uno de los sentidos, su habitación parece la vitrina de una floristería, tiene ramos por doquier, de todo tipo y colores, pero se ven a simple vista que son completamente caros y exclusivos, observo el pobre ramo de las aslos y mi primera comparación fue como si estuviera en una venta de autos en donde solo exhibieran Lamborghini, Ferrari, Bugatti, Aston Martin y de repente alguien estacionara a su lado un Cherry QQ usado intentando venderlo al mejor precio que le ofrezcan.

Lo siento Rin, pienso cuando a un lado de la puerta en una de las sillas dejo tirado el pequeño ramo.

—Si vienes a seguir con lo mismo, puedes irte por donde entraste —ella está dándole la espalda a la puerta. La habitación creo que podía ser del tamaño del pequeño apartamento que utilizamos como casa atrás del taller.

—Pues difícilmente podría seguir con lo mismo cuando es primera vez que vengo —aseguro fuertemente lo que hace que ella se dé la vuelta bruscamente para poderme ver.

—Se...Sesshoumaru... —tartamudea sorprendida al verme y puedo ver cómo ese Ángel nuevamente se ilumina cuando me brinda una tímida sonrisa, pero al instante sus gestos se opacan cuando cierra sus ojos encogiéndolos y tambaleándose un poco.

Me acerco preocupado de que tenga algo malo.

—¿Te sientes muy mal? —ella niega sonriendo y levantando su rostro intentando sonreír.

—Rin tenía razón, tengo una pequeña concusión lo que me ha provocado un dolor de cabeza que parecieran que tengo 253 abejas picoteándome el cerebro.

—¿253? —me rio al escuchar ese número tan peculiar—. Generalmente dices, cien, mil o millones o alguna cantidad cerrada, nunca había escuchado que nadie hiciera una referencia tan diferenciada —ella sonríe demostrando unos pequeños hoyuelos en sus mejillas.

—El abuelo nunca creía en números redondos o genéricos, «¿por qué decir cien en lugar de decir 95 o 125? ¿por qué tenemos que referirnos a nuestros propios problemas como genéricos y del mundo cuando son tan personales?» —dice incluso enronqueciendo un poco su voz y haciendo un gesto serio acompañado con un señalamiento de su índice derecho como si estuviese imitándolo—. Desde entonces aprendí a que si todos dicen tengo cientos de problemas en mi cabeza, yo diría 135 y si quería exagerar aseguraría que no eran mil, sino...

—1,123 —ella abre los ojos sorprendida por el número que indiqué.

—¿Cómo lo adivinaste?

—Supongo que fue suerte —ella vuelve a sonreír, ¿habré tenido la fortuna de ver una sonrisa tan sincera y hermosa en toda mi vida?

—Me alegro de que sí hayas venido Sesshoumaru.

—¿Cabía alguna duda?

—Por lo que me dijo Rin, no tendría que albergar muchas esperanzas.

—¿Albergabas alguna porque viniera? —de pronto veo como sus mejillas se ruborizan, baja la cabeza y luego la levanta.

—¿Sería algo malo?

¿Y tú prometido? Pienso, pero mi boca se cierra.

—No lo sé —encojo mis hombros intentando sonreír, pero no sé si lo logro. Meto mi mano en el pantalón y saco la USB para luego entregársela en sus frágiles y perfectas manos—. Rin dijo que era de vida o muerte.

—¿Siempre ha sido así? —pregunta divertida.

—¿Exagerada, dramática? —Kagome comienza a reírse completamente divertida, es una sonrisa tan sincera que no me deja ni siquiera hipnotizado, sino más bien idiotizado.

—Más bien diría —rueda sus ojos llevándose su índice a la ceja derecha para frotarla— «positiva» o «radiante», es una chica que está llena de luz.

¿Cómo el halo que se forma a tu alrededor? ¡Vaya! ¿Qué me está pasando? Estoy a punto de darme patadas mentales.

—Sí, creo que siempre ha sido así.

—Me hubiera gustado conocerla desde antes, pero sé que todavía no es tarde, me gustaría ser su amiga.

—Creo que ella ha dejado más que claro ese punto —le entrego una pequeña tarjeta que venía en el ramo, pero que por seguridad he guardado previamente en una de las bolsas de mi chamarra—. Toma, ella te lo envía.

Su rostro se ilumina mucho más que cuando entré, la abre y comienza a leerla divertida.

—Espero... realmente que podamos ser amigas —suplica llevando a su pecho la pequeña tarjeta como si fuera un verdadero tesoro.

—Eso espero... —aseguro algo triste, porque sé que por su condición social no le permitirían ser amiga de alguien como mi hermana que no tiene una igual a la de ella.

—Y... también... espero... ser... tu... amiga... —dice en voz tan baja que casi no puedo entenderle, pero al final con bastante dificultad lo logro.

—Mientras tus intenciones con Rin sean las mejores, para mí ya es ganancia —ella sonríe—. Lo siento, mi visita es bastante rápida, tengo que regresar al centro ya que tengo una cita a las 7.

—¿Una... cita...? ¿De... negocios?

—Sí, la gerente de logística de una empresa de lácteos no puede a otra hora más que a las 7 de la noche, así que tengo que estar en el taller antes de ello. Son casi las 4 y debido al tráfico estoy seguro de que dos horas me bastarán para trasladarme.

—¿Hasta las 7, eh? Se ve que ella va detrás de otra cosa en esa cita.

—¿De otra cosa?

—¿Te has visto en un espejo?

—¿A qué te refieres?

—Vamos Sesshoumaru, está bien ser humilde, pero no tanto, estoy segura de que debes de tener babeando a más de una chica y que más de una no llega precisamente por cambio de aceite a su auto. Si esta mujer está interesada en los servicios para una empresa, la hora de la cita debería de ser una acorde a ello, y no una que se preste para ir a cerrar el trato en una cena por ser «muy noche».

Aquel sonrojo no desaparece de su rostro, incluso cuando lo dice la voltea al lado contrario como si estuviese enojada, ¿de qué tendría que estar enojada? ¿de que mi visita sea tan corta? A pesar de no entenderla, lo que parece ser un reclamo me da risa.

—No te rías... —me pide completamente avergonzada.

—Solo es alguien que le está dando una oportunidad a mi pequeño establecimiento, y que a pesar de ser una empresa en crecimiento es probable que se arriesgue conmigo.

—Creo que cualquiera se arriesgaría contigo.

—No lo creas, cuando no tienes un capital que te respalde, es difícil conseguir a esa persona que tenga fe solo en ti —al decirlo ella baja la cabeza asintiendo.

—Tienes razón, además, ¿por qué tendría que ponerme celosa? —vuelve a hablar en voz baja—. Oye, pero entonces tal vez puedas venir otro día a visitarme —cambia su actitud por una más alegre.

—¿No te traería mucho problema? —niega emocionada.

—Al contrario, será un placer volverte a ver —mi corazón late fuertemente con esas palabras, incluso siento ese golpeteo en mi cabeza—... y tal vez... también puedas traer a Rin, yo estaré probablemente dos días más en este lugar —reclama con fastidio, aunque para mí serían como unas vacaciones de lujo—, «recomendaciones del doctor», quieren seguirme evaluando para verificar que cuando me retire lo haga sin dolor de cabeza o náuseas.

—¿Esos son tus síntomas? —ella asiente—. Más que una concusión, probablemente lo que tengas es que estés embarazada.

Primero su rostro palidece y luego se empieza a reír.

—¡Cómo crees! Eso sería imposible, no estoy casada.

—¿Sabes que para tener hijos no es necesario estar casado, verdad? —pregunto con seriedad.

—¡Claro que sí! Pero no me refería a eso... —asegura avergonzada.

—Espero que no te hayas ausentado a las clases de salud, eso podría traerte problemas en el futuro.

—O tal vez... solo deba de conseguir un maestro... digo... por aquellas a las que falté.

El calor inunda la habitación, ¿apagaron el aire acondicionado? Porque siento que puedo empezar a sudar.

—Promete que vendrás otra vez.

—Haré mi mejor intento de traer a Rin, o le diré a uno de los chicos que pueda venir con ella.

—¿Tanto te desagrada verme? —pregunta con un puchero.

—Claro que no, pero no quiero... causarte problemas con tu... familia —ella bufa con mi aseveración.

—Si es por eso, no te preocupes, además, mi deseo es volver a verte, por favor —extiende su mano para que ya la tome.

Tuve la intención de rechazarla, su blanca y perfecta mano parecía que se quebraría si yo la agarraba, quería darme la media vuelta y nunca volver, por lo menos eso es lo que pensaba, pero aparentemente las locuras por impulso piensan más que la cabeza porque lo que hago es tomársela sin ninguna reserva.

Ella está completamente helada mientras que yo parezco un volcán.

—Creo que deberías de bajarle al aire acondicionado —susurré.

—Espero que en algún momento esta gelidez pueda ser controlada —sonríe con gracia, estoy empezando a ponerme nervioso, creo que esta sería mi primera vez. No sé qué decir, con ella me vuelvo un maldito mudo, aunque realmente nunca he sido muy elocuente—. Entonces, ¿lo prometes?

—¿El qué? —pregunto intentando regresar a la realidad, porque me siento entre nubes.

—Que nos volveremos a ver.

—Te lo prometo —aseguro sin pensar, ella sonríe.

—Te veo pronto Sesshoumaru.

—Te veo pronto Kagome.

Cuando nuestras manos se sueltan siento como si un rayo me hubiese partido, me siento como un niño solo a la intemperie de una terrible tormenta, con esos rayos y truenos cayendo por doquier y yo solo queriendo regresar a ese lugar en el que me sentía cómodo, junto a ella.

¡Mierda! ¡Me convertí en Rin! Creo que si esta noche me pusiera a ver Wall-E ahora si podría ver las jodidas estrellas que salen cuando Eve (Eva) y Walll-E se dan un beso.

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Kagome

Mi corazón no para de latir con fuerza, me siento hasta mareada y sé a la perfección que mis síntomas no tienen nada que ver con el accidente.

A los pocos segundos que Sesshoumaru sale, Sango entra en mi habitación.

—¿Tuviste alguna visita?

—¿Por qué?

—Porque alguien dejó tirado este ramo aquí afuera.

Sango me las entrega, son unas Alstroemerias en color rosado, las preferidas de mi abuela. No tienen olor, pero instintivamente las llevo a mi nariz tratando de aspirar lo imposible, al hacerlo siento la loción que llevaba Sesshoumaru e instantáneamente imagino cómo las ha cargado en su cuerpo al subir el ascensor y antes de entrar a mi habitación, ¿por qué no me las habría entregado?

Vuelvo a ver a mi alrededor y sonrío con tristeza, claro que se debe de haber sentido incómodo, este lugar es una muestra de la mejor floristería del país, pero el sentimiento de alegría de tenerlas a mi lado no se me pasa, este pequeño gesto me alegra más que cualquier otro ramo de los que tengo a mi alrededor.

—Oye Sango, ¿podrías conseguirme un florero para estas Alstroemerias?

—Claro.

—Y también... haz que quiten todas estas flores, si quieres que me las lleven al pent-house, y si alguien envía otra más que la envíen directamente allá, ¿lo has entendido? —ella me mira con confusión, pero luego asiente.

—Lo que tú ordenes.

Ella se sienta a la par mía con su tableta para indicarme en resumen qué ha pasado en el día, y hasta en este momento me percato que en ningún momento le dije a Sesshoumaru que podía sentarse para que se sintiera más cómodo, sus modales me dejan impresionada, no creo que pueda resistir para volverlo a ver.