En realidad, estuve trabajando en este capítulo esta tarde, lo iba a subir mañana, pero no sé si podré estar mañana disponible, así que en realidad les agradezco a p1lar1ka_131 y LucyTaisho por sus dulces palabras y por animarme a subir otro más, cuando puedo, con gusto mis niñas!
Gracias a: Glorismur, LucyTaisho, ma_ira14, AnaVelazquez122, ArtemisaCor, RominaOrtiz954, VickoVillalobosRodri, MariaGarcia888 y a p1lar1ka_131
desibe: sí, yo sentí que dejarlos juntos fue como fanservice, de hecho hasta hubiera preferido que Kagura estuviese viva y con él, pero buuuuueno. Me alegra que te haya gustado y sobretodo que te haya parecido tan sincero el capítulo, creo que los dos tienen buena química
Y recuerden que muy pronto cambiaré el nombre de mi página, finalmente dejará de llamare "Romance Erótico" y la cambiaré a mi propio Nick "kagomexsiempre", pero cuando suceda daré el anuncio oficial.
Estoy tan alegre que les esté gustando este fic, porque de verdad tenía muchas pero muchísimas dudas de compartirlo.
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Disclaimers
Los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, pero la historia y la locura muy mía.
No continúo historia, si termina, termina, no me pidan continuaciones.
Solo publico en Fanfiction, Wattpad y en mi página de romancerotico . worpdress . com, si ven en otro lado la historia ¡denúncienlas! Mucho menos subo historias en páginas de Facebook, ni siquiera en la mía.
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Historia y dolor
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Sesshoumaru
Su belleza, su decisión y su seguridad me están dejando frito, pero ver su cara de decepción y enojo cuando me dirigí a la puerta fue con lo que no pude, lo único que quise en ese momento fue estrujarla entre mis brazos.
Me acerco tomando su rostro para hundirme en ella. Todavía tiene puestas sus botas lo cual ayuda a que no me incline tanto ya que le saco más de cabeza y media de tamaño.
—No es común, pero no querrás que Rin aparezca detrás de esa puerta y nos encuentre en una posición comprometedora, ¿verdad?
—¿Solo una? —pregunta con sorna sonriéndome y tocando mi pecho.
—Bueno, no puede ver tres al mismo tiempo —la tomo de sus nalgas para que se afiance a mis caderas a lo cual ella lo hace a la perfección enrollando sus piernas.
Su cabeza queda arriba de la mía, nunca he tenido tanta atracción por alguien, no solo quiero hundirme en su cuerpo, sino que quiero disfrutarla, no solo es el hecho de tener uno o varios orgasmos, lo que quiero es que nuestro juego dure para siempre y así prolongar nuestro contacto.
Nuestras bocas chocan y nuestras lenguas se entrelazan, no pesa demasiado porque podría ganar un poco más de peso y ni siquiera lo sentiría, el calor de su cuerpo contagia el mío, mis manos acarician sus nalgas como si conociera su cuerpo, sus pequeños gemidos en mi boca los atrapo con los míos.
De haber sido otra, hubiera corrido un poco su tanga y la hubiera penetrado solo buscando un orgasmo y terminar, pero con Kagome todo es diferente, me crea la necesidad de seguir tocándola y extendiendo nuestro juego previo, calentándola para que ella sea la que sienta una mayor necesidad de lo que me está quemando por dentro.
Sus gemidos me vuelven loco, se separa de mí viéndome con ojos de lujuria mientras su pecho sube y baja, luego vuelve a devorarme aferrándose a mi cabeza.
Me siento en mi cama con ella a horcajadas sobre mí, colocando inclusive las puntas de los dedos de sus pies en el suelo de madera blanco, uno que me cuesta bastante mantenerlo así, pero vale la pena.
Saco uno de sus senos por encima de su sostén, toco con la punta de mi lengua su pezón haciendo que éste rebote y ella haga su cabeza hacia atrás aferrando más sus piernas en contra de las mías para mantener su equilibrio. Su piel es blanca y tersa, parece una semidiosa a la que se le tiene que hacer veneración continua, mi cabeza incluso vuela a la época greco-romana imaginándome como yo a un lado de ella le doy de probar de frutas prohibidas mientras ella me hace caminar por un sendero de lujuria y perdición, porque sí, por esta hermosa criatura cambiaría mi camino orientando el mío con el suyo.
Ella misma desabrocha su sostén y con sus dos manos me ofrece sus senos, ¡oh dioses del Olimpo que juegan con mi mente! Mi miembro se mueve debajo de ella, ansioso, dispuesto y necesitado, es la primera vez que mojo tanto mi ropa interior por la excitación de tenerla entre mis brazos porque ni corto ni perezoso tomo lo que con gusto se me ofrece, con calma, con pasión, delineándolos con mi lengua, saboreándola como si fuese la única ocasión en que tendré esta oportunidad, mi corazón late a mil por horas y en ocasiones juro que incluso dejo de respirar por adorarla con mi boca.
—¡Oh, Sesshoumaru! —gime sin cansancio ni pudor, como si nada más al mencionar mi nombre me confirmara que no soy un intruso si no un huésped de su cuerpo en donde ella me recibirá sin remordimiento alguno y con total entrega, porque es lo que está haciendo.
La tomo de la cintura acostándola boca arriba salvajemente en la cama, abre sus piernas y me cuelo entre ellas lamiendo su húmeda tanga y casi comiéndome esa tela que me prohíbe el paso, ella se aferra con fuerza a la sábana debajo de ella, extiende sus brazos agarrando con desesperación una de las almohadas y casi convulsionando de placer mientras yo disfruto por primera vez de su néctar.
Me levanto un poco llegando a su pubis, subiendo delicadamente, dejando un reguero de besos hasta llegar a su ombligo y enfocándome en esa parte haciendo círculos mientras mis manos juguetonas amasan con pasión sus turgentes senos apretando con cuidado sus pezones.
—Sí... Sess... Sesshoumaru... sí... —gime y finalmente siento que es el momento indicado en que puedo proceder.
Me arrodillo frente a ella para quitarme la camisa y con lo que siento que es un sentimiento de aprobación, muerde sus labios que quedan resplandecientes, rojos, carnosos y ansiosos.
Me separo aún más, parándome a un lado de la cama mientras ella con la invitación de sus piernas me incitan a continuar. Me quito el vaquero tirándolo a un lado y al verme solo en ropa interior extiende su mano con su pecho agitado para indicarme que me necesita en la cama tanto como yo necesito hundirme en ella.
Ella Fitzgerald armoniza con su voz el ambiente, es como una invitación a saltar a nuestros más bajos instintos, pero con ternura y suavidad, es como si... todo indicara que... estamos a punto de hacer el amor y no solamente tener sexo... probablemente me estoy volviendo loco, de alguna manera tengo que forzarme a que un poco de sangre llegue a mi cerebro también, porque estoy a punto de hacer cortocircuito.
Su cuerpo me invita a ser partícipe de la unión de ambos y en contra de lo que realmente deseo hacerle, empiezo recorriendo sus pantorrillas, adorándolas y besándolas, continúo con sus muslos internos y al estar tan cerca de su sexo se abre más para decirme con el lenguaje corporal que acepta aquella intromisión.
Corro un poco la tanga y el paraje que me enseña me deja atónito, su clítoris palpita como si fuese una vena que enseña las pulsaciones de sus latidos, completamente erótico y sensual. Pego mi lengua con extremo cuidado en aquel botón que desea ese toque y gime casi retorciéndose.
—¡Ah! —imagino que lo ha intentado contener, porque incluso muerde el torso de su mano para que sus gemidos queden impresos en su piel.
Lo toco con la yema de mi dedo índice y luego alterno mi lengua haciendo movimientos cada vez más rápidos, su reacción me deleita, parece estar convulsionándose de verdadero placer y aunque no lo hubiera hecho, la humedad con la que moja mi cama me demuestra una vez más que el acto en sí es bueno.
Paso mi dedo delineando el contorno de su vagina mientras mi lengua no deja de hacer lo suyo con el primer invitado, bajo lamiendo todo su sexo y luego me vuelvo a enfocar en su botón. Repite mi nombre como si estuviese en un trance y nunca he escuchado que suene tan hermoso, probablemente el éxtasis con que lo dice también me envuelve en aquel trance.
Sus gemidos y su respiración se incrementan, su convulsión se vuelve casi incontrolable, hasta el momento en que arquea su espalda y en un sonoro arrebato se deja ir.
Con su respiración agitada y probablemente con un poco más de juicio en su cabeza la levanta, observando mi rostro triunfante, no es que lleve la cuenta, pero sé que esos tipos de orgasmos son un poco difíciles de fingir, uno puede morir en el intento o lograrlo, y se distinguiría fácilmente.
—Eso... eso... ha estado... muy bien... —asegura mordiéndose los labios insistentemente.
—Posición 1 superada —respondo con ironía enfatizando su previo comentario.
—Todavía nos quedan 2... ¿no es así?
—Todas las que quieras —acuerda.
Me acerco a ella aun con mi ropa interior puesta, mojada por la excitación y por todo lo que ella me provoca, me pego tanto que mi miembro se encuentra con su sexo y reacciona más si eso es posible, ella sonríe.
—¿Lo... deseas... tanto como yo...?
—¿El qué? ¿Hundirme en tu cuerpo?
—Sí.
—Probablemente mucho más que tú.
—Sé que ni siquiera debería de preguntártelo, pero... ¿tienes... o bueno... es decir... siempre usas...? —sus confusas e indecisas palabras me recuerdan que a pesar de aquella fachada de niña rica que quiere demostrar que todo lo puede, también sigue siendo una chica, a la cual en ocasiones ciertos temas le incomodan decirlos abiertamente.
Le doy un gentil beso en sus calientes labios acercándome a la mesa y abriendo la gaveta para sacar un sobre con un preservativo.
—No te preocupes —aseguro enseñándoselo, ella se ruboriza agachando la cabeza, pero al instante se recupera levantándola y atrapando mis labios con los de ella.
Nunca había estado tan listo en mi vida, si estuviera más listo probablemente explotaría.
Abre sus piernas quitando por completo su tanga y enseñándome por primera vez abiertamente su sexo depilado y desnudo, sabía, porque mi dedo me lo ha confirmado, que no es con exactitud virginal, realmente no me importa y una parte de mí incluso se alegra.
A pesar de la voz melodiosa de Ella, al fondo se puede escuchar el viento golpear contra los árboles y las paredes, incluso contra el portón que separa el taller de nuestro pequeño y acogedor hogar, han predicho una tormenta, probablemente en esta ocasión acertarán.
El sonido de un estrepitoso trueno es precedido por un enorme rayo de luz el cual debido al tragaluz de mi habitación nos ilumina, una tormenta acaba de empezar y en realidad no sabía lo que realmente significaba.
Su cuerpo empieza a temblar al momento en que se separa de mí. Sus ojos azules como el cielo parecen haberse opacado como la tormenta que acaece afuera, su reacción es completamente desconcertante.
—Kagome, ¿estás bien? —al escuchar mi voz, sus pupilas reaccionan volviéndome a ver.
—S...Sí... —asegura intentando acercarse nuevamente a mí, besando mi barbilla evitando deliberadamente mis labios.
—¿Le tienes miedo a las tormentas? —se separa de mí completamente desconcertada por mi pregunta.
—No —asegura firmemente—. En la hacienda... junto con mis abuelos vimos muchas de ellas, era todo un espectáculo ver cómo el cielo se iluminaba, hermoso y preocupante a la vez... pero... ciertamente era algo que disfrutaba.
El temblor de su cuerpo no desaparece.
—Con...Continúa por favor —pide y aunque su mirada me perturba intento complacer su petición, no solo por ella, sino de manera egoísta, por mí también.
Continúo besándola, acostándola y dándole atención a sus senos, mientras mis dedos se cuelan en su intimidad y lo que siento me deja completamente helado.
—¿Estás segura de que estás bien? —su humedad interna ha desaparecido casi por arte de magia.
Un rayo ilumina la habitación una vez más y en esta ocasión el trueno es tan sonoro que incluso el lugar retumba, a los pocos segundos se escuchan las primeras gotas golpetear el techo para continuar con las paredes, al parecer será una tormenta bastante violenta.
Intento acercarme para darle confort, pero se sienta de un solo golpe haciéndose para atrás hasta topar al respaldo de la cama.
—¿Ka...gome? —pregunto más que desconcertado, ella empieza a negar con su cabeza como si realmente estuviera en un trance o probablemente en una pesadilla, la sombra que reflejan sus ojos incluso me atemoriza—. Kagome... ¿estás...?
Acerco mi mano para agarrar la suya, pero entonces grita saltando de la cama como si mi toque la asustara. Completamente desnuda y como si no tuviera memoria alguna, intenta buscar la salida más próxima, le he puesto doble llave para evitar (aunque fuese poco probable) de que Rin apareciera, pero sus manos tiemblan tanto que ni siquiera logra agarrar el pasamanos de la puerta corrediza.
—Kagome... —me levanto confundido intentando acercarme a ella, pero al ver cómo me acerco se va pegándose a la pared hasta que se desliza cayendo al suelo y sosteniendo sus rodillas tapando su cuerpo.
Quiero tocarla y acunarla en mi cuerpo, es más que obvio que algo le pasa y está relacionado a los rayos, a los truenos o la tormenta en general, pero su rechazo me deja desconcertado.
—Puedes estar seguro, de que no te hará daño Kagome —aseguro haciendo un par de ademanes para tranquilizarla—, nunca iría más lejos de lo que tú me permitieras, no traspasaría ni tocaría tu cuerpo a no ser que tú lo desees y tienes todo el derecho de decidir que no quieres continuar.
Consigo que mi tono de voz sea conciliador para que no me malinterprete, pero su estado de shock continúa.
Los truenos se van amainando poco a poco, pero la tormenta parece incrementarse, sus ojos empiezan a volver en sí encontrándose con que yo estoy sentado frente a ella, esperándola.
—Yo... Sesshoumaru... yo... —al parecer sus palabras se quedan atoradas en su garganta, sus lágrimas me queman la piel—. Lo siento... Lo siento... —empieza a disculparse entregándose al dolor.
—No tienes nada por qué disculparte, y si quieres compartir un poco conmigo, te escucharé pacientemente —aseguro levantándome para luego entregarle una de mis camisas de botones para cubrirse—, aunque también estás en todo tu derecho de conservar tu intimidad.
Toma mi camisa cubriéndose temblorosamente con ella, negando una y otra vez para luego levantarse y yo junto a ella.
Camina de un lado a otro de manera confusa, de pronto se acerca a mí intentando decirme algo, se muerde los labios y luego cierra los ojos gesticulando su dolor para regresar a su caminata errante en el pequeño lugar.
—Lo siento... —dice otra vez.
—Kagome, no tie... —intento decirle que no se preocupe o que no lo hiciera, pero se aferra a mi cuerpo llorando y repitiendo una y otra vez sus disculpas.
Mis brazos que tienen casi vida propia intentan abarcarla, por fortuna mi sangre que estaba concentrada en un solo lugar se ha visto forzada a regresar a donde pertenece creando de esa manera un poco de reacción y conciencia en mí.
—Sé... sé que no era lo que esperabas...
—Este día no había esperado nada, solamente trabajar y luego irme a dormir, pero entonces apareciste en las puertas del taller y aun así nunca esperé nada.
—Pero luego... yo... me ofrecí...
—El solo tenerte aquí conmigo, aferrada a mi cuerpo, ya es mucho más de lo que realmente esperaba.
Sus brazos oprimen con fuerza mi cuerpo.
—¿Puedo... tomarte entre mis brazos...? —pregunto con un poco de temor a lo cual ella asiente.
La llevo hasta el sillón, primero me siento y luego hago que su cuerpo se aferre al mío en la mejor posición que ella se encuentre cómoda, se sienta con sus piernas de lado y su cabeza en mi hombro.
—Lo siento.
—No tienes que decirlo.
—Siento que no... que realmente... no pueda hablar de esto...
—No tienes que forzarte.
—Me gustaría...
—Kagome —le digo tomando su barbilla para que levante su cabeza y que nos podamos ver—. El día que quieras hablar sobre ello con gusto te escucharé, pero está claro que hoy no es el momento y créeme que lo puedo entender.
Ella asiente dándome un tierno beso en la mejilla para luego regresar a su antigua posición en mi hombro.
Después de algunos minutos en silencio sacándome de mi contemplación intenta hablar, pero no lo consigue, no es hasta la cuarta vez cuando finalmente lo logra.
—M-Mi abuelo... fue el hombre más maravilloso, gentil, estricto y pasional que he conocido en toda mi vida.
—¿Cuándo murió? —siento que su cuerpo se tensa—. No tienes porqué... —ella niega.
—Cuando tenía 19, hace casi 8 años —veo como su mano derecha se dirige a su rostro quitando sus lágrimas.
—Una cosa más en común. Mis padres y Rin tuvieron su accidente cuando yo estaba casi por cumplir esa edad.
—Debe... de haber sido doloroso...
—Si te encuentras en paz con alguien aunque la muerte te tome por sorpresa es más fácil dejarlos ir que cuándo no lo estás.
—¿Te llevabas... bien con ellos? —niego, no sé realmente si ella lo pueda notar o no.
—Mi padre era del tipo que tenía que decidir la vida de los demás. Nunca fuimos ricos, aunque tampoco nos hizo falta lo básico, ellos lucharon y le hicieron frente a todo con su profesión de oficinistas, pero él quería que yo fuera más, que estudiara leyes, medicina o alguna otra carrera en que fuese exitoso y no tuviese que pasar penurias como a veces ellos la pasaron, pero nada de eso me llamaba la atención. Siempre fui bueno con las manos —ella sonríe y ese sonido me alegra—, es decir, en el área mecánica, pero a mi padre no le gustaba mi decisión, así que cuando cumplí 17 dejé la casa.
—¿A dónde fuiste?
—El señor Tatsuki, quien era originalmente dueño del taller Sfera me acogió en su hogar. Durante dos años no tuve contactos con mis padres, solo con Rin de vez en cuando, ella tenía 10 cuando me fui, así que sus salidas se limitaban a donde mis padres la llevaran. Estaba a 3 escazas semanas de cumplir los 19 cuando el señor Tatsuki recibió la llamada indicándole que me llevara al hospital porque tenía que ir a reconocer unos cuerpos, él, discretamente me llevó sin mencionármelo, en el camino solo me repetía que tenía que ser valiente, que él estaría para mí en caso de cualquier necesidad. Mis padres habían muerto instantáneamente y Rin se debatía entre la vida y la muerte.
—Pero Rin... ella me dijo que su padre había permanecido inconsciente... o por lo menos eso recuerdo que dijo.
—Era un mocoso cuando eso sucedió, para serte sincero en esos momentos no sabía lo que había pasado o por lo menos no lo quería creer. Era una noche lluviosa y ambos estaban cansados, las autoridades declararon que había sido imprudencia de ellos al manejar en la madrugada con un tifón encima, si mi padre hubiese quedado vivo era muy probable que lo hubiesen acusado de homicidio o intento de, especialmente por llevar a un menor de edad. Cuando Rin despertó la primera vez luego de casi una semana, lo primero que hizo fue preguntar por ellos, con el médico de turno le dijimos que habían muerto al instante lo que le causó una fuerte impresión, lloraba, quería levantarse, pero no podía ya que tenía daño en la columna cervical lo que le impediría volver a caminar, pero lo que más le dañaba era el saber lo que había pasado con nuestros padres. Realmente no fue él quien tuvo el cerebro hinchado durante 5 días, fue ella.
—¿Nunca... se lo dijiste? —niego nuevamente.
—Volvió a despertar casi a los 10 días del accidente y 5 después de la primera ocasión, era solo una niña, así que el médico me dijo que evaluáramos decirle la verdad, así que lo único que se me ocurrió fue alterar los hechos. Cuando salió del hospital lo primero que hizo fue visitar sus tumbas y llorando les pidió perdón, mis padres se la habían llevado a un viaje a otra ciudad para tratar de calmar su ansiedad por no estar otro cumpleaños conmigo, pero se había encaprichado de tal manera que los obligó a regresar.
—Se sintió culpable.
—Sí.
—No te preocupes —se levanta aferrándose a mi cuello cómo si fuese yo quien necesitara consuelo—, nunca le diré nada —bajo la cabeza asintiendo una sola vez en forma de agradecimiento.
La tomo entre mis brazos otra vez para llevarla a la cama, acostados uno frente al otro continúo hablando cómo fue mi vida con ella, mis padres habían dejado este terreno y al morir como su hijo mayor, y Rin por ser menor de edad, me fueron concedidos todos sus bienes y la custodia de mi hermana, aunque para aquel tiempo este solo era un predio vacío. El Sr. Tatsuki nos aceptó en su hogar y nos quiso como a unos nietos, su esposa era un amor con Rin y nunca nos trataron como desconocidos, sin embargo debido a eso solo pude hacer 2 años en la universidad, pero él me instruía como su sustituto para continuar con el taller.
Cuando cumplí los 23, a 4 años del accidente de mis padres, le diagnosticaron cáncer de hígado y 7 semanas después lo estábamos enterrando. Su mujer se fue a su pueblo natal, vendió el taller y me dio una porción bastante generosa dejándome el nombre y los clientes, eso me sirvió para empezar lo que es Sfera Records, aunque el primer año fue bastante duro, pero tenía clientes que eran muy fieles y siempre me apoyaban, fue cuando conocí al alemán.
Ella murió pacíficamente hace casi 15 meses atrás mientras dormía, pero durante el tiempo que estuvo con vida íbamos regularmente a visitarla y cada mes siempre le enviaba una porción de las ganancias. Cuando murió me di cuenta de que ella lo guardaba casi todo para que nosotros lo tuviéramos a su muerte.
Fue la segunda vez que lloré como si alguien me hubiese quebrado por dentro, la primera fue cuando el Sr. Tatsuki murió.
Kagome se aferra a mi cuello llorando todo lo que yo estoy conteniendo y así nos quedamos dormidos casi a las 3 de la madrugada.
