Ayyy me siento muy contenta de que siga gustando este fic, pero sobre todo por la paciencia que me tienen. Como dije en mi otro fic, no ando de muy buenos ánimos, de hecho, ando luchando con ellos, pero allí me voy levantando gracias a todas las chicas que me dejan sus buenos deseos en mi página de Facebook, eso me ayuda muchísimo.

En fin, continuemos con esta historia también.

Lamento mucho no dejarles mis comentarios personales a cada uno, pero de igual manera, no subiré capítulo si lo hago, y todas sus teorías pues ¡wow! Algunas muy acertadas, pero veremos cómo vamos evolucionando y espero no me maten en el camino.

Gracias a cada uno por sus comentarios: Pao-SasuUchiha, desibe, dav herreras, Faby Sama, Lila Davila, RominaOrtiz954, vamar248, LucyTaisho, Glorismur, AnaVelazquez122, MariaGarcia888, ma ira14, vanemar 15, mzayas4217, p1lar1ka 131, lucip0411, ArtemisaCor y a oshiokinomoto.

Así que sigan disfrutando y yo seguiré deleitándome con sus comentarios.

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Disclaimers

Los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, pero la historia y la locura muy mía.

No continúo historia, si termina, termina, no me pidan continuaciones.

Solo publico en Fanfiction, Wattpad y en mi página de romancerotico . worpdress . com, si ven en otro lado la historia ¡denúncienlas! Mucho menos subo historias en páginas de Facebook, ni siquiera en la mía.

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Sorpresa

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Kagome

Abro mis ojos viendo mi reloj y a pesar de que la luz todavía no abraza el ambiente, puedo distinguir que son las 5 de la madrugada.

Una vez más... pienso.

Desde que emigré de la hacienda de los abuelos, no he podido permanecer despierta más de las 5 am y en muchas ocasiones me ataca el insomnio, especialmente poco antes de la muerte del abuelo, incluso desde aquella época no he podido disfrutar una cama en ninguna circunstancia, esta es la primera vez en mucho tiempo a pesar de lo poco que he dormido.

Me remuevo admirando la pasividad en el rostro del adonis que tengo en frente.

Tomo mi celular y me dirijo al baño, a pesar de ser uno de hombre huele bien. Tiene productos para aromatizar el ambiente, imagino que Rin está involucrada en ello, porque incluso hay un colgante con una flor decorativa lo cual me hace reír.

Me debato un par de segundos para enviarle un mensaje a Sango, si ella me responde de manera negativa lo tomaré como una señal, pero en todo caso me responde como yo espero a pesar de que mi corazón late sin piedad.

«¿Ya saliste del apartamento?»

«Estoy a unos minutos de hacerlo, ¿deseas algo?»

«¿Podrías enviarme ropa... a un lugar?»

«A donde lo desees»

«Te enviaré la dirección y ya sabes... ¿no?»

«No tienes ni qué mencionarlo, sabes que no diré una sola palabra»

«Gracias Sango, realmente no sé qué haría sin ti»

Lo último que me envía es el sticker de un perro lanzándome besos, lo cual me hace sonreír. Cuando llegué a los 19 a la Financiera me encontré a esta chica casi de 24 trabajando de cajera sustituta, la vi un par de veces y solo con hacerlo podía saber que era bastante capaz e inteligente, pero también notaba cierto roce con el supervisor de la agencia.

No tuve que ser un genio para descubrir que él la acosaba, pero mi sorpresa fue saber que ella lo soportaba en silencio, él la humillaba en público, no tenía pruebas concretas por lo tanto no podía despedir al tipo, además ¿quién le haría caso a una mocosa de 19? Aunque fuese la dueña, nadie tenía confianza en mí, excepto por Naraku, fue el único quien me apoyó.

Aunque no quería hacerlo, me tragué mi orgullo y acepté su ayuda, si ella no funcionaba para lo que yo deseaba y me equivocaba entonces la trasladaríamos a otro lugar, pero mi primera opción era tenerla cerca de mí. Como todo lo que hacía o proponía en aquel tiempo, mis padres se opusieron, realmente no me importaba y en ocasiones lo hacía por rebeldía, pero respecto a Sango yo sabía que tenía razón.

Y así fue.

Me ha ayudado a discernir sobre ciertos asuntos, no es que tenga un gran puesto porque solo es la asistenta de la presidencia, pero en poder tiene mucho más que cualquier gerente de agencia porque desde entonces ha sido mi mano derecha, la voz que me representa cuando yo he estado ausente, la persona que sabe casi tanto como yo tanto de la Financiera como del Conglomerado, sé que en algún momento tendré que cambiarla a otro lugar, especialmente porque está a punto de casarse, pero hasta que ella no me ponga su renuncia no la dejaré ir.

Vive en el mismo complejo de pent-houses que el mío, aunque el mío está en el piso 97 el de ella en el 50, pero tiene acceso a todos los servicios plus del edificio, gimnasio, peluquería, piscina, cocina y si en un futuro lo decide, también la guardería. Tiene mejor sueldo que cualquier gerente y permisos especiales, además que es la única persona en toda la Financiera y el Conglomerado Higurashi que nada más me responde a mí, no a mis padres, ni siquiera tiene que decirle a Naraku en donde me encuentro, soy la única que puede decidir sobre su puesto, privilegio que no tiene nadie más o eso espero creer.

Miro el reloj que marca las 5.07, Sango me enviará un mensaje cuando mi solicitud esté afuera. Mientras, me vuelvo a acostar y al instante en que Sesshoumaru me siente, extiende sus brazos para abarcarme con ellos y pegarme a su cuerpo. Su olor es increíble, yo tengo los ojos hinchados y un pequeño dolor de cabeza, pero estar con él, tan cerca, en la misma cama, compartiendo su esencia, hace que me vuelva a dormir sintiéndome por primera vez en mucho tiempo, protegida.

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El celular me empieza a vibrar y a sonar, me siento pesada, pero al mismo tiempo libre.

Abro los ojos admirando el lugar y las sábanas revueltas encontrándome sola. Sigo vestida solo con la camisa de Sesshoumaru con un solo botón, lo que me deja prácticamente desnuda. Me acuesto nuevamente en su almohada y aspiro su olor, no sé qué tiene este hombre que me está volviendo loca, ¿quedarme en la casa de unos desconocidos ¡y desnuda?! Sí, mi única respuesta a mis actos previos es que he perdido la cordura, probablemente con la conmoción que tuve en el accidente algún tornillo literalmente se me cayó.

—Buen día —me saluda él cuando abre la puerta y siento que puedo morir de la vergüenza, me ha encontrado revolcándome en su almohada oliéndola como cual acosadora.

Al escuchar su voz lo único que puedo hacer es ocultarme infantilmente debajo del cobertor.

—Recuerdo que cuando Rin hacía alguna travesura se escondía debajo de las sábanas, ¿qué has hecho tú Kagome?

Cuela su cabeza para quedar cerca de la mía, imagino que está arrodillado a un lado de la cama. El teléfono me vibra y suena con un mensaje.

—¿Auto...invitarme... a pasar... con ustedes...? —me aferro más a la sábana tratando de ocultar la verdad, porque cuando un hombre lo hace, resulta siniestro de una manera asquerosa, pero convenientemente cuando es una mujer quien lo hace el resultado el diferente.

—Puedes autoinvitarte las veces que desees —acepta dándome un beso en la nariz para luego salir de mi cueva de protección, aunque cuando lo hace suelto la tela bajando mi guardia—. ¡Ah! Y puedes oler las veces que lo desees también.

Siento que mi rostro comienza a arder.

—Te envían esta maleta —me enseña el equipaje dejándolo en uno de los sillones para pasar a un lado de la cama otra vez dirigiéndose al baño—. Iré a darme una ducha, puedes quedarte en la cama cuánto desees.

Hasta el momento en que lo dice me percato que va con ropa de hacer ejercicio, unos pants que le marcan los músculos de las nalgas, una camiseta térmica que se le pega a su delicioso cuerpo con su cabello mojado y completamente descalzo.

Me paro de inmediato en la cama agarrándole del brazo para evitar que huya, en esta ocasión no me lo permitiré.

—Iré a darme una ducha Kagome, estoy completamente sudado.

—¿Siempre haces ejercicio? —pregunto curiosa sin soltarlo, él asiente, parada en su cama le saco media cabeza, más que todo porque la cama no tiene patas y no es muy alta, asumo que es para que Rin pueda subirse en ella cuando lo necesite.

—Siempre despierto a las 5, salgo a correr 45 minutos y luego hago 30 minutos de máquinas —¿máquinas? ¿A dónde las tendrá? ¿irá a algún gimnasio?—. Tenemos máquinas para podernos ejercitar en la 2ª planta del taller —responde ante, lo que supongo es, mi cara de confusión—, en ocasiones los chicos también se ejercitan antes de empezar la jornada o en la hora de almuerzo, aunque hoy desperté tarde, así que solo pude correr 30 minutos y eso me dejó solo 15 minutos para hacer ejercicio.

—¿Por qué solo 15? —él muerde su labio inferior y siento una gran envidia de esos dientes.

—Porque quería regresar y comprobar que no estaba en un sueño.

Sus palabras tan sinceras hacen que mis rodillas flaqueen, aunque de alguna manera logro conservarme en pie.

—¿Qué hora es?

—Faltan 5 minutos para las 6.

—¿Tienes que salir a algún lado? —mi cuerpo entero empieza a vibrar.

—Solo preparar el desayuno, los chicos que tienen que venir este día al taller empiezan el turno a las 8, abrimos hasta las 8.30.

—¿El jefe puede llegar más tarde? —pregunto acercándome a él.

—Primero, el jefe, tiene que ir a bañarse.

Tomo la parte baja de la camiseta y se la quito admirando sus pectorales, su cuerpo es duro y trabajado, un cosquilleo interno me recorre por completo.

—¿Y si... te dijera... que no es necesario? —me pego más dándole pequeños besos en su labio inferior justo donde previamente se ha mordido. Veo cómo su miembro se despierta.

—Te respondería que el sudor no es agradable para nadie —lo tomo de la mano obligándolo a sentarse a la orilla de la cama, aunque estamos a la mitad de lo ancho de la misma.

Me siento sobre él removiendo mi sexo desnudo y me quito la única prenda que me cubre pegándome a su cuerpo.

—No me he bañado tampoco —aseguro moviendo mis caderas estimulándolo.

—Podría invitarte —le tomo sus manos que han estado en mi cintura y las subo hasta mis senos, no es que necesitara demasiado para que me estimulara, pero cuando sus manos me abarcan casi he sentido que podía correrme.

—Quítate el pants, por favor...

—Kagome... —siento su inseguridad y lo vuelvo a besar tomando una de sus manos llevándolo a mi clítoris, haciendo que se mueva por toda mi intimidad para que pudiese sentir mi humedad.

—Estoy segura... y lo deseo...

—No soy tan fuerte Kagome... y... estoy en mi límite contigo...

Cuelo mi mano por debajo de su pantalón agarrando con firmeza su dureza, mi corazón está a punto de estallar y atravesar mi pecho.

—Te deseo Sesshoumaru y te quiero adentro de mí.

Se acuesta en la cama y me quito de su cuerpo, su erección salta al instante y por primera vez puedo admirarlo, todavía no ha salido el sol, pero la habitación está lo suficientemente clara para hacerlo.

Se sienta y lo tomo con una mano masajeándolo, arquea su espalda incluso poniendo sus brazos atrás para apoyarse sobre el colchón. Me vuelvo a sentar a horcajadas sobre él y a mi espalda continúo con mi movimiento, sus manos se encuentran en la misma posición.

Trago con dificultad elevando mi cuerpo para poderlo introducir, pero él me detiene agarrándome de la cintura.

—Chupa —exige poniendo su índice izquierdo frente a mí.

Su voz tan grave y sensual hace que mi cabeza estalle.

Lamo con demasía su dedo haciendo círculos con mi lengua dejando un rastro de saliva en su dedo, los gestos de su rostro, su respiración agitada y ese temple que quiere demostrar hacen que mi propio corazón haga sus propias ilusiones, pero sobre todo en esa espera de promesa en la pasión.

Cuando lo quito, él lo chupa con fuerza humedeciéndolo más para guiarlo hasta mi entrada. Cuando la encuentra me sonríe bajando sus ojos y sonriéndome de lado descubriendo lo que yo no he podido decir en voz alta, estoy más que lista, mi sexo se ha humedecido desde el momento en que él metió su cabeza debajo de la sábana para encontrarse con mi vergüenza.

Le doy un beso porque necesito de su boca y de su cuerpo como nunca lo he hecho en toda mi vida. Las mariposas revolotean con más fuerza en mi estómago y mis nervios están a flor de piel. Me aferro a sus hombros y sus manos a mis caderas haciéndome descender poco a poco.

—Tú tienes... el control Kagome...

Esas poderosas palabras me llegan, no solo a mi corazón sino también a mi cerebro, logrando que yo misma clave todo su sexo adentro de mí, son instantes y segundos cuando cierro mis ojos para intensificar cada sensación de mi cuerpo cuando siento como se va haciendo paso con su dureza, mi piel interna lo abraza y mi excitación lo desliza como si estuviéramos hecho el uno para el otro.

Gimo quedamente o eso creo, porque en ese instante me toma el rostro con ambas manos dándome un beso en la punta de la nariz.

—Eres... el paraíso Kagome...

Quiero decirle tantas cosas, mi corazón ya no vibra de emoción sino por todas las palabras que mi cerebro está intentando controlar.

Se aferra a mi hombro lamiéndolo mientras yo me concentro en el placer aferrándome al toque de su piel dentro de mí. Él me permite moverme con libertad y yo acepto el regalo que me está dando, porque con eso me demuestra que no solo está priorizando su placer, sino más bien el mío y eso me llega muy adentro de mi corazón lleno de recuerdos tan negros y oscuros que por un momento, cuando tengo los ojos cerrados, pude sentir cómo me perdía en ellos.

Los abro asustada, no por lo que estoy sintiendo, porque realmente odio ser tan débil y que ese pasado me controle, así que le tomo el rostro obligándolo (al detenerme) que abre sus ojos y que su mirada se fije en los míos.

—Eres real... —digo sin pensarlo y me acaricia el rostro con tanta suavidad a pesar de que sus manos no lo son.

—Y estoy frente a ti.

Continúo besándolo y le entrego el control para que él mueva mis caderas, durante un par de minutos él me controla, pero a los pocos segundos mi cuerpo, como si fuese un ente completamente aparte de mi cabeza sigue su ritmo tan sincronizado que cuando menos me doy cuenta ambos estamos gimiendo, pronunciando el nombre del otro en la boca contraria.

—No sé... cuánto más... —me indica y vuelvo a besarlo comprendiéndolo.

—Hazlo...

—Kagome... no tengo...

—Yo estoy suficientemente protegida... Hazlo... te lo suplico Sesshoumaru...

Incrementa su velocidad y yo lo recibo con gusto en mi interior al momento en que se deja ir y yo con él, con un terrible y liberador grito que por un momento sospecho que en todo el taller se hubiese escuchado y hasta la siguiente esquina también.

Con nuestras respiraciones agitadas, pero satisfechos encontrándome con un nuevo mundo lleno de colores y fantasía, en el que todo es perfecto lo abrazo queriéndole decir tantas cosas.

—Posición 2, superada —pero al final solo me sale esa referencia a nuestra plática de la noche anterior.

—¿Nos queda 1?

—Nos queda 1... —me levanto sintiendo como su sustancia sucumbe ante la gravedad deslizándose por mis muslos internos—... O las que queden...

Me dirijo al baño indicándole con mi dedo que tiene que seguirme a lo cual obedece sin ninguna objeción, en donde me brinda dos posiciones más y 3 orgasmos adicionales en la mejor ducha que he tomado en toda mi vida.

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Sesshomaru.

—Puedo... asegurarte... que esto no lo hago con frecuencia... de hecho... es la primera vez... —intenta excusarse cuando salgo del baño.

Le he dado la oportunidad de que salga ella primero para que tuviera mayor privacidad de cambiarse y no preocuparse que yo estuviera observándola, aunque todavía sigue envuelta en la toalla sentada en mi cama, tal parece que ha estado esperándome.

—Puedo asegurarte —me acerco para quedar nariz con nariz—, que eres la primera mujer que traigo aquí —ella sonríe satisfecha, aunque mi mente vuela inconscientemente a ese nombre que ha estado rondando mi cabeza desde el día anterior: Naraku.

—¿Y ahora qué sigue? —pregunta curiosa bajándose de la cama para sacar su ropa del maletín que una chica pelinegra me entregó al momento en que entré al taller después de hacer mi recorrido diario de trote—. Digo, ¿pedimos el desayuno o qué?

—Generalmente este día y los domingos es mi turno en la cocina.

—¿Cocinas, eh?

—Cuando somos dos contra el mundo, tenemos que apoyarnos mutuamente.

Ella se acerca abrazándome, aunque siento más bien que lo hace con instinto de protección.

—Me encanta cómo eres con Rin, no todos pueden ser así.

—Somos hermanos.

—Eso no importa, pudiste haber hecho tu mirada a un lado, pero, al contrario, han luchado hombro con hombro durante todo este tiempo, apoyándose en todo y en ningún momento te has avergonzado de ella.

—Jamás podría hacerlo, sería un completo imbécil si hiciera algo tan espantoso como eso.

—Sí —levanta su mirada con un gesto bastante triste—, un completo imbécil.

Se da la media vuelta dejando caer la toalla para colocarse unas panties nada seductoras, blancas de algodón, pero que a ella le quedan como si fuera modelo de ropa interior. Me acerco para abrazarla y darle pequeños besos en su cuello y nuestros cuerpos reaccionan uno con el otro.

La tomo de las caderas y la apoyo en la pared más cercana y corriéndole un poco su ropa interior me introduzco una vez más en ese húmeda, caliente y perfecta cavidad haciéndole una vez más el amor.

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Después de una nueva ronda, me dijo (entre risas y picardía) que tenía que dejarla descansar, además quería maquillarse y parecer presentable ante Rin. Me aseguró que luego me seguiría para ayudarme con el desayuno y darle una sorpresa a mi hermana, le respondí que la sorprendida sería ella, especialmente luego de los gritos que podían haber alertado a todo el vecindario, salí huyendo antes de que su toalla me cayera encima, la cual creo que ni siquiera superó los 15 cms cuando la tiró.

Entro a la casa y me extraña no ver a Rin, son pasadas las 7, este día generalmente siempre se levanta a las 6.30.

—¿Rin? —la llamo, pero no me responde—. ¿Ya estás despierta Rin? —vuelvo a preguntar antes de tocar su puerta, pero no escucho ningún sonido—. Voy a entrar Rin.

Cuando lo hago, me la encuentro jadeando y gimiendo del dolor en la cama, su rostro está completamente rojo y al tocarla me percato que está hirviendo en fiebre.

Mierda, esto no hubiera pasado si no me hubiera quedado con Kagome, me reclamo.

Salgo corriendo a mi cuarto tomando mi celular.

—¿Qué sucede? —me pregunta Kagome preocupada.

—Rin... está enferma.