Qué barbaridad! Cómo se va el tiempo de rápido y yo ni cuenta me doy. Por estar intentando armar mi fic para Halloween me he descuidado por completo, pero espero que ese nuevo fic (que fue un one shot de Halloween) les guste.
Bueno, aquí les dejo la continuación sin más blah blah.
Solo como siempre quiero agradecerles por su paciencia y cariño que siempre me demuestran a través de sus comentarios aquí y en las redes sociales, y gracias a los que se toman su tiempo de dejarme un review como: lucip0411, RominaOrtiz954, AnaVelazquez122, LucyTaisho, p1lar1ka_131, vanemar_15, ArtemisaCor, MariaGarcia888, VickoVillalobosRodri, oshiokinomoto y a mzayas4217
Lila Davila: jajajaja tú acósame por favor jajajaja tal vez así no se me olvida subirlo. Me alegra que te esté gustando. Pao SasuUchiha: ohhh esa relación con Naraku... OMG! 8 capítulos y todavía no he llegado a ello, pero el fuego entre estos estaba que acosaba mi fic.
dav herreras: qué alegría leer que te guste este fic, de verdad que lo hago con el corazón. Y sí, ya está teniendo problemas con su familia por juntarse con Rin y Sesshoumaru; y ahora veremos lo de Rin. Mi querida Faby Sama: cómo te extrañaba. Yo ando igual que ti T_T qué triste cómo nos consume la realidad. Con lo de Kagome, tendremos paciencia, poco a poco, lo iremos viendo.
Espero este fic les siga gustando tanto como a mí escribirlo. Gracias por su apoyo!
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Disclaimers
Los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, pero la historia y la locura muy mía.
No continúo historia, si termina, termina, no me pidan continuaciones.
Solo publico en Fanfiction, Wattpad y en mi página de kagomex100pre . worpdress . com, si ven en otro lado la historia ¡denúncienlas! Mucho menos subo historias en páginas de Facebook, ni siquiera en la mía.
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Dejándose llevar por la corriente
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Sesshoumaru
—Solo es un resfriado. Hazla que tome muchos líquidos, no dejes que salga de la casa y si lo hace que esté muy cubierta y si la fiebre es muy alta dale estas pastillas y si empeora, por ningún motivo dejes de llamarme ¿de acuerdo?
Las indicaciones de Suikotsu habían sido claras y me las enfatizaba al momento de marcharse, lo cual le llamó mucho la atención a Kagome.
Todavía me encuentro un poco aturdido por la condición en la que encontré a Rin, y una parte de mí se siente culpable por ello.
—Tienen mucha suerte de tener un médico a la mano que te responda inmediatamente —dice sorprendida al momento en que él se retiró, luego de haber llegado casi a los 20 minutos tras de mi llamada.
—Suikotsu fue el médico que la atendió la noche en que nuestros padres murieron y fue quien me ayudó a darle la noticia, y desde ese momento le tomó mucho cariño a Rin.
—¿Es ese mismo que me contaste? —asiento.
—Era internista en aquel entonces, pero luego se especializó en pediatría, hace 6 meses regresó de Alemania ya que estaba haciendo una especialización de algo de ortopedia en niños menores de 18, me dijo el nombre, pero realmente no puedo acordarme de ello.
—¿Rin... tuvo algo que ver en esa decisión...? —eso me hace sonreír, la verdad no pongo en duda porqué ella es la cabeza principal de la financiera Higurashi, es bastante perspicaz.
—A decir verdad, dijo que sí. Aquella noche él parecía casi tan afectado como yo por toda la situación, pero sobre todo por el destino que le esperaría a Rin atada siempre a una silla, con el tiempo nos ha demostrado que ella no es la que estaba atada sino el resto de nosotros, eso lo impulsó a inclinarse por pediatría y luego dijo que quería hacer algo más para ayudar a todos los niños y adolescentes que sufrieran un accidente igual.
—¿Se llevan bien desde entonces? —asiento.
—Le tiene un especial cariño, por un momento creí que...
—¿Que qué? —pregunta curiosa yo solo niego intentando alejar aquellos pensamientos posesivos de mi cabeza—. ¿Qué sentía algo más por Rin que solo como paciente? —me río de medio lado negando—. No sería algo extraño, aunque con eso no estoy diciendo que afirme tu sospecha.
Como lo pensé, es demasiado perspicaz y lo peor es que me siento como un libro abierto para ella.
Son casi las 8.30, los chicos empiezan a llegar al taller, les digo que parte de la mañana no estaré con ellos, que si me necesitan me den una llamada, ya que Rin está enferma y no puedo dejarla de atender.
—Ve —dice Kagome a lo cual me quedo sin poder decir nada—. El trabajo también es importante, pero cuando tienes que elegir entre familia y trabajo es obvio que siempre ganará la primera, pero en esta ocasión no tienes que elegir porque te echaré una mano con Rin.
—¿Por qué lo harías?
—Porque Rin es un amor y podría apostar mi posición en el conglomerado a que ella, si supiera que yo necesito algo, haría lo mismo por mí, ¿lo ha demostrado no? —no puedo refutarlo—. Así que ve, estaremos a un par de metros ¿no? Puedes venirnos a ver a la hora que quieras en el minuto que lo desees.
Me acerco a ella tomándola de sus mejillas con mis dos manos para pegar mi rostro.
—¿Qué pretendes Kagome? ¿Qué ganas con todo esto? —ella se encoge de hombros.
—Tal vez no sea algo de ganar, o tal vez sí, por el momento solo queda la confianza, ¿podrías confiar en mí Sesshoumaru?
—Creo que podría dejar a Rin en tus manos.
Ella sonríe sin decir más nada. Les he dejado unos pancakes de desayuno, mientras que yo solamente he podido hacerme un sándwich para empezar la jornada.
Durante la mañana tenemos tanto trabajo que al final puedo cerrar pasadas las 2 de la tarde.
Cuando regreso encuentro a Rin dormida, Kagome le ha hecho una sopa de verduras y fideos y su fiebre es inexistente. Yace completamente dormida en su cama en una temperatura muy agradable y Kagome metida en su cama.
Kagome, que está casi completamente absorta en uno de los libros de Rin, casi lo deja caer cuando me sorprende en el umbral de la puerta admirándola, creo que por instinto me gustaría que la situación estuviese pareja luego de haberla descubierto en la misma contemplación con mi almohada en la mañana.
Su mirada se enternece cuando se encuentra con la mía y luego se levanta para indicarme lo bien que está mi hermana y lo mucho que ha comido.
—Te guardé algo para ti, imagino que debes de estar hambriento.
Asiento solo por hacerlo, porque al verla no he notado lo hambriento que estaba, pero de ella, de su cuerpo, de sus caricias, de sus besos. Es la primera vez que el corazón me palpita de ansiedad.
Empieza a hablar sobre la sorpresa que Rin se llevó al enterarse que se había quedado a dormir, aunque mi mayor sorpresa fue cuando me asegura que pasará otra noche con nosotros, con la excusa que no se sentiría tranquila de irse y dejarnos solos cuando mi hermana se siente mal, ¿cuántas veces no he pasado por esto? Ni siquiera las puedo contar, incluso unas noches en el hospital dormido en esas incómodas sillas de espera que lo único que me provocaban eran más ansiedad y preocupación y de paso una seria lumbalgia.
Realmente, ¿qué quiere? ¿volverme loco?, ¿adicto a ella? Porque si ese es su propósito lo está logrando y en un tiempo récord.
—Si mi vida hubiese dependido de una pregunta que me hicieran, creo que la habría perdido —aseguro cuando termino la sopa y empiezo con unos espaguetis a la boloñesa.
—¿Por qué? —pregunta con una pícara sonrisa tomando agua de una botella—. ¿Creíste que la niña rica y consentida no sabría ni siquiera lo que es un sartén?
—¿Honestamente? —ella asiente dándome la aprobación para decir lo que pienso—. Ni siquiera habría apostado con que supieras que es una cocina.
A pesar de que espero por su reclamo, empieza a reírse a carcajadas cuando recuerda que Rin está dormida y se disculpa en voz baja.
—El abuelo siempre decía, que cualquier mal día se podía arreglar en la mesa, pero con una buena comida y un excelente vino a la par, claro, que él siempre alababa el toque que tenía mi abuela en la cocina y por supuesto siempre dijo que nuestros vinos eran los mejores.
Me levanto completamente satisfecho por la comida, la cual mi estómago agradece. Lavo los platos mientras ella me pregunta si no habría problema con que se quede todo el fin de semana con nosotros.
—Más problemas podrías tener tú si lo haces, por mí, es un honor y estaré encantado de tenerte una noche más —aseguro con doble sentido y ella lo entiende porque sus mejillas se tornan de color carmesí.
—Tengo 28 años y soy una de las mujeres empresarias más jóvenes a nivel mundial, no creo que me regañen por no ir a dormir a mi casa, especialmente cuando vivo sola.
—Creí que vivías con... —me detengo en el instante cuando voy a decir tu prometido, pero algo me cierra mi garganta, es como si realmente no pudiera pronunciar en voz alta esa palabra.
—¿Con mis padres?
Asiento mintiendo porque no es lo que pensé, pero no quiero arruinar el momento, ella niega haciendo una mueca desagradable y se gira para tomar otra botella de agua.
—Viví con mis abuelos casi toda la vida, me obligaron a mudarme con mis padres cerca de los 15 para hacer la prepa, aunque ya tenía conocimiento suficiente para entrar a la universidad, pero mis padres querían que yo experimentara todos los tropiezos de una adolescente de dicha edad. Al final solo viví con ellos durante dos años y eso porque era casi una obligación; a los 17 me conseguí un apartamento y me fui de la casa de ellos, desde entonces he vivido sola.
—¿Cómo permitieron tus abuelos que hicieras eso? —mi pregunta la toma desprevenida por el gesto de sorpresa que hace, intento decirle que está bien si no responde, pero ella niega sonriendo.
—Realmente creí que preguntarías cómo era que «mis padres» me lo habían permitido.
—Por lo que dices, y perdona si te lo he malinterpretado, pero al parecer tus abuelos son más importantes que ellos —ella suspira.
—No creo poder negar eso —bufa.
—¿Kagome...? —ambos nos volvemos a ver, es Rin quien nos habla.
Es la primera vez que habla con ella más consciente, no dejo de regañarla porque no me dijo que se sentía mal, pidiéndome perdón por las molestias causadas, le aseguro que eso no es lo importante sino su salud.
Al final Kagome intercede por ella cuando le recuerda que me tiene que decir algo importante a lo cual mi hermana se sonroja, al parecer un «amigo» vendrá a visitarla en un par de minutos más, es aquel paramédico que atendió a Kagome el día de su accidente y aunque me duela sé lo que eso significa, quiere un momento de privacidad con él y que yo no esté como carcelero atento a cualquier movimiento sospechoso.
—¿Lo sabes, no es así? Puedes confiar en mí Sesshy.
—Lo sé —digo al momento en que me indica que él está en la puerta.
Mientras me dirijo al portón atravesando el jardín y el taller para abrirle al susodicho, Kagome se queda con ella intentando arreglarla, ¿por qué tendría que hacer algo así si está enferma? ¿o este chico no sabe la condición en la que se encuentra? Por cierto, ¿qué clase de visita es?
Puedo seguir con cientos de preguntas mientras sigo el camino, pero con el tiempo he aprendido que con mi hermana es mejor no hacerme tantas si no de lo contrario ya me habría carcomido la ansiedad.
Imagino que mi mirada de pocos amigos (o de hielo como dicen los chicos a mi espalda) casi lo ha dejado petrificado y tartamudo, pero lo hago pasar prometiéndole con esa mirada que si algo le hace a Rin será hombre muerto.
Rin le presenta a Kagome una vez más, aunque realmente no tuvo una presentación formal en aquella ocasión en que él la auxilió y la llevó al hospital.
Los dejamos a solas en la casa y junto con Kagome nos retiramos al anexo. Cuando entramos a mi habitación se tira a mi cama comenzando a reírse e imitar (ridículamente) mi propia interpretación de intimidación ante Kohaku, el paramédico.
—Rin... —dice con voz ronca incluso frunciendo su boca— confío en ti —continúa absurdamente, a lo cual me avergüenzo.
—Para —le pido, pero lo que hace es subirse a mi cama de manera infantil.
—Si le haces algo a mi hermana... no pasarás de esta noche... ¿entendido? —continúa con su absurda pantomima e incluso articulando con sus manos.
—Kagome... —la amenazo caminando hasta ella.
—Nadie le hará nada a mi hermana —e incluso empieza a darse con los puños en el pecho imitando ridículamente a Tarzán o algún orangután, pero entiendo a la perfección la referencia, ¿me cree un troglodita o algo así?
—Te lo advierto —puntualizo.
—Nadie puede acercársele a...
Ni siquiera lo termina de decir cuando la derribo tomándola de la cintura para que caiga en la cama. Ella empieza a gritar completamente divertida y cuando toco su cintura se empieza a partir de la risa. Me detengo unos segundos tratando de interpretar aquello, tiene cosquillas en su cintura.
—¡No te atrevas Sesshoumaru! —me amenaza con ojos brillosos.
—Tú te lo buscaste...
La tomo de la cintura y comienzo a tocarla haciéndole cosquillas, ella chilla suplicando de que la deje, intentando huir de mí, pero me posiciono encima de ella y con mis piernas cierro las de ellas para crear una prisión de su cuerpo bajo y comenzar con mi pequeña tortura.
—¡Para! ¡Para! —grita carcajeándose—. ¡Sesshoumaru...! Por favor... por favor... —continúa suplicando y lo hago.
—Entonces discúlpate —exigo.
—¿Por qué? Eras tú el Tarzán con complejo de hermana el que estaba allí —las cosquillas continúan y vuelve a suplicar—. Está bien... está bien... lo siento... lo siento...
—¿Sientes qué? —pregunto deteniéndome, pero la prisión con mis piernas aún continúa.
—Siento haberte imitado... tan mal... —comienza a reírse otra vez, pero en esta ocasión le tomo de las muñecas y las extiendo a un lado de su cuerpo para que no pueda defenderse.
Con mi boca tomo la punta de su blusa que se ha corrido un poco y comienzo a darle pequeñas mordidas a su estómago con mis labios lo cual hace que casi se revuelque de la risa, pero en esta ocasión no pide por la interrupción de mi castigo.
Cuando me doy cuenta de lo que está pasando, mi cuerpo se tensa y mi respiración se aloca. La suelto de las muñecas y tomo lo que resta de su camisa para subírsela un poco más.
Recorro su plano estómago con mi boca, depositando suaves besos y pequeñas lamidas, el sabor de su piel es tan exquisito como el de su interior. Su respiración se acompasa junto con la mía y sus manos se guían hasta mi cabeza cambiando su expresión de alegría por una de lujuria y desenfreno.
Se separa de mí quitando su camisa y su short con su ropa interior en el proceso. Se acerca a mí para hacer lo mismo con la mía y luego atrapar mi boca con la suya.
Me hace sentarme en la cama y sin previo aviso abre sus piernas para rodearme y tomando mi erección la dirige hasta su campo de erupción, lo introduce lento, con cuidado, como si estuviese sintiendo cada vena de mi extensión, su expresión es de deleite y de dolor al sentir cómo me voy haciendo camino por aquella estrecha cavidad, pero a su ritmo finalmente llego.
Se sienta por completo sobre mí, sus ojos azules se clavan en los míos, quiero decirle algo y como si ella lo supiera atrapa mis labios con los suyos y comiéndoselos empieza a moverse con delicadeza mientras yo me aferro a su cintura.
Quiero pronunciar su nombre, decirle que me está volviendo loco, no solo con sus movimientos sino con su presencia, estamos tan mojados que los sonidos obscenos que provocamos con los roces de nuestras intimidades ambientan mi habitación. Se separa de mí con desesperación tomando mis manos para guiarlas hasta sus senos, ella se encarga de la armonía de nuestros movimientos, mientras que yo embriagado por su entrega no desaprovecho de tocar aquellos hermosos pechos tratando de memorizarlos con la yema de mis dedos.
—¡Oh... Sesshoumaru...! —gime ante mi contacto con sus pezones lo que hace que ella acelere su paso e incluso introduciéndose más mi miembro.
Cojo su cintura haciendo que baje su ritmo y me observa con extrañeza.
—No quiero... lastimarte... es lo último que desearía —confieso lo que hace que me sonría y asiente después.
Cierra sus ojos intentando controlar sus movimientos y la dejo que nuevamente sea ella la que regule nuestra exótica balada.
Sus movimientos pasan de subir y bajar a circulares y certeros, incluso mi piel se eriza con la humedad y la calidez que desprende de su interior. Mi corazón está completamente acelerado y mi mente casi en blanco, porque ni siquiera sé cuándo una de mis manos nuevamente toma uno de sus senos para apretar aquel botón que la acelera más.
Sus gemidos se incrementan mientras que su respiración es demasiado errática, acelera sus movimientos y se pega a mi oído mordiendo mi lóbulo obligándome a soltarle su seno, mis manos recorren con desesperación su espalda, pasándole mis cortas uñas sin provocarle daño alguno, muerde mi hombro y en un susurro casi angelical comienza a decirme cuánto le gusta que yo esté adentro de ella, que nadie la había hecho sentir, que nadie la había hecho llegar, que no quiere uno sino que varios orgasmos y sentir mi espesa y cálida sustancia en su interior.
Podían haber sonado vulgares en cualquier otra boca, pero en la de ella son como mi propio botón de excitación.
—Sesshou... voy... voy...
—Yo... también... —aseguro interpretando lo que ella quiere decir con palabras que se le enconan en su garganta y a los pocos minutos los dos soltamos un grito, ella aferrándose a mis hombros y yo a sus caderas mientras nos dejamos ir.
Mi expulsión es fuerte incluso siento cómo la golpeo en su interior, el movimiento de caderas de satisfacción más la convulsión de su cuerpo me demuestran que lo ha disfrutado tanto como yo.
Cuando aquella sensación de alivio y satisfacción se va desvaneciendo, abre los ojos y me vuelve a ver agarrando mis mejillas con sus dos manos justo como yo lo he hecho con ella horas atrás.
—No sé qué nos traerá esto Sesshoumaru, pero puedo decirte que estoy siendo muy sincera con mi cuerpo y mis acciones y lo último que pretendo es hacerte daño a ti o a Rin.
Escuchar mencionar a mi hermana cuando aún estoy dentro de ella me provoca una ligera incomodidad en mi estómago y sobre todo en mi conciencia. Le doy un pequeño beso y como puedo me bajo de la cama llevándomela hasta la regadera en donde una vez más la hago mía sin piedad.
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Rin todavía no se siente bien, se encuentra débil, pero se le ve feliz con la visita del paramédico. Nos ha obligado a acomodarnos en mi sala y ver en mi habitación UP, Kagome y yo hemos tenido que correr para arreglar la cama y poner todo en orden cuando ella me hizo la petición, sin mencionar abrir las dos ventanas del cuarto para que pudiese ventilar y el olor a sexo se disipara un poco, aunque solo se logró con la ayuda de un bote de perfume que Kagome cargaba en su maletín.
Cuando llegamos a la primera parte cuando Ellie y Carl se conocen de niños y ella le hace prometer por primera vez que irían a las Cataratas, Kagome me vuelve a ver sorprendida y divertida, finalmente entiende la referencia que le hice la noche anterior.
Kagome insiste en ofrecernos la cena, así que llama a alguien y a los 45 minutos un chico llega a dejarnos comida tradicional de todo tipo, parece un banquete para 8 personas cuando solo somos 4. Intento negarme ante el ofrecimiento, pero Rin me suplica que no lo haga así que una vez más cedo, todavía albergo la esperanza de no consentirla demasiado en un futuro no muy lejano.
—Oye Kagome, ¿no se te antoja un postre? —pregunta emocionada y sé a la perfección qué es lo que tiene en mente.
—No creo que sería una mala idea —mi hermana sonríe satisfecha.
—¿Crees que eso estaría bien para ti? —cuestiono.
—¿Por qué no? Es lo más delicioso que existe sobre la faz de la tierra, además cuando uno tiene la garganta irritada lo mejor es tratársela también —ruedo los ojos, realmente no puedo cuestionarla—. Deja que Kagome te acompañe, ¿sí?
—¿A dónde? —pregunta intrigada.
—A la vuelta de aquí, hay un pequeño centro comercial en donde está mi heladería favorita, YoguFlav, ¡tienen los sabores de yogurt más deliciosos que he probado! Son mi delirio.
—O adicción —agrego—, pero si quieres puedes quedarte aquí.
—¡No! —interviene rápidamente sin permitir que Kagome pueda responder—. Será la primera vez para Kagome, así que no sabes qué sabor le podría gustar, así que acompáñalo Kagome por favor, pide una muestra de los que más te llamen la atención y solamente te pediré una cosa hermano.
Arrugo los ojos preguntando en silencio.
—Si ves que Kagome no quiere salir de allí, elije tú en el que ella más haya pensado detenidamente, la agarras, te la pones en el hombro y sales corriendo, de lo contrario, quedará prisionera por los diferentes sabores de yogurt degustando para siempre de ellos.
Kagome me mira de reojo, yo estoy casi con cara de asco por aquella insinuación tan atroz y horripilante, Rin empieza a reír y ella la sigue.
El local no es uno muy grande, de hecho, es la heladería más común de cualquier barrio, aunque eso sí, muy aseado. Rin me ha pedido uno de mandarina y otro de mora para Kohaku, yo me inclino por el de coco, y después de una difícil decisión a lo cual entendió la broma de Rin, Kagome se decide por uno de cherry, prometiendo firmemente que al día de siguiente iría comprar otros más porque tenía que probar el de coco, piña, mora, papaya, mango y banano.
—¿Comes postres? —pregunta desconcertada cuando vamos caminando de regreso a nuestro pequeño hogar.
—No creo que sea cosa del otro mundo —respondo con desgano comiendo mi helado.
—Creí que no serías muy afecto a ellos.
—¿Excepto a un pie de limón o algo más agrio? —ella deja en su boca la cuchara semi plana avergonzándose por completo.
—Lo siento, es que te ves... una persona tan seria que ni siquiera debe de gustarle el chocolate.
—A la mayoría nos gusta el chocolate.
—¿Eso quiere decir que sí te gusta?
—Sí.
—OK, tomo nota mental de ello —asegura con una pícara sonrisa—. Oye Sesshoumaru, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Las que quieras, pero quedará en mí poderlas responder —ella sonríe.
—¿Siempre has sido así de serio?
—Creo que sí, aunque siendo sincero, creo que no lo recuerdo —los dos caminamos bajo el fresco de la noche lo bueno es que a pesar de la torrencial tormenta de la noche anterior ahora el cielo se ve despejado.
Aquellas calles que generalmente durante el día son bastante transitadas, de noche parecen como si fuese un pueblo fantasma, de vez en cuando pasa un auto. Antes de entrar, al sacarme las llaves, ella se detiene admirando el paisaje.
—Imagino que no debes de sentirte muy segura aquí.
—Podrías sorprenderte.
—¿De qué?
—De saber que sí lo siento.
—Es muy diferente a donde tú vives.
—Sí, es completamente diferente, mi lugar es más sombrío, más amplio, sin vida y sin resplandor.
—Tal pareciera que describes un bosque de cuento de niños totalmente macabro —ella sonríe tristemente y entramos.
—Puede haber mansiones e incluso palacios que tienen todos los lujos que puedan sobrepasar tu imaginación, pero en ocasiones estos se sienten como cárceles, como una caja que poco a poco te va succionando cada parte de tu felicidad y existencia y, de pronto te encuentras algo que es tan diferente que ni siquiera te lo habías imaginado, pero que era justo lo que necesitabas.
Sus palabras hacen que mi corazón se paralice, ¿de qué está hablando? Intento cuestionarla, pero mi celular empieza a vibrar, Rin quiere su helado y sonrío.
El paramédico se queda un par de minutos más y luego se retira con la firme promesa de que regresará al día siguiente después de su turno para ver cómo sigue ella. Rin insiste que Kagome se quede a dormir con ella en su habitación, asegurando que tiene muchas cosas de "chicas" de qué hablar, ella me vuelve a ver con una sonrisa triste y simplemente encojo los hombros, probablemente aquella será la última noche que pasará entre mis brazos y estará con mi hermana, pero la dejo.
Son pasadas las 2 y la ausencia de sueño es casi infernal. Siento cómo la puerta se corre y enciendo la luz para encontrarme con ella.
Me levanto de un salto de la cama para salirla a encontrar y tomarla entre mis brazos y, entre besos la llevo una vez más a la cama y hacemos el amor hasta caer completamente exhaustos y en brazos de Morfeo.
No tengo una jodida idea de qué está haciendo una de las mujeres más ricas del planeta en mi cama y en mis brazos, pero por una noche más lo dejaré pasar, porque es el sueño más hermoso que he tenido en mucho tiempo.
